jueves, noviembre 20, 2014

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

domingo, noviembre 16, 2014

Reseña: The Babadook (2014)

The Babadook (2014), la nueva sensación del cine de terror australiano, es una película que se puede ver de varias formas; la primera, quizás la más superficial, es verla como una historia de terror sobrenatural lanzada muy probablemente con la idea de seguir la estela marcada por el éxito de Insidious (2011), con la que tiene muchas semejanzas en cuanto a su estilo y su recreación del miedo con estética infantil. La segunda, la más interesante, es el equilibrio perfecto que consigue al tomar esos mismos elementos y trasladarlos al mundo adulto mediante una premisa que hemos visto muchas veces pero que en pocas ocasiones se ha llevado a cabo de forma tan efectiva.

Digo muchas veces porque la historia en sí es algo que hemos visto en más de una ocasión incluso en esta casa, que no es sino la representación de ese arquetipo cultural conocido como el "hombre del saco", una entidad terrorífica que no es tanto un personaje como una idea, y que la mayoría de las veces debe su existencia precisamente al hecho de que los personajes creen en él. Es eso más o menos lo que ocurre en esta película cuando una madre lee a su hijo un misterioso y tenebroso libro infantil e implanta en él (y en ella misma) la idea del monstruo que da título a la película, una criatura con abrigo negro, sombrero de copa y afilados dientes que comienza primero a poblar sus pesadillas para luego cobrar poco a poco una mayor presencia física a medida que su existencia se hace innegable. 

Con esta idea la película perfectamente podría haber tomado un camino mucho más convencional y explícito al que finalmente ha tomado, pero no es así. Parte del interés que reside en la historia es la forma en que la amenaza del monstruo no es lo único contra lo que la protagonista debe luchar, ya que sus noches de terror se intercalan con días desesperados al intentar lidiar con una severa depresión tras la muerte del marido, la inestabilidad laboral y los constantes cuidados que requiere un niño con serios problemas de comportamiento. Este punto, que normalmente es el lado débil de este tipo de cintas de terror con niños, aquí por el contrario es una de sus mayores fortalezas, y es precisamente lo que consigue trasladar la historia al terreno del que sin duda es uno de los mayores miedos del adulto: el fracaso absoluto ante una paternidad que te supera y la frustración que ello produce. Esta última idea es además la que otorga cierto carácter ambiguo a una película en la que el "Babadook" es real y a la vez irreal, tiene presencia corpórea pero es producto de la situación personal de una protagonista que en el fondo lo ha creado.

Esto último me parece clave porque una de las principales quejas que he escuchado acerca de The Babadook es que el origen del monstruo no es algo en lo que se indague mucho, cosa que no es para nada cierta. No voy a soltar detalles del argumento, por supuesto, pero a mi juicio la película deja bastante claro de dónde viene realmente la criatura al lanzar pistas muy obvias acerca de la pasada ocupación de la protagonista y del hecho importantísimo de que el libro está incompleto, dejando entrever el carácter indefinido de la amenaza. Por si fuera poco todas estas ideas están sustentadas además con una ambientación envidiable y una estética que está a medias entre la oscuridad infantil y el terror más clásico (de nuevo aquí las inevitables comparaciones con Insidious), unas actuaciones muy buenas por parte de un elenco muy pequeño, y en general una de las más interesantes películas de terror que hemos podido ver este año. 

domingo, noviembre 09, 2014

Reseña: Abierto hasta el amanecer 2 (1999)

Ligera decepción, debo decir, ya que me esperaba que la presencia de Robert Patrick como actor elevara un poco el resultado. Lo hace en cierta forma, pero no lo suficiente para alzar Abierto hasta el amanecer 2 (1999) hasta un nivel medianamente destacable. Lo digo además con bastante sinceridad ya que por todos es bien sabido que la primera parte dirigida por Robert Rodríguez tampoco está precisamente entre mis favoritas, pero al menos tenía un encanto propio y una energía muy peculiar de la que esta secuela carece.

