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lunes, enero 02, 2017

Reseña: Poltergeist (2015)

Recuerdo que el de Poltergeist (2015) fue uno de esos remakes que se anunciaron durante muchos años; casi una década llevaba escuchando sobre él hasta que finalmente se estrenó, y no fue hasta que vi el primer trailer que acepté que, efectivamente, se haría realidad. El avance no me dejó lo que se dice muy impresionado, pero le di el beneficio de la duda al ver que su elenco contaba con Sam Rockwell, un actor muy bueno poco dado a prestarse al tipo de producción banal que la cosa auguraba. Al final, resulta que las impresiones iniciales no iban demasiado desencaminadas: esta nueva versión del clásico de Tobe Hooper hecho 32 años después es un remake bastante superficial y sobre todo innecesario ya que decide tomar el camino fácil de cambiar muy pocas cosas con respecto a su antecesora, y los cambios que sí acomete son todos para peor.

La historia es exactamente la misma: una familia en dificultades económicas se muda a una casa en los suburbios y poco a poco descubre que su nuevo hogar está embrujado. Tal como en la cinta del 82, la irrupción de lo sobrenatural en el hogar familar es al principio benévola, para luego ir adquiriendo tintes cada vez más oscuros cuando resulta obvio que los fantasmas desean apoderarse de la pequeña niña de la familia, quien es pronto secuestrada por los espíritus y arrastrada a otra dimensión donde deberá ser rescatada por sus padres, con la ayuda de investigadores paranormales que conforman el lado puramente esotérico del argumento.

En su favor debo decir que en esta nueva entrega hay un intento sincero por hacer una versión moderna de Poltergeist (1982), sólo que siguiendo la filosofía de gente que piensa que la definición de "moderna" es simplemente volver a hacer la misma película amplificando aquellos elementos superficiales de la original, es decir los efectos especiales. Esto también significa que todos aquellos detalles que en la original eran mostrados con sutileza y ambigüedad aquí son arrojados a la cara del público de forma explícita. El mejor ejemplo de esto que estoy diciendo es algo que ya sabía iba a ocurrir desde mucho antes: en esta nueva versión, a diferencia de la original, llegamos a ver el mundo de espíritus al que es arrastrada la hija menor, por supuesto en toda su gloria CGI y en tres dimensiones. El imaginario de esta zona fantasma es, además, tremendamente convencional, lo que delata el abandono de esta nueva película de los preceptos esotéricos "new age" que tanto caracterizaron a la cinta original en su contexto de los ochenta. Aquí, por el contrario, el investigador paranormal interpretado por Jarred Harris es mucho menos interesante que Zelda Rubinstein, quien se convirtió en la imagen más identificable de la saga original junto con la pequeña niña, quien también es mucho menos memorable en esta ocasión. 

Pienso aún así que la mayoría de la gente rechazó este remake por los motivos equivocados. A juzgar por las expectivas que despertó antes y después de su trailer, casi todo lo que leí al respecto fue un cúmulo de prejuicios ante lo que intuían sería sólo un entretenimiento familiar cargado de efectos especiales. Dichas quejas eran un poco absurdas porque, tal como comentábamos al reseñarla hace un tiempo, la original era exactamente eso: un espectáculo de efectos con una trama sobrenatural que nunca llegaba a ser completamente de terror sino más bien de asombro hacia lo Desconocido. En esta, todos estos elementos están suavizados a excepción de los efectos, y aunque la película sí que intenta por momentos ser terrorífica de la manera más barata posible (léase el payaso malévolo y cierta escena con un taladro), todo se siente muy desganado y tremendamente superficial, con lo que incluso la subtrama de los apuros económicos de la familia, que parecía que sería importante al principio, es dejada pronto de lado.

Esta nueva versión de Poltergeist es poco más de lo que esperaba, y verla sólo me hizo sentir una mayor reverencia hacia la original de 1982, que todavía se mantiene vigente como una muy buena historia con la que iniciar a los más jóvenes en el cine de terror. Esta en cambio se siente como otro ejemplo más de un horror mainstream plagado de sustos típicos y fantasmas agresivos con niños de por medio, con todo bien explicado y que difícilmente será recordado después.  

jueves, diciembre 24, 2015

Reseña: Black Christmas (2006)

Estrenada precisamente el día de Navidad hace ya nueve años, Black Christmas (2006) viene a cerrar nuestra trilogía dedicada a las fiestas decembrinas, con mucho retraso ya que la vimos por primera vez en el momento de su estreno y nunca hasta ahora habíamos tenido la voluntad de reseñarla. Su llegada fue en un momento en el que el género de terror estaba pasando por el clímax de su fiebre de remakes y nuevas versiones, aunque considero que la mayor parte de su público no conocía el clásico de Bob Clark de 1974 en el que se basa (de hecho creo recordar que dicha conexión nunca se mencionó durante su estreno en España). Tampoco es un problema en realidad ya que esta es una cinta que apenas emplea a la original como excusa y es por lo tanto un trabajo muy distinto con sus propias intenciones tanto temáticas como estéticas. El principal motivo por el que la he vuelto a ver es mi interés por su director, Glen Morgan, veterano de Los expedientes X y un guionista muy interesante que tuvo una importante presencia en el terror de la década pasada pero que sólo tiene dos cintas en su haber como director, ambos remakes: Willard (2004) y esta que tenemos hoy. Ambos trabajos de Morgan son menos convencionales de lo que en un principio parece, y aunque su apreciación puede dividir a la mayor parte del público, son películas que vale la pena ver.

La versión 2006 de Black Christmas destaca de entre la ola de trabajos similares porque Morgan lleva a su criatura hasta el extremo de lo grotesco ofreciéndonos lo opuesto a lo que en su momento nos dio la original: si la cinta de Bob Clark era interesante precisamente por su condición de proto-slasher, lo ambiguo de su trama y los muchos cabos sueltos que dejaba su resolución, esta es en cambio un producto explícito en su violencia, cruel para con sus personajes y que abraza su condición de cine carnicero revelando desde el principio la identidad del asesino a través de una escabrosa historia previa que contrasta de forma radical con el ambiente navideño de su trama principal. Por supuesto se mantiene el elenco joven y la estructura típica de chicas universitarias enfrentadas a un asesino misterioso, pero esta vez todo está resaltado a lo bestia, dándonos una película mucho más violenta que la original hasta el punto de que en ocasiones se hace difícil de tomar en serio.

Esto último quizás sea el punto clave porque lo cierto es que ese nivel de violencia es probablemente el principal atractivo de la película pero también algo que dificultó su mercadeo a lo que hubiese sido su público ideal, que no era otro que el consumidor de terror adolescente que todavía insuflaba al género slasher algo de vida. Aparte, y tras haberla visto de nuevo, considero que la película no aporta realmente nada nuevo ni en cuanto a lo que había hecho Bob Clark ni al cine de asesinos en general. Al igual que Willard dos años antes, este remake de Black Christmas fue un rotundo fracaso tanto de taquilla como de crítica que acabó prematuramente con la carrera de Morgan como director, ya que nunca volvió a dirigir un largometraje y sólo recientemente ha vuelto a la televisión gracias al resurgimiento de Los expedientes X

Sabiendo esto, estoy aquí en un punto medio: personalmente esta cinta forma parte de un estilo de horror que ya no me interesa, pero por otro lado la dirección de Morgan y lo divertido del elenco la hacen al menos una película interesante, e incluso aquellos que se hayan sentido decepcionados con la ambigüedad de la original pueden encontrar cosas positivas en ella. Y como promete su título, es realmente navideña y el tema de las fiestas de diciembre está resaltado de forma muy obvia, por lo que se hace perfecta para esta época.

miércoles, diciembre 23, 2015

Reseña: Silent Night (2012)

La segunda película de nuestra tríada de terror navideño de este año no trae tan buenos resultados. Fue también una a la que en su momento no le presté mucha atención ya que no escuché o leí casi nada sobre ella, ni bueno ni malo. Hablo por supuesto de Silent Night (2012), autoproclamado remake del famoso slasher Silent Night, Deadly Night (1984) que popularizó el arquetipo del Papá Noel asesino a principios de los ochenta. Tal como sospechaba después de haber visto el avance hace un par de años, esta nueva película es en realidad no tanto un remake sino un reinicio de la saga, ya que la trama es completamente distinta y sus intenciones a la hora de construir un relato de terror son otras, por desgracia mucho menos ambiciosas. 

Lo único que se mantiene esta vez es la idea del Papá Noel matando de forma horrible a aquellos que considera indignos de las fiestas decembrinas, y todo lo demás es distinto. De hecho, estamos ante una película slasher de toda la vida con un asesino enmascarado, silente y misterioso con un regodeo extravagante y lúdico hacia la violencia. Esta vez además la historia está contada desde el punto de vista de las víctimas, especialmente de una mujer policía que hará lo imposible por detener al asesino antes de que se cargue a todo aquel presente en su muy extensa lista de bajas. Como decía, algo tremendamente convencional y para nada arriesgado, cuyo única carta es la figura de Papá Noel matando gente a diestra y siniestra con hachas, cuchillos y hasta un lanzallamas. Aparte de algunas pequeñas referencias a las primeras entregas de la saga original, esta es su única semejanza. 

