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miércoles, abril 26, 2017

Reseña: White Zombie (1932)

Abordada en su momento como una producción independiente con un presupuesto mucho menor que la mayoría de sus contemporáneas, White Zombie (1932) no fue muy bien recibida en su momento por la crítica, aunque con el tiempo ha sido reivindicada hasta el punto de que se considera una película de culto y, probablemente, una de las más famosas cintas que protagonizara Bela Lugosi, superada en su fama sólo por Drácula (1931). También es citada muy a menudo como la primera película de zombis de la historia del cine, una afirmación un tanto osada porque los zombis que se ven aquí no tienen nada que ver con la definición que han terminado por tener estas criaturas en el cine de terror; aquí los zombis son de su variante vudú, lo que trae a colación el carácter exótico de la cinta hasta el punto de que yo dudaría incluso en clasificarla como una historia de terror y más bien como una oscura película de aventuras con damiselas en peligro, héroes intrépidos, un malsano triángulo amoroso y un villano caricaturesco.

Obviamente no todo el mundo lo vio así, y White Zombie de hecho se esfuerza por ofrecer componentes de terror a lo largo de su metraje intentando aprovechar al máximo sus recursos. Como comentaba arriba, esta fue una producción muy modesta que sospecho debe haber usado gran parte de su presupuesto en contar con Bela Lugosi en el reparto, ya que el resto del elenco se trataba sobre todo de antiguas estrellas del cine mudo venidas a menos como Joseph Cawthorn, un actor principalmente asociado a comedias y que aquí hace de una especie de Van Helsing tropical. La comparación con el doctor no es casual porque esta película incluso se rodó reciclando varios de los decorados de Drácula y otras películas de Universal, en un alarde de mercenarismo cinematográfico envidiable a la hora de recrear una Haití mágica en la que la pareja protagonista se enfrenta a un maligno doctor (sutilmente llamado Murder Legrende) que convierte a sus víctimas en zombis gracias a sus conocimientos de vudú.

Es precisamente este villano, interpretado por Lugosi, la imagen más reconocible de la cinta. Lugosi, quien estaba en un punto muy alto de su carrera tras su participación en Drácula, es sin duda alguna lo mejor de la cinta y su presencia aporta una gran dosis de dignidad a una trama algo básica y una estructura de aventuras muy sencilla destinada a estimular los referentes más manidos del público. Aparte de su nombre, el maquillaje que porta le hace parecer literalmente un diablo, y las numerosas escenas en las que usa sus poderes hipnóticos, sumadas a la recreación superficial del vudú y lo zombi a lo largo de todo el metraje, imprimen a la cinta una capa de exotismo que debe haber funcionado muy bien con un público que fácilmente asociaba todas las culturas foráneas con brujería. Pero también, paradójicamente, se trata de una cinta hasta cierto punto revolucionaria que con su tratamiento del horror se desmarcó del pseudo-gótico de Universal y presagiaría trabajos posteriores importantes, especialmente la obra del productor Val Lewton durante los años cuarenta. Su representación de la magia negra, la sexualidad malsana de sus villanos y la no escasa cantidad de violencia de su argumento sólo fueron posibles gracias a su condición de película independiente y al hecho de que se estrenó en 1932, antes de que el Código Hays entrara en pleno vigor.

Como decía más arriba, White Zombie no caló muy bien con una crítica que no estaba preparada para ella en su momento, pero ha tenido una gran influencia posterior tanto en su estética como en sus temas, y se ha convertido en una cinta de culto para muchos. Su director, Victor Halperin, realizó una secuela pocos años después que hoy en día ha sido olvidada, y durante mucho tiempo se habló de un posible remake que no se ha llegado a realizar a pesar de que la película es de dominio público. Al menos siempre nos quedará la original.

martes, febrero 28, 2017

Reseña: What We Become (2015)

Ahora que lo zombi se ha vuelto casi un género propio, es normal que cada año tengamos uno o dos ejemplos que logran causar cierto revuelto, y aunque parezca mentira no todos son parodias. Lo bueno de esto es que a veces se cuela algún que otro trabajo que vale la pena mencionar. Eso es lo que sucede con What We Become (2015), un eficiente relato de muertos vivientes que llega desde Dinamarca y que parece tener claro qué es lo que ha funcionado en este tipo de historias, y aunque no es lo que se dice muy original y no parece hacer grandes esfuerzos por abrir terrenos inexplorados, resultó mucho mejor de lo que esperaba en su momento.

La película tiene lugar en un pequeño pueblo danés de Sorgenfri (que también pone el poco sugerente título de la cinta en su idioma original), un apacible lugar de clase media-alta donde una familia se ve de repente asediada por una epidemia zombi que los recluye en sus casas. Sin embargo, y tal como se evidencia en imágenes como la que adorna estas líneas, su situación empeora cuando el ejército acordona su otrora idílico suburbio y decide contener la infección a como de lugar, y a medida que los muertos vivientes se van multiplicando, pronto queda claro que las fuerzas del orden son otro enemigo a vencer si nuestros protagonistas desean escapar con vida.

Lo más interesante de este argumento es que la subtrama militar evidencia las intenciones de una película que sigue no sólo los pasos de El amanecer de los muertos (1978) sino también de otra famosa cinta de George Romero: The Crazies (1973), en la que el verdadero peligro no son los cadáveres reanimados sino los personeros de un gobierno que no duda en sacrificar a sus ciudadanos con tal de mantener el orden. Este discurso anti-establishment es de hecho algo que está muy resaltado en el argumento, ya que desde el principio la película pinta un retrato nada positivo de esta familia de burgueses acomodados que ilusoriamente han decidido poner toda su confianza en la supuesta bondad de un gobierno protector que no tarda en volverse dictatorial una vez que las cosas se ponen difíciles. Es muy interesante en este sentido la imagen que del padre de la familia como un buenista disoluto que se muestra absolutamente incapaz de proteger a su familia cuando es necesario y cuyas convicciones éticas van poco a poco viniéndose abajo. La cinta en cambio pone todo el enfoque positivo en el personaje de su hijo rebelde, quien parece tener las cosas mucho más claras. 

Este discurso de cuestionamiento de la autoridad, especialmente enmarcado en una sociedad que desde siempre se ha mostrado como el ejemplo de un gobierno bien llevado, es a mi juicio lo más interesante de What We Become, ya que el resto es algo bastante típico que se ha convertido en prácticamente el estándar desde que lo zombi terminó de explotar gracias a series como The Walking Dead. Aquí de hecho vemos los mismos giros argumentales y los mismos elementos de este tipo de ficción, sólo que para variar está bien hecho y por fortuna no llega nunca a convertirse en parodia de sí mismo o en una burda película de acción. Es una película muy eficaz y bien llevada, y si eres de los que gusta del subgénero de muertos vivientes deberías por lo menos darle una oportunidad. 

martes, septiembre 20, 2016

Reseña: Train to Busan (2016)

Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).

Ya el planteamiento inicial deja muy claro el objetivo de la cinta al centrar toda la historia en un tren de alta velocidad entre Seúl y la ciudad costera de Busan, donde un padre indolente debe llevar a su pequeña hija sin saber que su viaje ha coincidido de forma fatal con el inicio de una epidemia zombi que se apodera del tren y obliga a los pasajeros a luchar por su vida. El espacio cerrado y lineal ayuda a crear un componente de angustia adicional a la ya de por sí peligrosa situación, y el hecho de que la epidemia comienza en la sección de segunda clase del tren, con los infectados atacando los vagones más caros, es sólo uno de los muchos momentos en que la cinta de Sang-ho hace gala de un discurso acerca de una sociedad devastada por el individualismo y la lucha de clases. Este aspecto de la película, así como su crítica al corporativismo y la dificultad de las clases acomodadas de trabajar en equipo ante una situación desesperada, fácilmente se nos hubiera podido atragantar de no ser por el implacable ritmo de la película y la forma en que el espectador es sometido al peligro constante y sin descanso. 

