lunes, noviembre 23, 2009

Reseña: Demons 2 (1986)

Escrita, rodada y estrenada a toda prisa tras el éxito de su antecesora, Demons 2 (1986) es una muy buena secuela diseñada exclusivamente para la exacerbación y disfrute de aquellos elementos que hicieron grande la primera entrega. Se dice muy a menudo que, más que continuación, es en realidad un remake encubierto de Demons (1985), lo cual es quedarse corto considerando que el productor Dario Argento y el director Lamberto Bava prácticamente vuelven a hacer la misma película sólo que a través de un enfoque mucho más épico y desmadrado. En realidad, cualquier continuidad con la primera parte se da no en cuanto a anécdota, sino más bien en cuanto a estilo: el Apocalipsis con el que terminaba la primera entrega no parece aquí haberse producido, aunque hay varios guiños que la cinta hace al espectador y que dejan bien clara una intención de superar los preceptos de la primera.
Esta vez la trama ocurre en otra ciudad alemana (específicamente Frankfurt, aunque nunca se llega a mencionar en la película) y la invasión de los demonios tiene lugar esta vez no en un cine sino en un gigantesco edificio de apartamentos que se convierte en una prisión. Los demonios hacen su entrada triunfal en esta ocasión a través de un misterioso programa de televisión en una secuencia surrealista como pocas, en la que Bava demuestra muy bien sus intenciones y, sobre todo, su confianza en las virtudes de una obra que no necesita de segundas lecturas: la escena en la que el primer demonio invade la realidad atravesando literalmente la pantalla del televisor (un momento del que David Cronenberg estaría orgulloso) es sólo eso, no significa nada más.
El hecho de que la trama ocurra en un edificio de apartamentos permite a Bava, entre otras cosas, estructurar la trama esta vez de una manera diferente; mientras que en Demons todo el argumento giraba en torno a un estado de sitio de clara inspiración romeriana, esta secuela extiende su mirada a un gran número de personajes (entre ellos una pequeña Asia Argento adolescente en su debut cinematográfico) situados en apartamentos y estancias diferentes, creando así un montón de pequeñas subtramas o viñetas narrativas sin otra conexión entre sí más que el ataque indiscriminado de los demonios, cuyas filas aumentan a medida que van apoderándose de sus víctimas. Entre estos personajes hay secuencias de auténtica gloria como todo lo concerniente a una clase vespertina de musculación (donde repite uno de los actores de la original, Bobby Rhodes) que termina en una espectacular confrontación en un aparcamiento, o la odisea de una joven mujer embarazada que protagoniza una auténtica batalla campal en su piso. El seguimiento de los personajes es atroz; muchos desaparecen sin dejar rastro y algunas de las subtramas no se cierran, pero eso es porque Bava parece estar demasiado ocupado con el aspecto visual para enfrentarse a nimiedades como una historia coherente: no solamente los trucos estilísticos del primer Demons están aquí exacerbados, sino que, a pesar de que el presupuesto empleado es menor, la producción está mucho mejor cuidada, incluyendo el maquillaje de los demonios, que es auténticamente monstruoso y delirante.
El caos argumental, la estética marcadamente euro-ochentera y la aparente complacencia de Bava en un final feliz hacen que Demons 2 no sea tan universalmente apreciada como la original, pero sigue siendo probablemente una de las secuelas que dan mejor continuidad al espíritu del material en el que se basan y, para mí personalmente, una confirmación más de que el verdadero y más duradero aporte de Dario Argento al cine está en su faceta de productor.

sábado, noviembre 21, 2009

Mujeres-lobo de la tele

Una buena noticia sin duda para el lado televisivo del género de terror es que Universal, a casi dos décadas de su estreno, haya decidido sacar en DVD la serie She-Wolf of London (1990-1991), la cual recuerdo haber seguido religiosamente en su momento y cuya cancelación siempre lamenté. La serie, que por cierto nada tiene que ver con la película de Jean Yarbrough de 1946, es una interesante historia de terror urbano muy típica de su época, en la línea, por cierto, de obras similares como El ansia al mezclar las convenciones del género de terror con el noir y algún que otro toque de erotismo. Sólo duró veinte capítulos, y los últimos seis, de hecho, fueron bastante diferentes del resto de la serie, hasta el punto que llegaron incluso a cambiar el título de esta por Love and Curses.
Por supuesto está de más decir que el auténtico motivo por el cual Universal ha desempolvado esta serie es el de ir preparando el terreno para su ya inminente remake de El hombre-lobo (2010), cuyo estreno ya se cierne sobre nosotros. Pero en fin, no seré quien se queje de esto. A ver si puedo hacerme con la serie pronto para dejaros aquí una escueta reseña relámpago.

