domingo, junio 12, 2016

Reseña: La bruja (2015)

Si habéis estado al menos ligeramente pendientes del panorama de cine de terror de las últimos semanas entonces es más que probable que hayáis escuchado hablar de La bruja (2015), debut como director del norteamericano Robert Eggers y un trabajo que ha causado sensación incluso más allá de los aficionados de dicho género dondequiera que ha estado. tanto que a diferencia de la mayoría de estas producciones independientes de cine de miedo, incluso ha tenido un pase comercial en sitios donde normalmente estos trabajos no suelen tener mucha cobertura. Con esto quiero decir que cuando me acerqué a ella lo hice motivado por un hype tremendo que, para variar, ha resultado estar muy bien fundado; estamos sin duda ante una de las películas de terror más sobresalientes de este año, y sé que lo estamos porque ya incluso tenemos un buen puñado de críticos que dice que realmente no se trata de una película de terror.

Saliendo airoso del nada desdeñable desafío de hacer cine de terror con ambientación de época, Eggers lleva su película al pasado colonial de Estados Unidos cuando una familia de puritanos de la Nueva Inglaterra son expulsados de su comunidad debido a su heterodoxia religiosa y se mudan a los límites de un misterioso bosque, donde sufrirán el acoso de una bruja que utilizará a los niños de la familia en su contra. Es importante mencionar que a pesar de que el drama entre los personajes y su subtexto de resentimiento, sexualidad reprimida y secretos contribuye en gran medida a las desgracias de la familia, la existencia sobrenatural del Mal es presentada como algo real desde el principio: la bruja en cuestión existe, como existe la magia negra que poco a poco se va apoderando de la familia hasta desembocar en un inmejorable y sangriento final. Lo que realmente impresiona es que Eggers no se ha conformado con utilizar las formas típicas de este tipo de cine sino que ha logrado imprimir a su cinta de un realismo más apropiado para un drama de época: todo en la película está dedicada a conseguir esa inmersión total del espectador en el mundo que ha creado, desde el impecable diseño de producción y vestuario, pasando por ese inglés deliberadamente arcaico extraido de la Biblia de Ginebra, hasta la fotografía de luz natural y las proporciones de una pantalla con un mayor espacio vertical para poder captar en su plenitud la altura de los árboles y la inmesidad del bosque. Estéticamente es una película maravillosa cuyas imágenes se quedan en tu mente mucho después de haberla visto, y que al mismo tiempo consigue un ambiente en verdad inquietante que hace que el espectador se sienta, como la familia, completamente desamparado en aquel sitio inhóspito que parece alejado de la mano del hombre civilizado y de su Dios protector.

Esto último me lleva a una cosa que se ha mencionado hasta la fecha en muchas reseñas, y es supuesta presencia de una especie de crítica hacia la religión en cuanto a la actitud de la familia y la naturaleza del mal que les acecha. Me ha parecido curiosa esa visión ya que mi experiencia con la película ha sido precisamente la contraria, y esto es algo que se ha reforzado después de leer varias entrevistas a su director e incluso haberle escuchado en el pase del festival donde la vi: La bruja me ha parecido ante todo una cinta que habla sobre la religión como símbolo supremo de comunidad, y lo que desencadena las desgracias que caen sobre la familia protagonista es precisamente el haber abandonado la seguridad que brindaba su comunidad y su religión y haberse expuesto por lo tanto a los peligros de aquella presencia foránea que habita en el los bosques fuera de su civilización, ese monstruo que acecha fuera de su Fe. Esto también se ve reflejado en su final, el único posible si tenemos en cuenta la necesidad por parte de la protagonista de buscar su seguridad adentrándose en otra comunidad que le ofrece la protección que su familia ya no puede darle.

Pero claro, esto es tan sólo una opinión muy subjetiva, y lo más interesante de esta película es la gran cantidad de lecturas que ofrece y su negativa a darnos los clásicos puntos reconocibles de una historia de terror convencional. Esto último quizás explique el que tantos críticos hablen de ella como algo que "trasciende" su género, como también puede que explique el otro punto que más se ha comentado en casi todas las reseñas que he leído, y es la gran diferencia de apreciación que ha tenido esta primera cinta de Eggers entre la crítica y el público mayoritario, que al parecer no ha quedado tan impresionado con ella como el selecto público cinéfilo. Craso error, si me lo permitís, y uno que muy probablemente se deba a la negativa por gran parte del espectador medio de salirse de los esquemas marcados por los grandes éxitos del gore o el horror sobrenatural. Por favor, dadle un pase, porque esta es sin duda una de las mejores de este año del que todavía no hemos gastado ni la mitad.

