lunes, diciembre 21, 2015

10 de hace 10: Frágiles (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.


Para la séptima entrega de este especial me había hecho la idea de traer de vuelta la reseña de alguna película de terror española, y la elegida ha sido Frágiles (2005), tercer largometraje de Jaume Balagueró y su segundo en inglés. El motivo por el que elegí esta en particular es no sólo porque fue probablemente la más popular producción española de terror de ese año sino también porque recuerdo que en su momento me dejó una impresión muy positiva. Una década después el veredicto es quizás algo más modesto, ya que me parece que no ha aguantado tan bien el paso del tiempo y ha quedado algo diluida en la marea de trabajos similares que proliferaron por esa época y que todavía siguen siendo un lugar común en gran parte del cine de terror mainstream a ambos lados del Atlántico.

Pero antes que nada, y como de costumbre, hay que dar un poco de contexto: Frágiles fue la tercera película de Jaume Balagueró, y aún teniendo en cuenta que todavía faltaban dos años para que consiguiera el éxito masivo de REC (2007), este cineasta ya era quizás el más reconocido (comercialmente al menos) de los directores de la productora Filmax, gracias sobre todo a las buenas críticas de su primer largometraje Los sin nombre (1999) y al éxito de Darkness (2002), también rodada en inglés y la más exitosa de las cintas de la ya difunta Fantastic Factory. Con esto lo que quiero decir es que si bien sus dos primeras películas nunca me han gustado mucho, no puedo negar la importancia que tuvo (y que sigue teniendo) este director a la hora de cimentar el estilo particular de una productora abocada prácticamente desde el principio a construir una "marca" en cuanto al género de terror, una que se ve reproducida incluso desde una perspectiva superficial: tanto Los sin nombre como Darkness y por supuesto Frágiles comparten una estética y temática muy similar que terminaría por contagiarse a gran parte de la producción de Filmax, sólo que en esta última se reciclan además para montar un trabajo con ambiciones comerciales mucho más evidentes.

Esto último es más que obvio debido al uso por parte de Balagueró de elementos clave que ya le habían funcionado con anterioridad: el empleo de los niños como objetivo del horror, la calculadísima y "perfecta" ambientación del hospital abandonado y el protagonismo de un niño (niña en este caso) que "ve fantasmas" y que es asistido por un adulto que le ayuda motivado por un trauma propio que le ha dejado un gran sentimiento de culpa. Si os parece familiar es porque lo es: el mismo esquema se ha venido usando prácticamente de forma ininterrumpida desde el éxito comercial de El sexto sentido (1999), y aquí se emplea con toda la intención del mundo, empleando además un montón de trucos y recursos estéticos de cosas que previamente han funcionado. De todas las películas de Balagueró, Frágiles es probablemente la menos original y la que menos riesgos toma a la hora de meter miedo en el espectador.

Este quizás sea el principal motivo que hace que la película no haya envejecido tan bien como otros ejemplos del cine de terror español y ahora, diez años después de su estreno, se sienta como una película de terror sobrenatural del montón, con un diseño de producción muy cuidado y algunas escenas realmente tenebrosas pero por otro lado muy pobre a nivel de argumento y llena de recursos facilones, no sólo en el ambiente que intenta crear sino también en lo inverosímil de muchas situaciones: la sola idea de un hospital funcionando con una de sus plantas clausurada como si fuese un edificio abandonado es de risa, aparte de que la estética del fantasma (revelada cerca del final) sólo resulta tenebrosa al principio, antes de que te des cuenta de lo exagerada que es y de lo poco coherente que resulta con el resto de la trama creada por Balagueró. El alcance de los poderes de dicho fantasma tampoco queda muy claro y ejerce su temible ataque sobre los personajes de forma un tanto arbitraria.

Por supuesto, no todo es malo en esta película. Después de todo sigue siendo probablemente una de las estéticas más cuidadas de Filmax y un aprovechamiento muy bueno de sus recursos, por mucho que todo tenga un estilo tremendamente artificial. También los actores infantiles están muy bien, sobre todo la niña protagonista, ya que Callista Flockhart (una actriz que confieso nunca me ha gustado mucho) se siente muy poco natural y encima tiene que cargar con un personaje escrito de forma muy superficial con un trauma del pasado que nunca llega a tener relevancia alguna en la trama. 

Me acerqué a Frágiles después de estos diez años pensando que me gustaría igual que en aquel entonces y debo admitir que he quedado un tanto decepcionado. Se aguanta bien hasta el final y tiene un par de momentos que siguen siendo muy buenos, pero aquellos metidos de lleno en el terror sobrenatural (con niños o sin ellos) no encontrarán nada en ella que no hayan visto muchas veces antes y mejor. La década transcurrida le ha pasado factura, y si bien las dos cintas anteriores de Balagueró no estaban tan bien realizadas a nivel técnico, sí me parece que tenían cosas más interesantes a nivel de imaginario que esta que hemos rescatado hoy.

martes, diciembre 15, 2015

10 de hace 10: Dark Water (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.


Continuando con nuestro objetivo de revisar películas estrenadas (y reseñadas) hace diez años, toca el turno de volver a evaluar nuestra impresión original de Dark Water (2005). Los que llevan tiempo siguiendo este blog saben que este es un trabajo difícil de valorar por muchos motivos, principalmente por ser un remake de una cinta que llegó a ser muy conocida en su momento y de la que se sacó una nueva versión con apenas tres años de diferencia. Pero lo primero que tengo que decir tras esta década que ha pasado antes de volver a verla es que fue también (por lo visto) un proyecto muy extraño que, por increíble que parezca, pasó por alto muchos de los preceptos que consideramos ineludibles en una producción comercial de este calibre. Vamos a tratar de nombrarlos uno a uno para que se entienda a qué nos referimos.