jueves, noviembre 19, 2009

Reseña: Deadgirl (2008)

Estética y temáticamente, Deadgirl (2008) pertenece una línea muy particular de películas de terror independientes que nos han llegado desde hace un tiempo y en la que se encuentran otras cintas como Ginger Snaps (2000), May (2002) o la más reciente Grace (2009), las cuales, si bien no cuentan directamente con el apoyo y grandes presupuestos de los estudios, sí que toman riesgos y tienen intenciones discursiva que van más allá del recurso de la caspa. En el caso que hoy nos ocupa hablamos de una película que además demuestra que el subgénero zombi todavía tiene muchas posibilidades de ser explorado más allá de sus encarnaciones más obvias.
Probablemente ya habréis escuchado hablar de ella antes, pero en caso contrario, recapitulemos diciendo que Deadgirl cuenta la historia de un par de parias de instituto y auténticos marginados sociales que un día, tras hacer novillos, encuentran en el sótano de un manicomio abandonado el cuerpo de una bella mujer desnuda que resulta ser una muerta viviente. El origen de la zombi nunca es explicado ni cuestionado (creo que ni siquiera se menciona la palabra "zombi" en todo el metraje), ya que la historia realmente va de cómo estos jóvenes deciden guardar el secreto de la muerta y utilizarla para obtener todo aquello que les está vedado en el mundo real debido a su escasa popularidad. El resultado es una película que, si bien no se olvida de tocar los numerosos puntos comunes de las historias de cadáveres ambulantes, hace un mayor énfasis en la frustración sexual juvenil, algo que nada tiene que ver con necrofilia y sí en cambio con el concepto de mujer-objeto.
Esta última idea se expone sobre todo en el contraste que hay entre el protagonista enamoradizo y obsesionado con la chica guapa del instituto (que, evidentemente, pasa de él por completo) y el personaje de su amigo, un ser con una moral completamente distinta que ve en la mecánica fisiológica del sexo su realización como hombre. Si bien en un principio la película parece dejar en evidencia cual de los dos debe despertar nuestra simpatía, esta idea no queda tan clara más adelante al mostrarnos cómo, en el fondo, el aparentemente inocente amor de Richie por la joven pelirroja que no le corresponde no es más que otra forma más sutil de cosificación. La idea está apoyada no sólo en el guión sino también en las actuaciones; el elenco, en su mayor parte, funciona muy bien. No me convence mucho el protagonista (parecido por cierto a un joven Joaquín Phoenix), principalmente porque es demasiado guapo para resultar creíble como el pobre solitario sin novia, pero sus compañeros de reparto son fenomenales, destacando sobre todo su amigo, cuya evolución de paria a monstruo es grandiosa.
Pero el mayor acierto de casting, sin duda alguna, es la muerta. Tanto a nivel de presencia como de maquillaje y actuación, es una figura inquietante como pocas, bella y a la vez horrible, un engendro ambiguamente monstruoso cuyas escenas componen los mejores momentos de la trama. A pesar de lo sórdido de su argumento, la película es en general muy poco gráfica, pero personalmente no he necesitado ver más de lo que muestra, ya que no es para nada ambigua en su subtexto de depravaciones varias. Esto puede ser un problema si se es el tipo de espectador que desea sentirse identificado con alguno de los personajes ya que, moralmente, aquí ninguno se salva; el enfrentamiento que se da entre los dos protagonistas no es más que la lucha entre dos formas diferentes de posesión (platónica y física) pero que al final llegan a conclusiones similares. Aún así, la cinta tiene grandes momentos y el conflicto va creciendo constantemente hasta llegar a un clímax demencial pero inevitable, así como a un final que, aparte de tener un guiño evidente a otra famosa película de cadáveres reanimados, es perfectamente coherente con el discurso de la película. Deadgirl es, en definitiva, un gran descubrimiento que merece ser visto aunque sea por el hecho de ser una película inusualmente valiente en el panorama actual del cine de terror.

