viernes, febrero 23, 2018
Reseña: Verónica (2017)
viernes, febrero 16, 2018
Reseña: La piel fría (2017)
jueves, enero 07, 2016
Reseña: REC 4: Apocalipsis (2014)
Al final nada de eso ha parecido tener mucha importancia, y lo cierto es que más allá del retraso de una secuela que (honestamente) llega a destiempo, REC 4 ha terminado por ser una gran decepción muy alejada de todas las especulaciones que me había hecho sobre ella. Pero es una decepción no porque Balagueró haya decidido no darnos una continuación de la trama de posesiones diabólicas que ya perfilaba en la segunda REC y abordar en cambio una historia distinta, sino porque el resultado es una cinta tremendamente convencional que desprecia prácticamente todo el legado de sus antecesoras y construye en cambio un remedo barato de una peli de zombis en un barco, con sus personajes en un muy predecible estado de sitio y un tratamiento cutre de sus posibilidades al rendirse a una superficial película de acción en alta mar. Es básicamente una producción de The Asylum rodada en España, perezosa y casi en piloto automático hasta su final.
Mientras la veía lo único que conseguía preguntarme era qué intención existía realmente al hacer esta película, si había alguien que efectivamente quería abordar esta secuela tal como lo han hecho. Después de todo, la segunda entrega ya dejaba asomar en su final un conflicto muy específico que se auguraba como algo grande, con el demonio habitante de la niña Medeiros escapando a la ciudad y Ángela Vidal convertida en villana. Nada de eso ocurre aquí: por el contrario el argumento vuelve en cierto modo a la casilla uno al situar la acción en el espacio reducido de un barco en alta mar. Aparte de eso, el guión hace grandes piruetas para (inexplicablemente) volver a hacer de Manuela Velasco la heroína a pesar de que se pasa gran parte del metraje sin hacer nada y es sólo en los últimos minutos cuando su personaje toma realmente la iniciativa de algo. Por supuesto el formato de metraje hallado y la perspectiva cámara en mano ha sido completamente abandonada en favor de una estructura de película de acción muy básica y sobre todo muy predecible, con giros narrativos imposibles y varias escenas que buscan emular cintas mucho mejores, desde La cosa (1982) de John Carpenter hasta la propia REC original.
En realidad el problema de la cinta se resume muy fácilmente: lo que prometía ser una gran franquicia se ha cerrado con su entrega más convencional, con un nivel de calidad muy inferior a todas sus predecesoras, y hasta el punto de que muy probablemente estemos hablando también del trabajo más pobre en la carrera de Jaume Balagueró, cuyo estilo no encuentro aquí por ningún lado. El abandono de los elementos más interesantes de la saga y la rendición a un género fácil y a una historia simplona con efectos especiales baratos y acción confusa es algo que sólo me puedo explicar si considero que esta fue una secuela que llegó demasiado tarde cuando el interés por la saga ya había decaído. Es una lástima porque había un gran potencial que se ha dejado perder aparentemente sin motivo alguno.
martes, agosto 04, 2015
Reseña: La cueva (2014)
martes, junio 03, 2014
Reseña: Retornados (2013)
Su premisa tiene lugar precisamente años después del Apocalipsis Zombi, cuando la humanidad se ha salvado gracias no sólo a la erradicación de los muertos vivientes, sino al descubrimiento de una droga capaz de mantener a raya la transformación en aquellos víctimas que están todavía en la fase inicial después de haber sido infectados. Pero la droga tiene un inconveniente, y es que debe ser inyectada periódicamente para detener el virus, por lo que nos encontramos ante una sociedad en la que una parte importante de la población es una bomba de relojería. Estos habitantes, conocidos en todas partes como los "retornados", se convierten así en seres temidos por todos y señalados por el gobierno, lo que por supuesto no pintará bien cuando llegue la inevitable crisis producto de la escasez de la milagrosa cura.
La ambientación de sci-fi realista y la mezcla de elementos de horror con una obvia metáfora social empareja a esta película con otras obras que ya hemos reseñado aquí como Daybreakers (2009) o The Purge (2013), aunque Retornados es quizás mucho menos explícita al tener lugar después de la crisis que da inicio a la trama y manejarse por el contrario bajo la amenaza de que dicha situación de horror pueda regresar. Este detalle es muy significativo porque estamos ante una de las pocas muestras de cine zombi en el que dichos cadáveres ambulantes brillan por su ausencia; de hecho, quitando el prólogo, en toda la película sólo hay una escena de violencia zombi, mientras que todo el resto del metraje no hace sino resaltar que el verdadero peligro reside no en los infectados sino en el miedo que poco a poco domina a la sociedad cuando la escasez y la amenaza del Otro se hacen presentes.
Esto último tiene también una interesante consecuencia y es que ninguno de los personajes se libra de momentos de ambigüedad moral; una de las cosas que la película explota (y muy bien) es hasta dónde somos capaces de llegar por proteger aquello que amamos incluso a costa de actos moralmente reprochables. Son estas ideas y la forma inteligente y honesta en la que maneja su premisa lo mejor que tiene y el motivo de que me haya gustado tanto, ya que del resto es una película muy sencilla en cuanto a estética y desarrollo. Con todo y eso, muy recomendable.
martes, febrero 04, 2014
Reseña: La sombra prohibida (2011)
domingo, mayo 05, 2013
Reseña: Mamá (2013)
sábado, agosto 04, 2012
Reseña: REC 3: Génesis (2012)
Si os pasó como a mí, en un principio habréis puesto pocas esperanzas en REC 3: Génesis (2012). De entrada el título prometía en principio una precuela que no se me antojaba muy interesante que se diga, y si bien me encanta la primera parte y considero la segunda incluso buena, no pensé que hubiese forma de seguir explotando el argumento más allá. Luego llegó un trailer que me hizo cambiar de parecer, y la película ha terminado de confirmar lo errado de mi recelo inicial. La verdad es que esta tercera entrega dirigida en solitario por Paco Plaza es una excelente película que logra salir airosa tras romper con gran parte de las señas de identidad que hicieron famosas a sus dos antecesoras. Probablemente sea también la mejor película que ha dirigido Plaza hasta la fecha, cosa que tiene mérito ya que estamos ante una historia bastante sencilla que transcurre no antes ni después sino paralelamente a las otras dos entregas, específicamente en una boda en la que se desata la epidemia de los zombis/endemoniados. Aún así, las referencias a las entregas anteriores son muy escasas, tanto que casi se podría afirmar que no hace falta haberlas visto para disfrutarlos.
