martes, septiembre 02, 2008

Reseña: El regreso de los muertos vivientes 2 (1988)

Continuación de una de las comedias de horror más queridas de los últimos años, El regreso de los muertos vivientes 2 (1988) es una de esas películas que por sí solas explican el ridículo absoluto en el que cayeron las historias de zombis a partir de la segunda mitad de los ochenta. Sus responsables al parecer decidieron repetir la fórmula de la primera parte aumentando la dosis de comedia y explotando las posibilidades caricaturescas que ya de por sí ofrece el concepto de los cadáveres reanimados. Se trata de un esfuerzo que se impone incluso por encima de cualquier coherencia narrativa, ya que por mucho que el título tenga un "2" por delante, la verdad es que nos encontramos ante una especie de remake encubierto de la película anterior, con una situación inicial bastante parecida que tampoco pierde tiempo en explicaciones inútiles: sencillamente el ejército de los Estados Unidos pierde un contenedor del mortífero gas que ha creado a los zombis en la primera cinta, y que esta vez ha ido a parar a una urbanización clase media en plena construcción. Allí, la toxina es liberada por unos descuidados niños que iniciarán sin saberlo una escalada en la aparición de cadáveres ambulantes obsesionados con devorar cerebros humanos. El resto es historia conocida.

A pesar de que no hay una continuación argumental con la primera pelicula, sí es cierto que El regreso de los muertos vivientes 2 se encarga de hacer el necesario puente a través de referencias directas que hablan a todos aquellos fanáticos de la entrega de Dan O'Bannon: desde el famoso grito de "¡cereeeebros!" hasta el inevitable Tarman, así como el regreso de la pareja cómica conformado por James Karen y Thom Mathews, que aquí prácticamente repiten los personajes que hicieron en la película anterior pero metidos en otro contexto. La suya es una inclusión de lo más acertada, ya que ellos dos son precisamente los que consiguen algunos de los mejores momentos cómicos.

Con todo y eso, es cierto que con la novedad se pierde parte de la gracia, y por eso esta "secuela" no resulta una película tan sólida como su predecesora. El número de gags aumenta exponencialmente, y la historia da más protagonismo (si cabe) a los zombis y a sus ridículos manierismos. Además, la presencia de un niño entre los protagonistas (reclamo indispensable del cine con aspiraciones comerciales familiares) ha reducido de forma considerable el espíritu genuinamente garrulo de la primera parte, haciendo de esta continuación una parodia de la parodia que no duda ni siquiera en meter una referencia bastante obvia al vídeo musical Thriller, de Michael Jackson. Además, las aspiraciones de cine comercial apto-para-toda-la -familia que ostenta la película hacen que muy pronto se vaya por los derroteros de otros cientos de historias parecidas, con la estructura típica de los héroes en peligro que de repente dan con la solución y ejecutan un plan descabellado.

Aún así resulta una película dotada de un divertimento bastante transparente, que si bien no llega a los niveles de la primera parte en cuanto a desparpajo y reverencia al cine de terror en el que se basa, sí alcanza en ocasiones sus objetivos de arrancarnos una risa fácil. Su director y guionista, Ken Widerhorn, no tuvo mejor suerte: por aquella época intentaba hacer despegar su carrera como cineasta y esta película le hundió definitivamente en las profundidades de ese cine de consumo rápido que tan poca gracia le hacía. En su favor podemos decir, sin embargo, que la suya no es la peor de una saga que cuenta ya con cinco películas. Pero eso para otro día.

jueves, agosto 21, 2008

Reseña: Into The Mirror (2003)

La surcoreana Into the Mirror (2003) ciertamente no se encuentra entre las más populares producciones asiáticas de terror destinadas al consumo masivo de los occidentales, y un primer visionado es suficiente para ver por qué. Formalmente no guarda demasiadas semejanzas con sus congéneres más conocidos, y de hecho, casi podríamos decir que clasificarla como una película de terror es estirar bastante el término.

Para ser sinceros, la película tiene un buen comienzo, una intro de unos cinco minutos en los que no sólo promete estilísticamente sino que además plantea desde el principio las reglas del juego entre una fuerza espectral que se mueve a través de los espejos de un centro comercial a punto de ser reinaugurado y un segurata ex-policía decidido a resolver el misterio tras las inexplicables muertes. Por desgracia todo el combustible de la película se agota pronto; no solamente el "misterio" es revelado en los primeros diez minutos, sino que todas las víctimas de aquella fuerza sobrenatural que asola las instalaciones del centro comercial se producen durante la primera media hora, convirtiendo el resto del metraje en un thriller policial lleno de topicazos en el que los personajes hacen avanzar la trama de manera forzada a través de decisiones y pistas que carecen de toda lógica.