Otra gran diferencia, y algo que la separa de la mayoría de estas películas de Papá Noel asesino, es que Silent Night intenta abordar su material desde una perspectiva más seria, aunque las aspiraciones comerciales de la cinta hacen que todo se sienta muy ligero, repetitivo y poco dado al impacto: salvo una escena en particular en la que despacha a un personaje de forma sádica usando una trituradora de madera, la película me pareció francamente muy aburrida y privada casi por completo de interés, y la imagen de su asesino está muy exagerada en el trailer porque a la hora de la verdad su presencia está mucho menos aprovechada de lo que promete. 

El resultado de todo esto es una película muy poco estimulante, sin nada que la haga realmente destacar dentro de su género, muy predecible y (esto sí que es una sorpresa) definitivamente inferior a todas las demás entregas de la saga original. Estas, aunque nunca fueron grandes películas, al menos eran divertidas e interesantes en su ineptitud o en su rareza. La de hoy, sin embargo, se siente como un subproducto sin nada especial. Para historias de Santa Claus haciendo el mal, mucho mejor es que tiréis de clásicos como la siempre recomendable Christmas Evil (1980), que quizás un día reseñemos por aquí. 

miércoles, diciembre 10, 2014

Reseña: Somos lo que hay (2013)

Somos lo que hay (2013), remake americano de la película mexicana del mismo nombre que ya hemos reseñado aquí, ha resultado al final ser muy predecible en cuanto al camino que ha tomado, en poco diferente al que ya hemos visto en estas nuevas versiones hollywoodenses de películas que han triunfado en otros países. La base argumental de la que parte es la misma, y la mayor parte de los cambios que introduce sólo están destinados en realidad a hacer más digerible (comercialmente) una historia que bajo su truculencia tenía objetivos mucho más complejos. Con todo, es una experiencia distinta que muchos de los que gustaron de la original querrán de todas formas visitar. Aquí intentaremos dar una idea general de por qué.

Al igual que su contraparte mexicana, esta versión de Somos lo que hay nos introduce en el mundo de una familia de caníbales en la que la muerte repentina de un miembro de la familia pone en peligro la unidad familiar al entorpecer una ceremonia de corte antropófago que tiene que llevarse a cabo y para la cual el familiar muerto era una parte esencial, recayendo ahora esta responsabilidad en los hijos mayores. A partir de aquí es donde la película empieza a meter sus notables diferencias: aparte de la ambientación americana rural (en contraposición a las barriadas de Ciudad de México en la original), ahora es la madre la que muere debido a una misteriosa enfermedad y son las hijas las que deben asumir su legado mientras el padre procura la víctima. Pero el sexo de varios de los personajes es en realidad el menor de los cambios; la principal diferencia entre esta versión y la anterior es (tal como pensábamos originalmente) un cambio en cuanto a las intenciones temáticas de esta cinta.

Es así como su sustitución del inframundo de la capital mexicana por el ambiente rural típico del gótico americano hace que la nueva versión abandone por completo el comentario social de la película original y lo cambie por un discurso acerca del fanatismo religioso palpable en la estética de los personajes y una referencia obvia al origen de la formación de estas comunidades apartadas. Además, y muy probablemente debido al escaso componente de terror de la original, esta película es mucho más explícita que su antecesora en lo que se refiere al tema del canibalismo, y da muchas más explicaciones acerca del pasado de la familia y la naturaleza y significado exactos del ritual que se disponen a llevar a cabo, lo cual muy probablemente termine siendo de agrado de aquellos que, como yo, consideran la original demasiado aburrida para una sesión de cine de terror. A pesar de todo esta sigue siendo una cinta muy discursiva y es sólo hacia el final cuando toma un giro de terror más convencional, resumido en un desenlace que busca impactar al espectador.

Tengo que decir que todos estos cambios y explicaciones adicionales no bastan para que termine de recomendar la película del todo. Estéticamente es hermosa y toca algunos temas que me han parecido muy interesantes, y valga decir que es menos aburrida que la original, pero con todo y eso la versión mexicana tenía cosas más inquietantes a nivel de discurso que en esta han sido sustituidos por una violencia fácil y ya muy vista como la de ese absurdo desenlace. Así que a la hora de decidirse creo que habrá que tener en cuenta qué es lo que se está buscando; si se quiere disfrutar de una película más dada al horror aunque se sacrifique aquello que hacía destacar la original, entonces esta versión de Somos lo que hay sería la correcta. Eso sí, tampoco hay que esperar gran cosa. 

sábado, diciembre 14, 2013

Reseña: Carrie (2013)

Decir que el mundo no necesitaba otra versión de Carrie es quedarse cortos; no sólo porque la película original de Brian de Palma sigue teniendo vigencia y popularidad hoy en día, sino también porque Stephen King ha sido durante años lo suficientemente prolífico como para darnos muchas obras dignas que nunca han sido llevadas al cine. Pero por lo visto alguien debe haber pensado lo contrario, así que tras un par de retrasos nos llega finalmente esta nueva versión cuya principal diferencia parece ser que es la primera dirigida realmente a un público joven; es la única hasta la fecha en la que el papel principal es interpretado por una actriz adolescente (puesto que Sissy Spacek y Angela Bettis tenían 26 y 28 años, respectivamente, cuando hicieron sus películas).

El tiempo pasado desde entonces no ha animado a nadie a hacer grandes cambios. Salvo ciertos detalles pequeños destinados a ambientar la historia en nuestra época (principalmente el tema del cyber-bullying) esta nueva Carrie sigue la misma historia de las demás, centrándose en una joven que descubre sus poderes telequinéticos y los usa para vengarse de aquellos que la han martirizado. Algo que me sorprendió de esta nueva versión fue lo fiel que ha resultado ser al argumento de la novela, incluyendo varios elementos que por lo general habían sido dejados de lado, aunque sigue estando muy centrada en la trama del culebrón adolescente y el conflicto de Carrie con las chicas populares de su instituto. Sin embargo, ya acercándonos al tramo final, la película sí que hace hincapié en el argumento de la telequinesis, aunque lo hace de forma frívola, más cercana al género de superhéroes que a la historia de terror de King. En ese sentido no deja de ser curioso que uno de los chicos protagonistas sea el mismo de Chronicle (2012), película que tiene precisamente con Carrie muchos puntos en común.

Pero claro, la principal pregunta sigue siendo qué es lo que separa a esta versión de las anteriores. En realidad, muy poco. Hay quizás una mayor preocupación por el tema de los efectos especiales, que se consigue a costa de quitarle todo atisbo de seriedad al argumento. Aunque debo reconocer que hay cosas que me agradaron y que ciertamente no me esperaba, sobre todo en el tema de las actuaciones. Chloë Grace Moretz como Carrie no lo hace tan mal como creí que lo haría, aunque muy previsiblemente la mayor parte de su trabajo aquí está en fingir ser menos guapa de lo que es. Quién por el contrario resulta sorprendente es Julianne Moore en el papel de la madre, quizás la presencia más genuinamente perturbadora y la única figura de auténtico terror de la película, muy diferente a la interpretada por Piper Laurie pero a la vez completamente coherente con el universo de Stephen King. Es de agradecer también que la cinta haya recuperado el paralelismo entre el descubrimiento de los poderes de Carrie y el despertar de su sexualidad, algo que referencia tanto a la película de De Palma como a la novela original.

En realidad, el mayor problema que le veo a esta versión es que no intenta hacer nada interesante con su argumento y no aporta absolutamente nada que no haya sido ya hecho por la versión del 76, limitándose a reproducir su trama con desgana y escasa creatividad (resulta insólito ver, por ejemplo, a una adolescente en pleno 2013 haciendo una investigación en una biblioteca). La cinta intenta suplir todas estas carencias con la secuencia final de la masacre perpetrada por Carrie en el baile de graduación, un desborde de efectos especiales que emula a la cinta del 76 añadiendo un enfoque tan hiperdramatizado que se hace complemente risible y ridículo, con la protagonista haciendo muecas y gestos que banalizan completamente todo lo que ocurre y convierten la secuencia en algo lamentable, aparte de ese "susto final" que sale literalmente de la nada. Aunque suene como un cliché, echad un vistazo a la original o mejor aún leed la novela de Stephen King, que resulta mucho más interesante que esta plana y olvidable versión. En lo personal pienso que tiene que haber un motivo más para ver una nueva Carrie que simplemente complacer a un público que no le gusta ver "pelis antiguas". 

jueves, agosto 08, 2013

Reseña: El día de la madre (2010)

Aquí tenemos otro de esos casos de aprovechamiento de una película anterior únicamente en busca del reconocimiento del público; este remake de El día de la madre (2010), dirigido por Darren Lynn Bousman, el director de las tres primeras secuelas de la saga de Saw, no tiene absolutamente nada que ver con la película de Troma de 1980 en la que supuestamente se basa. A pesar de tener el mismo título y de ser publicitada como una nueva versión, estamos ante una película totalmente distinta que para empezar parte de una premisa que se ubica en las antípodas del slasher rural de Charles Kauffman: en esta ocasión se trata de una invasión doméstica en la que una familia de ladrones de bancos irrumpe en su antigua casa para encontrarse con nuevos inquilinos, a los que secuestran dando comienzo a un estado de sitio lleno de violencia, sadismo y torturas.

