miércoles, abril 26, 2017
Reseña: White Zombie (1932)
martes, febrero 28, 2017
Reseña: What We Become (2015)
martes, septiembre 20, 2016
Reseña: Train to Busan (2016)
Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).
jueves, marzo 03, 2016
Reseña: Contracted (2013)
jueves, enero 07, 2016
Reseña: REC 4: Apocalipsis (2014)
Al final nada de eso ha parecido tener mucha importancia, y lo cierto es que más allá del retraso de una secuela que (honestamente) llega a destiempo, REC 4 ha terminado por ser una gran decepción muy alejada de todas las especulaciones que me había hecho sobre ella. Pero es una decepción no porque Balagueró haya decidido no darnos una continuación de la trama de posesiones diabólicas que ya perfilaba en la segunda REC y abordar en cambio una historia distinta, sino porque el resultado es una cinta tremendamente convencional que desprecia prácticamente todo el legado de sus antecesoras y construye en cambio un remedo barato de una peli de zombis en un barco, con sus personajes en un muy predecible estado de sitio y un tratamiento cutre de sus posibilidades al rendirse a una superficial película de acción en alta mar. Es básicamente una producción de The Asylum rodada en España, perezosa y casi en piloto automático hasta su final.
Mientras la veía lo único que conseguía preguntarme era qué intención existía realmente al hacer esta película, si había alguien que efectivamente quería abordar esta secuela tal como lo han hecho. Después de todo, la segunda entrega ya dejaba asomar en su final un conflicto muy específico que se auguraba como algo grande, con el demonio habitante de la niña Medeiros escapando a la ciudad y Ángela Vidal convertida en villana. Nada de eso ocurre aquí: por el contrario el argumento vuelve en cierto modo a la casilla uno al situar la acción en el espacio reducido de un barco en alta mar. Aparte de eso, el guión hace grandes piruetas para (inexplicablemente) volver a hacer de Manuela Velasco la heroína a pesar de que se pasa gran parte del metraje sin hacer nada y es sólo en los últimos minutos cuando su personaje toma realmente la iniciativa de algo. Por supuesto el formato de metraje hallado y la perspectiva cámara en mano ha sido completamente abandonada en favor de una estructura de película de acción muy básica y sobre todo muy predecible, con giros narrativos imposibles y varias escenas que buscan emular cintas mucho mejores, desde La cosa (1982) de John Carpenter hasta la propia REC original.
En realidad el problema de la cinta se resume muy fácilmente: lo que prometía ser una gran franquicia se ha cerrado con su entrega más convencional, con un nivel de calidad muy inferior a todas sus predecesoras, y hasta el punto de que muy probablemente estemos hablando también del trabajo más pobre en la carrera de Jaume Balagueró, cuyo estilo no encuentro aquí por ningún lado. El abandono de los elementos más interesantes de la saga y la rendición a un género fácil y a una historia simplona con efectos especiales baratos y acción confusa es algo que sólo me puedo explicar si considero que esta fue una secuela que llegó demasiado tarde cuando el interés por la saga ya había decaído. Es una lástima porque había un gran potencial que se ha dejado perder aparentemente sin motivo alguno.
viernes, enero 09, 2015
Reseña: Go Goa Gone (2013)
martes, septiembre 16, 2014
Reseña: Dead Snow 2 (2014)
El motivo por el cual funciona es muy sencillo: como sin duda recordaréis, la primera película basaba todo su éxito en su premisa de zombis nazis y en su secuencia final completamente desatada en la que la violencia se mezclaba con un sentido del humor muy negro. Esta segunda parte es por completo así; de hecho transcurre inmediatamente después de la primera, con nuestro héroe y único superviviente siendo trasladado a urgencias, donde accidentalmente terminan injertándole una mano zombi con superpoderes que será clave a la hora de derrotar nuevamente a las huestes de cadáveres nacional-socialistas. De entrada se puede ver que la premisa no sólo es completamente cómica sino que además juega con estructuras más típicas del cómic de superhéroes, incluyendo un némesis: el líder de los zombis nazis que a su vez se ha injertado la mano humana del protagonista y se dispone a terminar su misión de conquista y masacre.
Todos estos elementos le dan a la película un aire más fantástico y la despojan de los pocos elementos de terror que tenía la original. Lo bueno es que el propio Wirkola se encarga de compensar esto aumentando las dosis de humor hasta lo imposible ya desde el principio, así como superando el gore de la primera parte y llegando a hacer gala de una comedia muy grotesca que en mi opinión deja en pañales a la original. Quizás todo esto hace que a su director se le termine pasando la mano y abandone la película a una muy caótica escena final con el enfrentamiento entre dos ejércitos zombi y un tanque fuera de control, pero aún así resulta muy revelador comparar este trabajo con su reciente entrada en Hollywood para darse cuenta de la enorme distancia entre ambos trabajos.