Si algo tiene de bueno el fruto del director/guionista Sung-ho Kim es que su propuesta tiene momentos de auténtica ambición. Estéticamente tiene algunos guiños interesantes (casi no hay ninguna escena de la película donde no haya un espejo o una superficie reflectora), y de vez en cuando logra conseguir escenas bastante tensas, casi todas ellas durante la primera media hora. También llega a esbozar un subtexto pseudo-borgiano bastante interesante acerca de la naturaleza supuestamente esotérica de los espejos como puerta a mundos paralelos, lo cual representa además toda una peripecia al tema de los "fantasmas", pero nada de esto es desarrollado y la película deja esa espina de insatisfacción típica de historias con ideas interesantes pero desarrollos pobres. El resto, el descafeinado policial de telefilme en el que se convierte Into the Mirror, es simplemente soporífero (por ponerle algún calificativo) y por completo carente de interés alguno. Incluso el ya indispensable giro final tiene muy poco sentido y vuelve la historia innecesariamente confusa, como si su naturaleza fuese únicamente la del impacto gratuito.

Como película de terror, Into the Mirror deja bastante que desear, y como thriller policíaco no se sostiene debido a su gran cúmulo de lugares comunes. De Corea del Sur nos han llegado productos mucho más destacables que esta innecesariamente abultada historia que, reduciendo su metraje y explorando más sus posibilidades de fantástico, hubiese sido un muy buen capítulo de The Twilight Zone. Pero nada más.

viernes, agosto 15, 2008

Reseña: Re-Animator (1985)

Trascendiendo los tópicos estéticos de la época que le tocó, Re-Animator (1985) es referencia ineludible de ese cine de terror heredero del sano cutrerío que tantos han intentado imitar sin éxito. Fue también la película que descubrió al director Stuart Gordon, el guionista Dennis Paoli y el productor Brian Yuzna, ese singular trío de amiguetes que cuando se juntan merecen ser tomados en consideración. En el fondo se trata de una revisión clásica de un conocido arquetipo de terror: el hombre de ciencia que va más allá de los límites moralmente aceptables y se enfrenta a su creación. Específicamente en el caso de la película de la que hablamos, dicha creación se presenta en la nada sutil forma de un suero fluorescente capaz de reanimar cadáveres, convirtiéndoles en zombis enloquecidos y dementes sin sentimientos muy benévolos hacia aquel que les ha traído de la tumba.

Re-Animator está basada, como gran parte de la obra de Gordon, en un relato de H.P. Lovecraft, pero el espíritu del autor de Providence está adaptado de una forma bastante liberal, por ponerle algún calificativo. Ciertos elementos del relato original se mantienen (principalmente el intento de emular el pathos narrativo de la novela Frankenstein, de Mary Shelley) pero la película se encarga desde el principio de adoptar un tono menos solemne hasta llegar a límites que sólo se pueden calificar como caricaturescos, un grotesco grand guignol de violencia por parte de un grupo de cineastas dedicados a la reproducción en pantalla de un cómic de terror, sin dejar de lado los componentes clásicos resumidos en la imagen de un cadáver decapitado viviente que manosea los desnudos pechos de la heroína en peligro. Los excesos sanguinolentos no se hacen esperar, pero al igual que su maestro Herschen Gordon Lewis, Stuart Gordon utiliza el gore como válvula de escape hacia la comedia, sin por eso perder un ápice de brutalidad en alguna que otra secuencia (por ejemplo la reanimación del primer cadáver).

Decir que el trabajo de Jeffrey Combs como actor es gran parte de la clave del éxito de Re-Animator es más que una frase manida, hasta el punto de que representa todo un vuelco en la idea preconcebida de lo que debe ser un mad doctor; contrariamente a la forma clásica de representar dichos personajes, el Herbert West de esta película se toma sus locuras con naturalidad, y Combs elude eficazmente la tentación de llevar su personaje a los terrenos de la auto-parodia; West es entusiasta pero no histérico, y su comportamiento no es explicable gracias a la locura, sino a una curiosidad inmesurable que le lleva a una compleja (y carismática) amoralidad. No es de extrañar que esta fuera la película que le hiciera famoso como actor.