Parte de este ritmo tiene que ver sobre todo con las "reglas" que la película establece prácticamente desde el principio y de forma muy efectiva: la infección zombi se contagia en apenas segundos, los afectados son de la variante "rápida", y detectan a sus víctimas con la vista, lo que lleva a secuencias de tensión muy efectivas más adelante. La cinta asimismo va cambiando de perspectiva entre varios de los pasajeros del tren, manteniendo siempre el foco principal en el prota y su pequeña niña pero también dedicando cierto tiempo a personajes que pasan a reforzar ciertos arquetipos del mensaje que su director desea transmitir: el héroe de clase obrera, una pareja de adolescentes que intentan salvarse uno al otro, y sobre todo un villano hombre de negocios cuya maldad y egoísmo eran a veces tan exagerados que lo hacían parecer una caricatura. Por fortuna poco de esto importa porque el apartado de acción y violencia zombi es tan bueno que te agarra enseguida y no te suelta durante prácticamente todo el metraje, con imágenes espectaculares como la masa de cuerpos moviéndose al unísono y que me hizo pensar en ciertas secuencias de Guerra Mundial Z (2013) pero hechas bien. Únicamente un detalle resaltó de forma negativa ante mis ojos y tiene más que ver con la forma en que la película logra saldar algunas dificultades de los personajes haciéndoles luchar físicamente contra los zombis, secuencia que se me hizo poco creíble considerando lo que había visto antes. 

Todo lo demás, sin embargo, está muy bien. Train to Busan es una de esas cintas de zombis que valen la pena, y no me extraña para nada el gran éxito que ha tenido en su país de origen. Sus contrapartes occidentales han por lo general fracasado cuando intentan mezclar este subgénero con el cine de acción pero esta es todo lo contrario: rápida, intensa y efectiva incluso en su faceta de drama familiar, de principio a fin. Queda muy recomendada, y acompañada de su contraparte de animación Seoul Station se hace más imprescindible todavía.

jueves, marzo 03, 2016

Reseña: Contracted (2013)

Tras más de una década siendo explotado de manera reiterada tanto por el mainstream como por trabajos más independientes, la gracia del subgénero zombi pasa por encontrar nuevos filones y formas de contar lo que básicamente viene siendo la misma historia de siempre. Algo así pasa con Contracted (2013), uno de los ejemplos más recientes de esta tendencia. La mejor forma de definirla sería hablar de una película de zombis "lenta", una que a diferencia de la mayoría de sus congéneres busca hablar del inicio mismo de la plaga, la progresiva evolución del paciente cero, que se nos presenta ante la cámara como una historia de degradación corporal y metamorfosis que se va haciendo cada vez más grotesca a medida que nos acercamos hacia su muy predecible desenlace.

El desarrollo de la película es, de hecho, tan lento que casi siento que incluirla en el subgénero zombi calificaría como spoiler, pero no lo es porque si bien nunca se menciona aquella palabra con "z", todo lo que ocurre en pantalla será fácilmente reconocible incluso para aquellos no muy metidos en este subgénero. Lo interesante en este caso, y aquello que evidentemente se ha querido destacar, es cómo la protagonista llega allí, iniciando la trama con una jovencita que tras ser abusada sexualmente en una fiesta comienza a ver cómo su cuerpo se descompone frente a sus ojos y cómo incluso su mente y comportamiento comienzan a sufrir grandes cambios a lo largo de los varios días que dura la infección.

El párrafo de arriba debería dejar aún más claro si cabe el evidente discurso de Contracted acerca de las enfermedades de transmisión sexual, algo que nos reitera una y otra vez aunque por desgracia con muy poca efectividad. A pesar de que la idea resulta interesante (y agradezco que no hayan optado por el formato de metraje hallado) el lento desarrollo de algo que en el fondo ya conocemos hizo que la película me pareciera muy aburrida y además llena de momentos de una falta de lógica insólita: resulta increíble, por ejemplo, cómo la protagonista nunca parece tener el más mínimo interés en averiguar nada sobre el hombre que abusó de ella en la fiesta a pesar de que sabe evidentemente que es él la causa de su extraña mutación. En vez de eso tanto ella como la película parecen insistir en explotar un drama juvenil con triángulo amoroso incluido que francamente se siente fuera de lugar y como poca cosa comparada con el horror de aquella transformación. 

Teniendo esto en cuenta, la única baza que la cinta logra meter a su favor es el factor grotesco de la decadencia física de su personaje principal, un deterioro al que en mi opinión el resto de personajes no da la importancia debida. Este aspecto estético es quizás lo único que puedo destacar porque como digo la película es muy aburrida y ya desde el principio sabemos exactamente cómo va a terminar. El tema de las enfermedades venéreas es constantemente referenciado pero no se saca de él nada realmente destacable, así que no se me ocurre ningún motivo para recomendarla. Si tenéis ganas de ver un trabajo zombi algo distinto y que también sirva de excusa para hablar de otros temas, es mucho mejor idea darle una oportunidad a la ya comentada y recomendada Deadgirl (2008), muestra de que el cine zombi todavía tiene mucho por dar y ángulos novedosos que aún pueden explorarse. 

jueves, enero 07, 2016

Reseña: REC 4: Apocalipsis (2014)

Iniciando el año con una que tenía pendiente desde hace ya mucho tiempo: REC 4: Apocalipsis (2014) es la entrega final de la que probablemente sea una de las sagas más populares del cine de terror español de los últimos tiempos. De entrada saben todos los que se pasan por aquí que la primera REC (2007), dirigida por el duo Jaume Balagueró/Paco Plaza es además una de mis cintas de horror favoritas, y un proyecto muy exitoso que salió prácticamente de la nada. La segunda entrega, REC 2 (2009) fue muy similar en cuanto a estilo y como secuela debo decir que funcionó bastante bien. REC 3: Génesis (2012) rompió con la tradición no sólo abandonando el formato de metraje hallado de las dos entregas anteriores sino además separando a la pareja de directores de sus predecesoras (sólo Paco Plaza dirigió en aquella ocasión) y al mismo tiempo haciendo de su película una precuela y dándole un muy agradecido toque de comedia que la convirtió en una rareza muy destacable. Para esta cuarta cinta, dirigida esta vez por Balagueró en solitario, el regreso de su protagonista Ángela Vidal prometía una vuelta al horror de la original, un cierre de la historia que había quedado abierta en la segunda entrega y un tono épico que se intuía por la palabra Apocalipsis en el título.

Al final nada de eso ha parecido tener mucha importancia, y lo cierto es que más allá del retraso de una secuela que (honestamente) llega a destiempo, REC 4 ha terminado por ser una gran decepción muy alejada de todas las especulaciones que me había hecho sobre ella. Pero es una decepción no porque Balagueró haya decidido no darnos una continuación de la trama de posesiones diabólicas que ya perfilaba en la segunda REC y abordar en cambio una historia distinta, sino porque el resultado es una cinta tremendamente convencional que desprecia prácticamente todo el legado de sus antecesoras y construye en cambio un remedo barato de una peli de zombis en un barco, con sus personajes en un muy predecible estado de sitio y un tratamiento cutre de sus posibilidades al rendirse a una superficial película de acción en alta mar. Es básicamente una producción de The Asylum rodada en España, perezosa y casi en piloto automático hasta su final.

Mientras la veía lo único que conseguía preguntarme era qué intención existía realmente al hacer esta película, si había alguien que efectivamente quería abordar esta secuela tal como lo han hecho. Después de todo, la segunda entrega ya dejaba asomar en su final un conflicto muy específico que se auguraba como algo grande, con el demonio habitante de la niña Medeiros escapando a la ciudad y Ángela Vidal convertida en villana. Nada de eso ocurre aquí: por el contrario el argumento vuelve en cierto modo a la casilla uno al situar la acción en el espacio reducido de un barco en alta mar. Aparte de eso, el guión hace grandes piruetas para (inexplicablemente) volver a hacer de Manuela Velasco la heroína a pesar de que se pasa gran parte del metraje sin hacer nada y es sólo en los últimos minutos cuando su personaje toma realmente la iniciativa de algo. Por supuesto el formato de metraje hallado y la perspectiva cámara en mano ha sido completamente abandonada en favor de una estructura de película de acción muy básica y sobre todo muy predecible, con giros narrativos imposibles y varias escenas que buscan emular cintas mucho mejores, desde La cosa (1982) de John Carpenter hasta la propia REC original.

