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viernes, febrero 23, 2018

Reseña: Verónica (2017)

Emergiendo después de sus trabajos con Jaume Balagueró, y con su primer largometraje en solitario fuera de la saga de REC (2007) en una década, Paco Plaza vuelve con Verónica (2017), una cinta de terror sobrenatural basada en el famoso caso "real" ocurrido en el barrio madrileño de Vallecas a principios de los noventa. Esta cinta sonó mucho en el momento de su estreno y si no pude verla en aquella ocasión fue, para variar, por motivos geográficos. Finalmente he podido acercarme a ella y comprobar de primera mano que se trata de una muy sólida y eficiente película de terror con la que Plaza se marca no sólo su mejor obra en solitario hasta la fecha sino también la que probablemente sea una de las cintas de miedo más sólidas del panorama mainstream español en mucho tiempo, una historia muy sencilla que aunque bebe de numerosas fuentes tanto foráneas como dentro de la propia obra de Plaza, es altamente recomendable para todos los que se acercan regularmente por aquí.

Una cosa que siento que tengo que decir de entrada es que el cartel con que la han anunciado no le hace justicia ya que parece presagiar una historia de posesiones diabólicas de toda la vida cuando la película es algo completamente distinto: en la cinta Verónica es una chica de quince años que tras una muy torpe e imprudente sesión de Ouija con sus amigas comienza a ser acosada por un ente maligno que se obsesiona con ella y sus tres hermanos pequeños. Por mi parte yo no conocía el supuesto caso real en el que se basa así que el argumento me pilló más o menos de sorpresa, y puesto que de todas formas los nombres están cambiados es probable que incluso aquellos que lo conozcan superficialmente puedan llevarse un par de sorpresas. Es precisamente el gancho de "basado en hechos reales" lo que hasta cierto punto representa una de las principales fortalezas de la película ya que su ambientación de barrio de clase obrera es magnífica y de lejos una de las principales marcas de identidad de la película, sobre todo en lo que se refiere al clima familiar de Verónica, su madre ausente y la tremenda carga de responsabilidad que son sus hermanos, algo que hace aún más creíble a su personaje y su decisión de enfrentarse valientemente a la amenaza sobrenatural que los está poniendo en peligro.

Toda la película está narrada desde el punto de vista de la chica, lo cual funciona principalmente gracias a un muy buen elenco, sobre todo el de los niños, algo muy poco habitual en este tipo de cine. La perspectiva infantil/juvenil se nota mucho en ciertos momentos y la emparenta con otra muy buena película de Plaza como es Cuento de Navidad (2006), con la que comparte además el empleo de elementos pop para destacar su ambientación de época (en Cuento de Navidad era el cine fantástico de los ochenta y aquí es la presencia constante de Héroes del silencio en la banda sonora). Al ser una película de terror comercial de nuestra época es muy evidente la huella que ha dejado el trabajo de directores como James Wan, aunque no es la única referencia ya que parte de la ambientación y la forma como está presentada la película y su énfasis en el realismo traen también a colación otros éxitos del cine de terror hispano como el propio REC, cuya huella se siente en los oscuros pasillos de ese edificio viejo convertido en escenario de terror.

Oscura y tensa por momentos, pero dotada de momentos de humor y con una protagonista grandiosa por su fuerza y determinación, Verónica ha sido todo un descubrimiento para mí, con todo y sus fallos producto más bien de los clichés normalmente asociados a este tipo de cine de terror con fantasmas y demonios de por medio. A pesar de todo es una gran película de miedo, y un regreso por todo lo alto para Paco Plaza, de quien espero muchas cosas más en el futuro. Muy buena.

viernes, febrero 16, 2018

Reseña: La piel fría (2017)

En donde vivo sólo he podido verla en un festival, pero si vivís en España muy probablemente hayáis tenido ya la oportunidad de echar un vistazo a La piel fría (2017), una co-producción española rodada en inglés, dirigida por el francés Xavier Gens y basada en la famosa novela de Alberto Sánchez-Piñol, y un proyecto además que venía gestándose desde hace mucho tiempo y que finalmente se ha hecho realidad obteniendo unos resultados un tanto más modestos de lo que originalmente prometía. Por mi parte puedo decir sólo que leí la novela hace mucho tiempo por lo que hay muchas cosas de ella que no recuerdo, pero sí tengo claro que la sensación que me dejó aquel libro fue muy distinta y que la mayoría de sus elementos más interesantes han sido suavizados o directamente eliminados en esta adaptación que intenta ser una película de monstruos mucho más de andar por casa, combinando algunos momentos muy buenos con secuencias de serie Z más típicas de otros trabajos menos ambiciosos.

Si no conocéis la novela os adelanto que el argumento es muy sencillo y minimalista, con apenas dos hombres que vigilan un faro en una isla desierta y que deben hacer frente cada noche a hordas de monstruos mitad humano mitad reptil dispuestos a devorarles por la osadía de invadir su territorio. En lo que sin duda es uno de los mayores aciertos del guión, la película mantiene la ambientación de época de la novela, lo cual no sólo hace más creíble el argumento sino que al mismo tiempo le dota de cierto tinte lovecraftiano muy en concordancia con las influencias de la propia novela, en un escenario que por momentos parece situar a sus protagonistas en el fin del mundo. 

Donde la película falla para mí es precisamente en sus aspiraciones comerciales que han terminado por eliminar casi por completo el subtexto de malsano erotismo inter-especie y la tensión sexual existente entre el protagonista y una criatura anfibia hembra (interpretada aquí por una magistral Aura Garrido absolutamente irreconocible bajo todo el maquillaje de monstruo). Este lado erótico era probablemente la parte más interesante de la novela y ha sido completamente dejada de lado en beneficio de la lucha entre los dos personajes humanos y las criaturas, que pasa a un primer plano y que convierte la cinta en una película de monstruos un tanto casposa en ocasiones y sobre todo muy repetitiva. Ha sido una lástima porque siento que en gran medida ha desaprovechado el potencial no sólo de la novela sino también de un director como Xavier Gens, quien había demostrado ya su valía con películas como las muy superiores Frontière(s) (2007) y The Divide (2011). 

Con todo esto no quisiera daros la impresión de que no me ha gustado La piel fría porque no es así. Pero sí es cierto que es una pena que estemos hablando de una serie B eficiente cuando el material en el que se basa daba para mucho más, sobre todo porque al centrarse tanto en el aspecto de cine de monstruos han abandonado gran parte de los ángulos existenciales de su argumento y que hacían más comprensible, por otro lado, un final de carácter cíclico que aquí se vuelve un tanto inexplicable y caprichoso. A pesar de todo, la he disfrutado, pero no creo que vuelva a verla en mucho tiempo.

jueves, enero 07, 2016

Reseña: REC 4: Apocalipsis (2014)

Iniciando el año con una que tenía pendiente desde hace ya mucho tiempo: REC 4: Apocalipsis (2014) es la entrega final de la que probablemente sea una de las sagas más populares del cine de terror español de los últimos tiempos. De entrada saben todos los que se pasan por aquí que la primera REC (2007), dirigida por el duo Jaume Balagueró/Paco Plaza es además una de mis cintas de horror favoritas, y un proyecto muy exitoso que salió prácticamente de la nada. La segunda entrega, REC 2 (2009) fue muy similar en cuanto a estilo y como secuela debo decir que funcionó bastante bien. REC 3: Génesis (2012) rompió con la tradición no sólo abandonando el formato de metraje hallado de las dos entregas anteriores sino además separando a la pareja de directores de sus predecesoras (sólo Paco Plaza dirigió en aquella ocasión) y al mismo tiempo haciendo de su película una precuela y dándole un muy agradecido toque de comedia que la convirtió en una rareza muy destacable. Para esta cuarta cinta, dirigida esta vez por Balagueró en solitario, el regreso de su protagonista Ángela Vidal prometía una vuelta al horror de la original, un cierre de la historia que había quedado abierta en la segunda entrega y un tono épico que se intuía por la palabra Apocalipsis en el título.

Al final nada de eso ha parecido tener mucha importancia, y lo cierto es que más allá del retraso de una secuela que (honestamente) llega a destiempo, REC 4 ha terminado por ser una gran decepción muy alejada de todas las especulaciones que me había hecho sobre ella. Pero es una decepción no porque Balagueró haya decidido no darnos una continuación de la trama de posesiones diabólicas que ya perfilaba en la segunda REC y abordar en cambio una historia distinta, sino porque el resultado es una cinta tremendamente convencional que desprecia prácticamente todo el legado de sus antecesoras y construye en cambio un remedo barato de una peli de zombis en un barco, con sus personajes en un muy predecible estado de sitio y un tratamiento cutre de sus posibilidades al rendirse a una superficial película de acción en alta mar. Es básicamente una producción de The Asylum rodada en España, perezosa y casi en piloto automático hasta su final.

