lunes, enero 17, 2011

Reseña: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980)

De Lucio Fulci ya habíamos hablado al comentar aquí la que había sido su primera película de terror propiamente dicha, Nueva York bajo el terror de los zombis (1979). Sin embargo, el tema de los cadáveres ambulantes sería tratado nuevamente por el director italiano un año después con Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980), su siguiente trabajo y la primera de la famosa trilogía titulada Las puertas del Infierno. Es una película que también marca una tendencia presente no sólo en Fulci sino también en gran parte del cine de terror italiano de la época, que estaba viviendo el que sin duda fue su mejor momento, con una serie de cintas intencionalmente enrevesadas en las que, siempre según sus propios creadores, se seguía el objetivo de hacer un cine de terror basado en ideas y sensaciones y sin argumento. A este movimiento pertenecen no sólo algunas de las mejores películas de Lucio Fulci sino también otras como Inferno (1980), de Dario Argento, estrenada por la misma época.

Pero lo cierto es que Miedo en la ciudad de los muertos vivientes sí que tiene un argumento, uno que con escasos cambios terminaría siendo el mismo para toda la trilogía con una serie de constantes marcas de la casa: la muerte de un personaje en contacto con esferas ultraterrenales, la presencia (mayor o menor según el caso) de un ancestral libro maldito, y las nada veladas referencias al universo de H.P. Lovecraft, evidenciadas en este caso en el nombre del pueblo (Dunwich) donde transcurre la mayor parte de la acción. Y por supuesto, los zombis, que al igual que en el debut terrorífico de Fulci, son un elemento estético, no temático. Esto último cede protagonismo a lo que son los auténticos tópicos particulares del director como por ejemplo el empleo macabro del imaginario religioso: hay un espíritu profundamente católico en la obsesión estética de Fulci por los cementerios resumido en la imagen del cura colgando de una cuerda al principio de la película de forma inexplicable (no se ve por ningún lado cómo hizo para subirse allí) o la forma en que los protagonistas acceden a todo un mundo subterráneo a través de una tumba abierta.

Esta serie de imágenes impactantes y la ambientación en un pueblo pequeño donde el horror se hace presente es sin embargo lo que más se recuerda de la película. Más allá de los temas tocados por su director, en muchas ocasiones se ha reseñado el despliegue de sanguinolencias varias de las que esta cinta hace gala, encima con la cámara recreándose en arranques de violencia cada vez más gráficos como un personaje que vomita sus propias vísceras o un chico a quien se le taladra lentamente el cráneo. Con semejantes imágenes (algunas bastante desagradables incluso hoy en día) se explica que la película se haya encontrado con numerosos problemas de distribución, hasta el punto de estar aún hoy prohibida en algunos países (entre ellos Alemania). Todo esto, sin embargo, es anecdótico, puesto que precisamente el aura de tabú alrededor de la película de Fulci fue la que ayudó a propiciar su estatus de culto a través de su distribución en formato casero durante los ochenta, aunque en una perspectiva más superficial de la que sin duda se merece.

En cierto modo, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes no representa todavía la cima como director de Fulci, quien habría de salirse con la suya en posteriores trabajos. Sin embargo, siempre es interesante revisarla al menos para ver como la trilogía de Las Puertas del Infierno guarda cierto carácter de unidad que se nota incluso en detalles supérfluos como el hecho de que su protagonista femenina, la actriz británica Catriona MacColl, está presente tanto en esta como en El más allá (1981) y Aquella casa al lado del cementerio (1981), aunque siempre como "distintos" personajes, completando así el cuadro de horrores de un director de esos que siempre hay que tener en cuenta.

4 comentarios:

J. G. dijo...

lo tendemos en cuenta

Carlos dijo...

Muy buen análisis, como de costumbre. Sólo comentar que el hecho de que algunas de las películas de Fulci se basen más en "ideas y sensaciones" que en una trama tradicional parece deberse a una cierta influencia del cine de Antonioni (no es coña), del que Fulci fue compañero de estudios y al que profesaba gran admiración.

Es un poco la idea de supeditar la coherencia narrativa al poder visual de la secuencia, algo de lo que hoy en día quizás David Lynch podría ser el mayor exponente. En el caso de Fulci, sólo esto podría explicar la inclusión de escenas tan desmadradas y metidas a calzador como la del zombi peleando contra un tiburón en "Nueva York bajo..."

Gracias a este artículo, también me he dado cuenta de que en "Inferno" hay un poco de esto: la secuencia del bar y las ratas, creo recordar.

Saludos, Hombre Lobo. :)

Awolf dijo...

Saludos, hace un tiempo ya le habia comentado que sus analisis me parecen excelentes... esta pelicula recuerdo que es verdaderamente espeluznante, una de mis favoritas de zombis, ya que es de un terror que mueve en serio, no esas comiquitas de hoy en dia. por cierto no sabia que era parte de una trilogia, vere si logro acceder a las otras, que espero sean igual de impresionantes.
una pelicula de este genero que deberia evaluar es Zombiland, aunque es comica me parece excelente en cuanto a lo que deberian ser los zombis y todo el gore que alli se aprecia.

covers de Jimi Hendrix dijo...

el final es rarisimo