El alejamiento no se da únicamente en el plano argumental sino también en cuanto al estilo; uno de los mayores aciertos de la película es la decisión por parte de sus responsables de abandonar el formato de metraje hallado en favor de la perspectiva tradicional, un cambio que se da de forma muy ingeniosa tras los primeros veinte minutos. Es una lástima que lo hayan revelado en los trailers y en todo el material publicitario, ya que hubiese quedado muy bien como sorpresa, aunque imagino que gran parte del público que ha tenido la película no hubiese ido a verla si no hubiese sabido que se abandonaba el estilo de cámara en mano de las anteriores.
Estamos también ante una película mucho más autoconsciente y clásica en cuanto a sus referencias, ya que en varias ocasiones parece abrazar los ineludibles ejemplos de los que la saga bebe, con escenas que remiten a The Evil Dead (1981), Demons (1985), Braindead (1992) y un largo etcétera. De estas toma no solamente los excesos sanguinolentos sino también los toques de humor, algunos de ellos brillantes, aderezados con una historia de amor en el centro de todo. El tema del humor es importante porque está perfectamente incorporado a la película y nunca se siente forzado ni puesto a costa de la dignidad de aquello que estamos viendo. Por el contrario, REC 3 muestra una genuina reverencia al género zombi que no desaparece ni siquiera en las escenas cómicas, eso aparte del acierto de la actriz protagonista.
Así que échenle un vistazo a REC 3 si es que no lo han hecho ya. Incluso aquellos que salieron decepcionados con la segunda entrega pueden encontrarle virtudes a esta gracias a la escasa referencia que hace a sus antecesoras. Ahora sólo falta ver como se las arregla Jaume Balagueró con la cuarta y (de momento) última entrega: Apocalipsis. Visto lo que hay aquí, me va a costar la espera. Desde ya entre lo más destacable de este año.
domingo, abril 08, 2012
Reseña: Mientras duermes (2011)
En la que fácilmente podría ser considerada su mejor película hasta la fecha (al menos en solitario), el director Jaume Balagueró consigue con Mientras duermes (2011) zafarse de todas sus limitaciones anteriores y construir no tanto una historia de terror al uso como más bien un excelente thriller que ahonda en la idea del Mal absoluto e inexplicable, un tema que el director ya había asomado en su primer largometraje, Los sin nombre (1999), pero que aquí está sin duda mucho mejor llevado a cabo. Es esta una película, asimismo, que abandona gran parte de la estética filogótica de los trabajos anteriores de Balagueró (extensibles además a gran parte del resto de producciones del padrino de Filmax, Julio Fernández) y abraza por el contrario una estética realista y cotidiana de los viejos edificios de apartamentos del Eixample de Barcelona, algo que el director ya había explotado, evidentemente, en REC (2007).
Pero en esta ocasión el trato que se da a la historia es otro; la ambientación Barcelonesa es únicamente una excusa para construir una atmósfera inseparable del personaje principal, impecablemente interpretado por ese titán llamado Luis Tosar en lo que es sin duda otra actuación memorable. Su personaje es un conserje de comunidad con un gran vacío existencial y una incapacidad patológica para ser feliz, un genio del mal que sólo consigue satisfacción causando la miseria de los demás y que desarrolla una enfermiza obsesión con una joven vecina a la que hará el objetivo de un plan tan siniestro como elaborado. Es sin duda Tosar una de las mejores cosas de la película y razón por sí sola para verla, pero por otro lado no hay que desdeñar el efectivo trabajo de guión de Alberto Marini, un habitual de Filmax que ya se había encargado de otros trabajos como Romasanta (2004) o Para entrar a vivir (2006), esta última también con Balagueró y también ambientada en los horrores residenciales.
Las influenias del thriller polanskiano son evidentes, con referencias nada veladas a obras como Repulsión (1965) o El quimérico inquilino (1976), pero sería un error destacar únicamente este factor referencial y no el trabajo de Balagueró en construir escenas de tensión realmente admirables como una angustiosa fuga de un apartamento o toda esa gloriosa secuencia final que consigue precisamente aquello en lo que Los sin nombre, al menos en mi opinión, fracasaba, y es adentrar al público en la idea del Mal absoluto e injustificable.
Debido a mi actual posición geográfica me perdí en su momento Mientras duermes cuando salió en cines y ahora tras haberla visto me doy cuenta de mi error y me decepciona aún más si cabe el hecho de que fuese completamente ignorada en la última edición de los premios Goya. Vosotros que leéis esto todavía estáis a tiempo. Evidentemente este es uno de los casos en los que el término de "cine de terror" está un poco estirado, pero cualquier duda desaparece una vez que termina esta película. Si Balagueró conseguirá mantener este nivel con el estreno este año (esperemos) de la cuarta parte de REC es algo que todavía está por verse. Yo personalmente creo que sí.
jueves, junio 02, 2011
Reseña: Los ojos de Julia (2010)

En caso de que os la hayáis perdido, Los ojos de Julia (2010) fue una de las principales apuestas del terror mainstream español el año pasado, la nueva producción de Guillermo del Toro con Belén Rueda como protagonista, esquema que viene directamente del éxito comercial de El orfanato (2007). Con todo y sus carencias, esta película me parece mucho más interesante que la anteriormente mencionada cinta de Bayona, al menos desde la perspectiva de alguien que gusta del cine de terror. Es también una obra hecha en gran medida para el lucimiento de su protagonista, quien aparece prácticamente en todas las escenas y quien lleva el ritmo del argumento en todo sentido, labor nada fácil de la cual la actriz sale bastante bien parada en su rol de una mujer que poco a poco se está quedando ciega y que busca desesperadamente aclarar el misterio de la muerte de su hermana gemela, cuyo supuesto suicidio se nota cada vez más sospechoso.
La trama detectivesca representa un gran cambio en estas producciones fanta-terroríficas de Del Toro al abandonar por completo el ángulo sobrenatural y dejar entrever las ganas del director y co-guionista Guillem Morales de emular las estructuras y momentos del thriller clásicos con inquívocas referencias a cintas como El fotógrafo del pánico (1960), Sola en la oscuridad (1967) o incluso El silencio de los corderos (1991), guiños que por otro lado son muy evidentes y han sido señalados más de una vez. Sin embargo, en la representación del asesino hay también cierta continuidad temática con otra película de Guillem Morales titulada El habitante incierto (2004), especialmente en lo que se refiere a la figura del "hombre invisible". Es de hecho la dirección de Morales una de las cosas que salva a la película, que en ocasines se hace demasiado larga y está plagada de salidas dramáticas y momentos tremendamente inverosímiles destinados únicamente a hacer que la trama avance a como de lugar.