En realidad el problema de la cinta se resume muy fácilmente: lo que prometía ser una gran franquicia se ha cerrado con su entrega más convencional, con un nivel de calidad muy inferior a todas sus predecesoras, y hasta el punto de que muy probablemente estemos hablando también del trabajo más pobre en la carrera de Jaume Balagueró, cuyo estilo no encuentro aquí por ningún lado. El abandono de los elementos más interesantes de la saga y la rendición a un género fácil y a una historia simplona con efectos especiales baratos y acción confusa es algo que sólo me puedo explicar si considero que esta fue una secuela que llegó demasiado tarde cuando el interés por la saga ya había decaído. Es una lástima porque había un gran potencial que se ha dejado perder aparentemente sin motivo alguno.

viernes, enero 09, 2015

Reseña: Go Goa Gone (2013)

Vi Go Goa Gone (2013) en un festival sin saber nada de ella, sin haber escuchado nada ni visto ningún trailer, y pensé al principio que sería una comedia de zombis más de las que tanto abundan hoy en día. Al final resultó ser más interesante de lo que creía y hasta puedo decir que tiene un par de detalles que la hacen destacar un poco por encima de sus congéneres, aunque no nos engañemos: gran parte de su atractivo tiene que ver con el disfrute del exotismo de una propuesta realizada en un ambiente que no nos es familiar, algo que la película sabe y con lo que juega intencionalmente. En ese sentido, esta primera producción de zombis del Bollywood mainstream tiene menos en común con piezas de culto como Shaun of the Dead (2004) y más en cambio con Juan de los muertos (2011), aunque no alcance el nivel de estas dos. Lo interesante, eso sí, es que esta producción también sabe hacer una sátira de varios de los lugares comunes que normalmente asociamos con el cine indio, llegando incluso a hacer mofa evidente del en ocasiones absurdo grado de censura que hay en dicha industria.

Lo hace ya desde su premisa inicial: un grupo de amigos acude a una fiesta secreta en una isla cerca de la costa de Goa, donde gran parte de los asistentes han consumido una droga experimental que los convierte en zombis antropófagos. Esta premisa, que por cierto ya se había explotado de forma casi idéntica en la mucho menos destacable Return of the Living Dead: Rave to the Grave (2005), se convierte en un discurso de sátira recurrente sobre las drogas que impregna prácticamente todo el metraje incluso antes de que comience la película en sí: no más comenzar la cinta, asistimos a un momento en que uno de los actores, Sajid Ali Khan, lanza un discurso contra el cigarrillo y habla de su experiencia como fumador, presagiando el momento en que aparecerá un cartel en pantalla advirtiendo sobre los peligros de la adicción cada vez que alguno de los personajes salga bebiendo o fumando. Esta práctica termina obviamente convirtiéndose en un chiste e ironizando sobre el supuesto tono pedagógico de una película llena de tiros, falsos acentos rusos, y por supuesto cadáveres ambulantes que devoran carne humana.

Al final la principal baza que tiene a su favor Go Goa Gone es que con todo y su ligereza es una película muy divertida que tiene algunos momentos muy buenos, como por ejemplo todo lo concerniente a la manera en cómo los zombis son derrotados. Aunque el estilo de comedia que maneja es muy convencional, tiene la ventaja de contar con un elenco muy carismático, no sólo los chicos protagonistas sino también el propio Sajid Ali Khan, quien tiene el que sin duda es el personaje más memorable de la cinta. Esta es una de esas que muy probablemente no va a cambiar la vida de nadie, pero que es sin duda superior a la mayoría de las repetitivas comedias zombífilas que nos hemos tenido que tragar en los últimos años.

martes, septiembre 16, 2014

Reseña: Dead Snow 2 (2014)

Tras una no muy destacable entrada hollywoodense, Tommy Wirkola vuelve a Noruega a revisitar sus orígenes y lanza la que para mí ha sido una de las mejores comedias de horror de este año. Esto es un logro nada desdeñable teniendo en cuenta que a mí, en lo personal, nunca me entusiasmó tanto la Dead Snow (2009) original, pero esta secuela hecha a lo bestia me ha parecido no solamente superior sino directamente una muy buena película que encantará no sólo a aquellos que hayan disfrutado de la original sino también a un público más escéptico.

El motivo por el cual funciona es muy sencillo: como sin duda recordaréis, la primera película basaba todo su éxito en su premisa de zombis nazis y en su secuencia final completamente desatada en la que la violencia se mezclaba con un sentido del humor muy negro. Esta segunda parte es por completo así; de hecho transcurre inmediatamente después de la primera, con nuestro héroe y único superviviente siendo trasladado a urgencias, donde accidentalmente terminan injertándole una mano zombi con superpoderes que será clave a la hora de derrotar nuevamente a las huestes de cadáveres nacional-socialistas. De entrada se puede ver que la premisa no sólo es completamente cómica sino que además juega con estructuras más típicas del cómic de superhéroes, incluyendo un némesis: el líder de los zombis nazis que a su vez se ha injertado la mano humana del protagonista y se dispone a terminar su misión de conquista y masacre.

Todos estos elementos le dan a la película un aire más fantástico y la despojan de los pocos elementos de terror que tenía la original. Lo bueno es que el propio Wirkola se encarga de compensar esto aumentando las dosis de humor hasta lo imposible ya desde el principio, así como superando el gore de la primera parte y llegando a hacer gala de una comedia muy grotesca que en mi opinión deja en pañales a la original. Quizás todo esto hace que a su director se le termine pasando la mano y abandone la película a una muy caótica escena final con el enfrentamiento entre dos ejércitos zombi y un tanque fuera de control, pero aún así resulta muy revelador comparar este trabajo con su reciente entrada en Hollywood para darse cuenta de la enorme distancia entre ambos trabajos.

Llegados a este punto ignoro si tendremos la oportunidad de ver Dead Snow 2: Red vs Dead (2014) en la cartelera comercial, pero de hacerlo sería un exitazo seguro. Fácilmente de las que más me han gustado este año, y una seria competidora para mis favoritas del 2014.

domingo, agosto 17, 2014

Reseña: Survival of the Dead (2009)

Tras cinco años evitando hacerlo, finalmente ha caído en mis manos Survival of the Dead (2009), última película de George Romero y la más reciente entrega de su larga saga de zombis. Fueron las mayoritarias críticas negativas las que en su momento me impidieron acercarme a ella, por lo que mis expectativas ya de por sí iban bajas. Por desgracia, todas las advertencias que había tenido están más que justificadas; Survival of the Dead es sin duda la peor de todas las entregas de la saga romeriana de muertos vivientes, y no sólo eso sino que su fracaso taquillero (inédito, por cierto, en una saga que hasta la fecha había siempre dado dividendos) muy probablemente haya terminado por ser el beso de la muerte para la carrera de un director que, al igual que otras viejas leyendas del cine de horror como John Carpenter o Wes Craven, no parece tener cabida en el cine hoy en día.

El punto novedoso que tiene Survival of the Dead es que a diferencia de las demás películas de zombis de Romero, tiene una continuidad directa e inequívoca con la anterior entrega: en esta ocasión la historia se cuenta desde el punto de vista de un grupo de militares que aparecieron brevemente en Diary of the Dead (2007) y que aquí se topan sin quererlo con una comunidad de refugiados en una isla del norte de Estados Unidos, en la que dos familias rivales entablan una guerra sin cuartel debido a la disputa entre si se debe acabar con los muertos reanimados o si estos, por el contrario, pueden ser reeducados para que aprendan a convivir con los humanos. Debo reconocer que el argumento parte de una buena idea en la que Romero vuelve a aquello que le hizo famoso al hablar no tanto de los zombis como de los conflictos que surgen entre los humanos y cómo precisamente su incapacidad para colaborar es la que termina trayendo la desgracia. En este sentido la película está claramente en la línea de las anteriores hasta el punto en que se puede decir que ignora casi por completo el cambio radical de registro que significó Diary of the Dead.

Pero a pesar de que el argumento base le da mil vueltas al de su antecesora y su falso mensaje mediático, el problema de Survival of the Dead yace en la ejecución increíblemente barata, cutre y aburrida con la que dicha premisa se ha llevado a cabo. Por comparación, la entrega anterior parece una obra maestra. Esta se ve lastrada en cambio por unos efectos especiales bochornosos, una estética plana y predecible, y sobre todo por un desarrollo bastante aburrido en el que los zombis aparecen muy poco y hay en cambio una gran cantidad de diálogos que pasan por encima de los protagonistas militares, reducidos a simples comparsas de una trama que en el fondo no tiene nada que ver con ellos. Como decía más arriba, hay un punto de partida interesante y una historia que se ve mucho más atractiva, pero está muy desaprovechada por culpa de su producción de tercera fila y un tono ambiguo que por momentos parece más apropiado para una comedia, pero una en la que los personajes se empeñan en hablar de temas serios. A mí por lo menos se me hizo muy difícil de ver de una sola sentada. 