Llegados a este punto ignoro si tendremos la oportunidad de ver Dead Snow 2: Red vs Dead (2014) en la cartelera comercial, pero de hacerlo sería un exitazo seguro. Fácilmente de las que más me han gustado este año, y una seria competidora para mis favoritas del 2014.
domingo, agosto 17, 2014
Reseña: Survival of the Dead (2009)
martes, junio 03, 2014
Reseña: Retornados (2013)
Su premisa tiene lugar precisamente años después del Apocalipsis Zombi, cuando la humanidad se ha salvado gracias no sólo a la erradicación de los muertos vivientes, sino al descubrimiento de una droga capaz de mantener a raya la transformación en aquellos víctimas que están todavía en la fase inicial después de haber sido infectados. Pero la droga tiene un inconveniente, y es que debe ser inyectada periódicamente para detener el virus, por lo que nos encontramos ante una sociedad en la que una parte importante de la población es una bomba de relojería. Estos habitantes, conocidos en todas partes como los "retornados", se convierten así en seres temidos por todos y señalados por el gobierno, lo que por supuesto no pintará bien cuando llegue la inevitable crisis producto de la escasez de la milagrosa cura.
La ambientación de sci-fi realista y la mezcla de elementos de horror con una obvia metáfora social empareja a esta película con otras obras que ya hemos reseñado aquí como Daybreakers (2009) o The Purge (2013), aunque Retornados es quizás mucho menos explícita al tener lugar después de la crisis que da inicio a la trama y manejarse por el contrario bajo la amenaza de que dicha situación de horror pueda regresar. Este detalle es muy significativo porque estamos ante una de las pocas muestras de cine zombi en el que dichos cadáveres ambulantes brillan por su ausencia; de hecho, quitando el prólogo, en toda la película sólo hay una escena de violencia zombi, mientras que todo el resto del metraje no hace sino resaltar que el verdadero peligro reside no en los infectados sino en el miedo que poco a poco domina a la sociedad cuando la escasez y la amenaza del Otro se hacen presentes.
Esto último tiene también una interesante consecuencia y es que ninguno de los personajes se libra de momentos de ambigüedad moral; una de las cosas que la película explota (y muy bien) es hasta dónde somos capaces de llegar por proteger aquello que amamos incluso a costa de actos moralmente reprochables. Son estas ideas y la forma inteligente y honesta en la que maneja su premisa lo mejor que tiene y el motivo de que me haya gustado tanto, ya que del resto es una película muy sencilla en cuanto a estética y desarrollo. Con todo y eso, muy recomendable.
domingo, diciembre 08, 2013
Reseña: V/H/S/2 (2013)
Tanto es así, que incluso el segmento más débil (aquel marco argumental que se encarga de unir a todos los demás) intenta tener una historia que se cierra, cosa que no ocurría en la primera parte. La otra diferencia en que esta ocasión sus responsables parecen haber aprendido la lección del primer V/H/S (2012) y han decidido controlar un poco más el desarrollo de los diferentes relatos dándoles un poco más de coherencia sin renunciar a probar caminos nuevos; en esta segunda parte sólo hay cuatro historias, en las cuales el tiempo de metraje es más o menos el mismo pero el tema es completamente distinto, así como las motivaciones para que la cámara esté permanentemente encendida. El primer segmento en este sentido se rinde a una premisa un tanto sci-fi al mostrarnos un ojo artificial con cámara incorporada, pero incluso esta idea se presenta de forma razonablemente verosímil.
Es imposible, por supuesto, no comparar las historias entre sí, y en este sentido el público ha sido casi unánime en decretar el segmento dirigido por Gareth Evans y Timo Tjahjanto (conocidos por The Raid (2011) y Macabre (2009), respectivamente) como el mejor de los cuatro, y es algo con lo que es difícil estar en desacuerdo. De hecho, este segmento ambientado en Indonesia perfectamente habría podido ser adaptado a un largo y hubiese sido una de las mejores películas de terror de este año. Enhorabuena también a Gregg Hale y Eduardo Sánchez, que demuestran que todavía se puede sacar algo nuevo de lo zombi a estas alturas del calendario.
