lunes, octubre 20, 2014

Reseña: Book of Shadows: Blair Witch 2 (2000)

Vista después de muchos años y con una nueva perspectiva que me ayuda a apreciarla más de lo que lo hice en su momento, Book of Shadows: Blair Witch 2 (2000) sigue sin parecerme buena, pero fueron tantos los detalles que me resultaron destacables que supe que la idea de reencontrarme con esta cutre-secuela había sido algo por lo menos productivo. Si estás leyendo esto muy probablemente la hayas visto ya y tengas una opinión formada sobre la decepción que resultó, pero hay que tener en cuenta por encima de todas las cosas que esto fue una continuación que salió apenas un año después, una secuela por encargo hecha por otro director con la que el estudio intentó aprovechar la popularidad de The Blair Witch Project (1999), cuyo éxito nadie se esperaba.

Muy en concordancia con ese estilo autorreferencial tan "noventas" que Scream (1996) puso de moda, esta segunda entrega hace un juego meta-narrativo con la primera en el que un grupo de jóvenes decide visitar las locaciones reales de la primera Blair Witch y descubren (por supuesto) que aquello era más que una obra de ficción. No es este el único estereotipo noventero que hay ya que la estética es muy de esa época y algunos lugares comunes (la chica Wiccan, el porreta protagonista y la chica gótica) tienen un carácter bastante arbitrario que sólo se explica porque eran cosas que en aquel momento se veían mucho en la cultura popular.

Es aquí donde viene el primer problema de esta secuela en su franca indecisión a la hora de tomar el camino de una cinta de terror tradicional o por el contrario continuar el juego de realismo documental de la primera entrega. La verdad es que va tanteando ambos; a pesar de que la película todavía aborda el tema del vídeo como forma de expresión y de cómo el ojo de la cámara es capaz de alterar o realzar la realidad, al mismo tiempo se abandona el formato de metraje hallado en favor de una perspectiva omnisciente de toda la vida con guión y actores, a pesar de que al principio engaña y hace creer que estamos por ver una nueva entrega de estilo documental. Asimismo, sólo esta primera parte está ambientada en el bosque; el grueso de la película tiene lugar en una fábrica abandonada donde uno de los protagonistas tiene su casa y donde el grupo tendrá que lidiar con la maldición que han traído de su paseo.

Lo cierto es que la cinta tiene buenas ideas y cosas que no se encuentran normalmente en una película de terror al uso tales como su estructura de desorden temporal y el juego constante que hace con la posibilidad de que lo que estamos viendo no sea real, algo que consigue meterte de lleno en el argumento. Por desgracia muchas de estas ideas no se desarrollan y algunos de los aspectos más interesantes de los personajes (el don telepático de la chica gótica, el pasado de enfermedad mental del protagonista o las supuestas facultades de bruja de la pelirroja) no parecen al final tener ninguna importancia o consecuencia para la trama. A ratos el argumento parece ir de aquí para allá sin una dirección real, y muchas de las decisiones de los personajes parecen arbitrarias y tienen sentido únicamente en el contexto de una trama que necesita avanzar a como de lugar. Es esto lo que al final terminó causando que desconectara, eso y los ocasionales sustos baratos producto de ciertas apariciones fantasmales que no parecían venir al caso. Tampoco esperéis que profundice en aspectos de la mitología de la primera película porque casi no hay nada de eso.

Leí en alguna parte que las apariciones de fantasmas y demás elementos más convencionales de esta secuela fueron una imposición del estudio que quería una película de terror más "normal" y menos ambigua, algo que no fue del agrado de su director. Lo que no he leído en ningún lado es por qué la cinta lleva el título de Book of Shadows, ya que en ningún momento se hace mención de libro alguno, siendo por el contrario las cintas de vídeo el principal elemento narrativo que se muestra. Ese es el misterio que me encantaría resolver.

domingo, octubre 05, 2014

Reseña: The Green Inferno (2013)

Una de las cintas más esperadas por mí durante meses fue el nuevo trabajo de Eli Roth, The Green Inferno (2013), la cual luego de rodar por varios festivales durante casi dos años, ha terminado por tener un estreno muy modesto en varios países del mundo... excepto en los Estados Unidos, donde muy probablemente pasará a engrosar las filas de los productos directamente a formato doméstico. Cuesta entender por qué esta cinta ha pasado sin pena ni gloria, pero lo cierto es que ha terminado por ser algo muy distinto de lo que esperaba, o al menos algo muy diferente a la idea preconcebida que algunos (me incluyo) tenían en cuanto a los referentes del nuevo trabajo de Roth y su entrada de lleno en la explotación del subgénero caníbal, favorito entre los cineastas europeos a los que este director constantemente cita.