La película tuvo dos continuaciones, Bride of Re-Animator (1990) y Beyond Re-Animator (2003), ambas dirigidas por el productor de la original, el simpático Brian Yuzna. Existe también una especie de secuela no-oficial en El regreso de los muertos vivientes 3 (1993), pero eso ya es otra historia que merece ser dejada para otra ocasión.

domingo, agosto 10, 2008

Un tardío anuncio de vuelta

Regresando de vacaciones en Berlín tengo únicamente una anécdota que contar (al menos en este medio), y es la visita al antiguo teatro Metropol (originalmente de Nollendorfplatz), que es el que ven en pantalla. Mi acompañante (inestimable guía de la capital alemana) no podía entender mi interés por tomar una foto a la fachada de un sitio que ni siquiera aparece en los folletos divulgativos del turismo de la ciudad, pero seguramente todos ustedes lo habrán reconocido: se trata del escenario de la película Demons (1985), de Lamberto Bava, una de las cumbres del cine de horror italiano.
El puticlub de lujo llamado "Goya", que se apoderó del teatro a finales de los ochenta, cerró sus puertas en el 2005, así que la única forma de ver el interior del lugar es asistir a alguna de las convenciones de cine de terror que esporádicamente se presentan en este mastodonte de concreto ubicado en el antiguo Berlín Oeste.
Y ahora a ver si dejo la mala costumbre de hacer posts de transición.

domingo, agosto 03, 2008

5 futuros remakes de horror destinados a fracasar (y por qué)

