viernes, julio 11, 2008

Reseña: The Eye (2008)

Siguiendo con los remakes de películas asiáticas estrenados este año, llega el turno de The Eye (2008), versión americana del original de los gemelos hongkoneses Danny y Oxide Pang. En esta ocasión es Jessica Alba la encargada de ilustrarnos la historia de una chica ciega que, tras recibir un trasplante de córnea, consigue junto con el don de la vista una de las facultades menos deseadas de su donante: ver por doquier fantasmas que no la dejan en paz. Los que han leído esta página desde sus inicios saben que el original nunca ha sido una película de mi agrado más que por un par de escenas específicas, y que si le he echado un vistazo a esta nueva versión ha sido únicamente por ver si me haría cambiar de idea. En cierta manera, este refrito no solamente no mejora los errores de la original, sino que incluso encuentra la forma de cometer otros completamente nuevos.

Lo primero que hay que saber acerca de esta versión de The Eye es que se trató en su momento de una producción muy accidentada que sufrió varios retrasos considerables, llegando a cambiar varias veces de director y otras tantas de protagonista (en su momento estuvo fichada Reneé Zellweger para el papel principal), rol que finalmente cayó sobre los frágiles hombros actorales de Jessica Alba en lo que fue considerado básicamente como un vehículo de lucimiento, ya que por primera vez la joven actriz encabezaba el reparto de una película en solitario. La morosidad con que se han tomado el proyecto se nota, no sólo por la lejanía temporal (el original se estrenó hace ya seis años) sino también por la sosez de guión que ha escrito el venezolano Sebastián Gutiérrez; el nuevo The Eye repite básicamente la misma historia del original de los hermanos Pang cambiando únicamente la ambientación (en lugar de Hong Kong y Tailandia la trama se desarrolla en Estados Unidos y Méjico) y ampliando de manera superficial el "drama" de la chica protagonista durante la lenta y progresiva recuperación de su vista.

Este es sólo uno de los cambios innecesarios que ha sufrido la cinta en su traducción a la sensibilidad hollywoodense. La vaga referencia a fuerzas "malignas" encargadas de la custodia de los muertos y el recurso fácil de los sustos baratos en detrimento de la creación de una auténtica atmósfera de terror me hace pensar que la labor de los directores franceses Xavier Palud y David Moreau ha sido la de unos mercenarios desganados, algo inconcebible después del contundente debut que nos dieron con su cinta Ellos (2006). Asimismo, la elección de una estrella hollywoodense como principal atractivo de la película no hace más que recordarnos el triste destino de un producto prefabricado que no consigue en ningún momento las virtudes del original, siendo el mejor ejemplo el mismo que mencionaba (muy acertadamente) Noel: la escena del ascensor, la única secuencia realmente de infarto y que aquí es poco más que intrascendente. Si bien los efectos especiales son sin duda mejores que los de la versión original (quizás "demasiado buenos"), los escasos aciertos de la película de los Pang no se ven por ningún lado, ya que si bien la versión del 2002 adolecía de un argumento mil veces visto y mil veces mejor hecho, esta nueva encarnación americana no hace sino poner de manifiesto que la mayoría de estas películas de fantasmas de nuestra década acaban siendo emulaciones baratas de El sexto sentido (1999), hecho al que, curiosamente, uno de los personajes hace mención al soltar un pequeño chiste sobre el hecho de "ver gente muerta".

Ahogada en su propia condición de estrellato de industria, y dañada por su aparentemente mayor "complejidad" (fácilmente le sobran unos veinte minutos de metraje), este remake de The Eye puede poseer cierto atractivo para aquellos que jamás hayan visto el original, pero para todo el resto será poco más que otro refrito anodino y prescindible de esos que llegan de vez en cuando. Oportunidades de mejorar la fuente había, pero por desgracia el resultado no parece estar a la altura. Jessica Alba tendrá que esperar el próximo tren para volver a probar fortuna ella solita.

miércoles, julio 09, 2008

Reseña: Llamada perdida (2008)

Enésima repetición del esquema de historias orientales trasladadas al terreno occidental, Llamada perdida (2008) quizás sea el mejor ejemplo de por qué la reciente obsesión por trasladar las obras clave del terror asiático al cine mainstream hollywoodense está condenada (la mayoría de las veces) al fracaso. En esta ocasión, sus responsables han decidido irse por el camino fácil de emular cual fotocopia todo el argumento del original de Miike, despojándolo previamente de todo su sentido de la ironía y anulando, al mismo tiempo, sus ya escasas probabilidades de éxito a la hora de construir un relato de terror medianamente disfrutable.

Razones hay muchas, pero si hubiese que salvar una diría lo siguiente: al igual como ocurrió con el remake de Pulse (2006), esta versión de Llamada perdida falla antes de empezar por un asunto de predisposición cultural, ya que la premisa de la que parte (una maldición que se esparce entre un grupo de amigos a través de los teléfonos móviles) difícilmente puede trasladarse a un contexto occidental sin caer en el ridículo absoluto. Esta situación inicial podría haber sido risible también en el original de Miike, pero al estar ambientada en un contexto japonés se hace, si no más creíble, al menos sí más apropiada con la estética y la sensibilidad propia de los japoneses (o al menos de los japoneses cinematográficos) en lo que se refiere a la simbiótica relación de los jóvenes con la tecnología. En la versión americana de Eric Valette, en cambio, todo esto se reduce a "fantasmas que viajan a través del móvil". Y tan contentos.

Tan cierto es esto, que la película simplemente se arrastra escena por escena intentando emular de forma desganada los momentos más interesantes del original, por supuesto añadiendo una explicación banal que no se encontraba en la primera versión acerca de la manera como "viajan" los fantasmas, y que aquí parece otro absurdo intento por rellenar metraje. Incluso hay elementos que en la original tenían cierto significado y que aquí aparecen por inercia, como es por ejemplo la presencia del caramelo rojo en la boca de las víctimas o la secuencia del exorcismo televisivo, uno de los mejores momentos del original y que aquí está completamente desperdiciado. Por la borda también se ha ido el final ambiguo que Miike nos había ofrecido, sustituido por uno bien masticadito y claro diseñado para el entendimiento de los más palurdos.