Lo cierto es que The Green Inferno tiene muy poco que ver con aquellas viejas glorias del cine caníbal como The Last Cannibal World (1977), Cannibal Ferox (1981) y por supuesto Cannibal Holocaust (1980), a la que hay varias referencias directas empezando por el hecho de que Roth toma para su película el título provisional que Ruggero Deodato quería para la suya. Sin embargo, no vamos a encontrar en la cinta de Roth casi nada de la brutalidad o el crudo realismo (a veces involuntario) de aquellas explotaciones italianas; por el contrario, el bueno de Eli parece estar mucho más interesado en continuar con su mirada a los peligros de tierras lejanas que ya había explorado en Hostel (2005) y Hostel 2 (2007). Si acaso, The Green Inferno puede ser considerada sin duda como la verdadera tercera parte de la saga Hostel ya que aquí se repite prácticamente la misma estructura de jóvenes primermundistas que son atraídos de forma engañosa a una tierra exótica y peligrosa donde terminarán siendo pasto para los locales. La principal diferencia es que ahora se trata de la selva amazónica en vez de los países del antiguo bloque comunista, y que esta vez la carnada no es la promesa de sexo fácil sino la gratificación que da un altruismo ególatra y burgués. 

Esto es básicamente el argumento, y aquellos que esperaban una película cruda y sangrienta que se explaya en el sufrimiento de sus personajes van a quedar bastante decepcionados; a pesar de que hay sangre y violencia a raudales, lo que predomina en la película es una carga de humor en ocasiones bastante negro pero que inevitablemente termina aligerando la propuesta y haciéndola significativamente más light que sus antecesoras a las que mira con reverencia. Roth tiene a su favor el rodar en locaciones reales y con un nutrido grupo de extras de etnias indígenas, pero el truco queda revelado gracias a la calidad digital de su imagen y a unos decorados en ocasiones muy evidentes, aparte de que queda terriblemente claro cuáles de los miembros de la tribu son actores disfrazados y cuáles no. Esto rompe un poco la ilusión de lo que estamos viendo y nos recuerda que estamos ante una película que sigue la estela de Hostel pero que resulta mucho más suave. 

Por supuesto no todo son decepciones; ese humor que Roth se gasta es, como siempre, muy bueno, y la película mete unas puyas muy acertadas a esa indecisión vital que a veces se confunde con verdadera filantropía, así como los peligros de unas buenas intenciones que se quedan en la superficie. Aquellos que hayan visto las dos entregas de Hostel sabrán anticipar varios de los giros argumentales de la película (que se dan idénticos, creedme) pero estamos ante un trabajo lo bastante bueno como para que valga la pena y me parezca inexplicable este ninguneo que está teniendo en su país de origen. Una cosa es segura: el amor de Roth hacia el cine de caníbales es genuino, hasta el punto de que los créditos finales nos ofrecen una larga lista de clásicos de este subgénero que habrá que revisar. Esta, por desgracia, es mucho más ligera que todas ellas, pero su gloriosa imagen final me dejó muy claro a mí cuales eran las verdaderas intenciones de su director, y con eso me basta.

sábado, octubre 04, 2014

Reseña: La mosca (1958)

Al igual que la inmensa mayoría de la gente, la única versión de La mosca (1958) que conocí fue el remake de 1986 dirigido por David Cronenberg. Pasaron muchos años antes de que supiese siquiera que existía una versión anterior, y una vez que lo supe la desprecié durante mucho tiempo pensando que se trataba de una casposa serie B de sci-fi raruna con monstruos de látex y mujeres gritando de horror. Resulta que estaba muy equivocado: si bien es cierto que estos elementos y lugares comunes están presentes, la versión original de La mosca es una película mucho más seria de lo que parece y una que fue además un colosal éxito que se vio eclipsado por un par de secuelas menores y un remake de autor que se convirtió en una película de culto que proyectó una larga sombra sobre su antecesora. Aunque sigo prefiriendo la versión de Cronenberg, esta tiene muchos detalles que valen la pena, y aquí intentaremos traerlos a la luz una vez más.

El argumento de ambas películas es muy similar, sólo que en esta primera versión tenemos un acercamiento un tanto más doméstico: un científico padre de familia que inventa una cabina de teletransportación y sufre un terrible accidente que lo convierte en un espantoso hombre mosca. Hasta aquí todo normal, pero la película aborda esta temática con ciertos elementos poco usuales en una obra de esta época o incluso hoy en día; es muy curioso que la película comienza con el protagonista ya muerto y la esposa (acusada de su asesinato, además) relatando a su cuñado y a la policía lo ocurrido. También es inusual el hecho de que nunca vemos el momento en que el protagonista sufre su transformación, y el aspecto del hombre-mosca no es revelado hasta casi llegado al final. Sólo estos detalles ya deberían echar por tierra el falso recuerdo que muchos tienen de esta película como una muestra de terror barato.