Lo primero que salta a la vista de este Dark Water del 2005 es su director, el cineasta brasileño Walter Salles. El por qué fue precisamente él el encargado de dar vida a un proyecto como este es algo que honestamente se me escapa. Para el 2005 Salles era un director que estaba en un punto muy alto de su carrera gracias a cintas oscarizables como Estación Central (1998) y Diarios de motocicleta (2004), por lo que no entiendo qué extraño proceso mental haya decidido que sería el indicado para una película de terror comercial. Porque de eso es lo que estamos hablando después de todo: en teoría Dark Water debía seguir el ejemplo que ya habían dado otras adaptaciones americanas del terror japonés como las muy exitosas The Ring (2002) y The Grudge (2004), y sin embargo no es así. Quizás la presencia de Salles (o no, eso no tengo forma de saberlo) es la responsable de que tengamos entre manos lo que probablemente sea el remake de terror menos comercial con el que me haya topado en mucho tiempo, algo que ciertamente no recordaba y que me ha sorprendido mucho tras haberme reencontrado con la cinta.  

Aunque claro, también es cierto que para el 2005 todavía la fiebre del terror asiático no había llegado a morir del todo, y este tipo de remakes eran todavía algo relativamente nuevo. Sólo de esa forma me consigo explicar que a pesar de mantener más o menos el mismo argumento sin grandes cambios (más allá del evidente cambio de ambientación), esta versión de Dark Water sea aún más parca en elementos de terror que la original. La versión del 2002 dirigida por Hideo Nakata no era lo que se dice muy explícita en cuanto a su imaginario de terror, pero esta versión americana lo es incluso menos: las apariciones del fantasma están mucho más dosificadas, y las poquísimas concesiones al horror (hechas principalmente a través de efectos especiales) se sienten algo fuera de lugar y como un simple añadido posterior. Una de las cosas más sorprendentes, por ejemplo, es que en ningún momento se intenta hacer del fantasma algo más tenebroso de lo que ya es; no hay trucos de maquillaje ni imaginario grotesco alguno más allá de la sempiterna mancha de humedad en el techo de la protagonista. De hecho el elemento más terrorífico de todos no es otro que ese enorme y viejo edificio que se antoja como un lugar en perpetuo abandono.

Y es que en realidad lo que estamos viendo aquí no es una historia de fantasmas sino un drama acerca de una madre acosada en todos los frentes y amenazada constantemente por las penurias económicas y la presión de sacar adelante a su pequeña familia. Es un drama además muy sobrio que cuenta con una ambientación magnífica y una magnífica fotografía del también brasileño Affonso Beato, quien curiosamente también es un nombre más frecuente en películas alejadas del canon comercial al que esta producción supuestamente pertenece. La ambientación es también otra manera de resaltar los aspectos más alegóricos del argumento tales como la mancha de humedad, el agua insalubre que beben los personajes, elementos ambos que hablan de un crimen del pasado que, curiosamente, no constituye la trama central de la película, es decir que la protagonista no emplea todo su tiempo en investigar lo que ocurrió en el piso de arriba, como sin duda habría sucedido en una película con intenciones más comerciales que esta. 


Llegados a este punto tengo que mencionar la que para mí es la mayor diferencia entre esta película y la versión original del 2002, y es el cambio en la forma cómo es tratado el personaje principal. Quizás por la adaptación cultural y el cómo se responde a unos estereotipos de género específicos, la Dark Water americana tiene una visión mucho más positiva de su protagonista que su homónima japonesa. No olvidemos que la película original mostraba a una mujer enfrentada a una maternidad que la supera y con la que es incapaz de lidiar. La versión americana, por el contrario, tiene en su personaje principal a una madre abnegada y enfrentada no sólo a las dificultades económicas sino también a la influencia negativa de dos hombres que se presentan como rivales: el indolente casero de John C. Reilly y el ex-marido interpretado por Dougray Scott, pero a pesar de todo es una mujer que continúa luchando y que poco a poco es capaz de salir del foso en el que está metida. Gran parte del mérito de esto se encuentra en el trabajo de Jennifer Connely, una gran elección de casting que consigue el equilibrio perfecto entre fuerza y vulnerabilidad y que ayuda a hacer de su personaje algo creíble. Es por eso que el desenlace (el mismo de la versión japonesa) se hace incluso más doloroso para el espectador a pesar de tener un epílogo más positivo.

Con un argumento sobrio, una excelente fotografía y unas destacables actuaciones, Dark Water lo tenía casi todo a su favor, y sin embargo tuvo un recibimiento muy frío en aquel entonces, principalmente por la mala decisión de sus responsables de promocionarla como una película de terror al uso, estrenándola justo antes de Halloween, con lo que su principal público quedó muy confundido al encontrarse con un drama más alejado del terror de lo que había sido original. No fue este el único problema puesto que la película no es del todo perfecta (la resolución del misterio se da de forma muy repentina y casi fortuita) y en definitiva no aporta mucho más allá de lo que ya había logrado Nakata tres años antes, pero si se hubiese intentado vender como una cinta dramática quizás habría sido mucho mejor recibida, aunque claro está que la cercanía temporal con la original no hubiese ayudado a soltar las expectativas propias de una producción de este calibre. Es una lástima porque la he disfrutado más de lo que inicialmente recordaba, y tras diez años creo que simplemente tuvo la desgracia de estrenarse en un muy mal momento.

domingo, noviembre 22, 2015

Reseña: Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015)

A mi favor puedo decir que soy un completista incurable. Desde el estreno de la primera entrega en el 2009, he visto en el cine todas las películas de Paranormal Activity, y esta no iba a ser la excepción, aún teniendo en cuenta que no albergaba ninguna esperanza de que saliera bien. Sin embargo, tenía curiosidad por el cierre y por cómo terminaría toda la historia. Porque Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015) es, hasta donde sé, la última entrega de una saga que ha visto mejores días, una en la que sus propios creadores parecen haber perdido el interés al entregar un producto a destiempo y hecho a trompicones.