Mi única conclusión tras este muy retrasado visionado es que Survival of the Dead os la podéis ahorrar. Es recomendable (imagino) sólo para aquellos incondicionales de Romero que necesiten ver el descenso en espiral de una saga que ya empezaba a flaquear con el estreno de Land of the Dead (2005), la cual visto lo visto habrá que ver revisitar un día de estos, porque la diferencia de calidad con esta última entrega es abismal incluso en su caso. Puede ser verdad que el género zombi hoy en día se ha convertido en un cliché, pero no es menos cierto que todavía se encuentran trabajos interesantes que, en la actualidad, está haciendo gente distinta al hombre que encendió la chispa inicial.

martes, junio 03, 2014

Reseña: Retornados (2013)

Habría que reconocer el inmenso mérito de Retornados (2013) tan sólo en el hecho de haber conseguido algo nada fácil hoy en día: sacar un ángulo novedoso al muy manido tema de lo zombi. Y efectivamente, es la idea base de la que parte una de las cosas más interesantes de esta producción hispano-canadiense que llegó a mi ciudad luego de haber pasado por varios festivales. Es curioso, sin embargo, que no haya escuchado hablar más de ella durante su paso por España (ni siquiera sé si se llegó a estrenar comercialmente) porque, insisto, me ha gustado mucho y pienso que da mucho juego en una época en la que el cine de muertos vivientes se ha uniformizado aún más de lo habitual.

Su premisa tiene lugar precisamente años después del Apocalipsis Zombi, cuando la humanidad se ha salvado gracias no sólo a la erradicación de los muertos vivientes, sino al descubrimiento de una droga capaz de mantener a raya la transformación en aquellos víctimas que están todavía en la fase inicial después de haber sido infectados. Pero la droga tiene un inconveniente, y es que debe ser inyectada periódicamente para detener el virus, por lo que nos encontramos ante una sociedad en la que una parte importante de la población es una bomba de relojería. Estos habitantes, conocidos en todas partes como los "retornados", se convierten así en seres temidos por todos y señalados por el gobierno, lo que por supuesto no pintará bien cuando llegue la inevitable crisis producto de la escasez de la milagrosa cura.

La ambientación de sci-fi realista y la mezcla de elementos de horror con una obvia metáfora social empareja a esta película con otras obras que ya hemos reseñado aquí como Daybreakers (2009) o The Purge (2013), aunque Retornados es quizás mucho menos explícita al tener lugar después de la crisis que da inicio a la trama y manejarse por el contrario bajo la amenaza de que dicha situación de horror pueda regresar. Este detalle es muy significativo porque estamos ante una de las pocas muestras de cine zombi en el que dichos cadáveres ambulantes brillan por su ausencia; de hecho, quitando el prólogo, en toda la película sólo hay una escena de violencia zombi, mientras que todo el resto del metraje no hace sino resaltar que el verdadero peligro reside no en los infectados sino en el miedo que poco a poco domina a la sociedad cuando la escasez y la amenaza del Otro se hacen presentes.

Esto último tiene también una interesante consecuencia y es que ninguno de los personajes se libra de momentos de ambigüedad moral; una de las cosas que la película explota (y muy bien) es hasta dónde somos capaces de llegar por proteger aquello que amamos incluso a costa de actos moralmente reprochables. Son estas ideas y la forma inteligente y honesta en la que maneja su premisa lo mejor que tiene y el motivo de que me haya gustado tanto, ya que del resto es una película muy sencilla en cuanto a estética y desarrollo. Con todo y eso, muy recomendable. 

domingo, diciembre 08, 2013

Reseña: V/H/S/2 (2013)

Una de las sorpresas del año, V/H/S/2 (2013) llega para redimir no sólo la muy prescindible primera parte, sino también los formatos de antología y falso documental, que en los últimos años han llegado a producir auténticos despropósitos (sobre todo el último). Probablemente nadie tenía menos esperanzas que yo para esta película, pero he salido de ella gratamente impresionado. No sólo es mucho mejor que la primera entrega; es realmente una muy buena antología de horror en la que cada uno de los segmentos consigue sus propios picos de calidad y el aprovechamiento de su premisa de cámara-en-mano a niveles por lo menos curiosos.

Tanto es así, que incluso el segmento más débil (aquel marco argumental que se encarga de unir a todos los demás) intenta tener una historia que se cierra, cosa que no ocurría en la primera parte. La otra diferencia en que esta ocasión sus responsables parecen haber aprendido la lección del primer V/H/S (2012) y han decidido controlar un poco más el desarrollo de los diferentes relatos dándoles un poco más de coherencia sin renunciar a probar caminos nuevos; en esta segunda parte sólo hay cuatro historias, en las cuales el tiempo de metraje es más o menos el mismo pero el tema es completamente distinto, así como las motivaciones para que la cámara esté permanentemente encendida. El primer segmento en este sentido se rinde a una premisa un tanto sci-fi al mostrarnos un ojo artificial con cámara incorporada, pero incluso esta idea se presenta de forma razonablemente verosímil.

Es imposible, por supuesto, no comparar las historias entre sí, y en este sentido el público ha sido casi unánime en decretar el segmento dirigido por Gareth Evans y Timo Tjahjanto (conocidos por The Raid (2011) y Macabre (2009), respectivamente) como el mejor de los cuatro, y es algo con lo que es difícil estar en desacuerdo. De hecho, este segmento ambientado en Indonesia perfectamente habría podido ser adaptado a un largo y hubiese sido una de las mejores películas de terror de este año. Enhorabuena también a Gregg Hale y Eduardo Sánchez, que demuestran que todavía se puede sacar algo nuevo de lo zombi a estas alturas del calendario.

Y ya para finalizar, una de las mejores cosas que para mí tiene V/H/S/2 es que todas las historias dejan espacio a elementos cómicos y ninguna es cien por cien seria. Este detalle, que en otras manos quizás hubiera restado fuerza al conjunto final, está sin embargo muy bien llevado e incluso resalta la fuerza de algunas de las escenas más terroríficas, de las cuales sin duda alguna hay. Cuatro historias, cuatro tipos de horror distintos, pero todas con un gran potencial que la convierten fácilmente en una de las piezas más disfrutables de este año que se acaba. Incluso si os pasó como a mí y el primer V/H/S no os convenció para nada, echadle un vistazo a este que no os arrepentiréis.

viernes, agosto 02, 2013

Reseña: Guerra mundial Z (2013)

Anunciada con gran expectativa como el novamás de la épica zombi, Guerra mundial Z (2013) es una nueva entrada en este cine apocalíptico de cadáveres ambulantes de la que tenemos escuchando bastante tiempo aunque sea gracias al título de la novela de Max Brooks en la que se basa. Como era de esperarse, aprovecho para hacer un pequeño inciso y recomendar a todos aquellos que no lo hayan hecho que se acerquen al libro de Brooks, el cual no sólo es una gran historia de zombis sino probablemente una de las mejores novelas de terror que se han escrito en lo que va de siglo, lo cual no es para nada una exageración. En cuanto a la película, hay que decir que ha sido una decepción muy grande y un desperdicio tremendo de las enormes posibilidades de la novela original. Por muy difícil que fuese de adaptar (debido a la propia estructura documental del libro), el resultado podía haber sido muy diferente. Aquellos que esperen una adaptación más o menos fiel es mejor que vayan dejando esas esperanzas de lado. El título y la premisa inicial es prácticamente lo único que encontraréis de la novela de Brooks, así que aquí no veréis nada de otakus supervivientes, el misterio de Corea del Norte o la batalla de Yonkers.

Para aquellos que no conozcan la historia, la película Guerra mundial Z habla sobre el advenimiento del Apocalipsis zombi y la misión de un investigador de las Naciones Unidas que viaja por el mundo intentando dar con una cura a la vez que escapa de la devastación que se va apoderando de la civilización humana. De entrada la premisa es interesante y hay que destacar que la película realmente intenta innovar al abordar la historia de los no-muertos desde una perspectiva global, cosa que nunca antes se había hecho, al menos no en cine. La adaptación recoge así uno de los aspectos más interesantes del libro al intentar mostrar cómo varias culturas distintas lidian cada a una a su manera contra las hordas de cadáveres que se acumulan a sus puertas. Por desgracia, al intentar reducir toda esta información a una sola película, termina convirtiéndose en una muy superficial acumulación de secuencias de acción en las que se repite siempre la misma estructura: Brad Pitt llegando a una zona en peligro en la que algo (por lo general su propia llegada) descalabra el orden conseguido causando que deba salir por patas.

Esto nos trae a otro problema en particular que tiene que ver con el director de la película, Marc Forster, y la forma que tiene de rodar las escenas de acción. Forster, a quien seguramente recordaréis por Quantum of Solace (2008), satura la imagen de movimientos hasta el punto en que muchas veces no tienes idea de lo que está pasando en pantalla, lo cual no sólo te desconecta de la acción sino que encima muchas veces evita de forma consciente imágenes de impacto en lo que a mí por lo menos me ha parecido una forma velada de censura de la violencia; es muy significativo y a la vez lamentable ver cómo en el primer ataque de la película, cuando los zombis irrumpen en un atasco de tráfico, prácticamente no se ven los zombis. La cosa no mejora mucho después, y secuencias como la de Israel dejan claro que lo que entiende la película por acción es mostrarnos hordas indiscernibles de zombis CGI que no sólo corren sino que se apilan unos sobre otros hasta formar masas que se mueven al unísono. La idea imagino que habrá sonado muy bien en papel, pero está hecha de forma tan frenética y caótica que no me ha producido ninguna emoción.