Mientras la veía lo único que conseguía preguntarme era qué intención existía realmente al hacer esta película, si había alguien que efectivamente quería abordar esta secuela tal como lo han hecho. Después de todo, la segunda entrega ya dejaba asomar en su final un conflicto muy específico que se auguraba como algo grande, con el demonio habitante de la niña Medeiros escapando a la ciudad y Ángela Vidal convertida en villana. Nada de eso ocurre aquí: por el contrario el argumento vuelve en cierto modo a la casilla uno al situar la acción en el espacio reducido de un barco en alta mar. Aparte de eso, el guión hace grandes piruetas para (inexplicablemente) volver a hacer de Manuela Velasco la heroína a pesar de que se pasa gran parte del metraje sin hacer nada y es sólo en los últimos minutos cuando su personaje toma realmente la iniciativa de algo. Por supuesto el formato de metraje hallado y la perspectiva cámara en mano ha sido completamente abandonada en favor de una estructura de película de acción muy básica y sobre todo muy predecible, con giros narrativos imposibles y varias escenas que buscan emular cintas mucho mejores, desde La cosa (1982) de John Carpenter hasta la propia REC original.

En realidad el problema de la cinta se resume muy fácilmente: lo que prometía ser una gran franquicia se ha cerrado con su entrega más convencional, con un nivel de calidad muy inferior a todas sus predecesoras, y hasta el punto de que muy probablemente estemos hablando también del trabajo más pobre en la carrera de Jaume Balagueró, cuyo estilo no encuentro aquí por ningún lado. El abandono de los elementos más interesantes de la saga y la rendición a un género fácil y a una historia simplona con efectos especiales baratos y acción confusa es algo que sólo me puedo explicar si considero que esta fue una secuela que llegó demasiado tarde cuando el interés por la saga ya había decaído. Es una lástima porque había un gran potencial que se ha dejado perder aparentemente sin motivo alguno.

martes, agosto 04, 2015

Reseña: La cueva (2014)

A manera de anécdota debo contar que vi La cueva (2014) durante el verano pasado en el Berlin Fantasy Filmfest, bajo el mucho más pomposo título In Darkness We Fall. Supongo que este título se debe al hecho de que ya existe una cinta de terror anglosajona titulada The Cave (2005) y no querían prestarse a confusiones. El caso es que entré sin saber nada de ella, y mi sorpresa fue mayúscula porque la terminé disfrutando mucho a pesar de que en términos generales no creo que vayamos a recordarla de aquí a un tiempo. De todas formas, tampoco creo que las intenciones detrás de ella hayan estado muy alejadas de esto porque tengo la sensación de estar principalmente ante un intento por parte de la productora Filmax de repetir el éxito conseguido años atrás con REC (2007); aquí se repiten varios de los mismos elementos que funcionaron aquella vez, desde el formato de metraje hallado, la cámara en mano en medio de la oscuridad y una situación genuinamente angustiosa de un grupo de amigos de excursión en Formentera que se pierden en una laberíntica caverna y van sucumbiendo a la desesperación cuando el hambre, la sed y el miedo comienzan a apoderarse de ellos.

Todo esto conforma un arsenal de terror bastante básico, hay que admitirlo, pero que por una vez parece funcionar. Es una suerte porque la verdad es que no hay prácticamente nada de originalidad en esta película: ya desde prácticamente el principio quedan muy bien establecidas las distintas personalidades de cada uno de los miembros del grupo, así como la existencia de una capa conflictiva que subyace debajo de lo que a primera vista parece ser una gran amistad, y no sólo eso sino que incluso el menos avispado del público podrá anticipar ya desde los primeros minutos cuál será el papel que desempeñará cada uno de estos personajes una vez que llegue la situación límite en la que se encuentran. En fin, todo muy obvio y prácticamente sin ninguna sorpresa, puesto que incluso el final se puede fácilmente intuir.

Lo que sí es verdad que no pude anticipar fue el uso tan eficiente que la película da a su muy limitado repertorio. Tal como mencionábamos arriba, aquí no hay monstruos ni enemigos de ninguna clase, sino que son los propios personajes los que dan rienda suelta al horror una vez que su relación se resquebraja y comienzan a ser dominados por su desgracia. El recurso de la cámara en mano es un tanto barato y no siempre está justificado más allá de la funcionalidad que tiene para el propio espectador (básicamente la creación de una perspectiva subjetiva que te mete de lleno en la película), pero el gran acierto que tiene, uno del que además puede jactarse ante otras historias de cavernas que hemos reseñado en el pasado, es en su uso de locaciones reales. No solamente estamos hablando de que rodaron en una cueva de verdad, sino que incluso el hecho de que los personajes en ningún momento puedan ponerse completamente de pie ayuda a crear un clima de angustia impresionante que hizo que lo pasara muy mal. No exagero: por un momento llegué a sentirme físicamente mal y estuve a punto de salirme de la sala hasta que el interés por el argumento me retuvo, así que aquellos que sufran de algo de claustrofobia ya quedan advertidos.

Esta sensación visceral es probablemente lo más destacable de La cueva, ya que como decíamos no estamos ante un trabajo muy original o que vaya a marcar una pauta en el cine de terror actual, ni siquiera dentro de este formato tan de moda como el del docu-terror. Sin embargo, teniendo en cuenta mis (justificados) prejuicios ante el uso del metraje hallado como recurso, el que haya encontrado una cinta de estas características como algo rescatable no es algo que se vea todos los días. 

martes, junio 03, 2014

Reseña: Retornados (2013)

Habría que reconocer el inmenso mérito de Retornados (2013) tan sólo en el hecho de haber conseguido algo nada fácil hoy en día: sacar un ángulo novedoso al muy manido tema de lo zombi. Y efectivamente, es la idea base de la que parte una de las cosas más interesantes de esta producción hispano-canadiense que llegó a mi ciudad luego de haber pasado por varios festivales. Es curioso, sin embargo, que no haya escuchado hablar más de ella durante su paso por España (ni siquiera sé si se llegó a estrenar comercialmente) porque, insisto, me ha gustado mucho y pienso que da mucho juego en una época en la que el cine de muertos vivientes se ha uniformizado aún más de lo habitual.

Su premisa tiene lugar precisamente años después del Apocalipsis Zombi, cuando la humanidad se ha salvado gracias no sólo a la erradicación de los muertos vivientes, sino al descubrimiento de una droga capaz de mantener a raya la transformación en aquellos víctimas que están todavía en la fase inicial después de haber sido infectados. Pero la droga tiene un inconveniente, y es que debe ser inyectada periódicamente para detener el virus, por lo que nos encontramos ante una sociedad en la que una parte importante de la población es una bomba de relojería. Estos habitantes, conocidos en todas partes como los "retornados", se convierten así en seres temidos por todos y señalados por el gobierno, lo que por supuesto no pintará bien cuando llegue la inevitable crisis producto de la escasez de la milagrosa cura.

La ambientación de sci-fi realista y la mezcla de elementos de horror con una obvia metáfora social empareja a esta película con otras obras que ya hemos reseñado aquí como Daybreakers (2009) o The Purge (2013), aunque Retornados es quizás mucho menos explícita al tener lugar después de la crisis que da inicio a la trama y manejarse por el contrario bajo la amenaza de que dicha situación de horror pueda regresar. Este detalle es muy significativo porque estamos ante una de las pocas muestras de cine zombi en el que dichos cadáveres ambulantes brillan por su ausencia; de hecho, quitando el prólogo, en toda la película sólo hay una escena de violencia zombi, mientras que todo el resto del metraje no hace sino resaltar que el verdadero peligro reside no en los infectados sino en el miedo que poco a poco domina a la sociedad cuando la escasez y la amenaza del Otro se hacen presentes.

Esto último tiene también una interesante consecuencia y es que ninguno de los personajes se libra de momentos de ambigüedad moral; una de las cosas que la película explota (y muy bien) es hasta dónde somos capaces de llegar por proteger aquello que amamos incluso a costa de actos moralmente reprochables. Son estas ideas y la forma inteligente y honesta en la que maneja su premisa lo mejor que tiene y el motivo de que me haya gustado tanto, ya que del resto es una película muy sencilla en cuanto a estética y desarrollo. Con todo y eso, muy recomendable. 

martes, febrero 04, 2014

Reseña: La sombra prohibida (2011)

La herencia Valdemar (2010), y su secuela La sombra prohibida (2011), forman realmente una sola película dividida en dos partes, y forman también una de las mayores oportunidades perdidas que he visto en ese fantástico mainstream hispano que desde ya hace un tiempo he venido siguiendo. Esta probablemente sea una de las reseñas más banales que haya hecho jamás, puesto que el único motivo para haber revisado esta secuela tres años después es el completismo más absoluto. Había quedado muy desencantado con la primera parte, así que vi esta segunda sólo por curiosidad y me ha parecido aún peor que la primera. Su caos argumental y lo vergonzoso de algunos momentos e imágenes sólo pueden explicarse por su voluntad de querer corregir de forma apresurada los errores de la primera entrega, hasta el punto de ignorar casi todo lo que predecesora había establecido.

Tanto es así, que al final todo el argumento ubicado en el pasado en el que Valdemar trae un demonio del inframundo (con todo y su revelación final y su historia de amor trágico) termina teniendo un peso mucho menor de lo que podía esperarse y no es para nada el centro de la historia. De hecho, esta segunda parte toma el camino opuesto a la primera al estar ambientada en su mayoría en el presente, con una investigación sobre un hermético culto de místicos y la presencia, por supuesto, del famoso Necronomicón lovecraftiano que aquí tiene un papel principal. Aquellos que hayan visto el trailer seguramente recordarán además la presencia del propio Cthulhu, un gigantesco monstruo CGI que se convierte en la principal atracción del atropellado clímax de la película.