Y ya para finalizar, una de las mejores cosas que para mí tiene V/H/S/2 es que todas las historias dejan espacio a elementos cómicos y ninguna es cien por cien seria. Este detalle, que en otras manos quizás hubiera restado fuerza al conjunto final, está sin embargo muy bien llevado e incluso resalta la fuerza de algunas de las escenas más terroríficas, de las cuales sin duda alguna hay. Cuatro historias, cuatro tipos de horror distintos, pero todas con un gran potencial que la convierten fácilmente en una de las piezas más disfrutables de este año que se acaba. Incluso si os pasó como a mí y el primer V/H/S no os convenció para nada, echadle un vistazo a este que no os arrepentiréis.
viernes, agosto 02, 2013
Reseña: Guerra mundial Z (2013)
Para aquellos que no conozcan la historia, la película Guerra mundial Z habla sobre el advenimiento del Apocalipsis zombi y la misión de un investigador de las Naciones Unidas que viaja por el mundo intentando dar con una cura a la vez que escapa de la devastación que se va apoderando de la civilización humana. De entrada la premisa es interesante y hay que destacar que la película realmente intenta innovar al abordar la historia de los no-muertos desde una perspectiva global, cosa que nunca antes se había hecho, al menos no en cine. La adaptación recoge así uno de los aspectos más interesantes del libro al intentar mostrar cómo varias culturas distintas lidian cada a una a su manera contra las hordas de cadáveres que se acumulan a sus puertas. Por desgracia, al intentar reducir toda esta información a una sola película, termina convirtiéndose en una muy superficial acumulación de secuencias de acción en las que se repite siempre la misma estructura: Brad Pitt llegando a una zona en peligro en la que algo (por lo general su propia llegada) descalabra el orden conseguido causando que deba salir por patas.
Esto nos trae a otro problema en particular que tiene que ver con el director de la película, Marc Forster, y la forma que tiene de rodar las escenas de acción. Forster, a quien seguramente recordaréis por Quantum of Solace (2008), satura la imagen de movimientos hasta el punto en que muchas veces no tienes idea de lo que está pasando en pantalla, lo cual no sólo te desconecta de la acción sino que encima muchas veces evita de forma consciente imágenes de impacto en lo que a mí por lo menos me ha parecido una forma velada de censura de la violencia; es muy significativo y a la vez lamentable ver cómo en el primer ataque de la película, cuando los zombis irrumpen en un atasco de tráfico, prácticamente no se ven los zombis. La cosa no mejora mucho después, y secuencias como la de Israel dejan claro que lo que entiende la película por acción es mostrarnos hordas indiscernibles de zombis CGI que no sólo corren sino que se apilan unos sobre otros hasta formar masas que se mueven al unísono. La idea imagino que habrá sonado muy bien en papel, pero está hecha de forma tan frenética y caótica que no me ha producido ninguna emoción.
Esta ligereza general es el aspecto más preocupante de Guerra mundial Z, más incluso que su repetitiva estructura de acción, su hipertrillado ángulo de la familia en peligro o la disparatada resolución que ofrece. Nunca pensé que vería una historia de zombis tan poco gráfica y con un tan escaso componente de violencia, hasta el punto en que, como ya dijo alguien muy acertadamente, esta es la primera película de este género que se puede ver con toda la familia. Siendo sinceros, es lógico que el resultado final haya sido este desastre teniendo en cuenta que fue una producción muy accidentada que sufrió muchos retrasos y que en gran medida tuvo que ser rodada de nuevo. Con todo y eso, por lo visto ha resultado ser un éxito y ya se habla de una secuela. Veremos si esa hipotética segunda parte consigue algo mejor. Del resto, creo que hay mucho más y mejor material zombi en cualquier capítulo de la serie The Walking Dead que en esta película de la que hablamos hoy.
miércoles, mayo 08, 2013
Reseña: Quarantine 2 (2011)
En lo que sí se nota el cambio es en el formato utilizado: la primera cosa a destacar de Quarantine 2 es que sus responsables han decidido abandonar el formato de metraje hallado de la primera parte para optar por la perspectiva omnisciente de toda la vida, aunque el poco holgado presupuesto hace que se mantenga el look amateur y la estética de cámara al hombro, sobre todo en los primeros veinte minutos, que están ambientados en el avión y que sorprenden por su minimalismo y lo claustrofóbico de su locación. Por un momento pensé que toda la película transcurriría allí, pero la cinta pronto se encarga de aterrizar para poder trasladar el horror zombi al más amplio escenario de la terminal desierta y bajo cuarentena.
