lunes, octubre 31, 2016

Reseña: I Am The Pretty Thing That Lives In The House (2016)

Justo a tiempo para Halloween, Netflix trae su primera película original de terror. I Am The Pretty Thing That Lives In The House (2016), sin embargo, no es precisamente la opción más obvia para una maratón de Noche de Brujas puesto que es una cinta muy fuera de lo común que difícilmente complacerá a aquellos que buscan una buena dosis de sustos al uso. Es por el contrario una película con un argumento mínimo en el que ocurren muy pocas cosas y en la que el miedo está muy dosificado y casi siempre presentado debajo de la superficie. Y sin embargo, continuando con aquello que dejaba asomar en nuestra reseña anterior, es este tipo de cine de terror lento, atmosférico y, por qué no decirlo, "aburrido", el que últimamente me interesa más, sobre todo en una época en la que el horror mainstream (al menos el americano) está tendiendo cada vez más a la insensata repetición de sus mayores éxitos.

En I Am The Pretty Thing... encontramos en cambio un arquetipo de historia gótica que resultará familiar a aquellos que conozcan la obra de autoras como Shirley Jackson, que solían dejar siempre en términos ambiguos la presencia de lo sobrenatural, y se referían a los fantasmas como entidades del pasado que se aferraban a un lugar y deambulaban en soledad por los pasillos. Algo así ocurre a la protagonista de la película, una enfermera que acude a cuidar de una anciana escritora de suspense que vive sola en una casa en la que, según reza su testamento, desea estar en el momento de su muerte. A lo largo del tiempo que pasa en la residencia vemos cómo la soledad empieza poco a poco a hacer mella en la protagonista, aislada en una casa en la que no hay televisión y forzada a convivir con una anciana en un permanente estado semi-catatónico, por lo que ni siquiera puede comunicarse con ella de forma clara. Es sólo más adelante, cuando la comunión entre la obra de la escritoria y la macabra historia de la casa termina por darse que la protagonista comenzará su acercamiento a lo sobrenatural, con un resultado final que a pesar de que ha sido anunciado desde el principio no deja de tener su fuerza.

Todo esto que he comentado arriba se da, repito, de forma muy lenta en una película plagada de silencios y planos fijos que conforman una de las más seductoras atmósferas de terror que he visto en mucho tiempo. Es una película prácticamente desprovista de dramatismos y que no hace prácticamente ninguna concesión al espectador habitual, pero que aún así (o quizás precisamente gracias a eso) logra meterse debajo de la piel y me ha traído una sensación que por lo general sólo me ha acompañado con una literatura de terror muy específica, con Henry James, Susan Hill o la ya citada Shirley Jackson a la cabeza. Definitivamente no es para todo el mundo, sobre todo por ese desarrollo que deja para el final el que prácticamente es su único momento de impacto. Pero es ante todo una cinta única que representa además un paso natural en la evolución de su director.

Porque claro, no lo había comentado antes, pero el hombre detrás de este proyecto es Osgood Perkins, el mismo de February (2015), reestrenada este año bajo el título The Blackcoat's Daughter, una obra que también nos gustó mucho y que también forma parte de ese cine de terror de estilo sobrio y pausado por el que sentimos preferencia hoy en día. Con este segundo trabajo, el hijo de Anthony Perkins lo ha vuelto a hacer, y desde aquí esperaremos lo próximo suyo, que muy probablemente cause opiniones tan enfrentadas como esta de la que hablamos hoy.

miércoles, octubre 19, 2016

Reseña: Shelley (2016)

Nunca lo había mencionado hasta ahora, pero uno de los motivos de la escasez de actualicaciones que este blog ha tenido últimamente se debe a que, con el pasar de los años, mi relación con el cine de terror ha cambiado: mis gustos ya no son los mismos que solían ser, mi afán de completismo se ha reducido, así como mi tolerancia con cierto tipo de cine que por desgracia parece ser cada vez más común. Sin embargo, de vez en cuando soy capaz de encontrar alguna cinta que se sale un poco de esos esquemas y toca temas que me interesan a pesar de que en el aspecto formal se aleja un poco de la norma. Digo todo esto porque Shelley (2016), una cinta de terror danesa que tuve la oportunidad de ver este verano, es una muy buena película que merece ser vista y que muy probablemente no tendrá un pase comercial debido a aspectos puramente formales. Es una película lenta y poco efectista que se toma su tiempo, y sin embargo es fácilmente una de mis favoritas de este año por lo inquietante de su desarrollo y por su premisa de embarazos extraños, algo que en lo particular siempre me ha hecho sentir muy incómodo.

En esta película vemos a una pareja de adinerados burgueses que contratan a una chica rumana para que trabaje de criada en su cabaña perdida en medio del bosque. Desde el principio la cinta nos plantea a la pareja protagonista como personas privilegiadas que han decidido voluntariamente privarse de todos los lujos de la civilización como la electricidad, teléfono y agua corriente en favor de una vida sencilla, pero que requieren de ayuda debido a que la mujer está recuperándose de un aborto involuntario. Prácticamente todo el primer tercio del metraje se va en construir la relación entre estos tres personajes, sobre todo las dos mujeres, que desarrollan una auténtica amistad que llega a su punto máximo cuando la pareja pide a la joven criada, Elena, que acceda a llevar en su vientre al hijo de ambos. Es a partir de aquí cuando comienzan los elementos de terror, ya que durante sus meses de aislamiento en el bosque Elena comenzará a sufrir alucinaciones y experiencias que le demostrarán que su embarazo (y por lo tanto el niño dentra de ella) no es del todo normal.