1. The Evil Dead
El remake de la ópera prima de Sam Raimi es todavía un proyecto en ciernes, aunque cada cierto tiempo sus responsables se encargan de confirmarlo una vez más. Todavía no hay un elenco oficial, mucho menos un director, pero sí es sabido que será la propia productora de Raimi, Ghost House Pictures, la encargada de llevarlo a cabo. Sin embargo, y a pesar de que Raimi parece estar haciendo un regreso al género de terror con Drag Me To Hell (2009), lo cierto es que esta nueva producción no verá la luz hasta que se cierre el capítulo de la saga de Spiderman, que ha mantenido a Raimi ocupado durante la mayor parte de la década.
¿Por qué está destinado a fracasar?
Gran parte de la gracia de la película original está en la crudeza de su producción, lo difícil que fue de realizar y el tremendo despliegue de imaginación y energía que sus responsables mostraron a pesar de lo limitado de sus recursos. Eran cineastas jóvenes sin nada de experiencia pero con un gran talento e intuición, que partían de un material completamente suyo. Hoy en día, cuando ni siquiera la serie B es lo que fue en 1981, está claro que ningún director mercenario podrá recaptar esa magia. "Rehacer" la original únicamente mejorando los valores de producción y los efectos especiales sería asimismo inútil, puesto que eso precisamente ya se hizo con Evil Dead 2 (1987). La opción lógica, entonces, hubiese sido rodar de una buena vez Evil Dead 4, pero esto sabemos de sobra que nunca ocurrirá debido a la más que probable ausencia de Bruce Campbell, el hombre que por sí sólo personifica la mitad de la fuerza que ha tenido la saga.
2. Pesadilla en Elm Street
La por tanto tiempo temida nueva versión de Pesadilla en Elm Street (1984), probablemente la película de terror más emblemática de los ochenta, es ya una realidad. La productora que ha conseguido agenciarse los derechos será Platinum Dunes, propiedad del cineasta Michael Bay, la cual ya se encuentra en estos momentos preparando el estreno el año que viene de Viernes 13 (2009). Todavía no hay un director, pero es más que seguro que Bay sacará de su cantera a alguno de sus pupilos para dar vida nuevamente a Freddy Krueger, y quien sabe, quizás con la intención de enfrentarlo a Jason en un futuro. Yo es que ya me creo cualquier cosa.
¿Por qué está destinado a fracasar?
La principal razón la tenemos en el párrafo anterior. Pesadilla... es la película de terror más emblemática de los ochenta, irremediablemente ligada a una época y a un estilo de cine, y que difícilmente puede ser reinterpretada fielmente sin caer en el ridículo. Una reinvención completa con poco parecido al original (que parece ser lo que se está haciendo) sería la única forma de llevarla a cabo, ya que no hay la suficiente distancia generacional para separarnos de la idea preconcebida de un personaje icónico que, para colmo, está ligado fuertemente a un actor específico (Robert Englund). Además, contrariamente a lo que sucedió con Viernes 13 (1980), Pesadilla... no mejoró con las secuelas sino todo lo contrario: se volvió cada vez más ridícula y risible, hasta el punto en que sólo pudo ser rescatada como parodia de sí misma. De manera que, sea quien sea el director asignado, se enfrenta al considerable reto no sólo de reinventar una película muy querida, sino también lograr que un concepto trillado vuelva a dar miedo otra vez. algo nada fácil y que la más que alta probabilidad de que se suavice la película para el mercado adolescente actual no hace ver mejor.
3. Night of the Demons
Uno podría pensar que la decisión de rehacer Night of the Demons (1988), una de las películas "menores" más queridas de los ochenta, sería una buena elección. Después de todo, aunque la cinta no pueda contarse entre los clásicos potentes como Viernes 13 o Pesadilla en Elm Street, no le faltan sus seguidores, y teniendo en cuenta que congéneres de mayor peso ya han sido actualizados en forma de nuevas versiones, la película de Kevin Tenney no tiene por qué quedarse atrás. Al parecer será escrita y dirigida por el joven desconocido Adam Gierasch, quien utilizará la película para abrirse paso en la industria, mientras que el mismo Tenney, quien no ha tenido una carrera demasiado fructífera, producirá la cinta para vivir de viejas glorias. Su prinicipal fuerte, al parecer, será su proliferancia de tías buenas en el reparto.
¿Por qué está destinado a fracasar?
Al igual que la entrada anterior de esta lista, Night of the Demons es una película demasiado representativa de una era específica, es decir, ineludiblemente ligada al contexto de los ochenta. Prácticamente la totalidad de su argumento era un plagio de cintas como The Evil Dead (1981) o Demons (1985), y hoy en día el mercado está saturado de películas parecidas. En realidad, más allá del disfrute nostálgico de una película altamente disfrutable, reconocemos que su principal trascendencia estuvo en servir de vehículo de lucimiento a dos "damas" de los videoclubs: Amelia Kinkade y Linnea Quigley, innegables iconos femeninos de esta película. Sinceramente, no veo como este proyecto pueda despegar separado de su contexto original.
4. 2 hermanas/The Uninvited
Más que cualquier otra de las películas de terror orientales de los últimos años, la surcoreana 2 hermanas (2003) es una de las más difíciles de traducir. La que fue en su momento la película más exitosa de su país es una obra complicada, que requiere del espectador cierto grado de paciencia e interés, y que únicamente cobra sentido al final. Definitivamente, no es una película para cualquier paladar, por mucho que superficialmente muestre semejanzas con otros productos venidos del Lejano Oriente, hasta el punto que hay que estirar el término para calificarla como una película de terror. Aún así, esto no ha detenido a los responsables de tunear cuanta película interesante venga del extranjero, ya que incluso este remake se encuentra listo y esperando a ser estrenado.
¿Por qué está destinado a fracasar?
No solamente es de esperar que la complejidad de la historia será tirada por la borda a la hora de apelar al público mayoritario, sino que una rápida mirada al elenco y equipo muestra que la película se irá por los lados del atractivo fácil: actrices veinteañeras diseñadadas para el morbo genérico, por un lado, y una pareja de directores desconocidos para encargarse de la producción. Encima hay que recordar que el estreno de esta película ya se ha pospuesto tres veces, la última de ellas cambiando el título por el bastante soso y desabrido The Uninvited. Todo parece indicar que, a diferencia de la original, se esforazarán hasta lo indecible para convencer al público de que "sí, estás viendo una película de terror, de verdad", lo cual no pinta nada bien. Sumemos a eso los antecendentes: aparte de The Ring (2002) y, en menor medida, Dark Water (2005), la verdad es que no se me ocurre ni una sola revisión de terror oriental que valga la pena, y dudo mucho que esta vaya a romper esa regla.
5. REC/Quarantine
Y finalmente llegamos al sin duda alguna más innecesario de los refritos de esta lista. El inminente estreno este año de Quarantine (2008) se presenta como una dudosa manera de pasar hora y media para aquellos que ya han visto REC (2007), y los poco entusiastas comentarios que va dejando esta película no pintan un mejor panorama. La decisión por parte de la industria hollywoodense de rehacer la cinta de Paco Plaza y Jaume Balagueró responde (no nos equivoquemos) a una cuestión de marketing puro y duro: una película extranjera que para colmo no esté rodada en inglés tiene nulas probabilidades de convertirse en un éxito de taquilla entre el público de masas norteamericano. Vampirizarla puliendo un poco los valores de producción e incluyendo nacientes estrellas de la tele es el paso obvio a dar. Nada que no se haya hecho antes, y que en sí mismo no tendría ningún problema.
¿Por qué está destinado a fracasar?
En primer lugar, por una cuestión de timing: Quarantine llega casi un año después de que la fiebre por el terror de perspectiva documental se desatara con Diary of the Dead (2007), The Poughkeepsie Tapes (2007) o Cloverfield (2008) dieran su paso por la cartelera, y si a eso le sumamos que aquí en España ya hemos visto REC, el resultado es previsible. Además, la criminal campaña publicitaria de esta película, repleta de spoilers a más no poder, no augura un buen resultado más allá del primer fin de semana. Pero el principal motivo por el que esta versión no puede funcionar es que la original es difícilmente mejorable. No porque sea una película perfecta ni mucho menos, sino porque su propuesta es tan sencilla que no hay por donde mejorarla, precisamente porque en su sencillez está su principal efectividad. Pudiendo equivocarme, la verdad es que no creo que haya nada que sus responsables puedan hacer para sacar el original de nuestra mente, especialmente si, tal como ya hemos visto, han decidido incluso dejar el mismo final, el único punto de discrepancia entre los fanáticos de la última obra de Plaza y Balagueró. El tiempo lo dirá.