Ante todo hay que decir que esta fue una película rodada en el 2009 que sufrió innumerables retrasos en su estreno por culpa de haber quedado engavetada en el estudio durante años. De hecho, 2010 fue sólo el año de su estreno en festivales, el inicio de un periplo que se extendería hasta el 2012 cuando finalmente llegó a tener un estreno limitado en los cines de su país de origen. Esto parecía entonces ser la norma para el pobre Darren Lynn Bousman, quien ya venía de sufrir un ninguneo similar con Repo! The Genetic Opera (2008). Para colmo de males, este remake coincidió con el estreno de la española Secuestrados (2010), una película muy superior que trataba el tema de las invasiones domésticas de una forma mucho más efectiva. De hecho, uno de los principales problemas que tenemos en la película de hoy es que se hace muy larga y monótona, con poco qué ofrecer una vez revelada la premisa inicial y muy poco creíble en cuanto a las insólitas decisiones que toman varios personajes, puestas allí sólo para que la trama no se acabe.

La película intenta suplir estas carencias entregándose al gore y a la crueldad perpetrada sobre un número insólito de personajes (nueve víctimas, a decir verdad), apilando subtramas de desconfianza y traiciones entre ellos de forma aleatoria y sin nada de la sencillez argumental de la película original. Además, a diferencia de la cinta de la Troma, esta intenta ser seria, oscura y deliberadamente sádica, pero tiene algunas escenas tan exageradas que la convierten en una comedia involuntaria. Pero probablemente sea injusto seguirla comparando con la película de Kauffman porque es tan diferente que si la consideramos un remake es sólo porque así se ha anunciado.

Pero a pesar de su carácter insustancial, hay una cosa que redime al menos parcialmente a esta versión, y es la elección de Rebecca de Mornay en el papel de la madre. Una vez que irrumpe en escena, De Mornay acapara toda la atención, y hay que decir que está muy convincente en su rol de villana serie B en lo que es básicamente una explotación de su famoso rol de psicópata en La mano que mece la cuna (1992). Recuperarla del olvido para esta película es una gran decisión de casting que, al menos en mi caso particular, fue lo que me hizo llegar hasta el final y lo único que realmente vale la pena ver. En general, esta nueva versión de El día de la madre es una película bastante intrascendente a la que la actuación de su villana principal da cierto nivel de calidad quizás mayor del que normalmente tendría, y para colmo rematada con un epílogo absurdo puesto allí sólo para explotar un cliché más del cine de terror actual. Lo más triste es que con todo y que esta tiene un mayor número de muertes, sangre y escenas violentas, la original me sigue pareciendo mucho más perturbadora y recomendable.

martes, junio 25, 2013

Reseña: La cosa (2011)

Resulta al menos curioso que en los tiempos actuales es imposible que John Carpenter consiga financiación para una película, pero casi todos sus grandes éxitos del pasado continúan viendo nuevas versiones, con diferentes grados de éxito. Este remake disfrazado de precuela de La cosa (2011) no es la excepción, y a pesar de que mis expectativas fueron bastante bajas (tanto que han pasado dos años desde su estreno y recién ahora es que la estoy viendo) hay que reconocer que tiene cierto encanto, aunque mucho me temo que el grado de aceptación que genere dependerá en gran medida de si se ha visto o no la versión del 82. No es secreto para nadie mi devoción por la película de Carpenter, que ya de por sí era un remake de una cinta de los cincuenta. No sólo es una gran cinta de terror, sino también una de las mejores películas que llegó a dirigir en una época en que estaba en plena forma. 

Son varios los motivos por los que la cinta de Carpenter funcionaba, pero los principales vendrían siendo su atmósfera de clara inspiración lovecraftiana (sus similitudes confesas con En las montañas de la locura), su clima de paranoia en clara contraposición con la versión del 51, y unos increíbles efectos especiales que todavía hoy se sostienen. Esta nueva versión intenta seguir ese mismo camino, pero a pesar de sus loables intenciones no termina de conseguir más que una aproximación superficial en cada uno de estos aspectos; el mayor número de personajes y el reducido uso de la locación hacen que la atmósfera de la original se vea diluida, a pesar de que esta versión muestra más detalles acerca de la nave en la que llega el alienígena. Hay también un intento bastante superficial de reproducir el clima de paranoia y el misterio acerca de quién puede ser un impostor, pero rápidamente se queda en nada y no proporciona más que algunos golpes de efecto bastante predecibles. Por último, los efectos especiales sufren de la sobreexposición tan común en el cine de terror moderno, con el consabido abuso de la tecnología informática. Esto último es particularmente molesto porque este remake contó con unos estupendos efectos físicos que se dejaron de lado o se retocaron por ordenador hasta el punto que en ocasiones se nota muchísimo. El caso es que todo ese trabajo se nota muy poco en el resultado final.

Honestamente, todo esto no sería tan problemático si por lo menos el argumento fuese interesante. Pero a mí en particular me costó mantener algún tipo de interés dado que ya conocía la historia. Y no sólo porque se trate de un remake; es que tiene prácticamente el mismo argumento que la versión de Carpenter, incluso con escenas casi calcadas. Por supuesto la película trata de ser también una precuela al centrarse en la historia del grupo de noruegos (aunque muy convenientemente los personajes importantes son todos americanos), pero ya el hecho de que el título sea La cosa habla bastante de cuáles son las intenciones reales de sus responsables.

Por supuesto que tiene sus innegables aciertos; si uno no ha visto la película original hay momentos muy buenos, la protagonista es la bellísima Mary Elizabeth Winstead, y hay por lo menos un intento serio por enlazar con el material de Carpenter aunque sea únicamente como guiño cómplice. Pero aquellos que hayan visto la del 82 difícilmente logren sacar algo positivo de la experiencia. A esos les recomendaría que mejor le echasen un vistazo a Splinter (2008), una película muy superior que tomaba precisamente de La cosa gran parte de su efectividad. Del resto, estamos ante un trabajo no demasiado destacable.

miércoles, mayo 22, 2013

Reseña: Evil Dead (2013)

Finalmente, tras años amenazando con ello, ha llegado la nueva Evil Dead (2013), y con ella la reinvención de uno de los pocos clásicos que quedan sin manosear del panorama de terror de décadas pasadas. Los miembros del trío original (Sam Raimi, Robert Tapert y Bruce Campbell) trabajan aquí de productores, dejando la labor de guión y dirección al uruguayo Fede Álvarez, a quien muchos recordaréis por aquel corto de robot gigantes Ataque de pánico. Contrariamente a todas mis expectativas, esta cinta de la que hablamos hoy ha terminado siendo una película muy divertida que ha disipado bastante bien todos mis temores y recelos iniciales. No es ninguna genialidad y creo que sus logros no sorprenderán a nadie, pero no se puede negar que en esta ocasión al menos han sabido por donde había que llevar el material. 

Uno de los mayores logros de la película, sin duda alguna, es que intenta ser aquello que Sam Raimi quería originalmente lograr allá por 1981. Tal como hemos mencionado en otras ocasiones, la primera The Evil Dead (1981) no era una comedia sino una película de horror seria cuyos únicos elementos jocosos venían dados por lo limitado de sus medios técnicos. En esta ocasión, el mayor presupuesto y el apoyo de un estudio permiten una película con un aspecto menos amateur y con miras a ser realmente un relato de miedo brutal, desagradable y sobre todo muy intenso en el que la violencia para con los protagonistas no se corta un pelo. Aún así hay que reconocer que la película no es del todo "seria"; no sólo se va volviendo más surrealista a medida que transcurre el metraje sino que también su violencia es tan exagerada que termina siendo involuntariamente cómica en ocasiones. Esto, sumado a algunos elementos que francamente no se pueden tomar en serio (como las risibles voces de los demonios), nos revelan que estamos no solamente ante un remake de la original sino también en cierto modo ante una reinvención de Evil Dead 2 (1987). 

Este tono exagerado y complemente alejado de todo realismo quizás decepcione a muchos de los que, a juzgar por el trailer, esperaban una película de horror más convencional, pero por otro lado es perfectamente coherente teniendo en cuenta que esta cinta se estrena luego del éxito de The Cabin in the Woods (2011), que parodiaba precisamente este tipo de historias, algo de lo que este nuevo Evil Dead parece perfectamente consciente. Sabiendo esto es normal que la película decida no tomarse demasiado en serio a sí misma, aún a costa de convertir lo que prometía ser una intensa experiencia de sangre y posesiones demoníacas en un divertimento más similar a una de esas casas del terror que uno encuentra en los barracones de feria. 

