domingo, marzo 01, 2015

Reseña # 599: Tucker and Dale vs Evil (2010)

Tucker and Dale vs Evil (2010) es otra de esas de las que quería hablar hace ya mucho tiempo, y no porque me pareciese muy destacable; de hecho el resultado final está muy lejos de tener un estilo formal diferente al de gran parte de la comedia de horror mainstream. Pero es precisamente por eso que en su momento me sorprendió al encontrarme con una película que introdujo un concepto novedoso y mucho mejor llevado a cabo de lo que me esperaba, una idea que recicla uno de los más manidos clichés del cine de terror actual y lo transforma en una película muy divertida y redonda.

Este concepto al que me refiero (para aquellos curiosos que aún no hayan visto la cinta) es un giro a la clásica puesta en escena de otra de esas historias de paletos asesinos acabando con un grupo de guapos jóvenes citadinos, tal como ya ha hecho Deliverance (1972), Las colinas tienen ojos (1977) o la más cercana Wrong Turn (2003), pero con un gancho adicional: ¿que pasaría si estos rústicos asesinos fuesen en realidad personajes inofensivos y bondadosos, y las muertes que se producen a su alrededor no fuesen más que una sarta de terribles accidentes y malentendidos? Y exactamente eso es lo que pasa cuando el intento por parte de Dale de entablar conversación con una jovencita de ciudad da inicio a una historia de falso secuestro en la que los jóvenes visitantes se convierten en el máximo peligro para los dos protagonistas al decidir "rescatar" a su amiga de las garras de aquellos siniestros montañeses. El resultado es, de nuevo, muy divertido, y mayoritariamente inclinado hacia la comedia. De hecho si la comentamos en un blog de cine de terror es únicamente por el concepto y porque la película es generosa en su muestra de violencia, sangre, mutilaciones y desmembramientos varios.

Aunque claro está que el concepto no habría funcionado si no fuera por la manera tan eficiente cómo el elenco maneja el material. En este sentido confieso que el último re-visionado confirmó mi impresión inicial y es que no termina de convencerme la presencia de Alan Tudyk en el papel de Tucker. No porque me parezca malo su trabajo, sino porque tiene el inconveniente de que, para mí al menos, ya resultaba una cara demasiado familiar tras haberlo visto tanto en Firefly como en numerosas comedias durante la década del 2000, lo que tuvo como resultado que me saliera en muchas ocasiones de la película. Por otro lado esto se compensa con Tyler Labine en el papel de Dale, todo un descubrimiento y un actor que borda su personaje de adorable rústico a la perfección, sin caer jamás en lo que hubiera sido el fácil lado grotesco de su papel (no olvidemos que Tucker y Dale son los héroes de la película), además de que la química que comparte con Tudyk es enorme y los dos hacen una pareja cómica más que eficiente. El resto del elenco está muy bien, y desde aquí reivindico a Katrina Bowden como scream queen y a Alan Moss como rastrero y odiable villano de polo y pantalones cortos.

Evidenciados todos estos elogios, la única pega que le encuentro a Tucker and Dale vs Evil es que su formato y estilo de comedia comercial americana le ha pasado factura y ha impedido que se extienda su culto entre los aficionados de un cine de terror más extremo. Después de todo, no hay muchas sorpresas en cuanto al argumento y la cinta hace gala de gran parte de los clichés de comedia romántica que uno se podría esperar en una producción de este tipo. Esta ligereza general en ocasiones choca un poco con el humor negro de algunas secuencias y la insinuación de aspectos un tanto truculentos como la auténtica historia de slasher rural que se oculta detrás de la compra de la canaña de Tucker y Dale. Sin embargo, reconozco que esta es una queja muy subjetiva y personal que tengo. Lo cierto es que después de todo estamos ante una parodia muy bien construida de un género de terror más que explotado. E insisto: al menos es algo original que (hasta donde sé) nunca se había intentado antes por increíble que parezca. Si no la habéis visto hasta ahora, tenéis que darle una oportunidad.

martes, febrero 24, 2015

Reseña # 598: Poltergeist (1982)

