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lunes, marzo 27, 2017

Reseña: Amityville: El rostro del diablo (1993)

Para el estreno de la séptima entrega, titulada en España Amityville: El rostro del Diablo (1993), la larga saga de Amityville hacía tiempo que había dejado de poner los numerales romanos junto al título, quizás por vergüenza ajena de haber reciclado la misma idea una y otra vez. El título en inglés, sin embargo, es mucho más interesante: Amityville: A New Generation, ya que en cierta forma es muy coherente con el espíritu que el guión intentó dar a su película. Es decir, no estamos aquí ante un caso como el de la cuarta parte de La matanza de Texas, en las que la apelación a una "nueva generación" no tenía nada que ver con la historia; aquí por el contrario sí que se abre la posibilidad de repetir el legado maldito de la casa a través de un nuevo crimen, idea que suena mucho más interesante en papel de lo que se ve en el resultado final.

A igual que en la cuarta y sexta entrega, Amityville 7 basa su premisa argumental en objetos malditos que alguna vez pertenecieron a aquella casa embrujada y que ahora han ido a parar a otros sitios para esparcir su maligna influencia. En este caso se trata de un espejo (un evidentísimo espejo malvado a juzgar por la pinta) que un vagabundo entrega a un joven fotógrafo y que termina en una comunidad de artistas. Dicho espejo tiene por lo visto la facultad de materializar las peores pesadillas de aquellos que miran dentro de él y les empuja a cometer terribles actos de violencia, la mayoría de las veces contra sí mismos. Hasta aquí sería una trama convencional si no fuera porque hay además un intento de enlazar al protagonista con los eventos que dieron origen a la maldición de la casa y que ahora amenazan con repetirse.

Tal como está ejecutada esta conexión argumental resulta muy pobre y un tanto descabellada, pero no se puede negar que al menos, y a diferencia de entregas anteriores, esta película intenta dar cierta continuidad al conjunto con todo lo forzado que esto puede llegar a ser. Nunca llega a tener ideas tan inteligentes como su predecesora inmediata, pero su ambientación en una comunidad de artistas ofrece ciertas oportunidades estéticas que superan su por lo demás plana pinta de producción serie B noventera (incluyendo escenas de sexo con escasa luz y música de fondo). En este sentido, la mejor y más interesante muerte de todas involucra una multitud de lienzos con demonios pintados que resulta lo más memorable incluso a pesar de sus escasos recursos. 

Esos serían los puntos positivos; del resto, la verdad es que resulta un tanto aburrida y mucho más lenta de lo que su tiempo de duración parece sugerir. Parece haber tenido un mejor presupuesto que la sexta entrega (no lo sé y no tengo manera de comprobarlo) con su mayor número de locaciones y personajes, pero al mismo tiempo sus ideas son menos atractivas y a pesar de que es más violenta me pareció también más pobre como película de terror al uso. Ciertamente muy mejorable. 

miércoles, marzo 22, 2017

Reseña: Amityville: es cuestión de tiempo (1992)

Esto es algo que quizás os tome por sorpresa, al menos porque es algo que yo tampoco me esperaba: Amityville: es cuestión de tiempo (1992), sexta entrega de la saga de casas embrujadas más prolífica del cine de terror, es la primera en mucho tiempo que incluso me ha gustado. Ha sido toda una revelación para mí porque me esperaba una terrible continuación directo-a-vídeo sin nada de interés, y aunque en muchos sentidos obtuve eso, al menos es una de las pocas que intenta hacer algo distinto con su material sin perder de vista la conexión con la saga de la que forma parte. La mayoría de los problemas que tiene, de hecho, están más relacionados con un irregular empleo de sus recursos y algunos vicios por otra parte típicos de gran parte de este tipo de cine durante los tempranos noventa.