De entrada hay dos cosas que hay que destacar de esta segunda parte: una de ellas es que se aleja un poco del tratamiento de horror y aumenta en gran medida las dosis de comedia (algo que queda claro ya desde ese prólogo con Bruce Campbell y Tiffany Amber Thiesen) haciendo de esta una parodia más que una continuación de la película de Rodríguez. La segunda cosa que hay que señalar es que sus conexiones con la original son muy escasas, y no van más allá de una muy breve aparición del Titty Twister (engañosamente resaltada en el trailer) y un cameo del personaje del barman de Danny Trejo. Esto presenta una confusión en cuanto a la continuidad ya que nunca se explica cómo es que el bar sigue en pie y el personaje de Trejo continúa con vida, a pesar de que la película deja bastante claro que esta segunda parte tiene lugar después de la primera. Pero esto es algo secundario; de lo que trata realmente la película es de un grupo de asaltantes de bancos que toma refugio en un motel de carretera en México y que ven cómo se complica todo cuando uno de sus miembros es convertido en vampiro y comienza a transformar uno a uno al resto de su grupo.

Hay que decir, sin embargo, que el argumento no es algo de lo que la película se ocupe mucho, ya que incluso pasa de comentar cosas que por otro lado parecen insólitas, como los motivos que pueden tener los vampiros del bar para atacar a los delincuentes o el por qué estos siguen interesados en robar el banco aún después de ser convertidos en monstruos. Poco importa de todas formas porque lo importante aquí es cómo se parodian los elementos de la película original hasta hacer de esta película una comedia en la que el personaje de Robert Patrick queda reducido a un carácter bastante pusilánime y el chiste de cruzar dos palos para formar una cruz se repite constantemente una y otra vez. Hay algunos guiños a la primera película pero están bastante distanciados, lo que hace que esta sea una cinta completamente distinta en la que los elementos de western de la primera parte están suavizados y en la que no hay escenas tan memorables como aquel baile de Salma Hayek o el ataque inicial de las hordas vampíricas.

No puedo negar que Abierto hasta el amanecer 2 tiene sus momentos, y que la idea de situar la acción fuera de los confines de la primera película es una buena idea. Sus carencias son básicamente el no hacer nada interesante con sus personajes y el haber confirmado a Robert Patrick como un actor cuyos mejores trabajos han sido tradicionalmente como secundario. Reconozco que la vi únicamente por completismo antes de ver la serie y que sólo recientemente me enteré de que había una tercera entrega (la cual tengo entendido que es una precuela). Esa también la veré, sin duda. Esta de la que hablamos hoy no será tan memorable como la primera, pero como parodia ciertamente podría haber sido peor.

domingo, noviembre 02, 2014

Reseña: Tales from the Crypt (1972)

La versión de los setenta de Tales From the Crypt (1972) es probablemente una de las más famosas películas de antologías de horror que se hayan hecho jamás, y conozco muchas personas que a pesar de que no recuerdan haberla visto sí que tienen en mente algunas de sus historias que quedan inevitablemente grabadas en la memoria. Ahora que ha pasado Halloween y se acercan las fiestas decembrinas, tenemos una muy buena ocasión de rescatarla, algo que recientemente hice con mucho gusto tras muchos años de haberla visto por primera vez. Vista hoy en día varios de sus elementos más conocidos pueden haber quedado suavizados no sólo por ejemplos similares más recientes sino también porque la serie de televisión homónima de HBO de finales de los ochenta y principios de los noventa terminó siendo mucha más famosa y la eclipsó de forma bastante evidente.

Tanto la película como dicha serie están basados, como todos saben ya, en el famoso cómic de EC del mismo nombre, aunque en el caso de la película, sólo dos de los cinco segmentos estaban basados en relatos de dicha publicación. Este distanciamiento se debía principalmente a que el productor, Milton Subotsky, tenía sólo un ejemplar de dicha revista y terminó adaptando el resto de las historias de otras publicaciones de la misma editorial. Lo cierto es que el resultado fue sobresaliente teniendo en cuenta que ni siquiera fue hecha en el país que vio nacer estas historias: esta versión de Tales From the Crypt fue una producción de la Amicus Productions, un estudio británico que en aquel entonces era visto como la competencia de la Hammer Fims. Muchas personas tienden a confundir las películas de ambos estudios dado el hecho de que las dos productoras solían trabajar con las mismas estrellas (entre ellas Christopher Lee y Peter Cushing). La Amicus, sin embargo, solía trabajar con presupuestos más reducidos, por lo que la mayoría de sus trabajos (tales como este) estaban ambientado en la época actual a diferencia de los relatos góticos por los cuales la Hammer se hizo famosa. 