Por desgracia esto es todo lo que se puede decir del argumento porque no hay mucho más que sacar. En su afán de ir desechando aquello que el público rechazó en la primera parte (incluyendo esa trama amorosa que parecía ser el centro del argumento), la película muestra una estructura anti-narrativa sin pies ni cabeza. No es ese el único cambio que se ha hecho para peor, puesto que un detalle en apariencia insignificante revela cómo a veces no hay que hacer caso a nuestros prejuicios; así como en la primera parte teníamos la aparición de Aleister Crowley como personaje, en La sombra prohibida aparece nada menos que  el propio H.P. Lovecraft, incorporado a la trama de forma un tanto gratuita, he de decir. Recordaréis que en la primera entrega comentábamos lo extraño que nos parecía escuchar al famoso ocultista Crowley hablando en un perfecto castellano. Pues bien, alguien parece haber escuchado, puesto que el Lovecraft de esta secuela aparece hablando en español con un muy marcado acento anglosajón, lo cual lejos de mejorar su interpretación lo hace parecer aún más ridículo y da a sus escenas un extraño aire de comedia involuntaria que no le sienta nada bien.

Tras ver La sombra prohibida me reafirmo una vez más en dos idea que me venían a la mente tanto en aquel entonces como ahora: que esta descalabrada historia parece más bien el resultado de rodar una larga partida de rol de inspiración lovecraftiana, y que el dilatado tiempo transcurrido entre el estreno de la primera parte y el de su continuación se debió no tanto a la fría recepción que tuvo La sombra Valdemar (que también) sino a la necesidad de retocar un sinfín de detalles que intentaron desandar el camino de su antecesora aún a costa de la coherencia interna del relato. Una pena porque al final lo que más ha trascendido de la película ha sido por un lado su forma de financiación privada (en unos tiempos en los que el apoyo institucional al cine recibía críticas por todos lados) y por otro el aluvión de reseñas negativas que le cayeron encima y que llevaron al director a pronunciarse públicamente. En resumen, este costoso experimento ha terminado por ser una terrible película a la que no encuentro cómo recomendar.

domingo, mayo 05, 2013

Reseña: Mamá (2013)

Uno de los estrenos principales del horror comercial de este año, la co-producción española Mamá (2013) tiene el problema que (para mí al menos) suelen hacer frustrantes casi todas las películas de terror producidas por Guillermo del Toro, y es que al final nunca terminan de ser totalmente películas de terror. Al igual que como ocurre en otras de sus producciones como El orfanato (2007) o Splice (2009), o incluso en aquellas que él mismo ha dirigido como Cronos (1993) o El espinazo del Diablo (2000), en Mamá hay un claro elemento de fantasía oscura y toque de cuento de hadas que la aleja de los preceptos del cine de miedo. Lo bueno es que dicha tendencia la ayuda a tener su propio imaginario y a conseguir interesantes logros estéticos, pero esto mismo puede terminar alejando a aquellos que, como yo por desgracia, buscan algo más dado al horror sobrenatural y que ya se prometía en el trailer.

Por supuesto, es sabido por todos que esta película está basada en un cortometraje de terror que el propio director y guionista Andrés Muschietti realizó hace unos años. El atractivo del corto original es principalmente estético y de ambientación, por lo que es de esperarse que el argumento de la película no tenga realmente mucho que ver, y se vaya más bien por los lados de un hombre que tras cinco años de frenética búsqueda encuentra a sus sobrinas en una cabaña abandonada en el bosque. Las niñas, reducidas a poco más que animales en el tiempo que han estado apartadas de la civilización, se van a vivir con su tío a una casa de acogida y poco tardamos en descubrir que han traído consigo a "Mamá", un ente sobrenatural que al parecer es quien cuidaba de ellas en el bosque. La naturaleza de este ente y la forma de deshacerse de él es de lo que en el fondo va la película.

Como ya decíamos antes, el tono de cuento de hadas infantil está muy bien conseguido, y de hecho la película comienza de forma inmejorable, con grandes aciertos estéticos y dos de los críos más inquietantes que he visto en mucho tiempo (mención especial para la más pequeña de las niñas y la forma cómo se resuelve el hecho de no haber aprendido a caminar correctamente). En este sentido es de agradecer que el argumento, a diferencia de la mayor parte de este tipo de cine, no se centre en la figura paterna sino en el drama personal de la novia del prota (una Jessica Chastain que sale muy guapa aquí, debo decir) que se ve obligada a cuidar de las crías debido a la ausencia del personaje del tío en gran parte del metraje. De hecho se podría decir que es ella la que acaba cobrando el papel protagónico y la que termina en cierta forma de impulsar adelante la inevitable trama de investigación que suele surgir en una historia de estas características. Todo este trozo inicial está muy bien hecho, con algunos sustos muy buenos cuanto más sutiles, y con algunas instancias de terror que hacen pasar por alto varios de los lugares comunes que suelen poblar estas producciones.

Lo malo es que precisamente a medida que avanza, la película va dejando atrás esa sutileza que tan bien funcionaba. Es así como del ambiente malsano dado por la amenaza no vista de la "madre" pasamos a la presencia cada vez mayor de un monstruo realizado por ordenador que va perdiendo su carácter grotesco para convertirse en una caricatura a medida que lo van mostrando cada vez más. Esto es lo que termina por empujar la película de lleno en el terreno de la fantasía hasta llegar a un clímax final que hará tirar la toalla a aquellos que busquen una película de terror. A pesar de que me parecen interesantes algunos de los innegables logros de Muschietti en esta cinta, la pérdida del componente de miedo y el apresurado y atropellado desenlace destruyen gran parte de su propuesta inicial. Pero sobre todo decepciona el hecho de que con todo y su atrevimiento estético, Mamá termine rindiéndose a una convencional historia de fantasmas vengativos a la que únicamente se ha añadido el twist de cuento de hadas típico por otra parte de su productor Guillermo del Toro. A pesar de eso, es una película curiosa, pero poco más.

sábado, agosto 04, 2012

Reseña: REC 3: Génesis (2012)

Si os pasó como a mí, en un principio habréis puesto pocas esperanzas en REC 3: Génesis (2012). De entrada el título prometía en principio una precuela que no se me antojaba muy interesante que se diga, y si bien me encanta la primera parte y considero la segunda incluso buena, no pensé que hubiese forma de seguir explotando el argumento más allá. Luego llegó un trailer que me hizo cambiar de parecer, y la película ha terminado de confirmar lo errado de mi recelo inicial. La verdad es que esta tercera entrega dirigida en solitario por Paco Plaza es una excelente película que logra salir airosa tras romper con gran parte de las señas de identidad que hicieron famosas a sus dos antecesoras. Probablemente sea también la mejor película que ha dirigido Plaza hasta la fecha, cosa que tiene mérito ya que estamos ante una historia bastante sencilla que transcurre no antes ni después sino paralelamente a las otras dos entregas, específicamente en una boda en la que se desata la epidemia de los zombis/endemoniados. Aún así, las referencias a las entregas anteriores son muy escasas, tanto que casi se podría afirmar que no hace falta haberlas visto para disfrutarlos. 

El alejamiento no se da únicamente en el plano argumental sino también en cuanto al estilo; uno de los mayores aciertos de la película es la decisión por parte de sus responsables de abandonar el formato de metraje hallado en favor de la perspectiva tradicional, un cambio que se da de forma muy ingeniosa tras los primeros veinte minutos. Es una lástima que lo hayan revelado en los trailers y en todo el material publicitario, ya que hubiese quedado muy bien como sorpresa, aunque imagino que gran parte del público que ha tenido la película no hubiese ido a verla si no hubiese sabido que se abandonaba el estilo de cámara en mano de las anteriores.

Estamos también ante una película mucho más autoconsciente y clásica en cuanto a sus referencias, ya que en varias ocasiones parece abrazar los ineludibles ejemplos de los que la saga bebe, con escenas que remiten a The Evil Dead (1981), Demons (1985), Braindead (1992) y un largo etcétera. De estas toma no solamente los excesos sanguinolentos sino también los toques de humor, algunos de ellos brillantes, aderezados con una historia de amor en el centro de todo. El tema del humor es importante porque está perfectamente incorporado a la película y nunca se siente forzado ni puesto a costa de la dignidad de aquello que estamos viendo. Por el contrario, REC 3 muestra una genuina reverencia al género zombi que no desaparece ni siquiera en las escenas cómicas, eso aparte del acierto de la actriz protagonista.

Así que échenle un vistazo a REC 3 si es que no lo han hecho ya. Incluso aquellos que salieron decepcionados con la segunda entrega pueden encontrarle virtudes a esta gracias a la escasa referencia que hace a sus antecesoras. Ahora sólo falta ver como se las arregla Jaume Balagueró con la cuarta y (de momento) última entrega: Apocalipsis. Visto lo que hay aquí, me va a costar la espera. Desde ya entre lo más destacable de este año.

domingo, abril 08, 2012

Reseña: Mientras duermes (2011)

En la que fácilmente podría ser considerada su mejor película hasta la fecha (al menos en solitario), el director Jaume Balagueró consigue con Mientras duermes (2011) zafarse de todas sus limitaciones anteriores y construir no tanto una historia de terror al uso como más bien un excelente thriller que ahonda en la idea del Mal absoluto e inexplicable, un tema que el director ya había asomado en su primer largometraje, Los sin nombre (1999), pero que aquí está sin duda mucho mejor llevado a cabo. Es esta una película, asimismo, que abandona gran parte de la estética filogótica de los trabajos anteriores de Balagueró (extensibles además a gran parte del resto de producciones del padrino de Filmax, Julio Fernández) y abraza por el contrario una estética realista y cotidiana de los viejos edificios de apartamentos del Eixample de Barcelona, algo que el director ya había explotado, evidentemente, en REC (2007).