En definitiva, debo decir que he salido bastante satisfecho con esta nueva versión, cosa nada fácil dado que no tenía ninguna esperanza de que saliera bien. Sin embargo, reconozco que han sabido hacer una película entretenida, con algunas secuencias e ideas realmente buenas y algunos agregados interesantes como el cambio de sexo del personaje principal o el hecho de que la película intenta ser un poco más elaborada en cuanto a argumento al dar esta vez un motivo creíble a la presencia de los jóvenes en la cabaña. Como era de esperarse, hay un montón de guiños y referencias a la película original, algunos muy evidentes y otros un tanto más sutiles. Por supuesto que tiene sus fallos: con todo y sus mayores medios no consigue transmitir la genial atmósfera de la original, y algunos pueden echarse para atrás ante sus concesiones a la comedia involuntaria o su explicación un tanto pobre de la verdadera naturaleza de la maldición que acosa a los jovencitos, pero en general estamos hablando de una buena película que consigue ser un exponente bastante digno, al menos dentro del panorama actual de los remakes. Recomendable sin duda.

domingo, diciembre 30, 2012

Reseña: Maniac (2012)

La nueva versión de Maniac (2012) ha sido una de las cintas de horror más comentadas en los últimos meses de este año, aunque por desgracia me perdí su pase en Sitges y he tenido que esperar al tardío estreno donde vivo para poder apreciarla. Independientemente de la opinión que se pueda tener de la cada vez mayor tendencia a reinventar clásicos (y no tan clásicos) de décadas pasadas, hay que decir que he quedado gratamente sorprendido con este cuarto remake que nos trae Alexandre Aja, quien en esta ocasión funge "únicamente" de productor y guionista, dejando las labores de dirección a su amigo y habitual colaborador Franck Khalfoun, responsable también de la muy rescatable Parking 2 (2007), una película con la que podemos trazar varios paralelos a la cinta de la que hablamos hoy.

Porque en el fondo la premisa que tocan las dos películas de Khalfoun es prácticamente la misma, cambiando únicamente el punto de vista utilizado. Al igual que en la película original de William Lustig, en esta nueva Maniac asistimos a la vida cotidiana de Frank Zito, un hombre solitario y traumatizado que sale desesperadamente por las noches a matar jóvenes mujeres para añadir nuevas piezas a su macabra colección de cueros cabelludos. A nivel de argumento hay muy pocas variaciones (la más obvia la sustitución de la Nueva York original por Los Angeles) e incluso se repite el giro en la vida de Frank al conocer a una joven fotógrafa que es la única mujer que muestra algún tipo de interés genuino en él y que en esta película está un poco más desarrollado. La principal diferencia que Aja y Khalfoun han añadido a su película está, sin embargo, en una cuestión estética que ha sido muy comentada, y es la decisión de mostrar casi toda la película en planos subjetivos desde el punto de vista del personaje principal.

Esta decisión formal es mucho más que un gimmick y termina siendo la clave para entender la enmarañada psicología del personaje; por un lado tiene una efectividad superficial al hacernos olvidar el físico poco imponente de Elijah Wood (una muy valiente elección de reparto ya que probablemente sea lo contrario a Joe Spinelli), pero por otra parte este punto de vista único obliga al espectador a alcanzar una empatía con el asesino, siendo este probablemente el punto más transgresor de la película. Esto se hace evidente en los momentos de mayor tensión, cuando como público nos damos cuenta de que nuestro miedo no es por las víctimas, sino porque Frank sea descubierto. Personalmente, yo ya había escuchado hablar de este tema de la cámara subjetiva y pensaba que sería tratado en una forma mucho más banal, pero estaba equivocado; hay por el contrario una construcción muy coherente en cuanto a código, y si bien la perspectiva se rompe en ocasiones, hay un motivo muy claro por el cual ocurre porque el punto de vista va ligado al desmoronamiento psicológico de Frank. Es por esto que la vertiente onírica y psicótica del protagonista está asimismo distribuida a lo largo de todo el metraje y no sólo al final como ocurría en la versión de 1980, lo que hace de esta encarnación una cinta mucho más trepidante a nivel visual. Khalfoun tampoco se ha olvidado de trasladar esa locura y esa degradación al ambiente de la ciudad en la que Frank se mueve, haciendo que sus andanzas nocturnas recreen la miseria de unas calles angelinas que contrastan con el alto y lujoso edificio donde habita una de sus víctimas.

En general debo decir que pensaba que Maniac no terminaría siendo más que otro remake que aprovecha el estado de semi-abandono de su antecesora, pero por el contrario ha sido una sorpresa encontrarme con una película muy retorcida que tiene la valentía de tomar riesgos y que no se olvida de sus influencias, no sólo por las referencias a la original (atención al reflejo del asesino en una ventana tras uno de sus crímenes) sino también por esa magnífica atmósfera creada con una banda sonora muy eficaz que remite también a sus obvios referentes ochenteros. Eso aparte de una gran actuación por parte de Elijah Wood en un papel muy diferente a los que suele hacer. Una gran película, y una gran manera de cerrar las reseñas de este año que se acaba.

viernes, noviembre 16, 2012

Reseña: Silent House (2011)

Como sin duda todos sabréis a estas alturas, Silent House (2011) es el remake americano de la cinta de terror uruguaya La casa muda (2010), la cual ya reseñamos en esta página hace relativamente poco. La escasa demora por parte de la maquinaria hollywoodense en hacer su propia versión de la cinta de Gustavo Hernández se explica en gran medida por una tendencia desesperada a aprovechar cualquier cosa que pueda demostrar un poco de originalidad (paradójico, sí) en aunque sea de forma superficial. Dicho esto el remake parte de una premisa prácticamente idéntica incluyendo el famoso gimmick según el cual la película está rodada en un único plano secuencia de noventa minutos. Eso, y el hecho de que su propuesta minimalista y su escasez de medios augurara un presupuesto bastante reducido, la hacían sin duda una pieza muy atractiva para el cine de terror comercial de rápido rendimiento que ha plagado las carteleras desde el estreno de Paranormal Activity (2009).

La mención de la película de Oren Peli no es arbitraria y viene al caso más que por una simple estrategia comercial, ya que Silent House toma varias lecciones estilísticas de dicha película que se alejan del original uruguayo en el que se basa; si bien no estamos realmente ante un ejemplo de narración del metraje hallado, sí que tenemos aquí un intento bastante marcado de realismo documental que va desde la falta de créditos iniciales hasta el escaso uso de la música incidental. Pero por otro lado, esta versión se diferencia de su predecesora en que sus responsables han querido hacerla más digerible al público mayoritario aplicando ciertos cambios en beneficio de su comercialidad. No se explica de otra forma la escogencia como protagonista de Elizabeth Olsen (hermana menor de las famosas gemelas de Full House), la mayor cantidad de personajes, una mucho mayor cantidad de diálogos y una más amplia variedad estética alejada de la fotografía azul de la cinta original. También el argumento está ligeramente cambiado y adaptado a un contexto más de clase media/alta americana, puesto que ahora se trata de una hija que viene con su padre y su tío a limpiar su casa de veraneo, lo que la diferencia del ambiente rural de la cinta uruguaya y sus protagonistas campesinos. 

De la misma forma, la relación padre/hija/tío se presenta de forma tan positiva al inicio que hace aún peor el clímax de la película y menos creíble aún el absurdo final, que han mantenido igual al del original al menos en cuanto a lo que se revela ante el público. Al igual que en la película original, dicha revelación se carga todo lo que había venido antes debido a esa cansina idea de que los-peores-monstruos-son-los-de-la-mente o los-mayores-fantasmas-son-los-del-pasado, aunque es justo decir que este remake intenta meter más caña en su tramo final de lo que pudo hacer su antecesora. Lo digo así porque los últimos veinte minutos de Silent House cambian sustancialmente su estilo en comparación con la película original, mostrando aquí un clímax más surrealista y extravagante que reconozco sienta bien pero no se salva de la inclusión de elementos sin sentido propios de un guión tramposo y una revelación tirada de los pelos. Quizás el hecho de que ya conocía el final hizo que el sinsentido de este fuese aún más notable, pero aún sin saber lo que se avecina es difícil no sentir vergüenza ajena por el dramatismo de culebrón que muestra este giro argumental, así como lo abrupto del final, mucho más seco y tajante que el de la cinta en la que se basa.

Los que se hayan pasado aquí antes saben que La casa muda no fue una película que me entusiasmara mucho más allá de su al menos interesante propuesta narrativa. Sin embargo, Silent House parte con desventaja al simplemente repetir aquello que hacía la original interesante e introducir varios cambios que no mejoran la película para nada sino que por el contrario la hacen más del montón. En cuanto a experimento formal, yo recomendaría mil veces pasarse mejor por la original y dejar esta versión como lo que en el fondo es: un ejemplo más de este terror desganado y fácil de bajo presupuesto que basa todo su potencial de miedo en silencios de anticipación y ruidos repentinos. Bastante pobre, incluso para esos estándares.

viernes, abril 06, 2012

Reseña: La mujer de negro (2012)

La mujer de negro (2012) tiene todos los elementos necesarios para convertirse en uno de los primeros estrenos importantes del horror comercial de este año, no sólo porque pertenece a una vertiente harto conocida del terror sobrenatural con sus casas embrujadas y su imaginario clásico de pasillos abandonados, antiguas maldiciones y clásica historia de fantasmas, sino también porque el telefilme original de 1989 en el que esta nueva incursión de la (resucitada) Hammer Films se basa es lo bastante conocido como para llamar la atención y al mismo tiempo lo suficientemente modesta para requerir un remake de nuestros tiempos. Ha contado también con un gran empuje publicitario al ser la primera gran apuesta del joven actor Daniel Radcliffe tras su éxito con la saga de Harry Potter, así como por el regreso del director James Watkins, a quien sin duda recordaréis por Eden Lake (2008), la cual ya reseñamos aquí. 