Su ambientación moderna y la estructura de oscuros relatos moralistas marca de la casa son la principal característica de una película que sigue un camino muy previsible al delimitar claramente sus segmentos a través de una historia central que involucra al misterioso guardián de la cripta. Suele ocurrir en todas las cintas de estas características que la desigualdad de las historias en cuanto a calidad pasa factura en ocasiones y hace que el público termine recordando relatos muy puntuales, pero esta es milagrosamente una excepción: los cinco segmentos son muy buenos y bastante equilibrados en cuanto a calidad, y es sólo quizás la historia central la que no aporta mucho al conjunto. Ayuda además que todos los relatos tocan diferentes géneros de terror, y aunque muchas veces la revelación final es un poco tirada de los pelos, es perfectamente coherente con el espíritu del cómic original y no hace sino resaltar el grado de miseria humana de los protagonistas. No hay que olvidar que, después de todo, las historias de Cuentos de la cripta eran fábulas moralistas en la que los villanos siempre eran castigados, lo que hace sorprendente el revuelo que causaron en su época entre los sectores más conservadores de la cultura mainstream.

Tales From the Crypt fue uno de los mayores éxitos taquilleros de la Amicus, e hizo que esta productora terminara especializándose en películas de antología con las que sería irremediablemente asociada, entre ellas The Vault of Horror (1973), especie de pseudo-secuela también basada en los cómics de la EC. Aprovecho para señalar además que los traductores españoles de títulos dieron a esta película de la que hablamos hoy un título bastante pobre que además soltaba un spoiler sobre el el final de la historia central de esta antología. En todo caso, si vosotros no la habéis visto y sois capaces de sobreponeros a la estética típica de los setenta, no dudéis ni un segundo en rescatarla para estas navidades. 

sábado, noviembre 01, 2014

Reseña: Annabelle (2014)

Si hay una tradición infalible cada año es aquella en la que el terror mainstream saca adelante una película de terror comercial estrenada cerca de Halloween que se convierte en fenómeno por uno u otro motivo. Como este año no hemos tenido la tradicional entrega en octubre de Paranormal Activity,  estaba claro desde hace meses que el "lugar de honor" le tocaría a Annabelle (2014), un spin-off de la excelente The Conjuring (2013) que sacaron a toda prisa y que fue anunciada, rodada y finiquitada en muy pocos meses, una película que muy previsiblemente ha terminado por convertirse en un éxito sobre todo fuera de los Estados Unidos, donde por lo visto ha arrasado a pesar de las mayoritarias críticas negativas.

Tal como cualquiera puede darse cuenta, Annabelle no es más que el desarrollo de la historia de aquella horrible muñeca que aparecía en The Conjuring y cuyo argumento no se llegaba a contar. La dependencia de esta entrega con la cinta de James Wan (ausente esta vez como director) es total, hasta el punto de que esta nueva cinta comienza y termina literalmente con las escenas con las que comenzaba y terminaba su antecesora. El nivel de complicidad con el público cautivo de la película es tal que ya desde el principio se nos muestra a la muñeca (a la que nunca, por cierto, se le llama por su nombre) desde perspectivas que realzan su carácter macabro, cosa que hasta cierto punto carece de sentido porque se supone que al principio no es más que un juguete común y corriente que no tiene nada de sobrenatural; es sólo después de que la pareja protagonista sufre un ataque en su propia casa por parte de dos psicópatas de un culto satánico que la película comienza a cobrar su componente de terror. 