Pero en esta ocasión el trato que se da a la historia es otro; la ambientación Barcelonesa es únicamente una excusa para construir una atmósfera inseparable del personaje principal, impecablemente interpretado por ese titán llamado Luis Tosar en lo que es sin duda otra actuación memorable. Su personaje es un conserje de comunidad con un gran vacío existencial y una incapacidad patológica para ser feliz, un genio del mal que sólo consigue satisfacción causando la miseria de los demás y que desarrolla una enfermiza obsesión con una joven vecina a la que hará el objetivo de un plan tan siniestro como elaborado. Es sin duda Tosar una de las mejores cosas de la película y razón por sí sola para verla, pero por otro lado no hay que desdeñar el efectivo trabajo de guión de Alberto Marini, un habitual de Filmax que ya se había encargado de otros trabajos como Romasanta (2004) o Para entrar a vivir (2006), esta última también con Balagueró y también ambientada en los horrores residenciales. 

Las influenias del thriller polanskiano son evidentes, con referencias nada veladas a obras como Repulsión (1965) o El quimérico inquilino (1976), pero sería un error destacar únicamente este factor referencial y no el trabajo de Balagueró en construir escenas de tensión realmente admirables como una angustiosa fuga de un apartamento o toda esa gloriosa secuencia final que consigue precisamente aquello en lo que Los sin nombre, al menos en mi opinión, fracasaba, y es adentrar al público en la idea del Mal absoluto e injustificable. 

Debido a mi actual posición geográfica me perdí en su momento Mientras duermes cuando salió en cines y ahora tras haberla visto me doy cuenta de mi error y me decepciona aún más si cabe el hecho de que fuese completamente ignorada en la última edición de los premios Goya. Vosotros que leéis esto todavía estáis a tiempo. Evidentemente este es uno de los casos en los que el término de "cine de terror" está un poco estirado, pero cualquier duda desaparece una vez que termina esta película. Si Balagueró conseguirá mantener este nivel con el estreno este año (esperemos) de la cuarta parte de REC es algo que todavía está por verse. Yo personalmente creo que sí.

jueves, junio 02, 2011

Reseña: Los ojos de Julia (2010)

En caso de que os la hayáis perdido, Los ojos de Julia (2010) fue una de las principales apuestas del terror mainstream español el año pasado, la nueva producción de Guillermo del Toro con Belén Rueda como protagonista, esquema que viene directamente del éxito comercial de El orfanato (2007). Con todo y sus carencias, esta película me parece mucho más interesante que la anteriormente mencionada cinta de Bayona, al menos desde la perspectiva de alguien que gusta del cine de terror. Es también una obra hecha en gran medida para el lucimiento de su protagonista, quien aparece prácticamente en todas las escenas y quien lleva el ritmo del argumento en todo sentido, labor nada fácil de la cual la actriz sale bastante bien parada en su rol de una mujer que poco a poco se está quedando ciega y que busca desesperadamente aclarar el misterio de la muerte de su hermana gemela, cuyo supuesto suicidio se nota cada vez más sospechoso.

La trama detectivesca representa un gran cambio en estas producciones fanta-terroríficas de Del Toro al abandonar por completo el ángulo sobrenatural y dejar entrever las ganas del director y co-guionista Guillem Morales de emular las estructuras y momentos del thriller clásicos con inquívocas referencias a cintas como El fotógrafo del pánico (1960), Sola en la oscuridad (1967) o incluso El silencio de los corderos (1991), guiños que por otro lado son muy evidentes y han sido señalados más de una vez. Sin embargo, en la representación del asesino hay también cierta continuidad temática con otra película de Guillem Morales titulada El habitante incierto (2004), especialmente en lo que se refiere a la figura del "hombre invisible". Es de hecho la dirección de Morales una de las cosas que salva a la película, que en ocasines se hace demasiado larga y está plagada de salidas dramáticas y momentos tremendamente inverosímiles destinados únicamente a hacer que la trama avance a como de lugar.

Uno de los motivos por los cuales se hace larga es algo que ya estaba presente en El orfanato pero que aquí se nota un tanto exacerbada, y es la molesta presencia de un melodrama sentimental que se siente forzado y ñoño (atención a esa imagen final), y sobre todo imposible de combinar efectivamente con los recursos y maneras de cine de terror de los que la película hace gala, lo cual es una lástima porque aquellos momentos en los que la cinta realmente se adentra en el contenido terrorífico son bastante buenos. Es por eso que aquellos instantes dedicados a la exploración del lado romántico de la película se sienten como una interrupción muy poco agraciada que podría perfectamente haber sido dejada de lado en beneficio del lado más macabro del argumento, que en su tramo final alcanza cimas muy interesantes a pesar de que la "sorpresa" no es tal.

Esto y la estética es lo que al final termina haciendo rescatable Los ojos de Julia al menos como ejercicio de terror extravagante y elaborado. Curiosamente, es esta misma estética la que ha inspirado una reflexión breve pero interesante del crítico Jordi Costa en cuanto a la insistencia de gran parte del cine fantástico español de los últimos años en explotar la vertiente filogótica de sus historias en detrimento de otras formas de terror más viscerales y rompedoras. En todo caso, reflexiones aparte, me sigue pareciendo encomiable que Guillem Morales haya conseguido dejar entrever parte del estilo de su ópera prima en lo que es sin duda un intento de aprovechar la vertiente sobrenatural hispana cuya solvencia ante el público mayoritario ha quedado legitimada ya desde los tiempos de El espinazo del diablo (2000), la cual por cierto es mucho más recomendable que esta. El tiempo dirá si dicho estándar continuará repitiéndose.

domingo, diciembre 19, 2010

Reseña: La herencia Valdemar (2010)

Independientemente de los resultados me agrada que una película como La herencia Valdemar (2010) tenga al menos la valentía de atreverse a armar un relato que delata a su director, José Luis Alemán, como alguien ambicioso. Tanto que esta abultada historia de inspiración lovecraftiana ha tenido que dividirse en dos partes, con una secuela que hasta donde sé está pendiente aún de estrenarse. Lo de lovecraftiana por supuesto hay que matizarlo en el sentido de que los responsables de esta cinta no parecen estar tan interesados en abordar la mitología del autor de Providence sino más bien en dar una mirada nostálgica hacia un cine de terror de décadas pasadas en las que el fantástico se asume (por fortuna) sin complejos y se pierde en la recreación de caserones encantados, telarañas y candelabros. Nada de esto, evidentemente, tiene mucho que ver con Lovecraft, pero no creo que eso sea algo que se pueda señalar como defecto o carencia.

Decimos esto porque, como ya mencionábamos anteriormente, adaptar a Lovecraft es muy complicado porque sus mayores virtudes como contador de historias están ineludiblemente ligadas al medio. Por lo tanto, la idea de no optar por un relato específico del autor y simplemente emular el mundo por él creado es buena y sin duda meritoria. De todas formas, las intenciones de José Luis Alemán parecen ir más bien por otro lado y decantarse por un estilo que recuerda más bien al de las producciones de la Hammer y demás joyas del terror gótico de los sesenta y setentas. No en balde la inclusión de Paul Naschy (en la que sería una de sus últimas interpretaciones) en un papel secundario o la idea original de contar con Christopher Lee para el reparto, cosa que no se llegó a hacer. Por desgracia esta misma insistencia nostálgica hace que la película en determinados momentos se sienta increíblemente ingenua y artificial, con diálogos cargados de un dramatismo en ocasiones sonrojante y con determinados detalles estéticos que parecen puestos de forma completamente arbitraria, como por ejemplo la sorpresiva aparición de un zepellín y un tren de vapor en la España del siglo XXI.

Mentiría sin embargo si no dijera que hay cosas que me han agradado de La herencia Valdemar; contrariamente a lo que parece ser la opinión general, el trasfondo de la historia decimonónica es interesante aunque se vea mortalmente herido por la decisión de interpretar personajes históricos anglosajones hablando en castellano con un acento abiertamente hispano (y ya sé que el hecho de que esto mismo realizado al revés no me moleste dice mucho de mí, pero aún así...), algo que junto a lo artificioso de los diálogos termina sacándonos de la película. De hecho es la parte ambientada en la época actual la que menos me importó y la que considero sobraba, pero supongo que esto será el principal enfoque de la inminente segunda parte. Por este motivo la película que comentamos hoy quizás pueda considerarse como el necesario prólogo de una historia que todavía no ha terminado.