miércoles, mayo 11, 2016

Reseña: Hush (2016)

En este blog ya hemos reseñado al director Mike Flanagan en dos ocasiones: con la excelente Absentia (2011) y la un poco menos pero también muy recomendable Oculus (2013). Para esta su tercera película de terror, Hush (2016), Flanagan acomete un reto muy diferente con una película completamente distinta que abandona el ángulo sobrenatural para abrazar un relato minimalista de invasión domiciliaria, y a pesar de que en esta ocasión no nos muestra nada que no hayamos visto en muchas otras ocasiones, el resultado está lo suficientemente bien hecho como para que merezca darle una oportunidad.

Confieso que me esperaba lo peor ya desde la premisa, puesto que la idea de una joven escritora (interpretada por la esposa y habitual guionista de Flanagan, Kate Siegel) que vive sola en una cabaña en medio del bosque y es de repente acosada sin mayor explicaciones por un asesino enmascarado es algo que se ha hecho muchas veces y en la mayoría de los casos muy mal. Hay un par de sorpresas, sin embargo, ya que no estamos aquí ante una cinta como I Spit on Your Grave (2010) (probablemente la más obvia referencia que se me viene a la cabeza en este momento) sino a algo por el contrario mucho más sutil y que nada tiene que ver con la venganza sino con la idea de una mujer que se niega a convertirse en víctima y que busca por el contrario imponerse sobre su agresor, algo que acerca más la premisa al estilo de You're Next (2013). Como extra, la cinta introduce en su argumento un grado más de dificultad al hacer de la protagonista una sordomuda, con lo que se plantea una disparidad entre ella y el asesino más allá de su talento para la violencia.

Este último ángulo tampoco es novedoso (creo recordar varias películas cuya trama tiene que ver con el enfrentamiento entre un asesino y alguien con algún tipo de discapacidad), pero a pesar de su escasa originalidad hay muchas cosas a destacar de esta película, siendo la principal de ellas (para mí al menos) la naturalidad que Flanagan da a los personajes, sobre todo al asesino a quien desde los primeros minutos vemos quitarse la máscara, algo que una película más convencional nunca hubiese hecho. A pesar de que en ningún momento se nos revelan o explican las motivaciones de este para cometer el crimen, la verdad es que dichos motivos no importan y aún así la cinta dota al personaje de una gran carga de humanidad al hacerlo falible, dado a perder el control en numerosas ocasiones y a recurrir a su astucia en aquellos momentos en los que se ve clara y temporalmente superado.

Por supuesto que hay también su buena carga de lugares comunes de este tipo de historias, y algunos aspectos del final se ven venir desde mucho antes, pero la atmósfera dada por la supuesta limitación de la protagonista (y digo supuesta por motivos que no voy a revelar pero que quien lea estas líneas muy probablemente podrá intuir), las actuaciones y la genuina tensión generada en varios momentos hacen que Hush destaque como una muy eficiente película de invasión domiciliaria, y aunque sin duda alguna es la más convencional de las tres entregas de terror de Mike Flanagan hasta el momento, se hace muy recomendable. 

jueves, mayo 05, 2016

Reseña: Harbinger Down (2015)

Primero que nada un poco de historia para ponernos en contexto.

En el 2011 Universal tuvo la brillante idea de hacer un remake de La cosa (1982), uno de los más famosos trabajos de John Carpenter. Tras una producción algo accidentada en la que no se sabía si tendríamos una secuela o una nueva versión, el engendro terminó siendo un poco las dos a la vez, y a pesar de que oficialmente no se anunció como tal, La cosa redux terminó siendo un remake de la cinta del 82 con una protagonista femenina. Poco de eso importa porque Universal, sabiendo que gran parte de la gracia de la original estaba en la calidad de sus efectos especiales, tomó la sabia decisión de contratar a la gente de Amalgamated Dynamics, al mando de Alec Gillis, quienes no sólo eran grandes admiradores de la cinta de Carpenter sino que encima tenían una vasta experiencia en la creación de efectos especiales "físicos" con películas memorables como Aliens (1986), Tremors (1990) y un largo etcétera. Sin embargo, debido a una extraña e inexplicable pirueta, el estudio decidió a última hora sustituir la mayor parte del trabajo de AD con efectos digitales, dando al traste con lo que se perfilaba hasta entonces como uno de los mejores desempeños de la compañía. Motivado por esta frustración, Gillis y su equipo decidieron hacer su propia película, con un presupuesto mucho menor y (parcialmente) financiada a través de Kickstarter. El resultado fue Harbinger Down (2015).

