lunes, abril 09, 2018
Reseña: The Devil's Candy (2015)
sábado, marzo 10, 2018
Reseña: Ju-on: Black Ghost (2009)
miércoles, marzo 07, 2018
Reseña: Ghost Stories (2017)
viernes, marzo 02, 2018
Reseña: Hellraiser: Hellworld (2005)
Una búsqueda rápida por la historia de su producción deja claro por qué: rodada paralelamente a la séptima entrega y estrenada el mismo año, esta producción viene de un guión originalmente titulado Dark Can't Breathe y que contaba una historia completamente independiente a la que luego se maquilló para darle el toque cenobita que faltaba. Es una lástima que no hayamos podido ver dicho trabajo porque las francamente buenas posibilidades del argumento de esta película se vienen abajo precisamente debido a su inclusión forzada en una franquicia ya gastada y en franca decadencia desde hacía mucho tiempo y que tampoco esta vez consigue salvarse.
Uno de los aspectos más curiosos de este argumento viene, sin embargo, de un intento por romper con todo el estilo anterior, dando a la historia un giro metaficcional situándose en un mundo fuera de la propia película en el que la saga de Hellraiser existe. Dicho giro está evidentemente inspirado en películas como La nueva pesadilla (1994) y sobre todo Scream (1996), no sólo por el contenido irónico y auto-referencial sino también por el hecho de que estamos ante una cinta de corte juvenil que gira alrededor de unos chavales adictos a una web llamada Hellworld. A decir verdad nunca queda claro exactamente si es una página web o un videojuego, aunque en lo personal creo que se trata de una especie de red social inspirada en el universo de Hellraiser y que al parecer está relacionada con el suicidio de uno de los chicos. La verdadera película comienza cuando el resto de los jóvenes asisten a una fiesta temática de su entretenimiento favorito y presencian como aquello que creían originalmente un universo de ficción termina teniendo una capa más siniestr
Aquí también por desgracia es cuando la película se convierte en un slasher de toda la vida, con los chicos muriendo uno a uno en medio de una trama que termina siendo un misterio de baratillo con un final sorpresa mucho menos inteligente de lo que quiere hacernos creer. Por supuesto, nada de esto tiene que ver con Hellraiser más allá de la presencia de un cansado Doug Bradley que aparece de vez en cuando en cameos glorificados y se apersona en la última escena en una muy lamentable coda final que corona todo este despropósito. Lo más amargo de todo este trago es que la cosa no terminó aquí: varios años después sus responsables volverían a exprimir la saga con dos entregas más que terminarían distanciándose aún más de aquella cinta que les vio nacer, ya que el mismo Bradley abandonaría el barco entregando su papel de Pinhead a otros actores menos agraciados. Pocas sagas de terror han tenido una vida tan longeva, y pocas han caído tan bajo después de su prometedor inicio.
viernes, febrero 23, 2018
Reseña: Verónica (2017)
miércoles, febrero 21, 2018
Reseña: Unfriended (2014)
miércoles, febrero 14, 2018
Reseña: The Ritual (2017)
lunes, febrero 12, 2018
Reseña: Jessabelle (2014)
lunes, febrero 05, 2018
Reseña: Prom Night 3 (1990)
viernes, febrero 02, 2018
Reseña: Insidious: The Last Key (2018)
miércoles, octubre 18, 2017
Reseña: Annabelle: Creation (2017)
Olvidando por lo visto la película anterior, esta intenta relatar (una vez más) los orígenes de la muñeca y de cómo esta pasó a ser una fuerza maléfica que se ha cebado con una pareja tras la trágica muerte de su pequeña hija. Aunque los protagonistas en realidad no son estos sino un grupo de niñas de un orfanato que han venido a vivir a esta casa invitados por la pareja para dar nueva vida a su hogar. Tengo que decir que la historia y su planteamiento base son al menos interesantes por sí mismos y que, al menos al principio, prometen un ambiente de terror eficiente gracias a esa combinación entre el estado de aislamiento de la casa y la muy penosa situación por la que pasan las niñas, además del miedo que los más pequeños pueden sentir ante las enfermedades de los adultos. Solamente esto ya hubiese sido un muy buen planteamiento para la trama de una de las crías que descubre la presencia del demonio que habita la muñeca y con ello el secreto que guarda la familia en su pasado.
