lunes, febrero 05, 2018

Reseña: Prom Night 3 (1990)

Comencé este año con un propósito firme en Horas de oscuridad, y es completar algunas de las muchas sagas que tengo abiertas en nuestra siempre creciente lista de reseñas. Con este objetivo en mente, acometí la nada desdeñable tarea de revisar Prom Night 3: The Last Kiss (1990), a menudo señalada como la peor de toda la saga iniciada en 1980, pero también la única que guarda algún tipo de continuidad argumebtal con sus antecesoras. Es una película curiosa que tuvo un muy breve paso por los cines y que a pesar de su aparente coherencia con su predecesora inmediata, abandonó cosi por completo el lado de terror para abrazar su condición de comedia/parodia, por desgracia con resultados no muy buenos.

En esta tercera entrega nuevamente tenemos la figura del fantasma de Mary Lou Maloney, la reina del baile de graduación que murió la noche del baile en los años cincuenta y cuyo espíritu vengativo regresa para llevar a cabo una carnicería con los estudiantes de su antiguo instituto. Es importante destacar aquí que a pesar de que tenemos a la misma villana de la por otro lado muy superior Prom Night 2 (1987), esta secuela no parece seguir la trama iniciada por la anterior, sino que cuenta otra historia completamente distinta en la que el fantasma de Mary Lou se obsesiona con un joven que se fija en ella durante una noche en los pasillos del instituto y poco a poco comienza a cargarse a todos aquellos que se interponen en el camino al éxito de su nuevo amor, para luego desatar su furia sobre él una vez que se ve rechazada.

De entrada el argumento es poco interesante teniendo en cuenta el mucho más marcado tono de poderío femenino de la anterior, pero la mayor presencia de un humor subido de tono y sonrojante en ocasiones es lo que realmente tira la película abajo en más de una ocasión, sobre todo teniendo en cuenta que al mal guión hay que sumar unas abismales actuaciones por parte de un elenco evidentemente demasiado mayor para estar en un instituto. Esto es mucho más obvio en el caso de la propia Mary Lou, interpretada aquí por otra actriz y en un tono completamente distinto que en nada calza con la supuesta socarronería de la historia. Todo esto suma una película imposible de tomar en serio como cinta de terror pero al mismo tiempo sin la gracia de la segunda entrega, a la que en ocasiones intenta imitar pero ante la cual siempre termina quedándose corta, sobre todo en la única secuencia que podría calificar de interesante: un clímax que transcurre en una especie de mundo fantasmal paralelo habitado por el fantasma de Mary Lou y sus víctimas y que habría funcionado mucho mejor en una cinta que se tomara un poco más en serio su propia premisa.

Prom Night 3 fue en su época un fracaso de taquilla aunque encontró una nueva vida en formato doméstico, probablemente por parte de completistas como yo que habían quedado impresionados con la segunda parte de la saga. No se me ocurre otro motivo para hablar de ella, honestamente.