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sábado, marzo 10, 2018

Reseña: Ju-on: Black Ghost (2009)

Estrenada paralelamente a su gemela ya reseñada aquí, Ju-on: Black Ghost (2009) forma parte de la bilogía de cintas producidas para celebrar el décimo aniversario de la saga de The Grudge. Esta segunda parte del binomio, al igual que White Ghost (2009), está completamente desligada de la serie original y construye en cambio su propia historia siguiendo el estilo de la obra de Shimizu. En este caso, a pesar de que en cierta forma es una especie de precuela de su compañera (parte de la película tiene lugar en la misma casa), se trata de una historia completamente independiente que se puede ver por sí sola, con lo que realmente da igual el orden en que veáis las dos cintas. 

Una cosa curiosa, y que muy probablemente sea su mayor marca de identidad, es que en esta ocasión el origen de la maldición viral que acosa a los personajes no tiene nada que ver con un crimen, lo que por otro lado representa una evidente ruptura con el argumento que habían presentado todas las encarnaciones anteriores de The Grudge. El estilo narrativo, sin embargo, se mantiene: pequeñas historias contadas en desorden cronológico alrededor de personas que mueren de forma terrible a manos de un fantasma vengativo. Sin embargo, en un alarde de originalidad poco habitual en esta saga, esta vez el componente estétido es distinto al mostrar el fantasma como una mujer completamente negra de la cabeza a los pies, una sombra viviente que parece estar vinculada a una niña que permanece en coma en un hospital y que va matando a todos aquellos que entran en contacto con ella, extendiendo así la maldición.

El aspecto estético, el argumento más elaborado y el carácter quizás más surrealista de las muertes me parecieeron aspectos bastante originales que, por lo menos ante mis ojos, terminaron encumbrando esta película por encima de White Ghost, a la que supera en prácticamente todo al mismo tiempo que se aleja de forma un tanto más arriesgada de aquellos preceptos que hacieron famosa la saga original. Por desgracia los mismos fallos siguen presentes, siendo el principal de ellos ese acabado tan barato que tiene su producción, acorde con los primeros trabajos de Shimizu pero que termina perjudicando muchas de las escenas de miedo, especialmente aquellas en las que se intenta hacer uso de efectos especiales para mostrar la apariencia oscura del fantasma, así como el desenlace de exorcismo en el que la cinta adopta un tono mucho más alejado de las sutilezas de entregas anteriores. 

A pesar de todo esto, sigue siendo una película de terror muy efectiva con momentos muy buenos que sin duda caerán bien a aquellos seguidores de la saga y que la hacen algo más memorable que otras entregas menos inspiradas. Como nota final, quisiera destacar el hecho de que esta es, hasta la fecha, la única entrega de The Grudge escrita y dirigida por una mujer, la cineasta Mari Asato, que ha seguido trabajando en el género de terror desde entonces. Curiosamente, este es un hecho que nunca se mencionó en su momento a pesar de que la película tiene un énfasis en los personajes femeninos que no muestran otras entregas de la saga. En todo caso, este es otro detalle que la hace interesante y digna de echarle un vistazo. 

lunes, marzo 05, 2018

Reseña: Ju-on: White Ghost (2009)

Quienes hayan seguido este blog desde sus inicias conocen de sobra mi confesa debilidad por la saga de The Grudge en todas sus (numerosas) encarnaciones, ya sea con los telefilmes originales, los largometrajes japoneses, su remake americano y un largo etcétera que sería demasiado para este espacio. Recientemente nos enteramos de que Hollywood prepara un nuevo remake (sí, otro) que comenzará la historia desde el principio, y que su director y guionista será Nicolas Pesce, cuya obra The Eyes of My Mother (2016) pasó recientemente por aquí. ¿Qué mejor excusa para volver a la saga original y terminar de echar un vistazo a las cinco películas que nos quedaban para completar la saga?

Lo cierto es que esta que tenemos hoy no se trata de una secuela, sino de la primera mitad de un curioso experimento que surgió en 2009 para celebrar los diez años de la saga: el propio Shimizu dejó esta vez las riendas de la dirección en otras manos y se limitó a producir dos cintas estrenadas en paralelo, al estilo y con los temas de Ju-on: The Grudge (2003) pero con argumentos completamente independientes, películas que homenajeaban la trayectoria de la saga pero que al mismo tiempo volvían a sus más modestos inicios. El primero de estos trabajos que tocaremos aquí es Ju-on: White Ghost (2009). 

Si bien, como decíamos arriba, la historia es completamente distinta, todos los puntos importantes de la saga se mantienen: White Ghost trata también sobre una maldición viral ligada a una casa y que se va extendiendo sin piedad a todos aquellos que entran en contacto con ella. Al igual que sus predecesoras, está narrada en fragmentos autoconclusivos que se centran en distintos personajes, presentados en un orden no-lineal que obliga al espectador a ir armando la trama dentro de su cabeza. Esta, sin embargo, es muy sencilla y la escasa cantidad de diálogos hace que sea muy fácil de seguir. De todas formas, como siempre, el énfasis de la película se encuentra en las muertes surrealistas y en la magnífica atmósfera que consigue en unas escenas rodadas en plena luz del día y en espacios cotidianos. En este sentido está muy bien hecha y su homenaje a los aspctos más conocidos de la saga es sincero.

Lo único que podemos criticarle probablemente sea el hecho de que no es tan buena como las anteriores, principalmente porque es una película demasiado sencilla y poco ambiciosa: a pesar de que consigue algunas imágenes realmente inquietantes y hasta cierto punto originales, palidece en comparación con las primeras entregas de Shimizu y tanto la pobreza de sus medios como su escueta duración de una hora le dan una apariencia muy barata en ocasiones que se nota y que rebaja sus por otro lado innegables aciertos, pero incluso los más flamantes logros de este largo estaban presentes ya no en la original, sino en aquellos micrometrajes que el propio Shimizu rodó diez años atrás. La volvi a ver ahora, casi una década desde su estreno, para ver qué tal había envejecido, y aunque sigue siendo interesante y en ocasiones pavorosa, lo cierto es que se ha quedado un poco corta. A pesar de esto, aquellos que como yo sean seguidores de la saga tienen que verla, porque conserva al menos parte de aquello que hizo grande a sus antecesoras.

lunes, febrero 20, 2017

Reseña: The Wailing (2016)

Un policía de una pequeña comunidad rural surcoreana investiga una serie de asesinatos inusuales por su carácter aparentemente arbitrario y por su tremenda violencia. Al principio se sospecha que estos crímenes pueden estar ligados a una rara enfermedad que se va apoderando del pueblo, pero pronto empieza a asomar la posibilidad de que tengan un origen sobrenatural, y nuestro policía protagonista debe darse prisa una vez que el terrible mal comienza a atacar a su pequeña hija. Hasta aquí la trama de The Wailing (2016), nuevo gran éxito del horror surcoreano, parece algo convencional, y de hecho varios de sus elementos recuerdan a otros éxitos del pasado en el cine de género de su país (tales como su estructura de thriller policial con un protagonista moralmente ambiguo). Nada más lejos de la realidad: su director Na Hong Jin ya era un nombre establecido para el momento de este rodaje, y su película de poco tiene que ver con el lado más comercial del cine de terror asiático que estamos acostumbrados a ver.

Digo todo esto porque The Wailing es una película que me vino recomendada por todos lados. Apareció en varias de las listas con lo mejor del 2016, y prácticamente todo el que la ha visto se ha deshecho en alabanzas hacia un trabajo que, lo confieso, ha puesto a prueba mi paciencia en más de una forma. El resumen que he hecho arriba en el párrafo anterior definitivamente no le hace justicia porque a medida que la trama se va adentrado en lo sobrenatural cobra una nueva dimensión que introduce muchos elementos nuevos, la mayoría girando en torno a un misterioso hombre japonés que vive cerca del pueblo y a quien Na Hong Jin convierte en la excusa perfecta para meter varias referencias a la tradición sobrenatural de la cultura budista/oriental. Todo esto hace de la cinta un trabajo muy interesante a nivel cultural y atractiva para aquellos que busquen un trabajo distinto alejado del tratamiento que el cine más convencional por lo general le da a este tipo de temas. 