Si pensábais ver esta película por cualquier razón (aunque sea el vil motivo del completismo) es bueno que vayáis dejando las expectativas en la puerta; comparada con esta, la primera Quarantine es una obra de arte cuyo único pecado es ser el remake de una cinta muy popular y reciente. Esta segunda película toma la loable decisión de abandonar el camino trazado por la saga española, pero al mismo tiempo no parece aprovechar el material para hacer nada nuevo, más allá de una muy superficial explicación de los orígenes de la plaga (no, no es el mismo que en REC) y una estéticamente curiosa secuencia con visión térmica que parece ser la obligada reminiscencia al clímax de visión nocturna de la primera película. Al menos el desenlace es mejor de lo que esperaba, pero la película se parece demasiado a muchas otras cintas de infectados que han pasado por delante de nuestros ojos en los últimos años, y honestamente no veo por qué necesitamos una más.
miércoles, febrero 27, 2013
Reseña: Warm Bodies (2013)
miércoles, diciembre 26, 2012
Reseña: Juan de los muertos (2011)
jueves, octubre 04, 2012
Reseña: Resident Evil: Retribution (2012)
Resident Evil: Retribution (2012), la quinta entrega de una de las franquicias de terror más exitosas del mainstream actual, es bastante difícil de reseñar dado que la mayoría de quienes lean estas líneas muy probablemente se hayan formado una idea de la película incluso antes de verla. En el fondo es bastante evidente lo que se puede esperar: un ejercicio de autoindulgencia por parte del director Paul W.S. Anderson, quien ha llevado la saga hasta sus últimas consecuencias en el desprecio por el argumento, la exaltación de la acción como fin en sí misma y el lucimiento de la incombustible heroína interpretada por Milla Jovovich, que regresa con nuevas armas y nuevas poses que hacer luego de destrozar zombis a diestra y siniestra.
Los que me conocen saben de sobra que soy un seguidor bastante fiel de una saga a la que considero uno de mis mayores placeres culpables, en parte porque nunca ha dejado de ofrecer lo que en el fondo se espera de ella: acción, tiparracas armadas hasta los dientes y zombis, aunque el elemento de los muertos vivientes haya sido dejado de lado durante mucho tiempo. Sin embargo, también sé reconocer que la saga en su totalidad supone una ligera decepción en cuanto al tremendo potencial que tiene a nivel de historia y que no ha sido nunca realmente aprovechado. No hablo aquí, evidentemente, de su falta de fidelidad a los videojuegos de Capcom en los que se basa (si acaso, este distanciamiento es una de sus mayores virtudes) sino de la poca ambición de sus argumentos y el hecho incontestable de que la saga ha sido "reiniciada" prácticamente en cada entrega a partir de la tercera. Esta no es la excepción, puesto que Resident Evil: Retribution comienza barriendo de un plumazo lo ocurrido en la cuarta parte e iniciando con la misma premisa de siempre: Alice atrapada en un complejo de la corporación Umbrella y teniendo que escapar con la ayuda de unos inesperados aliados (entre los que se cuenta el villano de Resident Evil: Afterlife (2010), que ahora está de su lado por motivos que se me escapan).
Al ser la quinta entrega una que coincide con los diez años del estreno de la primera parte (la única verdaderamente destacable, en mi opinión) el director Paul W.S. Anderson ha decidido traer de regreso por medio de piruetas argumentales bastante discutibles a varios de los personajes de entregas anteriores, entre ellas la Rain de Michelle Rodríguez y la Jill Valentine de Sienna Gillory (esta última con un nivel actoral que da auténtica vergüenza ajena), aunque sospecho que todo no haya sido más que guiños al fan promedio de la saga porque tampoco es que esto añada mucho al ya de por sí escaso argumento, uno que además toma descaradamente la estructura y elementos dramáticos de Aliens (1986) con todo y una niña en peligro. Esto último, sin embargo, tiene un aspecto positivo: es la primera oportunidad que ha tenido Milla Jovovich de dar algo de humanidad a un personaje que es sin duda lo menos interesante de la saga.
Del resto la verdad no hay mucho que decir que no os podáis esperar ya: aquellos que como yo disfruten de la saga de Resident Evil tienen razones para ver esta con todo y el sinsentido de su argumento, el vacío de sus personajes y en general las escasas ganas de sacar una historia real que en algunos momentos incluso se atisba pero que nunca se desarrolla (después de que el mundo ha sido destruído, Umbrella por lo visto continúa haciendo experimentos simplemente porque sí). Los aciertos son meramente superficiales pero bastante efectivos como para mantener el interés de los conversos: acción por un tubo, unos efectos especiales mejores que la media y algunas secuencias interesantes aunque plagiadas de otras películas como ese opening calcado a El amanecer de los muertos (2004). Algo, sin embargo, debe estar funcionando: con la excepción de la segunda parte, cada entrega de Resident Evil ha tenido más éxito que la anterior, un éxito que viene sobre todo desde fuera del público americano. Y tal como nos habían prometido, y a juzgar por el desenlace, habrá una sexta parte que promete ser una explosión épica y el punto final a una saga que no engaña a nadie. Personalmente, ahí me verán.