De hecho, gran parte del componente terrorífico de la película no viene por efectos gore ni por ataques indiscriminados del hombre-mosca (algo que nunca ocurre, a decir verdad) sino por el misterio de la teletransportación y la terrible frustración del científico ante la progresiva pérdida de su humanidad. Las escenas de la esposa intentando atrapar a la otra criatura que ha escapado de la cabina de teletransportación (una mosca con cabeza humana) podrían haber sido ridículas y sin embargo están tratadas con una seriedad que funciona y hubiese sido impensable en otro contexto. Y es que una de las mayores virtudes de esta película es esos momentos genuinamente siniestros entre los que destaca esa perturbadora escena final que no revelaré aquí pero que sin duda muchos conocen porque ha pasado a formar parte del imaginario clásico en torno al cine de terror de los cincuenta. 

Mis prejuicios me mantuvieron alejado durante muchos años de la versión original de La mosca pero esto no tiene que pasaros a vosotros, independientemente de la apreciación que tengáis por el remake de Cronenberg. Este además es lo suficientemente distinto para ser otra película con una sensibilidad y unos objetivos muy diferentes y más cercanos a ese terror sutil que se mete bajo la piel aunque sea por esa última escena a la que nos referimos arriba. El motivo quizás por el que muchos tienen el falso recuerdo de esta película como una serie B cutre viene quizás porque se confunde con su secuela, El regreso de la mosca (1959), una película de presupuesto y calidad mucho menores que curiosamente es en blanco y negro cuando su antecesora es en color. A esa también llegaremos en su momento.

domingo, septiembre 28, 2014

Reseña: La reina de los condenados (2002)

Todo aquel que haya sido adolescente en los noventa sin duda conocerá Entrevista con el vampiro (1994), de Neil Jordan. Esta película no sólo fue un gran éxito sino que revivió el interés por el best-seller de Anne Rice y marcó el inicio de una visión idealizada de los vampiros que hizo pasar a estos de ser monstruos a figuras románticas (siempre defenderé, por ejemplo, que fue Anne Rice y no Stephanie Meyer quien más contribuyó quitar a los vampiros su carácter terrorífico). El caso es que su descomunal éxito ameritaba una secuela que se quedó varios años en el limbo debido en parte a la negativa de sus estrellas principales de regresar a sus papeles. Pero la Warner tenía que darse prisa si no quería perder los derechos de adaptación de la saga de Anne Rice, así que cocinó rápidamente una continuación sin involucrar a nadie del equipo original. El resultado fue La reina de los condenados (2002).

Las prisas a las que nos referimos arriba tuvieron la triste consecuencia de un guión atropellado que mezclaba de forma chapucera el segundo y tercer libro de las Crónicas vampíricas en una única película de poco más de hora y media, una película que inevitablemente se siente incompleta y hecha con los pies, tanto así que incluso se cuida de no hacer ninguna referencia directa a Entrevista con el vampiro pero al mismo tiempo no puede dejar de depender de esta a la hora de establecer un personaje como Lestat, quien ocupa aquí el protagonismo absoluto y de una forma muy poco aprovechada. De hecho, gran parte del motivo por el cual esta película no funciona tiene que ver con el trabajo de sus actores principales, especialmente Stuart Townsed, que interpreta un Lestat completamente distinto al que hiciera en su momento Tom Cruise (es directamente otro personaje) y ya desde el momento en que dice su primera línea sabes que esto va a acabar mal.

Poco queda de aquel vampiro legendario y seductor de la primera entrega; el nuevo Lestat muestra por el contrario una actitud de arrogante niñato "oscuro" que puede que vaya acorde con ciertos estereotipos de principios de los 2000 pero que tira por tierra la película nada más comenzar. Algo muy similar ocurre con la cantante Aaliyah, quien sólo se salva porque su personaje aparece poco durante la película. Sin embargo, cada vez que hablaba tiraba la escena abajo. Supongo que esta desastrosa elección de casting tendrá mucho que ver con los intentos por parte del estudio de hacer una película más comercial dándole un elenco de actores jóvenes (Aaliyah era para entonces una estrella musical en alza y tenía poco más de 21 años cuando la película se rodó).

En cuanto al argumento, poco hay qué decir. Las dos novelas en las que se basa tienen cosas interesantes que conforman un atractivo universo de ficción de la autora Anne Rice, pero todos estos detalles están tremendamente desaprovechados aquí: ese Gran Matriarcado que es el tema principal de la trama, el verdadero origen de Lestat, personajes otrora atractivos como Marius, Pandora o Armand (estos dos últimos sólo identificables gracias a los créditos finales), la agrupación de la Talamasca o incluso el verdadero origen de la propia reina de los vampiros, una historia a la que se le pasa por encima a pesar de que se supone que es de gran importancia.