Si esto queda arruinado es por dos motivos: el primero tiene que ver con las ansias comerciales de la cinta al subrayar de forma ingenua todos sus momentos de terror con subidas de volumen, sustos baratos y demás armas de ese cine de terror de bajas pretensiones que conocemos tan bien, y el segundo con la insistencia por parte del guión de enlazar esta película no solo con la primera parte de Annabelle sino por extensión con todo el universo de The Conjuring. Siendo sinceros, la muñeca en sí no tiene nada que ver realmente con la trama y podría haber estado perfectamente ausente sin que esta se resintiera en lo más mínimo. Por el contrario la cinta no sólo intenta forzar su significado una vez más (incluso, al igual como ocurrió en la película anterior, antes de que dicha muñeca estuviera "embrujada") sino que incluso cuenta con un sonrojante epílogo que conecta sin ningún tipo de sutilezas con la primera entrega, dejando la continuidad con esta bien montada.
Este tipo de estrategia de universo compartido es quizás lo más relevante: las ganas de crear una saga multipolar construida en torno a la obra de James Wan, repitiendo así lo que parece ser la nueva estrategia comercial de los grandes estudios y sus mega-franquicias, algo en lo que todos ellos parecen estar metidos desde que las películas de superhéroes de Marvel demostraran que tal hazaña es posible. En este sentido, la cinta de la que hablamos hoy lo intenta de la forma más evidente posible: una pequeña escena post-créditos ya se encarga de adelantarnos el próximo personaje que pasará por nuestras pantallas en medio de toda esta locura. La segunda entrega de Anabelle puede que no sea lo peor que haya visto, pero es sin duda un trabajo muy olvidable y sobre todo muy inferior a lo que incluso sus propias posibilidades ofrecen.
lunes, octubre 16, 2017
Reseña: It (2017)
Más arriba, cuando mencionaba que esta película se estrenaba en un inmejorable contexto me refería a que justo ahora, en 2017 (curiosamente, 27 años después de la última aparición de Pennywise en pantalla) el hambre de nostalgia por parte del público general y la edad del público objetivo de la primera versión de It aseguraban ya un éxito por otro lado predecible dada la popularidad de series de televisión como Stranger Things, con la que esta cinta se retroalimenta en más de una forma: aparte de contar con uno de los niños del elenco, se podría decir que dicha serie allanó el camino para el regreso triunfal del King clásico a la pantalla, y de no haber existido quizás esta película no habría tenido esta monumental acogida. Tal éxito, sin embargo, ha tenido un precio, que no es otro que el ostentar muchos de los vicios del terror sobrenatural destinado a los grandes públicos: sustos baratos, un uso excesivo de la música, una casi inexistente sutileza en cuanto a sus elementos de miedo, y en general una trama bien masticadita. Eso sí, debo decir que aunque sus responsables hayan eliminado gran parte del trasfondo de los personajes con el objetivo de hacer la trama más comercial y que hayan resaltado la historia de amor entre Bill y Beverly (llegando a convertir a esta en una versión algo molesta de una damisela en apuros), al menos me ha gustado el hecho de que no rompieran el misterio acerca de los orígenes del monstruo, quizás dejando esto para la inevitable secuela.
En definitiva, esta nueva versión de It quizás no llegue a convertirse en un clásico del terror de aquí a unos años, pero está muy bien hecha y tiene algunos momentos brillantes que ciertamente la hacen destacar en el panorama por lo general desolador que suele traer el cine de terror hecho por el Hollywood comercial. Resulta agradable ver, además, una adaptación de King hecha desde el respeto, y me pregunto si su éxito tendrá como resultado alguna especie de revival de otras de sus historias de miedo más populares. Es bien sabido por todos que el autor de Maine se encuentra en este momento enfocado en recuperar los derechos cinematográficos de varias de sus obras clásicas, con lo que esta opción no la descarto del todo. En cuanto a esta, a pesar de todas las quejas que pueda tener por su falta de sutileza y sus sustos fáciles, es una película demasiado bien hecha como para despreciarla; King se merece esto y más.
miércoles, octubre 11, 2017
Reseña: It (1990)
Para aquellos que no estén familiarizados con ella, It es también una de las más emblemáticas novelas de King, publicada cuando el autor de Maine estaba en el punto más alto de su carrera como escritor best-seller, y que contiene además casi todos los ingredientes con los que es conocido: horrores ancestrales, la historia de un pueblo maldito (el ficticio poblado de Derry, que volvería a aparecer en varias de sus obras) y una exploración de miedos atávicos que hoy en día se han vuelto clichés como son la presencia de los payasos como iconos del terror, algo en lo que esta historia sin duda colaboró y que tiene en el trabajo de Tim Curry como Pennywise el que probablemente sea el elemento más recordado de esta miniserie.