Esta ligereza general es el aspecto más preocupante de Guerra mundial Z, más incluso que su repetitiva estructura de acción, su hipertrillado ángulo de la familia en peligro o la disparatada resolución que ofrece. Nunca pensé que vería una historia de zombis tan poco gráfica y con un tan escaso componente de violencia, hasta el punto en que, como ya dijo alguien muy acertadamente, esta es la primera película de este género que se puede ver con toda la familia. Siendo sinceros, es lógico que el resultado final haya sido este desastre teniendo en cuenta que fue una producción muy accidentada que sufrió muchos retrasos y que en gran medida tuvo que ser rodada de nuevo. Con todo y eso, por lo visto ha resultado ser un éxito y ya se habla de una secuela. Veremos si esa hipotética segunda parte consigue algo mejor. Del resto, creo que hay mucho más y mejor material zombi en cualquier capítulo de la serie The Walking Dead que en esta película de la que hablamos hoy.

miércoles, mayo 08, 2013

Reseña: Quarantine 2 (2011)

Tal como era de esperarse, Quarantine 2: Terminal (2011) no tiene nada que ver con las secuelas ya conocidas de REC (2007), pero lo curioso es que tampoco tiene mucho que ver con el remake de 2008 en el que se basa. En realidad, esta secuela parece seguir su propio camino hasta el punto en que ni siquiera es necesario haber visto su predecesora con anterioridad; se trata de una muy convencional película de zombis/infectados ambientada en un aeropuerto y protagonizada por un grupo de personas atrapadas en la terminal debido al brote de un misterioso virus que transforma a sus víctimas en salvajes asesinos. Realmente nadie parece haberse partido mucho la cabeza ya que el argumento es prácticamente el mismo que en la primera película e incluso se repiten algunos elementos como la llegada de los personeros del gobierno que terminan siendo más una amenaza que una salvación.

En lo que sí se nota el cambio es en el formato utilizado: la primera cosa a destacar de Quarantine 2 es que sus responsables han decidido abandonar el formato de metraje hallado de la primera parte para optar por la perspectiva omnisciente de toda la vida, aunque el poco holgado presupuesto hace que se mantenga el look amateur y la estética de cámara al hombro, sobre todo en los primeros veinte minutos, que están ambientados en el avión y que sorprenden por su minimalismo y lo claustrofóbico de su locación. Por un momento pensé que toda la película transcurriría allí, pero la cinta pronto se encarga de aterrizar para poder trasladar el horror zombi al más amplio escenario de la terminal desierta y bajo cuarentena.

Si pensábais ver esta película por cualquier razón (aunque sea el vil motivo del completismo) es bueno que vayáis dejando las expectativas en la puerta; comparada con esta, la primera Quarantine es una obra de arte cuyo único pecado es ser el remake de una cinta muy popular y reciente. Esta segunda película toma la loable decisión de abandonar el camino trazado por la saga española, pero al mismo tiempo no parece aprovechar el material para hacer nada nuevo, más allá de una muy superficial explicación de los orígenes de la plaga (no, no es el mismo que en REC) y una estéticamente curiosa secuencia con visión térmica que parece ser la obligada reminiscencia al clímax de visión nocturna de la primera película. Al menos el desenlace es mejor de lo que esperaba, pero la película se parece demasiado a muchas otras cintas de infectados que han pasado por delante de nuestros ojos en los últimos años, y honestamente no veo por qué necesitamos una más.

miércoles, febrero 27, 2013

Reseña: Warm Bodies (2013)

Titulada de forma bochornosa en España como Memorias de un zombi adolescente, Warm Bodies (2013) consigue el nada desdeñable logro de hacer una película muy eficiente y entretenida partiendo de lo que en un principio es una premisa bastante estúpida: un Apocalipsis zombie en el que los muertos vivientes se curan gracias al poder del amor. Es también el primer estreno importante de horror mainstream del que hablamos este año, y al final ha resultado ser lo que esperaba y poco más, aunque en este caso eso es algo positivo.

Como ya sin duda sabréis todos, la película fue rechazada por los tribunales populares de Internet en el momento de su anuncio al calificarla como la supuesta heredera de Crepúsculo (2008), algo que probablemente haya sido cierto en el momento de su concepción. Sin embargo, las expectativas cambiaron luego de su muy divertido trailer que anunciaba más bien una comedia de zombis en toda regla al estilo de Shaun of the Dead (2004) o Fido (2007). Al final, el resultado está ciertamente muy lejos del conseguido por las dos cintas antes mencionadas, no sólo por la medianía de la película en cuanto a calidad sino también por lo que ha resultado ser un avance un tanto engañoso; Warm Bodies es una comedia pero sólo en cuanto a lo ligero de su historia y su tratamiento apto para todos los públicos, y aunque la recreación estética de ese mundo en ruinas habla de una producción cuidada y visualmente muy atractiva, la película es muy parca en cuanto a violencia y escasa en lo referente a conflicto en pantalla. En realidad estamos ante una genuina aunque sencilla historia de amor juvenil vista a través del tema zombi, por lo que de haber un referente este probablemente sea la muy reivindicable El regreso de los muertos vivientes 3 (1993), o Mortal zombi, como se tituló en España. En dicha película, por cierto, se da la casualidad de que la chica protagonista también se llama Julie. 

Hay que decir que los partidarios de un cine de terror más visceral o los fanáticos del cine de cadáveres ambulantes probablemente no saquen mucho de esta película en concreto, pero es lo suficientemente entretenida para ser considerada un producto digno teniendo en cuenta el tipo de público que intenta captar, y se agradece que al menos haya la intención de contar una historia por sencilla que sea, así como de crear una atmósfera en vez de centrar la película en el dramón de dos bellísimos jóvenes de muy buen ver. Personalmente debo decir que lo disparatado de la premisa no me ha molestado para nada porque la película crea sus propias reglas en cuanto a qué son los zombis y por qué hacen lo que hacen, haciendo además una clara diferenciación entre los zombis lentos interpretados por actores y los cadáveres huesudos y rápidos hechos por ordenador. Mi mayor queja en todo caso es que me hubiera gustado que la película tuviese un poco más de argumento o siquiera una pizca más de carga dramática. El mejor ejemplo que puedo mencionar de esto es que lo que en un principio parece que será el principal conflicto de la película (el rechazo por parte de los líderes humanos y en particular del personaje de John Malkovich ante la posibilidad de que los zombis puedan cambiar) termina siendo algo meramente anecdótico con una mínima repercusión para los personajes.

En vez de eso la película decide no tomar ningún riesgo e irse por el camino fácil de la comedia en la que los principales puntos de humor vienen dados por los monólogos internos del protagonista y su angst adolescente. En sí la cinta no es demasiado destacable, pero contrariamente a lo que muchos de vosotros podáis pensar, es bastante divertida y está mucho mejor hecha de lo que podría esperar de un evidente producto de aprovechamiento del éxito de Crepúsculo, con la que finalmente tiene muy poco que ver más allá de la presentación de una historia de amor. A diferencia de otros ejemplos recientes, el romance chica-monstruo no está enfocado desde una perspectiva solemne y cursi sino a través de una ligereza y un buen humor francamente entrañables. Una cosa sí os puedo decir, y es que me parece mil veces más recomendable esta película que varias de las entradas supuestamente más "serias" de lo zombi en los últimos años, incluyendo algunos de los trabajos más recientes del propio George Romero. Sólo eso os debería dar una idea. 

miércoles, diciembre 26, 2012

Reseña: Juan de los muertos (2011)

Fácilmente catalogable como el primer clásico de medianoche del cine cubano, Juan de los muertos (2011) ha sido para mí no sólo una gratísima sorpresa este año sino también una serie contendora para una de las comedias de zombis más disfrutables de los últimos tiempos, algo nada fácil ahora que precisamente el cine de muertos vivientes se encuentra en uno de sus momentos más prolíficos. No porque sea una muestra de originalidad ni mucho menos, sino por la manera tan eficiente como logra trasladar el tema de lo zombi a un contexto completamente nuevo sin olvidarse de toda la tradición cinéfila que tiene detrás. Pero es también, por encima de todo, una cinta muy divertida que merece un lugar de honor entre las mejores comedias con cadáveres ambulantes de por medio.