De entrada voy a comenzar diciendo que hubo dos cosas que me llamaron la atención de forma positiva ya desde el principio: la primera fue ver que el director de esta secuela es Tony Randel, un nombre que muy probablemente os sonará porque fue el director de la injustamente menospreciada Hellbound (1988), la única secuela de Hellraiser (1987) que realmente valía la pena, con lo que ya sabía que al menos podía esperar un mínimo de calidad. La segunda es que el argumento de esta película ignora por completo lo ocurrido en la nefasta quinta entrega, haciendo como si no hubiese existido y retomando aquella premisa de la cuarta parte en la que la maldición ya no ocurre en Amityville sino en otras casas a lo largo y ancho del país a donde han ido a parar objetos que previamente estuvieron en el caserón maldito y que han arrastrado consigo el Mal que asolaba la propiedad. En esta ocasión se trata de un reloj de mesa que un hombre trae a su casa y que por supuesto empieza a causar estragos en su familia. Una cosa extraña es que la trama intenta dar al reloj su propia historia y su propia maldición, algo que por fortuna no se explora mucho porque resulta excesivo en el contexto de la saga de la cual esta película forma parte.

Lo interesante de esta historia es que el hecho de que el Mal se esconda en un reloj da pie a un juego en el cual la maldición de la casa se manifiesta en ataques que el espíritu maligno hace y que afectan a la linealidad temporal, algo que la película hace en ocasiones y que, aunque ofrece al final una resolución algo más light de lo que estamos habituados, al menos es una muestra de un trabajo algo más inteligente que muy probablemente se veía mejor en el guión y que hoy en día sin duda habría sido más aprovechado. Asimismo, es una sorpresa ver cómo esta sexta entrega recupera algunos de los elementos más perturbadores de películas anteriores de la saga como ese énfasis en los aspectos más oscuros de la sexualidad de sus personajes, con alusiones a una infidelidad, incesto y lujuría reprimida que por supuesto el espíritu del reloj aprovecha en su beneficio. Nunca llega a ser gráfica de ninguna manera (hay sólo una muerte que se recrea en efectos especiales mientras que otras parecen comedia involuntaria) pero hay indicios al menos de cierto grado de creatividad, inusitado en un trabajo de estas características.

Cuando digo "estas características" a lo que me refiero es que, pese a sus buenas ideas y pese a ser sin duda mucho mejor que las tres entregas inmediatamente anteriores, esta es una película bastante pobre con una estética y estilo en gran medida limitados por su formato y por la época en que se estrenó. En este sentido, es importante saber que su título original era Amityville 1992: It's About Time, y que el estudio borró la mención al año en que se estrenó cuando la película salió en DVD más de una década más tarde. Pero a pesar de sus defectos y de su pertenencia a un terror de saldo demasiado ligero e intranscendente, ha sido la primera entrega de la saga que he conseguido ver de corrido en varios años, y eso por sí solo me ha demostrado que hay algo de oficio detrás.

viernes, marzo 17, 2017

Reseña: Amityville 5 (1990)

Al igual que con la cuarta entrega que reseñamos hace ya un tiempo, Amityville 5: La maldición de Amityville (1990) intenta extender artificialmente la vida de la saga de casas embrujadas más longeva del cine de terror, y lo hace no de la mejor manera posible. Así como su predecesora fue una película hecha para la televisión, esta continuación fue lanzada directamente en formato doméstico para quedarse allí: hasta la fecha sigue relegada exclusivamente al VHS en su país de origen, y de hecho sólo existe una edición europea en DVD nada fácil de conseguir, cosa rara porque todo el resto de la saga, incluyendo las entregas posteriores, ya ha sido editado. Este hecho en sí no dice nada en cuanto a su calidad (muchas joyas de décadas pasadas se han perdido en el purgatorio de la cinta magnética) pero sí deja claro que Amityville terminó de manera "oficial" con la tercera parte, y todas las que vinieron después fueron secuelas pseudo-oficiales que buscaron aprovechar el tirón comercial de la primera aunque en el fondo no tuvieran mucho que ver.