Decimos esto porque es necesario hacer un breve paréntesis y decir que la versión original, si bien reverenciada por muchos por ser un buen ejemplo de horror inglés minimalista y sobrio, era poco ambiciosa como película de terror y ciertamente merecía tener una reinvención actual que aprovechara mejor la estética de caserío abandonado en medio de un pantano del que hace gala el argumento. En este sentido, la película de Watkins funciona a la perfección al meternos en situación ya desde el inicio, contando la historia de un joven abogado que viaja a una abandonada mansión en medio de una tenebrosa ciénaga para hacer una tasación de los bienes en ella depositados, y termina metiéndose de bruces en un misterio que alberga (como no) una maldición familiar encarnada en un maligno espíritu vengador que se presenta bajo la forma de una dama vestida de luto. La premisa tiene una estructura y una atmósfera muy similar al Drácula de Bram Stoker, semejanza que ciertamente no pasó desapercibida a los responsables de esta adaptación al hacer del encuentro entre el joven Arthur y la casa el centro neurálgico de la película. Es muy curioso como la exploración inicial del abogado en las penumbras de aquella mansión embrujada ocupa un buen trozo de la película (yo diría que un tercio más o menos) en el que no hay diálogos y en el que el espectador es deleitado con todos y cada uno de los recovecos de la morada del fantasma.

Por supuesto algunos de los elementos de La mujer de negro están hoy algo desfasados en un tiempo en el que los horrores de feria se han convertido en una rareza en el cine de terror. Muchos de los sustos son baratos en su simpleza (meras subidas de volumen) y otros son predecibles, pero las apariciones del fantasma están dotadas de un efectismo estético en ocasiones impresionante, siendo ejemplo perfecto aquella habitación llena de juguetes antiguos que por sí sola ya resulta bastante tenebrosa. En cuanto al argumento, este es bastante básico y esquemático, y se ve que han querido otorgarle un ángulo infantil del que la película original carecía, añadiendo el clásico elemento del "niño en peligro" que emparenta a esta producción con otras muy similares como Darkness Falls (2003) o Dead Silence (2007), con las que comparte similitudes estéticas bastante considerables.

Resumiendo, La mujer de negro es una película ideal si se busca una historia de terror al viejo uso, y algunas de sus imágenes ciertamente son bastante inquientantes, lo suficiente al menos como para asegurar que serán difíciles de olvidar para aquellos adeptos al horror sobrenatural tan maltratado en nuestros tiempos. Estos serán capaces de perdonar su simplicidad argumental, algunos momentos exageradamente edulcorantes y el ya manido cliché del protagonista traumatizado por una pérdida familiar, pero en el mundo de los remakes descarados de éxitos anteriores, es una entrada al menos un tanto digna.


martes, octubre 18, 2011

Reseña: Noche de miedo (2011)

Noche de miedo (2011) es, junto con La cosa (2011) uno de los remakes de terror más anticipados de este año, al menos por quien esto escribe, ya que como todos saben ya, la original de Tom Holland de 1985 es una de mis películas favoritas de vampiros. Esta nueva versión, dirigida por Craig Gillespie, recupera gran parte de su legado y repite la mayor parte de su estructura, aunque al menos se esfuerza por sacar algo nuevo de su material base y no se contenta con simplemente repetir la misma fórmula. Esto es ciertamente algo que hay que agradecer ya que no tenía muchas esperanzas con ella y al final he quedado ligeramente sorprendido con un proyecto concebido como una película de terror de verano.

Como decíamos arriba, la premisa es bastante parecida en su base: la historia de un joven de suburbio llamado Charlie Brewster que descubre que su nuevo vecino, Jerry, es en realidad un vampiro. Hasta ahí todo es similar a la de Tom Holland, pero esta nueva Noche de miedo introduce algunos cambios al menos curiosos; uno de los mayores aciertos a mi parecer ha sido el de situar la película en los suburbios ubicados en medio de un desierto junto a Las Vegas, ciudad que ya de por sí tiene un largo y auténtico historial de desapariciones que hacen más que apropiada la historia de un misterioso depredador que empieza a cargarse a sus vecinos.

En realidad las alteraciones que hay tienen que ver principalmente con una diferencia en cuanto a tono con la original. Tal como se podía apreciar con los primeros avances, esta versión no parece estar tan inclinada hacia la comedia; hay sin duda momentos cómicos, pero se ve que esta vez han intentado ir más en la dirección de una genuina película de terror de suburbio aún a costa de ciertos detalles tremendamente distintos a los que nos había traído Tom Holland. Algunos de estos cambios, en mi opinión, son un tanto desafortunados, siendo el principal de ellos la inexplicable transformación de Peter Vincent en un mago con un conocimiento bastante arbitrario de los vampiros y su mitología. El cambio de Peter Vincent no funciona entre otras cosas porque despoja a la película de su contenido referencial hacia el cine de terror, que era una de las cosas más interesantes de la primera Noche de miedo. Por fortuna esto al final termina siendo bastante marginal puesto que no es este el principal enfoque de la película y la participación del propio Peter Vincent es bastante limitada (casi no sale en toda la película) y reducida a un personaje cómico explotado de forma bastante evidente por el actor David Tennant.

Pero estas concesiones a la comedia son minoritarias; Noche de miedo redux tiene momentos genuinamente terroríficos en cuanto a imaginario, desde su ambientación de penumbra perpetua en medio de un suburbio prefabricado y solitario hasta una secuencia en particular (la mejor de la película en mi opinión) en la que Charlie Brewster va al rescate de una joven y guapa vecina secuestrada por el vampiro. Dicha secuencia, con su sorprendente desenlace, destaca por su efectivo manejo del suspense heredado de toda una tradición de vecinos psicópatas. Todo esto además aderezado con la genial actuación de Colin Farrell, un actor que a mí particularmente nunca me ha llamado mucho la atención pero que está que se sale en esta película y borda su papel de depredador dotado de un magnetismo sexual completamente salvaje, un complemento perfecto y a la vez diferente del playboy ochentero de Chris Sarandon en la original, al que hace algún que otro guiño. Farrell es una de las mejores cosas de la película y aporta muchísimo en una época en la que la imagen de los vampiros como seductores ha sido sustituida por la blanda y banal fantasía adolescente que muchos asocian con Crepúsculo pero de la que tiene mucha mayor culpa la escritora Anne Rice. La nueva Noche de miedo es por el contrario una cinta que nos devuelve la imagen del vampiro como monstruo inmundo e invasor que tantos placeres nos ha dado. Esta película puede que no llegue a los niveles de la original, pero me ha parecido lo bastante interesante para por lo menos merecer un vistazo.

Casi lo olvido: en un intento de sacar mayor rentabilidad de la taquilla, esta nueva versión de Noche de miedo ha sido estrenada en 3D, pero como suele ocurrir en muchas ocasiones, el efecto es bastante esporádico y a todas luces superficial, con uno que otro objeto saltando hacia la pantalla. Lo realmente lamentable es precisamente el hecho de que (al menos en mi ciudad) no haya sido posible verla sin este efecto añadido y por lo tanto el pase por caja haya sido más contundente. Mucho me temo que en determinadas producciones esto se vaya convirtiendo en una práctica cada vez más habitual.

sábado, abril 30, 2011

Reseña: And Soon The Darkness (2010)

Contrastando con el apacible inicio de la original, esta nueva versión de And Soon The Darkness (2010) comienza con un prólogo en el que se ve a una mujer gritando y siendo torturada por sus captores, lo que ya desde el principio debería darnos una idea bastante clara del tono buscado por este remake de aquel minimalista thriller británico de Robert Fuest, así como su voluntad de apelar a las constantes del cine de terror actual, específicamente al subgénero de los "turistas en apuros" al que tantas veces nos hemos referido. Eso explica en parte la decisión por parte de sus responsables de dotar al argumento de un mayor grado de exotismo al trasladar la acción de la campiña francesa de la original a la Argentina profunda, donde un par de jóvenes chicas americanas cometen la imprudencia de separarse del resto de su tour de bici en busca del color local, con los resultados ya esperados: una de las chicas desaparece misteriosamente y su amiga debe ser quien la localice a pesar de la escasa ayuda de las autoridades del lugar.

El prólogo al que nos referíamos anteriormente no es la única pista del nuevo tono adoptado por esta versión; son varias las escenas de la película que nos recuerdan la marcada influencia de otros catálogos de crueldades desde Hostel (2005) hasta nuestros días, y aunque no llega a nunca a ser gráfica en cuanto a violencia, sí que llega por momentos a ser bastante vejatoria y a buscar castigar al espectador con las desventuras de este par de atractivas jóvenes y varios intentos frustrados de salvación, tantos que por momentos llega a parecer una parodia. Un punto negativo en todo esto es el hecho de que este remake elimina de un plumazo todo el misterio de la original al revelar ya desde temprano el motivo de la desaparición de la chica y haciendo de éste parte de un horror más "global" en lugar del cuento de psicopatía rural del que la película original hacía gala.