Muy a pesar de que sus minutos finales auguren lo contrario, lo cierto es que esta primera parte del relato iniciado por La herencia Valdemar es más bien un melodrama con elementos fantásticos, una historia de amor adornada con una pátina sobrenatural que tiene muy poco que ver con el Lovecraft cuyo nombre se invoca para dotar de prestigio a la película (ya de por sí la trama amorosa tiene poco que ver con el imaginario personal del autor de Providence), pero que hasta cierto punto puedo defender por algunas de sus ideas estéticas y sobre todo por la voluntad de seguir al pie de la letra lo que considera sus códigos propios. La segunda parte, titulada La sombra prohibida (2010) lo tendrá muy difícil al abandonar el mucho más interesante contexto del siglo XIX y regresar a la época actual, pero las imágenes mostradas a modo de trailer al final de esta primera entrega auguran un relato de terror más explícito. José Luis Alemán puede que no haya tenido mucha suerte con algo que hubiese quedado mucho mejor como una miniserie de televisión, pero la ingenuidad de su puesta en escena no deja de ser hasta cierto punto entrañable.

domingo, diciembre 05, 2010

Reseña: Buried (2010)

Una de las cosas en las que todo el mundo parece estar de acuerdo en cuanto a Buried (2010) es la manera como el director Rodrigo Cortés sale airoso de lo que de entrada se perfilaba como el mayor reto de la película: conseguir mantener el interés del espectador por un thriller de noventa minutos que transcurre literalmente en un solo escenario (minúsculo además) y en el que sólo vemos a un actor. Y sin embargo, esta película lo logra con creces hasta el punto de contar una historia genuinamente emocionante en la que siempre está ocurriendo algo y que hace de sus supuestas limitaciones su mejor arma a la hora de montar una intriga digna de un Hitchcock confinado a una locación mínima: un hombre secuestrado en Irak y enterrado vivo dentro de una caja de madera donde la única conexión con el exterior que tiene es un teléfono móvil con el que intentará conseguir su rescate. El punto de vista nunca abandona esa locación ni ese actor (un especialmente inspirado Ryan Reynolds) y con todo y eso mantiene la intriga y la genuina tensión de una carrera contra reloj que depara una que otra sorpresa.

La idea de la intriga vivida y narrada por un personaje aislado del mundo exterior no es nueva; en este sentido Buried recorre el camino trazado anteriormente por clásicos como La ventana indiscreta (1954), del ya mencionado Hitchcock o cintas más recientes como Última llamada (2002), de Joel Schumacher, entre otros ejemplos. La película de Cortés es si acaso más radical en cuanto a la limitación intencional de su espacio, pero al igual que en las otras dos, lo interesante no está únicamente en el gimmick narrativo, ya que al interés argumental hay que sumar el empleo de los esquemas del thriller para tejer una historia con una postura antibelicista y anticorporativa bastante evidente pero en la que el contenido político no se siente forzado ni opaca el factor de angustia y carrera contra el tiempo. Es por eso básicamente que sería un error valor la película únicamente por el hecho meramente anecdótico de transcurrir toda ella en una caja de madera.

Esto me parece así porque a pesar de la sensación de claustrofobia del punto de vista, hay determinados momentos en los que como espectador uno logra olvidarse que está dentro de la caja al dejarse llevar por la entrada de otros personajes en forma de audio que salen del teléfono móvil del protagonista, aparato que por lo demás tiene el propósito de hacer avanzar el argumento insinuando al público una acción paralela a varias bandas que tiene lugar fuera de los confines de madera en los que estamos encerrados y que seguimos con interés en todo momento. El complemento de ambos planos narrativos, por otro lado, está bastante conseguido en el sentido de que realmente nos interesamos por saber qué ocurrirá al final más allá del morbo de ver a Ryan Reynolds retorciéndose y ser sometido a las vejaciones que le depara la película. El desenlace (que por supuesto no revelaré aquí) funciona muy bien (a pesar de ser un tanto tramposo a nivel de construcción) porque revela hasta qué punto Cortés y el guionista Chris Sparling han sabido jugar con las emociones y los nervios de su cautivo público. Todo eso hace que desde aquí consideremos Buried como una de las mejores del año que está por finalizar y una muy digna continuadora de ese tormento y angustia por el que de vez en cuando nos gusta pasar en una sala de cine.

lunes, abril 05, 2010

Reseña: REC 2 (2009)

Finalmente, y a pesar de que me perdí su estreno comercial, he podido ver REC 2 (2009) gracias al adelanto de la programación del Fantasy Filmfest de este año. Confieso sin embargo que no guardaba demasiadas esperanzas; con todo lo impresionado que me dejó la primera entrega de REC (2007) pensaba que su premisa era demasiado sencilla para poder sacar una continuación medianamente decente, y estas dudas se mantuvieron cuando el avance reveló que se irían por el camino de la "secuela tipo Aliens". Resulta al final que estaba equivocado: aquellos que hayan gustado de la primera REC tienen muchos motivos para ver esta segunda parte, ya que no sólo tiene varios de los elementos que hicieron disfrutable la película de Plaza y Balagueró sino que encima es mucho más ambiciosa a nivel de narrativa.

Esto último se manifiesta en la curiosa decisión por parte de ambos directores de situar la secuela inmediatamente después de la primera parte pero aumentando los puntos de vista: si en la primera película se nos mostraba toda la historia desde la perspectiva de una cámara, en esta segunda parte hay tres cámaras diferentes que dividen la cinta en tres capítulos perfectamente definidos que van mucho más allá de un mero capricho estético o una necesidad de variar la trama; por el contrario, se complementan perfectamente. Por lo que he leído acerca de las reacciones causadas por esta película, mucha gente parece haberse sentido defraudada por el giro marcada y explícitamente sobrenatural que toma esta secuela, pero sinceramente a mí me ha parecido un gran acierto debido al tono en el que está presentado, con un muy evidente pero a la vez equilibrado sentido del humor que demuestra que en esta ocasión no se han tomado la película demasiado en serio. Gran parte de este tono entre lo terrorífico y lo cómico viene gracias al trabajo del protagonista Jonathan Mellor, quien con su histrionismo y su marcado acento anglosajón es con toda seguridad lo mejor de la película. No tengo ni idea de quién es este actor ni de dónde ha salido, pero necesitamos verlo más.

Pero el sentido del humor presente tanto de forma sutil en los momentos de revelación pura de cine de terror y de forma más explícita en el elenco joven impide que los aciertos del primer REC hagan su justa reaparición: el mismo edificio de la primera parte se nos vuelve a mostrar como un laberinto donde el peligro acecha en cada esquina, una sensación que se ve aumentada por el hecho de que, si bien hay tres cámaras, nunca se rompe la unidad en cuanto a un único punto de vista simultáneo. La cinta tiene momentos entregados incondicionalmente a la acción (véase de nuevo aquello de la secuela tipo Aliens) pero están dosificados de manera justa y la trama de las fuerzas especiales que toman por asalto el edificio no eclipsa el trasfondo de la niña Medeiros y las posesiones diabólicas que ya se intuían en la primera parte. En este sentido es el clímax de la película, donde tiene cabida el aspecto puramente sobrenatural de la historia, lo que mejor llevado está. Es una lástima que aquellos que no la hayan visto aún ya no podrán hacerlo en una sala de cine, porque vale la pena.

Ahora la pregunta más obvia: ¿está al nivel de la original? No sabría decir; la historia ya no tiene el factor sorpresa del primer REC y en el fondo está tocando material que ya conocemos. Pero lo que realmente juega en su contra es el final, muy decepcionante y hasta cierto punto incoherente con la mitología que Plaza y Balagueró nos han presentado hasta ese momento. Muchos aquí criticarán las dotes actorales de los involucrados en este desenlace, pero honestamente pienso que no se hubiese podido salvar de ninguna forma. Dicho final se siente bastante improvisado, como si hubiese sido creado sobre la marcha al no saber cómo cerrar la película, y para colmo es (esta vez sí) involuntariamente risible. Sin embargo este es el único escollo importante en REC 2, una gran secuela que no puede dejar de gustar a los que hayan disfrutado de la primera parte.

miércoles, noviembre 25, 2009

Reseña: The Birthday (2004)

Norman Forrestrer, entrañable y atolondrado personaje, acude a una fiesta de cumpleaños en un lujoso y decadente hotel, ocasión que aprovechará para conocer a la familia de su novia, Alisson, y de paso recuperar una relación que corre el peligro de distanciarse. Sin embargo, tras este mundano evento se esconden hechos mucho más siniestros que están ocurriendo en el hotel simultáneamente a lo que en apariencia es una celebración cualquiera. Esto es, básicamente, todo lo que se puede contar a priori del argumento de The Birthday (2004) sin destripar lo que ocurre en la película. Se trata asimismo del primer largometraje de Eugenio Mira y una película que, lo confieso, he tardado demasiado tiempo en ver. A pesar de haber contado con un pase comercial tardío y discreto (¿hubo pase?), la cinta no ha hecho sino recoger grandes elogios que, esta vez, están plenamente justificados: es una película genuinamente rara, extravagante e inclasificable pero sobre todo fascinante, una en la que todos los elementos encajan en la creación de una historia con potencial de culto instantáneo, algo que últimamente sólo recuerdo que me haya pasado con cintas como Donnie Darko (2001) o Hijos de los hombres (2006).