jueves, julio 17, 2008

Reseña: Shutter (2008)

Tenían que pasar varios años de explotación para que la versión americana de Shutter (2008) resumiera en una sola película todas los vicios de esta bollería recalentada en la que se ha convertido el trabajo de versionar títulos de horror orientales. No era de extrañarnos, claro, ya que la original tailandesa de hace cuatro años ya era todo un resumen de los preceptos y lugares comunes de gran parte del cine de terror llegado de Oriente, especialmente en lo que se refiere a la estética típica del relato de fantasmas japonés. Curiosamente, la versión americana que nos ha deparado la Fox este año aprovecha eso al simplemente descartar la ambientación tailandesa y situar la historia directamente en Japón, cosa que le sirve no sólo para justificar la escogencia del director nipón Masayuki Ochiai, sino también para ser mucho más descarados en su intento de repetir el éxito de The Grudge (2004), por desgracia sin nada de chicha. El resultado es una entrada más en la larga lista de mediocridades que pasarán a engordar los remates de DVD's; en definitiva, Shutter es el The Grudge de los pobres.

Pero a diferencia de lo que hiciera en aquel entonces Takashi Shimizu, Ochiai no se limita a calcar paso por paso la historia del Shutter original; si bien es cierto que la estructura básica se repite, algunos ligeros cambios en la historia favorecen su propuesta, al menos en los primeros minutos de metraje. Fiel a la tradición de gran parte del horror made in Japan, esta versión prefiere centrarse desde el principio en el lado alienante de la tecnología llegando casi a convencernos de que una cámara es un objeto que debe dar miedo en sí mismo. Esta premisa, por desgracia, es abandonada a los pocos minutos para ahondar en la insulsa historia del matrimonio de los protagonistas, el cual no despierta ningún interés en ningún momento. La película, sin embargo, tiene el acierto esta vez de corregir uno de los mayores errores de la original al centrar la acción más en la chica que en su marido, con lo que el final, sin dejar de ser tramposo, al menos cobra un poco más de sentido. Lástima que varias de sus interesantes ideas esbozadas en el inicio (como esa mirada nada halagadora al mundo masculino y a la cosificación de las mujeres) se pierdan en un desarrollo bastante aburrido.

Otro problema es, evidentemente, que los aciertos del Shutter original en cuanto a escenas de miedo no están muy presentes aquí. La decisión por parte del estudio de mantener la cinta en el terreno del PG-13 no ha resultado muy beneficiosa, y debido a la tremenda previsibilidad de todo lo que ocurre (no sólo por tratarse de un remake, sino también por no salirse de las convenciones más básicas del japo-terror), las únicas bazas con las que puede jugar Ochiai residen en el argumento y en la trama "investigativa" de los dos personajes protagonistas, pero esta también se muestra con muy poco interés. Rachael Taylor, por su parte, no hace sino poner "cara de susto" toda la película, y Joshua Jackson repite una vez la medianía típica de un actor en temprana decadencia tras su éxito en Dawson's Creek.

Por desgracia hay un detalle que no he podido superar en esta versión tampoco, y es que al igual que como ocurría con su predecesora, la "revelación final" de esta película me parece más bien ridícula debido a una imagen que se presta más a la risa tonta que al terror propiamente dicho. Con todo y eso, quizás esta versión de Shutter no sea la peor de todas las revisiones del cine de terror asiático, pero sí puede que sea una de las más innecesarias y supérfluas.

viernes, julio 11, 2008

Reseña: The Eye (2008)

Siguiendo con los remakes de películas asiáticas estrenados este año, llega el turno de The Eye (2008), versión americana del original de los gemelos hongkoneses Danny y Oxide Pang. En esta ocasión es Jessica Alba la encargada de ilustrarnos la historia de una chica ciega que, tras recibir un trasplante de córnea, consigue junto con el don de la vista una de las facultades menos deseadas de su donante: ver por doquier fantasmas que no la dejan en paz. Los que han leído esta página desde sus inicios saben que el original nunca ha sido una película de mi agrado más que por un par de escenas específicas, y que si le he echado un vistazo a esta nueva versión ha sido únicamente por ver si me haría cambiar de idea. En cierta manera, este refrito no solamente no mejora los errores de la original, sino que incluso encuentra la forma de cometer otros completamente nuevos.