Para entender un poco esto último es necesario hacer memoria y recordar cómo comenzó todo: el estreno de la Paranormal Activity (2009) original fue, como todos sabemos, un gran éxito, dando inicio tanto a la fiebre por el terror de formato documental como a lo que se perfilaba como una de las franquicias más rentables del cine de terror moderno. Tanto es así que las siguientes tres entregas de la saga se estrenaron religiosamente cada año siempre por las mismas fechas, alrededor de Halloween. La película de Oren Peli las tenía todas consigo para convertirse en la sucesora de Saw (2004) en cuanto a periodicidad e incluso cierto estilo de continuidad que se quería dar a todo el producto, con una historia que en teoría al menos se iba tejiendo a lo largo de cada entrega. Pero entonces, tras el estreno de Paranormal Activity 4 (2012) todo pareció cambiar. Desmotivados quizás por las malas críticas hacia una película que no hizo nada por avanzar la trama general, en el 2013 no tuvimos ninguna entrega de Paranormal Activity, y la quinta entrega, subtitulada The Marked Ones (y que, no olvidemos, no estaba planteada originalmente como una secuela sino como un remake/spin-off enfocado en el público latino) terminaría siendo estrenada en enero, que tradicionalmente es el mes en el que los estudios de Hollywood sacan la basura, esos estrenos destinados al fracaso. Pasó el 2014 y nada que se escuchaba de continuar la saga. Hemos tenido que esperar hasta el 2015 para que se estrenara esta sexta y última entrega, con muy poco bombo en comparación con las cintas anteriores. Para mí es evidente que algo se rompió en el juguete, y que la saga ya no interesaba tanto al estudio como en otros tiempos.

Esta desgana de la que hablo se siente en toda la película, empezando por el hecho de que no hay un interés real en terminar la enrevesada historia que habían ido tejiendo. Nuevamente tenemos el mismo esquema de todas las entregas anteriores, con otra familia de pareja joven/hija pequeña que en esta ocasión encuentran una extraña videocámara en la casa a la que se acaban de mudar y terminan siendo acosados por una presencia que se hace más palpable cada noche que pasa. El gimmick en esta ocasión es que la cámara hallada tiene la extraña facultad de "ver" al ente que los acosa, lo que sirve para regalar al público un ocasional uso de efectos especiales digitales destinados (no nos engañemos) a justificar el gancho del 3D con el que han querido rentabilizar el producto a nivel de taquilla. Como podemos ver, no sólo el argumento es increíblemente perezoso al reciclar la misma trama y estructura de todas las entregas anteriores, sino que el abuso de los efectos especiales roba a la película de la única carta que la saga tenía a su favor y que era precisamente la sencillez con la que conseguía meter miedo en el público, algo que aquí se ha perdido por completo y que desentona con la supuesta atmósfera realista que quieren dar. Todos los efectos que se muestran aquí se ven, por el contrario, increíblemente falsos y totalmente injustificados porque el hecho de "ver" al demonio que acosa la casa no parece tener ningún efecto en los protagonistas.

Pero lo peor sin duda es la continuidad con la saga anterior. Esta sexta entrega retoma por supuesto la historia de las dos hermanas y el cónclave de brujas que se introdujo en la segunda entrega, hasta el punto en que parece ignorar absolutamente todo lo demás y abandona muchas de las subtramas que había abierto con secuelas posteriores, como si se hubieran dado cuenta de que estas no tenían ninguna posibilidad de seguir de forma decente. Lo que quiero decir con todo esto es que incluso si se es un seguidor de esta saga será inevitable caer en una decepción al darse cuenta de hasta qué punto los responsables de Paranormal Activity decidieron matar su franquicia. Por todos estos motivos no tengo reparo en decir que es lo peor que he visto este año, porque inclusive con los ejemplos más cutres que he visto en el 2015 al menos tenía la sensación de que estaba viendo una película de verdad, y no el estertor final de una saga que, repito, debió quedarse en la primera entrega. 

sábado, noviembre 21, 2015

Reseña: The Final Girls (2015)

The Final Girls (2015) es una comedia de terror que despertó un considerable interés en varios festivales, mucho antes de que tuviese la oportunidad de verla. No deja de sorprenderme teniendo en cuenta que, después de todo, se trata de una película muy sencilla que probablemente habría pasado desapercibida de no haber tenido ya el precedente de The Cabin in the Woods (2011), con la que comparte el espíritu meta y las ganas de hacer leña de las convenciones más manidas del horror, concretamente del slasher ochentero y de Viernes 13 (1980) en particular. Pero no nos engañemos: esta es una cinta menos ambiciosa que aquella producción de Joss Whedon, con pretensiones más encaminadas hacia una comedia ligera. No es que no tenga puntos destacables, pero los que hay no tienen nada que ver (en mi opinión) con el género que parodia sino con otros aspectos que mencionaré luego.

Tal como se mencionaba en otras ocasiones, el argumento se asemeja mucho a aquel que habíamos visto en El último gran héroe (1993), con unos personajes que literalmente se meten dentro de una película slasher de los ochenta y deben sobrevivir a las artes de su asesino poniendo atención a las reglas y clichés propios de este tipo de cine. Hay además un agregado dramático en el hecho de que la protagonista se reencuentra en la película con su recientemente muerta madre, una actriz en decadencia que tenía un personaje en aquella cinta y a la que la chica intentará ayudar a sobrevivir a cualquier precio.

El elemento añadido en este drama de la madre muerta y la necesidad de dejar atrás el dolor causado por la pérdida es probablemente el punto más interesante de The Final Girls, ya que el argumento en sí no es lo que se dice muy original y el punto meta está tratado de una forma muy superficial teniendo en cuenta que otras cintas del pasado lo han explotado mucho mejor, no sólo la ya citada The Cabin in the Woods sino incluso otros ejemplos menos mainstream. Incluso el humor que la película se gasta me pareció muy básico, casi siempre girando en torno a los inevitables guiños tanto a la Viernes 13 original como a otras cintas ambientadas en campamentos como The Burning (1981) o Sleepaway Camp (1983). Hay algunas decisiones estéticas interesantes en la recreación del mundo "ficticio" de la película y en la forma como desmonta el típico argumento de un slasher film, pero en general me pareció una película muy sencilla en cuanto a su alcance y únicamente destacable por su tramo final en el que la alegoría de la protagonista aceptando finalmente la muerte de su madre (y convirtiéndose, por derecho propio, en una chica final) se hace tan evidente que le termina dando un toque especial.