Otro punto que evidencia como pocas cosas la voluntad de excitar el morbo del espectador está en la elección de las dos protagonistas, Odette Yustman y Amber Heard, dos de las chicas guapas por excelencia del cine de terror actual. La primera es conocida por cintas como Cloverfield (2008) o The Unborn (2009), y hay que decir que en esta película se siente completamente fuera de lugar en el papel de la amiga tonta, intentando muy probablemente canalizar el espíritu de socarronería de una Megan Fox light con el que no pega para nada. El caso de Amber Heard es aún más decepcionante; esta chica, a la que hemos visto ya en películas como All The Boys Love Mandy Lane (2006) y el reciente remake de El padrastro (2009), es una que no solamente es bastante atractiva sino que encima me parece una actriz bastante intersante que por desgracia todavía no ha encontrado una película que la haga realmente despegar. En esta versión de And Soon The Darkness, aparte de protagonista aparece acreditada como productora, lo que explica que la cinta gire realmente en torno a ella (casi no hay una escena en la que no salga) y los peligros que la acechan una y otra vez.

No será esta la película que cumpla su cometido de dar más proyección a su carrera (tiene más probabilidades con su incursión en Drive Angry (2010), lo cuasi-último de Nicolas Cage), puesto que el redux de And Soon The Darkness no tiene nada realmente memorable y se queda en un thriller bastante predecible y genérico una vez que se elimina el misterio de la original, algo notable incluso en la escogencia del actor Karl Urban en un papel engañoso que en un principio parece ser aquel misterioso desconocido de la moto que salía en la cinta original pero que finalmente termina ser un personaje de relleno completamente prescindible que incluso se podrían haber ahorrado. Del resto hay pocas cosas destacables, ya que ni siquiera la recreación del entorno rural argentino como una zona de "peligro" consigue reproducir el progresivo ambiente de miedo que Robert Fuest conseguía en su limitado entorno pueblerino que poco a poco se iba volviendo hostil. La única recomendación que se puede hacer, una vez más, es que le echéis un vistazo a la original de 1970 y dejéis esta aparcada.

jueves, marzo 03, 2011

Reseña: I Spit on Your Grave (2010)

Parecido a lo que ocurría en el remake de La última casa a la izquierda (2009), la nueva versión de I Spit on Your Grave (2010) hace gala de la ligereza actual de la censura en lo que a violencia se refiere para llevar el aguante del público hasta el límite. Si lo logra o no es algo que tendrá que decidir cada espectador por su cuenta, pero sin embargo creo que en esta ocasión el alcance de esta película va más allá que la simple repetición del efecto, algo que tiene su mérito ya que la cinta original de Meir Zarchi es considerada todavía hoy un clásico que no ha perdido su vigencia, a diferencia de lo ocurrido con otros varios trabajos de explotación de los años setenta. La versión del 2010, si bien cuenta exactamente la misma historia (una joven escritora citadina brutalmente violada y humillada por los lugareños paletos desata su terrible y cruel venganza) lo hace cambiando completamente el tono de la película y llevándola más dentro si cabe de los terrenos del auténtico cine de terror, cambio que es de agradecer y que dice mucho de las tendencias actuales de dicho género.

Una de las cosas que más me han llamado la atención es que esta vez, y a pesar de la premisa, la película no hace tanto hincapié como la original en la secuencia de la violación de Jennifer, que ocupa mucho menos metraje que en la original e incluso se permite omitir su violento clímax con una elipsis narrativa que ahorra al público los horrores vividos por la joven y cuya repetición insensata era uno de los aspectos más cruentos de la versión del 78. Sin embargo, toda la segunda mitad de la película, en la que Jennifer desata su terrible venganza, es mucho más brutal y despiadada. El cambio estructural afecta sin duda la reacción emocional del público, ya que era precisamente la tragedia de la protagonista lo que predisponía al espectador en contra de sus agresores y le hacía aplaudir la violencia que se desataba luego. En este remake dicha reacción no llega a ser tan visceral; si bien el público está llamado en un principio a simpatizar con Jennifer debido al terrible agravio que ha sufrido, su vendetta contra aquellos que la han vejado resulta tan cruel y sádica que en ocasiones se me ha hecho difícil de ver.

Aquí es donde viene, no obstante, lo curioso, y es que esta nueva versión utiliza ese mismo grado de violencia para crear una película completamente distinta; tal como se comentaba arriba, la historia es exactamente la misma salvo la introducción de un nuevo personaje (probablemente creado para corregir un famoso gazapo del cartel promocional de la versión del 78), pero esta película lo cambia todo una vez que llegamos a la venganza al trasladar el punto de vista de la narración y centrarlo ahora en los agresores, que pasan a ser las víctimas acosadas por el espectro tangible de aquella mujer que creían muerta y que ahora se manifiesta para hacerles pagar por sus fechorías. Este juego es muy significativo porque cambia el tono "realista" de la película original y se regodea en cambio en un catálogo estilizado de depravaciones en el que Jennifer ejecuta su venganza con métodos cada vez más elaborados y creativos que no están exentos tampoco de cierta carga irónica. Todo esto adrenta a este remake en los predios del slasher film y lo emparenta con la exhibición festiva de la tortura que cintas como Saw (2004) han conseguido popularizar. De hecho, considerando los medios a su disposición, la Jennifer Hills de esta película no tiene nada que envidiar el Jigsaw más inspirado.

La fórmula funciona bastante bien a pesar de que todo resulta bastante predecible y de que al final queda uno que otro cabo suelto en cuanto a argumento. Existe también el problema que ya esperábamos, y es que en medio de tantos estrenos similares y con la entrega actual del cine de miedo a los excesos del horror físico incluso dentro del mainstream, esta cinta se hace un tanto redundante y pasa inevitablemente desapercibida, sin causar el impacto cultural que la original trajo en su día. Con todo y eso, la considero una cinta bastante rescatable y, al menos como remake, mucho más interesante que la aburrida y fácil repetición del esquema e intenciones del original. Me parece incluso que, junto con Piraña 3D (2010), de Alexandre Aja, es el único remake realmente interesante de los muchos que nos llegaron el año pasado.

miércoles, febrero 23, 2011

Reseña: Déjame entrar (2010)

Seguramente ya habréis visto la opinión resumida que dejamos en forma de post de transición hace ya un tiempo (por cierto, curioso el interés desatado por lo que no era más que una línea resumiendo una impresión inicial), así que no viene mal desarrollar un poco la idea y explicar lo que realmente nos ha parecido la nueva versión de Déjame entrar (2010), remake de la muy mentada película de Thomas Alfredson. La existencia de estas nuevas versiones recalentadas es algo que ya comentamos una vez y que responde a una realidad económica acerca de cómo se maneja el cine de masas en Estados Unidos, algo que tiene que ver con un concepto que en publicidad se conoce como "conciencia de marca"; si bien la Déjame entrar (2008) original puede ser considerada en muchos sentidos una película de culto, la verdad es que una película extranjera tiene escasas posibilidades (por no decir ninguna) de ser un éxito en la taquilla estadounidense.

Llegados a este punto se hace necesario hablar de la película en sí, cuyo argumento es casi calcado al de la versión sueca, quizás demasiado. Aquellas palabras del director Matt Reeves en las que aseguraba que su versión no era tanto un remake sino una nueva adaptación de la novela original de John Ajvide Lindqvist finalmente han quedado en nada; Déjame entrar redux sigue prácticamente al pie de la letra el argumento de la primera adaptación e incluso la referencia en varias ocasiones con secuencias y planos específicos que son exactamente los mismos, lo que desmonta uno de los principales argumentos de los defensores de esta versión americana: que (supuestamente) no estamos ante una fotocopia del original escandinavo. Por el contrario, Matt Reeves, artífice de la por nosotros muy alabada Cloverfield (2008), parece haberse limitado a "traducir" culturalmente la película original y dudo mucho que haya tenido algún interés en aportar algo propio a aquello que ya se había contado. De hecho, los escasos cambios que se han realizado al argumento son insustanciales (como la presencia de un detective encarnado por Elias Koteas) o directamente empobrecen el resultado si se le compara con la versión original. Es esto lo que sucede, por ejemplo, con la decisión por parte de los responsables del remake de eliminar casi por completo la subtrama de vampirismo de la pareja atacada por la niña protagonista, lo cual borra también uno de los pocos elementos de auténtica película de horror que la cinta de Alfredson tenía. Algo similar ha ocurrido con la decisión de eliminar la ambigüedad del vampiro y la "verdadera naturaleza" de la niña; es cierto que la ausencia de dicha revelación no altera propiamente el argumento, pero sí es una muestra más de cómo la historia original ha tenido que ser suavizada para alcanzar los estándares de una producción comercial, lo cual es algo sin duda triste.