Lo primero que hay que saber acerca de esta versión de The Eye es que se trató en su momento de una producción muy accidentada que sufrió varios retrasos considerables, llegando a cambiar varias veces de director y otras tantas de protagonista (en su momento estuvo fichada Reneé Zellweger para el papel principal), rol que finalmente cayó sobre los frágiles hombros actorales de Jessica Alba en lo que fue considerado básicamente como un vehículo de lucimiento, ya que por primera vez la joven actriz encabezaba el reparto de una película en solitario. La morosidad con que se han tomado el proyecto se nota, no sólo por la lejanía temporal (el original se estrenó hace ya seis años) sino también por la sosez de guión que ha escrito el venezolano Sebastián Gutiérrez; el nuevo The Eye repite básicamente la misma historia del original de los hermanos Pang cambiando únicamente la ambientación (en lugar de Hong Kong y Tailandia la trama se desarrolla en Estados Unidos y Méjico) y ampliando de manera superficial el "drama" de la chica protagonista durante la lenta y progresiva recuperación de su vista.

Este es sólo uno de los cambios innecesarios que ha sufrido la cinta en su traducción a la sensibilidad hollywoodense. La vaga referencia a fuerzas "malignas" encargadas de la custodia de los muertos y el recurso fácil de los sustos baratos en detrimento de la creación de una auténtica atmósfera de terror me hace pensar que la labor de los directores franceses Xavier Palud y David Moreau ha sido la de unos mercenarios desganados, algo inconcebible después del contundente debut que nos dieron con su cinta Ellos (2006). Asimismo, la elección de una estrella hollywoodense como principal atractivo de la película no hace más que recordarnos el triste destino de un producto prefabricado que no consigue en ningún momento las virtudes del original, siendo el mejor ejemplo el mismo que mencionaba (muy acertadamente) Noel: la escena del ascensor, la única secuencia realmente de infarto y que aquí es poco más que intrascendente. Si bien los efectos especiales son sin duda mejores que los de la versión original (quizás "demasiado buenos"), los escasos aciertos de la película de los Pang no se ven por ningún lado, ya que si bien la versión del 2002 adolecía de un argumento mil veces visto y mil veces mejor hecho, esta nueva encarnación americana no hace sino poner de manifiesto que la mayoría de estas películas de fantasmas de nuestra década acaban siendo emulaciones baratas de El sexto sentido (1999), hecho al que, curiosamente, uno de los personajes hace mención al soltar un pequeño chiste sobre el hecho de "ver gente muerta".

Ahogada en su propia condición de estrellato de industria, y dañada por su aparentemente mayor "complejidad" (fácilmente le sobran unos veinte minutos de metraje), este remake de The Eye puede poseer cierto atractivo para aquellos que jamás hayan visto el original, pero para todo el resto será poco más que otro refrito anodino y prescindible de esos que llegan de vez en cuando. Oportunidades de mejorar la fuente había, pero por desgracia el resultado no parece estar a la altura. Jessica Alba tendrá que esperar el próximo tren para volver a probar fortuna ella solita.

miércoles, julio 09, 2008

Reseña: Llamada perdida (2008)

Enésima repetición del esquema de historias orientales trasladadas al terreno occidental, Llamada perdida (2008) quizás sea el mejor ejemplo de por qué la reciente obsesión por trasladar las obras clave del terror asiático al cine mainstream hollywoodense está condenada (la mayoría de las veces) al fracaso. En esta ocasión, sus responsables han decidido irse por el camino fácil de emular cual fotocopia todo el argumento del original de Miike, despojándolo previamente de todo su sentido de la ironía y anulando, al mismo tiempo, sus ya escasas probabilidades de éxito a la hora de construir un relato de terror medianamente disfrutable.

Razones hay muchas, pero si hubiese que salvar una diría lo siguiente: al igual como ocurrió con el remake de Pulse (2006), esta versión de Llamada perdida falla antes de empezar por un asunto de predisposición cultural, ya que la premisa de la que parte (una maldición que se esparce entre un grupo de amigos a través de los teléfonos móviles) difícilmente puede trasladarse a un contexto occidental sin caer en el ridículo absoluto. Esta situación inicial podría haber sido risible también en el original de Miike, pero al estar ambientada en un contexto japonés se hace, si no más creíble, al menos sí más apropiada con la estética y la sensibilidad propia de los japoneses (o al menos de los japoneses cinematográficos) en lo que se refiere a la simbiótica relación de los jóvenes con la tecnología. En la versión americana de Eric Valette, en cambio, todo esto se reduce a "fantasmas que viajan a través del móvil". Y tan contentos.