En definitiva eso es todo lo que pude sacar del visionado de The Final Girls. Quizás si vais a verla con expectativas un tanto más bajas y con la idea de ver una parodia de cine de terror ligera podáis disfrutarla más y reconocer su valor en cuanto a las escasas ideas originales que maneja. Por lo demás no deja de ser un producto comercial hecho además como vehículo de lucimiento de jóvenes estrellas televisivas como su protagonista Taissa Farmiga, últimamente muy dada a participar en historias de terror al igual que su hermana mayor, en un curioso paralelismo con el argumento de esta cinta de la que hablamos hoy.

sábado, noviembre 07, 2015

Reseña: Crimson Peak (2015)

Tienen razón aquellos que dicen que Crimson Peak (2015) no es realmente una película de terror, pero quienes se hayan sentido sorprendidos o defraudados por esto es porque probablemente no están tan familiarizados con la obra de Guillermo del Toro, quien no sólo como director sino también como productor ha dejado claro en muchas ocasiones que sus intereses a la hora de hacer cine de miedo son otros. Como creador, Del Toro parece es alguien que suele buscar una mayor empatía del público con los monstruos o los fantasmas, y tanto en sus primeros trabajos como Cronos (1993) como en cintas posteriores como El laberinto del fauno (2006) hay un mayor énfasis en la fascinación por lo desconocido que en el miedo como tal. Confieso que hasta cierto punto esto es algo que siempre me ha frustrado un poco, pero eso es un problema mío y lo reconozco.

Lo cierto es que desde el principio, cuando la primera imagen que vemos en la película es un libro con el título de la historia que vamos a ver, sabemos claramente que Crimson Peak es una fantasía, algo más llamado a estimular nuestra apetencia por lo fantástico que nuestros miedos a lo sobrenatural. Por si esto no quedara claro se menciona varias veces, e incluso el propio director nos lo advirtió en más de una ocasión: esto no es una película de terror sino un romance gótico con fantasmas, una historia cuyos referentes son Emily Brontë, Edgar Allan Poe y Henry James, una mirada a la idea del Mal y al poder de los secretos... ambientado por supuesto en un caserón británico que se hunde lentamente y a un secreto familiar que esconde un gran peligro para nuestra inicialmente ingenua protagonista. A esta casa llega precisamente la joven escritora Edith tras un apresurado y misterioso matrimonio, y una vez allí comienza a ser acosada por una presencia fantasmal y la sospecha de que detrás de su nuevo marido y cuñada hay algo muy siniestro que se oculta. 

Con esta cinta tengo sentimientos un tanto encontrados. Por un lado, es innegable que estamos ante una de las producciones más extravagantes a nivel visual que hemos visto recientemente, y a nivel de estética es sin lugar a dudas el trabajo más impresionante que jamás ha hecho Guillermo del Toro, lo cual no es poco. Tiene un mérito adicional todo el espectacular escenario de la casa, reminiscencia de los trabajos clásicos del cine de inspiración gótica con la Hammer a la cabeza, pero al mismo tiempo con el toque personal de su director y dotado de un preciosismo macabro como pocas veces he visto. Pero paradójicamente es en la estética donde están la mayoría de mis objeciones: es una lástima, por ejemplo, que ese mismo empeño en hacer de los escenarios algo "físico" no se haya trasladado también a las apariciones del fantasma, las cuales están realizadas con tecnología informática y que me molestaron un poco por su falta de sutileza y un carácter explícito que ya se dejaba ver en los trailers. Por ese mismo motivo me desagradó también el look obviamente digital de la película, cuya excesiva nitidez y ocasional velocidad da a todo un aspecto demasiado artificial para mi gusto. 

Estas son, por supuesto, pegas meramente estéticas, porque a pesar de todo la película tiene otros puntos a su favor. La trama que presenta es muy básica y a decir verdad no muy interesante, pero se encuentra elevada por las actuaciones del trío de actores principales, incluida una maravillosa Jessica Chastain que brilla con luz propia llegados los últimos quince minutos de la película, cuando se desata un sangriento y violento clímax que me hizo olvidar rápidamente todo lo anterior, que por el contrario puede pecar de algo aburrido. No es la película más redonda de Guillermo del Toro, pero sí que es una de las más interesantes por su propuesta estética, por su interés en rescatar el gótico cinematográfico y por su poco habitual desarrollo de empoderamiento femenino y la negativa a rendirse a los preceptos clásicos de damiselas en peligro. En todos estos aspectos es una película muy valiente que vale la pena ver sobre todo ahora que no parece haberle ido muy bien. Pero no nos engañemos: parte de su fracaso tiene que ver con que el cine de Guillermo del Toro parece hecho para un público muy particular, y el estudio además cometió un error al promocionar esta cinta como una película de terror para Halloween. Poned a un lado esa publicidad engañosa y dadle un vistazo si es que todavía está en cartelera.

miércoles, noviembre 04, 2015

10 de hace 10: Saw 2 (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Es imposible hablar del horror mainstream de la década pasada sin hablar de Saw. El motivo no tiene que ver sólo con el éxito que tuvo y por haber levantado la que probablemente sea la franquicia de terror por excelencia de la década del dosmil, sino también por haber dado inicio a la carrera del director James Wan y el guionista Leigh Whannell, que con el tiempo (y algunos cuantos éxitos más en su haber) se han convertido en referentes de una nueva tanda de directores de género que todavía estamos disfrutando. Pero es que además Saw, al dar inicio a una tendencia que algunos calificaron de porno-tortura (término que no me gusta nada, a decir verdad), propició el regreso del horror físico a la pantalla, uno en el que el sufrimiento de las víctimas, la muestra gráfica de charcutería y el nihilismo en el desenlace pasó a ser la norma y terminaría por convertirse en otro lugar común más. En este sentido podemos decir que fue la primera película del terror que se sentía completamente perteneciente al nuevo milenio, y eso no es poca cosa.