Pero es un error centrarse únicamente en ello porque si bien el trabajo de Curry es impresionante e inyecta una enorme vitalidad en un producto que hubiese sido condenado a la medianía de no contar con él, lo que hace interesante a esta historia es para mí su estructura. Esta miniserie de tres horas está dividida en dos partes: una primera mitad que se enfoca principalmente en los personajes cuando son niños, y una segunda parte centrada en los mismos personajes ya de adultos, cuando deben enfrentarse nuevamente a Pennywise treinta años después. Hay que decir que la primera mitad, aquella de los niños, es muy superior a la segunda parte, quizás porque al ser una historia de terror con personajes muy jóvenes se hace más perdonable la ligereza con la que la miniserie aborda una historia por lo demás escalofriante acerca de un pueblo que vive una terrible maldición cada tres décadas y que implica niños muertos. Esta ligereza de la que hablo se extiende también a la figura del payaso, con el que Tim Curry consigue un magnífico trabajo que sólo es terrorífico por nuestro recuerdo infantil, ya que en pantalla se ve más cómico y no tan genuinamente perturbador. La figura de Curry, sin embargo, se ha convertido por derecho propio en la imagen más reconocible no sólo de esta miniserie sino que su influencia se ha extendido hasta la propia novela, ya que casi todas las ediciones que se publican de esta resaltan la imagen del payaso a pesar de que este es sólo una de las formas del monstruo y está de hecho algo sobredimensionado tanto en la miniserie como en la nueva película que se acaba de estrenar.
La segunda parte de It, aquella con los adultos, ya no es tan interesante sobre todo porque al abandonar el ángulo infantil se hace muy evidente el escaso énfasis en historia de terror y los muy sonrojantes momentos en los que puede caer. Todavía hay aspectos positivos en esta segunda mitad a nivel de historia, aunque me temo que estos sean mérito de la novela, la cual admito que leí hace ya un tiempo. Con todo y eso, es increíble como esta miniserie ha persistido en el recuerdo como un miedo de infancia de una generación específica que ha sabido perdonarle todas sus innegables carencias gracias sobre todo a su sentido de maravilla y su esquema de oscura aventura juvenil, haciendo que muchos terminaran de acercarse no sólo a la novela sino a la obra de King en general. Es una obra que se ha ganado su puesto aunque, tal como ocurre con la maldición de Derry, Pennywise haya tenido que regresar veintisiete años después. De ello hablaremos en la próxima entrada.
lunes, octubre 09, 2017
Reseña: Rings (2017)
Tal cual: en lo que probablemente sea un esfuerzo por rentabilizar la única entrega realmente popular, Rings es una secuela directa de la primera película, que se salta la segunda parte como si esta nunca hubiese existido y que incluso reinventa algunos puntos clave en la historia de la niña fantasma Samara Morgan, cuyos orígenes son explorados en gran detalle por una pareja de jóvenes que deben descifrar un mensaje oculto en la famosa cinta de vídeo maldita, un vídeo-dentro-del-vídeo con nuevas imágenes y un nuevo secreto a descubrir. Atrás quedó, sin embargo, la famosa regla de los siete días, lo que elimina el factor de carrera contra el tiempo que era sin duda uno de los más efectivos e inquietantes elementos de la original.
Por otro lado es una buena idea que se haya abandonado al menos en parte el tema de la maldición viral ya que hay ciertos elementos estéticos de la película que simplemente no tienen nada que ver con nuestra época, no sólo las cintas de VHS sino también la imagen de estática de los televisores (que me pregunto si el público más joven al que está dirigida esta película conocerá siquiera). En este sentido es de agradecer que al menoel guión haya intentado explorar una trama con ideas distintas y que no se haya limitado simplemente a copiar aquello que funcionó la primera vez. Por desgracia el resultado es una película de terror muy convencional con los típicos sustos repentinos y un secreto del pasado que se va resolviendo a fuerza de visiones y otros métodos tramposos de exposición, así como un Vincent d'Onofrio cuya sola aparición ya adelanta lo que va a pasar más adelante y cual será la resolución del conflicto.
Con todo y eso, quizás mi clemencia hacia Rings tenga más que ver con lo mucho más tragable que me pareció en comparación con The Ring 2 (2005), aunque no deja de ser algo muchas veces visto. No tengo la menor duda de que la distancia temporal con respecto a sus antecesoras ha tenido como consecuencia que esta haya pasado como una película de terror del montón, lo cual es una lástima porque aquella obra de Gore Verbinski de 2002 es, como todos sabéis ya, una de mis películas de terror favoritas de todos los tiempos, y una que sin duda alguna se merecía más que una muy pobre continuación con un joven elenco de desconocidos y todos los vicios del terror mainstream actual al que alguna vez ayudó a dignificar.



