Y eso es lo que es la película en el fondo: un desquite realizado principalmente como vehículo de lucimiento para un estilo de efectos especiales que nunca se llegó a emplear. En ese sentido, Gillis y compañía han hecho prácticmente un remake encubierto de la cinta de Carpenter con un argumento y premisa casi iguales: un grupo de científicos a bordo de un barco pesquero en el ártico recuperan un vehículo espacial ruso congelado por más de treinta años y sin saberlo traen a bordo a una criatura capaz de mutar su cuerpo y alimentarse de los incautos tripulantes. Pero no se trata únicamente de un homenaje a La cosa, sino a todo el cine de monstruos de los ochenta, no sólo en cuanto a las técnicas de efectos empleadas (no hay CGI en la película) sino también en gran medida en cuanto al ritmo y argumento, bastante básico y sin demasiadas sorpresas.

Teniendo en cuenta esto, hay aquí unos efectos muy buenos no solamente en cuanto al diseño del monstruo sino en cuanto al desmembramiento de sus víctimas, y la presencia del veterano Lance Henriksen en un papel secundario otorga a la película cierto grado de legitimidad. En ocasiones, sin embargo, la falta de presupuesto se hace notar de manera dolorosa: una fotografía deliberadamente oscura para intentar tapar en la medida de lo posible las carencias de los monstruos, las escenas de cubierta rodadas en un evidentísimo plató, y algunos ejemplos de product placement tan obvios que dan un poco de vergüenza ajena. El apartado de las actuaciones tampoco es tan interesante, con Henriksen y Milla Bjorn siendo los únicos del elenco que hacen realmente algo atractivo, esta última con el que probablemente sea uno de los mayores estereotipos rusos que nos podamos echar a la cara. 

Lo peor de todo es que estamos ante una película realmente interesante. Es imposible no compararla en ocasiones con La cosa, y en ese sentido sale perdiendo, pero resulta muy entretenida y el equipo de AD sabe brindarnos al menos algunas imágenes memorables en cuanto a la terrible criatura antagonista. Nada de eso parece haber sido suficiente: la recepción de la película fue un tanto fría y no ha tenido el éxito que se esperaba. En mi caso, me ha servido para darme cuenta de cómo han cambiado ciertas cosas en el mundo del cine hoy en día: cuando pienso en "serie B" normalmente pienso en algo como esto, con unos mínimos estándares de calidad que incluso el mal llamado "cine cutre" debe mantener. Hoy en día, por el contrario, parece ser que este lugar está reservado para películas con tiburones en el espacio que sólo pueden apreciarse de forma irónica. Con esto lo que quiero decir es que, con todo y sus innegables carencias, algo como Harbinger Down está a años luz de cualquiera de los subproductos de The Asylum o la cadena Syfy. Por lo visto, sus responsables han salido un tanto quemados de la experiencia, y difícilmente veamos un nuevo trabajo de Alec Gillis como director en un futuro cercano. En se sentido recomiendo este muy interesante vídeo con Gillis hablando de por qué el crowfunding no salvará al cine.

sábado, marzo 26, 2016

Reseña: Creep (2014)

Creep (2014) es ante todo la enésima entrega del por lo visto ya omnipresente formato de cine de metraje hallado, pero no sólo eso: es también un trabajo completamente minimalista y al menos interesante en cuanto a que realiza un intento de crear una historia de terror con apenas dos personajes y una serie de diálogos en gran parte improvisados, por mucho que la situación de la que parte la trama sea muy típia. Con todo y eso no me ha parecido una película demasiado destacable, o al menos no más allá de lo minimalista que resulta y del trabajo de sus dos únicos intérpretes. Los motivos por los que no me ha parecido gran cosa se deben en gran medida a la elección de las formas típicas del terror documental, y también al desaprovechamiento de su premisa y del por lo general muy buen ambiente que consigue crear en su primera mitad.

Pero primero que nada hay que hablar un poco de lo que se trata la película: Creep es también un claro ejemplo de ese modelo de historias en las que el protagonista es seducido por algo "demasiado bueno para ser verdad". En este caso, nuestro personaje principal es un joven cineasta que acepta un encargo visto en un anuncio puesto por un misterioso hombre que lo cita en una cabaña apartada de la civilización y que le pagará una buena suma simplemente por grabar su vida cotidiana durante un día en una especie de video-diario de confesiones. No cuento más porque la sorpresa acerca de lo que empieza a suceder es parte del disfrute que la cinta ofrece, pero basta decir que, muy previsiblamente, aquella oferta resulta tener un reverso siniestro y la interacción entre los dos personajes comienza a cobrar tintes cada vez más inquietantes a medida que el día transcurre y la psique de este desconocido es expuesta.

