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lunes, abril 09, 2018

Reseña: The Devil's Candy (2015)

Sean Byrne, director de la muy recomendable The Loved Ones (2009), tuvo hace un par de años su segunda película de terror con este trabajo muy diferente a aquel con que lo conocimos, alejado esta vez de los preceptos del horror fisico y entrando de lleno en lo sobrenatural, y aunque no llega a los niveles de calidad de su entrada en el torture porn sí que resulta una obra de lo más eficiente que consigue en su mayor parte eludir varios de los clichés que este tipo de historias suelen tener. Con todo esto, The Devil’s Candy (2015) puede que no sea su trabajo más original, pero al igual que como ocurría con su película anterior, Byrne consigue sacar momentos inesperados de ideas ya muy explotadas, en esta ocasión jugando con la idea del artista acosado por un misterio de ultratumba que, paradójicamente, resulta una de sus mayores fuentes de inspiración a la vez que lo va destruyendo como persona. Es un concepto que se ha plasmado muchas veces a lo largo de los años pero que aquí está llevado con personalidad y de manera muy efectiva.

Ambientado esta vez en medio del entorno rural americano y con un irreconocible Ethan Embry en el papel principal, el argumento va sobre un pintor que se muda con su familia a una granja y ve cómo su obra comienza poco a poco a verse afectada por una presencia sobrenatural que intenta comunicarse con él. Paralelamente, su familia es rondada por un asesino en serie que parece guardar alguna relación con la experiencia que está viviendo. Ambas tramas transcurren de forma más o menos independiente y se van acercando hacia el final, una vez que el misterio sobrenatural es revelado. De todas formas, lo interesante está no tanto en este misterio en sí sino en el proceso de transformación del propio protagonista, que va sufriendo su propio viaje interior al lado más oscuro de sí mismo a medida que su contacto sobrenatural comienza a apoderarse de él.

Como decía, el argumento no es lo que se dice muy original y tanto el misterio como la idea del artista atormentado que alcanza sus mejores trabajos a medida que va perdiendo su humanidad son cosas que se han hecho muchas veces antes, pero la película lo compensa con creces gracias a la atmósfera que construye Sean Byrne y que en cierta forma ya había adelantado en The Loved Ones: al igual que en esta, en The Devil’s Candy también hay una estética calurosa y opresiva que se arma gracias al contraste entre el entorno rural y la música death metal que escucha el prota y que se convierte en parte de su identidad. Las escenas sobrenaturales son muy sutiles comparadas con la abierta representación de lo fantasmal que suele tener este tipo de cine hoy en día, y de hecho los principales momentos de terror vienen con la obra del pintor y la forma en que va volcando su mundo interior en ella. En otras manos, sin ese particular estilo, esto probablemente hubiese sido un trabajo muy inferior y es precisamente gracias al buen oficio detrás de ella que termina elevándose por encima de lo que su trama le hubiese deparado. 

El único problema que tengo es que la cinta deja al final todo demasiado bien atado para mi gusto, y se esfuerza en cerrar de forma definitiva el argumento principal a la vez que deja abierta la subtrama del decadente arte del protagonista y el súbito interés que despierta en un siniestro coleccionista de obras macabras, un ángulo que no lleva a nada a pesar de que de entrada parecía mucho más interesante incluso que la trama principal. Pero aparte de eso, estamos ante una historia de terror muy buena que pasó más o menos desapercibida entre muchos productos similares y que habría que rescatar porque sin duda lo merece. 

sábado, marzo 10, 2018

Reseña: Ju-on: Black Ghost (2009)

Estrenada paralelamente a su gemela ya reseñada aquí, Ju-on: Black Ghost (2009) forma parte de la bilogía de cintas producidas para celebrar el décimo aniversario de la saga de The Grudge. Esta segunda parte del binomio, al igual que White Ghost (2009), está completamente desligada de la serie original y construye en cambio su propia historia siguiendo el estilo de la obra de Shimizu. En este caso, a pesar de que en cierta forma es una especie de precuela de su compañera (parte de la película tiene lugar en la misma casa), se trata de una historia completamente independiente que se puede ver por sí sola, con lo que realmente da igual el orden en que veáis las dos cintas. 

Una cosa curiosa, y que muy probablemente sea su mayor marca de identidad, es que en esta ocasión el origen de la maldición viral que acosa a los personajes no tiene nada que ver con un crimen, lo que por otro lado representa una evidente ruptura con el argumento que habían presentado todas las encarnaciones anteriores de The Grudge. El estilo narrativo, sin embargo, se mantiene: pequeñas historias contadas en desorden cronológico alrededor de personas que mueren de forma terrible a manos de un fantasma vengativo. Sin embargo, en un alarde de originalidad poco habitual en esta saga, esta vez el componente estétido es distinto al mostrar el fantasma como una mujer completamente negra de la cabeza a los pies, una sombra viviente que parece estar vinculada a una niña que permanece en coma en un hospital y que va matando a todos aquellos que entran en contacto con ella, extendiendo así la maldición.

El aspecto estético, el argumento más elaborado y el carácter quizás más surrealista de las muertes me parecieeron aspectos bastante originales que, por lo menos ante mis ojos, terminaron encumbrando esta película por encima de White Ghost, a la que supera en prácticamente todo al mismo tiempo que se aleja de forma un tanto más arriesgada de aquellos preceptos que hacieron famosa la saga original. Por desgracia los mismos fallos siguen presentes, siendo el principal de ellos ese acabado tan barato que tiene su producción, acorde con los primeros trabajos de Shimizu pero que termina perjudicando muchas de las escenas de miedo, especialmente aquellas en las que se intenta hacer uso de efectos especiales para mostrar la apariencia oscura del fantasma, así como el desenlace de exorcismo en el que la cinta adopta un tono mucho más alejado de las sutilezas de entregas anteriores. 

A pesar de todo esto, sigue siendo una película de terror muy efectiva con momentos muy buenos que sin duda caerán bien a aquellos seguidores de la saga y que la hacen algo más memorable que otras entregas menos inspiradas. Como nota final, quisiera destacar el hecho de que esta es, hasta la fecha, la única entrega de The Grudge escrita y dirigida por una mujer, la cineasta Mari Asato, que ha seguido trabajando en el género de terror desde entonces. Curiosamente, este es un hecho que nunca se mencionó en su momento a pesar de que la película tiene un énfasis en los personajes femeninos que no muestran otras entregas de la saga. En todo caso, este es otro detalle que la hace interesante y digna de echarle un vistazo. 

miércoles, marzo 07, 2018

Reseña: Ghost Stories (2017)

Otro de los estrenos importantes de este año (aunque ya se había proyectado en festivales desde el año pasado), la británica Ghost Stories (2017) recupera en gran medida una de las más queridas tradiciones del cine de terror inglés, que no es otra que aquellas cintas de antología popularizadas en su día por productoras como la Amicus. Hay mucho de eso en este primer largometraje de Jeremy Dyson y Andy Nyman, quienes al igual que sus predecesores de décadas pasadas construyen aquí varios relatos unidos por un hilo narrativo de caracter moralista en el que un escéptico investigador especializado en descubrir fraudes paranormales debe encargarse de destapar los únicos tres casos que su maestro no pudo descifrar, en busca de la prueba definitiva de la existencia de lo sobrenatural.

Creo que es la primera vez que veo una de estas cintas antológicas en la que la historia que hila los tres segmentos es tan interesante o más que los propios relatos, ya que desde el primer momento quedamos cautivados con la labor de este investigador y del ambiente tan maravilloso que se crea con los casos que caen a su disposición, tratados todos desde una perspectiva sensacionalista muy acorde con la visión moderna que tenemos de los fenómenos paranormales, y a pesar de su distanciamiento consigue escenas de miedo realmente fuertes, que se van incrementando a medida que el protagonista se adentra en el misterio de cada uno de los casos, por cierto muy diferentes entre sí, desde historias de lugares embrujados pasando por un encuentro con un monstruo en una carretera, y sobre todo con el excelente segmento protagonizado por Martin Freeman (el único actor que he reconocido del elenco) que me pareció de lejos el mejor de los tres. 

Hay una cosa sin embargo que he leído en muchas reseñas y que probablemente eche para atrás a algunos espectadores, y tiene que ver con el hecho de que precisamente por la idea de presentar estos tres segmentos como casos no resueltos, ninguno de los relatos de Ghost Stories se cierra en el sentido tradicional de la palabra, sino que por el contrario parece que dejaran la puerta abierta a una interpretación del horror como algo inexplicable y que te niega la catarsis que suelen dar este tipo de historias. Este detalle, que puede no ser del agrado de todo el mundo, me ha parecido una de sus mayores fortalezas y una seña de identidad muy clara que diferencia a esta película de muchos de sus congéneros, sobre todo aquellos que se estrenaron durante los setenta y ochenta. 