martes, noviembre 17, 2009

Reseña: Jennifer's Body (2009)

Aproximarse de forma desprejuiciada a Jennifer's Body (2009) no es sencillo, ya que se trata, lo sabemos ya, de una película en la que cualquier intención viene estigmatizada por el estrellato tanto de su guionista, Diablo Cody, como de su protagonista y principal reclamo publicitario, Megan Fox. Confieso que yo mismo tenía mis inconvenientes, más por el nombre de la oscarizada guionista, ya que Juno (2007) no es una película que particularmente me haya gustado. Esta, sin embargo, es una cinta muy diferente, y que a pesar de los desaciertos de su campaña publicitaria (que ha conseguido, entre otras cosas, alienar a su potencial público) resulta no tan fácil de despreciar.
Empezaremos diciendo que Jennifer's Body es una comedia de horror, pero no al estilo de muchas que hemos reseñado aquí. Más que construir secuencias de miedo, el interés tanto de Diablo Cody como de la directora Karyn Kusama parece ser el de proyectar una luz paródica sobre una historia que, en el fondo, no deja de ser una reproducción de las fantasías misóginas masculinas, especialmente en lo que se refiere a la figura del Súcubo, una entidad demoníaca de sexo femenino cuya belleza sólo se mantiene devorando (literalmente) a aquellos hombres que seduce. El argumento en este sentido no es una novedad, e incluso me ha remitido a películas bastante recientes como Tamara (2005), la cual por cierto también cuenta con un guionista de relativo renombre, en este caso Jeffrey Reddick.
No es este el único estereotipo femenino del que la película hace gala: por el contrario, la cinta entera hace un repaso por una serie bastante larga de tópicos acerca de las chicas que responden no sólo a un tono de desprecio en la manera como se retrata a Jennifer, quien ya es una arpía manipuladora incluso antes de ser poseída, sino que también se regodea en un subtexto lésbico presentado de forma bastante gratuita y destinado únicamente a despertar un placer vouyerista. La cinta es también abiertamente despreciativa en cuanto a su retrato del mundo masculino: todos los hombres que aparecen aquí son débiles, indefensos o directamente idiotas (espectacular la banda musical responsable de la posesión de Jennifer, uno de los mejores toques cómicos de la cinta al mostrar cómo, de haber una música que se pueda considerar satánica, ciertamente no sería el heavy metal). Todo esto, sin embargo, está hecho de forma intencional y con una gran dosis de ironía que hace a la película mucho más ingeniosa de lo que en principio parece ser.
Es de hecho en el errado marketing donde vienen los problemas, ya que la película fue publicitada como una ligera comedia terrorífica de adolescentes cuando en realidad es mucho más; el humor se manifiesta a través de unos diálogos muy divertidos, cosa que nadie creería al ver cómo el trailer destacaba el peor de todos (she's actually evil, not high-school evil). La sempiterna presencia de Megan Fox en carteles y demás muestras publicitarias también es engañosa ya que si bien la poseída es ella, quien realmente acapara el protagonismo de la película es Amanda Seyfred, que está genial en el papel de la amiga y que, milagrosamente, parece lo bastante joven como para de verdad estar en el instituto. Esto no quiere decir, claro está, que Megan Fox lo haga mal, por el contrario me parece perfecta para el papel y resultaría creíble incluso si se limitara a simplemente leer sus líneas. La suma de estos factores compone lo que para mí ha sido una comedia de horror juvenil bastante acertada, que puede que no llegue a los niveles de películas similares como Hello Mary Lou: Prom Night 2 (1987) o Night of the Demons (1988), pero que no resulta para nada desdeñable.

domingo, noviembre 15, 2009

Reseña: Ju-on: The Curse 2 (2000)