Lo primero que debo decir es que ya de entrada el hecho de que esta fuese un película de metraje hallado ya me echó para atrás, sobre todo teniendo en cuenta que el formato no está del todo justificado más allá de un punto de vista meramente presupuestario. Me explico: hay un momento en el que uno de los personajes hace una referencia explícita a Mi vida (1993), cinta en la que se intercalaba el video-diario de un hombre enfermo de cáncer terminal con escenas en perspectiva omnisciente de toda la vida, en la evidente suposición de que no todo el día a día de una persona tiene por qué ser grabado. Es curioso que Creep no haya decidido optar por el mismo estilo dual ya que le habría sentado muy bien, sobre todo en la segunda mitad de la película, cuando el protagonista continúa guardando un meticuloso registro de todo lo que le ocurre a pesar de que no tiene ningún motivo para hacerlo, o al menos ninguno que haya sido explicado antes.

Esta segunda mitad es para mí lo que al final hizo de esta cinta algo poco destacable, y que desinfló por completo la sorprendente tensión generada durante los primeros cuarenta minutos. De hecho, me atrevería a decir que esta es una obra que funciona mejor en su sencillez inicial, ya que con muy pocos recursos, con escenarios naturales, dos únicos actores y diálogos, consigue sus mejores momentos. Pero esto es también lo único que puedo destacar de ella. Del resto, poca cosa a decir verdad.

domingo, marzo 13, 2016

Reseña: Amityville 4: The Evil Escapes (1989)

Años atrás, cuando prometí revisar en este blog toda la saga de Amityville, lo hice motivado no únicamente por un mero afán completista sino también por el hecho de que yo, personalmente, no conocía dicha saga en su totalidad, ya que había visto únicamente las dos primeras entregas de la trilogía original. Digo "trilogía original" porque si bien esta saga ya tiene la nada despreciable cantidad de trece películas en su haber (con la última, Amityville: The Awakening (2017), a estrenarse pronto), hasta la llegada del remake del 2005 sólo las primeras tres llegaron a estrenarse en cines, mientras que el resto fueron producidas para la tele o el mercado de estrenos directos a formato doméstico. Este es el caso de Amityville 4: The Evil Escapes (1989), que se estrenó para la televisión y que hoy en día es famosa por ser una de las peores entregas. Los calificativos se quedan cortos, a decir verdad, y sólo podría recomendarla para esos completistas/masoquistas curiosos por ver los puntos más bajos de una saga inexplicablemente longeva.

Una cosa debo aclarar, sin embargo: la idea de la que parte esta cuarta entrega es hasta cierto punto muy interesante y da pie a elucubraciones acerca de la trama que podrían haber sido muy exitosas en otras manos. El subtítulo de la entrega no es casual ya que en esta ocasión el argumento se desarrolla por primera vez fuera de la misteriosa casa del 112 de Ocean Avenue, la cual finalmente ha sido desvalijada y sus muebles puestos a la venta en la calle. Es aquí donde comienza la historia, cuando una lámpara de pie de la casa es comprada y llevada a California sin saber que dentro de ella se esconde parte de la maldición, con las muy previsibles consecuencias. De entrada la idea de la maldición de la casa extendiéndose por todo el país a través de los objetos que en ella estaban me parece muy buena, y ciertamento más aprovechable de lo que al final hicieron, sobre todo porque al intentar darle un diseño "tenebroso" a la lámpara lo único que consiguieron fue arrojar por la borda cualquier atisbo de seriedad que uno podría haberle dado a la película.

Precisamente el diseño de la lámpara es lo que arruina por completo una historia que ya de por sí no tenía mucho que ofrecer. Aparte de las evidentes limitaciones que tiene por fuerza un trabajo hecho para la televisión en abierto, Amityville 4 no tiene ningún reparo a la hora de calcar elementos que funcionaron en otros éxitos de los ochenta, principalmente Poltergeist (1982), de la que toma la idea de una niña pequeña que tiene una particular conexión con la entidad sobrenatural y que por supuesto se convierte en el blanco principal de la amenaza que se esconde dentro del artefacto.