La decisión de Eugenio Mira en cuanto a la técnica de narración es, sin embargo, bastante arriesgada: a lo largo de la película no hay elipsis alguna, todos los hechos que ocurren están narrados en tiempo real, pero este detalle, que en otras manos hubiese sido poco más que un gimmick meramente anecdótico, aquí se convierte en la columna vertebral de la película. A pesar de que la cámara persigue constantemente a Norman (creo que no hay un solo plano en el que no aparezca), muchas de las cosas más importantes ocurren al fondo de la escena y es sólo después que descubrimos su relevancia.

El narrar toda la historia a través de los ojos de un personaje omnipresente es otro riesgo del que esta película sale airosa. De hecho, gran parte de la efectividad del relato reside en la actuación de Corey Feldman, que aquí hace el que sin duda es uno de sus mejores trabajos; en serio, tras verlo aquí me cuesta mucho entender cómo el que otrora fuera uno de los mayores ídolos juveniles de los ochenta haya permanecido debajo del radar todo este tiempo. Es precisamente su actuación, perfectamente equilibrada entre el horror y la comedia, y dotada de manierismos que delatan una aparente azarosidad en cada uno de sus movimientos u ocurrencias, lo que da a The Birthday gran parte de su singular tono. La actriz Erica Prior, vista anteriormente en la también española El segundo nombre (2002) también hace un trabajo memorable teniendo en cuenta que tiene en el personaje de la novia uno de los más difíciles de la película y el que requiere la mayor cantidad de registros. De hecho, he tenido que mirar la ficha de la película en IMDB para darme cuenta de que era la misma actriz de la cinta de Paco Plaza.

El hotel en el que transcurre la acción es otro personaje en sí mismo: un laberinto lleno de recovecos cuyo diseño geométrico recuerda mucho al Overlook de El resplandor (1980), siendo este tan sólo uno de los muchos detalles que denotan una marcada nostalgia por los ochenta (década en la que, por cierto, está ambientada la película), pero es una nostalgia comedida que no agobia al espectador con referencias y que, por el contrario, ayuda a introducirnos en un ambiente desquiciado que aumenta la sensación de desconcierto absoluto que identifica al espectador con Norman. Todo el desarrollo del argumento se da de forma tremendamente gradual, hasta el punto de que muchas veces podemos incluso olvidarnos del género de la película que estamos viendo. Sin embargo, cualquier pega que podamos ponerle a The Birthday se disipa cuando llegan los últimos veinte minutos, uno de los mejores clímax que podemos presenciar, en el que la desquiciada premisa de la película llega a su punto máximo y en el que Norman ha hecho su inadvertida metamorfosis de pelele a héroe, así como un muy valiente final. Son demasiados los detalles que se podrían mencionar y que evidencian la técnica del director y el dominio absoluto de todos y cada uno de los elementos de escena, así que sólo puedo repetirme y recomendar esta que, sin duda, es una de las películas más destacables de los últimos años en lo que a las comedias de horror se refiere. Por mi parte puedo decir que desde ya estoy esperando lo próximo de Eugenio Mira ansiosamente.

martes, octubre 20, 2009

Reseña # 300: ¿Quién puede matar a un niño? (1976)

De entre todos los tabúes cinematográficos, matar a un niño en pantalla ha sido uno de los más destacables y difundidos, al menos dentro del cine comercial. La película ¿Quién puede matar a un niño? (1976) sabe jugar muy bien con ese hecho al proporcionarnos una larga introducción basada principalmente en metraje documental acerca de las diferentes atrocidades del siglo XX y sus consecuencias sobre los más pequeños, algo que condiciona al espectador desde el principio a favor de los niños. Lo curioso es ver cómo esta predilección es puesta a prueba más adelante al entrar de lleno en una situación dramática en la cual, inequívocamente, los niños son una verdadera amenaza.

Basada en la novela El juego de los niños, de Juan José Plans, ¿Quién puede matar a un niño? es también el segundo y hasta la fecha último largometraje dirigido por Narciso Ibáñez Serrador, quien a pesar de contar con sólo dos películas en su haber, es siempre destacado como uno de los nombres ineludibles a la hora de hablar de cine de terror hecho en España. Alejado esta vez de los horrores de ambiente gótico mostrados en La residencia (1969), esta película tiene lugar en la época actual y en un ambiente que por sí solo representa la antítesis de lo que normalmente entendemos como la estética del terror: un pueblo de la Costa Brava en el cual una pareja de turistas ingleses (ella además embarazada) va a pasar sus vacaciones de verano. El marido propone entonces visitar la isla de Almanzora, que ya conociera en su juventud y la cual representa el escape de ese ajetreado mundo de turistas, así como la encarnación del sueño apacible del Mediterráneo. Es aquí donde comienza la película propiamente dicha, ya que Almanzora, una isla completamente cortada de la civilización, se ha convertido en un pueblo fantasma donde los niños, por razones que nunca son explicadas, han comenzado a matar a los adultos.

Ya desde los primeros minutos se nota la habilidad de Ibañez Serrador para los ambientes de genuino miedo; al ruido y jolgorio general de la península se contrapone el silencio sepulcral del pueblo isleño, donde todo transcurre a plena luz del día y donde el color blanco de las casas y la inamovibilidad absoluta de la aldea hablan de un calor asfixiante. Este silencio está apenas roto por elementos que hablan de una vida interrumpida: un carro de helados con la mercancía derretida, un pollo quemado que da vueltas sin parar sobre las brasas, una tele encendida mostrando sólo nieve en su pantalla y una misteriosa llamada telefónica con una voz que pide ayuda en alemán, elementos tras los cuales nos damos cuenta de que algo terrible ha pasado. Antes incluso de que sepamos la naturaleza del peligro, el suspense creado por el pueblo vacío (una imagen muy poderosa que Ibañez Serrador maneja de forma muy eficiente) es lo suficientemente fuerte para mantener nuestra atención, y cuando por fin se desata la amenaza de los críos, la película inicia una escalada de tensión que no para hasta el final.

Los niños son sin duda lo mejor; la película muestra sus matanzas como si se tratase de un juego infantil, mostrando a los niños casi siempre sonrientes sin por ello renunciar a imágenes abiertamente macabras como el juego de la piñata (referenciado por cierto al principio de la película), así como toda la secuencia dentro de la iglesia. Con todo y eso, los críos son genuinamente temibles, en primer lugar por su gran número, y en segundo lugar porque la diferencia lingüística entre ellos y los protagonistas realza el carácter de "extraños en tierra extraña" de la película.

Sin embargo, lo que me resulta más curioso de esta película es cómo Ibañez Serrador asienta el drama sobre las bases de una diatriba moral presente ya en el título; ¿es alguien capaz de matar a un niño por sobrevivir? Francamente no sé cómo sería tratado este tema por el público actual, pero al menos la intención por parte del director parece ser la de resaltar el contraste entre las horribles imágenes del prólogo y la propia reticencia de los personajes (y el público) a contraatacar a los niños, recordándonos así que si bien los críos son sagrados en la ficción, en la vida real no parecen serlo demasiado. La película asimismo presenta este mismo conflicto en los personajes al introducir una subtrama apenas esbozada acerca del niño que espera la pareja y al cual el marido quiso en un momento abortar. Nada tiene que ver esto, sin embargo, con moralismos de parte de Ibañez Serrador, ya que precisamente ese embarazo tiene un papel fundamental en la que es probablemente una de las secuencias más recordadas y transgresoras de la película.

Aparte de la novela en la que se basa, Narciso Ibáñez Serrador hace gala de diversas influencias literarias como El señor de las moscas, de William Golding (muy clara es la referencia que se hace a esta novela en un determinado momento del desenlace), pero sus principales fuentes de inspiración son cinematográficas, algo que se nota en pasajes que nos remiten directamente a películas como La invasión de los ultracuerpos (1956), El pueblo de los malditos (1960), Los pájaros (1963) o La noche de los muertos vivientes (1968), cintas que han dejado innegable huella en esta obra que se ha ganado por mérito propio el ser considerada entre las indispensables del género de terror español, una gran película que no se puede dejar pasar, y mucho menos ahora que su ya bastante anticipado remake se acerca inexorablemente.

domingo, febrero 24, 2008

Reseña: Los otros (2001)

En el caso de que sea necesaria alguna clase de introducción, tendré que comenzar estas escuetas líneas aclarando que soy de los que piensan que Alejandro Amenábar es un director que está muy lejos de convencerme y cuya obra está muy por debajo de lo que la mayoría de los críticos se empeñan en hacernos creer, pero en lo que se refiere a Los otros (2001) tengo que condecerle más que eso. Sí, es cierto que su primera y (hasta la fecha) única cinta en inglés tiene muy poco de original y mucho de vampirismo cinematográfico (especialmente de aquellas películas inspiradas en La vuelta de tuerca, de Henry James, una de esas novelas a las que el cine parece volver una y otra vez), pero no es menos cierto que de todas sus películas es para mí la más redonda, la mejor acabada y la única que puedo ver sin momentos chirriantes y malos rollos. La discusión de si es o no una película de terror no viene al caso: saldo dicha polémica diciendo que para mí sí lo es, y en mayor medida que muchas de las que ya se han reseñado acá.