Uno de los motivos por los cuales se hace larga es algo que ya estaba presente en El orfanato pero que aquí se nota un tanto exacerbada, y es la molesta presencia de un melodrama sentimental que se siente forzado y ñoño (atención a esa imagen final), y sobre todo imposible de combinar efectivamente con los recursos y maneras de cine de terror de los que la película hace gala, lo cual es una lástima porque aquellos momentos en los que la cinta realmente se adentra en el contenido terrorífico son bastante buenos. Es por eso que aquellos instantes dedicados a la exploración del lado romántico de la película se sienten como una interrupción muy poco agraciada que podría perfectamente haber sido dejada de lado en beneficio del lado más macabro del argumento, que en su tramo final alcanza cimas muy interesantes a pesar de que la "sorpresa" no es tal.
Esto y la estética es lo que al final termina haciendo rescatable Los ojos de Julia al menos como ejercicio de terror extravagante y elaborado. Curiosamente, es esta misma estética la que ha inspirado una reflexión breve pero interesante del crítico Jordi Costa en cuanto a la insistencia de gran parte del cine fantástico español de los últimos años en explotar la vertiente filogótica de sus historias en detrimento de otras formas de terror más viscerales y rompedoras. En todo caso, reflexiones aparte, me sigue pareciendo encomiable que Guillem Morales haya conseguido dejar entrever parte del estilo de su ópera prima en lo que es sin duda un intento de aprovechar la vertiente sobrenatural hispana cuya solvencia ante el público mayoritario ha quedado legitimada ya desde los tiempos de El espinazo del diablo (2000), la cual por cierto es mucho más recomendable que esta. El tiempo dirá si dicho estándar continuará repitiéndose.
domingo, diciembre 19, 2010
Reseña: La herencia Valdemar (2010)

Independientemente de los resultados me agrada que una película como La herencia Valdemar (2010) tenga al menos la valentía de atreverse a armar un relato que delata a su director, José Luis Alemán, como alguien ambicioso. Tanto que esta abultada historia de inspiración lovecraftiana ha tenido que dividirse en dos partes, con una secuela que hasta donde sé está pendiente aún de estrenarse. Lo de lovecraftiana por supuesto hay que matizarlo en el sentido de que los responsables de esta cinta no parecen estar tan interesados en abordar la mitología del autor de Providence sino más bien en dar una mirada nostálgica hacia un cine de terror de décadas pasadas en las que el fantástico se asume (por fortuna) sin complejos y se pierde en la recreación de caserones encantados, telarañas y candelabros. Nada de esto, evidentemente, tiene mucho que ver con Lovecraft, pero no creo que eso sea algo que se pueda señalar como defecto o carencia.
Decimos esto porque, como ya mencionábamos anteriormente, adaptar a Lovecraft es muy complicado porque sus mayores virtudes como contador de historias están ineludiblemente ligadas al medio. Por lo tanto, la idea de no optar por un relato específico del autor y simplemente emular el mundo por él creado es buena y sin duda meritoria. De todas formas, las intenciones de José Luis Alemán parecen ir más bien por otro lado y decantarse por un estilo que recuerda más bien al de las producciones de la Hammer y demás joyas del terror gótico de los sesenta y setentas. No en balde la inclusión de Paul Naschy (en la que sería una de sus últimas interpretaciones) en un papel secundario o la idea original de contar con Christopher Lee para el reparto, cosa que no se llegó a hacer. Por desgracia esta misma insistencia nostálgica hace que la película en determinados momentos se sienta increíblemente ingenua y artificial, con diálogos cargados de un dramatismo en ocasiones sonrojante y con determinados detalles estéticos que parecen puestos de forma completamente arbitraria, como por ejemplo la sorpresiva aparición de un zepellín y un tren de vapor en la España del siglo XXI.
Mentiría sin embargo si no dijera que hay cosas que me han agradado de La herencia Valdemar; contrariamente a lo que parece ser la opinión general, el trasfondo de la historia decimonónica es interesante aunque se vea mortalmente herido por la decisión de interpretar personajes históricos anglosajones hablando en castellano con un acento abiertamente hispano (y ya sé que el hecho de que esto mismo realizado al revés no me moleste dice mucho de mí, pero aún así...), algo que junto a lo artificioso de los diálogos termina sacándonos de la película. De hecho es la parte ambientada en la época actual la que menos me importó y la que considero sobraba, pero supongo que esto será el principal enfoque de la inminente segunda parte. Por este motivo la película que comentamos hoy quizás pueda considerarse como el necesario prólogo de una historia que todavía no ha terminado.
Muy a pesar de que sus minutos finales auguren lo contrario, lo cierto es que esta primera parte del relato iniciado por La herencia Valdemar es más bien un melodrama con elementos fantásticos, una historia de amor adornada con una pátina sobrenatural que tiene muy poco que ver con el Lovecraft cuyo nombre se invoca para dotar de prestigio a la película (ya de por sí la trama amorosa tiene poco que ver con el imaginario personal del autor de Providence), pero que hasta cierto punto puedo defender por algunas de sus ideas estéticas y sobre todo por la voluntad de seguir al pie de la letra lo que considera sus códigos propios. La segunda parte, titulada La sombra prohibida (2010) lo tendrá muy difícil al abandonar el mucho más interesante contexto del siglo XIX y regresar a la época actual, pero las imágenes mostradas a modo de trailer al final de esta primera entrega auguran un relato de terror más explícito. José Luis Alemán puede que no haya tenido mucha suerte con algo que hubiese quedado mucho mejor como una miniserie de televisión, pero la ingenuidad de su puesta en escena no deja de ser hasta cierto punto entrañable.
domingo, diciembre 05, 2010
Reseña: Buried (2010)
Una de las cosas en las que todo el mundo parece estar de acuerdo en cuanto a Buried (2010) es la manera como el director Rodrigo Cortés sale airoso de lo que de entrada se perfilaba como el mayor reto de la película: conseguir mantener el interés del espectador por un thriller de noventa minutos que transcurre literalmente en un solo escenario (minúsculo además) y en el que sólo vemos a un actor. Y sin embargo, esta película lo logra con creces hasta el punto de contar una historia genuinamente emocionante en la que siempre está ocurriendo algo y que hace de sus supuestas limitaciones su mejor arma a la hora de montar una intriga digna de un Hitchcock confinado a una locación mínima: un hombre secuestrado en Irak y enterrado vivo dentro de una caja de madera donde la única conexión con el exterior que tiene es un teléfono móvil con el que intentará conseguir su rescate. El punto de vista nunca abandona esa locación ni ese actor (un especialmente inspirado Ryan Reynolds) y con todo y eso mantiene la intriga y la genuina tensión de una carrera contra reloj que depara una que otra sorpresa.