Llegado ya el final, la película tiene por supuesto una revelación muy acorde con este género clásico de antologías y que proporciona al espectador la única sensación de cierre posible. En definitiva, me ha parecido una película muy especial, y una que ciertamente vale la pena revisar aunque sea por el hecho de resucitar un estilo de cine de terror británico que yo en lo particular tenía tiempo sin encontrarme en salas comerciales. Muy recomendable, sin duda alguna. 

viernes, marzo 02, 2018

Reseña: Hellraiser: Hellworld (2005)

Retomando nuestra ardua labor de cubrir todas las entregas de una franquicia que, contra todo buen juicio, se niega a morir, llegamos a Hellraiser: Hellworld (2005), octava entrega de la saga iniciada por Clive Barker y cuarta de ellas de la serie de estrenos que fueron directamente a formatos doméstico. Esta nueva secuela está nuevamente dirigida por Rick Bota, el mismo de Hellraiser: Deader (2005) y una vez más toma un camino completamente distinto al de sus antecesoras sin tener mucho que ver con los preceptos o la mitología cenobita establecida en películas anteriores, cosa que se nota mucho y que me predispuso en contra prácticamente desde el principio.

Una búsqueda rápida por la historia de su producción deja claro por qué: rodada paralelamente a la séptima entrega y estrenada el mismo año, esta producción viene de un guión originalmente titulado Dark Can't Breathe y que contaba una historia completamente independiente a la que luego se maquilló para darle el toque cenobita que faltaba. Es una lástima que no hayamos podido ver dicho trabajo porque las francamente buenas posibilidades del argumento de esta película se vienen abajo precisamente debido a su inclusión forzada en una franquicia ya gastada y en franca decadencia desde hacía mucho tiempo y que tampoco esta vez consigue salvarse.

Uno de los aspectos más curiosos de este argumento viene, sin embargo, de un intento por romper con todo el estilo anterior, dando a la historia un giro metaficcional situándose en un mundo fuera de la propia película en el que la saga de Hellraiser existe. Dicho giro está evidentemente inspirado en películas como La nueva pesadilla (1994) y sobre todo Scream (1996), no sólo por el contenido irónico y auto-referencial sino también por el hecho de que estamos ante una cinta de corte juvenil que gira alrededor de unos chavales adictos a una web llamada Hellworld. A decir verdad nunca queda claro exactamente si es una página web o un videojuego, aunque en lo personal creo que se trata de una especie de red social inspirada en el universo de Hellraiser y que al parecer está relacionada con el suicidio de uno de los chicos. La verdadera película comienza cuando el resto de los jóvenes asisten a una fiesta temática de su entretenimiento favorito y presencian como aquello que creían originalmente un universo de ficción termina teniendo una capa más siniestr

Aquí también por desgracia es cuando la película se convierte en un slasher de toda la vida, con los chicos muriendo uno a uno en medio de una trama que termina siendo un misterio de baratillo con un final sorpresa mucho menos inteligente de lo que quiere hacernos creer. Por supuesto, nada de esto tiene que ver con Hellraiser más allá de la presencia de un cansado Doug Bradley que aparece de vez en cuando en cameos glorificados y se apersona en la última escena en una muy lamentable coda final que corona todo este despropósito. Lo más amargo de todo este trago es que la cosa no terminó aquí: varios años después sus responsables volverían a exprimir la saga con dos entregas más que terminarían distanciándose aún más de aquella cinta que les vio nacer, ya que el mismo Bradley abandonaría el barco entregando su papel de Pinhead a otros actores menos agraciados. Pocas sagas de terror han tenido una vida tan longeva, y pocas han caído tan bajo después de su prometedor inicio.

viernes, febrero 23, 2018

Reseña: Verónica (2017)

Emergiendo después de sus trabajos con Jaume Balagueró, y con su primer largometraje en solitario fuera de la saga de REC (2007) en una década, Paco Plaza vuelve con Verónica (2017), una cinta de terror sobrenatural basada en el famoso caso "real" ocurrido en el barrio madrileño de Vallecas a principios de los noventa. Esta cinta sonó mucho en el momento de su estreno y si no pude verla en aquella ocasión fue, para variar, por motivos geográficos. Finalmente he podido acercarme a ella y comprobar de primera mano que se trata de una muy sólida y eficiente película de terror con la que Plaza se marca no sólo su mejor obra en solitario hasta la fecha sino también la que probablemente sea una de las cintas de miedo más sólidas del panorama mainstream español en mucho tiempo, una historia muy sencilla que aunque bebe de numerosas fuentes tanto foráneas como dentro de la propia obra de Plaza, es altamente recomendable para todos los que se acercan regularmente por aquí.

Una cosa que siento que tengo que decir de entrada es que el cartel con que la han anunciado no le hace justicia ya que parece presagiar una historia de posesiones diabólicas de toda la vida cuando la película es algo completamente distinto: en la cinta Verónica es una chica de quince años que tras una muy torpe e imprudente sesión de Ouija con sus amigas comienza a ser acosada por un ente maligno que se obsesiona con ella y sus tres hermanos pequeños. Por mi parte yo no conocía el supuesto caso real en el que se basa así que el argumento me pilló más o menos de sorpresa, y puesto que de todas formas los nombres están cambiados es probable que incluso aquellos que lo conozcan superficialmente puedan llevarse un par de sorpresas. Es precisamente el gancho de "basado en hechos reales" lo que hasta cierto punto representa una de las principales fortalezas de la película ya que su ambientación de barrio de clase obrera es magnífica y de lejos una de las principales marcas de identidad de la película, sobre todo en lo que se refiere al clima familiar de Verónica, su madre ausente y la tremenda carga de responsabilidad que son sus hermanos, algo que hace aún más creíble a su personaje y su decisión de enfrentarse valientemente a la amenaza sobrenatural que los está poniendo en peligro.

Toda la película está narrada desde el punto de vista de la chica, lo cual funciona principalmente gracias a un muy buen elenco, sobre todo el de los niños, algo muy poco habitual en este tipo de cine. La perspectiva infantil/juvenil se nota mucho en ciertos momentos y la emparenta con otra muy buena película de Plaza como es Cuento de Navidad (2006), con la que comparte además el empleo de elementos pop para destacar su ambientación de época (en Cuento de Navidad era el cine fantástico de los ochenta y aquí es la presencia constante de Héroes del silencio en la banda sonora). Al ser una película de terror comercial de nuestra época es muy evidente la huella que ha dejado el trabajo de directores como James Wan, aunque no es la única referencia ya que parte de la ambientación y la forma como está presentada la película y su énfasis en el realismo traen también a colación otros éxitos del cine de terror hispano como el propio REC, cuya huella se siente en los oscuros pasillos de ese edificio viejo convertido en escenario de terror.

Oscura y tensa por momentos, pero dotada de momentos de humor y con una protagonista grandiosa por su fuerza y determinación, Verónica ha sido todo un descubrimiento para mí, con todo y sus fallos producto más bien de los clichés normalmente asociados a este tipo de cine de terror con fantasmas y demonios de por medio. A pesar de todo es una gran película de miedo, y un regreso por todo lo alto para Paco Plaza, de quien espero muchas cosas más en el futuro. Muy buena.

miércoles, febrero 21, 2018

Reseña: Unfriended (2014)

Uno de los prejuicios más antiguos que he evidenciado en los años que llevo escribiendo en este blog ha sido mi rechazo general a la estética de metraje hallado o falso documental. En el pasado ya hemos soltado el argumento de que si bien es cierto que existen trabajos ingeniosos que han echado mano de este estilo convertido ya en subgénero propio, en la mayoría de los casos se trata sólo de una estrategia económica que permite a la película abandonar aspectos técnicos que una cinta convencional no puede permitirse dejar de lado. A pesar de eso, es algo que reconozco como una limitación propia y busco encontrar trabajos que me convenzan de lo contrario, ya que en ocasiones surgen muestras de este tipo de estética que me parecen más interesantes de lo que normalmente se suele ver. Tal es el caso, para mí al menos, de Unfriended (2014).