Tampoco estamos, como se ha comentado en anteriores ocasiones, ante una versión más "de terror" de la novela original sino todo lo contrario: la nueva Déjame entrar sigue siendo más que nunca un drama y una historia de "primer amor" entre jóvenes (al menos de espíritu) en los que el tema del vampirismo se trata en muchas ocasiones de refilón. Poco importa que en esta ocasión se haya buscado hacer del vampiro un ser más "feroz" (en realidad la única diferencia es que salta más rápido, vamos) si ese intento se tira por la borda debido al carácter explícito de la forma como se presenta, con un maquillaje vampírico convencional y aburrido que elimina la interesante manera que tenía la película de Alfredson de dosificar la apariencia del vampiro y su metamorfosis en monstruo, contemplada en vistazos fugaces que se quedaban en nuestra memoria. Nada de eso, por desgracia, se ha trasladado a la película de Reeves.

Ahora, después de haber soltado toda esta parrafada, es probable que muchos puedan pensar que no me ha gustado la película pero no es así. Después de todo, sigue siendo la copia al carbón de una cinta muy buena, tiene uno que otro momento interesante a nivel de estética (como ese accidente de coche visto desde adentro) y algunas actuaciones sobresalientes. El problema es que, por un lado, no puedo simplemente fingir que la original no existe y que se estrenó hace apenas un par de años. Por otro lado, me cuesta mucho pasar por alto lo tremendamente vacía y supérflua que resulta, eso y que el saber exactamente qué va a ocurrir cada segundo hace que al final termine siendo aburrida y casi tan larga como la original (y pensar que detrás de esto está la Hammer Films, que una vez fuera sinónimo de entretenimiento). Por eso me sorprende comprobar qué bajos tienen que estar los estándares si al final esta va a resultar ser una de las cintas más "destacables" del año. Aquí por desgracia me toca ser la nota discordante ya que, por más que lo intento, no puedo encontrar nada positivo de este remake que no haya estado ya presente en la cinta original, ante la cual esta versión sigue siendo completamente innecesaria.

sábado, febrero 12, 2011

Reseña: Carrie (2002)

A pesar de que probablemente no existe fanático del género de terror que no conozca al menos de nombre la película Carrie (1976), de Brian de Palma, no son muchos los que saben que existe una secuela de 1999, e incluso son menos aún los que saben que en el 2002 se estrenó una nueva versión hecha para la tele de esta primera novela de Stephen King. La supuesta necesidad de rehacer una adaptación que todavía está bastante vigente es algo que se me escapa, teniendo en cuenta sobre todo que King no carece de material ampliamente adaptable, pero alguien debió haber pensado lo contrario y decidido dar una segunda oportunidad a la historia de una chica de instituto que descubre sus poderes telequinéticos y los usa para lanzar su venganza contra aquellos que la han martirizado, ya sea sus crueles compañeros o su desquiciada y religiosa madre.

Se podría pensar asimismo que el mayor tiempo de metraje (132 minutos frente a los 98 de la versión de Brian de Palma) permitirían una mayor "fidelidad" al argumento original que presentaba la novela de King, aunque esto no es del todo cierto; hay de hecho una fuerte intención de referenciar la versión de 1976 evidenciada incluso en el material publicitario de la película y la carátula del DVD, que muestra una clara alusión a la técnica de "pantalla dividida" que constituye uno de los trucos estéticos más emblemáticos de la original. Con todo y eso, esta nueva versión incluye detalles argumentales de la novela ausentes en la versión de De Palma, concretamente la lluvia de piedras causada por Carrie siendo todavía una niña. Sin embargo, el resto de la película está hecha con la clara intención de mantener la mirada fija en la versión de los setenta como principal fuente de inspiración, algo ineludible puesto que incluso la visión de Carrie ensangrentada durante el baile de graduación es ya una imagen clásica del género de terror.

El formato televisivo, no obstante, pasa factura de la peor manera posible: aparte de una estética bastante plana y sin gracia y una mayor condescendencia ante el espinoso tema de la religión presente tanto en la novela como en la cinta original, el ritmo de la película se hace lento al intentar centrar gran parte de su metraje en el mundo diario de los jóvenes pero al mismo tiempo prescidiendo del humor que en ocasiones destilaba la original. Hay asimismo una pésima elección de casting a la hora de tomar el papel protagonista, puesto que Angela Bettis se ve demasiado mayor para su personaje, y aunque considero que es una actriz muy interesante que ha demostrado ya su valía como arquetipo de "patito feo", no pega como Carrie para nada.

En definitiva, el único motivo por el cual se me ocurriría que alguien pudiera querer echar un vistazo a Carrie (2002) sería por puro afán de completismo de las adaptaciones cinematográficas de la obra de Stephen King. Paradójicamente, es este público potencial el que se verá más afectado en el momento en que llega la que es probablemente la mayor licencia de guión (en cuanto a adaptación de la novela se refiere) que nos podemos imaginar, y es que el final de la película es un auténtico sacrilegio que pondrá a los seguidores de Stephen King en pie de guerra. No voy a decir aquí de qué se trata (aunque muchos lo podrán intuir ya) pero sí debo adelantar que dicha licencia tiene una explicación, ya que este telefilme era originalmente el piloto de una serie televisiva sobre Carrie que nunca llegó a realizarse. Del resto, la verdad es que no encuentro nada destacable en este intento televisivo completamente innecesario.

jueves, enero 20, 2011

Reseña: Night of the Demons (2009)

Aquellos que hayáis estado por aquí hace unos dos años y medio, recordaréis sin duda esta lista con cinco (entonces) próximos remakes de terror a estrenarse y el por qué todos ellos estaban condenados irremediablemente al fracaso. De los cinco, uno de ellos todavía no ha llegado a concretarse, y de los otros cuatro, el único que nos faltaba por reseñar era esta versión de Night of the Demons (2009), película ante la cual nos vemos obligados a matizar un poco nuestro prejuicio inicial; si bien es cierto que este refrito del director Adam Gierasch (quien tiene un mayor número de créditos como guionista en cuanto a cine de terror) está muy lejos de alcanzar incluso los modestos niveles de la original, es también mucho más divertida de lo que originalmente esperaba y al menos una digna continuación del estilo de la primera.

La premisa base sigue siendo la misma, en la que un grupo de jóvenes realiza una fiesta clandestina de Halloween en una casa embrujada y terminan invocando por accidente un grupo de demonios que los irán poseyendo y asesinado uno por uno a lo largo de toda una noche. Hay que destacar sin embargo que este remake está mucho más inclinado hacia la comedia que la película original de 1988, lo cual no es decir poco ya que esta era en gran medida una cinta en la que el tratamiento del horror estaba hecho desde una perspectiva juguetona sin dejar de ser cruel y sangrienta. En este último apartado la nueva versión también tiene lo suyo ya que es mucho más dada a los excesos, aunque por desgracia sólo en el apartado de violencia: si bien es cierto que esta versión de Night of the Demons afianza (muy previsiblemente) su fuerza en el despliegue indiscriminado de tías buenas (Shannon Elizabeth, Diora Baird, Monica Keena, Bobbi Sue Luther y un largo etc), la verdad es que en lo referente a despliegues de erotismo hay mucho menos tela que cortar que en la versión original.

Sin embargo, el verdadero punto difícil de perdonar está en la forma como esta versión desaprovecha lo que había sido el elemento más destacable y el verdadero punto de unión de la trilogía original, y es que la Angela de Shannon Elizabeth no sólo no tiene tanto protagonismo como en la original (de hecho es el personaje que está menos desarrollado, incluso para los estándares de esta película) sino que además es completamente distinto, muy alejado de la gótica reina de los demonios que encarnara en el pasado Amelia Kinkade. Esto es sólo uno de los muchos puntos en los que el argumento se separa de aquel mostrado en el original optando por hacer una película más violenta y más dada a las exageraciones que sin embargo no se olvida de evidenciar más que nunca las auténticas influencias de esta saga, principalmente The Evil Dead (1981), de Sam Raimi, y Demons (1985), de Lamberto Bava. No obstante esto no impide que la película haga referencia a su antecesora por medio de un breve cameo de Linnea Quigley y obvias referencias a la trilogía original, con las que los cazadores de guiños se lo pasarán pipa.

Evidentemente se hace necesario tener unas expectativas bajas para disfrutarla, ya que después de todo la película no está exhenta de problemas: se hace un poco larga una vez que comienza el ataque de los demonios, principalmente porque todo esto ya lo hemos visto, hay unos efectos especiales de chichinabo bastante cutres (especialmente en lo que se refiere a la transformación de los demonios), y la presencia de un Edward Furlong resucitado de entre los profesionalmente muertos e hinchado hasta perder el cuello descoloca muchísimo y es tremendamente desacertada. Pero con todo y eso, acomete la sabia decisión de no tomarse demasiado en serio a sí misma, a diferencia del 99 por ciento de los remakes de terror de hoy en día, y consigue algunos momentos de humor muy logrados incluso a costa de la propia película que son muy de agradecer. Es una verdadera película de Halloween aunque no llegue a los niveles de la original (que ya ganaba puntos con ese prólogo y epílogo tan típicos de esta entrañable fiesta) y al menos bastante digna de la trilogía iniciada en los ochenta. No todo el mundo parece haberlo visto así, ya que tras rodar en varios festivales, esta Night of the Demons no consiguió distribución en cines y tuvo que conformarse en pasar directamente a formato casero. Prejuicios aparte, y aunque como remake y película es indudablemente fallida, es sorprendentemente mejor de lo que me esperaba, tanto como para hacerla recomendable.

sábado, enero 08, 2011

Reseña: Piraña 3D (2010)

El 2010 pasó sin que pudiésemos ver en España el estreno de Piraña 3D (2010), pero al menos mi diferente ubicación geográfica me permitió acercarme a ella en condiciones y comprobar en carne propia los motivos por los cuales este tercer remake americano de Alexandra Aja era uno de los más esperados del año. Lo cierto es que con todo y mi reticencia ante el hecho de que este director se haya inclinado por tercera vez consecutiva a revolver la memoria cinéfila del género de terror, debo reconocer que ha conseguido sorprenderme; Aja ha logrado con su revisión de la cinta de Joe Dante de 1978 una película muy diferente a la que me esperaba de él, completamente alejada del explícito mensaje político de Las colinas tienen ojos (2006) o la medianía cansina de Mirrors (2008). Por el contrario, esta versión en tres dimensiones de la horda de pirañas asesinas es (nunca mejor dicho) una auténtica película chorra y un divertimento bastante sincero que no puede engañar a nadie.