Si bien las primeras partes de cada encarnación de la saga The Grudge tienden a parecerse mucho y tener varios elementos en común entre sí, las secuelas siempre han ido por libre, explorando cada una sus propios argumentos y llevando la historia de Toshio y Kayako a conclusiones bastante distintas. Este es el caso también de Ju-on: The Curse 2 (2000), secuela del telefilme original que dio inicio a la saga creada por Takashi Shimizu y que se estrenó el mismo año. Como su antecesora, esta segunda parte fue hecha para la televisión, pero debido a su éxito también gozó de un breve y limitado paso por los cines de su Japón natal, y con todo y las evidentes prisas para sacarla a la calle, es una muy digna continuación que gustará mucho incluso a aquellos que ya hayan pasado por todas las entregas cinematográficas.
Y es que a pesar del escaso tiempo entre las dos producciones, esta segunda parte resulta más ambiciosa que la anterior al aumentar las dosis de surrealismo presentes no sólo en Ju-on: The Curse (2000) sino también en la obra de Shimizu en general. La película nuevamente maneja varias líneas argumentales y está dividida en segmentos representados en las víctimas de la maldición: el agente inmobiliario que vende la casa, la psíquica de su hermana que le advierte de la presencia de los espíritus, la nueva familia que se muda a la residencia e incluso los policías que investigan la misteriosa desaparición de los anteriores inquilinos. Algunos de los elementos de estas historias serían tratados en encarnaciones posteriores, pero es en esta donde se aprecia una mayor creatividad no sólo en el apartado de las muertes de los personajes sino en las diferentes formas que tiene el horror de manifestarse en la cotidianidad. Impresionante resulta otra vez la capacidad de Shimizu para otorgarnos imágenes inolvidables aún contando con las limitaciones técnicas del vídeo y un recurrente uso de la luz natural.
Estos grandes aciertos a nivel de atmósfera y unos muy sencillos pero ingeniosos trucos de cámara usados por su director (como esa Kayako que se multiplica durante la persecución a una de sus víctimas) hacen que perdonemos algun que otro efecto especial sonrojante, que sin embargo no entorpece para nada nuestra apreciación de la película ni opaca los momentos en los que Shimizu inserta en el mundo moderno los arquetipos fantasmales japoneses del Yōkai y el Yūrei. De hecho, sólo se me ocurre un defecto que atribuirle a la película, y tiene que ver más con las prisas de su proceso de producción: Ju-on: The Curse 2 dura aproximadamente setenta y cinco minutos, de los cuales treinta son metraje reciclado de la película anterior. De no ser por este detalle, estaríamos hablando quizás de la mejor de las secuelas (o segundas partes) que conforman esta peculiar saga. Aún así, los cuarenta y cinco minutos de material original son lo suficientemente terroríficos para hacerla imprescindible para los seguidores de este par de iracundos fantasmas nipones.

