miércoles, junio 09, 2010

Reseña: Nueva York bajo el terror de los zombis (1979)

Incluso aquellos que no estén muy familiarizados con la obra de Lucio Fulci (como yo) conocerán sin duda Nueva York bajo el terror de los zombis (1979), título con el que se conoce en España Zombi 2, primera película de terror de este famoso director italiano. La cinta es conocida con un gran número de títulos diferentes, ya que el "2" del original deja en evidencia sus intenciones de falsa secuela de El amanecer de los muertos (1978), de George Romero, la cual se tituló Zombi en gran parte de Europa. Muy previsiblemente, esta cinta de Fulci no tiene nada que ver con dicha película, e incluso el título español es engañoso, ya que la acción principal ni siquiera transcurre en Nueva York, lugar en los que están ambientados sólo los primeros veinte minutos de la película. El resto es una historia de personajes acosados por una indescriptible magia negra en medio de una isla de las Antillas, lo cual le sirve a Fulci para tratar varios temas que terminarán siendo recurrentes en su filmografía, siendo uno de ellos el choque entre el mundo racional y la religión, en este caso el vudú.

Sin embargo, esto último no parece ser en el fondo más que una excusa; el origen de la epidemia zombi no sólo nunca es explicado sino que tampoco parece ceñirse a unas reglas específicas (a veces los muertos vivientes son producto de una infección y a veces simplemente se levantan de sus tumbas), mientras que la trama va dando tumbos entre la historia de una maldición que data de los tiempos de los conquistadores hasta un misterio alrededor de un ancestral culto vudú que no lleva a ninguna parte, así como la investigación por parte de un reportero y una mujer sobre la misteriosa desaparición de un hombre en estas islas y el trabajo de un inescrupuloso doctor que intenta en vano dar con la explicación científica del fenómeno de los muertos que andan. Todas estas subtramas están mezcladas de forma un tanto caótica, cosa que no debería de extrañarnos ya que los argumentos coherentes nunca fueron por lo visto el fuerte del cine de Fulci, quien estaba mucho más interesado en el aspecto visual y temático de sus historias. Sumado a esto hay diferentes detalles que evidencian las prisas y carencias de la producción, como fallos de raccord impresionantes y unos personajes poco carismáticos. De hecho me parece que las películas de terror de Fulci tenían siempre los mismos tres personajes: el tenebroso hombre que sabe el secreto, el machote protagonista de pelo en pecho que se encarga de casi todo el heroísmo y la mujer guapa que sólo grita y reacciona ante los monstruos.

Pero finalmente nada de esto importa, porque lo que sí consigue con creces esta falsa secuela es crear un ambiente siniestro donde la isla en la que se encuentran los personajes se convierte en un infierno perfectamente creíble. Aunque el principio tarda un poco en arrancar, el caos creado por los muertos vivientes es palpable ya que no sólo la locación de la isla da la sensación de no tener donde escapar sino que encima Fulci echa mano de lo que a partir de entonces sería una constante suya: ese exotismo de tintes lovecraftianos que se nota en los omnipresentes tambores que preceden a los muertos vivientes, una música cuyo origen nunca llegamos a ver pero que enlaza a los zombis con una maldición cultural muy antigua ante la cual los personajes se ven superados. Esta ambientación tan lograda es por desgracia muchas veces pasada por alto en beneficio del gore y demás golpes de efecto que en esta película ciertamente abundan y con los que el director castiga a su público una y otra vez: la ya famosa astilla de madera en el ojo, las esmeradas escenas de canibalismo y el detalle casi obsesivo de esos cadáveres rebosantes de gusanos que se alzan lentamente frente a los protagonistas son los detalles que ponen a la película en un terreno de explotación pura y dura de la que otro director quizás no habría salido tan bien parado (cosa que acabaron demostrando por otra parte los incontables imitadores de esta ola italiana de muertos vivientes).

Nueva York bajo el terror de los zombis, o Zombi 2, como queráis llamarla, puede que no sea la mejor película de Fulci (en lo personal sigo prefiriendo su trilogía de Las puertas del Infierno) pero sí es aquella por la cual yo recomendaría empezar a cualquiera que quiera acercarse a su obra de terror, aunque sea para comprobar cómo este director puede ir más allá de la etiqueta de explotación a la que muchas veces se le reduce injustamente. El contundente final de la película, muy en la onda de este cineasta, es también una de las cosas más recordadas, y aunque muchos de los esquemas temáticos de su argumento serían repetidos muchas veces, esta sigue siendo por derecho propio una de las mejores películas de muertos vivientes que se han hecho nunca.

5 comentarios:

Carlos Cubo dijo...

Coincido contigo en que se trata de una de las películas, sino la película, que es bueno ver para iniciarte en el cine de Fulci. Y, efectivamente, no quiere decir que se trate de la mejor. Para mí, las mejores siempre serán Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y Aquella casa al lado del cementerio. No obstante, las escenas del ojo y del tiburón son brutales!

tokig dijo...

A mi entetiene el film, pero no la situo entre las mejores películas de zombies. Fulci era muy irregular y sus guiones no eran el fuerte como dices. De este director mis favoritas de su parte Gore son Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, El Mas Allá, el Destripador de Nueva York y de su etapa Giallo todas desde Una Lagartija con Piel de mujer hasta No tortures al Pato...

tito contreras dijo...

AUNQUE TIENE UNAS ESCENAS MEMORABLES COMO LA DEL ZOMBI LUCHANDO CONTRA EL TIBURÓN Y ESE ZOMBIE GORDO DEL FINAL QUE SE VOLVERÁ REITERATIVO EN LOS FILMES DE MUERTOS VIVIENTES, Y ADEMÁS TIENE ESE SABORCILLO A PELÍCULA SETENTERA....

Criss Cross dijo...

No es una de las mejores películas de zombies de la historia, pero es indudablemente importante, porqué es la primera responsable de la segunda étapa cinematografica de Fulci (Su más famosa e importante, la del gore).

Su trilogia del terror, de hecho demuestra que, auqnue hay personaje arquetipicos, normalmente los responsables del protagonismo casí nunca son hombres sino de hecho mujeres (En su giallo indiscutiblemente Jen O´Neill en "Siete Notas" y la chica de "Una Lagartija" y en la era gore, la maravillosa (y que deberia ser una figura de culto para los amantes del terror italiano): Catriona McColl.

Las dosis gore son las típicas de su autor, pero sigo y no me cansare de insistir en la bien planeada y justificada que es la escena de Olga Karlatos y la castración de su pobre ojito (Yo siempre rememoro la comparación entre esta escena y la del Chien Andalou de Buñuel y Dalí).

Finalmente, los ojos empezara a ser protagonistas del cine gore de Fulci como mera antitesis (Espero usar bien el termino).

Como dices, Fulci debe ser recordado como un autor y no simplemente como un explotador.

Anónimo dijo...

Es una película sensacional claustrofóbica en una isla sin escapatoria,una joya atemporal fantástica y deliciosa.