Nuestra prolongada ausencia (hecha por motivos personales e ineludibles, he de decir) no es el único de los motivos por los cuales hemos decidido incluir Poltergeist (1982) en la lista de las reseñas especiales de este año; si lo hemos hecho ha sido también porque estamos hablando de un clásico que nos han pedido en muchas ocasiones y uno que todavía da qué hablar más de tres décadas después de su estreno, especialmente ahora que esperamos la salida de su remake actualizado para este verano. Además, de todo el repertorio del director de Tobe Hooper es una de las más polémicas debido a las dudas que siempre salen a relucir acerca de su autoría. Como aquí no queremos ser menos que nadie nosotros también iniciaremos esta reseña especial con un comentario que busca la polémica gratuita pero que al mismo tiempo es algo que hemos podido confirmar con un reciente visionado de esta cinta: a pesar de que se haya publicitado como tal, la de hoy no es realmente una película de terror. Tal como podéis leer: si algo nos debería quedar claro ahora que tanta gente se queja de la posible ligereza del remake del 2015, es bueno recordar que la cinta original de Hooper era en realidad un relato fantástico en el que había fantasmas, sí, pero también un sentido de la maravilla y una admiración hacia lo desconocido más acorde con el espíritu de su productor Steven Spielberg que con las truculencias del director de La matanza de Texas (1974) o La casa de los horrores (1981).

Este último comentario nos da pie a abordar un tema que siempre sale a relucir cuando se habla acerca de esta película: la duda en cuanto a quién fue realmente su director, puesto que si bien oficialmente fue Tobe Hooper quien asumió el mando detrás de las cámaras, es bien conocido por todos que Steven Spielberg estuvo muy involucrado en el proceso creativo hasta el punto que, según muchos dicen, tuvo siempre la última palabra en cuanto a cuál debía ser el tono de una película que siempre vio como un regreso a ese cine fantástico de corte aventurero que había sacado adelante con cintas como Encuentros en la tercera fase (1977), y al que también había vuelto como director con E.T. (1982), estrenada el mismo año. Por si cupieran dudas acerca de esta autoría, hay que recordar que el nombre de Spielberg aparece en pantalla más grande y destacado que el de Hooper, quien finalmente entraría en conflictos legales por este motivo. 

Pero todo eso es historia pasada y, dicha sea la verdad, no demasiado interesante. Es mucho mejor acercarnos a Poltergeist tratando de ver qué es lo que la hace diferente de otras entregas de terror contemporáneas que a pesar de ser mucho más "fuertes" a nivel de sustos no consiguieron dejar una huella tan profunda en el público de su época. De hecho el argumento es en extremo sencillo, y contrariamente a lo que viene siendo la norma en el cine americano de este género, deja muchas cosas sin explicar y otras con una justificación muy vaga en general. Para poner un ejemplo, una película de nuestra época no habría dudado en mostrarnos de forma más explícita el paradero de la niña Carol Anne, quien desaparece misteriosamente a través de una puerta dimensional ubicada en su armario (argumento por cierto que fue sacado casi textualmente de un relato de Richard Matheson, La niña desaparecida, el cual también fue adaptado como un episodio de The Twlight Zone). También es muy curioso (y habrá que ver si el remake lo mantiene) que la historia de la casa anterior a la mudanza de la familia nunca es completamente explorada, y a pesar de que en la película se menciona muy de pasada que existe una entidad maligna que desea a la niña para sí, la naturaleza de esta amenaza nunca es detallada al completo y deja muchas interrogantes abiertas.

Por todos estos motivos, Poltergeist es reivindicable hoy en día como una cinta muy diferente de lo que normalmente ha sido el género de casas embrujadas, el cual sigue casi siempre un mismo esquema de lo sobrenatural relacionado con un crimen del pasado sin resolver. Aquí hay muy poco de eso, y más de un secreto oculto bajo la comodidad burguesa de una clase dominante y acomodada que poco a poco va descubriendo que existe algo más allá de su vida terrena y que no pueden controlar. De hecho, una de las cosas que nos encantó redescubrir de la película es cómo en un principio el hecho sobrenatural no se cuestiona sino que es visto como una revelación fascinante ante la que los personajes reaccionan con genuino interés. Y es que las primeras manifestaciones de los espíritus de la casa son inocentes y es sólo después cuando se van volviendo cada vez más siniestras hasta provocar la desaparición de la niña en la primera mitad y luego mostrar la rabia de esa entidad maligna una vez que la cría le es arrebatada. Muchas películas han intentado imitar esto, así como su estructura episódica de científicos paranormales seguidos por la intervención de la mística interpretada por Zelda Rubinstein (con facilidad el personaje más interesante a pesar de que su intervención es muy limitada), pero muy pocas lo han logrado con efectividad.