Sin embargo, lo que me refería en cuanto a paciencia tiene que ver con la propia estructura de la película: en un esfuerzo por adentrarse en la evolución del protagonista (inepto, fallido y moralmente cuestionable como lo son la mayoría de los "héroes" de estos policiales surcoreanos) y en los elementos sobrenaturales de su trama, la cinta se hace excesivamente larga y reiterativa. Con 2 horas y 36 minutos, es una de las cintas de terror más largas que he visto en toda mi vida, y su duración se siente porque en ocasiones me pareció interminable y es sólo al final cuando sus elementos sobrenaturales realmente se desatan en un clímax que, eso sí, es muy bueno y será lo que al final todo el mundo recuerde. Es una lástima que para llegar allí haya tenido que pasar por todos aquellos silencios, planos del bosque y minutos de duración de algo que perfectamente habría podido durar menos.

De manera que no salí lo que se dice demasiado impresionado con The Wailing, aunque en este caso es probable que las muy altas expectativas que tenía hayan afectado mi experiencia. Lo digo porque casi todas las reseñas que había leído hasta la fecha la ponían prácticamente como la nueva Ring (1998) y al final ha resultado ser otra cosa. Sé que parece que estoy contradiciéndome porque hace poco dije que estaba más interesado en ese cine de terror lento, aburrido y atmosférico del que esta película parece formar parte, pero este caso en particular me pareció demasiado extremo y lejano para mí gusto, aunque ciertamente interesante de ver.

domingo, enero 22, 2017

Reseña: Bajo la sombra (2016)

Si estás leyendo esto muy probablemente hayas visto Bajo la sombra (2016) incluida en numerosas listas de lo mejor del año pasado en materia de cine de terror. Si aquí no hicimos lo mismo fue en parte porque cuando la vimos allá por el verano pasado no nos dejó tan impresionados, al menos no inicialmente. De hecho, ha sido la insistencia de gran parte de la crítica mainstream la que nos ha animado a revisitarla y ver si efectivamente nos habíamos perdido una obra maestra. Aunque es cierto que este segundo visionado me ha revelado cosas que había pasado inicialmente por alto, sigo pensando que gran parte de la complacencia de la crítica ante esta película tiene que ver con su condición de producto foráneo alejado del círculo comercial tradicional, aunque la cinta en sí misma no sea muy innovadora.

Ambientada en el Teherán de finales de los ochenta, en pleno clímax de la guerra Irán/Irak (la película, sin embargo, no es iraní, sino una coproducción británica rodada en Jordania y con diálogos en farsi), en Bajo la sombra asistimos a la historia de una mujer que se refugia en un edificio junto a sus vecinos y su hija pequeña mientras su esposo es llamado al frente. A la amenaza constante de la guerra y el miedo a los misiles que aleatoriamente caen por la ciudad, se suma el peligro de una presencia demoníaca que parece haber llegado al edificio y fijado su objetivo en la niña, ante la mirada inicialmente incrédula de la madre quien poco a poco se va quedando sola a medida que el edificio se vacía y sus inquilinos huyen de la ciudad en ruinas.

La idea es muy buena, y a su favor tengo que decir que lo mejor que tiene la película es su guión, redondo y prácticamente perfecto en cuanto a estructura, sin momentos de relleno y con una genuinamente interesante progresión del hecho terrorífico. La idea de la guerra que poco a poco va cercando la ciudad es maravillosa porque realmente existe la sensación de que hay un peligro inminente que se acerca y que hace más urgente la huida de los personajes. Pero al mismo tiempo, el progresivo deterioro del edificio y la manera como se va quedando despoblado dan la sensación de otro peligro que acecha dentro de la vivienda y al cual no es tan fácil eludir. Al igual que como ocurría en Paranormal Activity (2009), el paso del tiempo se manifiesta en la repetición cíclica de ciertos elementos, en este caso la alerta de bombardeos que obliga a los inquilinos a refugiarse en el sótano durante unas horas, escena en la que cada vez que se repite hay menos gente. Esta imagen por sí sola ya contiene toda la información que necesitamos saber acerca de la situación por la que pasan los protagonistas, y está muy bien llevada en una película que en general está casi desprovista de datos inútiles: no hay ningún misterio del pasado por resolver y las "reglas" que gobiernan a la presencia demoníaca son muy básicas y están muy bien delimitadas.

Con todo y eso no es una película que yo pondría entre las mejores del año, ya que a pesar de que me ha gustado tampoco es que ofrezca nada que no hayamos visto antes en materia de cine de terror. En muchos aspectos, me recordó mucho a la japonesa Dark Water (2002), con la que tiene en común muchas cosas a nivel de ambientación y de historia, tales como su premisa de madre coraje, la idea del padre ausente y el deterioro progresivo del edificio como símbolo de lo sobrenatural (en Dark Water era una mancha de humedad en el techo y aquí una grieta en el techo). Aparte de eso, hay algunos momentos CGI un tanto pobres y el final es bastante apresurado y dejará a mucha gente con una sensación anticlimática algo molesta. Pero es sin duda una película muy buena y merece la pena por más que su reciente elevación crítica se deba (probablemente) a la tendencia que tienen algunas personas a sobreanalizar ciertas obras con el propósito de darles una intelectualidad que no necesitan. Un ejemplo de esto último es que algunas reseñas han destacado un supuesto subtexto político sobre las condiciones de la mujer en la sociedad iraní, cosa que honestamente pienso se trata sólo de un agregado superficial, sobredimensionado únicamente por el hecho de que el demonio parece ser un ente femenino. Pero sí, recomendada sin duda alguna.

martes, septiembre 20, 2016

Reseña: Train to Busan (2016)

Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).

Ya el planteamiento inicial deja muy claro el objetivo de la cinta al centrar toda la historia en un tren de alta velocidad entre Seúl y la ciudad costera de Busan, donde un padre indolente debe llevar a su pequeña hija sin saber que su viaje ha coincidido de forma fatal con el inicio de una epidemia zombi que se apodera del tren y obliga a los pasajeros a luchar por su vida. El espacio cerrado y lineal ayuda a crear un componente de angustia adicional a la ya de por sí peligrosa situación, y el hecho de que la epidemia comienza en la sección de segunda clase del tren, con los infectados atacando los vagones más caros, es sólo uno de los muchos momentos en que la cinta de Sang-ho hace gala de un discurso acerca de una sociedad devastada por el individualismo y la lucha de clases. Este aspecto de la película, así como su crítica al corporativismo y la dificultad de las clases acomodadas de trabajar en equipo ante una situación desesperada, fácilmente se nos hubiera podido atragantar de no ser por el implacable ritmo de la película y la forma en que el espectador es sometido al peligro constante y sin descanso. 

Parte de este ritmo tiene que ver sobre todo con las "reglas" que la película establece prácticamente desde el principio y de forma muy efectiva: la infección zombi se contagia en apenas segundos, los afectados son de la variante "rápida", y detectan a sus víctimas con la vista, lo que lleva a secuencias de tensión muy efectivas más adelante. La cinta asimismo va cambiando de perspectiva entre varios de los pasajeros del tren, manteniendo siempre el foco principal en el prota y su pequeña niña pero también dedicando cierto tiempo a personajes que pasan a reforzar ciertos arquetipos del mensaje que su director desea transmitir: el héroe de clase obrera, una pareja de adolescentes que intentan salvarse uno al otro, y sobre todo un villano hombre de negocios cuya maldad y egoísmo eran a veces tan exagerados que lo hacían parecer una caricatura. Por fortuna poco de esto importa porque el apartado de acción y violencia zombi es tan bueno que te agarra enseguida y no te suelta durante prácticamente todo el metraje, con imágenes espectaculares como la masa de cuerpos moviéndose al unísono y que me hizo pensar en ciertas secuencias de Guerra Mundial Z (2013) pero hechas bien. Únicamente un detalle resaltó de forma negativa ante mis ojos y tiene más que ver con la forma en que la película logra saldar algunas dificultades de los personajes haciéndoles luchar físicamente contra los zombis, secuencia que se me hizo poco creíble considerando lo que había visto antes. 