Con todo y eso debo reconocer algo: la primera entrega, que se estrenó causando conmoción en el 2004, no me convenció demasiado. En aquel momento no la aprecié mucho y a decir verdad la consideraba poco más que un remedo algo más accesible de Seven (1995), con el interés puesto no tanto en la trama de investigación sino más bien en las diferentes trampas del asesino, aparte de que la idea de las trampas elaboradas con trasfondo moralista remite de forma casi inevitable a la famosa cinta de Robert Fuest El abominable dr. Phibes (1971), aquella en la que Vincent Price también interpretaba a un genio del mal decidido a cobrarse una venganza ofreciendo a sus víctimas la posibilidad de sobrevivir sólo a costa de un gran sacrificio personal. Hoy en día mi opinión al respecto se ha matizado un poco: la verdad es que la primera Saw (2004) es una película muy eficiente y genial en su sencillez, su limitado escenario y el genuino interés que puede llegar a despertar su argumento. Las trampas de su guión o lo inverosímil de algunos momentos son aspectos que siguen siendo innegables, pero palidecen con el nivel de desvergüenza que luego alcanzarían sus secuelas.

Y hablando de secuelas, esta saga también se lleva el premio a la mayor constancia que jamás haya tenido una franquicia de terror comercial: entre 2004 y 2010 hubo siete películas de Saw, todas ellas estrenadas religiosamente a razón de una por año y siempre alrededor de las festividades de Halloween. Ninguna otra saga puede presumir de lo mismo, pero es que además se hizo un intento bastante loable de dotar a todas estas películas de al menos algún grado de continuidad, lo que en cierta forma anticipa nuestra actual obsesión con el formato de larga duración típico de las teleseries. No siempre funcionó, es cierto, y de hecho hay una clara división entre las tres primeras entregas de Saw (que giraban alrededor del asesino, Jigsaw) y el resto (que iban más sobre su discípulo y su legado). La principal diferencia entre las tres primeras y las demás viene dada, en mi opinión, porque sólo en las tres primeras participaron sus creadores originales, Wan y Whagnell. 

Lo que nos lleva finalmente a la cinta de la que queremos hablar hoy y cuyo balance hacemos luego de diez años de su estreno: Saw 2 (2005) fue, evidentemente, la primera secuela, la reacción inmediata al increíble éxito de la original. Wan esta vez no ejerce de director, sino que el puesto fue para Darren Lynn Bousmann, otro joven integrante de esa nueva ola de directores de terror, que terminaría dirigiendo también las siguientes dos entregas de la saga y también sacando adelante otros proyectos personales en los que por desgracia no corrió con tanta suerte. Es por supuesto una secuela hecha a lo grande, no sólo por el mayor presupuesto sino también por la premisa: un mayor número de víctimas y una casa entera llena de trampas mortales, así como el argumento de una búsqueda con llaves y mecanismos secretos que a decir verdad funciona bastante bien para mantener el interés aunque la referencia obvia sea esta vez Cube (1997), algo reconocido por los propios realizadores. A pesar de que en su momento no me agradó tanto, un segundo visionado tras una década me ha hecho cambiar de opinión. Es incluso en muchos sentidos una cinta superior a la original principalmente por la mayor cantidad de tiempo en pantalla que tiene Jigsaw, lo cual además sirve para disfrutar de la actuación de Tobin Bell en el que probablemente sea el papel de su carrera. También es un gran acierto la sustitución de Danny Glover por Donnie Whalberg en la trama policíaca, y a diferencia de lo que ocurriría en otras entregas de la saga, la contraposición entre el argumento del "juego" de Jigsaw y la investigación policial está planteada prácticamente desde el principio. Además, la revelación sorpresa del final tiene un punto novedoso en su manejo de los tiempos narrativos como el principal velo puesto ante los ojos del público, engañado por medio del montaje cinematográfico al hacérsele creer que los eventos que veía intercalados ocurrían al mismo tiempo cuando en realidad no era así. Es un muy buen truco y uno nada fácil de pillar.

Pero la verdadera apreciación por Saw 2 viene tras revisar de nuevo las secuelas: con el tiempo, Lionsgate exprimiría la saga hasta lo indecible, y ya de hecho el final se sintió muy desganado y típico de una franquicia que había perdido su razón inicial de ser. Esta segunda entrega por el contrario es el punto justo, la única continuación que debió haber existido, y una película muy entretenida con algunos momentos y trampas perturbadores. No todo es bueno, obviamente, puesto que algunas situaciones requerirán de una suspensión de la incredulidad considerable, pero al menos Jigsaw no había llegado a los niveles de omnipotencia de los que haría gala en entregas posteriores. Después de haber renegado de ella en varias ocasiones, debo decir que Saw y Saw 2 son mucho mejores de lo que recordaba. En pocas ocasiones hemos hablado del momento idóneo para bajarse de una franquicia, y este es uno de ellos. La saga de Saw nunca volvería a alcanzar este nivel, y la avalancha de imitadores que vinieron después proyectarían su sombra sobre la original, pero una década es suficiente para solventar ese error.

viernes, octubre 30, 2015

Reseña: Halloween 2 (2009)

Cerrando ya nuestro mini-especial de Noche de Brujas con otra de esas reseñas destinadas a dividir a los que se pasan por aquí en dos bandos irreconciliables, también una película que debió haber pasado por este tribunal hace años: Halloween 2 (2009), de Rob Zombie, debió haber sido reseñada hace mucho teniendo en cuenta que por este blog ya han pasado todas las demás entregas de la saga iniciada por John Carpenter en 1978, y si bien el remake de Zombie del año 2007 fue en general bien recibido, esta continuación que se marcó un par de años más tarde no ha corrido con tanta suerte. Seré yo quien de inicio a la polémica afirmando que no sólo me parece una muy buena película, sino también una de las mejores de su director, e incluso me atrevo a decir que es mi segunda favorita de la saga de Halloween, superada únicamente por la original de Carpenter, para que os vayáis haciendo una idea.