Esto nunca fue tan evidente como en esta quinta entrega: esta vez el argumento tiene lugar en el mismo pueblo de Amityville pero en otra casa con otra maldición que nada tiene que ver con los fantasmas del 112 de la Ocean Avenue. En esta ocasión un grupo de amigos compra un antiguo caserón y decide pasar unos días en él para restaurarlo con la esperanza de revenderlo y sacar algún dinero. De entrada la idea no está mal aunque resulta un poco descabellada la forma en que está planteada ya que la película intenta cubrir con estos personajes ciertos arquetipos que normalmente se dan de forma externa. Me explico: los componentes del grupo tienen varias profesiones y cumplen distintos roles que nada tienen que ver con la idea de restaurar la casa, por lo que la forma en que están seleccionados estos personajes parece un tanto arbitraria y toda la premisa es por lo tanto sólo una excusa para mantenerlos a todos en el mismo lugar fuera de toda lógica.

Donde Amityville 5 intenta innovar es en la construcción de un misterio de baratillo que hace de la maldición el resultado de un crimen del pasado, un fantasma vengativo que obedece a una trama muy específica que nada tiene que ver con la ancestral historia de terror que era, por el contrario, el aspecto más interesante de la película original. Donde sí se parece a las otras entregas es que aquí también hay una trama de posesión en la que uno de los personajes sucumbe a la influencia del fantasma y se convierte en un asesino. Lo más triste es que por momentos pareciera que la trama busca mantener la identidad de esta persona afectada en secreto, pero fracasa estrepitosamente ya desde el primer minuto cuando vemos que entre el grupo de protagonistas está el actor Kim Coates con una pinta y manierismos de asesino en serie incluso antes de ser poseído, por lo que cualquier intento por ocultar su condición se vuelve inútil y francamente algo risible. 

Coates es por cierto el único actor reconocible de un elenco que incluye la curiosa presencia de la filipina Cassandra Gava, aquella bruja que salía en Conan el bárbaro (1982) como infaltable reclamo erótico, y ni siquiera él puede salvar un cúmulo de actuaciones abismales en una secuela realmente pobre que no aporta absolutamente nada a la saga. Su mayor defecto en realidad no es el que se alejara de forma engañosa de la premisa original, sino el que resulte tan fría, aburrida y poco interesante, dejando de lado la idea del Mal presente en la casa para sustituirlo por un falso misterio que, una vez resuelto, termina siendo muy poca cosa. El completismo absoluto es la única excusa que tenemos para ir comentando todas las entregas de Amityville antes del inminente estreno de la nueva este año.

domingo, marzo 13, 2016

Reseña: Amityville 4: The Evil Escapes (1989)

Años atrás, cuando prometí revisar en este blog toda la saga de Amityville, lo hice motivado no únicamente por un mero afán completista sino también por el hecho de que yo, personalmente, no conocía dicha saga en su totalidad, ya que había visto únicamente las dos primeras entregas de la trilogía original. Digo "trilogía original" porque si bien esta saga ya tiene la nada despreciable cantidad de trece películas en su haber (con la última, Amityville: The Awakening (2017), a estrenarse pronto), hasta la llegada del remake del 2005 sólo las primeras tres llegaron a estrenarse en cines, mientras que el resto fueron producidas para la tele o el mercado de estrenos directos a formato doméstico. Este es el caso de Amityville 4: The Evil Escapes (1989), que se estrenó para la televisión y que hoy en día es famosa por ser una de las peores entregas. Los calificativos se quedan cortos, a decir verdad, y sólo podría recomendarla para esos completistas/masoquistas curiosos por ver los puntos más bajos de una saga inexplicablemente longeva.

Una cosa debo aclarar, sin embargo: la idea de la que parte esta cuarta entrega es hasta cierto punto muy interesante y da pie a elucubraciones acerca de la trama que podrían haber sido muy exitosas en otras manos. El subtítulo de la entrega no es casual ya que en esta ocasión el argumento se desarrolla por primera vez fuera de la misteriosa casa del 112 de Ocean Avenue, la cual finalmente ha sido desvalijada y sus muebles puestos a la venta en la calle. Es aquí donde comienza la historia, cuando una lámpara de pie de la casa es comprada y llevada a California sin saber que dentro de ella se esconde parte de la maldición, con las muy previsibles consecuencias. De entrada la idea de la maldición de la casa extendiéndose por todo el país a través de los objetos que en ella estaban me parece muy buena, y ciertamento más aprovechable de lo que al final hicieron, sobre todo porque al intentar darle un diseño "tenebroso" a la lámpara lo único que consiguieron fue arrojar por la borda cualquier atisbo de seriedad que uno podría haberle dado a la película.