El toque Spielberg también se nota a medida que la película avanza y el predominio de los efectos especiales se va haciendo cada vez mayor, notando además una progresión cada vez más compleja que se inicia con sillas y platos flotando pero que desemboca en secuencias ya icónicas como la madre siendo arrastrada por las paredes y el techo de la habitación o la casa que implota en medio de la frustración del espíritu que la domina. Decimos todo esto porque el anuncio de que el remake de este año será estrenado en 3D ha hecho a muchos perder la fe en el resultado final al considerar que el nuevo Poltergeist será quizás excesivo en efectos especiales, cuando lo cierto es que la original no era precisamente sutil y ya desde el principio nos dejaba "ver" a los fantasmas en la forma de entidades hechas de niebla que salían del televisor. En realidad hemos tenido que volver a verla después de más de una década para recordar lo explícita que es y el nulo margen de ambigüedad que maneja en cuanto a la presencia de lo sobrenatural.

Es precisamente ese carácter explícito y la fascinación con lo desconocido, así como cierto toque new age de pseudo-espiritualidad lo que nos mantiene firmes en nuestra sentencia de que Poltergeist no es completamente una película de terror, sino un relato de fantasía familiar con elementos un tanto más oscuros de lo que el cine comercial nos tiene acostumbrados. Es precisamente esto lo que la hace especial, porque como mencionábamos arriba, no existen en la actualidad muchos ejemplos de este tipo de equilibrio llevado a cabo de forma efectiva. Por supuesto, la cinta tendría secuelas y resultó un gran éxito de taquilla a pesar de que la mayoría de los críticos mainstream la recibieron de forma poco entusiasta. En nuestro caso, sigue siendo una de nuestras favoritas, y queremos ya comprobar si la nueva versión le hace justicia. 

miércoles, enero 14, 2015

Reseña: Wolfcop (2014)

Hay que reconocer al menos las ambiciones de una película como Wolfcop (2014), fácil de despreciar en un primer vistazo pero que sin duda funciona (o intenta funcionar) en varios niveles: por un lado es una evidente comedia de horror sin temor alguno a aprovechar sus limitaciones técnicas, sin llegar a ser completamente irónica pero mostrando un entusiasmo muy similar al que durante años tuvo la Troma Films. Pero por otro lado, esta parodia del cine de licántropos funciona también como un intento de emular el género de superhéroes, ya que es sólo después de haber sido mordido cuando el protagonista, un policía corrupto, inepto y alcohólico, consigue convertirse en el justiciero que su comunidad necesita y obtener la fuerza necesaria para derrotar a una banda de criminales. Esta idea la hace al menos mucho más interesante de lo que se puede intuir por su premisa.

En el apartado de terror, por supuesto, hay muy poco, a pesar de que la película tiene marcadas referencias a clásicos del cine licantrópico como El hombre lobo (1941) o Un hombre lobo americano en Londres (1981), y al igual que estas gran parte del metraje transcurre viendo al protagonista adaptarse a su condición de monstruo. Pero como mencionábamos arriba, lo interesante aquí está en la inversión de roles, ya que lejos de convertirlo en un peligro, la transformación del protagonista saca lo mejor de él. Eso sí, a pesar de su tono abiertamente cómico, la película es muy violenta y su carga de subtexto sexual está muy marcada. 

Lo mejor que tiene Wolfcop, sin embargo, es el apartado de comedia. En su mayoría es muy básica, y gran parte de los chistes giran en torno a las bajezas del protagonista tanto antes como después de su transformación, pero tiene momentos muy buenos y tanto el argumento como la ejecución son tan bizarros que la alejan de una comedia convencional. Es conveniente, eso sí, no acercarse con muchas expectativas, ya que ante todo es una película bastante mediana que dista mucho de ser la comedia de licántropos definitiva. De todas formas, la escena después de los créditos promete una secuela que probablemente lleguemos a ver. 

viernes, enero 09, 2015

Reseña: Go Goa Gone (2013)