Hoy en día, imagino que una película como esta puede funcionar únicamente como disfrute irónico, y como prueba de que siempre se puede caer del estrellato ya que la protagonista de esta cinta es nada menos que Patty Duke, quien tuvo una carrera brillante en su juventud en la que ganó hasta un Oscar y que sin embargo hace de la cara más reconocible en este despropósito que, curiosamente, no mató la saga sino que fue sólo el punto de partida de una debacle que todavía se extiende hasta nuestros días. Atención al hilarante final cuando la lámpara diabólica es derrotada de la forma más disparatada y ruidosa posible. 

jueves, marzo 03, 2016

Reseña: Contracted (2013)

Tras más de una década siendo explotado de manera reiterada tanto por el mainstream como por trabajos más independientes, la gracia del subgénero zombi pasa por encontrar nuevos filones y formas de contar lo que básicamente viene siendo la misma historia de siempre. Algo así pasa con Contracted (2013), uno de los ejemplos más recientes de esta tendencia. La mejor forma de definirla sería hablar de una película de zombis "lenta", una que a diferencia de la mayoría de sus congéneres busca hablar del inicio mismo de la plaga, la progresiva evolución del paciente cero, que se nos presenta ante la cámara como una historia de degradación corporal y metamorfosis que se va haciendo cada vez más grotesca a medida que nos acercamos hacia su muy predecible desenlace.

El desarrollo de la película es, de hecho, tan lento que casi siento que incluirla en el subgénero zombi calificaría como spoiler, pero no lo es porque si bien nunca se menciona aquella palabra con "z", todo lo que ocurre en pantalla será fácilmente reconocible incluso para aquellos no muy metidos en este subgénero. Lo interesante en este caso, y aquello que evidentemente se ha querido destacar, es cómo la protagonista llega allí, iniciando la trama con una jovencita que tras ser abusada sexualmente en una fiesta comienza a ver cómo su cuerpo se descompone frente a sus ojos y cómo incluso su mente y comportamiento comienzan a sufrir grandes cambios a lo largo de los varios días que dura la infección.

El párrafo de arriba debería dejar aún más claro si cabe el evidente discurso de Contracted acerca de las enfermedades de transmisión sexual, algo que nos reitera una y otra vez aunque por desgracia con muy poca efectividad. A pesar de que la idea resulta interesante (y agradezco que no hayan optado por el formato de metraje hallado) el lento desarrollo de algo que en el fondo ya conocemos hizo que la película me pareciera muy aburrida y además llena de momentos de una falta de lógica insólita: resulta increíble, por ejemplo, cómo la protagonista nunca parece tener el más mínimo interés en averiguar nada sobre el hombre que abusó de ella en la fiesta a pesar de que sabe evidentemente que es él la causa de su extraña mutación. En vez de eso tanto ella como la película parecen insistir en explotar un drama juvenil con triángulo amoroso incluido que francamente se siente fuera de lugar y como poca cosa comparada con el horror de aquella transformación. 

Teniendo esto en cuenta, la única baza que la cinta logra meter a su favor es el factor grotesco de la decadencia física de su personaje principal, un deterioro al que en mi opinión el resto de personajes no da la importancia debida. Este aspecto estético es quizás lo único que puedo destacar porque como digo la película es muy aburrida y ya desde el principio sabemos exactamente cómo va a terminar. El tema de las enfermedades venéreas es constantemente referenciado pero no se saca de él nada realmente destacable, así que no se me ocurre ningún motivo para recomendarla. Si tenéis ganas de ver un trabajo zombi algo distinto y que también sirva de excusa para hablar de otros temas, es mucho mejor idea darle una oportunidad a la ya comentada y recomendada Deadgirl (2008), muestra de que el cine zombi todavía tiene mucho por dar y ángulos novedosos que aún pueden explorarse. 

domingo, febrero 28, 2016

Reseña: Absentia (2011)

En ocasiones hay películas que llegan por sorpresa y que conectan con cierto tipo de espectador de una forma completamente inesperada y difícil de explicar con palabras. Algo así es lo que me ha pasado con Absentia (2011), a la cual terminé acercándome no por recomendación alguna sino por completismo, ya que esta cinta de terror independiente precedió la entrada al mainstream de Mike Flannagan, el director de Oculus (2013). Pero a diferencia de esta última, que es al final de todo una cinta de fantasmas más o menos convencional, esta ópera prima de la que hablamos hoy es una extraña mezcla de terror cósmico con fantasía oscura, enclavada en un escenario puramente urbano pero con un argumento que remite a miedos muy antiguos, a unos arquetipos mitológicos que trascienden las culturas. Es también una película con la que me he sentido muy identificado puesto que sus ingredientes son temas que me han interesado desde siempre. Como mencionaba arriba, es una historia con la que he conectado enseguida, y espero que sepan perdonarme si no logro transmitir ese entusiasmo.