viernes, noviembre 13, 2009

Tres pertinentes ejemplos de niños malvados

Habiendo reseñado recientemente La huérfana (2009), ha sido necesario hacer un repaso por la figura de los niños como ente del Mal en la historia del cine de terror. Hay demasiados ejemplos pertinentes, siendo el mayor de ellos El otro (1972), de Robert Mulligan, considerada por muchos el mayor exponente de dicho subgénero. También es una tendencia que a menudo se entremezcla con presencias demoníacas en películas como El exorcista (1973) o La profecía (1976), pero esos son ejemplos de los que hablaremos en su debido momento. Estos tres críos que pongo a continuación son niños que dejaron una fuerte (y negativa) impresión en mí cuando yo mismo era pequeño, y que por algún motivo u otro siempre terminan reapareciendo en mi mente cada vez que hablamos de los más pequeños de la casa como el elemento maligno a destruir.
El primero que quiero mencionar es la pequeña Rhoda Penmark, de la película La mala semilla (1956), auténtico clásico en el sub-género de niños chungos y una que prometo reseñar un día de estos, porque definitivamente merece ser revisitada. Aunque muchos de sus preceptos nos parecerán leves e incluso ridículos para nuestros estándares actuales, fue en su momento una cinta muy polémica al destacar la maldad pura que podía venir de alguien en apariencia tan inocente como una niña. La cinta fue dirigida por Mervyn Leroy, cuyo trabajo más famoso sigue siendo Quo Vadis (1951). En cuanto a la cría, cuya actuación es lo mejor de la película, esta fue interpretada por Patty McCormack, una joven actriz de carrera principalmente televisiva que bordó su papel de demonio de trenzas rubias a la perfección. McCormack, por desgracia, nunca pudo desembarazarse de la fama creada por su personaje, y ha quedado relegada principalmente a la televisión y a un par de series B de terror durante los años noventa.
Otro niño a quien definitivamente le prendería fuego es a Isaac, el líder de la secta de críos de Los chicos del maíz (1984), película basada en el relato homónimo de Stephen King y realizada cuando el autor estaba en la cumbre de su popularidad. La cinta nunca ha sido muy de mi agrado (de hecho, nunca he entendido cómo ha llegado a tener tantas secuelas), pero reconozco que este personaje es uno de los mejores niños malvados que he visto en una película de terror. Aunque claro, parte de esto se explica cuando vemos que, estrictamente hablando, no era un niño: Isaac fue interpretado por el actor John Franklin, quien para la época del rodaje tenía ya veinticuatro años. Su apariencia infantil se debe a una deficiencia glandular congénita que le hace parecer mucho más joven de lo que realmente es. El propio actor ha comentado varias veces que esta condición le ha ayudado a obtener varios papeles, de los cuales este es sin duda el más recordado.
Y finalmente, como no podía ser de otra manera, está Gage Creed, el niño-zombi de El cementerio viviente (1989), una de las más terroríficas películas realizadas a partir de la obra de Stephen King y una que, por desgracia, casi nunca es incluída entre las más destacadas. Este crío asesino proveniente del Más Allá es en verdad acojonante, y la masacre por él desatada sigue siendo una de las secuencias más recordadas de la película, algo que se hace especialmente memorable teniendo en cuenta la corta edad del niño que lo interpretaba, Miko Hughes: para el momento de rodaje tenía solamente dos años de edad, así que podemos asumir que su actuación se debió en gran parte a las artes de la directora Mary Lambert. Lo cierto es que Gage es uno de los ingredientes más recordados de la película, y su pequeño intérprete gozó de una larga carrera como actor infantil durante los noventa, incluso repitiendo en papeles de niño raro en películas como La nueva pesadilla (1994) o Al rojo vivo (1998), thriller protagonizado por Bruce Willis y en la que interpretaba a un niño autista con una predisposición maravillosa hacia los puzzles. Si es que esa mirada vacía era precisamente lo más horrible de su personaje.

miércoles, noviembre 11, 2009

Reseña: La huérfana (2009)

Lo mínimo que puedo decir de la nueva película de Jaume Collet-Serra, La huérfana (2009), es que me ha sorprendido gratamente al mostrarme un muy buen thriller del cual no esperaba realmente nada y que sin embargo ha terminado siendo uno de los más interesantes estrenos de terror que he visto este año. Y ha sido una sorpresa por partida doble al vencer dos de mis más grandes prejuicios como espectador: el primero de ellos contra el sub-género de "niños malvados", manoseado hasta la saciedad y con un mayor número de fracasos que de triunfos, especialmente en esta época, y el segundo al ser una película de la Dark Castle Entertainment, productora de la cual suelo alejarme casi por instinto. Evidentemente, estos son prejuicios que en adelante tendré que cuestionarme.
Lo cierto es que La huérfana es una muy buena película que resulta aún más meritoria al ver cómo el director de La casa de cera (2005) consigue sacar tanto jugo de una premisa muy vista que, sin embargo, está mostrada con un oficio y una efectividad que ya quisieran para sí muchos intentos aparentemente más originales. Su punto de partida, en el que una pareja joven con dos niños (uno de ellos aquejado de un impedimento físico) adopta una pequeña pero brillante y madura niña de origen ruso que termina siendo una psicópata, es sólo una base argumental que muy pronto se ve superada no sólo por el desarrollo (inusualmente siniestro teniendo en consideración su elenco infantil) sino que enlaza perfectamente con un subgénero distinto al de los críos malvados: aquel de los thrillers protagonizados por invasores del ambiente familiar como El padrastro (1987), de Joseph Ruben o la famosa película de Curtis Hanson La mano que mece la cuna (1992).
Otra comparación muy pertinente que se ha hecho ya a la hora de hablar de esta película es El buen hijo (1993), una propuesta similar no tanto en su argumento sino en lo minimalista de su puesta en escena, con casi toda la película transcurriendo en un mismo escenario doméstico y con muy pocos personajes. En el caso de La huérfana esto juega a su favor, ya que la cinta sabe muy bien dosificar el suspense y dejarnos bien claras las intenciones de la niña a través de la manera tan cruel y despiadada con la que despacha a sus adversarios y (sobre todo) con su relación con la pequeña hija sorda, la cual protagoniza algunos de los momentos más angustiantes del metraje y que ha llevado a sonoras críticas en su país de origen acerca de la calidad moral de sus realizadores.
Otra cosa con lo que me ha sorprendido es en el apartado de actuaciones. Vera Farmiga, quien por cierto tuvo un papel similar en Joshua (2007), está particularmente muy bien como la madre a quien nadie cree cuando intenta revelar los despropósitos de su hija adoptada, pero quien realmente destaca por encima de todos es la pequeña Isabelle Fuhrman en el papel de Esther, todo un descubrimiento que sin duda tendrá sus repercusiones. Sinceramente creo que la película no sería ni la mitad de lo efectiva que es si no hubiese sido ella la protagonista, ya que no se limita simplemente a poner cara de mala como ocurre normalmente con las películas de críos malvados, sino que maneja muy bien todos los cambios de su personaje y su contexto de eterna frustración psicótica sin llegar jamás a caer en la caricatura. Atención a la primera escena en la que aparece, en la que literalmente conquista a sus nuevos padres, inciando así un proceso en el cual se apodera de la familia.
Como gran parte de la producción de terror de estos últimos años, La huérfana está rematada con un final sorpresa, que muchos han calificado de acomodaticio y dedicado a apaciguar las conciencias del público. No voy a decir aquí cual es ese final, pero aunque entiendo la lógica que lleva a creer en el supuesto conservadurismo de los realizadores, no me parece que ese sea el caso. Al contrario, dicha revelación resulta no sólo mucho más impactante y desquiciada (por todo lo que acarrea) sino que encima redimensiona por completo todo lo que ha ocurrido antes en la película. Absolutamente recomendable.