Muy previsiblemente, La reina de los condenados fue un fracaso total tanto de taquilla como de crítica, y hoy es tristemente recordada sólo por ser la última aparición en cine de su estrella principal Aaliyah, que murió en un accidente de aviación poco después de finalizar el rodaje. Había pasado todo este tiempo sin verla y he podido comprobar que el tiempo no le ha hecho ningún favor a su estética esterotipada y sus muy pobres escenas de acción. Mi consejo es que si queréis ver algo de vampiros, es mucho más recomendable acercarse a Blade 2 (2002), de Guillermo del Toro, una película superior en todos los aspectos y que casualmente se estrenó más o menos por la misma época. Ahora que todo tiene por fuerza que ser rescatado para el cine comercial, he leído que volverán a rodar Entrevista con el vampiro en un intento de llevar al cine toda la saga de Anne Rice. Honestamente, me da mucha pereza.

lunes, septiembre 22, 2014

Las 10 mejores del Fantasy Filmfest 2014

Cada año, en Berlín, tengo la oportunidad de pasarme por el Fantasy Fimfest y así echar un vistazo a varios productos que por lo general nunca vería en salas de una ciudad como esta tan poco dada al género de horror. Este año además tuve la suerte de contar con un pase de temporada que me permitió tragarme 60 largometrajes en 12 días. Con esto quiero decir que finalmente he podido traeros una selección de mis diez películas de horror favoritas de este festival, muchas de las cuales por supuesto jamás veremos en una sala comercial, aunque no por eso dejaremos de reseñarlas llegado el momento.

Y ahora, sin perder más tiempo, pasemos a enumerar las diez películas de terror (o terror/comedia) que más llamaron mi atención durante el festival. Por supuesto de sobra sabéis que podéis revisar mis comentarios sobre todas las películas del Fantasy Filmfest 2014 en esta lista de Letterboxd.

10. La casa del fin de los tiempos (2013, Alejandro Hidalgo)

Publicitada como la primera película de terror del cine venezolano, una afirmación un tanto arriesgada no sólo por la posible existencia de obras anteriores sino porque en el fondo (mejor decirlo de antemano) esta no es exactamente una película de terror sino un thriller fantástico en el que la sensación de miedo sirve de tapadera a un discurso más acorde con ejemplos que hemos visto del universo cinéfilo de Guillermo del Toro. Los paralelismos con otras obras son inevitables pero sus influencias están muy bien integradas a una película mucho más inteligente y medida de lo que en un principio parece. Dentro del esquema de cine hecho en Venezuela, me sorprendió además la naturalidad de las actuaciones, sobre todo Rudy Rodríguez, de quien no me esperaba un trabajo así. Muy recomendable, y desde ya deseando que haya muchas más como esta.

9. Life After Beth (2014, Jeff Baena)

Ningún festival por lo visto está completo sin una comedia zombi, y Life After Beth es la que llena el cupo este año. No tenía muchas esperanzas antes de entrar pero al final me encontré con una historia muy divertida que por momentos se vuelve muy macabra. Dos cosas a destacar: la primera de ellas el casi nulo énfasis que la película hace en el Apocalipsis zombi en favor del "drama" entre los dos protagonistas, y por otro lado la nada sutil metáfora que construye acerca de lo difícil que resulta no sólo asumir la pérdida del ser amado sino también salir del círculo vicioso de una relación autodestructiva. El elenco además está muy bien, sobre todo John C. Reilly en el papel del padre de Beth.

8. Suburban Gothic (2014, Richard Bates Jr.)

El mismo director de Excision (2012) se aventura en un trabajo situado en las antípodas de su anterior película, pero no importa porque estamos ante una de esas comedias de terror destinadas a encontrar un público devoto debido a sus diálogos y sobre todo por un elenco en estado de gracia, destacando especialmente el protagonista  Matthew Gray Gubler y un Ray Wise que ilumina la pantalla cada vez que aparece. Es bastante parca en componentes de terror, pero su manejo de los clichés de casas embrujadas mezclados con su comentario acerca de la supuesta falta de dirección de la generación del nuevo milenio me la terminaron de vender. 

7. Faults (2014, Riley Stearns)

Lo máximo que puedo decir sobre Faults es que es una película acerca del poder de las sectas en las que misteriosamente nunca vemos a la secta en cuestión. Es también una película poco común que en Wikipedia aparece clasificada como "drama" a pesar de sus evidentes concesiones al horror metafísico. Lo curioso, además, es que la cinta comienza como una comedia y se va haciendo progresivamente más siniestra a medida que nos adentramos en la vida de su personaje central, una bellísima Mary Elizabeth Winstead que aguanta el tipo en una historia hecha principalmente a base de diálogos entre dos personajes. Muy recomendable sin duda.