Dicha escena es, con toda seguridad, uno de los mayores aciertos de la película gracias a que manipula al público con uno de los mayores ingredientes de miedo que desde siempre ha habido y es la amenaza a una mujer visiblemente embarazada que no se escapa de la violencia. Es también el momento en que se da inicio a la que es sin duda la mayor influencia que la cinta tiene y que ya ha sido por todos señalada: La semilla del diablo (1968). Ojo: no es que estemos ante el mismo argumento, pero ambas sí que comparten los mismos temas y elementos clave: una protagonista embarazada y sumisa ama de casa, la ambientación de finales de los sesenta, el satanismo urbano, la presencia de un edificio de apartamentos enorme donde se desarrolla conflicto, el marido ausente y hasta un par de inequívocas referencias al surgimiento de Charles Manson y el temor a los cultos producto del alza de la cultura hippie. También hay muchas referencias al trabajo del propio James Wan, no sólo en cuanto a The Conjuring sino también a Insidious (2010), con la que comparte un imaginario explícito y la tendencia a tratar el modo visual del horror a través de planos sostenidos y algún que otro truco visual que recordará mucho a esa película.

Con todas estas referencias Annabelle lo tenía todo para ser más que simplemente una película de terror eficiente, pero por desgracia es ahí hasta donde llega. Con toda seguridad las prisas por sacarla han dado como resultado una película que se siente incompleta, incapaz de producir nada realmente interesante a pesar de que algunos de sus elementos por separado tienen buenas ideas. El resto peca en muchas ocasiones de una dejadez que sólo se puede atribuir a la pereza; gran parte del componente de horror, como mencionábamos arriba, depende de que el público ya encuentre de por sí tenebrosa a la muñeca en cuestión, y su excesiva dependencia con The Conjuring le juega una mala pasada porque nunca consigue alcanzar un grado de ferocidad como el de la película de Wan. Con todo y eso, no es tan terrible como se comenta, al menos no más que el resto de estos estrenos genéricos que tenemos cada año. Se trata simplemente de una película de terror comercial del montón con un par de sustos interesantes y nada más. Lo que quiero decir con todo esto es que francamente no entiendo el rechazo tan visceral que ha tenido y que hacer cola en un festival sólo para ir a pitarla es una pérdida de tiempo que no comprendo y que, francamente, me da mucha pena.

lunes, octubre 27, 2014

Reseña: Cabin Fever: Patient Zero (2014)

Cuando vi el título de Cabin Fever: Patient Zero (2014), lo primero que pensé es que estaba frente a una precuela que mostraba los orígenes del virus que ya había hecho estragos en películas anteriores. También pensé que esta sería una de esos productos derivados baratos que se suelen lanzar directamente a formato doméstico. Resultaba que estaba equivocado en ambas cosas: para empezar, esta tercera película de la saga iniciada por Eli Roth es en realidad otra secuela que corre paralelamente a aquella dirigida por Ti West en 2009, y por otro lado, su factura técnica está perfectamente a la par de sus dos antecesoras, lo que no significa que no sea un exploit más.

Lo cierto es que además, esta tercera entrega dirigida por el interesante Kaare Andrews, el mismo de la recomendable Altitude (2010), intenta ser un tanto más ambiciosa y tener un acabado más serio (al menos durante gran parte del metraje, pero ya nos referiremos a eso más adelante). En esta ocasión la película se maneja a dos bandas, con dos tramas que van corriendo de forma paralela; en la primera tenemos a unos científicos del gobierno que trabajan en una base secreta donde se encuentra recluido el "paciente cero", un hombre que es portador del virus pero que por motivos desconocidos no sufre los síntomas de la terrible bacteria carnívora. La segunda trama sigue a un grupo de jóvenes que se reúnen para una despedida de soltero en la misma isla donde se encuentra el laboratorio y que, muy previsiblemente, contraen el misterioso virus que les va devorando poco a poco.