El argumento es algo que sin duda habréis escuchado mucho antes de su estreno, con una epidemia zombi desatándose en la Habana y nuestro héroe Juan atrincherándose junto a sus amigos e intentando sobrevivir en un ambiente hostil a la vez que intentan sacar el mejor provecho de la situación. Algo que me ha parecido curioso, sin embargo, es la manera como la mayor parte del material publicitario (así como la mayoría de las reseñas que he leído desde su ya lejano estreno) hacen hincapié en dos elementos; el curioso "negocio" que monta Juan al desatarse la epidemia (básicamente, eliminar a tus seres queridos zombificados) y los toques de sátira política son a menudo destacados como si fuesen el tema central de la cinta cuando no es así. Ambas cosas, si bien están presentes, no conforman el principal discurso de una película que por el contrario cumple con cabalidad una estructura bastante típica de este tipo de cine, con los protagonistas refugiándose de la epidemia inicialmente, luego intentando sacar provecho y finalmente procurando huir lejos al desbordarse la situación. 

No quiere decir esto que el director y guionista Alejandro Brugués haya renunciado al comentario social. Lo que ocurre es que si hay un "mensaje" en Juan de los muertos es uno que está por encima del tema político, y no es otro que la historia de un hombre que se define ante todo como "sobreviviente" y que honestamente no ve la epidemia zombi como algo más difícil que la ya de por sí azarosa vida en la nación tropical. En este sentido la película cuenta con un aliado increíble en la figura del actor protagonista Alexis Díaz de Villegas, quien está perfecto en el papel de Juan y transmite de forma increíble el candor que se oculta tras la aparente indolencia y parsimonia de su personaje. En realidad todos los personajes están muy bien dibujados, huyendo además de los estereotipos de este tipo de películas y dando la vuelta a algunos de sus más conocidos clichés y giros argumentales como la ya arriba mencionada dificultad de acabar con tus seres queridos o el típico problema que surge cuando un personaje es mordido y lo oculta al resto del grupo. Estos detalles, así como las sutiles referencias a otros clásicos de lo zombi como Braindead (1992) o el eterno debate entre los zombis lentos contra los rápidos, demuestran además que estamos ante una película con un genuino amor por el género que toca, y ante unos cineastas que evidentemente conocen el cine de zombis, y no simplemente otras parodias del cine de zombis.

Con todo esto, y si sumamos además unos niveles de producción bastante buenos y la nada desdeñable odisea de rodar el Apocalipsis en los escenarios más icónicos de La Habana, tenemos en Juan de los muertos una película entrañable que hay que ver y atesorar. Aquí en donde vivo llegó tarde, tras habérmela perdido en festivales y en su estreno original, pero la espera en mi caso valió la pena porque he salido encantado no sólo por lo divertida y tremendista que ha resultado ser, sino además por ese final tan genuinamente conmovedor que en lo particular me ha reconciliado con cierta visión de mundo más allá de lo meramente cinematográfico. Sinceramente, muy recomendable.

jueves, octubre 04, 2012

Reseña: Resident Evil: Retribution (2012)

Resident Evil: Retribution (2012), la quinta entrega de una de las franquicias de terror más exitosas del mainstream actual, es bastante difícil de reseñar dado que la mayoría de quienes lean estas líneas muy probablemente se hayan formado una idea de la película incluso antes de verla. En el fondo es bastante evidente lo que se puede esperar: un ejercicio de autoindulgencia por parte del director Paul W.S. Anderson, quien ha llevado la saga hasta sus últimas consecuencias en el desprecio por el argumento, la exaltación de la acción como fin en sí misma y el lucimiento de la incombustible heroína interpretada por Milla Jovovich, que regresa con nuevas armas y nuevas poses que hacer luego de destrozar zombis a diestra y siniestra. 

Los que me conocen saben de sobra que soy un seguidor bastante fiel de una saga a la que considero uno de mis mayores placeres culpables, en parte porque nunca ha dejado de ofrecer lo que en el fondo se espera de ella: acción, tiparracas armadas hasta los dientes y zombis, aunque el elemento de los muertos vivientes haya sido dejado de lado durante mucho tiempo. Sin embargo, también sé reconocer que la saga en su totalidad supone una ligera decepción en cuanto al tremendo potencial que tiene a nivel de historia y que no ha sido nunca realmente aprovechado. No hablo aquí, evidentemente, de su falta de fidelidad a los videojuegos de Capcom en los que se basa (si acaso, este distanciamiento es una de sus mayores virtudes) sino de la poca ambición de sus argumentos y el hecho incontestable de que la saga ha sido "reiniciada" prácticamente en cada entrega a partir de la tercera. Esta no es la excepción, puesto que Resident Evil: Retribution comienza barriendo de un plumazo lo ocurrido en la cuarta parte e iniciando con la misma premisa de siempre: Alice atrapada en un complejo de la corporación Umbrella y teniendo que escapar con la ayuda de unos inesperados aliados (entre los que se cuenta el villano de Resident Evil: Afterlife (2010), que ahora está de su lado por motivos que se me escapan).

Al ser la quinta entrega una que coincide con los diez años del estreno de la primera parte (la única verdaderamente destacable, en mi opinión) el director Paul W.S. Anderson ha decidido traer de regreso por medio de piruetas argumentales bastante discutibles a varios de los personajes de entregas anteriores, entre ellas la Rain de Michelle Rodríguez y la Jill Valentine de Sienna Gillory (esta última con un nivel actoral que da auténtica vergüenza ajena), aunque sospecho que todo no haya sido más que guiños al fan promedio de la saga porque tampoco es que esto añada mucho al ya de por sí escaso argumento, uno que además toma descaradamente la estructura y elementos dramáticos de Aliens (1986) con todo y una niña en peligro. Esto último, sin embargo, tiene un aspecto positivo: es la primera oportunidad que ha tenido Milla Jovovich de dar algo de humanidad a un personaje que es sin duda lo menos interesante de la saga.

Del resto la verdad no hay mucho que decir que no os podáis esperar ya: aquellos que como yo disfruten de la saga de Resident Evil tienen razones para ver esta con todo y el sinsentido de su argumento, el vacío de sus personajes y en general las escasas ganas de sacar una historia real que en algunos momentos incluso se atisba pero que nunca se desarrolla (después de que el mundo ha sido destruído, Umbrella por lo visto continúa haciendo experimentos simplemente porque sí). Los aciertos son meramente superficiales pero bastante efectivos como para mantener el interés de los conversos: acción por un tubo, unos efectos especiales mejores que la media y algunas secuencias interesantes aunque plagiadas de otras películas como ese opening calcado a El amanecer de los muertos (2004). Algo, sin embargo, debe estar funcionando: con la excepción de la segunda parte, cada entrega de Resident Evil ha tenido más éxito que la anterior, un éxito que viene sobre todo desde fuera del público americano. Y tal como nos habían prometido, y a juzgar por el desenlace, habrá una sexta parte que promete ser una explosión épica y el punto final a una saga que no engaña a nadie. Personalmente, ahí me verán.

sábado, agosto 04, 2012

Reseña: REC 3: Génesis (2012)

Si os pasó como a mí, en un principio habréis puesto pocas esperanzas en REC 3: Génesis (2012). De entrada el título prometía en principio una precuela que no se me antojaba muy interesante que se diga, y si bien me encanta la primera parte y considero la segunda incluso buena, no pensé que hubiese forma de seguir explotando el argumento más allá. Luego llegó un trailer que me hizo cambiar de parecer, y la película ha terminado de confirmar lo errado de mi recelo inicial. La verdad es que esta tercera entrega dirigida en solitario por Paco Plaza es una excelente película que logra salir airosa tras romper con gran parte de las señas de identidad que hicieron famosas a sus dos antecesoras. Probablemente sea también la mejor película que ha dirigido Plaza hasta la fecha, cosa que tiene mérito ya que estamos ante una historia bastante sencilla que transcurre no antes ni después sino paralelamente a las otras dos entregas, específicamente en una boda en la que se desata la epidemia de los zombis/endemoniados. Aún así, las referencias a las entregas anteriores son muy escasas, tanto que casi se podría afirmar que no hace falta haberlas visto para disfrutarlos. 

El alejamiento no se da únicamente en el plano argumental sino también en cuanto al estilo; uno de los mayores aciertos de la película es la decisión por parte de sus responsables de abandonar el formato de metraje hallado en favor de la perspectiva tradicional, un cambio que se da de forma muy ingeniosa tras los primeros veinte minutos. Es una lástima que lo hayan revelado en los trailers y en todo el material publicitario, ya que hubiese quedado muy bien como sorpresa, aunque imagino que gran parte del público que ha tenido la película no hubiese ido a verla si no hubiese sabido que se abandonaba el estilo de cámara en mano de las anteriores.