Tan cierto es esto, que la película simplemente se arrastra escena por escena intentando emular de forma desganada los momentos más interesantes del original, por supuesto añadiendo una explicación banal que no se encontraba en la primera versión acerca de la manera como "viajan" los fantasmas, y que aquí parece otro absurdo intento por rellenar metraje. Incluso hay elementos que en la original tenían cierto significado y que aquí aparecen por inercia, como es por ejemplo la presencia del caramelo rojo en la boca de las víctimas o la secuencia del exorcismo televisivo, uno de los mejores momentos del original y que aquí está completamente desperdiciado. Por la borda también se ha ido el final ambiguo que Miike nos había ofrecido, sustituido por uno bien masticadito y claro diseñado para el entendimiento de los más palurdos.

Llamada perdida es uno de los cuatro remakes de películas orientales estrenados o por estrenar este año, con lo que la fiebre de versionar a los asiáticos parece estar en pleno apogeo. Tras el palo general que han recibido tanto esta como las correspondientes versiones de The Eye (2008) y Shutter (2008), parece que no habido mucha suerte. Pronto veremos si el estreno de Mirrors (2008) es capaz de cambiar este panorama o, por el contrario, profundizarlo aún más.

lunes, julio 07, 2008

Tres tristes trailers 16


Si coloco aquí el avance de Martyrs (2008), a sabiendas de que dicho trailer no dice absolutamente nada de la película, parece una pérdida de tiempo. Sin embargo hay dos cosas que me llaman poderosamente hacia este estreno (y no, nada tiene que ver el hecho de las inmensas expectativas que ha despertado a su paso por los distintos festivales en los que se ha presentado): uno de ellos es la comprobación de que, últimamente, los franceses están teniendo una muy buena racha en lo que se refiere a películas de terror interesantes. El segundo motivo es la presencia como director/guionista de Pascal Laugier, a quien ya conocemos en esta casa por la película El internado (2004), la cual a mí particularmente me dejó bastante intrigado por esa increíble atmósfera creada y el que sin duda es uno de los finales más jodidamente raros que he llegado a presenciar.


Y hablando de franceses, el nuevo trabajo de Alexandre Aja, Mirrors (2008), finalmente tiene su avance mostrando a un Kiefer Sutherland en toda su gloria post-Bauer. Nuevamente el director de Alta tensión (2003) se atreve con un remake, aunque en esta ocasión debo reconocer que, a juzgar por una comparación de los respectivos trailers de ambas versiones, el original surcoreano se me antoja mucho más interesante. ¿Podrá Aja repetir el éxito de su anterior trabajo o sucumbirá a las ya conocidas dificultades a la hora de "traducir" culturalmente el estilo del terror oriental? Habrá que esperar a verlo con nuestros propios ojos.


Y ya para finalizar, les ofrezco aquí un avance que tenía visto desde hace tiempo y que deseaba compartir con todos ustedes. Se trata de Parasomnia (2008), una película de terror independiente que su director, William Malone, lleva desarrollando desde hace ya un tiempo. Creo que todos estaremos de acuerdo en que Malone es un director que, si bien todavía tiene que demostrar dotes narrativas, posee un sentido de la estética realmente fascinante que convierte toda sus películas, incluso obras "fallidas" como el remake de House on Haunted Hill (1999) en todo un delirio visual. La película, que trata acerca de la contraposición entre la vida real y onírica de una joven cuya extraña enfermedad la hace pasarse literalmente la vida durmiendo, se nos antoja como todo un desborde creativo para Malone y un trabajo de amor dedicado por entero a sus obsesiones estéticas, una posible joya que todavía busca distribución. Esperemos que llegue el día en que podamos verla. Ah, y además, sale Jeffrey Combs. ¿Qué más se puede pedir?