Estos son los dos argumentos, y sin embargo la película los trata de forma muy desigual y poco seria. El celo con el que los científicos tratan la posibilidad de ser infectados es desigual en ocasiones, y nunca me quedó muy claro por qué tratan a este paciente de la forma en que lo hacen y por qué el propio paciente cero está tan desesperado por escapar y condenar a la humanidad sólo para recuperar su libertad. De hecho, todo el trozo del ambiente científico intenta ser más oscuro y serio pero al mismo tiempo se rinde a elementos de serie Z que se prestan a la comedia involuntaria, como esa asistente de laboratorio rubia de gran escote a la que le ponen unas gafas de pasta para que parezca más inteligente. Por desgracia toda esta parte de la película, que es de lejos la más interesante y la única que ofrece algo nuevo, es a menudo dejada de lado por el argumento de la despedida de soltero, que carece por completo de interés y cuya truculencia es algo que hemos visto ya demasiado.

Es cerca del final cuando ambos argumentos se juntan en un clímax que se vuelve un despelote absoluto y donde la película termina por perder el control. Una interesante visita a la estación científica devastada por el virus me hizo creer que la película tomaría un giro distinto jugando con su linealidad temporal pero esto fue una falsa promesa: lo que sigue en realidad es un clímax desastroso que sólo se puede tomar a broma y que hasta incluye una pelea entre dos personajes en la fase terminal de la infección que resulta tremendamente ridícula y quita a esta secuela cualquier atisbo de seriedad que podía tener, matando todas sus buenas intenciones. Tras haber visto Cabin Fever: Patient Zero he desarrollado una nueva apreciación por la abierta comedia adolescente que fue la segunda parte. Eso al menos es lo que puedo sacar de la experiencia.

domingo, octubre 26, 2014

Reseña: Dracula 2: Ascension (2003)

Muchos de los que lean estas líneas probablemente no habrán visto nunca Dracula 2: Ascension (2003). Es más, si les pasó como a mí muy posiblemente ni siquiera sepan a cuál de las numerosas versiones de Drácula se refiere el número 2 de esta secuela. La respuesta la da el nombre de su director, Patrick Lussier; el alumno aventajado de Wes Craven da vida a esta continuación de su película anterior Dracula 2000 (2000), la cual ya hemos reseñado aquí hace mucho tiempo y de la que terminé descubriendo tarde que no sólo hay una secuela sino dos, conformando así una rarísima trilogía que me desconcierta por más de un motivo.

Ambientada en tiempos modernos, esta segunda parte de Dracula 2000 recoge el testigo exactamente donde la anterior terminó, cuando un grupo de científicos se hace con el cadáver carbonizado de Drácula y toman la sorprendente decisión de revivirlo para poder estudiar de cerca su misterioso poder de regeneración. A partir de aquí comienza uno de los elementos más angustiosos de la película puesto que a pesar de ser la figura principal del argumento, Drácula se pasa casi todos los noventa minutos que dura esta cinta atado a una camilla de laboratorio donde es torturado sin piedad por el grupo de hombres de ciencia que intentan desentrañar su secreto. El vampiro es además reducido a una condición de bestia irracional muy lejos de su encanto inicial, ya que casi no habla en toda la película y se limita a resaltar su carácter monstruoso para los presentes, sobre todo en lo que se refiere a una joven médico forense con la que comparte un vínculo telepático y que poco a poco comienza a caer en su trampa de seducción.

Paralelamente a esta trama de científicos inescrupulosos tenemos la historia de un monje cazador de vampiros que despacha a los chupasangres a golpe de artes marciales y armas arrojadizas y que se pasa toda la película intentando dar con el paradero de Drácula para ponerle fin de una vez por todas. Estas escenas de acción parecen ser el verdadero gancho temático de la historia ya que todo lo demás es tremendamente aburrido incluso para los estándares de estas continuaciones cutres a formato doméstico, siendo esta en particular una en la que se aprecia una falta de atención a los detalles pasmosa. De hecho, una de las cosas que más me descoloca de la película es el cambio del actor que hace el papel de Drácula. Entiendo por un lado que Gerald Butler no haya querido repetir en el papel, pero digo yo que por lo menos habrían podido escoger a un actor que se le pareciera un poco o que como mínimo fuera moreno. Por el contrario el Drácula de esta secuela es un rubio platinado que en nada se parece al de la película anterior, algo que la cinta intenta justificar de manera chapucera y pobre, olvidando por completo la identidad de Drácula (que, no olvidemos, se trataba nada menos que de Judas Iscariote) y por lo tanto pasando de puntillas por uno de los aspectos más polémicos de Dracula 2000.