La pregunta que surge siempre es qué tanto parecido tiene este remake con el original, y en ese sentido se aprecia por lo menos cierta voluntad de un necesario distanciamiento, puesto que las dos películas terminan siendo muy diferentes. Únicamente la estructura del relato es la misma: las pirañas se liberan y nadan río abajo hasta un enorme festejo turístico donde harán su agosto en las desnudas carnes de los concurrentes. Todo lo demás, sin embargo, cambia; aparte de seguir un espíritu más juvenil en cuanto al argumento y los protagonistas, el origen de las pirañas (esta vez una especie prehistórica liberada tras un terremoto submarino) despoja a la trama del contenido abiertamente político de la cinta de Dante. Asimismo esta vez, y debido ciertamente a un mayor presupuesto y a una mucho más avanzada tecnología, hay un regodeo mucho mayor en los voraces peces carnívoros, auténticos protagonistas de la cinta que alcanzan momentos de una ferocidad inusitada, aunque hay que decir que la imagen que adorna esta reseña está tomada del trailer y no aparece en la película final. De todas maneras, este protagonismo de las pirañas está reñido con la gran cantidad de cuerpos femeninos que la película ostenta y que la convierten en una cinta de explotación genuina y una película de terror de verano (nunca mejor dicho). El desfile y exposición de chicas de la cinta de Aja es descomunal, incluyendo cameos de auténticos pivones como Kelly Brook o las porno-stars Riley Steele, Ashlynn Brooke y Gianna Michaels siendo correspondientemente desmembradas.

Es en este último apartado cuando la película de Alexandre Aja va más allá de la de Dante, puesto que Piraña 3D es sin duda mucho más violenta y sangrienta que la original, sobre todo en ese tramo final del ataque de las pirañas donde el francés encuentra mil formas diferentes de descuartizar seres humanos ante la cámara. Por fortuna lo hace sin renunciar al humor que hacía de la original una película tan disfrutable, permitiendo así que su versión sea todo lo sangrienta que quiera sin jamás llegar a ser desagradable. Gran parte de este humor también está apoyado por el trabajo de un elenco acertado que incluye a Christopher Lloyd como un extravagante científico (again), una Elisabeth Shue cachas y Jerry O'Connell haciendo de un lascivo presentador que resulta un evidentísimo doble paródico de Joe Francis, presentador de la famosa serie de vídeos de Girls Gone Wild.

Todos estos aciertos se ven ligeramente afectados por la decepción que supone, eso sí, el uso del 3D. Hay que decir en primer lugar que en el caso de esta película estamos hablando de un falso 3D (es decir, agregado en post producción), por mucho que la cinta haya sido planeada desde un principio para incluir este efecto. Aparte de momentos muy puntuales como la gloriosa secuencia de las "sirenas", lo cierto es que el 3D de esta película es perfectamente prescindible y poco impresionante si se le compara con otras cintas de terror recientes que han sabido aprovechar mucho mejor el formato, tales como My Bloody Valentine (2009) o Destino final 4 (2009). Así que si sólo conseguís verla en dos dimensiones tampoco os perderéis mucho. Pero este detalle aparte, lo cierto es que Aja ha conseguido realizar una película muy divertida (sobre todo en su tramo final) que fácilmente califica como una de las más destacables del 2010 con todo y su aparente ligereza. Personalmente sigo prefiriendo la de Joe Dante, que me parece una cinta mucho más redonda con un planteamiento mucho más interesante que va más allá del evidente plagio de Tiburón (1975), pero al menos Piraña 3D es un homenaje bastante correcto y una de las cintas de terror más disfrutables del año que recién ha pasado.

lunes, junio 07, 2010

Reseña: The Crazies (2010)

Tras El amanecer de los muertos (2004), esta es la segunda vez que los grandes estudios deciden hacer un remake de alguna obra importante de George Romero despojándola de su contenido inicial y tratando de hacerla más accesible en aras de una comercialidad mal entendida. La comparación con la película de Zack Snyder es pertinente ya que The Crazies (2010) sigue más o menos el mismo camino trazado seis años atrás pero sin la misma efectividad, empezando por una premisa que hoy en día parece estar ya bastante gastada; aquellos que hayan visto el original de Romero recordarán sin duda que lo primero que se dice al haber de ella es que con todo y su planteamiento base no es una película de zombis. Pues bien, este remake sí que lo es. No sólo repite casi todos los preceptos del cine de infectados/cadáveres andantes (¿existe alguna diferencia a estas alturas?) sino que encima desecha aquellas cosas del original romeriano que la hacían destacar.

Si bien la base argumental es prácticamente idéntica (un pueblo pequeño puesto en cuarentena por el ejército debido a un extraño virus que hace que la gente se vuelva loca) esa misma estrategia comercial de la que hablábamos antes reduce la trama a sus mínimos; a diferencia de la versión original, la historia se mueve esta vez en un solo nivel, siguiendo exclusivamente la odisea del comisario local que intenta sólo rescatar a su mujer y escapar del pueblo sitiado, desechando así toda la subtrama de la lucha entre los científicos y militares que plantan cara al virus cada uno a su manera. La presencia de estos últimos, a decir verdad, es bastante sutil y no se sabe muy bien qué es lo que intentan hacer aparte de mantener a la gente encerrada. Esta decisión daña a la película por dos motivos: el primero de ellos es que hace de la presencia de los militares algo meramente supérfluo para añadir un elemento de tensión muy básico y carente del interés de la original, en la que la lucha entre los personeros del Gobierno para encontrar la forma de acabar con el virus contribuía a esa desesperación general que terminaba apoderándose del argumento. Aquí en cambio los agentes gubernamentales son simplemente un recurso narrativo sin rostro que aparecen y desaparecen convenientemente para que los protagonistas en fuga puedan enfrentarse a los grupos de infectados.

El segundo inconveniente de esta omisión, en el que esta nueva versión falla al no reconocer aquello que hacía especial a la película de Romero, es el siguiente: en la original la verdadera amenaza para el pueblo no eran tanto los infectados como los propios militares, quienes poco a poco iban perdiendo el control y terminaban siendo un peligro ante el cual los ciudadanos debían enfrentarse. Esa idea aquí está completamente desaprovechada al convertirse The Crazies en una película de zombis un poco más inteligentes de lo normal (eso y el hecho de que no se contagian unos a otros parece ser lo único que les diferencia de, por ejemplo, los engendros de Danny Boyle) con algunas buenas secuencias como la del autolavado (probablemente el mejor momento de la película) pero sin el contenido realmente transgresor de la cinta de Romero, que la supera con creces a pesar de su bajo nivel de producción y sus actores no profesionales. Esta, en cambio, a pesar de todos sus recursos resulta bastante genérica con sus infectados de maquillaje grotesco y gritos sobrenaturales, sus imágenes de pueblo devastado, sus personajes completamente nulos e inútiles como las dos mujeres que acompañan al sheriff y su ayudante, o incluso ese clímax final que intenta dotar a la película de un contenido apocalíptico que por supuesto no puede dejar atrás el guiño a una posible secuela.

Este último detalle es particularmente significativo porque nunca hubiese imaginado que una nueva versión hecha casi treinta años después llegase a desechar el amargo final de la película de Romero en virtud de algo más digerible para el público, a pesar de que la cinta no se ha cortado un pelo antes en lo que respecta a imágenes crueles. Lo de la historia de zombis disfrazada es más evidente que nunca si tenemos en cuenta que el desmoronamiento gradual de los infectados es mucho menos marcado que en la original y que, a diferencia de la versión de los setenta, esta vez el virus no parece tener un efecto distinto en cada persona. Aquellos que no hayan visto la versión de Romero y que tengan ganas de una película de infectados de las del montón puede que encuentren algo realmente positivo en esta encarnación de The Crazies, pero incluso dentro de esta liga creo que resulta supérflua. Pasemos por alto momentánemente el hecho indiscutible de que esta cinta es la banalización de una película altamente política y quedémonos con una realidad amarga que cierra el círculo de esta reseña: sólo la primera secuencia de El amanecer de los muertos de Snyder tiene mucha más fuerza que toda esta película de la que hablamos hoy.