Llamada perdida es uno de los cuatro remakes de películas orientales estrenados o por estrenar este año, con lo que la fiebre de versionar a los asiáticos parece estar en pleno apogeo. Tras el palo general que han recibido tanto esta como las correspondientes versiones de The Eye (2008) y Shutter (2008), parece que no habido mucha suerte. Pronto veremos si el estreno de Mirrors (2008) es capaz de cambiar este panorama o, por el contrario, profundizarlo aún más.

lunes, julio 07, 2008

Tres tristes trailers 16


Si coloco aquí el avance de Martyrs (2008), a sabiendas de que dicho trailer no dice absolutamente nada de la película, parece una pérdida de tiempo. Sin embargo hay dos cosas que me llaman poderosamente hacia este estreno (y no, nada tiene que ver el hecho de las inmensas expectativas que ha despertado a su paso por los distintos festivales en los que se ha presentado): uno de ellos es la comprobación de que, últimamente, los franceses están teniendo una muy buena racha en lo que se refiere a películas de terror interesantes. El segundo motivo es la presencia como director/guionista de Pascal Laugier, a quien ya conocemos en esta casa por la película El internado (2004), la cual a mí particularmente me dejó bastante intrigado por esa increíble atmósfera creada y el que sin duda es uno de los finales más jodidamente raros que he llegado a presenciar.


Y hablando de franceses, el nuevo trabajo de Alexandre Aja, Mirrors (2008), finalmente tiene su avance mostrando a un Kiefer Sutherland en toda su gloria post-Bauer. Nuevamente el director de Alta tensión (2003) se atreve con un remake, aunque en esta ocasión debo reconocer que, a juzgar por una comparación de los respectivos trailers de ambas versiones, el original surcoreano se me antoja mucho más interesante. ¿Podrá Aja repetir el éxito de su anterior trabajo o sucumbirá a las ya conocidas dificultades a la hora de "traducir" culturalmente el estilo del terror oriental? Habrá que esperar a verlo con nuestros propios ojos.


Y ya para finalizar, les ofrezco aquí un avance que tenía visto desde hace tiempo y que deseaba compartir con todos ustedes. Se trata de Parasomnia (2008), una película de terror independiente que su director, William Malone, lleva desarrollando desde hace ya un tiempo. Creo que todos estaremos de acuerdo en que Malone es un director que, si bien todavía tiene que demostrar dotes narrativas, posee un sentido de la estética realmente fascinante que convierte toda sus películas, incluso obras "fallidas" como el remake de House on Haunted Hill (1999) en todo un delirio visual. La película, que trata acerca de la contraposición entre la vida real y onírica de una joven cuya extraña enfermedad la hace pasarse literalmente la vida durmiendo, se nos antoja como todo un desborde creativo para Malone y un trabajo de amor dedicado por entero a sus obsesiones estéticas, una posible joya que todavía busca distribución. Esperemos que llegue el día en que podamos verla. Ah, y además, sale Jeffrey Combs. ¿Qué más se puede pedir?

viernes, julio 04, 2008

Este verano, quédate en casa

Si, tal como decía Roger Ebert, el slasher se puede definir como la Dead Teenager Movie, hoy en día parece haber un resurgir de algo que se podría llamar la Dead Tourist Movie. Prácticamente cada año tenemos tres o cuatro películas que intentan revivir el esquema que popularizara Tobe Hooper con su ópera prima, La matanza de Texas (1974): jóvenes urbanos e ingenuos en terreno hostil y atacados por los locales. No es que Hooper inventara la fórmula -esta ya existía, sin ir más lejos, con 2000 maníacos (1964) de Herschen Gordon Lewis- pero fue el tejano quien la terminó de llevar a los grandes públicos y quien dio el pistoletazo de salida a una legión de seguidores, entre ellos Wes Craven, Sean S. Cunningham, o más recientemente Rob Zombie.
Si algo nos quedó claro cuando se realizó el remake de La matanza de Texas (2003) es que sus creadores no entendieron (o no les importó) de que iba el original de Hooper. Después de todo, lo que hacía realmente especial aquella cinta no eran los litros de sangre o las demostraciones varias de charcutería humana (la película original es muy contenida en ese sentido y para nada gráfica), sino el retrato de ese reducto de atraso y locura en el propio patio trasero de América, una sensación de estar "fuera del mundo" que caía encima de los incautos que dejaban la seguridad de la carretera o de las cuatro paredes de casa. El morbo por el gore es algo completamete supérfluo que vino después, cuando en el 2003 proliferaran una larga serie de películas que buscaban excitar al público con truculencias varias. Pero esto no es para nada el meollo del asunto.
A partir de entonces se han realizado varias películas que explotan este contenido. De la América profunda se pasa al exterior, mostrando uno de los mayores clichés acerca de los estadounidenses como es su supuesta reticencia a dejar las fronteras de su propio país (fenómeno que podría extenderse a prácticamente toda la civilización occidental). Nuevamente se repite un esquema muy manoseado pero no por eso menos efectivo: si sales de casa, los lugareños extranjeros muy probablemente te tiendan una trampa mortal.
El caso más evidente de nuestros tiempos, y el canónico por excelencia, es Hostel (2006), y con esta pasa algo curioso: Eli Roth ofrece, queriéndolo o no, una de las miradas más agudas y divertidas que se han hecho acerca del llamado imperialismo americano. Todavía, incluso en su país de origen, hay gente que no lo ha entendido, voces críticas que argumentan como uno de sus fallos el que los personajes protagonistas sean tan despreciables. ¡Pero si de eso precisamente se trata!
Más que una epopeya gore (que no lo es) la película de Eli Roth habla sobre la pesada actitud del Turista del Primer Mundo, ese para quien el sitio a visitar no es más que el telón de fondo de unos días de juerga, un parque de diversiones que dejará de existir en el momento en el que él regrese a su tierra, único sitio en el planeta que puede ser catalogado de "mundo real". Pero todo esto ya lo sabemos; la película habla por sí sola en su contínua alegoría de la explotación de la carne: así como los tres chicos protagonistas explotan carnalmente a las mujeres que les seducen en el hostal eslovaco, ellos mismos son aprovechados como carne de tortura para el disfrute de aquellos "turistas" que llevan el tópico de la explotación al siguiente nivel, uno mucho más explícito.
No es casualidad ni mucho menos que esta película esté ambientada en la Europa del Este, ya que, aparte de las razones meramente económicas que puedan existir (rodar allá al parecer es un chollo), el antiguo bloque soviético es a menudo visto desde nuestra mirada occidental-capitalista como la Tierra de Nadie por excelencia, un arquetipo de desolación que se muestra como la prueba palpable de un Algo que dejó de existir. El Miedo a los comunistas de los cincuenta muere tras la caída del muro de Berlín para ser sustituido por el recelo hacia las ruinas de eso que se pretendía pasar por Imperio del Mal y que ahora, para nuestras miradas ingenuas, esconde un universo de oscuros secretos. Estos subtextos no son exclusivos del cine norteamericano, ya que cintas como la francesa Ellos (2006), la británica Desmembrados (2006) o la española Los abandonados (2007) también participan de este morbo por las antiguas naciones comunistas. Incluso entradas más modestas como El regreso de los muertos vivientes 4: Necrópolis (2005) o la sentimental Blood and Chocolate (2007) no han dudado en explotar el inagotable filón de las "salvajes tierras más allá de Europa".
Y no sólo en el viejo continente se dan este tipo de casos. Quizás como respuesta a Hostel, existe una larga lista de cintas que hacen leña del árbol de los "turistas muertos". No hablemos ya de las infinitas re-invenciones y re-interpretaciones de La matanza de Texas, sino de las mucho más explícitas aventuras en las que ingenuos americanos se adentran en parajes paradisíacos que en un principio se mostraban amigables. Es el caso de las más recientes Turistas (2006) y Las ruinas (2008), las cuales seguían un mismo patrón de ciudadanos primermundistas mostrando poco criterio a la hora de planear sus vacaciones. El que muchos hayan catalogado de xenófobas sus aproximaciones a determinados países (Brasil y Méjico respectivamente) demuestra que no se ha entendido nada.