Los otros es también uno de los mayores éxitos taquilleros producidos en este país, y si no entusiasmó más al fandom internacional fue quizás debido a su proximidad con El sexto sentido (1999), de M. Night Shyamalan, película que a pesar de haberse estrenado dos años antes todavía estaba (y está) muy fresca en la mente del público hasta el punto de dar cabida a un gran número de estrenos en los que el horror físico se dejaba de lado para volver a los cuentos de fantasmas. Estos son tanto reales como metafóricos, especialmente el gran Fantasma de la Guerra, una presencia que se deja permear a lo largo de la cinta atrapando a los personajes en un eterno presente. El personaje de Nicole Kidman es por eso una especie de Penélope no exenta de un triste patetismo al defender el hogar y los críos no ya de unos pretendientes, sino de una Soledad (con mayúsculas) que la va cercando a ella y a sus dos pequeños, una pareja de niños afectados por una dolencia física que no les permite salir más allá de los muros de su grande y vacío domicilio.

Donde reside probablemente la mayor gloria de Amenábar es en la manera tan eficaz como logra mezclar el discurso de fábula oscura con momentos de genuino pavor muy propio de ese cine que está homenajeando/plagiando: secuencias como la del ático con sus muebles cubiertos de sábanas, la progresivamente siniestra presencia de los criados y la manera como saca a relucir aspectos macabros de nuestra cultura sin llegar nunca a recurrir al exploit (hablo aquí del famoso álbum de muertos) nos indican que el director no deja nunca de estar consciente de que, por mucho que se pretenda crear una historia alrededor de un tema, los objetivos emocionales del género de terror no tienen por qué representar una entrega a la banalidad. Es eso lo que (ante mis ojos al menos) encumbra a esta película sobre otras con similares aspiraciones, como El orfanato (2007) de Bayona, por poner algún ejemplo reciente.

Llegado cierto momento se hace tremendamente obvio cual va a ser el giro final dará la película. A pesar de eso no decepciona, ya que dicha revelación es más que un golpe de efecto: es una consecuencia lógica y coherente con la metáfora que constituye la trama. Los otros ha sido en muchas ocasiones ninguneada incluso por los mayores defensores de Amenábar, quizás por no haber sido rodada en español o por alejarse de ese cine "comprometido" con el que posteriormente se relacionaría a su director. Lo cierto es que ninguna otra de sus cintas me ha dejado como esta. Eso tiene que valer algo.

sábado, diciembre 01, 2007

Reseña: REC (2007)

Desde mucho antes de su estreno, y tras su reciente paso por Sitges (a cuya famosa proyección, por desgracia, no pude asistir), REC (2007) venía envuelta en un halo de espectativas increíble, quizás exagerado para algo que, en el fondo, es una película extremadamente sencilla cuyas máximas virtudes están precisamente en lo literal de su propuesta. Aún así, resulta sorprendente ver cómo algo que comenzó más o menos como un proyecto marginal de sus dos directores (Jaume Balagueró y Paco Plaza) ha terminado por convertirse no sólo en una de las películas de terror más efectivas de este año, sino además en la obra más contundente hasta la fecha para ambos realizadores, a quienes Filmax debería tener en consideración ahora más que nunca.

Para aquellos que hayan estado encerrados en un búnker durante el último año y medio, informo que REC es básicamente una película de zombis narrada desde el punto de vista de una cámara de vídeo que registra el brote de la epidemia en un edificio barcelonés sitiado por las fuerzas del orden, y en el que la mala suerte ha querido que quedaran encerrados los dos responsables de un programa local de tele-realidad, junto con los bomberos y unos cuantos vecinos. Las ya comentadas semejanzas con películas como El proyecto de la bruja de Blair (1999) son, cuando mucho, superficiales y limitadas únicamente al formato: al contrario de lo que ocurría con el falso documental de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, REC no parece estar montada, sino estar compuesta únicamente por el material en bruto de una cámara que registra un hecho violento, "real" y visceral en el que el protagonista termina siendo no la guapa reportera de televisión o el invisible cámara "Pablo", sino el público que recibe todos y cada uno de los vapuleos.

Si arriba decía que REC es una película sencilla no lo hacía en un término peyorativo. Al contrario de lo que sucede en el cine de zombis canónico (hablo aquí evidentemente del cine de George Romero), la cinta de Balagueró y Plaza no hace gala de segundas lecturas o interpretaciones de ningún tipo más allá de la muestra (a veces en clave humorística) de las miserias que suelen apoderarse de los humanos bajo estado de sitio. Ambos directores parecen estar mucho más interesados en la forma en que se transmite la historia y en el efecto emocional que imprime en el espectador, algo que no sería reprochable ya que el cine de terror es, en esencia, un género de emociones, no de discursos intelectuales (aunque evidentemente pueda llegar a ser mucho más). Bajo esta luz, la película da en el clavo: una vez superada la introducción del supuesto programa e iniciada la escalada de terror del argumento, lo que viene es una hora de las más intensas que se hayan visto en el cine de terror, al menos este año. De eso no me cabe ninguna duda.

Es esa a mi parecer la mayor virtud de la película: la capacidad de transmitir ese desenfreno en el espectador a lo largo de casi una hora y en un crescendo constante del que, por desgracia, me parece que Balagueró y Plaza no han encontrado la forma más idónea de salir. El primero utiliza su ya conocida fórmula de creación de ambientes repitiendo incluso con un escenario no muy distante del empleado en su anterior película, Para entrar a vivir (2006). El truco sale bien, pero al ser una experiencia que principalmente depende de la sensación producida y poco más, me permito mostrar cierto escepticismo a la hora de repetir visionado, que es cuando realmente se reconoce una gran película. Concedo, eso sí, que las tácticas empleadas a la hora de meter miedo al personal son muy efectivas aunque las hayamos visto muchas veces e incluso recientemente: ciertas imágenes y momentos de la película (algunos de los más escalofriantes) ya los habíamos visto anterioremente en El amanecer de los muertos (2004) de Zack Snyder, sólo que aquí dichos momentos están tratandos con el filtro del realismo similar al periodismo de guerra.

En resumen, no sé hasta que punto se pueda decir que REC es una de las mejores películas de terror españolas que se han hecho, pero sí es cierto que es una de las más honestas y menos tramposas y pretenciosas, y que al mismo tiempo (esto es lo mejor sin duda) no ha caído en la tentación de irse por el camino fácil de la caspa. El hecho de que sea una película tan visceral y directa puede herir (quizás) sus prospectos en el futuro, pero no puedo negar que me lo ha hecho pasar muy mal. ¿Y acaso no es eso de lo que va el cine de terror en el fondo?

domingo, octubre 28, 2007

Reseña: El orfanato (2007)

Pocas cosas quedan ya por decir sobre El orfanato (2007), salvo tal vez la sorpresa que me ha causado el tremendo guante de seda con el que la crítica ha tratado una película que en la práctica no pasa de ser una propuesta más o menos potable. Que conste que no hablo de las típicas críticas tarifadas con las cuales las distribuidoras suelen apoyar sus productos; las alabanzas a la opera prima de Juan Antonio Bayona han alcanzado incluso varios de los estratos de la blogósfera. Y es que si algo me queda claro tras el visionado de esta película es que, en su caso concreto, parece haber dos apreciaciones distintas: aquellos que ven la cinta en su calidad de aporte a la "industria" cinematográfica española (específicamente aquella que se afinca en el cine de género y no en repetitivos dramones de la Guerra Civil o vulgar proselitismo social) y aquellos que la juzgan únicamente en su calidad de película. Las opiniones son desiguales, pero eso se debe a que el trabajo de Bayona también lo es.

Y es que, a nivel puramente narrativo, los fallos de El orfanato resultan más que evidentes: de entrada se hace obvio que estamos ante una película de retazos cuyas secuencias más interesantes lo son porque están tomadas de clásicos como Suspense (1961), Al final de la escalera (1980) y Poltergeist (1982), o incluso de obras más recientes como Los otros (2001) y Frágiles (2005), todas ellas (hay que decirlo) muy superiores a la película de Bayona, que en el fondo no pasa de ser otro exponente más de la ya gastada fórmula de caserones antiguos, niños chungos y secretos del pasado, todo ello girando alrededor del ya muy manido arquetipo de "Madre Coraje" enfrentándose a las fuerzas sobrenaturales para recuperar al hijo desaparecido. Difícil lo tiene el señor Bayona para lograr algo interesante a partir de una premisa a la que no se le da ningún nuevo aporte, y encima poniendo todo el peso protagónico en una actriz tan limitada como Belén Rueda, que salta de la abulia a la histeria de forma inexplicable.

Otro problema que tiene es que el inicio, en el que el personaje de Belén Rueda llega con su familia al antiguo caserón asturiano donde se erigía el orfanato de su niñez, se hace demasiado largo y poco interesante. Es únicamente cuando por fin aparece el elemento sobrenatural que la película de Bayona empieza a cobrar fuerza, una virtud que se pone de manifiesto en lo que para mí es una de sus mejores secuencias: aquella que involucra a los investigadores paranormales, entre los que se cuenta a una Geraldine Chaplin haciendo de Zelda Rubinstein. Por desgracia, este interesante momento (que da paso a un frenético y efectivo showdown sobrenatural entre la protagonista y los habitantes de la casa) se ve truncado por la llegada de un final desastroso; no solamente el twist final que encierra la historia es predecible hasta decir basta, sino que detrás de él se esconde un desenlace excesivamente edulcorado y cursi, que intenta ser sublime y poético pero fracasa estrepitosamente. Esto es culpa no sólo de las evidentes limitaciones de Belén Rueda como actriz, sino de un guión lleno de agujeros argumentales, inconsistencias y cabos sueltos que al final no tiene nada mejor que hacer que estafar al espectador.