Precisamente de Carpenter toma el paso inicial en este raro baile que se marca con uno de los mayores clásicos del slasher: el Halloween de Zombie comienza de forma muy similar a como comenzaba aquella secuela de 1981, es decir en la misma noche que en la primera película, con Michael Myers atacando el hospital donde Laurie Strode se recupera de su batalla con el asesino. Pero esto es sólo el principio porque muy pronto toda esta secuencia del hospital termina siendo un sueño/preámbulo de la verdadera trama, una transcurrida dos años después, en la que Laurie Strode debe lidiar con el trauma de su experiencia mientras Myers regresa para terminar el trabajo que empezó en la película anterior. Aquí es donde Zombie se desmarca por completo de la saga original y lleva la cinta a su propio terreno, ahondando más el lado psicológico de la historia al contraponer el mundo alucinante de Michael Myers (dominado por el fantasma real y alegórico de su madre muerta) con el desmoronamiento mental de Laurie, quien es retratada como una joven destruida psíquica y emocionalmente y cuya experiencia la ha llevado al borde del colapso. 

Decíamos antes que esta versión de Halloween 2 no fue bien recibida en su momento. Los motivos de este rechazo por gran parte del público son por un lado comprensibles: cuando realizó su primera Halloween (2007), Rob Zombie estaba en el punto más alto de su carrera y se había ganado el corazón de los aficionados al terror gracias a La casa de los 1000 cadáveres (2003) y Los renegados del diablo (2005), y a pesar de que muchos se quejaron de su reinvención del personaje de Michael Myers, su remake fue un éxito que le otorgó un mayor control creativo para esta secuela, un control que terminaría llevando hasta sus últimas consecuencias. Muchos de los aspectos de esta película son contrarios a lo que el público reconoce como una cinta slasher, no sólo por el aspecto psicológico y su mayor énfasis en la intimidad del asesino, sino también por su negativa a embellecer la violencia. Ya desde el principio, el Michel Myers de Zombie no muestra un asesino nada estilizado, un gigante que destaca sobre todo por una brutalidad de la que su director no nos ahorra ningún detalle, y no sólo por la forma en que destroza a sus víctimas sino por otras escenas como aquella en la que le vemos devorar un perro o por su presencia completamente sucia y similar a la de un vagabundo. Es sin duda el Michael Myers más monstruoso de toda la saga pero, paradójicamente, también el más humano: no sólo le llegamos a ver sin máscara sino que llegado el momento incluso habla, hecho que por sí solo se habrá sentido como un sacrilegio para muchos seguidores del personaje.

Claro está que a pesar de lo bien hilado que está el discurso de Zombie y de lo muy bienvenida que es su brutalidad después de las vergonzosas últimas entregas de la saga original, hay cosas que no terminan de funcionar y que quizás hayan influido en ese rechazo del público. Una de estas cosas para mí es el personaje de Laurie Strode, quizás el más pobre de la película, algo que se ve empeorado por un error de casting al dar el papel a la muy poco interesante Scout Taylor-Compton mientras se pone en un rol secundario a la muy superior Danielle Harris. El personaje de Laurie además resulta un tanto cargante puesto que se pasa casi toda la película llorando y gritando. Para colmo, un personaje interesante como el Sam Loomis de Malcom McDowell está muy desaprovechado y sólo interactúa con la trama principal justo cuando llega el desenlace de la película. Pero esto para mí son quejas menores; con el tiempo me he dado cuenta de que los motivos por los que la gente odió Halloween 2 son los mismos por los cuales a mí me gusta, y prefiero mil veces algo radicalmente distinto en vez de las repetitivas secuelas de la saga original. Esto para mí está muy por encima incluso de la pasión por el gore y el impresionante desfile de cameos de luminarias del horror. El final, además, es el mejor posible teniendo en cuenta la dirección que Zombie toma con la película y mucho me temo que tendrán que ignorarlo por completo si quieren hacer una tercera entrega tal como he escuchado. Entretanto, si no habéis visto esta, hacedlo lo antes posible. 

jueves, octubre 29, 2015

Reseña: Tales of Halloween (2015)

Siguiendo con este mini-ciclo dedicado a la Noche de Brujas, otra película que tuve la oportunidad de ver este verano fue Tales of Halloween (2015), la cual, tal como su nombre deja entrever, participa de la relativamente reciente moda de las cintas de antología como V/H/S (2012) o The ABCs of Death (2013), pero esta vez con las festividades de Halloween como tema principal. Al igual que las dos cintas antes mencionadas, esta que tenemos aquí hoy también ofrece el gancho de que sus diez historias están realizadas por diez directores distintos, entre los que se cuentan nombres muy sonados del cine de terror como Darren Lynn Bousman, Neil Marshall o Lucky McKee. En este sentido lo tiene todo para triunfar, y sin embargo el resultado me entusiasmó más bien poco.

El principal motivo creo que tiene que ver con unas falsas expectativas que me había creado. Lo cierto es que Tales of Halloween tiene otra visión de la Noche de Brujas muy distinta a la que realmente me interesa; no estamos hablando aquí de un aprovechamiento del lado mitológico de la fiesta de Samhain sino más bien del lado lúdico de la festividad en la cultura americana, y para eso la cinta incluso reduce su escenario a un ambiente único que declara abiertamente sus intenciones. Es así como las diez historias que componen el largometraje tienen lugar todas en una misma noche y en un mismo barrio, aspecto que por cierto está muy bien hecho ya que incluso algunos extras y personajes secundarios se repiten, con lo que hay una muy buena idea de unidad que para variar está muy bien llevada a cabo. Hay que reconocer que el ambiente de suburbio americano está realizado de forma muy eficaz pero también es algo ya muy visto y que en ocasiones me parece la salida fácil a este tipo de argumentos.