jueves, junio 26, 2008

Reseña: Las ruinas (2008)

Decíamos hace poco que, junto con La niebla (2007), Las ruinas (2008) era la única película de terror auténtica que habíamos tenido en lo que va de año. Es también mucho más que otra entrega en el sub-género de los "turistas muertos"; es, tal como la definió el columnista americano Brian Orndorf, lo que hubiese sido La pequeña tienda de los horrores (1960) dirigida por Herschen Gordon Lewis. No le faltan méritos; más que sangrienta (sólo lo es en determinados momentos muy puntuales) Las ruinas puede ser catalogada simplemente como una película cruel en la que los personajes únicamente están puestos allí para sufrir. Ignoro si la novela en la que se basa será igual, pero los grandes elogios que de ella hizo Stephen King me hacen pensar que muy probablemente lo haya sido.

El escenario es sencillo, y lo hemos visto muchas veces: turistas del primer mundo que viajan a parajes exóticos y cometen un exceso de confianza que los pone en manos del peligro, en este caso un recóndito templo maya que, por supuesto, no aparece en los mapas. El mensaje es también el de siempre, pero en esta ocasión las consecuencias de tal arrogancia no vienen de la mano de psicópatas locales sino de algo con menos poder "alegórico": criaturas inexplicables. No revelaré exactamente su naturaleza aquí (aunque ya creo que no hay nadie que no lo sepa) pero sí sabemos que el meollo de esta película está en la frase de uno de sus personajes que afirma, tratando inútilmente de explicar la situación, que alguien tiene que rescatarlos simplemente "porque somos americanos". La idea de que todo lo malo ocurre fuera del ambiente seguro de casa ha dado una vida a una nutrida cantidad de películas, y este caso no es una excepción.

Pero nos alejamos de lo principal: si algo funciona en Las ruinas es esa evidente simplicidad que, curiosamente, se atreve a utilizar una atmósfera opuesta a la de la mayoría de sus congéneres. Toda la cinta transcurre en espacio abierto, con las escenas más horripilantes ocurriendo a plena luz del día, lo que da pie para un curioso juego de manipulación al que el director Carter Smith se plega sin condiciones ni reservas. La expectación es un arma que utiliza constantemente, haciendo más angustiosa la situación de sitio de los personajes a medida que marca el paso del tiempo con la progresiva desaparición de la comida y el agua. Incluso las criaturas son manejadas de forma cuando menos curiosa: sin ser una película particularmente violenta, algunas escenas de Las ruinas son extremadamente desagradables en su breve pero intensa carga de explotación, y sin embargo, las facultades de sus "monstruos" son lo más pavoroso de todo el argumento, no sus despliegues sanguinolentos.