sábado, agosto 04, 2012
Reseña: REC 3: Génesis (2012)
Si os pasó como a mí, en un principio habréis puesto pocas esperanzas en REC 3: Génesis (2012). De entrada el título prometía en principio una precuela que no se me antojaba muy interesante que se diga, y si bien me encanta la primera parte y considero la segunda incluso buena, no pensé que hubiese forma de seguir explotando el argumento más allá. Luego llegó un trailer que me hizo cambiar de parecer, y la película ha terminado de confirmar lo errado de mi recelo inicial. La verdad es que esta tercera entrega dirigida en solitario por Paco Plaza es una excelente película que logra salir airosa tras romper con gran parte de las señas de identidad que hicieron famosas a sus dos antecesoras. Probablemente sea también la mejor película que ha dirigido Plaza hasta la fecha, cosa que tiene mérito ya que estamos ante una historia bastante sencilla que transcurre no antes ni después sino paralelamente a las otras dos entregas, específicamente en una boda en la que se desata la epidemia de los zombis/endemoniados. Aún así, las referencias a las entregas anteriores son muy escasas, tanto que casi se podría afirmar que no hace falta haberlas visto para disfrutarlos.
El alejamiento no se da únicamente en el plano argumental sino también en cuanto al estilo; uno de los mayores aciertos de la película es la decisión por parte de sus responsables de abandonar el formato de metraje hallado en favor de la perspectiva tradicional, un cambio que se da de forma muy ingeniosa tras los primeros veinte minutos. Es una lástima que lo hayan revelado en los trailers y en todo el material publicitario, ya que hubiese quedado muy bien como sorpresa, aunque imagino que gran parte del público que ha tenido la película no hubiese ido a verla si no hubiese sabido que se abandonaba el estilo de cámara en mano de las anteriores.
Estamos también ante una película mucho más autoconsciente y clásica en cuanto a sus referencias, ya que en varias ocasiones parece abrazar los ineludibles ejemplos de los que la saga bebe, con escenas que remiten a The Evil Dead (1981), Demons (1985), Braindead (1992) y un largo etcétera. De estas toma no solamente los excesos sanguinolentos sino también los toques de humor, algunos de ellos brillantes, aderezados con una historia de amor en el centro de todo. El tema del humor es importante porque está perfectamente incorporado a la película y nunca se siente forzado ni puesto a costa de la dignidad de aquello que estamos viendo. Por el contrario, REC 3 muestra una genuina reverencia al género zombi que no desaparece ni siquiera en las escenas cómicas, eso aparte del acierto de la actriz protagonista.
Así que échenle un vistazo a REC 3 si es que no lo han hecho ya. Incluso aquellos que salieron decepcionados con la segunda entrega pueden encontrarle virtudes a esta gracias a la escasa referencia que hace a sus antecesoras. Ahora sólo falta ver como se las arregla Jaume Balagueró con la cuarta y (de momento) última entrega: Apocalipsis. Visto lo que hay aquí, me va a costar la espera. Desde ya entre lo más destacable de este año.
jueves, mayo 05, 2011
Reseña: Fido (2007)
En el panorama de mayoritaria mediocridad de las comedias de zombis, la producción canadiense Fido (2007) es una obra maestra que perfectamente puede ser colocada al nivel de Shaun of the Dead (2004) sin ningún tipo de pudor. Curioso es sin embargo que el final de esta última haya anunciado la premisa de la cinta que tocamos hoy: Fido es en realidad una ucronía ambientada en unos años cincuenta alternativos, en los que los Estados Unidos han sobrevivido a una epidemia zombi gracias a una poderosa corporación que ha inventado dispositivos para "domesticar" a los muertos vivientes y convertirles en los siervos de los vivos, sumiendo todo en una tranquilidad idílica que se ve trastocada cuando un niño hace de su zombi particular su mejor amigo e inicia un proceso de domesticación mucho más genuino.
Las comparaciones anteriores con la película de Edgar Wright son algo que se mencionó mucho en el momento de su estreno y que saco a colación únicamente por automatismo, ya que las dos cintas no pueden ser más diferentes ni tener un mensaje más opuesto; mientras que la de Shaun es una suerte de experimento de género en el que se contraponen las reglas de dos géneros cinematográficos contrarios por antonomasía (la comedia romántica y el zombie survival horror), Fido es abiertamente una comedia retro en la que su director y co-guionista Andrew Currie utiliza la epidemia de muertos vivientes como una metáfora para hacer una parodia de la comodidad burguesa. No hay aquí (al menos no tanto) una reverencia hacia lo Zombi como género cinematográfico; de hecho la mayor alusión que se puede encontrar a este tipo de cine está en el documental educativo que se muesta al principio de la película y que incluye escenas de un cortometraje del propio Andrew Currie, Night of the Living, título que sumado al blanco y negro evidencia un guiño hacia la génesis de estas películas con George Romero a la cabeza.