6. The Babadook (2014, Jennifer Kent)

La principal referencia de esta cinta australiana es evidente: hay un intento marcado por seguir los pasos de Insidious (2010), a la que se asemeja en su tratamiento de los miedos infantiles, su estética y su desenlace descabellado. Pero por encima de todo dejo constancia de que el argumento es muy bueno y la desesperación de la madre cuidando de su hijo poblemático es creíble. De verdad entré a ella pensando que vería la típica cinta de horror con niños y salí impresionado por algunos momentos de gran crueldad impensables en un trabajo mainstream.

5. Honeymoon (2014, Leigh Janiak)

Al principio engaña por su premisa típica y por su elenco televisivo, y a pesar de que se toma un buen rato para empezar su trama de horror, todo el giro que da me ha dejado genuinamente perturbado y con una sensación de la que autores como David Cronenberg estarían orgullosos. Tampoco me deja de sorprender el que la película consiga sostenerse con un elenco tan pequeño en el que apenas dos personajes tengan la casi totalidad de los diálogos. Aunque la historia en sí es algo que hemos visto muchas veces, la forma tan poco convencional en la que está contada hace de esta una de las indispensables del año.

4. Under the Skin (2013, Jonathan Glazer)

Engaña por momentos puesto que a pesar de la presencia de Scarlet Johansson y su premisa de serie B calenturienta, se trata quizás de la película menos comercial de Jonathan Glazer hasta la fecha. Pero lo que la hace quizás menos accesible son cosas como la estética y el ritmo, porque el argumento es muy sencillo y fácil de seguir. Posee algunas imágenes que se quedan en tu cabeza mucho después de que la proyección acaba, y es refrescante encontrarse con una película que no intenta explicarlo todo sino que te deja intuir aquello que está pasando. Es una que tengo pendiente volver a ver apenas tenga la oportunidad.

3. Starry Eyes (2014, Kevin Kölsch/Dennis Widmyer)

Para mí una de las mayores sorpresas del festival al no venir precedida de comentarios de ningún tipo, y desde ya una de las mejores del año. Una historia de ambición ambientada en el poco glamuroso Hollywood actual con unas connotaciones polanskianas muy evidentes pero también muy bien integradas, y con un final tan retorcido que hizo de esta otra de esas que tengo que visitar nuevamente. Por lo visto ha tenido una muy buena recepción en todos los festivales donde se ha presentado, así que no descarto que la veamos en salas algún día.

2. It Follows (2014, David Robert Mitchell)

A pesar de que no la he puesto en la primera posición, esta es probablemente la única película de terror que me ha dado realmente miedo este año. Se trata de una de esas historias de terror viral, de una maldición que se propaga de persona a persona y que gira alrededor del arquetipo del Perseguidor de una forma muy sutil pero perturbadora de verdad. Puesta en papel la premisa es absurda, pero la película la lleva a cabo de forma muy efectiva y a pesar de que sus imágenes publicitarias parecen mostrar lo contrario, la cinta está rodada de una forma muy poco convencional, con una banda sonora digna de John Carpenter y una atmósfera que recuerda al Shyamalan de antaño. Todavía no tiene fecha de estreno y ni siquiera han sacado un trailer, pero si tienen la oportunidad de hacerlo véanla porque me ha dejado muy jodido.

1. What We Do In The Shadows (2014, Jemaine Clement/Taika Waititi)

Mi favorita del festival, esta comedia de horror neozelandesa de los creadores de Flight of the Concords está llamada a convertirse en un exitazo gracias a su divertida premisa de falso documental acerca de cuatro vampiros que comparten un piso en el Wellington moderno. Muy rica en detalles y con una precisión cómica en la que cada miembro del elenco brilla en sus respectivos personajes, la película sabe además jugar con la mitología no sólo de los vampiros sino también de otras criaturas del imaginario de horror. Está por lo visto arrasando allí donde va, así que muy probablemente la tengamos en salas comerciales, y si es así hay que ir de cabeza porque vale la pena.

martes, septiembre 16, 2014

Reseña: Dead Snow 2 (2014)

Tras una no muy destacable entrada hollywoodense, Tommy Wirkola vuelve a Noruega a revisitar sus orígenes y lanza la que para mí ha sido una de las mejores comedias de horror de este año. Esto es un logro nada desdeñable teniendo en cuenta que a mí, en lo personal, nunca me entusiasmó tanto la Dead Snow (2009) original, pero esta secuela hecha a lo bestia me ha parecido no solamente superior sino directamente una muy buena película que encantará no sólo a aquellos que hayan disfrutado de la original sino también a un público más escéptico.