Todo lo demás, sin embargo, está muy bien. Train to Busan es una de esas cintas de zombis que valen la pena, y no me extraña para nada el gran éxito que ha tenido en su país de origen. Sus contrapartes occidentales han por lo general fracasado cuando intentan mezclar este subgénero con el cine de acción pero esta es todo lo contrario: rápida, intensa y efectiva incluso en su faceta de drama familiar, de principio a fin. Queda muy recomendada, y acompañada de su contraparte de animación Seoul Station se hace más imprescindible todavía.

miércoles, marzo 11, 2015

Reseña: The Eye 2 (2004)

Siguiendo con mi actual tendencia de recuperar secuelas desdeñadas en su momento, toca hoy hablar de The Eye 2 (2004), con más de una década de retraso pero confirmando lo que siempre he sostenido, y es que hablar de estrenos recientes es algo que cada vez me interesa menos. Lo que sí siento que debo recordar a todos es mi opinión personal (e intransferible) de la primera The Eye (2002); en caso de no querer acercarse a aquella antiquísima reseña, os recuerdo que la película original nunca ha sido una de mis favoritas. Es innegable que aquella cinta que lanzó a la fama a los hermanos Pang resultó ser un gran éxito y una de las obras más reconocibles de la ola de terror asiático que invadió Occidente durante los primeros años de la década pasada, pero a falta de un nuevo visionado insisto en que es una película a la que se le dio mucho más bombo del que merecía. Esta segunda parte, dirigida nuevamente por los hermanos, se estrenó en 2004, es decir, cuando la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo y también cuando nos empezó a llegar un gran número de trabajos inferiores destinados únicamente a suplir nuestra insaciable demanda. La película de hoy es buen ejemplo de ello.

Partamos de la idea de que tanto el título de la película como su conexión con la cinta anterior de los Pang es completamente arbitraria; en esta ocasión el ojo no tiene que ver con el fenómeno a tratar, sino que más bien se trata de una chica que sobrevive a un intento de suicidio y comienza de repente a ver fantasmas, uno de los cuales parece tener una gran obsesión con el bebé que lleva dentro de su cuerpo. Como vemos, la historia es completamente distinta, aunque sí se mantiene un poco el tema del contacto con lo sobrenatural y cierta explotación del carácter exótico de su argumento al introducir temáticas del budismo de una forma francamente un tanto superficial. Fieles a una constante en prácticamente toda su filmografía, los Pang realzan una dualidad cultural entre Hong Kong y Tailandia, aunque no de forma tan marcada como en otras películas suyas. Curiosamente, no hay casi trama de investigación sino más bien un énfasis en el sufrimiento de esta pobre chica al tener que lidiar con los fantasmas en su vida cotidiana. De hecho es sólo muy cerca del final cuando se da una explicación al fenómeno, y por desgracia lo hace a través de la resolución de un melodrama mundano y vulgar que me pareció no sólo muy pobre sino además dotado de una condescendencia misógina sonrojante.

La inclusión de este melodrama amoroso es algo que confieso me descolocó mucho porque no me lo esperaba en ningún momento, pero por otro lado es cierto que, extrañamente, esta secuela es muy parca en auténtico horror. A pesar de que no me parece ninguna obra maestra, la primera The Eye al menos ponía más empeño en contar una historia interesante y tenía algunas secuencias de miedo auténticas como aquella escena del ascensor. En esta segunda parte no hay nada de eso, y los sustos fáciles muchas veces se ven acompañados de unos efectos especiales muy pobres y un CGI destinado a realzar situaciones antinaturales como por ejemplo reflejar de forma perfecta la cara de la actriz en un suelo mojado o sacar caras fantasmales en una ecografía abdominal. Asimismo el desenlace es quizás lo peor de todo, cuando la cinta cae incluso en comedia involuntaria al mostrar la curiosa lucha entre la protagonista y el fantasma que la acosa. 

Es verdad que no me esperaba gran cosa, pero nunca pensé que me decepcionaría tanto al ver The Eye 2. Es en verdad una secuela muy débil y una cinta muy por debajo de los estándares de los hermanos Pang, quienes han tenido obras mucho más interesantes. Lo peor es que esta saga de fantasmas tiene dos secuelas más que también veré y comentaré aquí, porque ese es el tipo de persona que soy. A lo mejor va siendo hora de volver a ver la original y comprobar si mi opinión sobre ella no habrá cambiado en todos estos años.

viernes, enero 09, 2015

Reseña: Go Goa Gone (2013)

Vi Go Goa Gone (2013) en un festival sin saber nada de ella, sin haber escuchado nada ni visto ningún trailer, y pensé al principio que sería una comedia de zombis más de las que tanto abundan hoy en día. Al final resultó ser más interesante de lo que creía y hasta puedo decir que tiene un par de detalles que la hacen destacar un poco por encima de sus congéneres, aunque no nos engañemos: gran parte de su atractivo tiene que ver con el disfrute del exotismo de una propuesta realizada en un ambiente que no nos es familiar, algo que la película sabe y con lo que juega intencionalmente. En ese sentido, esta primera producción de zombis del Bollywood mainstream tiene menos en común con piezas de culto como Shaun of the Dead (2004) y más en cambio con Juan de los muertos (2011), aunque no alcance el nivel de estas dos. Lo interesante, eso sí, es que esta producción también sabe hacer una sátira de varios de los lugares comunes que normalmente asociamos con el cine indio, llegando incluso a hacer mofa evidente del en ocasiones absurdo grado de censura que hay en dicha industria.

Lo hace ya desde su premisa inicial: un grupo de amigos acude a una fiesta secreta en una isla cerca de la costa de Goa, donde gran parte de los asistentes han consumido una droga experimental que los convierte en zombis antropófagos. Esta premisa, que por cierto ya se había explotado de forma casi idéntica en la mucho menos destacable Return of the Living Dead: Rave to the Grave (2005), se convierte en un discurso de sátira recurrente sobre las drogas que impregna prácticamente todo el metraje incluso antes de que comience la película en sí: no más comenzar la cinta, asistimos a un momento en que uno de los actores, Sajid Ali Khan, lanza un discurso contra el cigarrillo y habla de su experiencia como fumador, presagiando el momento en que aparecerá un cartel en pantalla advirtiendo sobre los peligros de la adicción cada vez que alguno de los personajes salga bebiendo o fumando. Esta práctica termina obviamente convirtiéndose en un chiste e ironizando sobre el supuesto tono pedagógico de una película llena de tiros, falsos acentos rusos, y por supuesto cadáveres ambulantes que devoran carne humana.

Al final la principal baza que tiene a su favor Go Goa Gone es que con todo y su ligereza es una película muy divertida que tiene algunos momentos muy buenos, como por ejemplo todo lo concerniente a la manera en cómo los zombis son derrotados. Aunque el estilo de comedia que maneja es muy convencional, tiene la ventaja de contar con un elenco muy carismático, no sólo los chicos protagonistas sino también el propio Sajid Ali Khan, quien tiene el que sin duda es el personaje más memorable de la cinta. Esta es una de esas que muy probablemente no va a cambiar la vida de nadie, pero que es sin duda superior a la mayoría de las repetitivas comedias zombífilas que nos hemos tenido que tragar en los últimos años.

domingo, mayo 18, 2014

Reseña: Rigor Mortis (2013)

Si bien no fue originalmente mostrada en 3D, Rigor Mortis (2013) podría ser perfectamente un reverso de The Shock Labyrinth (2009), ya que tienen más de un punto en común. Dirigida esta vez a un público más adulto, esta curiosa cinta china producida por el Takashi Shimizu muestra varios de sus temas recurrentes: su obsesión con los espacios físicos cerrados, esa línea difusa entre lo fantástico y lo real, y sus fetiches estéticos entre los que destaca, tal como podéis ver en la foto que acompaña esta reseña, su constante mirada a clásicos de casas embrujadas como El resplandor (1980). Shimizu parece canalizar todos estos temas a través de su director, el primerizo Yuno Mak, creando una cinta que mezcla varios géneros como el terror, la fantasía o el cine de artes marciales, ambientando toda la historia en un ruinoso y descomunal edificio de apartamentos en Hong Kong que funciona como microcosmos. 

El edificio en cuestiones es el punto central del argumento, una gigantesca colmena urbana donde va a parar el personaje principal, una antigua estrella de cine en horas bajas que desciende a los infiernos de la pobreza y que pasa a ocupar un apartamento donde se ha cometido un crimen y que de repente se ve envuelto en un lío de ultratumba que incluye vampiros, hechiceros, fantasmas, magia negra y un largo etcétera de horrores entrelazados con dosis de comedia y artes marciales. Tal mezcla de géneros se me ha hecho menos rara tras indagar un poco en el rodaje de esta película y "descubrir" que toda la cinta es en realidad un homenaje grandilocuente al cine hongkonés de artes marciales de los años ochenta y sobre todo a la saga de películas de Mr. Vampire, de las que recicla a varios de los componentes de su elenco y de las que por lo visto toma gran parte de su estilo y énfasis en distintas figuras de la mitología china. En mi gran ignorancia de todo lo que tiene que ver con el cine asiático no conseguí pillar todas estas referencias y de hecho desconocía todo ese trasfondo del que la película goza, pero ahora que lo sé es algo que definitivamente me he puesto como tarea revisar.