Esta historia a la que me refiero es algo que no puedo adelantar sin contar prácticamente toda la película así que simplemente mencionaré la premisa inicial: la historia de dos hermanas que se reencuentran en un intento por recomponer sus vidas. Una de ellas busca encontrar su camino y recuperarse de su adicción, mientras la otra intenta desesperadamente volver a hallarse a sí misma tras dar por perdido a su marido, quien desapareció misteriosamente siete años atrás y que sólo ahora ha sido declarado legalmente muerto "in absentia". Es precisamente esta desaparición lo que constituye el centro de la película debido a su conexión con una presencia en el aparentemente tranquilo vecindario donde las dos mujeres viven, uno el que se esconde un mal muy antiguo.

Es a partir de aquí, con unos efectos especiales casi inexistentes y una atmósfera basada únicamente en el misterio de lo que ha sucedido, que la película consigue toda su efectividad. A pesar de que hoy en día el término "tintes lovecraftianos" ha sido abusado hasta la saciedad, lo cierto es que el argumento sí que tiene muchos elementos del autor de Providence, sobre todo una vez que el secreto de lo ocurrido comienza a ser revelado y este abre la puerta a lo irracional, a algo que está más allá de la realidad humana y que rompe con la apariencia de normalidad que desprende del barrio donde se lleva a cabo la historia. Todo esto, insisto, sin apenas romper ese foco en los personajes y en su dilema particular. De hecho, la única concesión al horror más tradicional que hay aquí reside en una secuencia explicativa donde se habla de los antecedentes de aquello que está ocurriendo, eso y el nihilismo propio de una cinta de horror de carácter cíclico presente en su por otro lado muy eficiente desenlace.

Por todos estos motivos Absentia ha sido una de las mayores sorpresas que me he llevado últimamente y una cinta que en verdad lamento mucho haber dejado pasar en su momento. Teniendo en cuenta este trabajo y los resultados conseguidos en una cinta comercial como Oculus, Mike Falanagan puede convertirse en un director a tener muy en cuenta, y los próximos proyectos en los que está embarcado (incluyendo una posible adaptación de la novela de Stephen King El juego de Gerald) pintan como una posible confirmación de esto.

lunes, febrero 22, 2016

Reseña: Late Phases (2014)

Aquí en Horas de oscuridad llevamos ya un tiempo (uno que coincide más o menos con nuestro escaso ritmo de actualizaciones) metidos en la escena del terror indie, y aunque es cierto que este mundo tiene sus propios lugares comunes y clichés, también es cierto que es donde hemos visto los trabajos de terror más interesantes que nos hemos podido encontrar, trabajos que no sólos se alejan de la medianía del horror mainstream, sino también de la condescendencia a menudo desplegada hacia el fan duro del género. Una de esas películas ha sido precisamente Late Phases (2014), cinta a la que me acerqué debido a haber escuchado muy buenas críticas, pero de la cual lo que realmente me sedujo fue la posibilidad de encontrar una película de hombres lobo destacable. Al final resultó ser más que eso. Al igual que Ginger Snaps (2000), estamos ante una película que utiliza la idea del licántropo para hablar de otra cosa, y lo hace de forma muy efectiva e interesante.

Gran parte del interés que despierta esta obra está en su personaje principal, un malhumorado veterano de guerra entrado en años, ciego y completamente desconectado de sus semejantes (incluyendo si hijo) que se va a vivir a una urbanización para jubilados que de la noche a la mañana comienza a ser víctima de los ataques de un hombre lobo que acaba sin piedad con la vecina del personaje principal. Esto que cuento arriba no está narrado como un misterio: desde el principio tanto el protagonista como el público saben qué es lo que está pasando y la naturaleza exacta del monstruo que está asolando la por otro lado idílica urbanización, y el metraje se va en cómo precisamente nuestro hombre se prepara para desenmascarar a la bestia y destruirla un mes después cuando (muy previsiblemente) venga a por él en lo que será su última batalla. 

Esto que acabo de escribir arriba suena muy similar al argumento de la también excelente Bubba Ho-tep (2002), de Don Coscarelli, y la verdad es que ambas cintas tienen mucho en común, no sólo la idea de un antiguo guerrero de avanzada edad enfrentado a lo sobrenatural sino también la idea del rescate de la dignidad en la vejez y el tono lento y sobrio de su metraje, aunque Late Phases no está tan inclinada hacia la comedia. Tampoco se afinca mucho en sus elementos de terror, a decir verdad; las escenas en las que aparece el monstruo son escasas y muy distanciadas entre sí, y el misterio no se trata tanto de quién es el hombre lobo sino por qué mata y qué es lo que se esconde tras la aparentemente apacible vida en esa comunidad de ancianos junto a un bosque. Donde sí destaca la película es en algunas de sus salidas dramáticas, y en este sentido tiene logros muy notables como toda la relación del protagonista con su hijo.