Por otro lado, si hay una película con la que Fido tenga semejanzas mucho más marcadas es la también muy recomedable Pleasantville (1998), la cual aborda temas similares como la de una comunidad utópica que se protege aislándose de sus propios sentimientos. No en balde ambas películas están ambientadas en unos ficticios años cincuenta; las constantes temáticas como el conservadurismo burgués, el miedo al Otro y la constante comparación entre un mundo cerrado e idílico aislado del caos exterior encajan perfectamente en la representación fantasiosa de una época percibida como "ideal" por los defensores de ciertos valores. Estos temas están perfectamente tratados en la película de Currie y ocupan el protagonismo mucho más que los propios muertos vivientes, aunque la cinta por supuesto no se corta en cuanto a la aparición de estos, dejando por instantes asomar su vocación de auténtica película de horror y con un clímax final que sugiere un mundo exterior diametralmente opuesto al colorido suburbio que hemos presenciado con anterioridad.
Son estos momentos los que quizás llamen más la atención del amante del cine zombi, que probablemente se sienta un tanto defraudado al ser esta una película con un énfasis mucho mayor en su contenido satírico y en sus aptitudes como comedia, que están por otro lado muy bien llevadas a cabo gracias a un elenco genial en el que todos los personajes destacan, desde el bastardo corporativo de Henry Czerny, un enorme Dylan Baker o una particularmente inspirada Carrie-Anne Moss (que sale aquí increíblemente guapa, valga decir), sin olvidar por supuesto al Fido del comediante británico Billy Connolly. Eso y los personajes infantiles, quienes contrariamente a lo que suele suceder en este tipo de películas con niños de protagonistas, otorgan las principales fuentes de humor negro de esta película que hace falta rescatar de la sombra que Shaun of the Dead ha terminado por proyectar sobre el resto de comedias zombífilas de la década pasada. Más que recomendable, indispensable.
lunes, enero 17, 2011
Reseña: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980)

De Lucio Fulci ya habíamos hablado al comentar aquí la que había sido su primera película de terror propiamente dicha, Nueva York bajo el terror de los zombis (1979). Sin embargo, el tema de los cadáveres ambulantes sería tratado nuevamente por el director italiano un año después con Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980), su siguiente trabajo y la primera de la famosa trilogía titulada Las puertas del Infierno. Es una película que también marca una tendencia presente no sólo en Fulci sino también en gran parte del cine de terror italiano de la época, que estaba viviendo el que sin duda fue su mejor momento, con una serie de cintas intencionalmente enrevesadas en las que, siempre según sus propios creadores, se seguía el objetivo de hacer un cine de terror basado en ideas y sensaciones y sin argumento. A este movimiento pertenecen no sólo algunas de las mejores películas de Lucio Fulci sino también otras como Inferno (1980), de Dario Argento, estrenada por la misma época.
Pero lo cierto es que Miedo en la ciudad de los muertos vivientes sí que tiene un argumento, uno que con escasos cambios terminaría siendo el mismo para toda la trilogía con una serie de constantes marcas de la casa: la muerte de un personaje en contacto con esferas ultraterrenales, la presencia (mayor o menor según el caso) de un ancestral libro maldito, y las nada veladas referencias al universo de H.P. Lovecraft, evidenciadas en este caso en el nombre del pueblo (Dunwich) donde transcurre la mayor parte de la acción. Y por supuesto, los zombis, que al igual que en el debut terrorífico de Fulci, son un elemento estético, no temático. Esto último cede protagonismo a lo que son los auténticos tópicos particulares del director como por ejemplo el empleo macabro del imaginario religioso: hay un espíritu profundamente católico en la obsesión estética de Fulci por los cementerios resumido en la imagen del cura colgando de una cuerda al principio de la película de forma inexplicable (no se ve por ningún lado cómo hizo para subirse allí) o la forma en que los protagonistas acceden a todo un mundo subterráneo a través de una tumba abierta.
Esta serie de imágenes impactantes y la ambientación en un pueblo pequeño donde el horror se hace presente es sin embargo lo que más se recuerda de la película. Más allá de los temas tocados por su director, en muchas ocasiones se ha reseñado el despliegue de sanguinolencias varias de las que esta cinta hace gala, encima con la cámara recreándose en arranques de violencia cada vez más gráficos como un personaje que vomita sus propias vísceras o un chico a quien se le taladra lentamente el cráneo. Con semejantes imágenes (algunas bastante desagradables incluso hoy en día) se explica que la película se haya encontrado con numerosos problemas de distribución, hasta el punto de estar aún hoy prohibida en algunos países (entre ellos Alemania). Todo esto, sin embargo, es anecdótico, puesto que precisamente el aura de tabú alrededor de la película de Fulci fue la que ayudó a propiciar su estatus de culto a través de su distribución en formato casero durante los ochenta, aunque en una perspectiva más superficial de la que sin duda se merece.
