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domingo, noviembre 15, 2009

Reseña: Ju-on: The Curse 2 (2000)

Si bien las primeras partes de cada encarnación de la saga The Grudge tienden a parecerse mucho y tener varios elementos en común entre sí, las secuelas siempre han ido por libre, explorando cada una sus propios argumentos y llevando la historia de Toshio y Kayako a conclusiones bastante distintas. Este es el caso también de Ju-on: The Curse 2 (2000), secuela del telefilme original que dio inicio a la saga creada por Takashi Shimizu y que se estrenó el mismo año. Como su antecesora, esta segunda parte fue hecha para la televisión, pero debido a su éxito también gozó de un breve y limitado paso por los cines de su Japón natal, y con todo y las evidentes prisas para sacarla a la calle, es una muy digna continuación que gustará mucho incluso a aquellos que ya hayan pasado por todas las entregas cinematográficas.

Y es que a pesar del escaso tiempo entre las dos producciones, esta segunda parte resulta más ambiciosa que la anterior al aumentar las dosis de surrealismo presentes no sólo en Ju-on: The Curse (2000) sino también en la obra de Shimizu en general. La película nuevamente maneja varias líneas argumentales y está dividida en segmentos representados en las víctimas de la maldición: el agente inmobiliario que vende la casa, la psíquica de su hermana que le advierte de la presencia de los espíritus, la nueva familia que se muda a la residencia e incluso los policías que investigan la misteriosa desaparición de los anteriores inquilinos. Algunos de los elementos de estas historias serían tratados en encarnaciones posteriores, pero es en esta donde se aprecia una mayor creatividad no sólo en el apartado de las muertes de los personajes sino en las diferentes formas que tiene el horror de manifestarse en la cotidianidad. Impresionante resulta otra vez la capacidad de Shimizu para otorgarnos imágenes inolvidables aún contando con las limitaciones técnicas del vídeo y un recurrente uso de la luz natural.

Estos grandes aciertos a nivel de atmósfera y unos muy sencillos pero ingeniosos trucos de cámara usados por su director (como esa Kayako que se multiplica durante la persecución a una de sus víctimas) hacen que perdonemos algun que otro efecto especial sonrojante, que sin embargo no entorpece para nada nuestra apreciación de la película ni opaca los momentos en los que Shimizu inserta en el mundo moderno los arquetipos fantasmales japoneses del Yōkai y el Yūrei. De hecho, sólo se me ocurre un defecto que atribuirle a la película, y tiene que ver más con las prisas de su proceso de producción: Ju-on: The Curse 2 dura aproximadamente setenta y cinco minutos, de los cuales treinta son metraje reciclado de la película anterior. De no ser por este detalle, estaríamos hablando quizás de la mejor de las secuelas (o segundas partes) que conforman esta peculiar saga. Aún así, los cuarenta y cinco minutos de material original son lo suficientemente terroríficos para hacerla imprescindible para los seguidores de este par de iracundos fantasmas nipones.

jueves, septiembre 17, 2009

Reseña: Ju-on: The Curse (2000)

Todo el que pasa por aquí conoce ampliamente mi parcialidad hacia la saga The Grudge, del japonés Takashi Shimizu. Sin embargo, y a pesar de que considero la primera entrega cinematográfica una de las mejores películas de terror orientales que nos han llegado, no fue sino hasta mucho después que pude ver los dos telefilmes originales que le dieron vida, aquellos en los que la historia de Toshio y su madre Kayako vio la luz por primera vez. El que nos ocupa hoy es el primero de esos telefilmes, estrenado hace ya casi una década y titulado Ju-on: The Curse (2000). A pesar de la popularidad de la saga, esta película no es fácil de localizar en Occidente (a menos no de forma oficial), y es una lástima porque este es uno de los productos televisivos que más me han impresionado en cuanto al género de terror, con todo y sus evidentes limitaciones, o quizás gracias a ellas.