La pregunta en todo caso es si la película guarda algún interés aparte de esto. Ciertamente no es para todo el mundo; su mezcla de géneros y su estética puede resultar demasiado alocada para aquellos que esperen una historia de terror, y no ayuda el hecho de que Yuno Mak no parece decidirse por ningún tono en particular saltando de la comedia de situaciones al horror puro y duro (con escenas y conceptos más fuertes de lo que inicialmente uno se puede esperar) sin previo aviso y de forma un tanto caótica. Además los efectos especiales cantan mucho en aquellas escenas que recurren a los trucos informáticos. 

Pero aparte de todo esto hay sin duda grandes aciertos estéticos (que en ocasiones se pierden por distanciamiento cultural), escenas de acción muy buenas y un clímax en forma de batalla final contra el monstruo que parece un anime con actores de carne y hueso. La influencia de Shimizu se deja notar además en los momentos de terror surrealista en el que las leyes de la física parecen no tener mucha validez. Pero sobre todo una cosa que me ha gustado mucho es ese tema central del cine como hilo conductor del argumento, como forma de evasión y de reconstrucción de la realidad. Este homenaje al que me refiero cobra una especial importancia durante el desenlace y es independiente de las referencias a las películas originales a las que hacía mención más arriba, pero cuando finalmente llega cierra la película con un tono agridulce que para mí es la forma perfecta de cerrar un relato como este. Con todo y eso la cinta no ha tenido una muy buena recepción, en parte quizás porque el cine de terror asiático hace tiempo dejó de ser un tema de interés masivo en Occidente, pero sobre todo porque esta propuesta en general quizás sea demasiado alocada como para tener algo más allá de un cierto tipo de público muy específico. 

jueves, agosto 01, 2013

Reseña: A Blood Pledge (2009)

A Blood Pledge (2009) es el título de la quinta y hasta la fecha última entrega de la saga surcoreana Whispering Corridors, y debo decir que esta vez ha sido una ligera decepción. De todas, esta quinta parte me ha parecido sin duda la más floja, algo que se agrava si tenemos en cuenta que es la última entrega (aunque nunca se sabe). Los motivos son varios, pero el principal de ellos es que a pesar de que la película sigue tocando los mismos temas por lo que la saga se ha caracterizado (la amistad que se rompe, la presión del grupo, las dificultades del colegio y, sobre todo en este caso en particular, el suicidio) es una película muy convencional que se rinde a la salida fácil de un horror muy básico con poco de la sutileza y creatividad que las películas anteriores habían demostrado.

La trama esta vez va de un grupo de cuatro chicas que hacen un pacto de suicidio tras el cual, inexplicablemente, termina muriendo sólo una de ellas, causando que las demás comiencen a ser acosadas por el fantasma de la joven muerta. Ya de entrada este argumento presenta una estructura de horror mucho más convencional, con el fantasma atacando a las chicas una a una mientras el público intenta desvelar el misterio de esa noche. Por fortuna esta estructura trillada es abordada de una forma un tanto distinta al no haber ninguna "investigación" sino resolver el conflicto del fantasma a través de un ángulo dramático en el que la película va descubriendo poco a poco los motivos de las chicas para suicidarse. Por desgracia estas motivaciones están al final poco delineadas y se sienten por momentos como algo bastante frívolo, en el sentido en que la cinta dedica muy poco tiempo al drama personal de las chicas y más a las apariciones de un fantasma ensangrentado de pelo largo como los que ya estamos acostumbrados a ver.

El recurso de lo sobrenatural esta vez está hecho de forma bastante barata, lo que es una lástima considerando la forma interesante en que otras entregas de la saga lo han conseguido. Por el contrario, esta quinta entrega resulta la más pobre a nivel de estética, lo que no quita que tenga algunos aciertos visuales propios, pero que están muy lejos de lo conseguido anteriormente. Su pobreza en lo sobrenatural no me resultaría un problema si por lo menos el ángulo dramático fuese atractivo, pero en esta ocasión el drama es un poco dado al culebrón y la inusual rapidez con la que se mueve el argumento hace que la película inevitablemente termine saltando de forma superficial por lo que parecían temas interesantes e incluso arriesgados: el suicidio entre los jóvenes, el abuso paternal, la religión católica (la película está ambientada en un colegio de monjas y hay una recreación bastante grande en el imaginario cristiano) y el aborto. Esta es también, de las cinco partes de la saga, aquella que dedica más tiempo a escenas fuera del colegio en el que se desarrolla el argumento.

En definitiva, debo decir que esta última entrega de Whispering Corridors ha sido la única que no ha conseguido calar en mí de ninguna manera. A pesar de que mantiene varias de las marcas de la casa y que se esfuerza una vez más por abordar la misma historia que las anteriores contada de una forma novedosa, su superficial drama y su rendición a un estilo de horror demasiado conocido y estéticamente poco atractivo me hace colocarla a la cola de sus antecesoras en cuanto a calidad. Es una pena sólo en parte porque el cine surcoreano continúa hoy más fuerte que nunca, por lo que la saga todavía puede depararnos sorpresas en el futuro. Por mi parte espero que sea así.

martes, julio 30, 2013

Reseña: Voice (2005)

Tras las concesiones al horror más convencional de la tercera entrega, esta cuarta parte de Whispering Corridors, titulada Voice (2005), vuelve al estilo de las anteriores al ofrecernos una película muy diferente a lo que podríamos esperar de los grandes éxitos del terror asiático, ciertamente muy distinta de lo que parece sugerir ese nefasto cartel de la edición americana que circula por ahí. Esa imagen no solamente nunca aparece en la cinta, sino que es de un tono diametralmente opuesto. Por el contrario, y más en consonancia con la segunda entrega, esta cuarta parte de la franquicia es una película larga y de desarrollo muy lento, y a pesar de que presenta un inequívoco ángulo sobrenatural, está muy centrada en el drama de los personajes y presenta lo que hasta la fecha (creo) es la mayor cantidad de diálogos que he visto en una historia de la fantasmas.

El argumento, eso sí, presenta algunas novedades; esta vez el famoso colegio de chicas es una escuela de arte en el que una de las alumnas (una talentosa y guapísima cantante) muere de una forma absolutamente bizarra y misteriosa, tras lo cual empieza a rondar los pasillos del colegio como un fantasma a quien sólo su mejor amiga puede oír, y juntas deben resolver el misterio de por qué murió y quién es la misteriosa presencia que habita el edificio. El incluir por primera vez la perspectiva del fantasma es una idea muy buena, y a pesar de que en un principio pueda parecer que esto hace la película más ligera, no es así; el componente de terror sigue estando presente y se hace más obvio a medida que pasa el tiempo y la protagonista va recordando detalles de su vida que esclarecen el misterio poco a poco. 

Esto último es quizás el detalle que menos me ha convencido, el hecho de que valiéndose de la idea de la memoria fragmentada y selectiva del fantasma (algo que recordaréis, aunque en menor medida, de El sexto sentido (1999), de Shyamalan) la trama nos oculte deliberadamente información que debería haber estado disponible para el espectador desde un principio, usando por lo tanto el recurso del narrador poco fiable del que tanto suelo renegar. La peripecia narrativa es usada en forma un tanto confusa en un afán por hacer ver la historia más inteligente de lo que realmente es, aunque por fortuna esto no quita que no haya ángulos interesantes y que se mantenga en cierta forma lo que ha sido las constantes temáticas de la saga: la amistad entre las chicas, la muerte como resultado de una traición y, al igual que en la segunda entrega, un subtexto lésbico que aquí es usado no como una trama romántica sino por el contrario como un arma de dominación que debo admitir le sienta muy bien.