El motivo por el cual funciona es muy sencillo: como sin duda recordaréis, la primera película basaba todo su éxito en su premisa de zombis nazis y en su secuencia final completamente desatada en la que la violencia se mezclaba con un sentido del humor muy negro. Esta segunda parte es por completo así; de hecho transcurre inmediatamente después de la primera, con nuestro héroe y único superviviente siendo trasladado a urgencias, donde accidentalmente terminan injertándole una mano zombi con superpoderes que será clave a la hora de derrotar nuevamente a las huestes de cadáveres nacional-socialistas. De entrada se puede ver que la premisa no sólo es completamente cómica sino que además juega con estructuras más típicas del cómic de superhéroes, incluyendo un némesis: el líder de los zombis nazis que a su vez se ha injertado la mano humana del protagonista y se dispone a terminar su misión de conquista y masacre.

Todos estos elementos le dan a la película un aire más fantástico y la despojan de los pocos elementos de terror que tenía la original. Lo bueno es que el propio Wirkola se encarga de compensar esto aumentando las dosis de humor hasta lo imposible ya desde el principio, así como superando el gore de la primera parte y llegando a hacer gala de una comedia muy grotesca que en mi opinión deja en pañales a la original. Quizás todo esto hace que a su director se le termine pasando la mano y abandone la película a una muy caótica escena final con el enfrentamiento entre dos ejércitos zombi y un tanque fuera de control, pero aún así resulta muy revelador comparar este trabajo con su reciente entrada en Hollywood para darse cuenta de la enorme distancia entre ambos trabajos.

Llegados a este punto ignoro si tendremos la oportunidad de ver Dead Snow 2: Red vs Dead (2014) en la cartelera comercial, pero de hacerlo sería un exitazo seguro. Fácilmente de las que más me han gustado este año, y una seria competidora para mis favoritas del 2014.

domingo, agosto 17, 2014

Reseña: Survival of the Dead (2009)

Tras cinco años evitando hacerlo, finalmente ha caído en mis manos Survival of the Dead (2009), última película de George Romero y la más reciente entrega de su larga saga de zombis. Fueron las mayoritarias críticas negativas las que en su momento me impidieron acercarme a ella, por lo que mis expectativas ya de por sí iban bajas. Por desgracia, todas las advertencias que había tenido están más que justificadas; Survival of the Dead es sin duda la peor de todas las entregas de la saga romeriana de muertos vivientes, y no sólo eso sino que su fracaso taquillero (inédito, por cierto, en una saga que hasta la fecha había siempre dado dividendos) muy probablemente haya terminado por ser el beso de la muerte para la carrera de un director que, al igual que otras viejas leyendas del cine de horror como John Carpenter o Wes Craven, no parece tener cabida en el cine hoy en día.

El punto novedoso que tiene Survival of the Dead es que a diferencia de las demás películas de zombis de Romero, tiene una continuidad directa e inequívoca con la anterior entrega: en esta ocasión la historia se cuenta desde el punto de vista de un grupo de militares que aparecieron brevemente en Diary of the Dead (2007) y que aquí se topan sin quererlo con una comunidad de refugiados en una isla del norte de Estados Unidos, en la que dos familias rivales entablan una guerra sin cuartel debido a la disputa entre si se debe acabar con los muertos reanimados o si estos, por el contrario, pueden ser reeducados para que aprendan a convivir con los humanos. Debo reconocer que el argumento parte de una buena idea en la que Romero vuelve a aquello que le hizo famoso al hablar no tanto de los zombis como de los conflictos que surgen entre los humanos y cómo precisamente su incapacidad para colaborar es la que termina trayendo la desgracia. En este sentido la película está claramente en la línea de las anteriores hasta el punto en que se puede decir que ignora casi por completo el cambio radical de registro que significó Diary of the Dead.

Pero a pesar de que el argumento base le da mil vueltas al de su antecesora y su falso mensaje mediático, el problema de Survival of the Dead yace en la ejecución increíblemente barata, cutre y aburrida con la que dicha premisa se ha llevado a cabo. Por comparación, la entrega anterior parece una obra maestra. Esta se ve lastrada en cambio por unos efectos especiales bochornosos, una estética plana y predecible, y sobre todo por un desarrollo bastante aburrido en el que los zombis aparecen muy poco y hay en cambio una gran cantidad de diálogos que pasan por encima de los protagonistas militares, reducidos a simples comparsas de una trama que en el fondo no tiene nada que ver con ellos. Como decía más arriba, hay un punto de partida interesante y una historia que se ve mucho más atractiva, pero está muy desaprovechada por culpa de su producción de tercera fila y un tono ambiguo que por momentos parece más apropiado para una comedia, pero una en la que los personajes se empeñan en hablar de temas serios. A mí por lo menos se me hizo muy difícil de ver de una sola sentada. 