La historia empieza de la misma forma que ya conocemos: un hombre asesina a su esposa y a su pequeño hijo y, poco después, los fantasmas de estos comienzan a acosar a todo aquel que ponga pie en la casa donde tuvieron su triste fin. La residencia en cuestión es la misma que en las otras películas, y el esquema es similar también, con la cinta dividida en segmentos narrados en desorden cronológico. El argumento, sin embargo, no es el mismo que en la cinta del 2003, en el sentido de que esta vez son otras las víctimas y otro el conflicto, que va intercambiándose entre el maestro de escuela de Toshio y una familia que se muda a la casa varios años más tarde. La trama con el maestro es muy importante porque ayuda a explicar el origen del crimen que dio inicio a la maldición. Dicho argumento está ausente en la película japonesa del 2003, pero sí sería reciclado hasta cierto punto en el personaje de Bill Pullman del remake americano del 2004.

El resto es bastante similar en cuanto a estilo, y resulta impresionante lo que logra Shimizu teniendo en cuenta los limitados recursos técnicos de la película. Incluso la mayoría de las escenas ocurren de día, algo diametralmente opuesto a lo que ocurre en las entregas cinematográficas. Muy a menudo vemos muertes surrealistas que ciertamente no son tan impactantes como las de sus contrapartes en cine, pero que ya contienen el germen de la saga en cuanto a la idea de que el fantasma puede venir de cualquier parte. El suspense creado por cada escena está muy logrado, y puede que esto sea una apreciación subjetiva, pero la película consigue su objetivo emocional de meter miedo incluso con cosas tan sencillas como planos de lugares solitarios o un aprovechamiento de los silencios francamente envidiable. La cinta incluso se permite un momento gore bastante desagradable que, por cierto, también fue incluído en el remake americano, pero que en esta resulta mucho más impactante.

De hecho, mi única queja hacia la película es de orden narrativo. Ya habíamos contado más arriba que la historia está narrada en desorden cronológico, pero Shimizu comete el error (en mi opinión al menos) de tomar el segmento más impactante (aquel que cierra el argumento enlazando con los orígenes de la maldición) y no colocarlo al final, optando más bien por seguir con un nuevo segmento a manera de epílogo destinado a dar continuidad a la obra a través de una posible segunda parte. El resultado es un anticlímax considerable que resta efectividad al conjunto. En todo lo demás, Ju-on: The Curse es una gran película, quizás no tan poderosa como su remake cinematográfico, pero sí mucho más contundente que la mayoría de los trabajos hechos para televisión. Para fieles seguidores de la saga resulta indispensable.

miércoles, septiembre 02, 2009

Reseña: The Grudge 3 (2009)

Séptima cinta de una de las más famosas sagas del fantaterror japonés actual, The Grudge 3 (2009) es la continuación de su vertiente americana, la primera de ellas sin contraparte japonesa, y la primera de la saga The Grudge que no está dirigida por su creador y máximo responsable, Takashi Shimizu. Se trata de una secuela directa a vídeo que continúa casi en el mismo punto en que terminó la segunda película de la saga americana (de hecho, es necesario haberla visto para poder entender de qué va toda la cosa), con la maldición de Toshio y Kayako cruzando el océano Pacífico y extendiéndose por un antiguo edificio de apartamentos en la ciudad americana de Chicago, algo que ya se exploraba en la entrega anterior y que aquí se convierte en el centro de la trama.

De entrada hay que decir que la película es mucho más básica y convencional que todas sus antecesoras, algo que se nota en el hecho de que es la única de la saga que está narrada de forma lineal, con todos sus eventos narrados en perfecto orden cronológico. Asimismo, la ausencia de su director original, que imprimía su particular estilo a un argumento que en el fondo no dejaba de ser extremadamente sencillo, se nota bastante, para desgracia del espectador. La película tiene una pinta bastante genérica, y al transcurrir prácticamente todo el metraje dentro del mismo escenario, tenemos constantemente la sensación de estar ante algo que hemos visto no seis, sino cientos de veces, incluyendo el mismo grupo de tontos incrédulos que llevan escrita sobre la frente su condición de pasto para los cabreados fantasmas nipones. Numerosas escenas, asimismo, no tienen el más mínimo sentido, y la trama constantemente está forzando su camino hacia más momentos de miedo que intentan emular las características más notables de las dos primeras entregas, pero de forma superficial y explotativa, para colmo con unos recursos bastante baratos entre los cuales no puede faltar gente que, de forma muy natural, se adentra en una habitación a oscuras únicamente porque escuchó un ruido extraño.

