sábado, julio 16, 2005

Reseña: La casa de los 1000 cadáveres (2003)

Hay casos en los que se es un fanático a toda prueba, y por supuesto no hablo de mi; en el año 2003, dos directores noveles irrumpieron en el escenario del horror con sendas cintas que, vistas desde cerca (o desde lejos, da igual), no son más que fieles homenajes a clásicos del género. La palabra “homenaje” a menudo se utiliza con demasiada soltura (generalmente cuando no se quiere decir de forma directa “plagio” o “quiero y no puedo”), pero en estos dos casos, el término está más que justificado. Las películas a las que me refiero son la excelente Cabin Fever (2003), de Eli Roth, y aquella de la que me ocupo hoy: La casa de los 1000 cadáveres (2003), opera prima del rockero Rob Zombie, quien ya es él mismo un personaje de terror.

La historia de cómo llegó esta película a los cines fue larga y muy dura: Rob Zombie tuvo que batallar para lograr plasmar su visión en pantalla al menos con una clasificación de “R”, y cuando por fin el montaje final estuvo listo, se encontró con que ninguna distribuidora quería siquiera tocar la película. Finalmente, Lions Gate accedió a regar la voz, y si bien no cosechó un gran éxito en los cines, la obra se ha convertido en un film de culto al pasar al formato digital, tanto, que ya está por estrenarse su esperada secuela, Los renegados del Diablo (2005), que por los vientos que soplan tendré que esperar en su edición casera.

Empecé hablando de cómo está película es un homenaje a los grandes clásicos de los 70, entre ellos La matanza de Texas (1974), Las colinas tienen ojos (1977) y Last House on the Left (1972). Es por eso que considero superfluo contar la historia, porque de sobra la conocen: durante la noche previa a Halloween, cinco chicos imprudentes viajan por carretera buscando develar los secretos de la América profunda, cuando la falta de combustible les lleva directamente a la tienda del Capitán Spaulding (genialmente interpretado por Sid Haig, ídolo de la serie B y que aquí, de la mano de Rob Zombie, hace un envidiable regreso), quien les cuenta la leyenda del “Dr. Satán”, un famoso asesino local. Tontos como son, y a pesar de las advertencias, los jóvenes deciden ver con sus propios ojos el lugar donde fue enterrado aquel monstruo, y lo que encuentran es la hospitalidad de una familia de sádicos white-trash que les somete a todo tipo de vejaciones y torturas simplemente por diversión. A partir de aquí viene un sinfín de referencias cinematográficas que un aficionado al género podrá reconocer pero que no interfieren con la historia para nada. Porque esta, sin duda, es una película que exuda Rob Zombie por todos lados, por lo general a través de flashes muy al estilo de un videoclip, una edición rápida y un ambiente carnavalesco que hace pensar que se está asistiendo a la demostración de alguien que se regodea en sus propios gustos, y además, busca que los compartamos.

Resulta una obviedad teniendo un título así, pero La casa de los 1000 cadáveres es una película muy violenta. El principal detalle no es ése, sino que los personajes disfrutan su violencia y la rodean de una atmósfera de juerga digna de mención. Sobra decir que los jóvenes perdidos no son los protragonistas, sino meramente la carne. Los auténticos héroes son los camorreros miembros de la desquiciada familia rural, mención especial para Otis (el genio perturbado), Baby (tan bella como jodidamente loca) y Tiny (un gigante deforme que al parecer fue quemado por su padre mientras dormía), quienes se divierten de lo lindo despedazando lentamente a sus huéspedes en una orgía de violencia sin tregua y (aparentemente) sin salvación posible. Con todo, y a pesar de este despliegue sanguinolento, la película fue clasificada como “R” en Estados Unidos (una prueba más de que el dichoso sistema de censura se dedica más a perseguir el sexo que la violencia). El único defecto de La casa de los 1000 cadáveres es precisamente su ocasional sobresaturación, en la que la violencia en sí misma supera en ocasiones los márgenes de la sutileza. “Sutil” no es precisamente el señor Rob Zombie; los últimos veinte minutos de su debut cinematográfico se convierten en una pesadilla rocambolesca y surrealista en la que se desborda el nivel de irrealidad que rodea a los auténticos protagonistas, quienes se vuelcan en su particular celebración de Halloween en medio de un aire de colorido y feria capaz de volver loco a cualquiera. La fusión entre horror y burla, sadismo y jocosidad es tan marcada y tan subida de tono que me sentí agredido (pero en buena manera) cuando Tiny entra en la habitación donde una llorosa chica está atada de pies y manos a una cama llevando una camiseta negra que dice: “World’s cheapest Halloween’s costume” (el disfraz de Halloween más barato del mundo).