Vi Go Goa Gone (2013) en un festival sin saber nada de ella, sin haber escuchado nada ni visto ningún trailer, y pensé al principio que sería una comedia de zombis más de las que tanto abundan hoy en día. Al final resultó ser más interesante de lo que creía y hasta puedo decir que tiene un par de detalles que la hacen destacar un poco por encima de sus congéneres, aunque no nos engañemos: gran parte de su atractivo tiene que ver con el disfrute del exotismo de una propuesta realizada en un ambiente que no nos es familiar, algo que la película sabe y con lo que juega intencionalmente. En ese sentido, esta primera producción de zombis del Bollywood mainstream tiene menos en común con piezas de culto como Shaun of the Dead (2004) y más en cambio con Juan de los muertos (2011), aunque no alcance el nivel de estas dos. Lo interesante, eso sí, es que esta producción también sabe hacer una sátira de varios de los lugares comunes que normalmente asociamos con el cine indio, llegando incluso a hacer mofa evidente del en ocasiones absurdo grado de censura que hay en dicha industria.

Lo hace ya desde su premisa inicial: un grupo de amigos acude a una fiesta secreta en una isla cerca de la costa de Goa, donde gran parte de los asistentes han consumido una droga experimental que los convierte en zombis antropófagos. Esta premisa, que por cierto ya se había explotado de forma casi idéntica en la mucho menos destacable Return of the Living Dead: Rave to the Grave (2005), se convierte en un discurso de sátira recurrente sobre las drogas que impregna prácticamente todo el metraje incluso antes de que comience la película en sí: no más comenzar la cinta, asistimos a un momento en que uno de los actores, Sajid Ali Khan, lanza un discurso contra el cigarrillo y habla de su experiencia como fumador, presagiando el momento en que aparecerá un cartel en pantalla advirtiendo sobre los peligros de la adicción cada vez que alguno de los personajes salga bebiendo o fumando. Esta práctica termina obviamente convirtiéndose en un chiste e ironizando sobre el supuesto tono pedagógico de una película llena de tiros, falsos acentos rusos, y por supuesto cadáveres ambulantes que devoran carne humana.

Al final la principal baza que tiene a su favor Go Goa Gone es que con todo y su ligereza es una película muy divertida que tiene algunos momentos muy buenos, como por ejemplo todo lo concerniente a la manera en cómo los zombis son derrotados. Aunque el estilo de comedia que maneja es muy convencional, tiene la ventaja de contar con un elenco muy carismático, no sólo los chicos protagonistas sino también el propio Sajid Ali Khan, quien tiene el que sin duda es el personaje más memorable de la cinta. Esta es una de esas que muy probablemente no va a cambiar la vida de nadie, pero que es sin duda superior a la mayoría de las repetitivas comedias zombífilas que nos hemos tenido que tragar en los últimos años.

martes, enero 06, 2015

Reseña: It Follows (2014)

Destacada en nuestro brevísimo ránking como una de las piezas más memorables del año pasado, It Follows (2014) es una sorpresa por el escaso ruido con el que llegó y el nulo hype que tenía para el momento en que la vi. Confieso aquí mi debilidad particular en el sentido de que esta cinta de David Robert Mitchell toca muchos de los temas que me interesan y sobre todo porque consigue dar una vuelta al subgénero de terror sobrenatural, precisamente aquel que hoy en día sufre la mayor cantidad de entradas genéricas y prescindibles del ya de por sí complicado panorama del cine de horror. Pero también es una película que conoce muy bien su legado y lo muestra abiertamente, como se da a entender a través de muchas de sus peculiaridades técnicas que remiten a otros grandes directores del pasado, siendo quizás John Carpenter uno de los principales y más fácilmente reconocibles.

De Carpenter toma la inspiración para la banda sonora y su preferencia por esa estética abierta que muestra sin embargo el lado tenebroso de una ciudad en decadencia, en este caso la depauperada Detroit. Es allí donde comienza el argumento, cuando una jovencita recibe de su nuevo y misterioso novio una maldición viral de la que nunca llegamos a conocer los orígenes pero cuyo funcionamiento sí que nos queda claro: aquel que se vea afectado por dicha maldición sufrirá el acoso casi constante de un perseguidor, una misteriosa entidad a la que sólo esa persona puede ver y que puede tomar la forma de cualquiera, incluyendo un ser querido. Si ese perseguidor te alcanza, mueres, por lo que debes estar constantemente alerta y en movimiento hasta que tengas la oportunidad de pasar a otro la maldición y agregar así un nuevo eslabón a la cadena.