La película también tiene un discurso estético muy diferente al de las entregas anteriores, con esos eternos tonos sepia que junto a los silencios le otorgan una atmósfera deprimente en la que el mundo parece reducirse a los pasillos de ese colegio. A pesar de que no es tan oscura y terrorífica como la tercera parte, sí hay una intención de alejarse del naturalismo de las dos primeras entregas y dar a la escuela un aire de irrealidad en el que el color rojo como indicador del peligro juega un papel fundamental, lo que una vez más nos remite a Suspiria (1977), de Dario Argento, inevitable referencia a la hora de abordar este tipo de terror colegial femenino. Asimismo, el desmadre sobrenatural del desenlace es un tanto ambiguo y el final creo que queda abierto a la interpretación. En definitiva, Voice es una película bastante en la línea de la saga, y aunque no me haya convencido tanto como la anterior, es interesante que cada una de estas entregas de Whispering Corridors intente tomar un camino distinto a la hora de mostrar los mismos temas en un empaque sobrenatural. 

jueves, julio 25, 2013

Reseña: Wishing Stairs (2003)

Siguiendo con nuestro proyecto de reseñar las cinco películas de la saga de Whispering Corridors, llegamos así a la tercera entrega, titulada Wishing Stairs (2003), que parte de una idea bastante atractiva a la hora de abordar lo sobrenatural, un arquetipo de historia de horror muy recurrente acerca de los peligros de obtener aquello que quieres por medio de vías ultraterrenales. Conocemos ya muchos ejemplos de este tipo de historias, siendo uno de los principales el famoso cuento de La pata de mono de W.W. Jacobs, con la que tiene muchos puntos en común. En el caso de la película que hoy nos ocupa, la premisa trata acerca de una misteriosa escalera de piedra frente a los dormitorios de un internado de chicas que tiene 28 escalones, pero que a veces, por algún motivo, parece tener 29, y concede deseos si quien la sube se encuentra con ese escalón de más. 

Debo decir que esta vez he quedado gratamente sorprendido, ya que a diferencia de las dos entregas anteriores, esta tercera parte sí tiene un marcado contenido sobrenatural, aunque este no se hace evidente hasta llegar a la mitad de la película. Toda la mitad anterior tiene de hecho muy poco de terror, y se ocupa más en establecer el tono y los personajes que habitan el colegio. También en el tipo de historia que cuenta se nota la conexión con las dos películas anteriores, al centrarse sobre todo en la historia de las dos jovencitas protagonistas y de los conflictos que surgen cuando una fuerte amistad se ve rota por la envidia y el error de querer ver en el éxito la única forma de identidad. También hay un interés bastante marcado por mostrar lo dura que es la vida en el instituto y lo crueles que pueden llegar a ser los jóvenes. No quiero entrar aquí acerca de si la película toca el tema del lesbianismo o no porque me parece que eso es más un prejuicio masculino acerca de la amistad femenina, que se vive de forma distinta a cómo la viven los hombres y que implica una cercanía que a veces confundimos con homosexualidad.

En el fondo creo que este juego de espejos entre las distintas partes de la saga ha sido uno de los elementos más interesantes que he encontrado hasta ahora en Whispering Corridors; es como si cada película intentase contar la misma historia de forma distinta, algo que me reafirma en mi opinión de que al menos con estas tres primeras entregas no estamos realmente ante películas de horror ambientadas en un colegio, sino ante dramas de colegio con algunos elementos de horror. Eso no quita, sin embargo, que en esta ocasión en particular se hayan decidido finalmente a subirse al carro de sus contemporáneas en cuanto a cine de miedo; la segunda mitad de Wishing Stairs, y sobre todo su clímax final, aumenta la carga de lo sobrenatural y echa mano de una gama de recursos tanto temáticos como estéticos que ya hemos visto en muchas otras películas de terror asiáticas, pero lo hace con dignidad y sin desentonar del todo con el resto de la película. 

Aquellos que busquen una historia de terror más al uso muy probablemente saldrán satisfechos esta vez, porque ya desde el principio se intuye que esta entrega tiene un tono mucho más oscuro que las anteriores, quizás no tan destacable como la primera cinta, pero notable sin duda. Estéticamente, además, es la más interesante de las tres, y el gancho temático del ballet como escenario de la disputa entre las dos chicas protagonistas le otorga un elemento de belleza que no está presente en las dos películas anteriores. Recomendable sin duda.

martes, julio 23, 2013

Reseña: Memento Mori (1999)

Memento Mori (1999) es la segunda parte de Whispering Corridors (1998), película de terror surcoreana que ya reseñamos hace poco. Tal como comentábamos anteriormente, y en concordancia con el resto de la saga, esta secuela es una historia completamente independiente de su antecesora, tanto que pueden perfectamente ser vistas en cualquier orden. Pero a pesar de esto, la verdad es que las dos tienen un argumento muy similar. Son tantas las semejanzas que hay entre ellas que podríamos incluso hablar de una misma "idea" que se plantea de forma distinta en dos películas, cada una explorando unos arquetipos distintos y respondiendo a las constantes de un género particular. No es una película fácil; una vez más, aquellos que busquen una historia de terror al uso muy probablemente salgan decepcionados, mucho más que en la primera entrega.

En Memento Mori nos situamos una vez más en un colegio de chicas en Seúl (no sé si es el mismo colegio que en la primera parte, aunque bien podría ser), en el que una joven encuentra el diario compartido de dos chicas que alguna vez tuvieron una fuerte amistad que se ve rota por motivos que vamos descubriendo gradualmente. Este es el núcleo narrativo de una historia que se pone en movimiento mediante un suicidio (hecho que se anuncia en la carátula y en el trailer pero que no tiene lugar hasta pasada la primera media hora de película) y en la que se van mezclando diferentes aspectos de la vida en el colegio que hablan sobre todo de la relación lésbica entre las dos chicas y cómo cada una de ellas aborda el tema de la aceptación en medio del conservadurismo en el que viven. Una vez más, el colegio es mostrado como un sitio cruel y opresor que termina destruyendo cualquier intento por alcanzar la felicidad, con lo que de nuevo nos vemos antes una crítica a la fuerza represora de un sistema rígido e inflexible.

¿Dónde está el horror en esto? Buena pregunta. Así como Jim Jarmusch dijo en su momento que The Limits of Control (2009) era "una película de acción sin acción", los directores y guionistas de esta película, Tae-Yong Kim y Kyu-Dong Min, manifestaron su deseo de rodar una historia de fantasmas sin fantasmas ni escenas de miedo, por más increíble que parezca. En el caso de los dos surcoreanos, los productores no dejaron que se salieran con la suya y exigieron a los cineastas la incorporación a la trama de algunos sustos (muy escasos) y escenas de corte sobrenatural que, hay que decirlo, se sienten un tanto forzadas. Hay una muy ligera mención a la telepatía presente en las dos chicas y a la conexión espiritual que se forma con la protagonista a través del diario compartido, pero se cuenta de forma muy ambigua y abierta a interpretación. Además, esta es una de esas películas en la que el espectador realmente tiene que prestar atención porque la historia es contada de forma no-lineal con saltos imprevistos en el pasado que resultan en ocasiones un tanto confusos. Tampoco ayuda que, tal como mencionaba arriba, el hecho que desencadena realmente la trama no ocurra hasta pasados ya treinta minutos.

Por todos estos motivos, clasificar a Memento Mori como una película de terror es algo bastante arbitrario. El casi inexistente ángulo sobrenatural (a excepción de ese delirante clímax que parece sacado de una película distinta) y el énfasis en la relación amorosa de las chicas y su posterior ruptura la convierten más en un drama/romance juvenil que en una historia de fantasmas. A pesar de todo esto me parece muy positiva la forma en que, al igual que en la primera entrega, esta secuela aborda un tema tabú como la homosexualidad adolescente y lo presenta de una forma atrevida resistiéndose a la salida fácil de glorificar al instituto, al que muestra con todas sus miserias y horrores cotidianos. Al final, resulta que estamos ante una película muy interesante, pero que reconozco no es para todo el mundo, ciertamente no para aquellos que estén buscando una película de miedo. Eso seguro.

lunes, julio 22, 2013

Reseña: Whispering Corridors (1998)

Debido al año de su estreno, Whispering Corridors (1998) estuvo entre las primeras películas de esta nueva ola de terror asiático en obtener un sonado éxito comercial en Occidente. También forma parte de un renacer del cine surcoreano una vez que el aparato de censura gubernamental comenzó poco a poco a desmantelarse desde finales de los años ochenta, dando paso a una serie de películas de temáticas mucho más arriesgadas que incluían elementos que hasta entonces habían sido demasiado polémicos para salas comerciales. Es el caso de la película de que la que hablamos hoy, una producción ambientada en un colegio de chicas y que bajo su apariencia de cine juvenil esconde algo más parecido a una película de explotación carcelaria, quizás no tan gráfica como podríamos esperar pero sí igual de cruel.