Precisamente el diseño de la lámpara es lo que arruina por completo una historia que ya de por sí no tenía mucho que ofrecer. Aparte de las evidentes limitaciones que tiene por fuerza un trabajo hecho para la televisión en abierto, Amityville 4 no tiene ningún reparo a la hora de calcar elementos que funcionaron en otros éxitos de los ochenta, principalmente Poltergeist (1982), de la que toma la idea de una niña pequeña que tiene una particular conexión con la entidad sobrenatural y que por supuesto se convierte en el blanco principal de la amenaza que se esconde dentro del artefacto.

Hoy en día, imagino que una película como esta puede funcionar únicamente como disfrute irónico, y como prueba de que siempre se puede caer del estrellato ya que la protagonista de esta cinta es nada menos que Patty Duke, quien tuvo una carrera brillante en su juventud en la que ganó hasta un Oscar y que sin embargo hace de la cara más reconocible en este despropósito que, curiosamente, no mató la saga sino que fue sólo el punto de partida de una debacle que todavía se extiende hasta nuestros días. Atención al hilarante final cuando la lámpara diabólica es derrotada de la forma más disparatada y ruidosa posible. 

domingo, abril 27, 2014

Reseña: Amityville 3D (1983)

Tercera entrega de la más longeva saga de casas embrujadas hasta la fecha, Amityville 3D (1983) forma parte también de una moda que surgió a principios de los ochenta de emplear el truco de las tres dimensiones en estrenos populares, algo que en el género de terror ya vimos con Viernes 13 parte 3 (1982) o Tiburón 3 (1983), estrenada el mismo año. Es también una entrega que está a años luz de sus antecesoras en prácticamente todos los sentidos, y hoy en día su principal valor anecdótico es que cuenta en su elenco con una joven y novata Meg Ryan haciendo un papel secundario, hecho que incluso su carátula alemana explota a conciencia. Este es prácticamente el único valor añadido que le puedo encontrar, ya que no sólo el efecto 3D es bastante malo sino que encima sólo está disponible en una edición británica para DVD que ya no es tan fácil de conseguir.

Ignorando en gran medida cualquier conexión con las primeras dos partes de la saga, esta tercera entrega comienza cuando un periodista acostumbrado a desenmascarar fraudes paranormales compra la misteriosa casa victoriana en Amityville y comienza (como no) a verse afectado por la presencia maléfica que anida en los sótanos de la residencia. Hasta este punto la historia no tiene nada de especial salvo el énfasis en el carácter malévolo del edificio prácticamente desde el principio, repitiendo trucos ya empleados en entregas anteriores como la perspectiva desde aquella famosa ventana del ático, las nubes de moscas, o la muerte de algunos personajes presagiada en fotografías. Estos efectos son un poco gratuitos y sirven para distraer de un argumento muy pobre en el que nunca queda bastante claro el motivo por el cual el personaje protagonista insiste en vivir en una casa que se va cobrando varias vidas.

Pero no es solamente argumental el problema; por el contrario hay varios tropezones técnicos que denotan las prisas en sacar adelante esta secuela. El mayor de ellos quizás sea un montaje nefasto en el que se nota que hubo escenas eliminadas cuya ausencia hace que la muerte de algunos personajes no parezca tener efecto alguno en el prota masculino. Eso y la insistencia del 3D que para colmo ni siquiera es aprovechado tanto en las partes sobrenaturales sino en vulgares intentos aleatorios de arrojar objetos a la cara del público. Para colmo la cinta tiene ya cerca del final el típico momento en el que el protagonista es asistido por investigadores paranormales que intentan dar un enfoque "científico" al fenómeno. Lo curioso es que este momento decisivo llega cuando ya la película está literalmente en sus últimos minutos, con lo que su desarrollo es casi nulo y su pertinencia para la trama casi inexistente.