Metraje hallado o falso documental no es exactamente lo que tenemos aquí ya que la película apunta a su estética „realista“ mediante otro tipo de truco: a través de casi 90 minutos mostrados en "tiempo real", presenciamos a un grupo de amigos de instituto acosados por el fantasma de una antigua compañera que los ataca en medio de una sesión de Skype de la que no pueden salir en ningún momento. El gimmick reside en que la cinta está narrada por completo desde la perspectiva de la pantalla del ordenador de la protagonista, que va pasando de ventana en ventana a medida que la historia se va desarrollando frente a nuestros ojos sin aparentes cortes y con cierta simultaneidad que nos obliga a prestar atención a eventos que van ocurriendo en paralelo frente a nuestros ojos, detalle que por sí solo requiere de una inmersión total en la historia que, por increíble que parezca, se produce desde el principio ya que ni siquiera hay títulos de crédito iniciales.

Tanto la perspectiva permanente de la pantalla como el empleo de las redes sociales como método de narración no son cosas nuevas: recuerdo un cortometraje argentino de terror llamado Alexia (2013) que tenía la misma premisa, además de la película de Nacho Vigalondo Open Windows (2014), casualmente del mismo año y que contenía una perspectiva similar aunque en tono sci-fi y mucho menos realista. Pero lo interesante de Unfriended no es su originalidad sino lo bien ejecutada que está su premisa y la atención que han prestado a detalles que por lo general son ignorados en una idea como esta. Una de las cosas que más me sorprendió, por ejemplo, es que sus responsables hayan usado las auténticas interfaces de aplicaciones como Skype, Facebook, Youtube, etc. en vez de crear sus propios sustitutos ficticios de esos programas y plataformas. Este detalle, que puede parecer una tontería, funciona porque le otorga a la película cierto margen de realismo que contrasta con el ángulo sobrenatural, aunque lo más pavoroso del argumento no es el fantasma como tal sino la posibilidad de que alguien conozca nuestros secretos y los comparta en línea, ese espacio donde es fácil perder el control de aquello que decidimos mantener como privado. 

Por supuesto, no estamos hablando aquí de una gran película de terror ni nada por el estilo: con sus sustos baratos, sus burda manipulación del espectador basada en trucos de montaje, su final absurdo y algunos momentos risibles como la secuencia de Chat Roulette (bastante desfasada además, porque no sé hasta que punto siga siendo esa una plataforma popular), esta sigue siendo una cinta de miedo de usar y tirar. Sigo defendiendo, sin embargo, lo ingeniosa que puede llegar a ser y lo interesante de una premisa que se disfruta mejor a una menor escala. Esto último que digo es algo literal: debido a su formato y estética, Unfriended es una película que nunca debió haberse estrenado en un cine y que se disfruta mucho más si ve en casa en la pantalla de un portátil, y en ese sentido sí que me parece única y un ejemplo del cine de terror adaptado a las nuevas tecnologías y a la vez sobreponiéndose a sus limitaciones técnicas. No tardaréis en olvidarla, pero tiene cosas que me han impresionado y eso no es poco.

miércoles, febrero 14, 2018

Reseña: The Ritual (2017)

Uno de los primeros estrenos importantes que estaba esperando fue precisamente The Ritual (2017), lanzada a nivel mundial a través de Netflix tras su paso por algunos festivales el año pasado. El motivo de mi entusiasmo tenía que ver sin embargo con su director, David Bruckner, quien acomete por primera vez un largometraje en solitario tras haber dejado huella en cintas corales como The Signal (2007), V/H/S (2012) y Southbound (2015), siendo el suyo el mejor trabajo de cada una de estas películas. En esta ocasión, Bruckner se atreve con la adaptación de una famosa novela de terror de Adam Nevill ambientada en los bosques nórdicos donde un grupo de amigos  británicos se pierden y terminan siendo perseguidos por una presencia misteriosa entre los árboles. 

Tras verla me doy cuenta de que gran parte de mis expectativas se han cumplido, y la dirección de Bruckner es quizás lo más destacable de una película que consigue una ambientación brillante gracias a la belleza opresiva de ese paisaje enorme, frío y silencioso en el que los personajes se mueven, algo sin duda alguna mucho más interesante que el poco desarrollado drama humano que se esconde tras el complejo de culpa del protagonista. Digo poco desarrollado porque, afortunadamente, la película no trata sobre eso: al igual que como ocurría en The Descent (2005) (con la cual tiene más de un punto en común en cuanto a estilo y estructura) la tragedia personal del prota queda relegada a un segundo plano una vez que comienza el horror, uno en este caso tremendamente sutil (al menos al principio) y que consigue momentos en verdad escalofriantes una vez que nos vamos adentrando en el misterio del bosque y sus huellas de brujería, paganismo y marcada otredad que van haciendo mella en los personajes poco a poco.

Todo este desarrollo lento y ambiguo es sin duda lo más interesante, ya que cerca del final, cuando se revela más acerca de la amenaza a la que los protagonistas se enfrentan, la película abandona gran parte de ese misterio que tanto atractivo tenía para pasar a mostrar y explicar demasiado, y aunque todavía consigue imágenes poderosas a nivel visual, pierde gran parte del mal rollo que había logrado anteriormente para convertirse en una cinta de terror mucho más normal y digerible de lo que cabría esperarse. Este tramo final ha sido precisamente lo más criticado de la cinta, y debo decir que dichas críticas son en gran parte acertadas, aunque en mi opinión no terminan de dañar del todo la experiencia.

Lo cierto es que a pesar de este ligero traspié de su desenlace, The Ritual es una película muy interesante que demuestra que a David Bruckner hay que continuar siguiéndole la pista. Es un trabajo que juega con tus expectivas, ya que comienza como un thriller psicológico/sobrenatural para irse adentrando en el terreno de lo fantástico y el horror cósmico de una forma un tanto abrupta y demasiado explícita, pero está entre lo mejor que podemos ver ahora mismo, y el hecho de haberse saltado su distribución en cines ha ayudado a que tenga una mayor difusión. Recomendable.

lunes, febrero 12, 2018

Reseña: Jessabelle (2014)

Al igual que hizo en su momento The Skeleton Key (2005), Jessabelle (2014), la primera película de terror de Kevin Greutert una vez que dejó de dirigir secuelas de Saw, intenta hilar una historia de terror ambientada en los pantanos del sur de los Estados Unidos, además de aprovechar para meterse de cabeza en temas como la magia afrocaribeña y una historia de fantasmas con fuertes resonancias de carácter racial. La comparación con la película del 2005 es muy pertinente porque lo cierto es que las dos se parecen mucho, no sólo en los temas sino también en algunas salidas argumentales. Por desgracia también se parecen en el hecho de que no llegan a explorar nunca su potencial y caen presa de los mismos clichés a los que parece estar atado la mayor parte del horror comercial de nuestra década, especialmente aquel producido por Blumhouse, la mayor factoría de sustos del Hollywood de nuestros tiempos.

Pero si hay una cosa que la redime en gran medida es que Jessabelle parece ser un tanto más ambiciosa a nivel artístico; todo el principio, cuando la chica protagonista va descubriendo el terrible secreto que se esconde en la casa de su niñez, está rodado con un poco habitual estilo tratándose de una película de esta envergadura: el personaje de Jessie pasa la mayor parte del tiempo sola, y lejos de querer distraer al público, Greutert parece seriamente comprometido a crear una atmósfera de verdad y de forma tremendamente sutil. Durante toda la primera mitad me sorprendió ver escenas largas, con muchos silencios y una notable ausencia de música que daban a todo el conjunto una aparencia un tanto indie alejada de lo que podríamos esperar de una producción de este tipo. Las apariciones del fantasma que asola a la chica también están rodadas de manera ingeniosa y genuinamente perturbadora, especialmente una escena en una bañera que resulta, sin lugar a dudas, el Gran Momento de la película en cuanto a sustos.

Todo esto logra distraerte como espectador hasta el punto de que no te das cuenta de que la historia en sí misma es algo que hemos visto muchas veces antes: una protagonista bella y vulnerable (debido a un accidente, Jessie se pasa toda la cinta en una silla de ruedas) devastada física y emocionalmente por una pérdida que se encuentra con una amenaza sobrenatural vinculada a un secreto de su familia. De hecho es sólo el tema del vudú y el subtexto racial (muy sutil, para variar, pero presente) lo que la distingue un poco del montón de cine de terror de saldo que solemos tragarnos. Por desgracia, las aspiraciones comerciales de la cinta terminan ganando terreno, y una vez que Jessie y el prota masculino comienzan su muy predecible investigación la película toma una apariencia mucho más convencional que se olvida de los grandes aciertos estéticos de la primera mitad, por lo que estoy seguro de que aquí hubo intervención fuerte por parte del estudio.