La idea de la intriga vivida y narrada por un personaje aislado del mundo exterior no es nueva; en este sentido Buried recorre el camino trazado anteriormente por clásicos como La ventana indiscreta (1954), del ya mencionado Hitchcock o cintas más recientes como Última llamada (2002), de Joel Schumacher, entre otros ejemplos. La película de Cortés es si acaso más radical en cuanto a la limitación intencional de su espacio, pero al igual que en las otras dos, lo interesante no está únicamente en el gimmick narrativo, ya que al interés argumental hay que sumar el empleo de los esquemas del thriller para tejer una historia con una postura antibelicista y anticorporativa bastante evidente pero en la que el contenido político no se siente forzado ni opaca el factor de angustia y carrera contra el tiempo. Es por eso básicamente que sería un error valor la película únicamente por el hecho meramente anecdótico de transcurrir toda ella en una caja de madera.
Esto me parece así porque a pesar de la sensación de claustrofobia del punto de vista, hay determinados momentos en los que como espectador uno logra olvidarse que está dentro de la caja al dejarse llevar por la entrada de otros personajes en forma de audio que salen del teléfono móvil del protagonista, aparato que por lo demás tiene el propósito de hacer avanzar el argumento insinuando al público una acción paralela a varias bandas que tiene lugar fuera de los confines de madera en los que estamos encerrados y que seguimos con interés en todo momento. El complemento de ambos planos narrativos, por otro lado, está bastante conseguido en el sentido de que realmente nos interesamos por saber qué ocurrirá al final más allá del morbo de ver a Ryan Reynolds retorciéndose y ser sometido a las vejaciones que le depara la película. El desenlace (que por supuesto no revelaré aquí) funciona muy bien (a pesar de ser un tanto tramposo a nivel de construcción) porque revela hasta qué punto Cortés y el guionista Chris Sparling han sabido jugar con las emociones y los nervios de su cautivo público. Todo eso hace que desde aquí consideremos Buried como una de las mejores del año que está por finalizar y una muy digna continuadora de ese tormento y angustia por el que de vez en cuando nos gusta pasar en una sala de cine.
lunes, abril 05, 2010
Reseña: REC 2 (2009)

Finalmente, y a pesar de que me perdí su estreno comercial, he podido ver REC 2 (2009) gracias al adelanto de la programación del Fantasy Filmfest de este año. Confieso sin embargo que no guardaba demasiadas esperanzas; con todo lo impresionado que me dejó la primera entrega de REC (2007) pensaba que su premisa era demasiado sencilla para poder sacar una continuación medianamente decente, y estas dudas se mantuvieron cuando el avance reveló que se irían por el camino de la "secuela tipo Aliens". Resulta al final que estaba equivocado: aquellos que hayan gustado de la primera REC tienen muchos motivos para ver esta segunda parte, ya que no sólo tiene varios de los elementos que hicieron disfrutable la película de Plaza y Balagueró sino que encima es mucho más ambiciosa a nivel de narrativa.
Esto último se manifiesta en la curiosa decisión por parte de ambos directores de situar la secuela inmediatamente después de la primera parte pero aumentando los puntos de vista: si en la primera película se nos mostraba toda la historia desde la perspectiva de una cámara, en esta segunda parte hay tres cámaras diferentes que dividen la cinta en tres capítulos perfectamente definidos que van mucho más allá de un mero capricho estético o una necesidad de variar la trama; por el contrario, se complementan perfectamente. Por lo que he leído acerca de las reacciones causadas por esta película, mucha gente parece haberse sentido defraudada por el giro marcada y explícitamente sobrenatural que toma esta secuela, pero sinceramente a mí me ha parecido un gran acierto debido al tono en el que está presentado, con un muy evidente pero a la vez equilibrado sentido del humor que demuestra que en esta ocasión no se han tomado la película demasiado en serio. Gran parte de este tono entre lo terrorífico y lo cómico viene gracias al trabajo del protagonista Jonathan Mellor, quien con su histrionismo y su marcado acento anglosajón es con toda seguridad lo mejor de la película. No tengo ni idea de quién es este actor ni de dónde ha salido, pero necesitamos verlo más.
Ahora la pregunta más obvia: ¿está al nivel de la original? No sabría decir; la historia ya no tiene el factor sorpresa del primer REC y en el fondo está tocando material que ya conocemos. Pero lo que realmente juega en su contra es el final, muy decepcionante y hasta cierto punto incoherente con la mitología que Plaza y Balagueró nos han presentado hasta ese momento. Muchos aquí criticarán las dotes actorales de los involucrados en este desenlace, pero honestamente pienso que no se hubiese podido salvar de ninguna forma. Dicho final se siente bastante improvisado, como si hubiese sido creado sobre la marcha al no saber cómo cerrar la película, y para colmo es (esta vez sí) involuntariamente risible. Sin embargo este es el único escollo importante en REC 2, una gran secuela que no puede dejar de gustar a los que hayan disfrutado de la primera parte.
miércoles, noviembre 25, 2009
Reseña: The Birthday (2004)

Norman Forrestrer, entrañable y atolondrado personaje, acude a una fiesta de cumpleaños en un lujoso y decadente hotel, ocasión que aprovechará para conocer a la familia de su novia, Alisson, y de paso recuperar una relación que corre el peligro de distanciarse. Sin embargo, tras este mundano evento se esconden hechos mucho más siniestros que están ocurriendo en el hotel simultáneamente a lo que en apariencia es una celebración cualquiera. Esto es, básicamente, todo lo que se puede contar a priori del argumento de The Birthday (2004) sin destripar lo que ocurre en la película. Se trata asimismo del primer largometraje de Eugenio Mira y una película que, lo confieso, he tardado demasiado tiempo en ver. A pesar de haber contado con un pase comercial tardío y discreto (¿hubo pase?), la cinta no ha hecho sino recoger grandes elogios que, esta vez, están plenamente justificados: es una película genuinamente rara, extravagante e inclasificable pero sobre todo fascinante, una en la que todos los elementos encajan en la creación de una historia con potencial de culto instantáneo, algo que últimamente sólo recuerdo que me haya pasado con cintas como Donnie Darko (2001) o Hijos de los hombres (2006).
La decisión de Eugenio Mira en cuanto a la técnica de narración es, sin embargo, bastante arriesgada: a lo largo de la película no hay elipsis alguna, todos los hechos que ocurren están narrados en tiempo real, pero este detalle, que en otras manos hubiese sido poco más que un gimmick meramente anecdótico, aquí se convierte en la columna vertebral de la película. A pesar de que la cámara persigue constantemente a Norman (creo que no hay un solo plano en el que no aparezca), muchas de las cosas más importantes ocurren al fondo de la escena y es sólo después que descubrimos su relevancia.