El argumento es bastante básico: en un colegio de chicas de Seúl, una de las profesoras es hallada muerta en lo que en un principio parece ser un caso de suicidio, pero que las alumnas rápidamente comienzan a asociar con la leyenda de un fantasma que supuestamente ronda los pasillos de la escuela. Hay que decir que este ángulo argumental se vuelve mucho más complejo, lo que requiere cierto nivel de paciencia por parte del espectador; con casi dos horas de duración, es una película larga en la que además la trama se mueve con gran lentitud. Tenemos una muerte al principio, y la segunda llega casi una hora después. Pero es que aparte de esa lentitud anti-narrativa, el elemento sobrenatural es muy discreto y casi desprovisto de efectismos, imaginarios grotescos o momentos puramente de terror. Aquellos que esperen una película de terror más convencional con sus fantasmas femeninos de pelo largo y piel blanca van a salir muy decepcionados porque esta cinta no tiene nada de eso. Por el contrario, hay un intento de emular una historia de tipo gótico en la que el escenario de la escuela juega un papel muy importante y la cámara la aprovecha gracias a ángulos inusuales y un uso muy elaborado de la perspectiva. En ciertos aspectos es muy similar a la cinta de Dario Argento, Suspiria (1977), aunque su estética es mucho más realista.

Pero si bien el componente de terror es bajo, estamos ante una película mucho más inteligente de lo que parece ser. De hecho, algunos de sus aspectos más interesantes no tienen realmente nada que ver con el género que toca; toda la película hace una crítica nada velada al sistema educativo de Corea del Sur, y en varias ocasiones queda muy claro que es la escuela y su clima de brutalidad, vejaciones, abusos y obsesión por la competitividad lo que crea los verdaderos "monstruos" que habitan los pasillos. Este discurso acerca de la sociedad en la que se ambienta es lo que más me ha impactado de la película, y las escenas en la que las chicas son vejadas por sus maestros es lo que probablemente permanezca en la mente de muchos de los que se acerquen a ella.

Como decíamos arriba, aquellos que busquen una película de horror más convencional muy probablemente no aprecien en un primer acercamiento las virtudes de una película como Whispering Corridors. Es verdad que como película de terror se hace larga y que las subtramas y la cantidad de personajes puede hacerse algo confusa si no se está prestando demasiada atención (la uniformidad de muchos de los personajes ciertamente no ayuda), y es cierto que el giro final es bastante predecible si uno ha visto otras películas de este tipo, pero considero que realmente vale la pena como uno de esos ejemplos en los que el fantástico se usa para abordar ideas acerca de la sociedad en la que se produce. Yo la recomiendo sin duda.

viernes, julio 19, 2013

Reseña: Infection (2004)

Saturado como estaba en su momento de la fiebre por el terror asiático, dejé pasar muchas de las películas que sonaron en aquel entonces, especialmente las del proyecto J-Horror Theater, de las cuales en esta página sólo hemos reseñado Reincarnation (2005). Pues bien, hoy tenemos la primera película de aquel ciclo, Infection (2004), del japonés Masayuki Ochiai. Lo primero que tengo que decir es que estoy terriblemente arrepentido de no haberle dado una oportunidad en su momento, ya que este trabajo no sólo es una película interesante por más de un motivo sino que encima es muy diferente a la mayoría de los éxitos que nos llegaron de Japón por aquel entonces. A pesar de sus innegables carencias, es una cinta de terror muy efectiva que consigue un equilibrio ingenioso entre el terror psicológico, lo sobrenatural y la recreación de efectos gore y momentos incómodos basados en el terror físico.

En Infection asistimos a una película que parece mucho más centrada en conseguir una atmósfera de pesadilla que en el argumento en el que supuestamente se basa. Todas las sinopsis que uno encuentra por ahí coinciden en que la cinta va de una misteriosa enfermedad que se apodera de un hospital en crisis y que va esparciéndose de forma descontrolada por entre el personal y los pacientes, pero dicho resumen resulta un tanto engañoso porque la trama de la plaga (representada como una extraña sustancia viscosa de color verde que no sólo disuelve a sus víctimas sino que también causa locura) no entra en juego sino hasta la mitad de la película; Ochiai de hecho está mucho más interesado en mostrar el caos de un hospital en el que la falta de recursos y la mezquindad y miseria del personal médico han convertido el centro en un calvario. El mismo hospital está representado con un clima irreal, oscuro y abandonado, y como los personajes nunca salen al exterior da la sensación de que el centro de salud es una especie de último refugio ante el fin del mundo. La supuesta infección también es tratada de forma interesante ya que anuncia cierto componente sobrenatural del que su director saca mucho partido.

Este ángulo sobrenatural es quizás lo único que enlaza a Infection con otros trabajos de terror japoneses más típicos, pero esto es sólo uno de los aspectos de una película muy extraña y menos convencional de lo que en un principio podríamos creer. Lástima que Ochiai no pueda resistirse a incluir una revelación final que no sólo es un tanto predecible sino que (en mi opinión) no enriquece la película para nada ya que elimina gran parte de esa ambigüedad tan interesante que había conseguido hasta ese momento, aunque a decir verdad no resuelve todos los misterios. Esta primera entrega del proyecto J-Horror Theater no meterá tanto miedo como otras, pero como película me parece mucho más interesante y con un discurso y una estética mucho más original que remite a otros arquetipos de terror no tan usados por sus contemporáneas. 

sábado, julio 13, 2013

Reseña: Examen final (2006)

Examen final (2006) es una película de terror surcoreana que al año de su estreno llegó cuando ya la fiebre comercial por el horror asiático en Occidente estaba más que muerta, aunque paradójicamente esta pérdida de interés por parte del mercado occidental hizo que comenzaran a llegar propuestas más interesantes que no hubiesen tenido cabida en los repetitivos esquemas de años anteriores. En el caso de esta que nos ocupa, estaba reacio a darle una oportunidad cuando vi la carátula con la que su distribuidora, Tartan Asia Extreme, intentaba venderla como una más de sus extravagancias de horror físico más apropiadas para el abonado promedio de Fangoria pero poco atractivas para mi gusto. Al final ha resultado ser un tanto más interesante de lo que esperaba. Sigue sin parecerme una buena película, pero hay muchos detalles rescatables que al menos la separan del montón de producciones similares que nos han llegado de aquel lado de planeta.

A diferencia de la mayor parte del terror asiático que nos suele llegar, Examen final no tiene nada de sobrenatural en ella; se trata por el contrario de un slasher hecho a la manera occidental, con varios guiños nada sutiles a películas como Bahía de sangre (1971) o Viernes 13 (1980). En ella un grupo de jóvenes realiza una reunión en la casa apartada de su antigua maestra de primaria, cuando de repente empiezan a morir uno por uno a manos de un misterioso asesino enmascarado. Lo que más me ha sorprendido del argumento es la inusual crueldad con la que se maneja, visible sobre todo en el clima de tensión que se palpa una vez que descubrimos que todos los presentes guardan un terrible y profundo rencor hacia su maestra (ahora una anciana confinada a una silla de ruedas), un detalle argumental que se va intensificando a medida que avanza la película y que da tan mal rollo como las elaboradas y sangrientas muertes que el asesino causa y que la cinta no se corta un pelo a la hora de mostrar. Pero al igual que las dos influencias arriba mencionadas, el verdadero centro de la historia está en una estructura de whodunit hecha de forma un tanto superficial, ya que muchos elementos de la historia están puestos únicamente como trampas para el público, haciendo que la solución sea una sorpresa simplemente porque hemos sido engañados con pistas falsas puestas de forma un tanto arbitraria.

Esta elaboración caótica del misterio es lo que me impide valorar la película de forma más positiva. Al final, después del festín de sangre, la cinta nos bombardea con una retahíla impresionante de giros argumentales y sorpresas un tanto absurdas que hacen que veamos la historia de otra forma al precio de quitarle todo el sentido al argumento. Es una lástima porque el misterio de baratillo termina destruyendo gran parte de los aciertos que había conseguido en los minutos anteriores. De todas formas, y a pesar de no ser muy cerebral que digamos, Examen final tiene suficientes detalles incómodos para llamar la atención de una forma positiva, quizás no suficiente para ponerla entre las joyas del terror surcoreano, pero al menos para hacerla no tan desdeñable.

martes, marzo 29, 2011

Reseña: Dream Home (2010)

Ahora que ha pasado la fiebre del mainstream occidental por el cine de terror asiático, es el momento perfecto para la llegada de una película como Dream Home (2010), una producción hongkonesa que no sólo es una gran muestra de humor negro y virtuosismo gore, sino también la primera cinta de terror (al menos que yo recuerde) sobre la burbuja inmobiliaria, argumento que le viene como anillo al dedo ahora que el auge de China en la economía mundial es un tema ampliamente reconocible. En la película, el personaje principal es una joven empleada de telemarketing con un solo sueño en la vida: hipotecarse hasta el cuello para tener un piso con vista a la bahía de Hong Kong, una idea que asocia irremediablemente a la felicidad. Cuando su deseo empieza a ponerse cada vez más cuesta arriba, la chica decide hacer lo que sea para alcanzar su objetivo, así tenga que hacer una carnicería con sus futuros vecinos.