Es todo ese tramo final, incluyendo el ya muy visto nihilismo de su desenlace, lo que terminó de hundir Jessabelle para mí. Personalmente me gustan las películas de terror con reglas claras en las que los personajes no estén constantemente perdidos y al menos sepan a aquello a lo que se están enfrentando antes de que sea demasiado tarde. Aquí hay decisiones muy extrañas por parte del comportamiento de los personajes, y aunque todo el aspecto cultural sureño/afrocaribe es sin duda alguna algo interesante, al final termina siendo un meri accesorio para un producto que hemos visto ya repetido hasta el cansancio. Curiosa, sin duda alguna, sobre todo viniendo de un director con trabajos tan distintos, pero poco más.

lunes, febrero 05, 2018

Reseña: Prom Night 3 (1990)

Comencé este año con un propósito firme en Horas de oscuridad, y es completar algunas de las muchas sagas que tengo abiertas en nuestra siempre creciente lista de reseñas. Con este objetivo en mente, acometí la nada desdeñable tarea de revisar Prom Night 3: The Last Kiss (1990), a menudo señalada como la peor de toda la saga iniciada en 1980, pero también la única que guarda algún tipo de continuidad argumebtal con sus antecesoras. Es una película curiosa que tuvo un muy breve paso por los cines y que a pesar de su aparente coherencia con su predecesora inmediata, abandonó cosi por completo el lado de terror para abrazar su condición de comedia/parodia, por desgracia con resultados no muy buenos.

En esta tercera entrega nuevamente tenemos la figura del fantasma de Mary Lou Maloney, la reina del baile de graduación que murió la noche del baile en los años cincuenta y cuyo espíritu vengativo regresa para llevar a cabo una carnicería con los estudiantes de su antiguo instituto. Es importante destacar aquí que a pesar de que tenemos a la misma villana de la por otro lado muy superior Prom Night 2 (1987), esta secuela no parece seguir la trama iniciada por la anterior, sino que cuenta otra historia completamente distinta en la que el fantasma de Mary Lou se obsesiona con un joven que se fija en ella durante una noche en los pasillos del instituto y poco a poco comienza a cargarse a todos aquellos que se interponen en el camino al éxito de su nuevo amor, para luego desatar su furia sobre él una vez que se ve rechazada.

De entrada el argumento es poco interesante teniendo en cuenta el mucho más marcado tono de poderío femenino de la anterior, pero la mayor presencia de un humor subido de tono y sonrojante en ocasiones es lo que realmente tira la película abajo en más de una ocasión, sobre todo teniendo en cuenta que al mal guión hay que sumar unas abismales actuaciones por parte de un elenco evidentemente demasiado mayor para estar en un instituto. Esto es mucho más obvio en el caso de la propia Mary Lou, interpretada aquí por otra actriz y en un tono completamente distinto que en nada calza con la supuesta socarronería de la historia. Todo esto suma una película imposible de tomar en serio como cinta de terror pero al mismo tiempo sin la gracia de la segunda entrega, a la que en ocasiones intenta imitar pero ante la cual siempre termina quedándose corta, sobre todo en la única secuencia que podría calificar de interesante: un clímax que transcurre en una especie de mundo fantasmal paralelo habitado por el fantasma de Mary Lou y sus víctimas y que habría funcionado mucho mejor en una cinta que se tomara un poco más en serio su propia premisa.

Prom Night 3 fue en su época un fracaso de taquilla aunque encontró una nueva vida en formato doméstico, probablemente por parte de completistas como yo que habían quedado impresionados con la segunda parte de la saga. No se me ocurre otro motivo para hablar de ella, honestamente. 

viernes, febrero 02, 2018

Reseña: Insidious: The Last Key (2018)

Tras lo que a todas luces parece ser su entrega final, la verdad es que hay que reconocerle a Insidious el nada desdeñable mérito de ser una de las sagas más consistentemente competentes del cine de terror mainstream actual. A pesar de que sólo puedo calificar de realmente buena la primera (de hecho es todavía una de mis películas de terror favoritas de esta década), todas las continuaciones que el dúo Wan/Whannell nos han traído, ya sea como directores o productores, han gozado de unos mínimos de calidad e interés que otros trabajos no han podido garantizar, aunque lo hayan hecho básicamente repitiendo la misma estructura una y otra vez. Insidious: The Last Key (2018) es en el fondo eso: lo mismo que sus antecesoras, pero si eres de los que ha llegado hasta aquí por voluntad propia, no creo que puedas salir decepcionado.

Al igual que la tercera entrega (de la cual, si os debo ser sincero, no recuerdo casi nada aparte de que me dejó más o menos contento), esta cuarta parte de Insidious es una precuela de aquella que comenzó todo, y nuevamente cuenta como protagonista con Lin Shaye, quien retoma su papel de Elise, la incansable medium. Abrazando por completo su destino, Elise se une nuevamente a sus compañeros investigadores para expulsar a un demonio que habita la antigua casa de su niñez y a la vez revivir un oscuro secreto familiar de su pasado. La historia es lo de menos, pero ya de entrada esta es una película que se diferencia de sus congéneres por contar en su papel protagonista con una mujer mayor, lo cual no suele ser muy común en el cine de terror de esta o de cualquier época, y que se ha convertido en la marca diferencial de estas precuelas hasta el punto de que Lin Shaye ha pasado a ser una presencia recurrente en varias historias de miedo recientes, con mejores o peores resultados.

Nuevamente la estética es lo más interesante, con una nueva recreación de ese mundo paralelo oscuro en el que los personajes se mueven, aunque nuevamente la representación del aspecto sobrenatural, si bien superior a la de la tercera entrega, no es tan creativa ni extavagante como la de la primera Insidious (2010). No creo que sea por una cuestión de presupuesto, ya que es bien sabido que la película original ha sido la más barata de todas. Tampoco el humor funciona muy bien esta vez; algunos chistes hechos a costa de los dos asistentes de Elise no sólo son bastante malos sino que desentonan por completo con el ambiente mayoritariamente serio de la película y la terrible situación que viven los personajes. 

Decíamos más arriba que creíamos estar ante la última entrega de la saga ya que el desenlace de esta cinta entronca de forma casi perfecta con el inicio de la primera parte. Aún así, la introducción de nuevos personajes en la segunda mitad de la película parece apuntar a cierta posibilidad de vida más allá de la presencia de Elise y a un más que probable relevo, con lo que no me extrañaría que la saga continuase en manos de otros responsables. Insidious: The Last Key no va a cambiar la vida de nadie ni va a convencer a aquellos que no gustaron de sus antecesoras, pero para ser el típico cine de terror de enero, podríamos estar mucho peor.

miércoles, octubre 18, 2017

Reseña: Annabelle: Creation (2017)

En el extremo opuesto de calidad de It (2017) encontramos un trabajo como Anabelle: Creation (2017), precuela de la precuela que viene siendo el mejor ejemplo de varios problemas que existen con el cine de terror mainstream de nuestra época, pero que además consigue adoptar otros vicios que al menos de momento yo no me esperaba. Con todo y eso, esta película dirigida por David F. Sandberg, el mismo de la muy eficiente Lights Out (2016), es ligeramente superior a su antecesora inmediata, y de hecho es su (forzada) pertenencia a la saga de The Conjuring (2013) lo que más juega en su contra, ya que limita sus ya de por sí escasas probabilidades en virtud de esas evidentes intenciones por parte de New Line Cinema de exprimir el universo creado por James Wan hasta sus últimas consecuencias.

Olvidando por lo visto la película anterior, esta intenta relatar (una vez más) los orígenes de la muñeca y de cómo esta pasó a ser una fuerza maléfica que se ha cebado con una pareja tras la trágica muerte de su pequeña hija. Aunque los protagonistas en realidad no son estos sino un grupo de niñas de un orfanato que han venido a vivir a esta casa invitados por la pareja para dar nueva vida a su hogar. Tengo que decir que la historia y su planteamiento base son al menos interesantes por sí mismos y que, al menos al principio, prometen un ambiente de terror eficiente gracias a esa combinación entre el estado de aislamiento de la casa y la muy penosa situación por la que pasan las niñas, además del miedo que los más pequeños pueden sentir ante las enfermedades de los adultos. Solamente esto ya hubiese sido un muy buen planteamiento para la trama de una de las crías que descubre la presencia del demonio que habita la muñeca y con ello el secreto que guarda la familia en su pasado.