Nada de esto justifica, sin embargo, que la cinta final sea tan aburrida y carente de interés. Cuando finalmente las tramas del Drácula prisionero y el cazador de vampiros interpretado por Jason Scott Lee se juntan, la película ya casi ha acabado. De hecho, es aquí donde la historia se interrumpe anunciando que veremos la conclusión en una tercera entrega que no he visto aún pero por la que sin duda habré de pasar. Es una lástima porque hay varios aspectos de este Dracula 2 que beben de interpretaciones más clásicas del vampiro como pueden ser los trabajos de la Hammer con Christopher Lee, pero todos esos aspectos más truculentos se pierden en una historia de científicos locos y monjes saltarines mucho menos atractiva que la revisión moderna que la película anterior, con todos sus defectos, hacía del mito del vampiro. Veamos qué tal está la tercera.

lunes, octubre 20, 2014

Reseña: Book of Shadows: Blair Witch 2 (2000)

Vista después de muchos años y con una nueva perspectiva que me ayuda a apreciarla más de lo que lo hice en su momento, Book of Shadows: Blair Witch 2 (2000) sigue sin parecerme buena, pero fueron tantos los detalles que me resultaron destacables que supe que la idea de reencontrarme con esta cutre-secuela había sido algo por lo menos productivo. Si estás leyendo esto muy probablemente la hayas visto ya y tengas una opinión formada sobre la decepción que resultó, pero hay que tener en cuenta por encima de todas las cosas que esto fue una continuación que salió apenas un año después, una secuela por encargo hecha por otro director con la que el estudio intentó aprovechar la popularidad de The Blair Witch Project (1999), cuyo éxito nadie se esperaba.

Muy en concordancia con ese estilo autorreferencial tan "noventas" que Scream (1996) puso de moda, esta segunda entrega hace un juego meta-narrativo con la primera en el que un grupo de jóvenes decide visitar las locaciones reales de la primera Blair Witch y descubren (por supuesto) que aquello era más que una obra de ficción. No es este el único estereotipo noventero que hay ya que la estética es muy de esa época y algunos lugares comunes (la chica Wiccan, el porreta protagonista y la chica gótica) tienen un carácter bastante arbitrario que sólo se explica porque eran cosas que en aquel momento se veían mucho en la cultura popular.

Es aquí donde viene el primer problema de esta secuela en su franca indecisión a la hora de tomar el camino de una cinta de terror tradicional o por el contrario continuar el juego de realismo documental de la primera entrega. La verdad es que va tanteando ambos; a pesar de que la película todavía aborda el tema del vídeo como forma de expresión y de cómo el ojo de la cámara es capaz de alterar o realzar la realidad, al mismo tiempo se abandona el formato de metraje hallado en favor de una perspectiva omnisciente de toda la vida con guión y actores, a pesar de que al principio engaña y hace creer que estamos por ver una nueva entrega de estilo documental. Asimismo, sólo esta primera parte está ambientada en el bosque; el grueso de la película tiene lugar en una fábrica abandonada donde uno de los protagonistas tiene su casa y donde el grupo tendrá que lidiar con la maldición que han traído de su paseo.

Lo cierto es que la cinta tiene buenas ideas y cosas que no se encuentran normalmente en una película de terror al uso tales como su estructura de desorden temporal y el juego constante que hace con la posibilidad de que lo que estamos viendo no sea real, algo que consigue meterte de lleno en el argumento. Por desgracia muchas de estas ideas no se desarrollan y algunos de los aspectos más interesantes de los personajes (el don telepático de la chica gótica, el pasado de enfermedad mental del protagonista o las supuestas facultades de bruja de la pelirroja) no parecen al final tener ninguna importancia o consecuencia para la trama. A ratos el argumento parece ir de aquí para allá sin una dirección real, y muchas de las decisiones de los personajes parecen arbitrarias y tienen sentido únicamente en el contexto de una trama que necesita avanzar a como de lugar. Es esto lo que al final terminó causando que desconectara, eso y los ocasionales sustos baratos producto de ciertas apariciones fantasmales que no parecían venir al caso. Tampoco esperéis que profundice en aspectos de la mitología de la primera película porque casi no hay nada de eso.