lunes, noviembre 09, 2009

Reseña: Species 2 (1998)

La primera entrega de Species (1995) fue, sin duda alguna, una auténtica sorpresa. No tengo que remitiros a la reseña que le hemos dedicado para recordar que, en aquel momento, muy pocos se hubiesen creído que una película con una premisa similar pudiera generar seguimiento alguno. Pero el caso es que lo tuvo, y pocos años después ya teníamos la secuela, Species 2 (1998). En esta ocasión, la película está dirigida por el cineasta de origen húngaro Peter Medak, quien es recordado principalmente por Al final de la escalera (1980), una cinta de estilo diametralmente opuesto a esta de la que hablamos hoy. Porque algo nos tiene que quedar claros: aquellos que hayan disfrutado de la primera Species no pueden dejar de ver esta, ya que, si bien no es tan destacable como la anterior, tiene por otro lado la ventaja de ser mucho más alocada en su premisa y de mostrar un genuino y desprejuiciado orgullo por su condición de serie B, algo muy de agradecer.
Situada poco tiempo después de la original, la película comienza con la tan ansiada llegada del hombre a Marte. Ya en la la primera secuencia vemos la inmensa nave espacial de la NASA cubierta por completo de logos publicitarios, imagen que por sí sola debería darnos una idea muy clara de cual es el auténtico tono de la película. Posteriormente vemos como el primer hombre en posarse sobre la superficie del planeta rojo es infectado por los restos de ADN alienígena de la superficie, por lo que lentamente comenzará a convertirse en un híbrido extraterrestre con un gran apetito sexual por hembras humanas con las cuales reproducirse. Recuerdo que en el momento de su estreno este fue el gimmick que usaron para vender la película: ahora es un hombre el que tiene los poderes alienígenas, y de hecho, la cinta muestra en muchos momentos (demasiados para creer en la casualidad) claras puyas satíricas a la risible cultura del Macho Alfa. La cosa se complica aún más cuando, para atraparle, al gobierno no se le ocurre nada mejor que emplear la conexión telepática que el alienígena tiene con Eve (interpretada por Natasha Hendstrige), un clon de la Sil original que lleva toda su vida encerrada en una jaula de cristal en medio de un laboratorio secreto, rodeada de un personal exclusivamente femenino que la trata como una doncella (de nuevo: hay que estar ciego para no ver cual es el tono de la película).
A pesar de que esta secuela tiene una estética mucho más barata que la original, todos los elementos que hicieron destacable a Species están aquí exacerbados: el subtexto erótico de la primera parte está, de hecho, tan evidenciado que difícilmente podemos seguirlo llamando subtexto. Y a pesar de que en esta ocasión asistimos a un mayor regodeo en el gore, con evidentes guiños a La cosa (1982), la película está basada principalmente en la dinámica de represión/liberación sexual, presente no sólo en el personaje de Eve sino también en el nuevo alienígena malvado, Patrick. En ellos está centrada toda la atención de la película, ya que si bien el elenco contempla el regreso de los actores Marge Heldenberger y Michael Madsen (quien tiene, eso sí, algunas de las mejores líneas de diálogo como "they'll fuck the human race into extinction"), la verdad es que no hacen mucho.
Evidentemente la película no es perfecta: el personaje del tercer astronauta no sirve más que para proporcionar un elemento resolutivo al final, por lo que está el resto de la película reducido a un muy marginal agregado cómico. Asimismo, la imagen de los niños vestidos con sacos de patatas es francamente risible (imagino que la censura no hubiese permitido mostrar niños desnudos), y en muchas ocasiones, incluyendo el clímax final, Madsen y Heldenberger no parecen estar tomándose su papel muy en serio. Pero en general, es una película muy recomendable para aquellos que, como yo, hayan disfrutado de la primera y quieran ver llevado su concepto porno-scifi a un nivel aún mayor que la anterior. Las imágenes finales de los alienígenas, a pesar de la ausencia de H.R. Giger, están muy bien hechas, y la cinta incluye hasta una escena de sexo extraterrestre visualmente muy atractiva y de la cual me hubiese gustado ver más. Por esto y muchas otras razones, Species 2 es una creature feature mucho mejor de lo que parece en su superficie y una que, sobre todo, no tiene miedo ni vergüenza en parodiar su propio contenido erótico en imágenes que incluyen partos explosivos, apéndices violadores y hasta un asesinato por felación. Freud dijo en una ocasión que, a veces, un cigarro es sólo un cigarro. Pero otras veces, un tentáculo es claramente un pene gigante y esta película lo demuestra.