De todas formas, mi principal problema con la película reside en la desigual calidad de sus segmentos, algo inevitable si se tiene en cuenta que son diez y que por lo tanto muchos de ellos son apresurados al estar comprimidos dentro de un único largometraje de noventa minutos. Además sus pocas ambiciones se dejan notar en su entrega casi incondicional a la comedia. Ninguno de los diez segmentos es del todo "serio"; todos ellos inclinan la balanza hacia la comicidad (algunos con más éxito que otros), con un toque nostálgico más cercano a una versión en anfetaminas de los cómics de la EC, y (lo que quizás es más grave) la uniformidad del estilo hace que todos ellos se parezcan demasiado y se diluya la personalidad individual de sus respectivos directores. En realidad todos los segmentos parecen hechos por el mismo director y en las pocas ocasiones en que reconocí al autor de los segmentos fue por el elenco. Por ejemplo: reconocí el segmento de Lucky McKee (uno de los mejores, por cierto) sólo porque en él actuaba Pollyanna McIntosh, la espectacular protagonista de The Woman (2011). La verdad es que la cantidad de cameos que hay en esta película es impresionante y en ocasiones es un gusto irlos reconociendo. Lástima que la escasa duración de los episodios haga que la mayoría se quede en la superficie.

Tales of Halloween es para un tipo de público muy específico, ese que se disfraza en la Noche de Brujas y siente simpatía por los monstruos y el lado más juguetón de las fiestas. En ese sentido es una película muy interesante con grandes momentos y algunos trabajos sobresalientes, aunque se quedará corta para aquellos que busquen un relato de terror puro ya que incluso en sus momentos más fuertes vemos aquí unas intenciones más inclinadas hacia la comedia de horror colorida que a cualquier otra cosa. Con todo eso es muy buena y si estáis buscando algo para ver en grupo y celebrar el 31 de octubre esta es una muy apropiada opción.

miércoles, octubre 28, 2015

Reseña: Hellions (2015)

Esta semana es Halloween, y a pesar de que aquí nunca nos ha dado por hacer algo especial en estas fechas, quería esta vez aprovechar la ocasión para hablar de algunas películas relativamente recientes que tocan el tema de la Noche de Brujas, puesto que sé que lo estáis buscando. Una de ellas es precisamente una que vi este verano y cuya reseña se me había escapado durante ya demasiado tiempo. Se trata de Hellions (2015), una curiosa (y pequeña) producción canadiense del director Bruce McDonald. Su nombre debería sonaros, puesto que hace algunos años el señor McDonald parió una muy curiosa película de zombis titulada Pontypool (2008) que cosechó muy buenas críticas. Esta de la que hablamos hoy ha pasado un tanto desapercibida, algo que en mi opinión es un error porque contiene algunas ideas muy buenas que la alejan de lo que normalmente es el tratamiento dado al espíritu de estas fechas en el cine comercial.

De hecho la trama es de lo más sencilla: una chica en la noche de Brujas que espera en casa para su cita cuando de repente es acosada por unos siniestros niños disfrazados. Sin embargo, lo que empieza como un típico argumento de invasión domiciliaria termina convirtiéndose en algo muy distinto, una historia completamente surrealista que sólo comienza de verdad cuando la atmósfera del lugar es transformada por una extraña niebla acompañado de una luz violácea que parece marcar la entrada a un mundo paralelo que se funde con el nuestro. La película nunca llega a explicar del todo este fenómeno y de hecho deja muchas interrogantes abiertas y parece por el contrario regodearse en una mitología apenas sugerida y un énfasis mayor en las imágenes, con el poco sutil simbolismo de la chica disfrazada de ángel y los tintes satánico/paganos de la festividad de Halloween y su imaginario de calabazas, espantapájaros y demás apariciones. 

Todo esto, repito, puesto muy por encima de contar una historia coherente. A decir verdad, McDonald parece echar mano aquí de un libro de estilo muy similar al de los cineastas italianos de principios de los ochenta al contar una historia a través de momentos visuales con poco énfasis en el argumento. Esto muy probablemente hará que la película se le atragante a aquellos que buscan una historia más lineal, y aunque ciertamente no estamos hablando de una película que se vaya a convertir en un clásico ni mucho menos, sí es cierto que su atmósfera me pareció hipnótica y muy poco convencional gracias a una estética bellísima y unos recursos muy bien aprovechados. Aparte de eso, la temática adolescente de la película esconde una metáfora muy curiosa acerca del miedo causado por el embarazo precoz, tema que en el cine de terror casi siempre se ve mezclado con historias de usurpación de bebés por parte de entidades demoníacas.

Así que si estáis buscando alguna película que ver esta Noche de Brujas y os apetece ver algo un tanto fuera de lo común, Hellions es una buena opción. Quedáis advertidos que los mayores logros de esta película yacen en su estética y en la poco común visión no-festiva de Halloween de la que hace gala, pero hoy por hoy esto no me parece poca cosa. Algunos de sus trucos a la hora de causar miedo o tensión están muy vistos, pero aún así vale mucho la pena.

domingo, octubre 25, 2015

10 de hace 10: The Descent (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Incluso si no has estado siguiendo este blog desde sus inicios, lo más probable es que conozcas The Descent (2005). Después de todo, fue esta película la que puso en el mapa al director británico Neil Marshall, componente de un nutrido grupo de jóvenes cineastas de terror que comenzaron a despuntar en la primera mitad de la década pasada. Marshall, cuyo estilo de terror parece estar impregnado de sus preferencias por la acción desenfrenada, ya muestra prácticamente todos sus puntos fuertes en este su segundo largometraje, uno que en su momento fue todo un éxito que cosechó numerosas alabanzas de gran parte de la crítica de terror mainstream de aquellos años. Yo también quedé muy impresionado en aquel entonces, tanto que la cinta coronó el ránking de lo mejor que había visto en el género ese año. Ahora, diez años después, surge de nuevo la pregunta: ¿qué tal le ha sentado esta década desde su estreno? Para resolver la duda he vuelto a ver la película después de algunos años sin hacerlo (tengo más de uno y dos visionados de ella, valga decir) y trataré de poner algunas reflexiones al respecto aquí.