Como nota positiva tengo que destacar, sin embargo, una escena en particular en la que se resuelve la muerte de un personaje de una forma muy poco común y genuinamente terrorífica e inquietante. Este momento es tan bueno que me hizo preguntarme en realidad cómo es que el resto de la película podía ser tan terrible. Porque de eso no me queda la menor duda; esta Amityville 3D no sólo fue un fracaso de crítica sino que se estrelló en la taquilla desterrando a la saga de los cines y causando que todas las entregas posteriores saliesen en formato doméstico, por lo menos hasta la llegada de su remake más de veinte años después.

miércoles, octubre 10, 2012

Reseña: Amityville 2: La posesión (1982)

Hace algo más de un año reseñamos en este blog la película Terror en Amityville (1979), la primera de lo que sería una larga y exitosa franquicia de películas de terror inspiradas en el caso "real" de la casa colonial ubicada en el 112 de la Ocean Avenue de Amityville, en Long Island, y que todavía es famosa por ser uno de los más sonados ejemplos de hogares acosados por fantasmas. En aquella ocasión prometimos ponernos manos a la obra con la reseña y disección de todas las ocho películas de la saga (diez si contamos su remake del 2005 y la infaltable versión de The Asylum de 2011), pero por un motivo u otro nunca cumplimos con dicha promesa. Ahora intentamos enmendar al menos parcialmente ese error, y es bueno que sea así porque nunca me cansaré de repetir que esta segunda película es, con todo y sus numerosos defectos, bastante mejor que la primera parte y de hecho una de las mejores entregas de la saga.

Habría que empezar aclarando que pese al número que acompaña su título, Amityville 2: La posesión (1982) es en realidad una precuela que cuenta la historia de la familia italo-americana cuya masacre desencadena la leyenda negra de la casa y da inicio a una larga serie de cambios de dueño. Ya desde el principio se nota en la película una voluntad de tomar el camino de una verdadera cinta de horror al comenzar los ataques de la casa prácticamente desde el primer momento en que la familia Montelli se muda a su nuevo hogar y atrae la atención de los malignos espíritus que lo habitan. Una cosa interesante y atípica en lo que a secuelas se trata es que esta segunda cinta de Amityville no explora la mitología de la casa que ya se había insinuado en la primera película. Por el contrario, el guión del veterano Tommy Lee Wallace parece más interesado en destacar los problemas internos de la familia Montelli y sus particulares demonios, los cuales ya existían en la forma de un padre abusivo, una madre histérica y la incestuosa relación entre los dos hijos adolescentes, elementos bastante fuertes considerando que hablamos de una cinta comercial y definitivamente a años luz de la ligereza de la primera película.

Es precisamente este historia y la mayor complejidad estética del director Damiano Damiani lo que hacen de la primera hora de Amityville 2 lo mejor de la película y la prueba de que estamos ante una verdadera cinta de miedo no exenta de momentos auténticamente pavorosos que destacan por la sutileza de medios y el aprovechamiento de sus recursos, como esa larga secuencia en la que el hijo es atacado por el espíritu que habita la casa, una escena sin diálogos y con una atmósfera envidiable (siempre me pareció muy bueno el detalle de que el fantasma se comunicara con el joven a través de su walkman) que desemboca en aquello que todos conocen: el crimen perpetrado por un muchacho poseído por un espíritu maligno.

Por desgracia es aquí donde comienzan los problemas que impiden una película de terror realmente sólida, y es que la última media hora de la cinta cambia completamente de registro y protagonista al pasar a contar cómo un joven sacerdote decide plantar cara al espíritu de la casa y salvar a su joven víctima. Estos últimos treinta minutos no sólo se sienten en ocasiones como una copia mala de El exorcista (1973) sino que encima contienen detalles dramáticos que encaminan la cinta hacia los terrenos de la comedia involuntaria, como la policía y los abogados claudicando ante el discurso religioso y un abuso de efectos especiales que desentona con la sutileza que había mostrado la cinta hasta entonces. Es una lástima porque de no haber tenido este desenlace (y en cambio haber ahondado más en la propia historia de la casa y ese misterioso túnel bajo el sótano) la película habría resultado mucho mejor. Pero con todo y eso, la primera hora tiene tantos elementos positivos que me atrevo a recomendarla (por encima de la primera) como un eficiente ejemplo de casas encantadas y un argumento más a favor del sabio consejo de no construir nunca sobre un cementerio indio.