Estamos también ante una película mucho más autoconsciente y clásica en cuanto a sus referencias, ya que en varias ocasiones parece abrazar los ineludibles ejemplos de los que la saga bebe, con escenas que remiten a The Evil Dead (1981), Demons (1985), Braindead (1992) y un largo etcétera. De estas toma no solamente los excesos sanguinolentos sino también los toques de humor, algunos de ellos brillantes, aderezados con una historia de amor en el centro de todo. El tema del humor es importante porque está perfectamente incorporado a la película y nunca se siente forzado ni puesto a costa de la dignidad de aquello que estamos viendo. Por el contrario, REC 3 muestra una genuina reverencia al género zombi que no desaparece ni siquiera en las escenas cómicas, eso aparte del acierto de la actriz protagonista.

Así que échenle un vistazo a REC 3 si es que no lo han hecho ya. Incluso aquellos que salieron decepcionados con la segunda entrega pueden encontrarle virtudes a esta gracias a la escasa referencia que hace a sus antecesoras. Ahora sólo falta ver como se las arregla Jaume Balagueró con la cuarta y (de momento) última entrega: Apocalipsis. Visto lo que hay aquí, me va a costar la espera. Desde ya entre lo más destacable de este año.

jueves, mayo 05, 2011

Reseña: Fido (2007)

En el panorama de mayoritaria mediocridad de las comedias de zombis, la producción canadiense Fido (2007) es una obra maestra que perfectamente puede ser colocada al nivel de Shaun of the Dead (2004) sin ningún tipo de pudor. Curioso es sin embargo que el final de esta última haya anunciado la premisa de la cinta que tocamos hoy: Fido es en realidad una ucronía ambientada en unos años cincuenta alternativos, en los que los Estados Unidos han sobrevivido a una epidemia zombi gracias a una poderosa corporación que ha inventado dispositivos para "domesticar" a los muertos vivientes y convertirles en los siervos de los vivos, sumiendo todo en una tranquilidad idílica que se ve trastocada cuando un niño hace de su zombi particular su mejor amigo e inicia un proceso de domesticación mucho más genuino.

Las comparaciones anteriores con la película de Edgar Wright son algo que se mencionó mucho en el momento de su estreno y que saco a colación únicamente por automatismo, ya que las dos cintas no pueden ser más diferentes ni tener un mensaje más opuesto; mientras que la de Shaun es una suerte de experimento de género en el que se contraponen las reglas de dos géneros cinematográficos contrarios por antonomasía (la comedia romántica y el zombie survival horror), Fido es abiertamente una comedia retro en la que su director y co-guionista Andrew Currie utiliza la epidemia de muertos vivientes como una metáfora para hacer una parodia de la comodidad burguesa. No hay aquí (al menos no tanto) una reverencia hacia lo Zombi como género cinematográfico; de hecho la mayor alusión que se puede encontrar a este tipo de cine está en el documental educativo que se muesta al principio de la película y que incluye escenas de un cortometraje del propio Andrew Currie, Night of the Living, título que sumado al blanco y negro evidencia un guiño hacia la génesis de estas películas con George Romero a la cabeza.

Por otro lado, si hay una película con la que Fido tenga semejanzas mucho más marcadas es la también muy recomedable Pleasantville (1998), la cual aborda temas similares como la de una comunidad utópica que se protege aislándose de sus propios sentimientos. No en balde ambas películas están ambientadas en unos ficticios años cincuenta; las constantes temáticas como el conservadurismo burgués, el miedo al Otro y la constante comparación entre un mundo cerrado e idílico aislado del caos exterior encajan perfectamente en la representación fantasiosa de una época percibida como "ideal" por los defensores de ciertos valores. Estos temas están perfectamente tratados en la película de Currie y ocupan el protagonismo mucho más que los propios muertos vivientes, aunque la cinta por supuesto no se corta en cuanto a la aparición de estos, dejando por instantes asomar su vocación de auténtica película de horror y con un clímax final que sugiere un mundo exterior diametralmente opuesto al colorido suburbio que hemos presenciado con anterioridad.

Son estos momentos los que quizás llamen más la atención del amante del cine zombi, que probablemente se sienta un tanto defraudado al ser esta una película con un énfasis mucho mayor en su contenido satírico y en sus aptitudes como comedia, que están por otro lado muy bien llevadas a cabo gracias a un elenco genial en el que todos los personajes destacan, desde el bastardo corporativo de Henry Czerny, un enorme Dylan Baker o una particularmente inspirada Carrie-Anne Moss (que sale aquí increíblemente guapa, valga decir), sin olvidar por supuesto al Fido del comediante británico Billy Connolly. Eso y los personajes infantiles, quienes contrariamente a lo que suele suceder en este tipo de películas con niños de protagonistas, otorgan las principales fuentes de humor negro de esta película que hace falta rescatar de la sombra que Shaun of the Dead ha terminado por proyectar sobre el resto de comedias zombífilas de la década pasada. Más que recomendable, indispensable.

lunes, enero 17, 2011

Reseña: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980)

De Lucio Fulci ya habíamos hablado al comentar aquí la que había sido su primera película de terror propiamente dicha, Nueva York bajo el terror de los zombis (1979). Sin embargo, el tema de los cadáveres ambulantes sería tratado nuevamente por el director italiano un año después con Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980), su siguiente trabajo y la primera de la famosa trilogía titulada Las puertas del Infierno. Es una película que también marca una tendencia presente no sólo en Fulci sino también en gran parte del cine de terror italiano de la época, que estaba viviendo el que sin duda fue su mejor momento, con una serie de cintas intencionalmente enrevesadas en las que, siempre según sus propios creadores, se seguía el objetivo de hacer un cine de terror basado en ideas y sensaciones y sin argumento. A este movimiento pertenecen no sólo algunas de las mejores películas de Lucio Fulci sino también otras como Inferno (1980), de Dario Argento, estrenada por la misma época.

Pero lo cierto es que Miedo en la ciudad de los muertos vivientes sí que tiene un argumento, uno que con escasos cambios terminaría siendo el mismo para toda la trilogía con una serie de constantes marcas de la casa: la muerte de un personaje en contacto con esferas ultraterrenales, la presencia (mayor o menor según el caso) de un ancestral libro maldito, y las nada veladas referencias al universo de H.P. Lovecraft, evidenciadas en este caso en el nombre del pueblo (Dunwich) donde transcurre la mayor parte de la acción. Y por supuesto, los zombis, que al igual que en el debut terrorífico de Fulci, son un elemento estético, no temático. Esto último cede protagonismo a lo que son los auténticos tópicos particulares del director como por ejemplo el empleo macabro del imaginario religioso: hay un espíritu profundamente católico en la obsesión estética de Fulci por los cementerios resumido en la imagen del cura colgando de una cuerda al principio de la película de forma inexplicable (no se ve por ningún lado cómo hizo para subirse allí) o la forma en que los protagonistas acceden a todo un mundo subterráneo a través de una tumba abierta.

Esta serie de imágenes impactantes y la ambientación en un pueblo pequeño donde el horror se hace presente es sin embargo lo que más se recuerda de la película. Más allá de los temas tocados por su director, en muchas ocasiones se ha reseñado el despliegue de sanguinolencias varias de las que esta cinta hace gala, encima con la cámara recreándose en arranques de violencia cada vez más gráficos como un personaje que vomita sus propias vísceras o un chico a quien se le taladra lentamente el cráneo. Con semejantes imágenes (algunas bastante desagradables incluso hoy en día) se explica que la película se haya encontrado con numerosos problemas de distribución, hasta el punto de estar aún hoy prohibida en algunos países (entre ellos Alemania). Todo esto, sin embargo, es anecdótico, puesto que precisamente el aura de tabú alrededor de la película de Fulci fue la que ayudó a propiciar su estatus de culto a través de su distribución en formato casero durante los ochenta, aunque en una perspectiva más superficial de la que sin duda se merece.