En primer lugar, y para aquellos que no sepan de que va el tema, The Descent es la historia de un grupo de amigas aficionadas al deporte extremo que viajan hasta un remoto bosque en el norte de los Estados Unidos para hacer espeleología en una cueva hasta entonces inexplorada, hasta que un derrumbe las deja aisladas del exterior y perdidas en medio de aquel laberinto. Tan sólo esto ya sería suficiente para hacer de la película una buena muestra de terror, pero Marshall decide ir a por más al hacer que las protagonistas tengan que lidiar no sólo con la búsqueda de una salida sino también con unos terribles monstruos habitantes de la caverna que les harán la vida imposible.

Ha sido precisamente este detalle lo primero que se me ha venido a la mente a la hora de revisionar la cinta: toda la primera media hora, cuando las protagonistas se adentran en la misteriosa caverna y quedan finalmente atrapadas, es tan angustiosa y está hecha de forma tan efectiva que perfectamente podría haber sido toda la premisa y seguiríamos estando ante un trabajo bien hecho. En particular la escena en la que una de ellas se queda atascada en medio de un túnel que debe atravesar arrastrándose con rodillas y codos me causó una sensación considerable de claustrofobia, aunque esto puede que sea una apreciación subjetiva. Lo que sí está claro es que Marshall maneja muy bien todo este tramo, y aunque todas las escenas de cuevas están realizadas en un plató artificial construido en un estudio en Londres, la fotografía minimalista y cerrada con abundantes tinieblas e irregularidades sabe ocultarlo muy bien, al menos en esta primera parte.

De hecho, es precisamente en su segunda mitad, cuando finalmente aparecen los monstruos, que Marshall cambia el tono de la película y se deja llevar más por su lado de acción. Llegados a este punto las escenas cobran otra dinámica, y las necesidades de espacio hacen que las cuevas se noten más artificiales y sacrifican el realismo de la película en beneficio de lo que está ocurriendo. Algo similar ocurre con la luz, que pasa de la casi total oscuridad a un juego de colores con las luces fluorescentes (verde) y las antorchas (rojo), lo cual sirve también para definir ciertos rasgos de los personajes como el derrumbe de la salud mental de la protagonista. El invento, como decía arriba, le quita realismo pero al mismo tiempo le da a la película un discurso único y empuja a Marshall por el camino de la acción que tan bien se le da.

Ha sido precisamente esa tendencia lo que moldeó la carrera de este director tanto antes como después de esta cinta. Tanto en The Descent como en su película anterior, la también muy recomendable Dog Soldiers (2002), el cine de Marshall es casi siempre asociado a esa manera despreocupada de afrontar el cine de acción y mezclarlo con otros géneros, y ha sido eso a lo que se ha dedicado después, mezclando este género con la ciencia-ficción apocalíptica en Doomsday (2008) y la épica histórica con Centurion (2010), donde termina de momento su carrera como director de cine en solitario. El que fuera una de las voces más prometedoras del horror a principio de siglo ha terminado siendo absorbido por la televisión en series como Black Sails, Game of Thrones, Hannibal o Constantine, con mayor o menor grado de éxito.

¿Y qué pasa con The Descent? Bueno, de entrada debo decir que me sorprende lo bien que sigue estando a pesar del tiempo que ha pasado y cómo algunos de sus elementos más innovadores siguen siendo (tristemente) poco comunes hoy en día, especialmente la presencia de un elenco totalmente femenino que nunca llega a ser explotativo a pesar de que algunos de sus referentes sí que lo son (la imagen de la protagonista bañada en sangre y entregada completamente a su lado salvaje es un buen ejemplo de ello). Además contiene algún que otro detalle que se me había escapado en visionados anteriores como por ejemplo el que el nombre del parque donde se encuentra la cueva, Chatooga, es el mismo del río por el que hacen piragüismo los personajes de Deliverance (1972), una más que evidente inspiración de esta cinta. Por supuesto hay algunos detalles que no son tan positivos, principalmente el abandono del realismo de segunda mitad, pero esto último está muy bien compensado con la acción que nos brinda Neil Marshall y el enfrentamiento con las criaturas. La procedencia humana de los monstruos da pie además a unas escenas de lucha muy intensas, y da gusto ver una historia en la que los personajes no son tratados como idiotas y la heroína principal muestra una evolución interesante y distinta a lo que normalmente se suele ver en este tipo de cinta.

Así que diez años después, y cuando el género de terror parece haber tomado un camino completamente distinto, es interesante descubrir que The Descent continúa siendo un ejemplo muy sólido de terror visceral salpicado de acción, con unos monstruos muy bien hechos y una dirección de primera con Neil Marshall tras el volante. Por supuesto cuatro años después nos llegó una secuela con otro director y que, tal como comentaba por aquí, resultó ser un trabajo muy inferior. La buena, sin embargo, es esta, todavía una de mis películas de terror favoritas y una que combina elementos que siempre he disfrutado como el terror de subsuelo, el poderío femenino y un final muy hijodeputa que podéis ver siempre que no cometáis el error de poner la censurada versión americana (que por cierto, fue la que dio paso a una continuación). Esta película ha aguantado muy bien el paso del tiempo y supera el tribunal de su primera década con solvencia.