Si esto queda arruinado es por dos motivos: el primero tiene que ver con las ansias comerciales de la cinta al subrayar de forma ingenua todos sus momentos de terror con subidas de volumen, sustos baratos y demás armas de ese cine de terror de bajas pretensiones que conocemos tan bien, y el segundo con la insistencia por parte del guión de enlazar esta película no solo con la primera parte de Annabelle sino por extensión con todo el universo de The Conjuring. Siendo sinceros, la muñeca en sí no tiene nada que ver realmente con la trama y podría haber estado perfectamente ausente sin que esta se resintiera en lo más mínimo. Por el contrario la cinta no sólo intenta forzar su significado una vez más (incluso, al igual como ocurrió en la película anterior, antes de que dicha muñeca estuviera "embrujada") sino que incluso cuenta con un sonrojante epílogo que conecta sin ningún tipo de sutilezas con la primera entrega, dejando la continuidad con esta bien montada.

Este tipo de estrategia de universo compartido es quizás lo más relevante: las ganas de crear una saga multipolar construida en torno a la obra de James Wan, repitiendo así lo que parece ser la nueva estrategia comercial de los grandes estudios y sus mega-franquicias, algo en lo que todos ellos parecen estar metidos desde que las películas de superhéroes de Marvel demostraran que tal hazaña es posible. En este sentido, la cinta de la que hablamos hoy lo intenta de la forma más evidente posible: una pequeña escena post-créditos ya se encarga de adelantarnos el próximo personaje que pasará por nuestras pantallas en medio de toda esta locura. La segunda entrega de Anabelle puede que no sea lo peor que haya visto, pero es sin duda un trabajo muy olvidable y sobre todo muy inferior a lo que incluso sus propias posibilidades ofrecen. 

lunes, octubre 16, 2017

Reseña: It (2017)

Convertida en el buque insignia del terror mainstream de este año, la nueva versión de It (2017) ha sido un éxito de taquilla fenomenal, algo que no debería sorprender a nadie no sólo porque se ha estrenado en el contexto más apropiado sino porque esta es una película especialmente diseñada y ejecutada para agradar no al aficionado medio de terror sino al público general, con todos y cada uno de los ingredientes que hacen exitosa una película de miedo en nuestros días, para bien y para mal. Con todo y eso, es probablemente una de las mejores y más interesantes adaptaciones de la obra de Stephen King de los últimos años, aunque sea porque en esta ocasión se nota el intenso trabajo que hay detrás y la auténtica voluntad de hacer de esta una película importante, al contrario de lo que tradicionalmente ha ocurrido.

Al igual que su predecesora de 1990, It cuenta la historia del pueblo maldito de Derry, Maine, que es asolado cada 27 años por la presencia de un mal ancestral que devora a los niños locales, y que se presenta ante ellos bajo la apariencia de un macabro payaso llamado Pennywise. Contrariamente a lo que hizo la versión televisiva, esta adaptación comienza de entrada con una decisión muy buena que es centrar la historia única y exclusivamente en la parte del argumento en que los protagonistas son niños y se enfrentan al monstruo por primera vez. Esta decisión no sólo otorga a la trama un único y más manejable arco argumental, sino que le permite jugar con unos referentes de miedo muy básicos que serán fácilmente reconocibles para cualquier público, tanto en lo referente al payaso (un impresionante Bill Skarsgård haciendo un trabajo muy distinto al de Tim Curry y convirtiéndose por derecho propio en una de las mejores cosas de la película) como a ciertos arquetipos más manejados: una muy típica casa del terror, monstruos salidos de pinturas y pesadillas que cobran vida.

Más arriba, cuando mencionaba que esta película se estrenaba en un inmejorable contexto me refería a que justo ahora, en 2017 (curiosamente, 27 años después de la última aparición de Pennywise en pantalla) el hambre de nostalgia por parte del público general y la edad del público objetivo de la primera versión de It aseguraban ya un éxito por otro lado predecible dada la popularidad de series de televisión como Stranger Things, con la que esta cinta se retroalimenta en más de una forma: aparte de contar con uno de los niños del elenco, se podría decir que dicha serie allanó el camino para el regreso triunfal del King clásico a la pantalla, y de no haber existido quizás esta película no habría tenido esta monumental acogida. Tal éxito, sin embargo, ha tenido un precio, que no es otro que el ostentar muchos de los vicios del terror sobrenatural destinado a los grandes públicos: sustos baratos, un uso excesivo de la música, una casi inexistente sutileza en cuanto a sus elementos de miedo, y en general una trama bien masticadita. Eso sí, debo decir que aunque sus responsables hayan eliminado gran parte del trasfondo de los personajes con el objetivo de hacer la trama más comercial y que hayan resaltado la historia de amor entre Bill y Beverly (llegando a convertir a esta en una versión algo molesta de una damisela en apuros), al menos me ha gustado el hecho de que no rompieran el misterio acerca de los orígenes del monstruo, quizás dejando esto para la inevitable secuela.

En definitiva, esta nueva versión de It quizás no llegue a convertirse en un clásico del terror de aquí a unos años, pero está muy bien hecha y tiene algunos momentos brillantes que ciertamente la hacen destacar en el panorama por lo general desolador que suele traer el cine de terror hecho por el Hollywood comercial. Resulta agradable ver, además, una adaptación de King hecha desde el respeto, y me pregunto si su éxito tendrá como resultado alguna especie de revival de otras de sus historias de miedo más populares. Es bien sabido por todos que el autor de Maine se encuentra en este momento enfocado en recuperar los derechos cinematográficos de varias de sus obras clásicas, con lo que esta opción no la descarto del todo. En cuanto a esta, a pesar de todas las quejas que pueda tener por su falta de sutileza y sus sustos fáciles, es una película demasiado bien hecha como para despreciarla; King se merece esto y más.

miércoles, octubre 11, 2017

Reseña: It (1990)

Ahora que su nueva versión se ha estrenado, ha llegado la ocasión perfecta para revisitar It (1990) y con ello volverme a acercar a la que probablemente sea una de las más famosas adaptaciones de Stephen King llevadas a la pantalla, así como una de las películas de terror más populares para la gente de mi generación, una que por algún motivo persiste en el recuerdo de la mayoría como una pieza de miedo auténtica. Digo por algún motivo ya que vuelta a ver hoy en día cuesta creer por qué se la ha tenido en tal consideración, ya que se trata después de todo de una miniserie de televisión hecha en su momento para un público general y con muy escasas concesiones al género de terror incluso de esa época. Y sin embargo, esta obra de 1990 contiene muchos elementos que la hacen realmente atractiva no como historia de miedo sino como relato oscuro de aventuras, que es donde está realmente su fuerza.

Para aquellos que no estén familiarizados con ella, It es también una de las más emblemáticas novelas de King, publicada cuando el autor de Maine estaba en el punto más alto de su carrera como escritor best-seller, y que contiene además casi todos los ingredientes con los que es conocido: horrores ancestrales, la historia de un pueblo maldito (el ficticio poblado de Derry, que volvería a aparecer en varias de sus obras) y una exploración de miedos atávicos que hoy en día se han vuelto clichés como son la presencia de los payasos como iconos del terror, algo en lo que esta historia sin duda colaboró y que tiene en el trabajo de Tim Curry como Pennywise el que probablemente sea el elemento más recordado de esta miniserie.

Pero es un error centrarse únicamente en ello porque si bien el trabajo de Curry es impresionante e inyecta una enorme vitalidad en un producto que hubiese sido condenado a la medianía de no contar con él, lo que hace interesante a esta historia es para mí su estructura. Esta miniserie de tres horas está dividida en dos partes: una primera mitad que se enfoca principalmente en los personajes cuando son niños, y una segunda parte centrada en los mismos personajes ya de adultos, cuando deben enfrentarse nuevamente a Pennywise treinta años después. Hay que decir que la primera mitad, aquella de los niños, es muy superior a la segunda parte, quizás porque al ser una historia de terror con personajes muy jóvenes se hace más perdonable la ligereza con la que la miniserie aborda una historia por lo demás escalofriante acerca de un pueblo que vive una terrible maldición cada tres décadas y que implica niños muertos. Esta ligereza de la que hablo se extiende también a la figura del payaso, con el que Tim Curry consigue un magnífico trabajo que sólo es terrorífico por nuestro recuerdo infantil, ya que en pantalla se ve más cómico y no tan genuinamente perturbador. La figura de Curry, sin embargo, se ha convertido por derecho propio en la imagen más reconocible no sólo de esta miniserie sino que su influencia se ha extendido hasta la propia novela, ya que casi todas las ediciones que se publican de esta resaltan la imagen del payaso a pesar de que este es sólo una de las formas del monstruo y está de hecho algo sobredimensionado tanto en la miniserie como en la nueva película que se acaba de estrenar.