Leí en alguna parte que las apariciones de fantasmas y demás elementos más convencionales de esta secuela fueron una imposición del estudio que quería una película de terror más "normal" y menos ambigua, algo que no fue del agrado de su director. Lo que no he leído en ningún lado es por qué la cinta lleva el título de Book of Shadows, ya que en ningún momento se hace mención de libro alguno, siendo por el contrario las cintas de vídeo el principal elemento narrativo que se muestra. Ese es el misterio que me encantaría resolver.

domingo, octubre 05, 2014

Reseña: The Green Inferno (2013)

Una de las cintas más esperadas por mí durante meses fue el nuevo trabajo de Eli Roth, The Green Inferno (2013), la cual luego de rodar por varios festivales durante casi dos años, ha terminado por tener un estreno muy modesto en varios países del mundo... excepto en los Estados Unidos, donde muy probablemente pasará a engrosar las filas de los productos directamente a formato doméstico. Cuesta entender por qué esta cinta ha pasado sin pena ni gloria, pero lo cierto es que ha terminado por ser algo muy distinto de lo que esperaba, o al menos algo muy diferente a la idea preconcebida que algunos (me incluyo) tenían en cuanto a los referentes del nuevo trabajo de Roth y su entrada de lleno en la explotación del subgénero caníbal, favorito entre los cineastas europeos a los que este director constantemente cita.

Lo cierto es que The Green Inferno tiene muy poco que ver con aquellas viejas glorias del cine caníbal como The Last Cannibal World (1977), Cannibal Ferox (1981) y por supuesto Cannibal Holocaust (1980), a la que hay varias referencias directas empezando por el hecho de que Roth toma para su película el título provisional que Ruggero Deodato quería para la suya. Sin embargo, no vamos a encontrar en la cinta de Roth casi nada de la brutalidad o el crudo realismo (a veces involuntario) de aquellas explotaciones italianas; por el contrario, el bueno de Eli parece estar mucho más interesado en continuar con su mirada a los peligros de tierras lejanas que ya había explorado en Hostel (2005) y Hostel 2 (2007). Si acaso, The Green Inferno puede ser considerada sin duda como la verdadera tercera parte de la saga Hostel ya que aquí se repite prácticamente la misma estructura de jóvenes primermundistas que son atraídos de forma engañosa a una tierra exótica y peligrosa donde terminarán siendo pasto para los locales. La principal diferencia es que ahora se trata de la selva amazónica en vez de los países del antiguo bloque comunista, y que esta vez la carnada no es la promesa de sexo fácil sino la gratificación que da un altruismo ególatra y burgués. 

Esto es básicamente el argumento, y aquellos que esperaban una película cruda y sangrienta que se explaya en el sufrimiento de sus personajes van a quedar bastante decepcionados; a pesar de que hay sangre y violencia a raudales, lo que predomina en la película es una carga de humor en ocasiones bastante negro pero que inevitablemente termina aligerando la propuesta y haciéndola significativamente más light que sus antecesoras a las que mira con reverencia. Roth tiene a su favor el rodar en locaciones reales y con un nutrido grupo de extras de etnias indígenas, pero el truco queda revelado gracias a la calidad digital de su imagen y a unos decorados en ocasiones muy evidentes, aparte de que queda terriblemente claro cuáles de los miembros de la tribu son actores disfrazados y cuáles no. Esto rompe un poco la ilusión de lo que estamos viendo y nos recuerda que estamos ante una película que sigue la estela de Hostel pero que resulta mucho más suave. 