En cierto modo, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes no representa todavía la cima como director de Fulci, quien habría de salirse con la suya en posteriores trabajos. Sin embargo, siempre es interesante revisarla al menos para ver como la trilogía de Las Puertas del Infierno guarda cierto carácter de unidad que se nota incluso en detalles supérfluos como el hecho de que su protagonista femenina, la actriz británica Catriona MacColl, está presente tanto en esta como en El más allá (1981) y Aquella casa al lado del cementerio (1981), aunque siempre como "distintos" personajes, completando así el cuadro de horrores de un director de esos que siempre hay que tener en cuenta.
sábado, enero 15, 2011
Reseña: Resident Evil: Afterlife (2010)

Al contrario que la mayor parte de los detractores de esta saga, personalmente celebro que las películas de Resident Evil se hayan distanciado desde el principio de los videojuegos de Capcom, entendiendo de forma correcta que la adaptación de las formas interactivas de este medio requieren más que simplemente la recreación (pasiva) de una narrativa que ya había sido explicada. Esto se hace para mí mucho más evidente al ver Resident Evil: Afterlife (2010), cuarta parte de la saga que consolida a Milla Jovovich como una heroína de acción ineludible. Cierto es que gran parte de lo que se había anticipado sobre esta cinta ha terminado por ser falso (principalmente la supuesta mayor presencia de lo zombi en el metraje final), pero eso es porque estamos ante una saga que ha seguido un camino propio que ya no se puede desandar tan fácilmente. Con todo y eso, resulta para mí muy superior a Resident Evil: Extinction (2007), aunque todavía muy lejos de la primera parte, que cada día crece en mi recuerdo como la única realmente buena.
Decíamos que la saga ha evolucionado a su manera reduciendo cada vez más la trama en beneficio de la acción, de hecho no es exagerado decir que cada entrega de Resident Evil ha tenido menos argumento que la anterior, y esta cuarta entrega es hasta cierto punto no sólo una secuela sino también una especie de reboot; Alice pierde (de forma bastante cutre y muy "conveniente") sus poderes casi al principio, y toda la trama de los clones, que se perfilaba como lo principal por la forma como acababa la tercera entrega, se resuelve en los primeros quince minutos de película en una hiperbólica y exageradísima secuencia de acción en la que Alice y sus dobles atacan el cuartel general de Umbrella, situado bajo las ruinas de Tokio. El resto transcurre casi por completo en una prisión de Los Ángeles convertida en fortaleza anti-zombi y defendida por un grupo de supervivientes a los que Alice intentará llevar al prometido refugio. No hay mucho más que decir en cuanto al argumento ya que este es, de nuevo, bastante caótico y con tendencia a jugar con varias subtramas a la vez pero sin explorar ninguna de ellas realmente, incluso llegando a tener un final descaradamente abierto que apunta a una inevitable quinta entrega (a decir verdad, se ha dicho desde hace bastante tiempo que esta película marca el inicio de una nueva trilogía).
El desprecio por las líneas argumentales en beneficio de la estética de película de acción es algo que en el fondo cualquiera se espera de esta saga, sobre todo teniendo en cuenta el (muy bienvenido) regreso como director de Paul W.S. Anderson, artífice de la Resident Evil (2002) original y que aquí se encuentra realmente en su elemento. Muchos no le han perdonado su voluntario distanciamiento del videojuego y eso se nota aquí de la peor manera posible. De hecho, podría decir que las peores cosas de esta cuarta entrega no son sus libertades argumentales ni su exageración, sino precisamente sus más que evidentes concesiones al fanboy promedio: la injustificada y arbitraria presencia del gigantón del hacha, la poco aprovechada presencia de Chris Redfield (resaltado inútilmente en la película ya que no aporta realmente nada más allá del reconocimiento de marca) y la aparición como villano de Albert Wesker, a quien no conocerá nadie que no esté medianamente familiarizado con los videojuegos y de quien no se nos cuenta absolutamente nada a pesar de que todo parece indicar que es un personaje importante. Se agradece eso sí, el regreso de la bellísima Ali Larter aunque ello nos prive de esta tradición de la saga de emparentar a Milla Jovovich con una superhembra guerrera diferente en cada una de las entregas.