El narrar toda la historia a través de los ojos de un personaje omnipresente es otro riesgo del que esta película sale airosa. De hecho, gran parte de la efectividad del relato reside en la actuación de Corey Feldman, que aquí hace el que sin duda es uno de sus mejores trabajos; en serio, tras verlo aquí me cuesta mucho entender cómo el que otrora fuera uno de los mayores ídolos juveniles de los ochenta haya permanecido debajo del radar todo este tiempo. Es precisamente su actuación, perfectamente equilibrada entre el horror y la comedia, y dotada de manierismos que delatan una aparente azarosidad en cada uno de sus movimientos u ocurrencias, lo que da a The Birthday gran parte de su singular tono. La actriz Erica Prior, vista anteriormente en la también española El segundo nombre (2002) también hace un trabajo memorable teniendo en cuenta que tiene en el personaje de la novia uno de los más difíciles de la película y el que requiere la mayor cantidad de registros. De hecho, he tenido que mirar la ficha de la película en IMDB para darme cuenta de que era la misma actriz de la cinta de Paco Plaza.
El hotel en el que transcurre la acción es otro personaje en sí mismo: un laberinto lleno de recovecos cuyo diseño geométrico recuerda mucho al Overlook de El resplandor (1980), siendo este tan sólo uno de los muchos detalles que denotan una marcada nostalgia por los ochenta (década en la que, por cierto, está ambientada la película), pero es una nostalgia comedida que no agobia al espectador con referencias y que, por el contrario, ayuda a introducirnos en un ambiente desquiciado que aumenta la sensación de desconcierto absoluto que identifica al espectador con Norman. Todo el desarrollo del argumento se da de forma tremendamente gradual, hasta el punto de que muchas veces podemos incluso olvidarnos del género de la película que estamos viendo. Sin embargo, cualquier pega que podamos ponerle a The Birthday se disipa cuando llegan los últimos veinte minutos, uno de los mejores clímax que podemos presenciar, en el que la desquiciada premisa de la película llega a su punto máximo y en el que Norman ha hecho su inadvertida metamorfosis de pelele a héroe, así como un muy valiente final. Son demasiados los detalles que se podrían mencionar y que evidencian la técnica del director y el dominio absoluto de todos y cada uno de los elementos de escena, así que sólo puedo repetirme y recomendar esta que, sin duda, es una de las películas más destacables de los últimos años en lo que a las comedias de horror se refiere. Por mi parte puedo decir que desde ya estoy esperando lo próximo de Eugenio Mira ansiosamente.
martes, octubre 20, 2009
Reseña # 300: ¿Quién puede matar a un niño? (1976)

De entre todos los tabúes cinematográficos, matar a un niño en pantalla ha sido uno de los más destacables y difundidos, al menos dentro del cine comercial. La película ¿Quién puede matar a un niño? (1976) sabe jugar muy bien con ese hecho al proporcionarnos una larga introducción basada principalmente en metraje documental acerca de las diferentes atrocidades del siglo XX y sus consecuencias sobre los más pequeños, algo que condiciona al espectador desde el principio a favor de los niños. Lo curioso es ver cómo esta predilección es puesta a prueba más adelante al entrar de lleno en una situación dramática en la cual, inequívocamente, los niños son una verdadera amenaza.
Basada en la novela El juego de los niños, de Juan José Plans, ¿Quién puede matar a un niño? es también el segundo y hasta la fecha último largometraje dirigido por Narciso Ibáñez Serrador, quien a pesar de contar con sólo dos películas en su haber, es siempre destacado como uno de los nombres ineludibles a la hora de hablar de cine de terror hecho en España. Alejado esta vez de los horrores de ambiente gótico mostrados en La residencia (1969), esta película tiene lugar en la época actual y en un ambiente que por sí solo representa la antítesis de lo que normalmente entendemos como la estética del terror: un pueblo de la Costa Brava en el cual una pareja de turistas ingleses (ella además embarazada) va a pasar sus vacaciones de verano. El marido propone entonces visitar la isla de Almanzora, que ya conociera en su juventud y la cual representa el escape de ese ajetreado mundo de turistas, así como la encarnación del sueño apacible del Mediterráneo. Es aquí donde comienza la película propiamente dicha, ya que Almanzora, una isla completamente cortada de la civilización, se ha convertido en un pueblo fantasma donde los niños, por razones que nunca son explicadas, han comenzado a matar a los adultos.
Ya desde los primeros minutos se nota la habilidad de Ibañez Serrador para los ambientes de genuino miedo; al ruido y jolgorio general de la península se contrapone el silencio sepulcral del pueblo isleño, donde todo transcurre a plena luz del día y donde el color blanco de las casas y la inamovibilidad absoluta de la aldea hablan de un calor asfixiante. Este silencio está apenas roto por elementos que hablan de una vida interrumpida: un carro de helados con la mercancía derretida, un pollo quemado que da vueltas sin parar sobre las brasas, una tele encendida mostrando sólo nieve en su pantalla y una misteriosa llamada telefónica con una voz que pide ayuda en alemán, elementos tras los cuales nos damos cuenta de que algo terrible ha pasado. Antes incluso de que sepamos la naturaleza del peligro, el suspense creado por el pueblo vacío (una imagen muy poderosa que Ibañez Serrador maneja de forma muy eficiente) es lo suficientemente fuerte para mantener nuestra atención, y cuando por fin se desata la amenaza de los críos, la película inicia una escalada de tensión que no para hasta el final.

Los niños son sin duda lo mejor; la película muestra sus matanzas como si se tratase de un juego infantil, mostrando a los niños casi siempre sonrientes sin por ello renunciar a imágenes abiertamente macabras como el juego de la piñata (referenciado por cierto al principio de la película), así como toda la secuencia dentro de la iglesia. Con todo y eso, los críos son genuinamente temibles, en primer lugar por su gran número, y en segundo lugar porque la diferencia lingüística entre ellos y los protagonistas realza el carácter de "extraños en tierra extraña" de la película.
Sin embargo, lo que me resulta más curioso de esta película es cómo Ibañez Serrador asienta el drama sobre las bases de una diatriba moral presente ya en el título; ¿es alguien capaz de matar a un niño por sobrevivir? Francamente no sé cómo sería tratado este tema por el público actual, pero al menos la intención por parte del director parece ser la de resaltar el contraste entre las horribles imágenes del prólogo y la propia reticencia de los personajes (y el público) a contraatacar a los niños, recordándonos así que si bien los críos son sagrados en la ficción, en la vida real no parecen serlo demasiado. La película asimismo presenta este mismo conflicto en los personajes al introducir una subtrama apenas esbozada acerca del niño que espera la pareja y al cual el marido quiso en un momento abortar. Nada tiene que ver esto, sin embargo, con moralismos de parte de Ibañez Serrador, ya que precisamente ese embarazo tiene un papel fundamental en la que es probablemente una de las secuencias más recordadas y transgresoras de la película.