Por supuesto no todo son decepciones; ese humor que Roth se gasta es, como siempre, muy bueno, y la película mete unas puyas muy acertadas a esa indecisión vital que a veces se confunde con verdadera filantropía, así como los peligros de unas buenas intenciones que se quedan en la superficie. Aquellos que hayan visto las dos entregas de Hostel sabrán anticipar varios de los giros argumentales de la película (que se dan idénticos, creedme) pero estamos ante un trabajo lo bastante bueno como para que valga la pena y me parezca inexplicable este ninguneo que está teniendo en su país de origen. Una cosa es segura: el amor de Roth hacia el cine de caníbales es genuino, hasta el punto de que los créditos finales nos ofrecen una larga lista de clásicos de este subgénero que habrá que revisar. Esta, por desgracia, es mucho más ligera que todas ellas, pero su gloriosa imagen final me dejó muy claro a mí cuales eran las verdaderas intenciones de su director, y con eso me basta.

sábado, octubre 04, 2014

Reseña: La mosca (1958)

Al igual que la inmensa mayoría de la gente, la única versión de La mosca (1958) que conocí fue el remake de 1986 dirigido por David Cronenberg. Pasaron muchos años antes de que supiese siquiera que existía una versión anterior, y una vez que lo supe la desprecié durante mucho tiempo pensando que se trataba de una casposa serie B de sci-fi raruna con monstruos de látex y mujeres gritando de horror. Resulta que estaba muy equivocado: si bien es cierto que estos elementos y lugares comunes están presentes, la versión original de La mosca es una película mucho más seria de lo que parece y una que fue además un colosal éxito que se vio eclipsado por un par de secuelas menores y un remake de autor que se convirtió en una película de culto que proyectó una larga sombra sobre su antecesora. Aunque sigo prefiriendo la versión de Cronenberg, esta tiene muchos detalles que valen la pena, y aquí intentaremos traerlos a la luz una vez más.

El argumento de ambas películas es muy similar, sólo que en esta primera versión tenemos un acercamiento un tanto más doméstico: un científico padre de familia que inventa una cabina de teletransportación y sufre un terrible accidente que lo convierte en un espantoso hombre mosca. Hasta aquí todo normal, pero la película aborda esta temática con ciertos elementos poco usuales en una obra de esta época o incluso hoy en día; es muy curioso que la película comienza con el protagonista ya muerto y la esposa (acusada de su asesinato, además) relatando a su cuñado y a la policía lo ocurrido. También es inusual el hecho de que nunca vemos el momento en que el protagonista sufre su transformación, y el aspecto del hombre-mosca no es revelado hasta casi llegado al final. Sólo estos detalles ya deberían echar por tierra el falso recuerdo que muchos tienen de esta película como una muestra de terror barato.

De hecho, gran parte del componente terrorífico de la película no viene por efectos gore ni por ataques indiscriminados del hombre-mosca (algo que nunca ocurre, a decir verdad) sino por el misterio de la teletransportación y la terrible frustración del científico ante la progresiva pérdida de su humanidad. Las escenas de la esposa intentando atrapar a la otra criatura que ha escapado de la cabina de teletransportación (una mosca con cabeza humana) podrían haber sido ridículas y sin embargo están tratadas con una seriedad que funciona y hubiese sido impensable en otro contexto. Y es que una de las mayores virtudes de esta película es esos momentos genuinamente siniestros entre los que destaca esa perturbadora escena final que no revelaré aquí pero que sin duda muchos conocen porque ha pasado a formar parte del imaginario clásico en torno al cine de terror de los cincuenta. 

Mis prejuicios me mantuvieron alejado durante muchos años de la versión original de La mosca pero esto no tiene que pasaros a vosotros, independientemente de la apreciación que tengáis por el remake de Cronenberg. Este además es lo suficientemente distinto para ser otra película con una sensibilidad y unos objetivos muy diferentes y más cercanos a ese terror sutil que se mete bajo la piel aunque sea por esa última escena a la que nos referimos arriba. El motivo quizás por el que muchos tienen el falso recuerdo de esta película como una serie B cutre viene quizás porque se confunde con su secuela, El regreso de la mosca (1959), una película de presupuesto y calidad mucho menores que curiosamente es en blanco y negro cuando su antecesora es en color. A esa también llegaremos en su momento.