sábado, noviembre 07, 2009

Reseña: El cuervo (1963)

Seguimos aquí repasando el ciclo de ocho películas de Roger Corman sobre la obra de Edgar Allan Poe. En esta ocasión, para la quinta entrega, Corman se sacó de la manga una adaptación de El cuervo, uno de los más famosos textos del autor americano, y que si bien tiene elementos que podrían clasificarse como pertenecientes al relato de terror, ofrece el inconveniente de ser un poema, en el que la anécdota como tal es demasiado sencilla para cualquier género narrativo. Milagrosamente, Corman logra compensar esto bastante bien al hacer de El cuervo (1963) una comedia de corte familiar que rompe por completo no sólo con la obra de Poe sino también con el tono de sus adaptaciones anteriores.
Efectivamentre, la cinta que nos ocupa hoy no es más que una parodia en la que el director y productor, nuevamente contando con Vincent Price como protagonista, juega con el espectador haciéndole creer, al principio de la película, que está a punto de presenciar otra de sus macabras adaptaciones góticas. Todas las constantes del ciclo están aquí: caserón desolado, ambientación siniestra y un viudo emocionalmente devastado por la muerte de la mujer amada. El texto de Poe se mantiene incluso citado de forma literal hasta la aparición del cuervo, que rompe el efecto (y con ello todo el ambiente de la película) al empezar a mantener una conversación con el protagonista haciendo alarde de socarronería y exigiendo un trago de vino. Es a partir de aquí cuando se nos revela el argumento: Erasmus Craven (Vincent Price), un poderoso hechicero del siglo XV, debe ayudar a volver a su forma original al también mago Adolphus Bedlo (Peter Lorre), quien ha sido convertido en cuervo por las oscuras artes de un maligno hechicero conocido como el doctor Scarabus (Boris Karloff, cerca ya del final de su carrera). Los dos entonces deciden viajar al castillo de su enemigo y poner fin a su reino de terror.
Os preguntaréis ahora qué tiene que ver todo esto con Edgar Allan Poe. La respuesta es nada en absoluto. Salvo la mención del poema del autor al principio de la película, en nada se parece esta cinta a la obra del escritor al que pertenece el ciclo. En cambio, es una comedia completamente autoconsciente que gira en torno a una visión bastante inocente de la magia y de los hechiceros, y en la que los estereotipos narrativos están bastante marcados: Price es el héroe racional y cauteloso, Lorre es el bufón y Karloff es un villano caricaturesco que borda su papel gracias a su ya famosa media sonrisa llena de desdén y soberbia. Otros de los momentos cómicos se dan en personajes secundarios como la dominante femme fatale y segundona del villano, interpretada aquí por Hazel Court, o incluso la imprescindible pareja de jóvenes enamorados; y sí, aquí vemos a un jovencísimo Jack Nicholson que repite bajo la dirección de Corman tras protagonizar La pequeña tienda de los horrores (1960).
El desarrollo de la película es bastante ligero e inofensivo, y a pesar de que en ocasiones llega a hacerse tedioso (sobre todo cuando se aleja de la historia de rivalidad entre sus personajes principales), sólo el clímax final, en el que Craven y Scarabus se enfrentan en un duelo de magia digno de los mejores tiempos de la Disney, es lo suficientemente divertido para justificar todo el resto de la película. Tener esto en cuenta antes de acercaros a El cuervo y abandonad, eso sí, cualquier intención de ver una adaptación fiel de Poe o siquiera un relato de terror. Para eso tendremos que esperar a entradas posteriores de este particular ciclo. Sin embargo, aceptándola como lo que es y lo que pretende ser, estamos ante una muy divertida y curiosa obra menor de Corman. Al igual que en el ejemplo anterior de Historias de terror (1962), lo que hace realmente destacable a la película es el trabajo de los actores protagonistas, tres grandes personalidades del cine de miedo que elevan la categoría de cualquier obra en la que se apersonan.