La película no sigue una estructura lineal sino que va saltando entre diferentes flashbacks y episodios situados en el presente en el que presenciamos la masacre desatada por la protagonista. Estas secuencias son sin duda las que permanecerán en el recuerdo del espectador ya que son de una brutalidad bastante notable, aunque la característica más curiosa de estas escenas es la torpeza con la que se desarrolla una violencia para nada estilizada y dotada de un negrísimo humor que se aprovecha de la evidente falta de experiencia de la protagonista en las artes del asesinato. Pero sería un error quedarnos únicamente con esto y no apreciar por otro lado el ambiente opresivo que crea el director Ho-Cheung Pang a través de la muestra nada disimulada de una ciudad tan carente de espacio como Hong Kong, llena de rascacielos que se montan unos sobre otros y con una realidad cotidiana tan asfixiante que hace que el público inmediatamente asuma a la protagonista como una víctima que ejecuta una merecida venganza contra las circunstancias que la oprimen. Hay mucho de catársis en el arrebato violento de esta mujer que ejecuta su carnicería con vulgares herramientas que recuerdan mucho a la visceralidad setentera de The Toolbox Murders (1978).

Algunos han comentado una supuesta falta de equilibrio entre el contenido sociológico de Dream Home y su entrega a la casquería fina, aunque personalmente no me ha parecido así; por el contrario, creo que ambos lados de la historia están perfectamente balanceados no sólo a través de la estructura fragmentada del relato sino también gracias a la soberbia actuación de la protagonista, Josie Ho, quien consigue de forma sobresaliente la transición por la cual pasa su personaje de sufrida asalariada a psycho-killer sin por ello caer en excesivos dramatismos ni rehuir al humor. La actriz, por cierto, también produjo la película y según cuentan tuvo gran parte del control sobre el resultado final. Es cierto que el cine de terror con crítica social y el más dado a los excesos sanguinolentos no siempre encuentran el mismo público, pero este es un ejemplo que ciertamente marca una excepción y vale la pena. Acercaos a ella sin duda alguna.

sábado, mayo 08, 2010

Reseña: The Shock Labyrinth 3D (2009)

Tras volver a su Japón natal, y a la espera de la tercera y última parte de su saga Ju-on, el director Takashi Shimizu nos trae su último trabajo, titulado The Shock Labyrinth 3D (2009), una curiosa historia de fantasmas que ha sido publicitada como la primera película de terror japonesa que echa mano del ahora generalizado recurso del 3-D. Independientemente de la veracidad de esta afirmación (algo que reconozco no me interesa demasiado) lo cierto es que estamos ante la que probablemente es la cinta más comercial de Shimizu, algo evidenciado en el hecho innegable de estar dirigida principalmente a un público joven. Pero aunque no sea tan oscura y deprimente como las historias de Kayako y Toshio, sigue siendo sin embargo una cinta muy recomendable y un trabajo que para nada abandona las constantes formales de este director, con todo y su apoyo en artificios aparentemente muy ajenos al resto de su filmografía.

El argumento es una estructura muy conocida: un grupo de amigos juegan dentro de la "casa del terror" de un parque de atracciones cuando una de las chicas desaparece misteriosamente sin dejar rastro, sólo para reaparecer (en circunstancias igual de misteriosas) diez años después, cuando todos los niños han crecido. La chica no recuerda qué ha pasado ni donde ha estado durante esa década, así que el grupo decide regresar al lugar donde empezó todo. Lo que sigue es un festival de horrores surrealistas una vez que los chicos se hallen prisioneros en un lugar donde las reglas de la lógica no parecen tener mucho asidero. Es precisamente este desborde de imaginación visual lo que hace atractiva la película y lo que termina por desvincularla de la filmografía pasada de Shimizu, ya que el resto de los temas de este director están presentes, desde las venganzas de ultratumba, el desfiguramiento del cuerpo y los juegos temporales, sólo que esta vez no tenemos la narración desordenada que caracterizaba a las entregas de la saga Ju-on, sino que son los mismos personajes los que parecen moverse en una paradoja espacio-temporal.

Decíamos arriba que The Shock Labyrinth 3-D estaba dirigida a un público juvenil, y esto se nota no sólo en que el tratamiento del horror es menos intenso que en la obra anterior de Shimizu (si bien la película no carece de imágenes inquietantes) sino también en su estética colorista y el carácter abiertamente festivo y lúdico de su atmósfera, una aparente jovialidad que se acerca a una visión infantil (y precisamente por ello cruel) de la muerte. No es para menos ya que la atracción donde transcurre la película existe: se trata del "Labyrinth of Horrors" del parque Fuji-Q Highland, una de las mayores atracciones de casas embrujadas del mundo. La mayor parte del protagonismo de dicha atracción se dispara ya en la secuencia final, y a pesar de que en papel pueda parecer poco más que un simple patrocinio, la verdad es que la película nunca deja de contar su propia historia y sabe aprovechar la locación del parque sin hacer que sus personajes pierdan relevancia, ya que pese a todos estos detalles, el concepto del público que se pierde en el espacio y en el tiempo es ambicioso, tal y como muestra la muy recomendable página web de la película, que por desgracia esta sólo en japonés.

Ahora, no todo puede ser tan perfecto. El principal problema que le veo es que con todo y su arriesgada propuesta estética, el elemento del 3-D no está lo que se dice muy bien aprovechado. Yo tuve la oportunidad de ver la película en un cine con todo y las gafas, pero aparte de un par de ocasiones y algún que otro momento donde el efecto de profundidad era más que notable, la verdad es que el gimmick de las tres dimensiones no otorga a la película nada que no hubiese estado presente antes. Sin embargo, independientemente del 3-D, creo que verla en una sala tiene su recompensa en cuanto a la ya mencionada desorientación que constituye parte esencial de la propuesta. The Shock Labyrinth 3D no pasará a la historia como lo mejor de Shimizu, pero como muestra de terror juvenil es francamente interesante, y facilita un juego estético con el espectador envidiable. Abstenerse, eso sí, detractores de la obra de este director o del cine de terror asiático en general, porque esta no será la película que les hará cambiar de opinión. En todo caso, no hemos ocultado aquí nunca nuestra parcialidad hacia la obra de Shimizu como perfecto malabarista entre la concesión a los gustos del público y el apego su propia visión como artífice del horror, y esta es una película que nos confirma el por qué.

jueves, abril 22, 2010

Reseña: Reincarnation (2005)

Reincarnation (2005), o Rinne, como se le conoce en su Japón de origen, es otro trabajo del director Takashi Shimizu, quien deja de lado sus acostumbradas historias de fantasmas y juegos narrativos para realizar una película mucho más convencional destinada en su momento al proyecto J-Horror Theater, una antología de cintas de terror que intentó aprovechar el interés de Occidente por este tipo de cine. El plan se quedó, sin embargo, a medias; de las seis películas que originalmente conformaban la propuesta sólo llegaron a realizarse tres, siendo las otras dos Infection (2004), de Masayuki Ochiai y Premonition (2004), de Norio Tsuruta. De las tres restantes, dos de ellas (Retribution (2007), de Kiyoshi Kurosawa, y Kaidan (2007), de Hideo Nakata) se rodaron y estrenaron de forma independiente.

Decíamos antes que Reincarnation es una película mucho más convencional dentro de lo que Shimizu nos tiene acostumbrados. El argumento, que gira en torno a una masacre acontecida en un hotel en las afueras de Tokio y el rodaje de una película sobre los hechos en el mismo lugar del crimen, está evidentemente inspirado en El resplandor (1980), y no sólo en el tema del hotel lleno de fantasmas sino también en determinados momentos y recursos que remiten de forma muy clara a la película de Kubrick. Sin embargo, y a pesar de tener una narrativa lineal que carece del desorden temporal que caracterizaba a la saga de Ju-on, sí hay un juego de carácter estructural al ser esta una película narrada no sólo desde el punto de vista de la chica protagonista (una actriz que consigue el rol protagónico debido a su inusitada conexión con el personaje) sino también otros personajes periféricos cuyas líneas argumentales coinciden todas en el hotel donde ocurrió la matanza.