sábado, junio 18, 2011

Reseña: Terror en Amityville (1979)

Una cosa que durante mucho tiempo me sorprendió fue el éxito inicial de Terror en Amityville (1979), que fue en su momento una película cuya inmensa popularidad sólo es comparable con los palos que recibió por parte de la crítica, lo cual no le impidió sin embargo tener una larga serie de secuelas y hasta un remake de 2005 realizado por la Platinum Dunes. Reconozco que yo me hallaba entre aquellos que no la ven como un buen ejemplo de cine de terror, una opinión que he terminado por matizar pero que por otro lado es comprensible; después de todo, esta cinta de Stuart Rosenberg ha terminado por quedar bastante eclipsada por otros trabajos posteriores que comparten su misma base temática, como Al final de la escalera (1980), El resplandor (1980) o Poltergeist (1982). Sin embargo, esta llegó antes, y la forma en como trata el argumento es lo bastante sobria y carente de efectismos como para alzarla por encima de sus mucho más explícitas continuaciones.

Dicha base temática parte del ya clásico argumento de la casa construída sobre terreno maldito y familia que se muda a ella y comienza a ser acosada por un Mal de procedencia desconocida. Lo que diferencia en todo caso a Terror en Amityville es su ambientación moderna (inusual para la época) y el hecho de que estaba supuestamente inspirada en hechos reales, contados en un famoso best-seller de entonces acerca de la familia Lutz y su experiencia con demonios, fantasmas y posesiones en su residencia. Hoy en día la fama de dicho fenómeno ha terminado por eclipsarse bastante, con la mayoría considerando hoy como fraude aquel relato y con la película siendo ninguneada incluso por sus actores, entre ellos un James Brolin que afirmaba no creerse un ápice de lo que el verdadero Lutz le había contado. Otra cosa que la hace perder puntos ante muchos fanáticos del género de terror es su general ligereza y su escasa cantidad de muertes, lo que la hacía perder muchos puntos ante otros productos sobrenaturales de la época mucho más brutales como El exorcista (1973) o La profecía (1976), las cuales tocaban temas similares con ambientación moderna y que eran sin duda mucho más eficientes como cine de terror.

Pero a pesar de las malas críticas y del hecho innegable de no haber envejecido tan bien como sus arriba mencionadas contemporáneas, un segundo visionado de Terror en Amityville me ha hecho reconsiderar mi posición y reconocer que después de todo no le faltan méritos que expliquen la enorme popularidad que suscitó en su momento (más allá del morbo generado por el libro en el que se basa). Como decíamos arriba, la película nunca se rinde ante la salida fácil del efectismo, hay atisbos de una mitología bastante bien desarrollada, y existen genuinos momentos de miedo que hacen de esta una película de casas embrujadas muy disfrutable y sobre todo muy superior a varias de sus imitaciones. Estas cosas se me han hecho bastante evidentes tras haber visto el remake de 2005, que hace que esta de la que hablamos hoy parezca una obra maestra.

Por desgracia gran parte del público actual que haya visto antes el remake tenderá a despreciar la original por el simple hecho de que no se ven los fantasmas, pero pienso que estarían cometiendo un grave error. A tantos años de su estreno, es verdad que esta primera cinta de Amityville dista mucho de ser una gran película, pero tiene auténticos aciertos a nivel de cine de terror que la nueva versión intenta compensar con efectos especiales y un elenco de gente guapa. En los próximos días iremos revisando el resto de entradas de la saga, de la que por cierto ya se espera un segundo remake (por supuesto) en 3D, así que de momento dejamos la original como una película curiosa y simpática que simplemente no está a la altura de las cintas similares que conforman su legado.

martes, agosto 09, 2005

Reseña: The Amityville Horror (2005)

"… ¿Señor Lutz? Le habla Homer Simpson…Escuche, cuando me vendió la casa, olvidó mencionar un pequeño detalle: ¡no me dijo que estaba construida sobre un cementerio indio! … ¡No, NO me lo dijo! …mmm… pues yo no lo recuerdo…entiendo… vale, adiós…"
-Especial de Halloween de Los Simpson I-