La segunda parte de It, aquella con los adultos, ya no es tan interesante sobre todo porque al abandonar el ángulo infantil se hace muy evidente el escaso énfasis en historia de terror y los muy sonrojantes momentos en los que puede caer. Todavía hay aspectos positivos en esta segunda mitad a nivel de historia, aunque me temo que estos sean mérito de la novela, la cual admito que leí hace ya un tiempo. Con todo y eso, es increíble como esta miniserie ha persistido en el recuerdo como un miedo de infancia de una generación específica que ha sabido perdonarle todas sus innegables carencias gracias sobre todo a su sentido de maravilla y su esquema de oscura aventura juvenil, haciendo que muchos terminaran de acercarse no sólo a la novela sino a la obra de King en general. Es una obra que se ha ganado su puesto aunque, tal como ocurre con la maldición de Derry, Pennywise haya tenido que regresar veintisiete años después. De ello hablaremos en la próxima entrada.

lunes, octubre 09, 2017

Reseña: Rings (2017)

En el mundo de las secuelas innecesarias, Rings (2017), tercera entrega de la saga americana, partía con muy mal pie teniendo en cuenta no sólo el desastre que fue su antecesora inmediata, sino también por los doce años que la separan de esta, con lo que estamos ante una continuación tardía que ciertamente nadie pidió. La cosa pintaba aún peor si consideramos que esta fue una película que estuvo engavetada durante dos años hasta finalmente tener un estreno limitado por el que pasó con más pena que gloria, por lo que ya os podéis imaginar las muy bajas expectativas que tenía en su momento. Esto sin duda tiene que haber funcionado en su favor, porque lo cierto es que no la encontré tan terrible como había esperado, y con todo y sus innegables carencias, es al menos mucho mejor que la infame segunda parte, a la cual ignora por completo y con la que no parece tener ningún tipo de continuidad.

Tal cual: en lo que probablemente sea un esfuerzo por rentabilizar la única entrega realmente popular, Rings es una secuela directa de la primera película, que se salta la segunda parte como si esta nunca hubiese existido y que incluso reinventa algunos puntos clave en la historia de la niña fantasma Samara Morgan, cuyos orígenes son explorados en gran detalle por una pareja de jóvenes que deben descifrar un mensaje oculto en la famosa cinta de vídeo maldita, un vídeo-dentro-del-vídeo con nuevas imágenes y un nuevo secreto a descubrir. Atrás quedó, sin embargo, la famosa regla de los siete días, lo que elimina el factor de carrera contra el tiempo que era sin duda uno de los más efectivos e inquietantes elementos de la original.

Por otro lado es una buena idea que se haya abandonado al menos en parte el tema de la maldición viral ya que hay ciertos elementos estéticos de la película que simplemente no tienen nada que ver con nuestra época, no sólo las cintas de VHS sino también la imagen de estática de los televisores (que me pregunto si el público más joven al que está dirigida esta película conocerá siquiera). En este sentido es de agradecer que al menoel guión haya intentado explorar una trama con ideas distintas y que no se haya limitado simplemente a copiar aquello que funcionó la primera vez. Por desgracia el resultado es una película de terror muy convencional con los típicos sustos repentinos y un secreto del pasado que se va resolviendo a fuerza de visiones y otros métodos tramposos de exposición, así como un Vincent d'Onofrio cuya sola aparición ya adelanta lo que va a pasar más adelante y cual será la resolución del conflicto.

Con todo y eso, quizás mi clemencia hacia Rings tenga más que ver con lo mucho más tragable que me pareció en comparación con The Ring 2 (2005), aunque no deja de ser algo muchas veces visto. No tengo la menor duda de que la distancia temporal con respecto a sus antecesoras ha tenido como consecuencia que esta haya pasado como una película de terror del montón, lo cual es una lástima porque aquella obra de Gore Verbinski de 2002 es, como todos sabéis ya, una de mis películas de terror favoritas de todos los tiempos, y una que sin duda alguna se merecía más que una muy pobre continuación con un joven elenco de desconocidos y todos los vicios del terror mainstream actual al que alguna vez ayudó a dignificar.

lunes, marzo 20, 2017

Reseña: Sinister 2 (2015)

Después del gran éxito de Sinister (2012) estaba claro que la productora Blumhouse intentaría repetir la hazaña con una secuela. Es más, lo realmente increíble es que hayan tardado tanto en hacerlo; tres años separan esta segunda parte de uno de los mayores éxitos de terror de tiempo recientes, uno que además había sido recibido con críticas más o menos entusiastas. Por mi parte reitero algo que ya comentábamos en su momento: la primera comienza con muy buen pie y tiene escenas realmente escalofriantes. De hecho, casi podríamos llamarla una obra maestra de no ser porque su resolución sobrenatural destruía prácticamente todos sus aciertos conviriténdola en una muy banal producción con un risible monstruo final que parece un miembro descartado de Slipknot. Por desgracia, esta segunda parte es no sólo más de lo mismo sino que encima parece ahondar en los problemas de la primera.

Siguiendo aquel viejo precepto de hacer continuaciones a lo barato, Sinister 2 (2015) comienza con un personaje secundario de la primera parte haciendo su propia investigación sobre las extrañas muertes de aquella película y enfrentándose él mismo con la amenaza del Buhguul (especie de dios maligno que devora las almas de los niños y que es simplemente otra variación del arquetipo de hombre del saco), quien ahora ronda a una joven madre fugitiva y sus dos hijos gemelos. Es en esta subtrama donde reside el único filón interesante de esta secuela: la idea de la madre huyendo de un esposo abusivo, las dificultades de criar a sus dos hijos y el juego con la idea del "gemelo malo" son ideas atractivas, pero que por desgracia no tienen prácticamente nada que ver con la amenaza sobrenatural de esta película y están muy pobremente integradas en la trama. De hecho el componente dramático de la historia es algo a lo que el argumento le pasa por encima sin dedicarle tiempo ni una verdadera carga emotiva, y aspectos como la amenaza del padre abusivo se dejan prácticamente de lado y nunca se aprovechan en profundidad.

El problema también está en que Sinister 2 desaprovecha además sus pocos elementos positivos, ya que el lado sobrenatural de la trama es tremendamente light comparado con el de la primera película. Uno de los aspectos peor llevados es, como ya se ha mencionado en varios sitios, que los niños protagonistas interactúan con los fantasmas que los persiguen hasta el punto en que estos son otros personajes más, lo que anula los escasos momentos de terror que la cinta consigue. Aparte, aquí se repite el fenómeno de las películas caseras que tan bien funcionó en la primera parte, pero adornadas con una innecesaria música incidental y tan elaboradas que resultan absurdas. Esto es particularmente terrible porque sin estos dos elementos sólo nos queda la muy risible presencia del Buhguul, que cada vez que aparece convierte la película en algo imposible de tomar en serio. 

Con una muy débil trama innecesariamente explicativa, actores de saldo y su muy superficial tratamiento del drama o el terror, estamos ante una secuela del montón que desaprovecha todos los elementos que hicieron exitosa a su antecesora. Como casi siempre ocurre tratándose de Blumhouse, hay aquí algunos elementos buenos y la película está realizada con cierta competencia, pero se me hace imposible de recomendar. Su director, el irlandés Ciaran Foy, tiene una cinta de hace unos años titulada Citadel (2012), que también es de terror con niños y que funciona mil veces mejor. Os recomiendo darle una oportunidad a esa y dejar esta otra en paz, porque resulta bastante olvidable. 

lunes, marzo 06, 2017

Reseña: Deathgasm (2015)

Directamente desde Nueva Zelanda nos llega el primer largometraje como director de Jason Lei Howden, hombre de efectos especiales apadrinado por Peter Jackson quien aquí se marca un muy interesante debut. Deathgasm (2015) es en muchos sentidos el sueño de todo fanático de este género, una comedia de horror en ocasiones brillante que mezcla el sentido del humor de antiguas joyas como The Evil Dead (1981) o Braindead (1990) con la sensibilidad estética del heavy metal, sin jamás perder el norte ni caer en la autoparodia. Pero al mismo tiempo, es una historia de amor juvenil y de superación personal que resulta entrañable incluso si no se es cercano a este tipo de música. Es también la historia del triunfo de un marginado, lo cual no debería sorprendernos porque el metal (y especialmente en su variante más oscura) siempre ha sido la música de los parias por excelencia: muéstrame un fan del heavy metal y te mostraré a un antiguo nerd.