Mi única conclusión tras este muy retrasado visionado es que Survival of the Dead os la podéis ahorrar. Es recomendable (imagino) sólo para aquellos incondicionales de Romero que necesiten ver el descenso en espiral de una saga que ya empezaba a flaquear con el estreno de Land of the Dead (2005), la cual visto lo visto habrá que ver revisitar un día de estos, porque la diferencia de calidad con esta última entrega es abismal incluso en su caso. Puede ser verdad que el género zombi hoy en día se ha convertido en un cliché, pero no es menos cierto que todavía se encuentran trabajos interesantes que, en la actualidad, está haciendo gente distinta al hombre que encendió la chispa inicial.

miércoles, agosto 13, 2014

Reseña: The Purge: Anarchy (2014)

Mucho más inclinada a la acción que su antecesora, The Purge: Anarchy (2014) es uno de esos ejemplos de secuelas-a-lo-bestia que intenta ofrecer lo mismo que la primera parte pero a lo grande. Ya desde su muy buen trailer hace unos meses le tenía ganas puesto que prometía darnos aquello que la primera parte nos había negado: una mirada a lo que ocurre en la ciudad durante esa noche anual en la que todos los crímenes son permitidos. La primera parte decepcionó al ambientarse toda dentro de una casa y convertir una interesante premisa en una sencilla película de invasión doméstica, pero esta segunda entrega abandona esa perspectiva y se convierte en un survival por las calles de Los Ángeles. No es necesario haber visto la primera para entenderla, y aunque no se trata de una película perfecta ni mucho menos, sí tiene varios puntos a destacar.

El primero y principal ya lo he dicho arriba: a diferencia de su antecesora, esta segunda parte tiene lugar en las calles de Los Ángeles y ofrece el punto de vista no de una familia adinerada como la primera sino de gente común y corriente que por un motivo u otro se encuentra atrapada en medio de la masacre. Los primeros minutos muestran todas estas historias por separado hasta converger todas en el encuentro entre un Frank Grillo convertido en héroe de acción (y haciendo sin duda el mejor papel de la película) y los demás personajes a los que tendrá que proteger durante la noche. El misterioso carácter justiciero del personaje (anónimo por lo demás) de Grillo encarnado a un remedo del Punisher de Marvel despoja a la película de su tono realista y le da un marcado componente de acción, pero no nos engañemos: la cinta no escatima a la hora de mostrar algunas imágenes muy buenas y el mayor presupuesto permite mostrar un universo más amplio en el que no sólo apreciamos lo que es la Purga sino que también vamos presenciando varios escenarios y situaciones que se dan en una sociedad cuando colapsa de esa forma. 

Es este quizás el motivo por el que a la trama de venganza del protagonista se le juntan la persecución a una pareja de un grupo de pandilleros enmascarados, tragedias familiares, una conspiración gubernamental y la presencia de un grupo guerrillero que lucha contra el gobierno corrupto que ha instaurado la tradición de la Purga en América. El contenido político, de hecho, está tan evidenciado como en la primera parte e incluso augura una secuela que muy previsiblemente tratará sobre el alzamiento de las masas contra el gobierno de los Nuevos Padres Fundadores.

Sabiendo todas estas cosas, está claro que The Purge: Anarchy es una película comercial y hollywoodense y que incluso sus aspectos más escabrosos están desprovistos de polémicas demasiado grandes. Pero dentro de este criterio es una secuela muy eficiente que en mi opinión supera por mucho a la original y que incluso se permite algún que otro momento de genuino terror. Fui con las expectativas muy bajas y he quedado sorprendido, tanto que con todo gusto me echaría al hombro la tercera entrega que parece intuirse en el horizonte. Espero que la cosa vaya a más y que este survival urbano lleve su interesante premisa hasta sus últimas consecuencias.

domingo, julio 13, 2014

Reseña: Splinter (2008)

Injustamente desconocida (quizás por el hecho de no tener actores conocidos en su elenco), Splinter (2008) es una de esas películas que vale la pena revisitar, y uno de los raros casos hoy en día en los que una cinta de terror llega hasta mí sin haber visto un avance o sin haber leído nada sobre ella con anterioridad. La he vuelto a ver recientemente tras varios años después de haberla encontrado, y no sólo se sostiene muy bien sino que merece sin duda una mayor notoriedad aunque sea por el hecho de ser probablemente el mejor plagio que jamás se haya hecho de La cosa (1982).

Realizada por Toby Wilkins (a quien más adelante veríamos en trabajos menos agraciados) Splinter trata de un grupo de desconocidos que toman refugio en una gasolinera ante el ataque de un misterioso monstruo mutante, una bacteria inteligente que se vale de los cadáveres de sus víctimas para construir su propio cuerpo. Parca en efectos especiales, la película sabe hacer de sus limitaciones su principal arma; es precisamente el diseño del monstruo (al que decide mostrar sólo lo necesario y nunca en todo su esplendor) lo más sobresaliente. Los efectos no sólo están muy bien trabajados sino que el concepto de la criatura es en sí una idea muy buena que en su ejecución adentra a la película en los terrores de la carne y genera una auténtica repulsión que francamente no recuerdo haber visto en muchos años, al menos no en el cine de terror comercial.