jueves, noviembre 05, 2009

La inútil lista de la década: el 2008

Siguiendo (cerrando, más bien) con nuestra inútil lista de la década, llegamos al 2008, un año en el que, ciertamente, no nos faltaron las buenas películas. Personalmente ha sido difícil elegir tres que destacar por encima de los demás, pero estaba seguro de que una de ellas sería Déjame entrar (reseña aquí), la cinta sueca de vampiros que, si bien es del 2008, no se estrenó comercialmente en España hasta abril del 2009 (razón por la cual esta lista puede confundir un poco a la hora de cerrar con lo mejor del presente año en las carteleras). Las razones ya las hemos discutido bastante, y creo que será mejor pasar por la reseña en sí para comentarlas. Por cierto, discusiones como la que se formó en dicho texto fueron el motivo que me llevó a eliminar las sentencias para siempre.
Las otras dos destacables para mí fueron Trick 'r Treat (reseña aquí), de Michael Dougherty, y Deadgirl, del dúo de directores Marcel Sarmiento y Gari Hadel. La primera es, ya lo sabéis de sobra, una cinta de antología que recupera una forma de hacer cine de terror que muchos creíamos ya extinta, mientras que la segunda es, por el contrario, una película atrevida (en el buen sentido de la palabra) que disfraza su argumento usando la máscara de lo zombi para arrojar una mirada hacia las miserias de la frustración sexual en el mundo adolescente. Ambas son películas altamente recomendables, y prometo que la reseña de la segunda viene dentro de muy poco.
Por fortuna este año las nominadas también fueron varias. Teniendo en cuenta que hay muchos estrenos del 2008 que aún me faltan por ver y que (probablemente) podrían estar en este listado, recomiendo echar un vistazo a cintas como Cloverfield (reseña aquí), Las ruinas (reseña aquí) y la francesa Martyrs. Las dos primeras destacables películas de monstruos y la tercera la última incursión del cineasta francés Pascal Laugier cuyas auténticas virtudes quedaron ocultas por una polémica, hay que decirlo, un tanto exagerada. De esta última también está la reseña por caer. También sería conveniente pasarse por cintas como la muy recomendable El incidente (reseña aquí), de M. Night Shyamalan, o la más modesta Los extraños (reseña aquí), que a pesar de su falta de originalidad es una muy buena experiencia terrorífica que me dejó positivamente impresionado.
Por cierto, aprovecho para comentar que no habrá inútil lista del 2009 ya que el brevísimo ránking de horror de este año se encargará de cubrirlo. Entretanto, podéis echarme una mano y sugerir otras películas de horror del 2008 que se me pudieran haber quedado en el tintero y que merezcan la pena para la construcción de esta selección apresurada de la década que está por terminar.