En Deathgasm, dos jóvenes metaleros liberan por accidente a una entidad demoníaca al tocar un antiguo disco de vinilo de un artista de quien se decía tenía un pacto con seres de otras esferas, con lo que su trivial incursión en la magia negra pronto tiene terribles consecuencias cuando los demonios comienzan a poseer a sus vecinos y causar una masacre en los alrededores. Esta trama se intercala con la típica historia juvenil de un perdedor que se enamora de una chica por encima de "su nivel", quien no sólo se enfrentará con ellos a los demonios sino que incluso desde temprano es seducida por el poder emocional de la música que nuestro protagonista escucha. Lo mejor de todo es que estas dos tramas son presentadas sin ningún atisbo de ironía, sino más bien como un homenaje sincero tanto a la música como al cine de terror festivo. Es probablemente la mejor película de terror que he visto en torno al género del Metal, y aparte como comedia de horror está muy bien hecha.

Por supuesto, teniendo en cuenta el director que se encuentra detrás, los efectos especiales son en su mayor parte de carácter práctico, y la cantidad de sangre en pantalla es algo demencial, tanto que es imposible tomar la violencia en serio, cosa que nos recuerda a cada momento al hacer del enfrentamiento con los demonios algo que se aborda siempre en plan de comedia. Incluso la resolución del conflicto, que por supuesto no voy a revelar aquí, participa de este tono y termina de vincular a la película con esa celebración de una música supuestamente violenta y agresiva. Hay momentos muy buenos a nivel de comedia, y tiene además la ventaja de contar con unos protagonistas simpáticos que ganan ante nuestros ojos una vez que se desata la masacre y deben enfrentarse a los demonios armados hasta los dientes con todo tipo de artilugios caseros. 

No negaré que en algunas ocasiones sus dotes cómicas llegan demasiado lejos, como ocurre por ejemplo con un monstruo final un tanto risible a nivel de estética, pero en todo lo demás Deathgasm es un gran acierto, y si eres de los que estaba indeciso por darle una oportunidad ahora que está disponible, entonces no lo pienses más. Para mí fue una de las comedias de horror más interesantes del año en que se estrenó, y sin duda alguna una genuina y auténtica carta de amor a la música "satánica" que le ha dado razón de ser. Muy recomendable y sobre todo muy divertida.

jueves, marzo 02, 2017

Reseña: Bed of the Dead (2016)


En muchos sentidos, ver Bed of the Dead (2016) ha sido una experiencia fascinante. Si no hubiese estado en un festival es poco probable que la hubiese visto, ya que tanto el título como la premisa y el cartel auguraban un espectáculo serie Z y una nueva entrada en ese cine basura que sólo puede ser disfrutado de forma irónica. Ciertamente nadie hubiese pensado otra cosa de una cinta sobre una cama maldita que mata a aquellos que entran en contacto con ella, argumento que bien podría haber salido de las mentes de algunos de los cientos de imitadores de la Troma que existen hoy en día. Y sin embargo, a pesar de todo esto, lo más impresionante de este debut del canadiense Jeff Maher (quien tiene un abultado currículum como director de fotografía de varias serie B recientes) es que se toma su premisa como algo serio, y por increíble que parezca lo consigue, al menos parcialmente.

De hecho, ya desde el primer minuto la película nos cuenta el origen de la maldición al mostrar la cama siendo fabricada siglos atrás usando la madera de un árbol maldito que era usado por un culto como lugar de sacrificios. El resto de la película transcurre en las paredes de un club de sexo donde dos parejas han decidido pasar la noche sólo para coincidir de forma fatídica en una habitación clausurada donde se encuentra el mueble en cuestión. Una cosa curiosa es que toda la cinta transcurre después de la masacre, cuando un detective de homicidios investiga las muertes de estos personajes, por lo que ya desde el principio sabemos cómo van acabar todos, y sin embargo hay un genuino interés por conocer los hechos, presentados mediante un terror surrealista al estilo de Pesadilla en Elm Street (1984) o Hellraiser (1987), basando además los poderes de la cama en la manipulación de la realidad que vimos en Oculus (2014): una vez tocados por la maldición, los protagonistas ya no saben qué es lo que está ocurriendo y qué es lo que no, a lo que hay que sumar varios juegos con la linealidad temporal poco habituales en el cine chorra que presentíamos antes.

Todas estas cosas tienen como resultado una película inusualmente ambiciosa tanto para la premisa que tiene como para los trabajos anteriores en los que ha estado involucrado el propio Jeff Maher. Además es muy violenta, aunque al ser conocedora de sus limitaciones técnicas mantiene el tema de los efectos especiales dentro de los límites de la discreción. Al contrario de lo que pudiésemos haber pensado en un principio, la ambientación en un club de sexo y el inicio de la trama son sólo una excusa para tener a varios personajes en el mismo lugar, ya que el contenido erótico de la película es prácticamente cero (algo que por otro lado hubiese funcionado muy bien) y el hecho de que toda la historia ocurra en la misma habitación en dos líneas temporales distintas da pie a juegos interesantes que, insisto, no he llegado a ver en películas en principio más complejas.

Por supuesto no todo es tan interesante, tiene sus momentos flojos y los protagonistas (sobre todo la chica final) son un poco insulsos, pero a pesar de que no sea ninguna obra maestra me ha sorprendido de forma muy positiva y ha sido un auténtico descubrimiento que no desmerece para nada teniendo en cuenta las pocas expectativas que tenía. Si esta misma película hubiese sido estrenada en los años ochenta muy probablemente sería hoy por hoy un clásico del terror bizarro, y aunque no es la primera película que se ha hecho sobre una cama asesina, sí es la única que he visto que se atreve a abordar su premisa de forma seria sin hacer el ridículo en ningún momento. Si queréis ver algo curioso, esta es una que os vendría bien revisar.  

martes, febrero 21, 2017

Reseña: Desde la oscuridad (2014)

Producción hispano-colombiana rodada en inglés, con una muy típica historia de fantasmas que involucra niños, un crimen del pasado sin resolver, y un terrible secreto por parte de un personaje cuyas consecuencias caen sobre sus descendientes, además de una típica estructura de la familia en peligro. Estos topicazos son los que llenan de lado a lado una película como Desde la oscuridad (2014), cuya única diferencia radica en su sonrojante ambientación en una exótica Colombia de postal turística que ya ha sido criticada por muchos, pero que honestamente me parece menos insultante que el montón de clichés que muestra su argumento.

Como mencionaba arriba, Desde la oscuridad abre con una pareja-joven-con-niño que viaja a la Colombia profunda para tomar el control de una fábrica fundada por el padre de uno de los personajes. De entrada la manera como representa todo un país en la forma de un pueblito idílico de casitas coloridas ubicado al lado de una selva es casi una broma, pero pronto observamos como público que el sitio no es tan idílico como pinta, puesto que la propiedad parece estar acosada por los fantasmas vengativos de unos niños con muy malas intenciones. 

No hay que ser muy espabilado para ver qué pasa aquí, y todo aquel que haya visto algunas películas de este tipo adivinará de qué trata prácticamente desde el principio, y entenderá que la aparente prosperidad de la familia se asienta sobre un terrible secreto de explotación y miseria que se ha cebado con los habitantes del pequeño pueblo y que, por supuesto, no parará hasta que la ofensa sea vengada. Únicamente la ambientación en la selva colombiana cambia el registro, ya que todo lo demás es exactamente igual, desde la pareja joven hasta la madre coraje que defiende a su niña y que sólo así logra empatizar con la misión vengativa de los fantasmas. Para ser honestos, también es cierto que la cinta no hace grandes esfuerzos por ocultar nada de esto, así que supongo que es muy consciente de su general medianía.