Otra cosa que me desagradó bastante al ver esta nueva secuela es que la estética es, incluso para los estándares del directo-a-DVD, demasiado plana y pobre, exageradamente artificial y por debajo en cuanto a calidad a todas las demás entregas, incluyendo los telefilmes japoneses originales. Esta artificialidad no sólo choca con la estética de las dos entregas anteriores sino que además deja bastante en evidencia graves carencias técnicas como el maquillaje de los fantasmas. En cuanto a estos, los nuevos actores que los interpretan no me convencieron para nada. La primera vez que vemos al nuevo Toshio, por ejemplo, parece que estamos viendo a un adolescente de al menos catorce años, y uno de los personajes ni siquiera parece extrañarse ante el hecho de estar viendo un niño azul (!). La dirección también se nota desganada en todo momento, y son numerosas las ocasiones en que nos damos cuenta de escenas con un gran potencial para el miedo que se desaprovechan por el simple hecho de usar un ángulo convencional y una luz genérica bastante habitual en la mayoría de estos productos.

Con todo y eso, lo más terrible que podemos decir de The Grudge 3 es que es una película tremendamente mediocre. Tampoco nos engañemos: si algo hemos aprendido en el último par de años es que estas secuelas tardías producidas para formato casero suelen ser baratas, carentes de todo tipo de inspiración o imaginación, y destinadas únicamente a ser trampas caza-bobos en las que el estudio reduce los costes de producción al mínimo para vampirizar el buen nombre de otra(s) cinta(s). The Grudge 3 no es el peor de estos sub-productos, pero sigue siendo parte del mismo pozo negro de mediocridad del cual sólo es rescatable, en la opinión del que esto escribe, el Wrong Turn 2 (2007) de Joe Lynch. Esta de la que hablamos ahora no. Una lástima.

domingo, marzo 11, 2007

Reseña: The Grudge 2 (2006)

Por sexta vez, el director japonés Takashi Shimizu aborda el tema de su saga de cabreados fantasmas nipones con The Grudge 2 (2006), última bastardización del japo-terror que lleva un par de semanas en cartelera. La insistencia de Shimizu en este tema hace tiempo que ha dejado de molestarme, no sólo porque soy un admirador irredento de esta película, sino porque he terminado de reconocer que no es algo que no hayamos visto antes (porque, siendo sinceros, ¿alguien puede decirme que las enésimas partes de Viernes 13 o Pesadilla en la calle Elm no eran, en el fondo, la misma película?). En todo caso, es de admitir que, por esta vez, Shimizu parece haber girado al menos un poco el volante, ya que esta película no es, ni mucho menos, un remake de Ju-On 2 (2003), sino una historia "nueva" que continúa la trama esbozada por The Grudge (2004) casi desde el momento en que esta termina.

Mucho más que la parte anterior, The Grudge 2 se guía por el esquema formal de presentar varias historias intercaladas en un desorden temporal, de la cual la más importante es la de Aubrey Davis (Amber Tablyn), quien viaja a Tokio para traer de vuelta a su hermana Karen (una Sarah Michelle Gellar retomando brevemente su papel de la primera parte), sólo para encontrarse de bruces con la leyenda de una de las casas más embrujadas de todo Japón, habitanda por los espíritus de Toshio y Kayako, irrefrenables en su sempiterna furia. Esta trama se entrelaza con la de un trío de chicas de instituto que cometen el error de poner pie dentro de la casa donde fueran asesinados estos espíritus vengadores, así como la historia de una familia americana (en Estados Unidos, no más) que poco a poco comienza a notar la presencia de una fuerza maligna que se apodera de su viejo edificio de apartamentos. Por medio de Aubrey, sin embargo, terminamos averiguando más sobre los orígenes de Kayako y la razón verdadera de la maldición que acosa a todos los que pongan pie en su antigua morada.