Sin miedo a parecer repetitivo, estamos ante una de las pocas películas de terror "de verdad" de este año, una que si bien sigue, en su mayor parte, todas las reglas anteriormente establecidas en el género de terror (y más aún en el terror de "jóvenes guapos pero ingenuos en tierras hostiles") no deja de ser absolutamente recomendable. Las ruinas es uno de los exponentes más directos y menos sutiles de aquella vieja máxima del género que advierte no cruzar nuestras cómodas , privilegiadas y bien protegidas fronteras.

domingo, junio 22, 2008

Reseña: La niebla (2007)

Si hablo de La niebla (2007) hablo necesariamente de lo que casi podría catalogar como la cinta de terror por excelencia de esta temporada. Es cierto que en lo que llevamos de año no nos han faltado películas interesantes, pero en mayor o menor medida han sido cintas que han utilizado las formas del fantástico para elaborar otro tipo de discurso; es así como, por ejemplo, con Cloverfield (2008) teníamos una película de monstruos que escondía una reflexión estética sobre los medios de masa y la falsedad del tele-realismo, mientras que El incidente (2008) es disfrutable sobre todo dentro del contexto de lo que significa la carrera de M. Night Shyamalan y su peculiar relación de amor/odio con la crítica y el público. En cambio, en la nueva película de Frank Darabont está el germen de una obra disfrutable en términos mucho más básicos. Es, junto con Las ruinas (2008), la única película de terror 100% genuina que hemos podido disfrutar en una sala de cine comercial en lo que llevamos del 2008.

La niebla es también una experiencia nueva dentro del cine de Darabont; después de haber cimentado su carrera como director con el género dramático, el que haya decidido lanzarse a por una historia de terror utilizando como base el material de Stephen King (a quien ya había adaptado en dos largometrajes anteriores) no resulta poca cosa. Ya sabemos que las buenas películas basadas en la obra del prolífico autor de Maine no abundan, pero el director de La milla verde (1999) logra trasladar de manera bastante fiel el auténtico subtexto de horror del relato de King, que yace no sólo en la amenaza más obvia (horrendas criaturas venidas de una dimensión paralela) sino también en el peligro que representa para sí misma una comunidad asentada sobre las bases de una moral débil y pusilánime que se resquebraja bajo presión. Y lo mejor es que funciona con todo y su repetición, ya que la ambientación de la historia (un grupo humano atrincherado en un supermercado) se usa por milésima vez, e incluso el mismo eje temático ya había sido explorado por King en su miniserie La tormenta del siglo (1999), con la que esta película, curiosamente, comparte uno de sus intérpretes principales.

Aparte del ataque constante de los monstruos, el propio grupo de refugiados aumenta el peligro sucumbiendo ante su propia histeria, representada en el personaje de la señora Carmody, la fanática religiosa que pasa de ser el hazmerreir del pueblo a convertirse en una verdadera amenaza. Quizás sea este subtexto el mayor horror de la película, evidenciado (hay que decirlo) en una innecesaria y redundante conversación de algunos personajes sobre los peligros de la masa humana, pero en otras ocasiones retratado de manera muy brillante a través de la expectación; las situaciones de miedo en La niebla se anticipan de forma muy clara pero no por eso se hacen repetitivas (el silencio antes de la llegada de las criaturas o la progresiva locura de la señora Carmody y sus acólitos).

Pero aún así sigue siendo ante todo una película de monstruos, y estos se encuentran entre lo más destacable. Al ser una película se pierde el sentido de "indescriptibilidad" del relato original, pero el trabajo de Howard Berger y Greg Nicotero a la hora de crear a los monstruos sólo se puede calificar de sobresaliente. Aparte de las más que evidentes referencias al cine de criaturas de los cincuenta, cada adefesio que los personajes van encontrando es más horrible que el anterior, y a Darabont no parece temblarle el pulso para ofrecernos grandes secuencias, como la primera aparición de los monstruos o un corto pero azaroso viaje en pos de unas medicinas. Es, con todo y el humor en ocasiones desplegado, la película más oscura de su director, que demuestra que sus años de aprendizaje como guionista de cine de terror no pasaron en vano.

El final (punto más discutido cada vez que se habla de esta película) es muy diferente al de la historia en la que se basa, pero también es mucho más contundente y apropiado dado el tono sumamente pesimista de la película. Representa no solo un riesgo enorme de cara al público convencional del cine de terror, sino también un intento por parte de Darabont de emular el estilo de "terrible ironía" que otrora marcó los episodios más conocidos de The Twilight Zone, una innegable influencia en La niebla que explica en gran medida por qué el director tuvo en su momento la intención de rodar la cinta en blanco y negro. Pero independientemente de si el que lea esto ha disfrutado del final o no, la película sigue siendo un ejemplo sólido de cine de terror, y al menos un punto de luz en el catálogo de cintas basadas en la obra de Stephen King. A mi, en particular, me ha entusiasmado mucho. Creo que una película como esta simplemente hacía falta, vaya que sí.

miércoles, junio 18, 2008

Reseña: El incidente (2008)

Vacua reseña escrita en diez minutos con uno que otro pequeño spoiler, así que aquellos que no hayan visto esta película y todavía quieran hacerlo harían bien en postergar su visita.

La idea mayoritaria que ha surgido tras ver El incidente (2008) ha sido la de hallarnos ante una de las películas más personales de Shyamalan; esto no sólo en cuanto a ese gran Tema que ha venido mostrando en toda su filmografía desde El sexto sentido (1999) (que también), sino en cuanto a que esta vez nos ha echado en cara una de sus cintas menos accesibles y, sin duda alguna, con mayor tendencia a polarizar al público hasta sus extremos más radicales. Todo esto resulta algo impensable en un director "comercial", ya que si bien Shyamalan puede haberse entregado a excesos con anterioridad, todas sus películas conseguían en cierta forma llegar al público mayoritario a través de trucos básicos como el final sorpresa o la seguridad que a veces otorga la estética del género que tocara (terror, cómics, fantasía, etc). El caso de El incidente no es así: una vez más, el director de aquella obra maestra (que sí, que sí) llamada La joven del agua (2006) ahonda en el mismo discurso acerca de la búsqueda del Absoluto más allá de la inmediatez de la vida humana, pero en esta ocasión, por primera vez quizás, se regodea en el hecho de no darnos ninguna respuesta.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que El incidente está muy lejos de ser el típico thriller apocalíptico. Por mucho que sus avances iniciales hayan hecho hincapié en el extraño evento que causa que los seres humanos comiencen a suicidarse en masa de forma inexplicable, el énfasis de Shyamalan está en los personajes centrales y en el drama particular que cada uno de ellos sufre para sobrevivir en un mundo donde cada persona tiende a aislarse de sus sentimientos. Es este detalle uno de los muchos temas en los que insiste a lo largo de todo el metraje: la odisea para huir del Apocalipsis se combina con el no menos azaroso viaje de una pareja distanciada cuyo uno de sus miembros ha decidido voluntariamente mantener alejadas sus emociones (tema que está maravillosamente simbolizado en el mood ring que lleva su consorte en el dedo). El resultado es una película apocalíptica en la que no sucede casi nada, en la que siempre es de día, siempre hay planos abiertos, y en la que existe un aparente distanciamento por parte del director que se nos antoja como un desafío hacia sus críticos (atención a los créditos finales para ver la curiosa forma que Shyamalan ha adoptado para hacer esta vez su ya acostumbrado cameo), que siempre parecen crucificarle por ser tan personal. Con El incidente viene todo un desquite: el director se distancia, lo explícito desaparece y no hay al final ninguna gran revelación que sirva al público un gran giro.

