lunes, septiembre 21, 2009

Reseña: My Bloody Valentine (2009)

En teoría, la nueva versión de My Bloody Valentine (2009) no tendría nada de especial; tan sólo sería el enésimo remake del slasher ochentero que nos llega desde hace poco. Sin embargo, la suerte ha querido convertirla en la pionera de lo que se augura una larga serie de superproducciones en 3-D, dedicada a reestablecer hasta cierto punto la variante carnavalesca del género de terror. Porque eso es lo que es en el fondo esta película: un triunfo de la espectacularidad sobre el argumento, por mucho que el original de 1981 destaque como uno de los pocos ejemplos de slashers un poco más cerebrales de lo habitual. La pregunta en todo caso sería si en esta ocasión funciona y la película es destacable más allá de sus innovaciones técnicas. En gran medida lo es, con todo y sus carencias (que son muchas).

De entrada reconozco mis prejuicios con la escogencia como director de Patrick Lussier, el distinguido discípulo de Wes Craven responsable de cintas como Dracula 2000 (2000) o White Noise 2 (2007). Por fortuna el guionista es Todd Farmer, el mismo de la divertidísima (y altamente reinvindicable) Jason X (2001), quien por cierto tiene un pequeño cameo en esta película como una de las numerosas víctimas del asesino de la pica. A grandes rasgos me parece que su trabajo tiene notables méritos, entre ellos el alcanzar el equilibrio que debe tener todo buen remake: partir de la misma idea base del original pero no caer en la tentación de hacer otra vez la misma película. Y de hecho, una de las cosas más curiosas de este nuevo My Bloody Valentine es que comienza con una matanza muy similar a aquella con la que terminaba la película original, por lo que, en cierta manera, funciona también como una especie de secuela de la del 81. El resto del argumento es distinto, con numerosos guiños al original (entre ellos el hallazgo en la secadora) pero siguiendo otros derroteros.

El mayor de estos cambios quizás sea el hecho de que en esta película el día de San Valentín no es el tema central del argumento, y la ambientación de la matanza en estas fechas es realmente fruto de la casualidad. En vez de eso la película se centra en una estructura de whodunit que gira alrededor de la venta de una mina y los rencores reprimidos en una sociedad paleta y endogámica. La trama, hay que decirlo, no brilla precisamente por su inteligencia, muchas situaciones están tiradas de los pelos, el personaje principal desaparece por largos momentos y reaparece después como si nada, y sobre todo la revelación final está cantadísima, lo que no le impide ser tremendamente inverosímil y bastante risible. Aparte esta es otra de esas películas de terror que intentan quijotescamente presentar al actor Kerr Smith como un tipo duro, con el previsible ridículo como resultado.

La cinta, sin embargo, compensa estos fallos con otras virtudes a nivel de espectáculo. La película no se corta un pelo a la hora de desparramar sangre por la pantalla, y tal como afirma Roberto Alcolver Oti (en un excelente análisis, por mucho que no comparta su misma apreciación final), el empleo de las tres dimensiones tiene como consecuencia el abandono del típico montaje caótico en favor del viejo plano sostenido de toda la vida, con lo que visualmente al menos la experiencia se hace bastante intensa. El efecto 3-D, asimismo, obliga también a ciertas concesiones a la hora de montar determinadas escenas, y aunque la mayor parte del empleo de esta tecnología resulta un tanto facilona y banal, también es cierto que en los momentos en que se usa, el efecto es sorprendente. Me permito albergar ciertas dudas en cuanto a cómo funcionará esta cinta en su formato casero, pero en su elemento natural (una sala de cine, en 3-D y con público) funciona bastante bien y constituye una experiencia muy digna.

My Bloody Valentine es, en definitiva, una película un tanto zafia pero disfrutable si se ve en un cine, con las tres dimensiones correspondientes. Todavía sigo prefiriendo por mucho la original debido a que lograba grandes cosas a nivel de historia e intensidad sin que le hiciera falta el gancho del 3-D, pero este remake es un buen abreboca para este tipo de tecnología aunque no termine de aprovechar del todo sus capacidades lúdicas, las cuales están mucho mejor empleadas en Destino final 4 (2009), película que también he visto recientemente y sobre la cual hablaremos dentro de poco.

3 comentarios:

Lucksaw dijo...

Me gustó bastante esta remake, además de sumarle el agregado del 3D que resultó muy estimulante y la historia, aunque nada sesuda, es muy rápida y relajante.

Un divertimento puro y duro, ya lo ves!

Jon Heiner Diaz dijo...

Mejor que destino final 4 si es, y me refiero en todos sus aspectos, y claro, se difruta bastante si se ve como debe de ser.

Ademas se le agradece su alto contenido gore y su buena dosis de desnudos, me parecio un film muy ochentero para esta epoca y esa viene siendo su mayor cualidad.

Hombre Lobo dijo...

A mí por el contrario me parece que "Destino final 4" es mucho más divertida. Esta lo que tiene es que es la pionera y, quizás por su temática, es más difícil sacarle espectacularidad. Pero sus aspectos positivos tiene y, si se logra ver en condiciones, es fácil perdonar los gazapos a nivel de historia y las ya cantadísimas "sorpresas" del argumento.

De todas maneras es imposible para mí no ponerla al lado de la original. Esta es sorprendente por toda la parafernalia del 3-D, pero la original no necesitaba eso, y lograba cómodamente contar una historia (aparte de que el trabajo de efectos especiales era bastante bueno para 1981). Como ya comentaba antes, creo que lo más positivo de este remake ha sido que nos ha permitido finalmente tener la original en su formato Unrated, tal como se debió haber presentado.

Saludos.