Aún así, no todo es malo, ya que la película de Bayona consigue momentos realmente buenos cuando intenta recrearse en su atmósfera y huir de sentimentalismos melodramáticos. Es únicamente cuando escapa de su potencial como película de terror cuando se despeña. Además, el solo hecho de que se preste atención al cine de género realizado en este país (y en español) ya es un avance, aunque la beneficiada sea esta película y no otras mucho mejores que se han realizado anteriormente, como por ejemplo El espinazo del diablo (2000), de Guillermo del Toro, quien aquí ejerce de productor ejecutivo convirtiendo la película en una pareja temática de su propia obra El laberinto del Fauno (2006). Más allá de eso, se hace para mí inexplicable la cantidad de críticas positivas que esta cinta ha recibido.

El Orfanato, por lo tanto, se puede apreciar de dos formas: si bien representa un buen paso para la formación de una industria de género en el país, como película resulta bastante pobre y fácilmente olvidable. Al igual que como pasó con 28 semanas después (2007), estamos ante una cinta mediana que ha recibido un bombo desproporcionado únicamente porque su director es español. Eso no hay quien me lo quite de la cabeza.

martes, mayo 08, 2007

Reseña: Los abandonados (2007)

Como ya lleva un par de semanas en cartelera, quizás no tenga sentido decir a estas alturas lo mucho que me decepcionó Los abandonados (2007), la última apuesta fuerte de Filmax en ese nebuloso sub-género de las películas de terror rodadas con capital y talento español pero en idioma inglés (para apuntar sin duda a una distribución internacional). La película venía además recomendada por partida doble: no sólo se trata de la ópera prima de un prometedor cortometrajista como Nacho Cerdá (a quien no conozco pero cuya obra me han recomendado mucho), sino que además había terminado como la favorita del público en el After Dark Horrorfest 2006, celebrado el pasado mes de noviembre. Mi conclusión es que se trata de una película en la que su realizador muestra bastante oficio para tratarse de un primer largo, pero que finalmente se viene abajo por su falta de sustancia y su caótica premisa, así como unos errores imperdonables para una película de este género. En todo caso, lo mejor será ir por partes.

La historia trata de una mujer americana de origen ruso llamada Mila, que tras cuarenta años viviendo en Estados Unidos decide volver a su Rusia natal (cómo llegó hasta América no lo sabemos) para finalmente recobrar la granja que ha heredado de su madre, asesinada poco después de su nacimiento y de la cual no sabe nada. Para Mila, viajar hasta la granja significa mucho más que recuperar una propiedad ya carente de valor; se trata de reencontrarse con sus raíces y averiguar quien fue esa mujer que murió protegiéndola. Una vez llegada a esta ruinosa granja perdida en medio de las estepas rusas (alerta de gazapos: cualquiera con conocimientos sobre las principales urbes europeas reconocerá enseguida que la supuesta ciudad rusa que se muestra en la película es Sofía, la capital de Bulgaria) se encuentra con un soldado llamado Nicolai, quien resulta ser su hermano gemelo (!), separado de ella al nacer y atraido "misteriosamente" a aquella propiedad por los mismos motivos.

La aparición de unos seres sobrenaturales que habitan la granja ocurre justo a tiempo para evitar que el espectador se pregunte como una mujer sola que no habla ni pizca de ruso accede a viajar con un desconocido hasta un bosque apartado de la civilización. Es a partir de entonces cuando Mila y Nicolai (casi los únicos personajes que aparecen en aproximadamente una hora) van averiguando poco a poco los secretos que se esconden en aquella granja y el terrible evento que acabó con su familia y terminó separándoles por cuarenta años. Todo esto mientras que la presencia fantasmal de la casa intenta constantemente destruirles, atrapándoles sin remedio en un círculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

No hay muchas maneras de explicar la trama de Los abandonados porque realmente no hay una. La mayor parte de la película se va en la recreación continua de una atmósfera que finalmente se hace repetitiva y monótona (no exagero cuando digo que al menos la mitad del metraje se va en largas e interminables secuencias en las que Mila recorre pasillos y habitaciones oscuras con una linterna en la mano). Aparte de perderse en la ambientación (la única carta que en realidad tiene), Cerdá parece dejar que la película se le vaya de las manos con el personaje de Nicolai, cuya actitud a lo largo de todo el metraje resulta inexplicable. Constamente está explicando cosas que, o bien estamos viendo con nuestros propios ojos (haciendo redundante cualquier explicación), o bien él mismo no tiene forma de saber. En estas reiteraciones continuas se va desarrollando toda la película dando manotazos de ciego, hasta que llegados los últimos minutos (predecibles y sobresaturados de sustos fáciles y gastados recursos de cámara temblorosa) ya no nos importa absolutamente nada de lo que ocurra. La película se va en un constante "quiero y no puedo" poco menos que criminal. Cerdá en ningún momento nos ofrece nada con qué jugar, sino que va dosificando su juego esperando que el mal rollo creado por esa casa ruinosa sea suficiente para nosotros (no lo es).

Salí de la sala con ganas de valorar mejor esta película, ya que contiene una ambientación bastante buena que hubiese dado mucho juego a una historia con más sustancia, pero al final no puedo. No solamente no ocurre nada, sino que cuando finalmente algo sucede, se trata de un resultado absurdo, inverosímil y lleno de lagunas argumentales y lógicas capaces de hacerme perder la paciencia. Filmax ha creado en anteriores ocasiones productos muy superiores a este esfuerzo bien hecho (sin duda) pero vacío y fácilmente olvidable. Para la próxima vez será.

viernes, noviembre 17, 2006

Reseña: Regreso a Moira (2006)

La cuarta entrega de las Películas para no dormir cae sobre el regazo de Mateo Gil, guionista habitual de Alejandro Amenábar y que realiza con Regreso a Moira (2006) su primera incursión como director en el género de terror. Sin embargo, justo es decir que su capítulo es, en gran parte, un melodrama acerca del despertar sexual de un joven de pueblo en la España del franquismo, y es sólo al final cuando ocurre un desenlace que coloca a la historia en las lindes de la narrativa de miedo.

Esta diferencia se percibe en la manera como la historia se va contando a dos bandas: la película abre con la figura de Tomás, un escritor que ha vivido en un exilio personal desde que abandonara España hace más de cuarenta años, y que un día, tras la inesperada muerte de su esposa, recibe una carta del Tarot que sólo pudo haberle enviado una persona: Moira, la mujer de la que estuvo enamorado siendo apenas un muchacho y de la cual sólo sabemos que lleva muerta más de cuatro décadas. Tomás decide, ante este extraño hecho, regresar a España y a su pueblo natal para enfrentarse finalmente a su propio pasado y al fuerte remordimiento que al parecer fue la causa de su fuga.

Esta historia se va entrelazando con una serie de flashbacks a través de los cuales vemos a Tomás en sus años mozos, cuando conoce a Moira y comienza con ella una relación amorosa que poco a poco se convierte en obsesión ante todo el misterio que rodea la vida de esta bella mujer, que vive aislada y odiada por todo el pueblo, en medio de acusaciones de brujería. Estos saltos al pasado constituyen el grueso de la historia, y la verdad, no son nada que no hayamos visto antes. La relación de Tomás con sus amigos pasa por todos los clichés típicos de la "madurez" de los adolescentes varones, y la historia misma de una mujer que resulta ser una bomba sexual en medio de un pueblo atrasado de la Europa mediterránea (y que termina revelando la absoluta barbarie de una sociedad de viejas beatas y hombres rústicos) es una trama que hemos visto literalmente cientos de veces. Si se salva es precisamente por la presencia de Natalia Millán, quien es más que correcta como Moira en su efectiva mezcla de sensualidad enigmática. Por desgracia, la elección del inexpresivo Juan José Ballesta como el joven Tomás es bastante desafortunada, ya que nunca pude superar la sensación de que aquel muchacho era un perfecto imbécil.

La otra historia, aquella en la que un Tomás viejo regresa al pueblo (y a Moira) es, por el contrario, excelente, y acapara por sí sola toda la tensión y el misterio que rodea el delicado halo sobrenatural de la trama. Casi todos los aspectos terroríficos de Regreso a Moira están concentrados aquí, desde las visiones fantasmagóricas de Tomás hasta el miedo que siente al visitar los antiguos espacios de su juventud, especialmente la abandonada casa de su antigua amante, que permanece como un ruinoso cáncer enclavado en el corazón de un pueblo que crece gracias al progreso. El final es, asimismo, lo mejor, y lo único que coloca a este episodio de las Películas para no dormir en el género al cual supuestamente pertenece.

Si toda la cinta hubiese tenido esta contundencia, sin duda tendríamos una valoración mucho más positiva. Sin embargo, este melodrama de Mateo Gil se queda como un producto correcto, pero poco más si lo comparamos con los primeros capítulos de la serie.