En esta ocasión estamos ante un tratamiento distinto: desde la inusual escogencia como actor de Mark Whalberg (haciendo un personaje grotesco en cuanto a su inseguridad y descalabro) hasta un final en el que, rompiendo con la costumbre de sus películas anteriores, no hay ninguna sorpresa. Ya desde el principio Shyamalan nos advierte que, por muchas teorías que rebusquemos, la naturaleza se manifiesta a veces de forma inexplicable, y la búsqueda de ese Absoluto que explique nuestra existencia se queda en eso, en teorías, porque nada es seguro. De ahí que el verdadero drama de los personajes devenga realmente en su contacto entre ellos y sus sentimientos ("no tomes de la mano a mi hija a menos que lo sientas de verdad"), algo que siempre ha estado presente en el cine de Shyamalan pero que hasta ahora no se había presentado en forma tan desnuda y desprovista de artificios "de impacto". Con todo esto, el director nos ofrece con esta película su lado sin duda alguna más cruel; secuencias como la de la obra, la de la pistola compartida, la visión de las calles de Princeton o toda la espeluznante secuencia en casa de la ermitaña son las que más se comentan y con razón, no sólo por su evidente fuerza visual sino incluso por el uso tan efectivo de la propia autoreferencia (el momento del vídeo es clavado al de Señales (2002), como ya muchos han señalado).

Con todo y que nos hallamos ante una interesantísima propuesta por parte de este director (que a mí, particularmente, me entusiasma bastante), quizás sea evidente su cada vez más marcado radicalismo. Tal como dice el señor Alvy Singer (en una crítica que, una vez más, tengo que señalar como de lectura obligatoria), quizás sea este camino el que al final termine por desterrar a Shyamalan del cine de masas. Sólo el tiempo lo dirá.

domingo, junio 15, 2008

Otro tributo a Jason... ahora los directores (y 2)

John Carl Buechler (parte VII)

¿Quién?

Más que ninguno de los otros nombres de esta lista, el de John Carl Buechler es uno que podemos ver asociado a casi todo campo de la cinematografía, ya sea como actor, guionista, productor o director. Sin embargo, desde el principio de su carrera destacó en la creación de efectos especiales y maquillajes de monstruos, que le valieron los elogios de su maestro Roger Corman. Buechler trabajó realizando criaturas horripilantes para varias piezas ochenteras que hoy en día son consideradas clásicos, como Re-Animator (1985) o From Beyond (1986), que cimentaron su trabajo con la productora de Charles Band, responsable en ese entonces de casi todo el cine de Stuart Gordon. Esta cercanía con producciones cutres le llevó a la silla de director con películas como Troll (1986), una cinta de caspa pura que todavía es incluida en las listas de esas pelis tan-malas-que-son-buenas, aparte de que hoy en día aparece en un montón de trivias debido a la graciosa casualidad de que su protagonista se llama Harry Potter. En muy poco tiempo, ya se había unido al exclusivo club del que hablamos hoy con Viernes 13 parte 7: la nueva sangre (1988).

¿Qué ha hecho desde entonces?

Como director, Buechler no se ha mantenido demasiado ocupado. Su lista de créditos es corta y no demasiado destacable. Sin embargo, sí que ha trabajado en varias producciones de serie B, casi siempre bajo la compañía de Charles Band y sus a veces no tan adorables caspas de directo-a-vídeo. Como actor, la película Hatchet (2006) le volvió a reunir con Kane Hodder, a quien dirigió como Jason en su aportación a la saga. Actualmente se sabe que volverá a la pantalla grande realizando (como no) un remake de Troll (2009) en el que participará como director y guionista. Porque al parecer hoy en día cada película de terror merece una segunda oportunidad.

Rob Hedden (parte VIII)

¿Quién?

El nombre de Rob Hedden es el de un director principalmente televisivo cuya relación con la saga de Viernes 13 viene de la época en la que trabajó como guionista y ocasional director de la serie de televisión del mismo nombre. Esta experiencia hizo que se le escogiera como el director de Viernes 13 parte 8: Jason toma Manhattan (1989), la última película de la saga a cargo de la Paramount.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Tras trabajar en la octava película, Rob Hedden volvió a la televisión, donde ha seguido poniendo su nombre a series y telefilmes, entre ellas la fugaz tercera encarnación de The Twilight Zone. A pesar de que se ha mantenido principalmente en su labor original como guionista, hace poco ha vuelto a la pantalla grande como director con la comedia independiente Boxboarders! (2006), acerca de un “nuevo deporte” que involucra cajas de cartón.

Adam Marcus (parte IX)

¿Quién?

Para el momento en que fue elegido para llevar a cabo Jason goes to Hell (1993), Adam Marcus era un director debutante que nunca había realizado ningún trabajo profesional. Su elección parece ser una jugada de último recurso si tomamos en cuenta que los nombres de John McTiernan y Tobe Hooper sonaron en su momento como posibles candidatos a dirigir la novena entrega del asesino de Crystal Lake (que estaba siendo realizada con un esmero especial al ser la primera de la etapa New Line Cinema). El nombre de Marcus también estaba asociado a una curiosidad: trece años atrás había trabajado sirviendo el café a los participantes de la primera Viernes 13 (1980).