Puesta así, por escrito, la premisa de It Follows parece absurda, pero precisamente lo mejor que tiene es lo bien que sabe aprovecharla. Ya cuando hablamos de ella anteriormente mencionábamos que el estilo nos había recordado al Shyamalan de antaño, pero no por los finales sorpresas (cosa ausente del todo en esta película ya que, repetimos, el misterio de la maldición nunca es explicado en realidad) sino por la atmósfera de miedo que consigue con elementos muy cotidianos y lo malsano de su ambiente ya desde el principio. No exagero si digo que es, efectivamente, la única película de todo el 2014 que me metió miedo de verdad, y el que lo hiciera con una premisa tan sencilla es para mí el mayor de sus aciertos.

La mayoría de las opiniones que encuentro de esta cinta hacen un paralelismo muy curioso entre la forma como se propaga la maldición y los peligros y consecuencias de la promiscuidad juvenil, y es cierto que gran parte de la amenaza a la que se enfrentan los protagonistas tiene un componente de sexualidad siniestra que en ocasiones resulta muy evidente. Pero esta lectura es simplemente un elemento más a destacar de la que para mí ha sido una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos. Excelente y muy recomendable sin lugar a dudas.

miércoles, diciembre 31, 2014

Brevísimo ránking de horror del 2014

Último día de 2014, y como venimos haciendo desde hace ya varios años, ha llegado la hora de ofrecer un brevísimo ránking con las tres películas de terror que más me han impresionado en los últimos doce meses, aparte de una mención especial elegida por el público lector. Debo confesar que este año he hecho algo de trampa: dos de las tres películas de nuestro podio no han sido reseñadas todavía (aunque estarán entre las primeras reseñas del 2015, eso lo prometo) y tampoco algunas de las que ofrecemos para la votación, pero tengo una excusa, y es que este año mi tiempo ha sido consumido en gran parte por la escritura de una novela. Lo que igual lo compensa es que este 2014 ha sido el año en que más películas de terror he visto desde que abrí este blog hace ya casi una década. Pero bueno, empecemos con la polémica de una vez:

POSICIÓN No. 3

Para la posición número he hemos escogido la comedia de terror neozelandesa What We Do In the Shadows (reseña aquí), desde ya un clásico de esta casa y una obra que merece toda la difusión posible. Algunos estarán en desacuerdo con el hecho de que haya escogido una comedia como una de las más destacables obras del año, pero cualquiera que haya visto este falso documental de cuatro vampiros compartiendo apartamento en el Wellington moderno sabrán que no estamos simplemente ante una comedia chorra sino ante un trabajo que conoce de sobra los mecanismos del cine que parodia y hace con ello una historia entrañable que aguanta perfectamente un revisionado (lo sé, porque lo he podido comprobar yo mismo).

POSICIÓN No. 2

La segunda posición del podio le pertenece a la muy recomendable Starry Eyes (reseña pendiente), un relato de satanismo urbano construido sobre una trama muy sencilla acerca de una chica que hará lo que sea por triunfar en el Hollywood moderno. Esta fue una de las sorpresas que me llevé en la pasada edición del Fantasy Filmfest, quizás porque toca muchos de los temas que me interesan, pero también porque la transformación que sufre el personaje a lo largo de la trama es lo suficientemente retorcida y horrible para que se me haya quedado grabada en la cabeza. Dadle una oportunidad, que no os arrepentiréis.

POSICIÓN No. 1

Y por si acaso no me habíais escuchado hablar de ello antes, para mí la primera posición es sin lugar a dudas para la fantástica It Follows (reseña pendiente) otra de esas surgidas de la nada y que está llamada a convertirse en un clásico del horror viral juvenil. Imaginaos al Shyamalan de sus primeras películas, con un argumento que en papel suena ridículo pero que en pantalla está llevado de forma tan eficiente que te deja hipnotizado. Mención especial para esa banda sonora de evidente inspiración carpenteriana que resalta su tema del Perseguidor y hará que comencemos a mirar a cada rato por encima del hombro. Lo he dicho en otras ocasiones: es la única película de terror que me ha dado realmente miedo este año, y eso para mí es más que suficiente para darle el sitio de honor este 2014. 