Si el que lee estas escuetas líneas es uno de esos que se sintieron fascinados con las encarnaciones anteriores de esta saga, entonces no hay desperdicio posible, ya que The Grudge 2 prácticamente agota las salidas más surrealistas al horror producido por sus fantasmas, incluso en las situaciones más inesperadas. La sensación de no estar salvo en ningún lugar y en ningún momento es llevada hasta el paroxismo, aunque es evidente que la fórmula empieza ya a agotarse después de haberlo visto tantas veces. Sin embargo, algo que jamás le he podido negar a Shimizu es la capacidad que para mí tiene de producir un terror puramente orgánico y sensorial, aún cuando su propuesta rompa todos los cánones de la lógica. Esto no me molesta, sino todo lo contrario, ya que el de terror es (para mí) un género de sensaciones, no de intelecto. Aunque claro, teniendo esto en cuenta, es lógico que esta sensación sea completamente subjetiva; si piensas que la imagen del niño abriendo la boca y maullando como un gato es cosa de risa, entonces simplemente no eres el público al que esta cinta está intentando llegar. Por mi parte, Shimizu las tiene ganadas conmigo no sólo gracias a esta saga, sino también con otras películas que por desgracia no han tenido tanta repercusión en nuestro lado del mundo, como Marebito (2004) o Reincarnation (2006), cuyo desconocimiento hace creer al espectador promedio que el director japonés es un perro de un solo truco.

Ciertamente, The Grudge 2 no está realizada con la maestría de su homónima japonesa, y no faltarán voces que se quejen de la evidente explotación que hace su director del tema, pero aún así pienso que no es una película que merezca pasar desapercibida. Tiene lo que su antecesora americana no tuvo: la valentía de despegarse del original, pero al mismo tiempo consigue lo que este ya nos había mostrado en su climático desenlance: la certeza ineludible de que el Mal que se ha desatado en aquella casa es indetenible e inexorable, y que la furia de Kayako no conoce límites ni fin. Si la ficción imita a la realidad, entonces estos fantasmas seguirán viniendo a por nosotros una y otra vez, y nunca podremos deshacernos de ellos. Si esto es una buena o una mala noticia, eso es algo que tendrá que decidir cada quien. Mi respuesta ya la conocen.

lunes, abril 17, 2006

Reseña: Ju-On: The Grudge 2 (2003)

¿Se puede dar un caso en el que "más de lo mismo" sea algo bueno? Evidentemente sí, o al menos eso pienso después de haber visto Ju-On: The Grudge 2 (2003), con la que el director Takashi Shimizu básicamente continúa la historia con lo que parece ser el material sobrante de su ópera prima (¿se puede seguir llamando así después de que consideramos que en este momento está haciendo la sexta película de esta "saga"?). En todo caso, y aunque estoy de acuerdo con todo el mundo en que ya es hora de que el señor Shimizu haga las maletas y deje de sacar pasta de la gallina de los huevos de oro, tengo que reconocer que la segunda parte de la vida y milagros de Toshio y su cabreada madre me sigue aterrando como el primer día.

Ju-On: The Grudge 2 es una secuela con todas las de la ley, en el sentido en que la historia comienza exactamente donde terminó la primera, y sigue exactamente la misma estructura: una serie de "capítulos" desordenados cronológicamente, cada uno de ellos titulado con el nombre de la siguiente víctima de los fantasmas de aquella famosa casa, la cual, en un alarde de autoreferencialidad y plena consciencia por parte del director, pasa a formar parte de la trama de un reportaje de televisión que investiga las extrañas muertes ocurridas en torno a ella. No hace falta decir que todos aquellos hombres y mujeres involucrados en el programa y que cometen la osadía de poner un pie en aquella morada sufrirán las consecuencias de ser pasto para los apetitos de sus fantasmagóricos residentes.