¿Qué ha hecho desde entonces?

No mucho, a decir verdad. Adam Marcus tardaría seis años en producir su próximo trabajo, una comedia independiente llamada First Snow (1999). Actualmente está por estrenar su tercera cinta, una película de acción llamada Conspiracy (2008), con Val Killmer a la cabeza del reparto.

James Isaac (parte X)

¿Quién?

James Isaac es un creador de efectos especiales grotescos y sanguinolentos, que ya había dejado marca en los ochenta con su participación en películas como El retorno del Jedi (1983) y Gremlins (1984), siempre trabajando a las órdenes de la factoría de Chris Walas. Es durante esta década cuando conoce a su ídolo y mentor David Cronenberg, con el que comienza una larga relación laboral que se extiende por películas como La mosca (1985), Almuerzo desnudo (1991) o ExistenZ (1999). Fan confeso de Jason Voorhees y de la saga de Viernes 13, lo cierto es que ya tenía relación (lejana) con la cuadrilla de Sean S. Cunningham gracias a su primera película como director, House 3 (1989). La oportunidad de llevar a Jason al espacio fue algo que no quiso desperdiciar, hasta el punto de convencer a Cronenberg de hacer un cameo como una de las víctimas del matarife de Crystal Lake.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Si bien Jason X (2002) es venerada en ciertos círculos muy “exclusivos”, su fracaso taquillero no sentó bien a Isaac, entre otras cosas porque la película estuvo engavetada por dos largos años antes de ser finalmente estrenada en los cines. Lo último que hemos visto de él ha sido la película de hombres-lobo Skinwalkers (2006), la cual (hasta donde sé) todavía no ha recibido un estreno comercial en España. Actualmente prepara una nueva película de terror llamada Pig Hunt (2008), en la que un grupo de citadinos viaja a una apartada zona rural y se enfrenta a una banda de paletos que venera a un mortífero jabalí de dos mil kilos.

Ronny Yu (Freddy vs Jason)

¿Quién?

Director de origen hongkonés, más famoso por tener un grueso curriculum de películas de artes marciales. En el pasado trabajó con estrellas de la talla de Brandon Lee y Chow Yun Fat, el hombre que no necesita recargar las pistolas. Los fans del fantástico oriental también le conocen por ser el artífice de una pequeña pieza de culto llamada La novia del cabello blanco (1993) y su secuela del mismo año. En el género que nos ocupa ha destacado por La novia de Chucky (1998), en mi opinión una de las mejores comedias de horror de los años noventa.

Para Freddy vs Jason (2003) eligió la aproximación paródica de ambas sagas, una decisión cuestionable de la que ya tendremos tiempo para hablar en otra ocasión. Conocido es el hecho de que se vanagloriaba de no haber visto ninguna de las películas de Jason o de Freddy antes de comenzar el rodaje, lo cual ya es un indicador de por donde iría la cosa.

¿Qué ha hecho desde entonces?

No mucho. Su única película como director desde aquella época ha sido la curiosa Fearless (2006), un wuxia (género oriental de artes marciales con estructura de epopeya heroica) protagonizado por Jet Li, forma humana tras la cual se esconde una máquina supersónica de repartir hostias. También prepara un episodio para la serie Fear Itself, sustituto bastardo de Masters of Horror. Como productor, este año nos traerá la versión americana (con actores de carne y hueso) del anime Blood: The Last Vampire (2008).

Marcus Nispel (remake)

¿Quién?

Originario de Frankfurt, Alemania, Marcus Nispel es uno de los pupilos de Michael Bay, y como él, tuvo sus inicios en el mundo del videoclip. Su cercanía con su maestro le ha convertido en uno de los apóstoles de Platinum Dunes, la productora con la que Bay planea conquistar el mundo usando la sobresaturación sensorial como única arma. Pervertir la nostalgia de una película de terror icónica no será algo nuevo para él, ya que su ópera prima fue el innecesario y pajillero remake de La matanza de Texas (2003), en la que el artificio visual resultó ser la única baza de una cinta que no pareció entender la esencia del original de Tobe Hooper, o al menos no pareció darle ninguna importancia. Nispel también es responsable de la versión televisiva de Frankenstein (2004) y de otro épico remake: Pathfinder (2007).

¿Qué podemos esperar de él?

Francamente, no tengo idea. Su estilo visual no me desagrada, y por lo que se ha podido leer, Platinum Dunes está poniendo toda la carne en el asador para su remake de Viernes 13. En todo caso, imagino que todo dependerá de la aproximación que quieran darle al personaje, ya que como bien sabemos, esta nueva película será una especie de batiburrillo argumental de las cuatro primeras partes de la saga. De todas formas, lo más interesante de Nispel sigue siendo su proyecto inmediatamente posterior, Alice (2009), una versión siniestra de Alicia en el país de las maravillas con Sarah Michelle Gellar de protagonista, y cuya realización lleva parada varios años. Paciencia.



Fuentes:

IMDB
Friday the 13th Films
Wikipedia
DVDActive
DVD Stalk

viernes, junio 13, 2008

Otro tributo a Jason... ahora los directores (1)

No hace mucho hacíamos un repaso a todos aquellos actores que habían prestado su fisonomía para interpretar a Jason Voorhees. Ahora, cuando cada vez se acerca más la nueva versión, No queríamos dejar pasar la oportunidad de hacer otro repaso, esta vez a aquellos que han estado tras la cámara en cada una de las entregas de la saga de Viernes 13. Esto no hará más que ayudarme en esta manía que tengo últimamente de postear lo menos posible, además de entretenernos un poco mientras esperamos pacientemente a que llegue el 13 de febrero del 2009, cuando podamos volver todos a Crystal Lake a ver cómo se lo han montado tantos años después. De la descarada explotación de la fecha de hoy mejor ni hablamos.