Y ese es precisamente el problema: no hay nada aquí que no hayamos visto antes y mejor hecho, pero la película tampoco es tan mala como para resultar memorable por los motivos equivocados. Su desarrollo es muy sencillo, su ambientación ni siquiera es interesante y su supuesto mensaje social es demasiado obvio e ingenuo para tocar cualquier fibra. Si queréis ver algo en este estilo pero mucho mejor llevado a cabo, una gran recomendación es la muy superior El espinazo del diablo (2000), de Guillermo del Toro, esta incluso contada desde una perspectiva infantil que, honestamente, le habría venido mucho mejor a la cinta de la que hablamos hoy.

domingo, enero 22, 2017

Reseña: Bajo la sombra (2016)

Si estás leyendo esto muy probablemente hayas visto Bajo la sombra (2016) incluida en numerosas listas de lo mejor del año pasado en materia de cine de terror. Si aquí no hicimos lo mismo fue en parte porque cuando la vimos allá por el verano pasado no nos dejó tan impresionados, al menos no inicialmente. De hecho, ha sido la insistencia de gran parte de la crítica mainstream la que nos ha animado a revisitarla y ver si efectivamente nos habíamos perdido una obra maestra. Aunque es cierto que este segundo visionado me ha revelado cosas que había pasado inicialmente por alto, sigo pensando que gran parte de la complacencia de la crítica ante esta película tiene que ver con su condición de producto foráneo alejado del círculo comercial tradicional, aunque la cinta en sí misma no sea muy innovadora.

Ambientada en el Teherán de finales de los ochenta, en pleno clímax de la guerra Irán/Irak (la película, sin embargo, no es iraní, sino una coproducción británica rodada en Jordania y con diálogos en farsi), en Bajo la sombra asistimos a la historia de una mujer que se refugia en un edificio junto a sus vecinos y su hija pequeña mientras su esposo es llamado al frente. A la amenaza constante de la guerra y el miedo a los misiles que aleatoriamente caen por la ciudad, se suma el peligro de una presencia demoníaca que parece haber llegado al edificio y fijado su objetivo en la niña, ante la mirada inicialmente incrédula de la madre quien poco a poco se va quedando sola a medida que el edificio se vacía y sus inquilinos huyen de la ciudad en ruinas.

La idea es muy buena, y a su favor tengo que decir que lo mejor que tiene la película es su guión, redondo y prácticamente perfecto en cuanto a estructura, sin momentos de relleno y con una genuinamente interesante progresión del hecho terrorífico. La idea de la guerra que poco a poco va cercando la ciudad es maravillosa porque realmente existe la sensación de que hay un peligro inminente que se acerca y que hace más urgente la huida de los personajes. Pero al mismo tiempo, el progresivo deterioro del edificio y la manera como se va quedando despoblado dan la sensación de otro peligro que acecha dentro de la vivienda y al cual no es tan fácil eludir. Al igual que como ocurría en Paranormal Activity (2009), el paso del tiempo se manifiesta en la repetición cíclica de ciertos elementos, en este caso la alerta de bombardeos que obliga a los inquilinos a refugiarse en el sótano durante unas horas, escena en la que cada vez que se repite hay menos gente. Esta imagen por sí sola ya contiene toda la información que necesitamos saber acerca de la situación por la que pasan los protagonistas, y está muy bien llevada en una película que en general está casi desprovista de datos inútiles: no hay ningún misterio del pasado por resolver y las "reglas" que gobiernan a la presencia demoníaca son muy básicas y están muy bien delimitadas.

Con todo y eso no es una película que yo pondría entre las mejores del año, ya que a pesar de que me ha gustado tampoco es que ofrezca nada que no hayamos visto antes en materia de cine de terror. En muchos aspectos, me recordó mucho a la japonesa Dark Water (2002), con la que tiene en común muchas cosas a nivel de ambientación y de historia, tales como su premisa de madre coraje, la idea del padre ausente y el deterioro progresivo del edificio como símbolo de lo sobrenatural (en Dark Water era una mancha de humedad en el techo y aquí una grieta en el techo). Aparte de eso, hay algunos momentos CGI un tanto pobres y el final es bastante apresurado y dejará a mucha gente con una sensación anticlimática algo molesta. Pero es sin duda una película muy buena y merece la pena por más que su reciente elevación crítica se deba (probablemente) a la tendencia que tienen algunas personas a sobreanalizar ciertas obras con el propósito de darles una intelectualidad que no necesitan. Un ejemplo de esto último es que algunas reseñas han destacado un supuesto subtexto político sobre las condiciones de la mujer en la sociedad iraní, cosa que honestamente pienso se trata sólo de un agregado superficial, sobredimensionado únicamente por el hecho de que el demonio parece ser un ente femenino. Pero sí, recomendada sin duda alguna.

lunes, enero 02, 2017

Reseña: Poltergeist (2015)

Recuerdo que el de Poltergeist (2015) fue uno de esos remakes que se anunciaron durante muchos años; casi una década llevaba escuchando sobre él hasta que finalmente se estrenó, y no fue hasta que vi el primer trailer que acepté que, efectivamente, se haría realidad. El avance no me dejó lo que se dice muy impresionado, pero le di el beneficio de la duda al ver que su elenco contaba con Sam Rockwell, un actor muy bueno poco dado a prestarse al tipo de producción banal que la cosa auguraba. Al final, resulta que las impresiones iniciales no iban demasiado desencaminadas: esta nueva versión del clásico de Tobe Hooper hecho 32 años después es un remake bastante superficial y sobre todo innecesario ya que decide tomar el camino fácil de cambiar muy pocas cosas con respecto a su antecesora, y los cambios que sí acomete son todos para peor.

La historia es exactamente la misma: una familia en dificultades económicas se muda a una casa en los suburbios y poco a poco descubre que su nuevo hogar está embrujado. Tal como en la cinta del 82, la irrupción de lo sobrenatural en el hogar familar es al principio benévola, para luego ir adquiriendo tintes cada vez más oscuros cuando resulta obvio que los fantasmas desean apoderarse de la pequeña niña de la familia, quien es pronto secuestrada por los espíritus y arrastrada a otra dimensión donde deberá ser rescatada por sus padres, con la ayuda de investigadores paranormales que conforman el lado puramente esotérico del argumento.

En su favor debo decir que en esta nueva entrega hay un intento sincero por hacer una versión moderna de Poltergeist (1982), sólo que siguiendo la filosofía de gente que piensa que la definición de "moderna" es simplemente volver a hacer la misma película amplificando aquellos elementos superficiales de la original, es decir los efectos especiales. Esto también significa que todos aquellos detalles que en la original eran mostrados con sutileza y ambigüedad aquí son arrojados a la cara del público de forma explícita. El mejor ejemplo de esto que estoy diciendo es algo que ya sabía iba a ocurrir desde mucho antes: en esta nueva versión, a diferencia de la original, llegamos a ver el mundo de espíritus al que es arrastrada la hija menor, por supuesto en toda su gloria CGI y en tres dimensiones. El imaginario de esta zona fantasma es, además, tremendamente convencional, lo que delata el abandono de esta nueva película de los preceptos esotéricos "new age" que tanto caracterizaron a la cinta original en su contexto de los ochenta. Aquí, por el contrario, el investigador paranormal interpretado por Jarred Harris es mucho menos interesante que Zelda Rubinstein, quien se convirtió en la imagen más identificable de la saga original junto con la pequeña niña, quien también es mucho menos memorable en esta ocasión. 

Pienso aún así que la mayoría de la gente rechazó este remake por los motivos equivocados. A juzgar por las expectivas que despertó antes y después de su trailer, casi todo lo que leí al respecto fue un cúmulo de prejuicios ante lo que intuían sería sólo un entretenimiento familiar cargado de efectos especiales. Dichas quejas eran un poco absurdas porque, tal como comentábamos al reseñarla hace un tiempo, la original era exactamente eso: un espectáculo de efectos con una trama sobrenatural que nunca llegaba a ser completamente de terror sino más bien de asombro hacia lo Desconocido. En esta, todos estos elementos están suavizados a excepción de los efectos, y aunque la película sí que intenta por momentos ser terrorífica de la manera más barata posible (léase el payaso malévolo y cierta escena con un taladro), todo se siente muy desganado y tremendamente superficial, con lo que incluso la subtrama de los apuros económicos de la familia, que parecía que sería importante al principio, es dejada pronto de lado.

Esta nueva versión de Poltergeist es poco más de lo que esperaba, y verla sólo me hizo sentir una mayor reverencia hacia la original de 1982, que todavía se mantiene vigente como una muy buena historia con la que iniciar a los más jóvenes en el cine de terror. Esta en cambio se siente como otro ejemplo más de un horror mainstream plagado de sustos típicos y fantasmas agresivos con niños de por medio, con todo bien explicado y que difícilmente será recordado después.