Como decía arriba, me acerqué a Late Phases buscando una cinta de hombres lobo más y quedé muy sorprendido al encontrarme con un argumento muy atractivo y unos personajes más que entrañables. Algunos de los que esperen una película de terror más convencional pueden salir decepcionados con su hincapié en el drama y en el diseño de sus licántropos de orejas puntiagudas, pero es en verdad una película muy buena que queda más que recomendada.

miércoles, febrero 03, 2016

Reseña: Poltergeist 3 (1988)

Gary Sherman, director conocido por películas de terror como la británica Death Line (1972) o la muy recomendable Dead and Buried (1981), dirige y co-escribe esta tercera entrega de la saga Poltergeist realizada ya en los albores de los noventa, con intenciones mucho más claras en su tentativa de ser una película de terror al uso. Estas dos cosas, la presencia de Sherman como director y el ángulo terrorífico, deberían haber bastado para asegurar el éxito de Poltergeist 3 (1988) pero por desgracia no fue así. Aquellos que la conozcan saben que desde el momento de su estreno fue considerada como la peor de la saga y una de las más problemáticas secuelas que jamás se hayan realizado. En mi caso particular había olvidado gran parte de ella salvo algunas escenas puntuales, por lo que verla de nuevo ha sido todo un redescubrimiento, porque honestamente no la recordaba tan terrible.

Una cosa que sí resalta a la vista es que el argumento de esta tercera entrega intenta de forma muy obvia repetir aquellos elementos exitosos tanto de Poltergeist (1982) como su secuela de apenas dos años antes, hasta el punto de que podemos fácilmente hablar de una trama que es una mezcla de las dos películas anteriores: nuevamente la historia gira en torno a la obsesión de los fantasmas por la pequeña Carol-Anne (único personaje de la familia original que regresa en esta ocasión) y el acoso por parte del espíritu del maligno reverendo Kane que habíamos conocido en Poltergeist 2 (1986). La acción tiene lugar esta vez en un inmenso y moderno edificio donde Carol-Anne ha venido a pasar unos meses con sus tíos, pero el cambio de escenario es lo de menos porque se repiten muchos de los giros narrativos de la primera película: el ataque de los fantasmas, el rapto de la niña hacia un universo paralelo, y el regreso de la mística Tangina (nuevamente interpretada por Zelda Rubinstein) que de nuevo debe ayudar a la familia a rescatar a la pequeña a través del siempre redentor poder del amor. En este sentido es prácticamente la misma película del 82 y habrá pocas sorpresas para aquel que la conozca.

La principal diferencia se encuentra esta vez en un mayor énfasis en los aspectos de terror que la historia propone, pero curiosamente se hace desde una propuesta estética diferente de las entregas anteriores: el escenario del edificio lleno de espejos y el constante juego que estos ofrecen son probablemente lo más interesante de la película y un ejemplo de terror de estética surrealista tremendamente similar a lo que se venía haciendo con la saga de Pesadilla en Elm Street, la cual todavía para 1988 estaba en plena forma en cuanto a popularidad. A pesar de que el argumento se mueve a trompicones y que sus giros son poco originales al estar prácticamente calcados a los de la primera parte, esta estética le da a la cinta una sensación de irrealidad que se convierte en su única seña de identidad propia y es algo al menos digno de ver. Por otro lado, es difícil ignorar lo atropellado del argumento y algunos momentos sonrojantes producto de un guión muy poco trabajado y unas decisiones francamente insólitas. Choca muchísimo, por ejemplo, que Heather O'Rourke se vea evidentemente mayor que su personaje de Carol-Anne, aunque intentan (sin éxito) hacerla parecer más pequeña de lo que es. Tampoco ayuda que la película trata de hacer ruido y acudir al recurso fácil de personajes histéricos e irracionales que gritan el nombre de Carol Anne en 121 ocasiones (alguien en IMDB las contó). 