De un tiempo acá, a los amantes del cine de terror nos han tenido alimentados a base de remakes. Algunos inesperadamente buenos (The Ring, El amanecer de los muertos), otros medianamente pasables (The Grudge, The Toolbox Murders) y la mayoría francamente insufribles (13 fantasmas, La matanza de Texas). Vienen muchos más, por supuesto, desde la reelaboración de antiguos clásicos como The Evil Dead, The Fog, Los pájaros y El día de los muertos, así como las obligatorias versiones gringas de Dark Water (cuyo trailer me pareció horroroso, un gigantesco abuso de los efectos especiales digitales), 2 hermanas, The Eye y Missed Call. Creo sinceramente que no sería una exageración declarar una nueva regla en el cine hollywoodense: toda película de terror buena o exitosa (de sobra se sabe que ambas cosas no siempre van de la mano) producirá numerosas secuelas, y, casi seguramente, será rehecha algún día.

La última en gozar de este dudoso honor es The Amityville Horror (titulada en España La morada del miedo), una versión actualizada de la original de 1979 dirigida en su tiempo por Stuart Rosenberg y protagonizada en aquella ocasión por unos insufribles James Brolin y Margott Kidder. Curiosamente, a pesar de ser una película bastante mediocre, la original resultó ser tremendamente exitosa, en parte porque explotaba unos supuestos "sucesos reales" bastante dudosos (el propio James Brolin dice que conoció a estos personajes y afirmaba no creerles ni una palabra) que habían sucedido recientemente: una familia se muda a una casa donde el año anterior había ocurrido una masacre perpetrada por un joven muchacho llamado Ronald Defeo, que había matado a toda su familia porque "una voz dentro de su cabeza se lo había dicho" (yo me pregunto: ¿Acaso eso es lo único que una voz puede ordenarte? ¿Una voz no te puede ordenar, qué se yo, que atraques la ventanilla de Mc Donald’s?).

El éxito fue tal que pronto llegaron dos secuelas y al menos cuatro spin-offs que fueron directamente a vídeo. En esta desigual saga se encuentran, por cierto, los inicios actorales de Meg Ryan, pero no hablaremos de eso. "Amityville 2005" busca reelaborar la misma historia de su predecesora, tratando de enmendar las supuestas carencias de aquella película. He aquí su gran error; entre las pocas ventajas que tenía la original de 1979, estaba el hecho de que poseía una gran sutileza, y NUNCA llegábamos a "ver" aquellos espíritus que causaban los horrores de la casa, simplemente sus efectos sobre los miembros de la familia, especialmente el personaje de James Brolin, quien poco a poco comenzaba a perder la razón, agobiado por los fantasmas que le ordenaban la ejecución de toda su prole. Para la nueva versión, los productores (entre los que se encuentra mi archienemigo Michael Bay; debí suponer que este fetichista de las explosiones y las persecuciones en coche ni sabría lo que significa la palabra sutileza) han decidido no quedarse cortos en eso de las apariciones, ya que constantemente nos están bombardeando una y otra vez con los fantasmas de la casa, especialmente el de una pequeña niña que llega a aparecer en tantas ocasiones que llegamos a familiarizarnos con ella, perdiendo así toda probabilidad de que nos de miedo.

Otro problema que tiene esta película son los actores. La química entre ellos es prácticamente inexistente. Ryan Reynolds no está mal, pero los niños son francamente tontos e insoportables, hasta el punto en que, tras una media hora de película, llegas a desear que los espíritus de la casa acaben con ellos de la manera más espantosa y cruel posible.

Si le doy a esta película algo más que la puntuación mínima es porque tiene algunas escenas que me gustaron, aunque fácilmente pude olvidarlas después. Yo no llegaría hasta el punto de recomendar la original, pero ciertamente creo que después de ver esta versión de The Amityville Horror, la posibilidad de parodia es tan evidente que se justifica por completo el por qué puse la cita de Homer al principio de esta reseña. Ahí los dejo.