Es este alarde de creatividad en la recreación del monstruo lo que me hace perdonar un esquema de estado de sitio que es todo menos novedoso: los personajes no son lo que se dice muy interesantes aunque la sensación de peligro es bastante real y, nuevamente, el hecho de que se haya decidido mostrar poco a la criatura se agradece mucho en estos tiempos de sobrexposición de efectos especiales. Esta misma película en las manos equivocadas hubiese sido un desastre, pero curiosamente sus responsables parecen haber decidido alejarse lo más posible de lo que hubiera sido el tratamiento típico, y con ello han creado un muy memorable trabajo que sorprenderá a muchos como me sorprendió en su momento a mí.

Todo esto no debe hacernos olvidar, sin embargo, que tal como decía en el primer párrafo estamos ante una película con un estilo muy similar al de La cosa y que recicla varios de los elementos que John Carpenter popularizara en su faceta de terror más exitosa. Pero eso es algo que ya se viene haciendo desde hace mucho tiempo y no siempre con buenos resultados. Así que si queréis echar un vistazo a una muy buena película de monstruos que para variar sí que da aquello que promete, entonces echad un vistazo a Splinter, todo un acierto que ha aguantado sin problemas los seis años que tenía sin verla. Muy recomendable.

sábado, julio 12, 2014

Reseña: The Sacrament (2014)

Aquí en Horas de oscuridad somos seguidores confesos del director Ti West, y aunque Cabin Fever 2 (2009) nos haya dejado un tanto fríos, lo cierto es que tanto The House of the Devil (2009) como The Innkeepers (2011) son dos grandes películas de terror que no nos cansamos de recomendar. Por eso estábamos muy emocionados cuando vimos que se avecinaba su nuevo trabajo, The Sacrament (2014), y con ella la mirada de West al mundo de las sectas chungas y perturbadores cultos religiosos que ya nos han dado grandes obras en el pasado. Esta ilusión se diluyó un poco, sin embargo, cuando vimos que la nueva película de nuestro querido director es también otro exponente de esta pesada moda del horror con formato documental que se ha hecho tan popular en los últimos años.

De hecho es así; en un intento de mezclar el cine de terror con el periodismo gonzo, The Sacrament cuenta la historia de un equipo de periodistas de Vice que viajan hasta una selva remota en Suramérica para hacer un reportaje sobre una secta religiosa conducida por un carismático líder. Este grupo de gente ha decidido abandonar el mundo moderno y construir una comunidad idílica desprovista de crimen, odio y racismo en medio de la jungla, un lugar en el que por supuesto descubren que tras esa fachada utópica se encuentra algo mucho más siniestro. A pesar de que en ningún momento se menciona, la película está claramente inspirada en un hecho real ocurrido hace ya algunas décadas y que muy probablemente muchos conseguirán identificar. Si no digo explícitamente cuál es es sólo porque hacerlo sería un spoiler de los gordos.

Si algo bueno se puede decir de la película es que Ti West una vez más demuestra ese manejo tan certero del suspense que ya asomaba en las dos cintas arriba mencionadas; toda la primera mitad es maravillosa en cuanto a la tensión generada y en cuanto al ambiente conseguido en el escenario donde se desarrolla la acción. Además la película sube muchísimo cuando aparece el personaje del líder de la secta, una figura imponente que se come la pantalla durante la tensa secuencia de la entrevista con el grupo de reporteros. Toda esta primera parte es en realidad muy buena a pesar de que a nivel de argumento y forma no aporta nada que no hayamos visto antes.

Este, por desgracia, es el principal problema que tiene The Sacrament. Si bien es admirable el hecho de que Ti West haya decidido hacer algo distinto al resto de su filmografía, no deja de ser un bajón el que su nueva película pertenezca a un género tan manido como este. Aparte de que no es cien por cien coherente: la película en ocasiones parece metraje crudo y en ocasiones parece un documental perfectamente editado y montado, dependiendo de lo que convenga para hacer avanzar la trama, como si West no terminase de hallarse cómodo por las restricciones de la perspectiva en primera persona y nos condenase a preguntarnos una vez más por qué ciertas escenas están siendo filmadas. Pero quizás lo más lamentable del asunto es que es una película sin sorpresas ni riesgos: si quien está leyendo esto conoce el caso real en el que la película se inspira, sabrá exactamente cómo termina esta cinta. Hasta el final estuve esperando un giro que llevase la historia por derroteros diferentes a los que me esperaba, pero ese golpe de efecto nunca llegó. Es una lástima porque, repito, Ti West me encanta como director y realmente le tenía muchas ganas a esta película. Se queda en un manejo muy bueno de la tensión (sobre todo en su primera mitad) y en algunas actuaciones sobresalientes, pero al final se queda también en lo evidente y eso me decepcionó un poco.