MENCIÓN ESPECIAL

Y hablando de sitios de honor, esto sí que estaba cantado casi desde el principio. La nueva sensación del cine de terror australiano, The Babadook (reseña aquí), fue la más votada en la encuesta que poco a poco se va convirtiendo en nuestra tradición de fin de año. De hecho la cinta de Jennifer Kent obtuvo casi un tercio de los votos, con un 32,69% de los lectores de Horas de oscuridad escogiéndola como la película de terror más destacable del año. Motivos no faltan, ya que no solamente mete miedo sino que encima es una cinta inteligente en medio de un género en el que estos trabajos no suelen prodigarse mucho. Personalmente me pareció, sí, una de las mejores del año aunque hubo otras que me marcaron más. Alguien me dijo que esto era principalmente porque no tengo hijos, y como esta persona es más inteligente que yo voy a darle el beneficio de la duda. Nuestro público votante también apoyó a cintas como la americana Oculus (13,46% de los votos) y la británica Under the Skin (11,64%). De la selección que hicimos, Paranormal Activity: The Marked Ones fue la única que no obtuvo ni un solo voto de los lectores.

Y esto ha sido el 2014, amigos míos. Nos vemos en el 2015, cuando este blog cumplirá una década de fundado. Digo yo que habrá que ir planeando algo.



lunes, diciembre 29, 2014

Se acabó el año. Llegó la hora de votar

El año llega a su fin, y como siempre, llegó la hora de elegir aquello que consideremos lo más destacado en cuanto a cine de terror. En dos días tendréis aquí una entrada con las que considero las tres películas que más me han impresionado en este 2014, pero como hemos hecho en anteriores ocasiones, he seleccionado una lista de doce estrenos que han sonado considerablemente por las redes para que vosotros me digáis qué es lo que más os ha gustado. Podéis escoger tres opciones diferentes, y claro está, también podéis agregar a la lista aquello que consideréis debería haber sido incluido (sólo se pide que se haya estrenado en el 2014). 

El próximo 31 de diciembre, los resultados. Por ahora, el enlace.

viernes, diciembre 19, 2014

Reseña: Silent Night, Deadly Night 5 (1991)

La última entrega de la saga original de Silent Night, Deadly Night se estrenó directamente a formato doméstico en 1991, y nuevamente contó con Brian Yuzna detrás de las cámaras, si bien no como director al menos como productor y co-guionista de una cinta que nuevamente tiene muy poco que ver con el resto de la saga en cuanto a tono y argumento, pero que sabe encontrar puntos interesantes dentro de su locura argumental, sus limitados recursos, y su muy evidente ambientación californiana noventera. Tal como ocurrió en la entrega anterior, la mayoría de las opiniones que he encontrado en Internet acerca de Silent Night, Deadly Night 5: The Toy Maker (1991) son negativas, pero honestamente pienso que es un error, ya que con todos sus defectos me sigue pareciendo mucho más interesante que el poco atractivo slasher de la primera entrega.

Esta al menos hace una cosa que su predecesora no hizo: recuperar el tema navideño que se había dejado de lado. Eso no quiere decir que Yuzna y el director Matin Kritosser abandonen por completo la conexión con su trabajo anterior, ya que algunos personajes de la cuarta parte reaparecen aquí en pequeñas aportaciones secundarias. Pero el argumento tampoco esta vez va sobre un Papá Noel asesino, sino sobre unos misteriosos juguetes responsables de la muerte de aquellos desafortunados que los reciben, con lo que esta entrega además aborda al menos parcialmente el ángulo infantil que esta saga nunca antes había explotado. Además, los responsables de esta película han sabido convertir su elenco en toda una provocación al poner como villano a Mickey Rooney, actor inevitablemente asociado al lado más amable de las fiestas decembrinas. En una deliciosa muestra de cómo el pez muere por la boca, Mickey Rooney presta su trabajo a esta secuela a pesar de haber sido él uno de los más fieros instigadores del boicot que hundió a la Silent Night, Deadly Night (1985) original. 

Aunque en su defensa podemos decir que esta quinta entrega es tan diferente que es muy probable que sólo haya sido después del rodaje que se terminara asociando a la saga. Las comparaciones que muchos han buscado con el clásico de Charles Band, The Puppet Master (1989), pero dichas comparaciones son a decir verdad superficiales y basadas únicamente en la cercanía entre Band y Yuzna a través de los años. La verdad es que esta quinta entrega de la saga es, quizás por su temática infantil, un cuento de navidad grotesco pero que sabe combinar muy bien su crueldad infantil con algunas cosas más típicas de un público adulto como por ejemplo la forma en que realza la sexualidad de muchos de los personajes y lo poco desarrollado que está el crío, quien no es el protagonista de la historia sino solamente la víctima.