Aparte de la novela en la que se basa, Narciso Ibáñez Serrador hace gala de diversas influencias literarias como El señor de las moscas, de William Golding (muy clara es la referencia que se hace a esta novela en un determinado momento del desenlace), pero sus principales fuentes de inspiración son cinematográficas, algo que se nota en pasajes que nos remiten directamente a películas como La invasión de los ultracuerpos (1956), El pueblo de los malditos (1960), Los pájaros (1963) o La noche de los muertos vivientes (1968), cintas que han dejado innegable huella en esta obra que se ha ganado por mérito propio el ser considerada entre las indispensables del género de terror español, una gran película que no se puede dejar pasar, y mucho menos ahora que su ya bastante anticipado remake se acerca inexorablemente.
domingo, febrero 24, 2008
Reseña: Los otros (2001)

En el caso de que sea necesaria alguna clase de introducción, tendré que comenzar estas escuetas líneas aclarando que soy de los que piensan que Alejandro Amenábar es un director que está muy lejos de convencerme y cuya obra está muy por debajo de lo que la mayoría de los críticos se empeñan en hacernos creer, pero en lo que se refiere a Los otros (2001) tengo que condecerle más que eso. Sí, es cierto que su primera y (hasta la fecha) única cinta en inglés tiene muy poco de original y mucho de vampirismo cinematográfico (especialmente de aquellas películas inspiradas en La vuelta de tuerca, de Henry James, una de esas novelas a las que el cine parece volver una y otra vez), pero no es menos cierto que de todas sus películas es para mí la más redonda, la mejor acabada y la única que puedo ver sin momentos chirriantes y malos rollos. La discusión de si es o no una película de terror no viene al caso: saldo dicha polémica diciendo que para mí sí lo es, y en mayor medida que muchas de las que ya se han reseñado acá.
Los otros es también uno de los mayores éxitos taquilleros producidos en este país, y si no entusiasmó más al fandom internacional fue quizás debido a su proximidad con El sexto sentido (1999), de M. Night Shyamalan, película que a pesar de haberse estrenado dos años antes todavía estaba (y está) muy fresca en la mente del público hasta el punto de dar cabida a un gran número de estrenos en los que el horror físico se dejaba de lado para volver a los cuentos de fantasmas. Estos son tanto reales como metafóricos, especialmente el gran Fantasma de la Guerra, una presencia que se deja permear a lo largo de la cinta atrapando a los personajes en un eterno presente. El personaje de Nicole Kidman es por eso una especie de Penélope no exenta de un triste patetismo al defender el hogar y los críos no ya de unos pretendientes, sino de una Soledad (con mayúsculas) que la va cercando a ella y a sus dos pequeños, una pareja de niños afectados por una dolencia física que no les permite salir más allá de los muros de su grande y vacío domicilio.
Donde reside probablemente la mayor gloria de Amenábar es en la manera tan eficaz como logra mezclar el discurso de fábula oscura con momentos de genuino pavor muy propio de ese cine que está homenajeando/plagiando: secuencias como la del ático con sus muebles cubiertos de sábanas, la progresivamente siniestra presencia de los criados y la manera como saca a relucir aspectos macabros de nuestra cultura sin llegar nunca a recurrir al exploit (hablo aquí del famoso álbum de muertos) nos indican que el director no deja nunca de estar consciente de que, por mucho que se pretenda crear una historia alrededor de un tema, los objetivos emocionales del género de terror no tienen por qué representar una entrega a la banalidad. Es eso lo que (ante mis ojos al menos) encumbra a esta película sobre otras con similares aspiraciones, como El orfanato (2007) de Bayona, por poner algún ejemplo reciente.
Llegado cierto momento se hace tremendamente obvio cual va a ser el giro final dará la película. A pesar de eso no decepciona, ya que dicha revelación es más que un golpe de efecto: es una consecuencia lógica y coherente con la metáfora que constituye la trama. Los otros ha sido en muchas ocasiones ninguneada incluso por los mayores defensores de Amenábar, quizás por no haber sido rodada en español o por alejarse de ese cine "comprometido" con el que posteriormente se relacionaría a su director. Lo cierto es que ninguna otra de sus cintas me ha dejado como esta. Eso tiene que valer algo.
sábado, diciembre 01, 2007
Reseña: REC (2007)

Desde mucho antes de su estreno, y tras su reciente paso por Sitges (a cuya famosa proyección, por desgracia, no pude asistir), REC (2007) venía envuelta en un halo de espectativas increíble, quizás exagerado para algo que, en el fondo, es una película extremadamente sencilla cuyas máximas virtudes están precisamente en lo literal de su propuesta. Aún así, resulta sorprendente ver cómo algo que comenzó más o menos como un proyecto marginal de sus dos directores (Jaume Balagueró y Paco Plaza) ha terminado por convertirse no sólo en una de las películas de terror más efectivas de este año, sino además en la obra más contundente hasta la fecha para ambos realizadores, a quienes Filmax debería tener en consideración ahora más que nunca.
Para aquellos que hayan estado encerrados en un búnker durante el último año y medio, informo que REC es básicamente una película de zombis narrada desde el punto de vista de una cámara de vídeo que registra el brote de la epidemia en un edificio barcelonés sitiado por las fuerzas del orden, y en el que la mala suerte ha querido que quedaran encerrados los dos responsables de un programa local de tele-realidad, junto con los bomberos y unos cuantos vecinos. Las ya comentadas semejanzas con películas como El proyecto de la bruja de Blair (1999) son, cuando mucho, superficiales y limitadas únicamente al formato: al contrario de lo que ocurría con el falso documental de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, REC no parece estar montada, sino estar compuesta únicamente por el material en bruto de una cámara que registra un hecho violento, "real" y visceral en el que el protagonista termina siendo no la guapa reportera de televisión o el invisible cámara "Pablo", sino el público que recibe todos y cada uno de los vapuleos.
Si arriba decía que REC es una película sencilla no lo hacía en un término peyorativo. Al contrario de lo que sucede en el cine de zombis canónico (hablo aquí evidentemente del cine de George Romero), la cinta de Balagueró y Plaza no hace gala de segundas lecturas o interpretaciones de ningún tipo más allá de la muestra (a veces en clave humorística) de las miserias que suelen apoderarse de los humanos bajo estado de sitio. Ambos directores parecen estar mucho más interesados en la forma en que se transmite la historia y en el efecto emocional que imprime en el espectador, algo que no sería reprochable ya que el cine de terror es, en esencia, un género de emociones, no de discursos intelectuales (aunque evidentemente pueda llegar a ser mucho más). Bajo esta luz, la película da en el clavo: una vez superada la introducción del supuesto programa e iniciada la escalada de terror del argumento, lo que viene es una hora de las más intensas que se hayan visto en el cine de terror, al menos este año. De eso no me cabe ninguna duda.