A pesar de que el principio puede parecer un tanto carente de fuerza, Shimizu guarda sus mejores momentos para el clímax final, no sólo a nivel argumental sino también porque es aquí cuando la película abandona gran parte de su estética realista para adoptar una atmósfera mucho más acorde con el cuento de fantasmas que propone. Es aquí también donde el director se aprecia mucho más contundente en cuanto al imaginario empleado, no sólo en lo referente a la ya citada El resplandor sino también a alusiones obvias a otros clásicos como El amanecer de los muertos (1978). Cierto es, sin embargo, que en muchas ocasiones su tratamiento del miedo puede pasar por indulgente en algunas imágenes que se supone que deben dar miedo porque sí (sobre todo en lo que se refiere a la aparición de niños en medio de un relato de terror), pero otras son muy poderosas, incluyendo el que probablemente sea uno de los muñecos más inquietantes que he visto jamás en una película.

Reincarnation fue conocida en el público occidental por primera vez gracias a la primera edición del After Dark Horrorfest, y aunque se trataba de una de las más potables de ese año, lo cierto es que llegó tarde, cuando la fiebre por las importaciones de terror asiáticas estaba ya en decadencia. A pesar de que no llega a los niveles de otras producciones similares (incluyendo la obra del propio Shimizu) es todavía reinvindicable frente a otros ejemplos mucho más conocidos. El final incluye una revelación sorpresa que ciertamente no me esperaba pero, por fortuna, es sólo un aspecto más de la película y no se siente que esta haya estado dirigida exclusivamente hacia ese truco final. Por el contrario, el equilibrio argumental está muy bien llevado y Shimizu demuestra ser un director de atmósferas incluso en su faceta más comercial.

domingo, noviembre 15, 2009

Reseña: Ju-on: The Curse 2 (2000)

Si bien las primeras partes de cada encarnación de la saga The Grudge tienden a parecerse mucho y tener varios elementos en común entre sí, las secuelas siempre han ido por libre, explorando cada una sus propios argumentos y llevando la historia de Toshio y Kayako a conclusiones bastante distintas. Este es el caso también de Ju-on: The Curse 2 (2000), secuela del telefilme original que dio inicio a la saga creada por Takashi Shimizu y que se estrenó el mismo año. Como su antecesora, esta segunda parte fue hecha para la televisión, pero debido a su éxito también gozó de un breve y limitado paso por los cines de su Japón natal, y con todo y las evidentes prisas para sacarla a la calle, es una muy digna continuación que gustará mucho incluso a aquellos que ya hayan pasado por todas las entregas cinematográficas.

Y es que a pesar del escaso tiempo entre las dos producciones, esta segunda parte resulta más ambiciosa que la anterior al aumentar las dosis de surrealismo presentes no sólo en Ju-on: The Curse (2000) sino también en la obra de Shimizu en general. La película nuevamente maneja varias líneas argumentales y está dividida en segmentos representados en las víctimas de la maldición: el agente inmobiliario que vende la casa, la psíquica de su hermana que le advierte de la presencia de los espíritus, la nueva familia que se muda a la residencia e incluso los policías que investigan la misteriosa desaparición de los anteriores inquilinos. Algunos de los elementos de estas historias serían tratados en encarnaciones posteriores, pero es en esta donde se aprecia una mayor creatividad no sólo en el apartado de las muertes de los personajes sino en las diferentes formas que tiene el horror de manifestarse en la cotidianidad. Impresionante resulta otra vez la capacidad de Shimizu para otorgarnos imágenes inolvidables aún contando con las limitaciones técnicas del vídeo y un recurrente uso de la luz natural.

Estos grandes aciertos a nivel de atmósfera y unos muy sencillos pero ingeniosos trucos de cámara usados por su director (como esa Kayako que se multiplica durante la persecución a una de sus víctimas) hacen que perdonemos algun que otro efecto especial sonrojante, que sin embargo no entorpece para nada nuestra apreciación de la película ni opaca los momentos en los que Shimizu inserta en el mundo moderno los arquetipos fantasmales japoneses del Yōkai y el Yūrei. De hecho, sólo se me ocurre un defecto que atribuirle a la película, y tiene que ver más con las prisas de su proceso de producción: Ju-on: The Curse 2 dura aproximadamente setenta y cinco minutos, de los cuales treinta son metraje reciclado de la película anterior. De no ser por este detalle, estaríamos hablando quizás de la mejor de las secuelas (o segundas partes) que conforman esta peculiar saga. Aún así, los cuarenta y cinco minutos de material original son lo suficientemente terroríficos para hacerla imprescindible para los seguidores de este par de iracundos fantasmas nipones.

domingo, septiembre 27, 2009

Reseña: Hansel & Gretel (2007)

Una cosa que sinceramente no me puedo explicar es por qué Hansel & Gretel (2007) no está entre las más conocidas películas del género fantástico salidas de Corea del Sur. Confieso que no la conocía y no fue hasta muy recientemente que tuve la oportunidad de verla. El resultado ha sido encontrarme con una película que reinvindica la estructura formal y temática del cuento de hadas y lo hace, curiosamente, a través de la perspectiva de un adulto literalmente sumergido en un mundo de niños, lo que conlleva la que sin duda es la mayor pesadilla de la edad adulta: la pérdida de control y el dominio de lo irracional.

La trama va de un hombre que, tras tener un accidente en medio de una solitaria carrera de bosque, va a parar a una misteriosa cabaña llena de dulces y juguetes, donde habita una muy extraña familia que parece dominada por los gustos y caprichos de sus tres pequeños hijos. Todo va bien al principio hasta que el joven se da cuenta de que, por más que lo intenta, no puede salir del bosque que rodea esa pequeña e idílica casa, cuyos habitantes son más de lo que aparentan ser.

Al igual que la también surcoreana 2 hermanas (2003), película con la que guarda muchos parecidos, Hansel & Gretel toma como base temática un conocido cuento popular, aunque en este caso no se trata de una adaptación encubierta. Aparte del hecho de guardar diferencias más que obvias en cuanto a argumento (en la película hay tres niños en lugar de dos), el relato de los hermanos Grimm es empleado únicamente como elemento intertextual aunque, en el fondo, aborde el mismo tema: los niños como víctimas de los adultos y lo que los pequeños están obligados a hacer para defenderse. Esta defensa, en el caso de la película, es no sólo física sino también emocional, ya que los críos deciden voluntariamente recluirse en aquella idílica casa en el bosque para preservar su inocencia y evitar la ruptura del único mundo que conocen, aunque dicho mundo sea sólo una ilusión.

El argumento de la película nos remite también (de forma demasiado clara como para creer en la pura casualidad) al episodio de The Twilight Zone titulado It's a Good Life, que fuera adaptado por Joe Dante en la película de 1983. Al igual que dicho episodio, la historia explora el lado siniestro del mundo infantil pero sin llegar a convertir a los niños en villanos. De hecho, esa es una de las cosas más interesantes de esta película, y que la aleja de la mayoría de las producciones occidentales de "niños chungos": a pesar de que los críos son una de las principales fuentes de conflicto (por no decir la principal), en ningún momento se les demoniza. Por el contrario, la cinta en este sentido recupera el auténtico ángulo temático del cuento de hadas al retratar la niñez en toda su complejidad, mostrando cómo esa prisión auto-impuesta por los personajes (atrapados en su eterna niñez de autocomplacencia) es el refugio frente al mundo de los adultos a quienes temen y de quienes justificadamente recelan. El carácter emocional de la película es sincero y efectivo, y especialmente el tramo final está muy bien resuelto a nivel emocional y hace que la cinta abandone su envoltorio de relato de terror para convertirse en una historia de fantasía agridulce que, ante todo, reinvindica el poder de la imaginación como elemento redentor, aún en medio del mayor de los horrores.

Otra cosa en la que destaca Hansel & Gretel (y que también la asemeja a la película antes citada de Kim Jee-woon) es el imaginario preciosista y colorista que emplea. Visualmente, la cinta es una de las más hermosas que he visto en muchos años, lo cual no le impide alcanzar en determinados pasajes un aire siniestro superior (pero vamos, de calle) a historias aparentemente similares como El laberinto del fauno (2006), a la que supera por mucho no sólo en cuanto a belleza estética sino también en emotividad y auténtico conocimiento de la dualidad moral presente en los cuentos de hadas. Altamente recomendable sin reservas.