Es ya para el desenlace donde esta película alcanza su momento más desquiciado con una revelación final que dividirá completamente al público pero que a mí en lo particular me pareció más que coherente con lo que venía tratando la historia hasta entonces, además de que se ve venir si uno presta atención a las muy obvias pistas que te da prácticamente desde el principio. Mi valoración final de la saga de estas películas navideñas puede que no sea del agrado de todos, pero estoy más que convencido de que son las entregas posteriores las más interesantes, fallidas sin duda y menospreciadas por su componente de comedia involuntaria o sus grandes carencias de medios, pero sin duda alguna más ambiciosas en cuanto a su desarrollo y sin miedo a probar cosas descabelladas, algo que la primera entrega (aquella más famosa) no puede decir. Como todos sabéis bien, existe un remake únicamente nominal estrenado en el 2012, pero es tan distinto de todas estas películas que creo que merecerá ser tratado aparte.

miércoles, diciembre 17, 2014

Reseña: Silent Night, Deadly Night 4 (1990)

Aquellos que vengan siguiendo la saga desde sus inicios muy probablemente se sientan defraudados con Silent Night, Deadly Night 4: Initiation (1990), puesto que esta cuarta entrega no sólo rompe con todo tipo de continuidad con las películas anteriores, sino que es a todas luces un producto divorciado por entero de la premisa que han mantenido. A un nivel aún mayor que la entrega anterior, esta cuarta parte no tiene absolutamente nada que ver con la Navidad y las escasas escenas que la vinculan de alguna forma a las típicas fiestas decembrinas se sienten como una imposición forzadísima destinada a hacer de este capítulo una parte de la serie. Pero no todo es malo: esta cuarta parte es también un regreso a cierto margen mínimo de calidad, y a pesar de su locura argumental, vuelve a sentirse como una película de verdad principalmente por el talento que hay tanto delante como detrás de las cámaras.

Para dar fe de ello sólo hay que mencionar el nombre de su director, el inconfundible Brian Yuzna, que nos trae aquí una de sus primeras películas, mostrando varias de sus marcas de estilo que ya había explotado en trabajos como la indispensable Society (1989) o Bride of Re-Animator (1989), que se estrenaron en cines mientras que esta de la que hablamos hoy fue a parar directamente a vídeo. Y si decíamos que tenía poco que ver con las anteriores lo decíamos en serio: basándose en un guión rechazado para la entrega anterior, Silent Night, Deadly Night 4 abandona el terreno slasher del Santa Claus asesino y construye un relato urbano de brujería y satanismo mezclado con un fuerte subtexto lésbico en lo que sin duda es una cinta singular dentro del panorama de principios de los noventa. Su argumento, en el que una joven reportera investiga la extraña muerte de una mujer anónima y termina enfrentándose a una secta de brujas modernas que buscan utilizarla para cumplir un terrible ritual, es también una nada velada explotación del miedo misógino que subyace al poder femenino y a la subyugación del macho alfa.

La película tiene muchos ejemplos de esto que estamos diciendo, tantos que sería muy largo enumerarlos aquí, y si algo sabe hace Yuzna es enredar esta trama con escenas y momentos realmente grotescos que casi siempre tienen como protagonista a la presencia del siempre grande Clint Howard como un vagabundo esclavo de las brujas, eso y un empleo de los preceptos de la Nueva Carne del que Cronenberg y Barker estarían muy orgullosos. Por supuesto que la película tiene sus fallos como un desarrollo muy rápido y un final abrupto en el que la resolución llega simplemente porque sí, pero nunca hay que olvidar que estamos hablando de un final al que hemos llegado por medio de una muestra desvergonzada de sexo orgíastico, lesbianismo satánico y el empleo literal/metafórico de insectos gigantes. 