Como sin duda sabréis todos ya, lo que diferencia en todo caso a Resident Evil: Afterlife de sus antecesoras está en el uso del 3D como atractivo estetico adicional. Hay que decir que, sorprendentemente y contra todo pronóstico, me ha parecido estar muy bien aprovechado hasta el punto de ser realmente espectacular en algunas secuencias puntuales (aunque hay trozos de la película en los que es prácticamente olvidado). Además, el efecto calza muy bien no sólo con el estilo hiperbólico de Paul W.S. Anderson, sino también con un discurso estético muy acode con lo que es el cine de accion de estos últimos años, una prueba más de que Ultraviolet (2006) era una película visionaria. La entrega de la saga zombífila a los excesos del cine-espectáculo funciona esta vez algo mejor que en la tercera entrega, y aunque no llegue a los niveles de calidad de la primera parte es lo suficientemente atractiva como para desear que se hagan diez continuaciones más.
martes, julio 27, 2010
Reseña: Dead Snow (2009)

Resulta al menos gracioso que algún alma caritativa se haya decidido a estrenar en España la archiconocida comedia de terror noruega Dead Snow (2009) mucho después de que ya prácticamente todo el mundo la ha visto, y encima con el predecible y genérico título de Zombis nazis (aquí nadie se rompió la cabeza, definitivamente). En caso de que quien lea esto haya retrasado ese visionado (cosa que, debo reconocer, fue mi caso) estaría bien que bajase un poco las expectativas. Es sin duda una película muy divertida y con algunos momentos brillantes, pero no resulta particularmente original ni rompedora una vez que surgen las inevitables comparaciones con obras similares como El regreso de los muertos vivientes (1985) o Braindead (1992), siendo esta última su influencia más evidente al mostrar a un personaje que viste una camiseta de la famosa película de Peter Jackson.
Nunca llega, sin embargo, a acercarse siquiera al nivel de las dos películas antes mencionadas. De hecho el gran problema de Dead Snow es su incapacidad de ir más allá de su por otro lado atractiva premisa: un grupo de amigos de vacaciones en una cabaña que son presa de la maldición de un ejército de zombis nazis ligados al misterio de un oro robado. Es la confianza en esta idea (y el empleo de los villanos por excelencia del cine) lo que en un principio parece dar vida a la película y lo que consigue mantener nuestra atención incluso más allá del festival de topicazos que componen la primera mitad de metraje, trozo utilizado por lo general para dar a conocer a los personajes pero que apenas destaca por uno que otro toque de humor y una muy desagraable escena de sexo en un baño. Encima hay una inexplicable insistencia durante toda esta primera mitad en no mostrar a los zombis, cuando todas las piezas de material publicitario de la película (ni hablar de ese trailer con material de archivo de la Segunda Guerra mundial) no paraban de mostrarlos en toda su gloria.
Por fortuna es en su segunda mitad cuando Dead Snow finalmente coge carrera y presenta sus mejores armas, comenzando con el ataque de los soldados no-muertos a la cabaña de los protagonistas, tan hiperbólica, excesiva y sangrienta que nos hace perdonar fácilmente el hecho de que el auténtico motivo de la amenaza no queda muy claro, ya que es un poco arbitraria la manera en que estos zombis atacan. Lo azaroso de la situación también emparenta a la película de Tommy Wirkola con The Evil Dead (1981) y otras entradas del splatter más autocomplaciente. Todo esto culmina, claro está, de la única forma posible: una batalla a muerte entre los supervivientes y el ejército de nazis reanimados en la que todo vale y la sangre vuela literalmente por los aires. Esta secuencia, la más larga de la película pero también sin duda la mejor, tiene la novedad de estar presentada a plena luz del día con el blanco de la nieve como color dominante, y a pesar de toda su brutalidad nunca renuncia al humor, en ocasiones demasiado básico y cazurro, pero en otras bastante efectivo, como todo lo que se refiere a la evolución de uno de los protagonistas, un estudiante de medicina con una inconveniente fobia a la sangre.
Debido a su idea principal, lo más probable es que hubiésemos terminado por escuchar de Dead Snow incluso si el cine de terror escandinavo no estuviese generando el interés que despierta en estos momentos. Es una lástima que una premisa como esta se vea ensombrecida por una ejecución por lo general torpe que no llega nunca a estar a la altura de aquellas cintas a las que homenajea ni tampoco de las mayores glorias del Nazispoitation. Al final, la película de Wirkola no deja de ser una obra divertida que ciertamente no redefine el sub-género de zombis, pero al menos merece ser vista una vez. Sospecho que su éxito se debe más al carácter icónico de unos villanos que resultan perfectos como encarnación pop del Mal, pero dicha premisa sólo funciona durante los primeros minutos, y esta cinta demuestra que en el apartado de la comedia de terror o el splatter tiene pocas cartas con qué jugar. Las que tiene, al menos, sabe jugarlas bien. Ir con las expectativas bajas y no estusiasmarse demasiado es la mejor manera de disfrutarla como lo que en el fondo es.