Por todo esto se podría inferir que yo considero esta segunda parte como una mala película, cuando la verdad está muy lejos de serlo. Lo dije antes y lo diré otra vez: es increíble como esta película puede llegar a dar tanto miedo aún a sabiendas de lo que va a suceder. Esta constante se mantiene en la secuela, y salvo un personaje que aparece al principio (una mujer embarazada que no tarda en tener su propio encuentro con Toshio y Kayako), el destino de todos los personajes sigue siendo tan catárquico y tan "inútil" como siempre: el fantasma de los habitantes de la casa existe sólo para matar, aunque se agradece que en esta ocasión, el ansia asesina de Kayako tenga una finalidad más "trascendente" que la simple voluntad asesina, finalidad que se nos revela en los últimos minutos de la película y que por supuesto no revelaré aquí.

Lo que sí es cierto es que esta segunda parte sigue manteniendo su fuerza. Si se es uno de los que disfrutaron con el miedo causado por la primera película (que sigo considerando lo mejor que nos ha llegado del "terror oriental") entonces la segunda no puede decepcionar. Puede que no alcance los niveles de maestría de la primera ahora que la fórmula ha sido develada (no solamente por la anterior parte sino por sus innumerables imitaciones) pero no queda duda de que a la hora de mostrarnos el terror en estado puro y el Mal en su faceta más inexplicable, Kayako y su hijo Toshio siguen siendo dos de los personajes que menos me gustaría encontrar, y en últimas instancias, ninguna discusión sobre originalidad o innovación tiene sentido alguno cuando te enfrentas al recuerdo de esta película en la soledad de tu habitación, sumido en la oscuridad.

jueves, junio 23, 2005

Reseña: The Grudge (2004)

Si simplemente escribiera que The Grudge, la versión americana de Ju-On (2003), es un intento evidente de calcar la original paso por paso, estaría simplificando demasiado las cosas. Es imposible describir con palabras hasta que punto se busca la imitación total en esta cinta. Por eso creo que lo mejor que pueden hacer antes de seguir leyendo es echar un vistazo a la imagen que acompaña este texto y luego compararla con la que adorna la reseña de su versión japonesa. Creo que una vez que se ponen estas dos imágenes frente a frente se capta el espíritu de este remake.

Y es que no podía ser menos. Dado el tremendo éxito de la original (no sólo en Estados Unidos, sino también en Japón, donde inspiró una secuela de la que ya hablaremos en otro momento), y buscando repetir el bombazo que se había pegado Gore Verbinski con The Ring (2002), parecía lógico buscar que Shimizu se encargara en persona de reeditar su mítica cinta para el público americano (¿o debería decir occidental?). Confieso que me sentí ligeramente optimista. Por lo general desconfío de los remakes, pero cuando vi que el productor de esta nueva versión era nada menos que Sam Raimi (director, entre otras, de la famosa trilogía de Evil Dead) pensé que el resultado no podía ser tan malo. Y ciertamente no lo es, al menos no en su totalidad.

Es evidente que no está a la altura de la original. Es más, ni siquiera está a la altura de The Ring, pero Shimizu ha hecho un trabajo bastante pasable, lo cual no estaba tan difícil dado el increíblemente bajo estándar que los últimos años han otorgado al género del terror en el cine. The Grudge, en su versión americana, sigue exactamente la misma historia: una casa en la que ha sucedido un espantoso crimen aloja los espíritus de Toshio y su "bastante cabreada" madre, que por supuesto acaban con cualquiera que cometa la osadía de entrar. Quien primero vemos romper esta regla es Karen (interpretada por Sarah Michelle "Buffy" Geller, quien casi me hizo correr despavorido de la sala), una chica americana que casualmente "vive en Japón" y se dedica a trabajar en labores sociales mientras su noviecito estudia en su programa de intercambio.

La única diferencia grande entre las dos versiones es que casi todos los actores principales han sido sustituidos por luminarias americanas (aunque en este sentido se agradece la presencia de ese ídolo de la serie-B llamado Ted Raimi), ya que salvo una pequeña sub-trama con el personaje de Bill Pullman (quien por cierto, tiene una escena muy buena al principio de la película) y que intenta explicar el "origen" de la maldición -muy pobremente, debo decir- la historia permanece más o menos igual.