Brian Yuzna llegaría a depurar más su estilo con el tiempo, pero esta falsa secuela lleva el germen de sus primeros trabajos, que fueron aquellos realmente radicales en cuanto a su particular y retorcida forma de emplear el horror. En esta casa le defendemos a capa y espada como uno de los grandes aunque no siempre haya acertado, pero en esta ocasión lo hace. Silent Night, Deadly Night 4 es una película que probablemente termine alienando a muchos, pero para mí al menos resulta mucho más interesante que la repetición slasher de entregas anteriores y que parece ser el camino que se espera de este tipo de sagas.

domingo, diciembre 14, 2014

Reseña: Silent Night, Deadly Night 3 (1989)

Continuación de la más longeva saga de terror navideño que haya visto, Silent Night Deadly Night 3: Better Watch Out! (1989) fue la primera entrega lanzada directamente en formato doméstico, y su poder de reivindicación del cine basura no nos impide decir que está incluso a la par de la segunda entrega en cuanto a incompetencia a nivel técnico, aunque también por desgracia es mucho menos divertida y carece del encanto especial que aquella entrañable secuela conseguía gracias a sus actores de segunda fila. Esta tercera parte, aún así, es una cinta realmente destacable por lo rara que es y las inexplicables salidas tanto argumentales como técnicas de las que hace gala su director, Monte Hellman, veterano discípulo de Roger Corman, quien fiel a las artes aprendidas de su maestro, se vanagloriaba de haber escrito el guión en una semana y haber rodado, montado y presentado el producto final en apenas un par de meses, cosa que se nota. Mucho.

Esta tercera entrega de la saga es también la última que seguiría el argumento de las dos anteriores al recuperar al asesino de la segunda entrega, Ricky, quien tras haber sido cosido a tiros al final de Silent Night, Deadly Night 2 (1987) ha sido salvado de la muerte gracias a una intervención que le ha puesto en coma y ha dejado su cerebro expuesto y nadando en una especie de domo transparente que le hace parecer un robot salido de alguna ciencia-ficción cutre de los cincuenta. La presentación del asesino en una rarísima secuencia onírica y la presencia del cacharro en la cabeza del antagonista (interpretado esta vez por nuestro querido y en esta ocasión desperdiciado Bill Moseley) son sin duda los primeros elementos extraños de esta secuela, pero sobre todo el aparato que lleva Ricky encima es lo más estrafalario que hemos visto en años y elimina de un plumazo cualquier posibilidad que tenía la película de poder ser tomada en serio, y eso que esta vez no estamos ante una comedia.

En lugar de las risas, esta película trata por el contrario de abordar un ángulo pseudo-científico en el cual el inescrupuloso doctor que ha salvado la vida a Ricky intenta explotar un vínculo telepático que este parece tener con una jovencita ciega con poderes mentales (!!!!) que por lo visto puede meterse en los recuerdos del asesino; esto no sólo permite la explotación del ángulo paranormal de la historia sino que además sirve de excusa para una vez más meter metraje reciclado de la película original, y aunque no lo hace ni de lejos en la proporción empleada en la segunda parte, la cinta sí que parece tener una confusión un tanto extraña en cuanto a la identidad del asesino, como si el guionista no hubiese recordado que Ricky no era el villano de la original. De todas maneras nada de esto importará una vez que la película nos someta a las rarísimas secuencias oníricas de la ciega protagonista, las inexplicables reacciones de los personajes que demuestran una nula dirección de actores, y los momentos inevitablemente risibles que se producen al ver al asesino haciendo autostop en la carretera vestido únicamente con una bata de hospital y (no lo olvidemos) una cabeza medio robótica que por lo visto nadie encuentra rara.

Está claro que Silent Night, Deadly Night 3 (1989) es una película atroz en todos los sentidos, cuyo mayor pecado quizás sea el hecho de que en realidad no tiene el ángulo navideño por ningún lado más allá de estar ambientada en Nochebuena (Ricky nunca se viste de Santa, por ejemplo) pero aún así es una obra tan bizarra que vale la pena ser revisada al menos una vez. Como nota curiosa quisiera destacar que el elenco tiene al menos dos actores de la serie Twin Peaks, y además cuenta con una jovencita Laura Harring en su primer papel no-televisivo, lo que sumado a la rareza general de la película (incluyendo una desconcertante imagen final) la vincula a David Lynch en más de un punto. Tal como decíamos antes, las siguientes partes de la saga serían historias completamente independientes, y esas también caerán en este trío de reseñas navideñas que hemos preparado.