Aunque sería injusto pasar por alto el hecho innegable de que esta fue una producción con muchos problemas que se retrasó en varias ocasiones debido a diversos contratiempos que normalmente habrían dado al traste con toda la producción, como el hecho de que Zelda Rubinstein abandonara el rodaje debido a la muerte de su madre, a lo que debemos sumar, como todos sin duda sabéis ya, el fallecimiento de la propia Heather O'Rourke debido a una misteriosa enfermedad que se nota de forma trágica en el físico de la pequeña actriz. Insólitamente, ninguna de estas cosas fue considerada como un impedimento para los productores de Poltergeist 3, que editaron la película de tal forma que pudiesen terminar por los pelos una trama sin contar demasiado con sus dos actrices principales, dando como resultado una película muy pobre, plagada de problemas y francamente sin ninguno de los aciertos que las dos anteriores entregas consiguieron. Este desastre del que hablo es, de hecho, el principal motivo por el que esta película es conocida hoy en día, y tras verla de nuevo uno no puede sino entenderlo.

miércoles, enero 27, 2016

Reseña: The Veil (2016)

Uno de los primeros estrenos mainstream del año, The Veil (2016) nos llega además en el mes de enero, que es aquel que normalmente suele ver aquellos proyectos con los que hay pocas esperanzas. El fenómeno es real y hay hasta un artículo de Wikipedia sobre él, por lo que os imaginaréis que no guardaba lo que se dice muchas expectativas. Menos aún teniendo en cuenta algunas de las cosas que se ven ya de entrada como la presencia de Jessica Alba de protagonista, ya que el recuerdo del remake de The Eye (2008) está todavía muy fresco.

Y resulta que no: a pesar de tiene una gran cantidad de problemas y de que se queda corta en muchos de sus aspectos más interesantes, esta cinta de la que hablamos hoy no ha sido tan terrible como esperaba y de hecho me ha sorprendido en más de un punto. Si os estáis preguntando de qué se trata, digamos que es una especie de "secuela por defecto" de The Sacrament (2014), en el que un grupo de jóvenes cineastas ruedan un documental acerca de una secta religiosa, con la diferencia de que esta vez dicho rodaje se lleva a cabo después del suicidio en masa realizado por los acólitos y su líder, con la única superviviente de la masacre haciendo de guía en el lugar de los hechos. Al igual que en la ya citada cinta de Ti West, esta película también hace muy evidente su inspiración en la masacre de Jonestown, así como en otras historias de sectas chungas de los noventa como Heaven's Gate o el sitio de Waco, Texas. Lo interesante, sin embargo, en que en esta ocasión dichas historias son sólo el punto de partida para un relato de terror sobrenatural y no se queda meramente en la truculencia de un hecho ya de por sí bastante horrible. 

Una cosa a destacar es que a pesar de que la trama gira alrededor de un equipo de documentalistas, no estamos ante una película de metraje hallado, algo lógico ya que el elenco cuenta con demasiadas caras conocidas como para dar sensación alguna de realismo: Jessica Alba, Lily Rabe y Thomas Jane, quien se roba cada escena en la que aparece con una actuación histriónica y caricaturesca de un predicador sureño. Esto último es una suerte porque Jane le da a su personaje tanta vitalidad que termina contagiando el tono de una película por otro lado muy sobria y que no tiene ningún otro personaje realmente interesante. Lo que sí me pareció destacable, sin embargo, es el argumento, una historia de un muy marcado estilo lovecraftiano que mezcla ciencia y magia y que sigue muchas de las estructuras, temas y giros narrativos del autor de Providence. Pero es que además la trama es interesante y nos mantiene con expectativas hasta el final a pesar de que la mayoría de sus giros se ven venir a leguas y el desenlace es tan descabellado que se vuelve un poco ridículo. Otra cosa que se le podría criticar es la forma en que emplea el recurso narrativo de las películas antiguas, presentadas como simples flashbacks que rehuyen de la estética de metraje hallado pero que tampoco parecen proponer una alternativa visualmente atractiva. 

Con todo y eso The Veil es una película interesante, ciertamente muy superior a la mayoría de estrenos de terror que suelen llegar en enero, y me atrevería a decir que la mayor parte de sus problemas tienen que ver más bien con las limitaciones obvias de una cinta de terror comercial, porque este mismo argumento en manos de realizadores más arriesgados y menos condescendientes habría dado un resultado tremendo. Por cierto: hace poco leí una noticia en la que se comentaban sus sospechosos parecidos con una famosa novela gráfica de El Torres, y aunque no he leído aún la obra a la que hacen referencia, por la sinopsis me ha parecido que cuenta una historia completamente distinta y es sólo el título en lo que coinciden, pero en cuanto a este punto quizás haya alguien mejor informado que yo. En definitiva, lo que sí está claro es que esta cinta de la que hablamos hoy no cambiará la vida de nadie, pero me ha sorprendido de forma muy positiva teniendo en cuenta el panorama que se suele ver en estos meses.