En cierto modo, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes no representa todavía la cima como director de Fulci, quien habría de salirse con la suya en posteriores trabajos. Sin embargo, siempre es interesante revisarla al menos para ver como la trilogía de Las Puertas del Infierno guarda cierto carácter de unidad que se nota incluso en detalles supérfluos como el hecho de que su protagonista femenina, la actriz británica Catriona MacColl, está presente tanto en esta como en El más allá (1981) y Aquella casa al lado del cementerio (1981), aunque siempre como "distintos" personajes, completando así el cuadro de horrores de un director de esos que siempre hay que tener en cuenta.

sábado, enero 15, 2011

Reseña: Resident Evil: Afterlife (2010)

Al contrario que la mayor parte de los detractores de esta saga, personalmente celebro que las películas de Resident Evil se hayan distanciado desde el principio de los videojuegos de Capcom, entendiendo de forma correcta que la adaptación de las formas interactivas de este medio requieren más que simplemente la recreación (pasiva) de una narrativa que ya había sido explicada. Esto se hace para mí mucho más evidente al ver Resident Evil: Afterlife (2010), cuarta parte de la saga que consolida a Milla Jovovich como una heroína de acción ineludible. Cierto es que gran parte de lo que se había anticipado sobre esta cinta ha terminado por ser falso (principalmente la supuesta mayor presencia de lo zombi en el metraje final), pero eso es porque estamos ante una saga que ha seguido un camino propio que ya no se puede desandar tan fácilmente. Con todo y eso, resulta para mí muy superior a Resident Evil: Extinction (2007), aunque todavía muy lejos de la primera parte, que cada día crece en mi recuerdo como la única realmente buena.

Decíamos que la saga ha evolucionado a su manera reduciendo cada vez más la trama en beneficio de la acción, de hecho no es exagerado decir que cada entrega de Resident Evil ha tenido menos argumento que la anterior, y esta cuarta entrega es hasta cierto punto no sólo una secuela sino también una especie de reboot; Alice pierde (de forma bastante cutre y muy "conveniente") sus poderes casi al principio, y toda la trama de los clones, que se perfilaba como lo principal por la forma como acababa la tercera entrega, se resuelve en los primeros quince minutos de película en una hiperbólica y exageradísima secuencia de acción en la que Alice y sus dobles atacan el cuartel general de Umbrella, situado bajo las ruinas de Tokio. El resto transcurre casi por completo en una prisión de Los Ángeles convertida en fortaleza anti-zombi y defendida por un grupo de supervivientes a los que Alice intentará llevar al prometido refugio. No hay mucho más que decir en cuanto al argumento ya que este es, de nuevo, bastante caótico y con tendencia a jugar con varias subtramas a la vez pero sin explorar ninguna de ellas realmente, incluso llegando a tener un final descaradamente abierto que apunta a una inevitable quinta entrega (a decir verdad, se ha dicho desde hace bastante tiempo que esta película marca el inicio de una nueva trilogía).

El desprecio por las líneas argumentales en beneficio de la estética de película de acción es algo que en el fondo cualquiera se espera de esta saga, sobre todo teniendo en cuenta el (muy bienvenido) regreso como director de Paul W.S. Anderson, artífice de la Resident Evil (2002) original y que aquí se encuentra realmente en su elemento. Muchos no le han perdonado su voluntario distanciamiento del videojuego y eso se nota aquí de la peor manera posible. De hecho, podría decir que las peores cosas de esta cuarta entrega no son sus libertades argumentales ni su exageración, sino precisamente sus más que evidentes concesiones al fanboy promedio: la injustificada y arbitraria presencia del gigantón del hacha, la poco aprovechada presencia de Chris Redfield (resaltado inútilmente en la película ya que no aporta realmente nada más allá del reconocimiento de marca) y la aparición como villano de Albert Wesker, a quien no conocerá nadie que no esté medianamente familiarizado con los videojuegos y de quien no se nos cuenta absolutamente nada a pesar de que todo parece indicar que es un personaje importante. Se agradece eso sí, el regreso de la bellísima Ali Larter aunque ello nos prive de esta tradición de la saga de emparentar a Milla Jovovich con una superhembra guerrera diferente en cada una de las entregas.

Como sin duda sabréis todos ya, lo que diferencia en todo caso a Resident Evil: Afterlife de sus antecesoras está en el uso del 3D como atractivo estetico adicional. Hay que decir que, sorprendentemente y contra todo pronóstico, me ha parecido estar muy bien aprovechado hasta el punto de ser realmente espectacular en algunas secuencias puntuales (aunque hay trozos de la película en los que es prácticamente olvidado). Además, el efecto calza muy bien no sólo con el estilo hiperbólico de Paul W.S. Anderson, sino también con un discurso estético muy acode con lo que es el cine de accion de estos últimos años, una prueba más de que Ultraviolet (2006) era una película visionaria. La entrega de la saga zombífila a los excesos del cine-espectáculo funciona esta vez algo mejor que en la tercera entrega, y aunque no llegue a los niveles de calidad de la primera parte es lo suficientemente atractiva como para desear que se hagan diez continuaciones más.

martes, julio 27, 2010

Reseña: Dead Snow (2009)

Resulta al menos gracioso que algún alma caritativa se haya decidido a estrenar en España la archiconocida comedia de terror noruega Dead Snow (2009) mucho después de que ya prácticamente todo el mundo la ha visto, y encima con el predecible y genérico título de Zombis nazis (aquí nadie se rompió la cabeza, definitivamente). En caso de que quien lea esto haya retrasado ese visionado (cosa que, debo reconocer, fue mi caso) estaría bien que bajase un poco las expectativas. Es sin duda una película muy divertida y con algunos momentos brillantes, pero no resulta particularmente original ni rompedora una vez que surgen las inevitables comparaciones con obras similares como El regreso de los muertos vivientes (1985) o Braindead (1992), siendo esta última su influencia más evidente al mostrar a un personaje que viste una camiseta de la famosa película de Peter Jackson.

Nunca llega, sin embargo, a acercarse siquiera al nivel de las dos películas antes mencionadas. De hecho el gran problema de Dead Snow es su incapacidad de ir más allá de su por otro lado atractiva premisa: un grupo de amigos de vacaciones en una cabaña que son presa de la maldición de un ejército de zombis nazis ligados al misterio de un oro robado. Es la confianza en esta idea (y el empleo de los villanos por excelencia del cine) lo que en un principio parece dar vida a la película y lo que consigue mantener nuestra atención incluso más allá del festival de topicazos que componen la primera mitad de metraje, trozo utilizado por lo general para dar a conocer a los personajes pero que apenas destaca por uno que otro toque de humor y una muy desagraable escena de sexo en un baño. Encima hay una inexplicable insistencia durante toda esta primera mitad en no mostrar a los zombis, cuando todas las piezas de material publicitario de la película (ni hablar de ese trailer con material de archivo de la Segunda Guerra mundial) no paraban de mostrarlos en toda su gloria.

Por fortuna es en su segunda mitad cuando Dead Snow finalmente coge carrera y presenta sus mejores armas, comenzando con el ataque de los soldados no-muertos a la cabaña de los protagonistas, tan hiperbólica, excesiva y sangrienta que nos hace perdonar fácilmente el hecho de que el auténtico motivo de la amenaza no queda muy claro, ya que es un poco arbitraria la manera en que estos zombis atacan. Lo azaroso de la situación también emparenta a la película de Tommy Wirkola con The Evil Dead (1981) y otras entradas del splatter más autocomplaciente. Todo esto culmina, claro está, de la única forma posible: una batalla a muerte entre los supervivientes y el ejército de nazis reanimados en la que todo vale y la sangre vuela literalmente por los aires. Esta secuencia, la más larga de la película pero también sin duda la mejor, tiene la novedad de estar presentada a plena luz del día con el blanco de la nieve como color dominante, y a pesar de toda su brutalidad nunca renuncia al humor, en ocasiones demasiado básico y cazurro, pero en otras bastante efectivo, como todo lo que se refiere a la evolución de uno de los protagonistas, un estudiante de medicina con una inconveniente fobia a la sangre.

Debido a su idea principal, lo más probable es que hubiésemos terminado por escuchar de Dead Snow incluso si el cine de terror escandinavo no estuviese generando el interés que despierta en estos momentos. Es una lástima que una premisa como esta se vea ensombrecida por una ejecución por lo general torpe que no llega nunca a estar a la altura de aquellas cintas a las que homenajea ni tampoco de las mayores glorias del Nazispoitation. Al final, la película de Wirkola no deja de ser una obra divertida que ciertamente no redefine el sub-género de zombis, pero al menos merece ser vista una vez. Sospecho que su éxito se debe más al carácter icónico de unos villanos que resultan perfectos como encarnación pop del Mal, pero dicha premisa sólo funciona durante los primeros minutos, y esta cinta demuestra que en el apartado de la comedia de terror o el splatter tiene pocas cartas con qué jugar. Las que tiene, al menos, sabe jugarlas bien. Ir con las expectativas bajas y no estusiasmarse demasiado es la mejor manera de disfrutarla como lo que en el fondo es.