De manera que ahí van todos y cada uno, en estricto orden cronológico.

Sean S. Cunningham (parte I)

¿Quién?

El creador de la saga, el padre de la criatura, es un viejo amigo del otrora legendario Wes Craven, y juntos hicieron sus primeros trabajos. Ambos irrumpieron en la escena de terror a principios de los setenta con La última casa a la izquierda (1973), tras la cual cada uno tomó su camino. Los dos tendrían bastante suerte: Wes dirigiría Las colinas tienen ojos (1977) poco tiempo después, mientras que Sean dio vida a Viernes 13 (1980), entrando en el salón de la fama del cine de terror.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Su principal labor desde entonces ha sido como productor. Como director, su carrera no ha sido muy fructífera que digamos, aunque es cierto que al menos ha permanecido fiel a sus raíces de serie B. A pesar de esto, ninguna de sus otras películas (principalmente thrillers adolescentes y comedias cutrillas) ha sido muy destacable. Uno de sus últimos trabajos, por ejemplo, es Invasión final (2002), un telefilme que ni siquiera sería recordado si no tuviera a Bruce Campbell como protagonista. Resulta curioso, además, que Sean tuviese que esperar más de una década para volver a estar involucrado en la saga que ayudó a crear: fue necesario el estreno de Jason goes to Hell (1993) para que el nombre de Cunningham estuviese nuevamente asociado a Viernes 13, y desde entonces no ha vuelto a abandonarlo.

Actualmente el bueno de Sean parece estar depredando su propio pasado, ya que su nombre aparece asociado no sólo al remake de su obra más conocida, sino también a la inevitable nueva versión de La última casa a la izquierda (2008).

Steve Miner (partes II y III)

¿Quién?

Perteneciente a la cuadrilla de Sean S. Cunningham y Wes Craven, Steve Miner estuvo involucrado desde el principio en los primeros trabajos del dúo, y se iría del lado de Sean cuando los dos separasen sus carreras. Su trabajo como productor de Viernes 13 (1980) le convirtió en el candidato ideal para ejercer de director en las primeras secuelas, y por los resultados obtenidos la decisión fue acertada. Miner es, asimismo, el único hombre que ha repetido en la silla de director para dicha saga, y quien dio a Jason la forma que conocemos hoy en día.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Durante los ochenta la carrera de Steve Miner tuvo sus ocasionales momentos de gloria. Fue el director de House (1986) y Warlock (1990), dos películas que, personalmente, nunca dejo de reivindicar. Por desgracia no logró despegar de allí, y su trabajo como director se volcó por completo en el mundo de la televisión, donde se convirtió en un auténtico mercenario al prestarse para un montón de teleseries sin nada en común entre sí. Tuvo una muy breve y modesta resurrección con Halloween: H20 (1998), una de las muchas secuelas de la saga de Michael Myers, y Lake Placid (1999), cinta de horror perteneciente a la categoría de cocodrilos gigantes y heredera de toda la interminable lista de gigantescas bestias digitales que no paran de producirse desde que se estrenó Parque Jurásico (1993).

Actualmente la carrera de Miner pasa por uno de sus momentos más bajos: tras estar dos años metido en un cajón, su remake de El día de los muertos (2008) ha sido arrojado al mercado del directo-a-vídeo y calificado universalmente como uno de los mayores bodrios de los últimos años. Su futuro no pinta mucho mejor: su próxima película se llamará Major Movie Star (2008), y será una comedia protagonizada por Jessica Simpson y el malogrado Steve Gutenberg. Que Dios nos coja confesados.

Joseph Zito (parte IV)

¿Quién?

Para el momento en el que se le ofreció la dirección de Viernes 13: el capítulo final (1984), Joseph Zito apenas era conocido como un eficiente artesano del estudio, pero todo eso cambió tras su trabajo con Jason. Más conocido hoy en día por sus películas de acción, hasta ese momento únicamente había dirigido modestos thrillers poco ambiciosos como The Prowler (1981), este último un proto-slasher que sin duda le abrió las puertas a la saga de Viernes 13.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Si no les suena el nombre de Zito, sin duda lo harán sus películas posteriores. Durante los ochenta, este hombre se convirtió en toda una referencia del cine de acción al rodar algunas de las películas más cargadas de testosterona de la década, lo cual no es decir poco. Fue él quien dirigió Desaparecido en acción (1984) e Invasión USA (1985), las dos películas más famosas y taquilleras de Chuck Norris, en las que el actual Ranger de Tejas (y celebridad de Internet) repartió mamporros y tiros en películas que eran, en el fondo, descarada propaganda de la Guerra Fría. En la misma línea ideológica, Zito también es responsable de Escorpión rojo (1988), película en la que Dolph Lundgren interpretaba a un fornido agente del KGB enviado en misión secreta a África y que cambiaba de bando al ver las atrocidades cometidas por esos perversos y malvados comunistas. Tiempos inocentes aquellos.

Hoy en día, Joseph Zito disfruta de un cómodo retiro. El fracaso de su última película, Power Play (2002), demostró que en el mundo de hoy ya no queda sitio para los grandes excesos machocéntricos de los ochenta. Para lo que nos ocupa, al menos sabemos que realizó una de las más apreciadas entregas de la saga de Jason Voorhees.

Danny Steinmann (parte V)

¿Quién?

Danny Steinmann es un director cuyo debut se encuentra en el cine porno de los setenta, con la película High Rise (1973), que realizó bajo el seudónimo de Danny Stone. Luego trabajó como productor y director ocasional de varios productos menores de género, incluyendo The Unseen (1981), un thriller explotativo-sexual muy en la línea de El ente (1981). Si bien es cierto que Viernes 13 parte 5: el nuevo comienzo (1985) fue el mayor éxito comercial de su carrera, las dificultades del rodaje lo desgastaron hasta el punto de acabar con todas sus ambiciones cinematográficas.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Nada. La quinta parte de Viernes 13 fue la última película de Danny Steinmann como director. Si volvió a sus raíces pornográficas o simplemente desapareció de la escena hollywoodense es un misterio. El hecho de que su canto de cisne haya sido la entrega más detestada de la saga de Jason no es precisamente una razón para lanzar cohetes.