Aún así, creo que esta película es obligatoria para cualquier amante del género, aunque sea para disfrutar de una experiencia completamente visceral, un derroche de técnica y de conocimiento de lo que es el horror, la violencia y el lado “juguetón” del Mal. En cuanto a la sensación que queda después de verla, eso queda a juicio de cada quién, pero debo decir que por mi parte estoy más que ansioso por ver la secuela. Esperemos que no tarde.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No soy aficionado al cine de terror, pero una buena película, es BUENA, no importa su género. Allí tienes a Los Increíbles, de Disney, la cual gustó a moros y cristianos. En esta ocasión quiero referirme a una película que no ví, sino que, entre el estruendo de unos indeseados visitantes que irrumpieron en mi hogar, tuve a bien apenas saborear: "SAW", creo que se llama, y trataba de un par de hombres que se despiertan en un baño subterráneo, casi tan asqueroso como los de los ferrys que van a Margarita, encadenados y con un cadáver armado con una pistola entre ellos. A Partir de allí, me llamó la atención que el asesino no es tal, sino que es más bien un autor intelectual, pues en base a llamadas desde un móvil, incita a sus encadenados juguetes a matarse el uno al otro. ¿La viste? ¿sE LLAMA ASÍ? ¿eS BUENA? Rolando

Hombre Lobo dijo...

Tuve la oportunidad de ver "Saw" hace ya bastante (de hecho, ganó el premio del festival de cine fantástico y de terror de San Sebastián). A mi me gustó, si bien tampoco me pareció gran cosa. Su final (que no comentaré) la salva de la hoguera, pero tampoco es algo que me parezca genial. Tampoco es mala, sin embargo, teniendo en cuenta el nivel promedio. Por ahí viene una secuela.

Anónimo dijo...

No me aguanté y alquilé "Saw". Tiene inconsistencias tristes: 1º- Un médico sabría que NADIE se desangra amputándose un pie. 2º- El nivel de amputación, grotescamente alto. Un corte más bajo y menos doloroso habría sido mejor. 2º- ¿Cómo hace el asesino para no respirar, tragar o lanzarse un peo en luengas horas? Por favoooor. 3º- El asesino debe ser tan millonario como Bill Gates, para poder montar sus escenarios de terror sin ser descubierto y a todo trapo, sobornando a quienes guardan en secreto el emplazamiento de cristales de interrogatorio en un baño público, etc.
Usualmente veo las películas "dejando pasar" cosas, si el argumento lo vale. En este caso, le doy un 2. Cine para saciar ciertos inconfesables instintos.
Rolando.
PS: Gracias por el comentario.
R.

Anónimo dijo...

No comprendo porqué es que hablan de Saw, cuando la reseña es de La casa de los 1000 cadáveres!!

Sr. Delmónico dijo...

Pues la acabo de ver y me ha gustado. De acuerdo en que todos los homenajes que hace a las películas de terror de los 70´s son muy buenos.

También he disfrutado de los personajes, sobre todo del Capitán Spaulding y de Tiny, la secuela aún no la veo pero espero que no me defraude.

Aunque por lo que yo le daría un 3 y no un 4, es porque argumentalmente es un torbellino que me lleva y me trae de un lado a otro sin coherencia. La película se pierde entre querer crecer y querer dejar huella, siendo lo único que logra es a veces caer en parecer pretnsiosa. Fuera de eso, muy divertida y entretenida, los últimos 20 minutos es como si viera un cortometraje de los fetichosos gustos de Rob Zombie y de Marilyn Manson.

Desde la ciudad del petróleo mexicana, un saludo.