Pero aún así, y a pesar de todos los esfuerzos y la evidente libertad que ha tenido Shimizu para resaltar los puntos más escalofriantes de su anterior versión, se nota que The Grudge ha perdido un poco de empuje en su traducción del japonés al inglés. En cierto modo, la presencia de ese montón de americanos en Japón podría verse desde una perspectiva incluso cómica. ¿O acaso no da risa el sólo pensar en un montón de gringos en Tokyo cuyas vidas son arruinadas por unos fantasmas japoneses que los consideran intrusos? En esta historia de absoluta incapacidad de adaptarse subyace material para una muy buena comedia, y si no me creen, esperen a ver esa hilarante escena en la que el personaje de Clea Du Vall intenta hacer la compra sin hablar ni papa de japonés.

Hablando en serio, estamos ante una versión cuando mucho pasable. Mejor que la mayor parte de lo que hay allá afuera, pero no le llega ni por los pies a la atmósfera visceral y sutil de la original. La gente que no haya visto la versión japonesa seguro amará esta, pero yo por mi parte no puedo dejar de recomendar que le den preferencia a su antecesora. Es por su bien.

miércoles, junio 22, 2005

Reseña: Ju-On: The Grudge (2003)

No llegó la primera, pero hasta el momento, Ju-On: The Grudge (dejo el título en su versión original porque la palabra "grudge" es muy difícil de traducir correctamente, aunque una aproximación podría ser "ira" o "furia", especificando que se trata sólo de aquella que es producida por un fuerte rencor) me parece el representante más digno y contundente de esta nueva moda en el género de terror conocida como el J-Horror (un término menos excluyente sería A-Horror, porque no todas las películas de miedo orientales que nos llegan vienen de Japón). Muy similar al fenómeno italiano del giallo que cautivó a medio planeta durante los años setenta, este sub-género de películas tienen muchas similitudes entre sí: se trata de historias de miedo fuertes, pesadas, cargadas de atmósfera, y que frecuentemente tocan el tema de la espiritualidad "siniestra" de la que está cargada gran parte del esoterismo oriental. La cinta de Takashi Shimizu, la mejor según mi parecer, es fuerte evidencia de esto.

Ju-On no cuenta la historia de unos personajes. Más correcto sería decir que cuenta la historia de una fuerza: la maldición creada tras un crimen que se nos presenta de manera borrosa en la secuencia inicial. Un hombre (desconocido para nosotros) mata a su mujer y a su pequeño hijo. La casa que una vez habitaron estos personajes se convierte, desde entonces, en el receptáculo de la ira de estos fantasmas, quienes acaban con la vida de cualquiera que se atreva a cruzar el umbral de su morada. La historia comienza con una joven llamada Rika, quien durante una visita a la casa (donde trabaja atendiendo a una anciana) es testigo de la fuerza de aquella maldición que la ataca no solamente a ella, sino a todos los que están en contacto con la vivienda y sus habitantes.

Shimizu cuenta la historia en fragmentos desordenados cronológicamente. Cada uno de estos segmentos está titulado con el nombre del personaje en el que se centra. El resultado es casi siempre el mismo: el personaje entra en contacto con la casa y acto seguido es acosado por la fuerza de los dos fantasmas: Toshio (uno de los niños más espeluznantes que haya visto jamás, y eso es decir mucho) y su vengativa madre. Pero lo asombroso es como esta película es capaz de asustarnos incluso cuando nos familiarizamos con su estructura. Casi siempre sabemos lo que va a pasar, y aún así esperamos que de alguna manera no suceda. Pienso que alguien capaz de lograr esto realmente es un maestro en el arte de meter miedo.

Es sumamente difícil hablar de esta película, porque a diferencia de otros ejemplos del terror asiático, por ejemplo Ringu (1998) o The Eye (2002), no se centra necesariamente en la trama. La historia es lo de menos, lo importante es el clima que crea y la sensación de profundo temor que impregna cada fotograma. Shimizu, obviamente, coloca gran parte de su peso sobre las imágenes, sonidos y demás aspectos "sensoriales" de la cinta. En este sentido, creo que lo mejor es acercarse a ella sin saber nada de antemano. Yo lo único que puedo expresar es que, si una película es capaz de producir una sensación así, temo por mi salud. Y esto es la pura verdad.