Es esa a mi parecer la mayor virtud de la película: la capacidad de transmitir ese desenfreno en el espectador a lo largo de casi una hora y en un crescendo constante del que, por desgracia, me parece que Balagueró y Plaza no han encontrado la forma más idónea de salir. El primero utiliza su ya conocida fórmula de creación de ambientes repitiendo incluso con un escenario no muy distante del empleado en su anterior película, Para entrar a vivir (2006). El truco sale bien, pero al ser una experiencia que principalmente depende de la sensación producida y poco más, me permito mostrar cierto escepticismo a la hora de repetir visionado, que es cuando realmente se reconoce una gran película. Concedo, eso sí, que las tácticas empleadas a la hora de meter miedo al personal son muy efectivas aunque las hayamos visto muchas veces e incluso recientemente: ciertas imágenes y momentos de la película (algunos de los más escalofriantes) ya los habíamos visto anterioremente en El amanecer de los muertos (2004) de Zack Snyder, sólo que aquí dichos momentos están tratandos con el filtro del realismo similar al periodismo de guerra.
En resumen, no sé hasta que punto se pueda decir que REC es una de las mejores películas de terror españolas que se han hecho, pero sí es cierto que es una de las más honestas y menos tramposas y pretenciosas, y que al mismo tiempo (esto es lo mejor sin duda) no ha caído en la tentación de irse por el camino fácil de la caspa. El hecho de que sea una película tan visceral y directa puede herir (quizás) sus prospectos en el futuro, pero no puedo negar que me lo ha hecho pasar muy mal. ¿Y acaso no es eso de lo que va el cine de terror en el fondo?
domingo, octubre 28, 2007
Reseña: El orfanato (2007)

Pocas cosas quedan ya por decir sobre El orfanato (2007), salvo tal vez la sorpresa que me ha causado el tremendo guante de seda con el que la crítica ha tratado una película que en la práctica no pasa de ser una propuesta más o menos potable. Que conste que no hablo de las típicas críticas tarifadas con las cuales las distribuidoras suelen apoyar sus productos; las alabanzas a la opera prima de Juan Antonio Bayona han alcanzado incluso varios de los estratos de la blogósfera. Y es que si algo me queda claro tras el visionado de esta película es que, en su caso concreto, parece haber dos apreciaciones distintas: aquellos que ven la cinta en su calidad de aporte a la "industria" cinematográfica española (específicamente aquella que se afinca en el cine de género y no en repetitivos dramones de la Guerra Civil o vulgar proselitismo social) y aquellos que la juzgan únicamente en su calidad de película. Las opiniones son desiguales, pero eso se debe a que el trabajo de Bayona también lo es.
Y es que, a nivel puramente narrativo, los fallos de El orfanato resultan más que evidentes: de entrada se hace obvio que estamos ante una película de retazos cuyas secuencias más interesantes lo son porque están tomadas de clásicos como Suspense (1961), Al final de la escalera (1980) y Poltergeist (1982), o incluso de obras más recientes como Los otros (2001) y Frágiles (2005), todas ellas (hay que decirlo) muy superiores a la película de Bayona, que en el fondo no pasa de ser otro exponente más de la ya gastada fórmula de caserones antiguos, niños chungos y secretos del pasado, todo ello girando alrededor del ya muy manido arquetipo de "Madre Coraje" enfrentándose a las fuerzas sobrenaturales para recuperar al hijo desaparecido. Difícil lo tiene el señor Bayona para lograr algo interesante a partir de una premisa a la que no se le da ningún nuevo aporte, y encima poniendo todo el peso protagónico en una actriz tan limitada como Belén Rueda, que salta de la abulia a la histeria de forma inexplicable.
Otro problema que tiene es que el inicio, en el que el personaje de Belén Rueda llega con su familia al antiguo caserón asturiano donde se erigía el orfanato de su niñez, se hace demasiado largo y poco interesante. Es únicamente cuando por fin aparece el elemento sobrenatural que la película de Bayona empieza a cobrar fuerza, una virtud que se pone de manifiesto en lo que para mí es una de sus mejores secuencias: aquella que involucra a los investigadores paranormales, entre los que se cuenta a una Geraldine Chaplin haciendo de Zelda Rubinstein. Por desgracia, este interesante momento (que da paso a un frenético y efectivo showdown sobrenatural entre la protagonista y los habitantes de la casa) se ve truncado por la llegada de un final desastroso; no solamente el twist final que encierra la historia es predecible hasta decir basta, sino que detrás de él se esconde un desenlace excesivamente edulcorado y cursi, que intenta ser sublime y poético pero fracasa estrepitosamente. Esto es culpa no sólo de las evidentes limitaciones de Belén Rueda como actriz, sino de un guión lleno de agujeros argumentales, inconsistencias y cabos sueltos que al final no tiene nada mejor que hacer que estafar al espectador.
Aún así, no todo es malo, ya que la película de Bayona consigue momentos realmente buenos cuando intenta recrearse en su atmósfera y huir de sentimentalismos melodramáticos. Es únicamente cuando escapa de su potencial como película de terror cuando se despeña. Además, el solo hecho de que se preste atención al cine de género realizado en este país (y en español) ya es un avance, aunque la beneficiada sea esta película y no otras mucho mejores que se han realizado anteriormente, como por ejemplo El espinazo del diablo (2000), de Guillermo del Toro, quien aquí ejerce de productor ejecutivo convirtiendo la película en una pareja temática de su propia obra El laberinto del Fauno (2006). Más allá de eso, se hace para mí inexplicable la cantidad de críticas positivas que esta cinta ha recibido.
El Orfanato, por lo tanto, se puede apreciar de dos formas: si bien representa un buen paso para la formación de una industria de género en el país, como película resulta bastante pobre y fácilmente olvidable. Al igual que como pasó con 28 semanas después (2007), estamos ante una cinta mediana que ha recibido un bombo desproporcionado únicamente porque su director es español. Eso no hay quien me lo quite de la cabeza.
martes, mayo 08, 2007
Reseña: Los abandonados (2007)
Como ya lleva un par de semanas en cartelera, quizás no tenga sentido decir a estas alturas lo mucho que me decepcionó Los abandonados (2007), la última apuesta fuerte de Filmax en ese nebuloso sub-género de las películas de terror rodadas con capital y talento español pero en idioma inglés (para apuntar sin duda a una distribución internacional). La película venía además recomendada por partida doble: no sólo se trata de la ópera prima de un prometedor cortometrajista como Nacho Cerdá (a quien no conozco pero cuya obra me han recomendado mucho), sino que además había terminado como la favorita del público en el After Dark Horrorfest 2006, celebrado el pasado mes de noviembre. Mi conclusión es que se trata de una película en la que su realizador muestra bastante oficio para tratarse de un primer largo, pero que finalmente se viene abajo por su falta de sustancia y su caótica premisa, así como unos errores imperdonables para una película de este género. En todo caso, lo mejor será ir por partes.
