jueves, septiembre 17, 2009

Reseña: Ju-on: The Curse (2000)

Todo el que pasa por aquí conoce ampliamente mi parcialidad hacia la saga The Grudge, del japonés Takashi Shimizu. Sin embargo, y a pesar de que considero la primera entrega cinematográfica una de las mejores películas de terror orientales que nos han llegado, no fue sino hasta mucho después que pude ver los dos telefilmes originales que le dieron vida, aquellos en los que la historia de Toshio y su madre Kayako vio la luz por primera vez. El que nos ocupa hoy es el primero de esos telefilmes, estrenado hace ya casi una década y titulado Ju-on: The Curse (2000). A pesar de la popularidad de la saga, esta película no es fácil de localizar en Occidente (a menos no de forma oficial), y es una lástima porque este es uno de los productos televisivos que más me han impresionado en cuanto al género de terror, con todo y sus evidentes limitaciones, o quizás gracias a ellas.

La historia empieza de la misma forma que ya conocemos: un hombre asesina a su esposa y a su pequeño hijo y, poco después, los fantasmas de estos comienzan a acosar a todo aquel que ponga pie en la casa donde tuvieron su triste fin. La residencia en cuestión es la misma que en las otras películas, y el esquema es similar también, con la cinta dividida en segmentos narrados en desorden cronológico. El argumento, sin embargo, no es el mismo que en la cinta del 2003, en el sentido de que esta vez son otras las víctimas y otro el conflicto, que va intercambiándose entre el maestro de escuela de Toshio y una familia que se muda a la casa varios años más tarde. La trama con el maestro es muy importante porque ayuda a explicar el origen del crimen que dio inicio a la maldición. Dicho argumento está ausente en la película japonesa del 2003, pero sí sería reciclado hasta cierto punto en el personaje de Bill Pullman del remake americano del 2004.

El resto es bastante similar en cuanto a estilo, y resulta impresionante lo que logra Shimizu teniendo en cuenta los limitados recursos técnicos de la película. Incluso la mayoría de las escenas ocurren de día, algo diametralmente opuesto a lo que ocurre en las entregas cinematográficas. Muy a menudo vemos muertes surrealistas que ciertamente no son tan impactantes como las de sus contrapartes en cine, pero que ya contienen el germen de la saga en cuanto a la idea de que el fantasma puede venir de cualquier parte. El suspense creado por cada escena está muy logrado, y puede que esto sea una apreciación subjetiva, pero la película consigue su objetivo emocional de meter miedo incluso con cosas tan sencillas como planos de lugares solitarios o un aprovechamiento de los silencios francamente envidiable. La cinta incluso se permite un momento gore bastante desagradable que, por cierto, también fue incluído en el remake americano, pero que en esta resulta mucho más impactante.

De hecho, mi única queja hacia la película es de orden narrativo. Ya habíamos contado más arriba que la historia está narrada en desorden cronológico, pero Shimizu comete el error (en mi opinión al menos) de tomar el segmento más impactante (aquel que cierra el argumento enlazando con los orígenes de la maldición) y no colocarlo al final, optando más bien por seguir con un nuevo segmento a manera de epílogo destinado a dar continuidad a la obra a través de una posible segunda parte. El resultado es un anticlímax considerable que resta efectividad al conjunto. En todo lo demás, Ju-on: The Curse es una gran película, quizás no tan poderosa como su remake cinematográfico, pero sí mucho más contundente que la mayoría de los trabajos hechos para televisión. Para fieles seguidores de la saga resulta indispensable.