viernes, julio 04, 2008

Este verano, quédate en casa

Si, tal como decía Roger Ebert, el slasher se puede definir como la Dead Teenager Movie, hoy en día parece haber un resurgir de algo que se podría llamar la Dead Tourist Movie. Prácticamente cada año tenemos tres o cuatro películas que intentan revivir el esquema que popularizara Tobe Hooper con su ópera prima, La matanza de Texas (1974): jóvenes urbanos e ingenuos en terreno hostil y atacados por los locales. No es que Hooper inventara la fórmula -esta ya existía, sin ir más lejos, con 2000 maníacos (1964) de Herschen Gordon Lewis- pero fue el tejano quien la terminó de llevar a los grandes públicos y quien dio el pistoletazo de salida a una legión de seguidores, entre ellos Wes Craven, Sean S. Cunningham, o más recientemente Rob Zombie.
Si algo nos quedó claro cuando se realizó el remake de La matanza de Texas (2003) es que sus creadores no entendieron (o no les importó) de que iba el original de Hooper. Después de todo, lo que hacía realmente especial aquella cinta no eran los litros de sangre o las demostraciones varias de charcutería humana (la película original es muy contenida en ese sentido y para nada gráfica), sino el retrato de ese reducto de atraso y locura en el propio patio trasero de América, una sensación de estar "fuera del mundo" que caía encima de los incautos que dejaban la seguridad de la carretera o de las cuatro paredes de casa. El morbo por el gore es algo completamete supérfluo que vino después, cuando en el 2003 proliferaran una larga serie de películas que buscaban excitar al público con truculencias varias. Pero esto no es para nada el meollo del asunto.
A partir de entonces se han realizado varias películas que explotan este contenido. De la América profunda se pasa al exterior, mostrando uno de los mayores clichés acerca de los estadounidenses como es su supuesta reticencia a dejar las fronteras de su propio país (fenómeno que podría extenderse a prácticamente toda la civilización occidental). Nuevamente se repite un esquema muy manoseado pero no por eso menos efectivo: si sales de casa, los lugareños extranjeros muy probablemente te tiendan una trampa mortal.
El caso más evidente de nuestros tiempos, y el canónico por excelencia, es Hostel (2006), y con esta pasa algo curioso: Eli Roth ofrece, queriéndolo o no, una de las miradas más agudas y divertidas que se han hecho acerca del llamado imperialismo americano. Todavía, incluso en su país de origen, hay gente que no lo ha entendido, voces críticas que argumentan como uno de sus fallos el que los personajes protagonistas sean tan despreciables. ¡Pero si de eso precisamente se trata!
Más que una epopeya gore (que no lo es) la película de Eli Roth habla sobre la pesada actitud del Turista del Primer Mundo, ese para quien el sitio a visitar no es más que el telón de fondo de unos días de juerga, un parque de diversiones que dejará de existir en el momento en el que él regrese a su tierra, único sitio en el planeta que puede ser catalogado de "mundo real". Pero todo esto ya lo sabemos; la película habla por sí sola en su contínua alegoría de la explotación de la carne: así como los tres chicos protagonistas explotan carnalmente a las mujeres que les seducen en el hostal eslovaco, ellos mismos son aprovechados como carne de tortura para el disfrute de aquellos "turistas" que llevan el tópico de la explotación al siguiente nivel, uno mucho más explícito.
No es casualidad ni mucho menos que esta película esté ambientada en la Europa del Este, ya que, aparte de las razones meramente económicas que puedan existir (rodar allá al parecer es un chollo), el antiguo bloque soviético es a menudo visto desde nuestra mirada occidental-capitalista como la Tierra de Nadie por excelencia, un arquetipo de desolación que se muestra como la prueba palpable de un Algo que dejó de existir. El Miedo a los comunistas de los cincuenta muere tras la caída del muro de Berlín para ser sustituido por el recelo hacia las ruinas de eso que se pretendía pasar por Imperio del Mal y que ahora, para nuestras miradas ingenuas, esconde un universo de oscuros secretos. Estos subtextos no son exclusivos del cine norteamericano, ya que cintas como la francesa Ellos (2006), la británica Desmembrados (2006) o la española Los abandonados (2007) también participan de este morbo por las antiguas naciones comunistas. Incluso entradas más modestas como El regreso de los muertos vivientes 4: Necrópolis (2005) o la sentimental Blood and Chocolate (2007) no han dudado en explotar el inagotable filón de las "salvajes tierras más allá de Europa".
Y no sólo en el viejo continente se dan este tipo de casos. Quizás como respuesta a Hostel, existe una larga lista de cintas que hacen leña del árbol de los "turistas muertos". No hablemos ya de las infinitas re-invenciones y re-interpretaciones de La matanza de Texas, sino de las mucho más explícitas aventuras en las que ingenuos americanos se adentran en parajes paradisíacos que en un principio se mostraban amigables. Es el caso de las más recientes Turistas (2006) y Las ruinas (2008), las cuales seguían un mismo patrón de ciudadanos primermundistas mostrando poco criterio a la hora de planear sus vacaciones. El que muchos hayan catalogado de xenófobas sus aproximaciones a determinados países (Brasil y Méjico respectivamente) demuestra que no se ha entendido nada.