La historia trata de una mujer americana de origen ruso llamada Mila, que tras cuarenta años viviendo en Estados Unidos decide volver a su Rusia natal (cómo llegó hasta América no lo sabemos) para finalmente recobrar la granja que ha heredado de su madre, asesinada poco después de su nacimiento y de la cual no sabe nada. Para Mila, viajar hasta la granja significa mucho más que recuperar una propiedad ya carente de valor; se trata de reencontrarse con sus raíces y averiguar quien fue esa mujer que murió protegiéndola. Una vez llegada a esta ruinosa granja perdida en medio de las estepas rusas (alerta de gazapos: cualquiera con conocimientos sobre las principales urbes europeas reconocerá enseguida que la supuesta ciudad rusa que se muestra en la película es Sofía, la capital de Bulgaria) se encuentra con un soldado llamado Nicolai, quien resulta ser su hermano gemelo (!), separado de ella al nacer y atraido "misteriosamente" a aquella propiedad por los mismos motivos.
La aparición de unos seres sobrenaturales que habitan la granja ocurre justo a tiempo para evitar que el espectador se pregunte como una mujer sola que no habla ni pizca de ruso accede a viajar con un desconocido hasta un bosque apartado de la civilización. Es a partir de entonces cuando Mila y Nicolai (casi los únicos personajes que aparecen en aproximadamente una hora) van averiguando poco a poco los secretos que se esconden en aquella granja y el terrible evento que acabó con su familia y terminó separándoles por cuarenta años. Todo esto mientras que la presencia fantasmal de la casa intenta constantemente destruirles, atrapándoles sin remedio en un círculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
No hay muchas maneras de explicar la trama de Los abandonados porque realmente no hay una. La mayor parte de la película se va en la recreación continua de una atmósfera que finalmente se hace repetitiva y monótona (no exagero cuando digo que al menos la mitad del metraje se va en largas e interminables secuencias en las que Mila recorre pasillos y habitaciones oscuras con una linterna en la mano). Aparte de perderse en la ambientación (la única carta que en realidad tiene), Cerdá parece dejar que la película se le vaya de las manos con el personaje de Nicolai, cuya actitud a lo largo de todo el metraje resulta inexplicable. Constamente está explicando cosas que, o bien estamos viendo con nuestros propios ojos (haciendo redundante cualquier explicación), o bien él mismo no tiene forma de saber. En estas reiteraciones continuas se va desarrollando toda la película dando manotazos de ciego, hasta que llegados los últimos minutos (predecibles y sobresaturados de sustos fáciles y gastados recursos de cámara temblorosa) ya no nos importa absolutamente nada de lo que ocurra. La película se va en un constante "quiero y no puedo" poco menos que criminal. Cerdá en ningún momento nos ofrece nada con qué jugar, sino que va dosificando su juego esperando que el mal rollo creado por esa casa ruinosa sea suficiente para nosotros (no lo es).
Salí de la sala con ganas de valorar mejor esta película, ya que contiene una ambientación bastante buena que hubiese dado mucho juego a una historia con más sustancia, pero al final no puedo. No solamente no ocurre nada, sino que cuando finalmente algo sucede, se trata de un resultado absurdo, inverosímil y lleno de lagunas argumentales y lógicas capaces de hacerme perder la paciencia. Filmax ha creado en anteriores ocasiones productos muy superiores a este esfuerzo bien hecho (sin duda) pero vacío y fácilmente olvidable. Para la próxima vez será.
viernes, noviembre 17, 2006
Reseña: Regreso a Moira (2006)

La cuarta entrega de las Películas para no dormir cae sobre el regazo de Mateo Gil, guionista habitual de Alejandro Amenábar y que realiza con Regreso a Moira (2006) su primera incursión como director en el género de terror. Sin embargo, justo es decir que su capítulo es, en gran parte, un melodrama acerca del despertar sexual de un joven de pueblo en la España del franquismo, y es sólo al final cuando ocurre un desenlace que coloca a la historia en las lindes de la narrativa de miedo.
Esta diferencia se percibe en la manera como la historia se va contando a dos bandas: la película abre con la figura de Tomás, un escritor que ha vivido en un exilio personal desde que abandonara España hace más de cuarenta años, y que un día, tras la inesperada muerte de su esposa, recibe una carta del Tarot que sólo pudo haberle enviado una persona: Moira, la mujer de la que estuvo enamorado siendo apenas un muchacho y de la cual sólo sabemos que lleva muerta más de cuatro décadas. Tomás decide, ante este extraño hecho, regresar a España y a su pueblo natal para enfrentarse finalmente a su propio pasado y al fuerte remordimiento que al parecer fue la causa de su fuga.
Esta historia se va entrelazando con una serie de flashbacks a través de los cuales vemos a Tomás en sus años mozos, cuando conoce a Moira y comienza con ella una relación amorosa que poco a poco se convierte en obsesión ante todo el misterio que rodea la vida de esta bella mujer, que vive aislada y odiada por todo el pueblo, en medio de acusaciones de brujería. Estos saltos al pasado constituyen el grueso de la historia, y la verdad, no son nada que no hayamos visto antes. La relación de Tomás con sus amigos pasa por todos los clichés típicos de la "madurez" de los adolescentes varones, y la historia misma de una mujer que resulta ser una bomba sexual en medio de un pueblo atrasado de la Europa mediterránea (y que termina revelando la absoluta barbarie de una sociedad de viejas beatas y hombres rústicos) es una trama que hemos visto literalmente cientos de veces. Si se salva es precisamente por la presencia de Natalia Millán, quien es más que correcta como Moira en su efectiva mezcla de sensualidad enigmática. Por desgracia, la elección del inexpresivo Juan José Ballesta como el joven Tomás es bastante desafortunada, ya que nunca pude superar la sensación de que aquel muchacho era un perfecto imbécil.
La otra historia, aquella en la que un Tomás viejo regresa al pueblo (y a Moira) es, por el contrario, excelente, y acapara por sí sola toda la tensión y el misterio que rodea el delicado halo sobrenatural de la trama. Casi todos los aspectos terroríficos de Regreso a Moira están concentrados aquí, desde las visiones fantasmagóricas de Tomás hasta el miedo que siente al visitar los antiguos espacios de su juventud, especialmente la abandonada casa de su antigua amante, que permanece como un ruinoso cáncer enclavado en el corazón de un pueblo que crece gracias al progreso. El final es, asimismo, lo mejor, y lo único que coloca a este episodio de las Películas para no dormir en el género al cual supuestamente pertenece.
Si toda la cinta hubiese tenido esta contundencia, sin duda tendríamos una valoración mucho más positiva. Sin embargo, este melodrama de Mateo Gil se queda como un producto correcto, pero poco más si lo comparamos con los primeros capítulos de la serie.