Tom McLoughlin (Parte VI)

¿Quién?

Antiguo aprendiz de mimo en París, para el momento en que fue elegido como el director para Viernes 13 parte 6: Jason vive (1986), Tom McLoughlin únicamente había dirigido un largometraje que había pasado sin pena ni gloria, por lo que no dudó en abrazar aquella oportunidad. A pesar de su falta de experiencia, McLoughlin no solamente dirigió la película sino que también escribió el guión, labor por la que siente bastante orgullo; todavía hoy, más de veinte años después de la experiencia, conserva en su jardín la lápida con el nombre “Jason Voorhees” que podemos ver en la primera escena de la cinta.

¿Qué ha hecho desde entonces?

Tras Viernes 13, McLoughlin dirigió su último largometraje para cine, la comedia Date With an Angel (1987). Tras esto, todo su trabajo detrás de la cámara ha sido para el mundo de la televisión. No se alejaría, sin embargo, del género del terror, ya que realizaría varios episodios para las series de Viernes 13 y Las pesadillas de Freddy. También dirigió Algunas veces ellos regresan (1991), telefilme basado en un relato de Stephen King. Hasta el día de hoy, su nombre continúa apareciendo junto a una larga lista de trabajos para la ya-no-tan-pequeña pantalla.

domingo, junio 08, 2008

Reseña # 201: Candyman (1992)

Candyman (1992) es uno de esos muchos casos en los que el fantástico demuestra sus posibilidades discursivas, y también es uno de esos casos en los que una película no logra alcanzar el status de reconocimiento que se merece. Con la posible excepción de Hellraiser (1987), es probablemente la mejor película que se ha hecho basada en la obra de Clive Barker, pero a diferencia de esta, su director y guionista Bernard Rose sabe dejar a un lado las obsesiones estéticas del autor para explorar su propia propuesta de un horror moderno que juega no sólo con el miedo a la presencia sobrenatural, sino también con las paranoias mundanas del hombre urbano a través de los secretos olvidados de las ciudades y los horrores traidos por la miseria y la alienación social.

Pero tranquilos, porque lo que arriba suena como una aburrida parrafada, en la película se explica por sí solo: cambiando la ambientación londinense del relato The Forbidden por la ciudad americana de Chicago, Bernard Rose construye la historia de treintañera universitaria Helen Lyle, que en plena escritura de su tesis sobre leyendas urbanas se topa con la historia del "Candyman", el espectro de un hombre negro asesinado en esa misma ciudad durante los años posteriores a la Guerra Civil y que, según dicen, se aparece a todos ellos incautos que pronuncian su nombre cinco veces frente a un espejo. De manera bastante arrogante, Helen invoca al fantasma en cuestión únicamente para verse inmiscuida poco a poco en una trama de ultratumba que rodea a Cabrini Green, una peligrosa barriada marginal donde se esconde el hogar de la criatura.

La postura descreída de los protagonistas de una historia de terror no es nada nuevo, pero pocas veces se sustenta tanto en la cotidianidad como sucede en Candyman; como gran parte de la clase intelectual "acomodada", Helen representa la materialización de un discurso sociológico carente de compromiso con la realidad. Más allá de connotaciones cinematográficas, el Cabrini Green que se nos presenta en la película es real (o al menos lo era: al parecer hace unos años fue completamente demolido), pero la protagonista únicamente se sumerge en él por afanes meramente utilitarios de conocimiento. La búsqueda de Helen no es más que la búsqueda de un horror sobrenatural oculto bajo varias capas de un horror "real" que se esconde en la pobreza. Cuando aparece el "monstruo", este es, sorprendentemente, poco fantástico, muy lejos de los adefesios mostrados en películas similares. Esto es así de forma plenamente consciente, ya que Candyman no hace sino poner en evidencia la explotación de uno de los mayores temores del burgués promedio: el hombre negro urbano.

No es esta la única alegoría evidente del latente racismo oculto incluso en los espíritus que se consideran más nobles (no hay más que fijarse en el lujoso apartamento de Helen, adornado con curiosos objetos artesanales africanos en un burdo intento de ese falso etnicismo tan de moda hoy en día), pero hay más en la película que puyas de carácter sociológico: al igual que ocurría con Pesadilla en Elm Street (1984), en Candyman encontramos un monstruo que se nutre de la dualidad presente en toda criatura mitológica del género de horror. El asesino de ultratumba (interpretado, por cierto, de forma sobresaliente por el favorito de esta casa Tony Todd) es a la vez real e irreal, una entidad macabra que cobra presencia física únicamente gracias a la creencia popular, y cuya vida está ligada de forma indisoluble a una leyenda que termina por cobrar cuerpo y alma, el fantasma de un ser marginado que termina por encontrar la trascendencia, aunque esta venga por vías demoníacas.

El tramo final es, quizás, la mayor gloria de Candyman, ya que sabe llegar de manera inequívoca a las conclusiones temáticas y estéticas que Bernard Rose deja planteadas. La trama social llega a su conclusión ideal a través de la construcción de una nueva "leyenda", y la imagen final (ver foto) de esa rubia de marcados pezones gritando como una posesa en medio de una habitación rosa muestra, con la contundencia de una bofetada, esa invasión del horror en nuestro privilegiado mundo de comodidades pequeño-burguesas. Al estar situada en una década por lo general maltratada por los eruditos del género, esta cinta de Bernard Rose inexplicablemente no goza de la fama que debería (a pesar de contar, hasta la fecha, con dos secuelas). Pero que no quepa duda: es una de esas que no podemos recomendar lo suficiente.