Todo en la cinta apunta a que el embarazo de Elena no es sino la puerta de entrada a un horror oculto e inexplicable que, curiosamente, nunca se llega a explicar del todo más allá de las muy sutiles referencias a un Mal presente en el bosque y que ha terminado por apoderarse de la joven. Es un tema que está muy bien planteado ya que al igual que como ocurría en otras obras como El bebé de Rosemary (1968), la protagonista se encuentra realmente indefensa, acosada no sólo por la amenaza sobrenatural sino también por la mujer de la pareja anfitriona, que de repente empieza a ver a la joven como si fuese de su propiedad hasta el punto de querer dictaminar todos los detalles de su vida. Todo este conflicto va creciendo hasta su desenlace centrándose principalmente en el horror que todos intuyen que se acerca. Basta con tener en cuenta que el título de la película no se refiere a ninguna de las dos mujeres sino a la pequeña niña que está por nacer.

En el poco probable caso de que os encontréis Shelley en un cine, no la dejéis pasar. Probablemente no sea para todo el mundo y por momentos no parece una película de terror, pero a pesar de todo esto es sumamente inquietante y hacia su tercer acto se vuelve perturbadora como pocas historias que he visto este año. Me ha encantado sin duda.

miércoles, octubre 12, 2016

Reseña: Blair Witch (2016)

Tarde o temprano tenía que ocurrir: después de casi dos décadas explotando y exprimiendo el cine de metraje hallado hasta convertirlo en un género propio, era sólo cuestión de tiempo antes de que llegara una nueva versión de aquella película que comenzó todo allá por 1999, y efectivamente, aunque han tardado menos tiempo del que pensaba, he aquí el pseudo-remake de El proyecto de la bruja de Blair (1999), titulado simplemente Blair Witch (2016) y adoptando la forma de una secuela ambientada quince años después de la original pero que repite prácticamente todos los puntos del argumento de la obra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, con muy pocos cambios o aportaciones novedosas, por lo que a pesar de todos sus esfuerzos por parecer lo contrario, estamos realmente ante un remake encubierto de la película de los noventa. 

Soy el primero en reconocer que la vi con ciertos prejuicios, no sólo porque el metraje hallado es un género que me interesa muy poco sino porque la bruja de Blair original es una película que me gusta mucho, y tras verla de nuevo recientemente me di cuenta de que es ampliamente superior a casi todas las cintas de este subgénero que han venido después, las cuales nunca han parecido entender exactamente qué fue lo que hizo de la original un éxito. Esta que tenemos ahora en el 2016 es de hecho mucho más parecida a la ola de productos similares que se han estrenado desde entonces, una versión "actualizada" de la original con más efectos sonoros y especiales, más momentos de terror puro y duro, un mayor contenido explícitamente sobrenatural, y absolutamente nada de la sutileza y ambigüedad que constituía la mayor fortaleza de la original. Es, en todos los sentidos, una secuela típicamente comercial que toma aquellos aspectos superficiales de la primera parte y los extrapola para ofrecernos lo mismo que antes pero a lo bestia, sólo que este tipo de continuaciones por lo general se hacen un par de años después de la primera y no tras casi dos décadas en las que ya el mercado de este tipo de productos se ha saturado por completo. 

Pero mentiría si no dijese que hay al menos ciertos puntos de interés: aquí es donde os revelo que mi principal motivación para ver esta película no tenía nada que ver con la nostalgia por la original sino más bien con nombre de Adam Wingard como director, un cineasta muy competente cuyas obras anteriores, A Horrible Way to Die (2010), You're Next (2011) y The Guest (2014), causaron una buena impresión en mí y me habían convencido de que podía sacar algo interesante de un proyecto que, evidentemente, ha sido un encargo. Hasta cierto punto es así porque mediante la ampliación del elemento sobrenatural Wingard logra sacar algunas ideas atractivas, sobre todo en los últimos diez minutos de la película, cuando se desata el clímax y los personajes sobrevivientes se enfrentan a la amenaza de los bosques en medio de un delirio surrealista que incluso juega con nuestra percepción del espacio y el tiempo, en un alarde similar al que ya habíamos visto en otra cinta de metraje hallado, Grave Encounters (2011), aunque menos trabajado y algo confuso.

A decir verdad ese ha sido, para mí, el mayor problema con esta película: ninguno de los elementos adicionales que ostenta ha sido desarrollado sino que va lanzando ideas una tras otra enredando tanto al público como a los personajes. Esta es además una de esas cintas de terror cínicas en las que los protagonistas nunca saben realmente qué es lo que está sucediendo y por lo tanto nunca tienen realmente una oportunidad de triunfar sobre la amenaza que se cierne sobre ellos, por lo que el final está cantado desde el principio incluso si no tenemos en cuenta que el propio formato ya revela desde el minuto uno cuál ha sido el fin de los personajes. En definitiva, todo lo que tenía de bueno la primera película ha sido tirado por la borda en aras de un trabajo comercial repetitivo, predecible, lleno de sustos baratos y plagado de todos y cada uno de los vicios que suelo odiar de este tipo de historias. El por qué un director como Adam Wingard ha sido el encargado de llevar esto a la realidad es algo que se me escapa, porque esto no es más que otro ejemplo más de un terror documental fácil de personajes gritando, efectos de sonido a máximo volumen, cámara temblorosa y un monstruo final que nada tiene que ver con la sutileza y buen arte de la original. 

domingo, octubre 09, 2016

Reseña: Ouija (2014)

En lo que prometía ser un domingo de absoluta inactividad, cayó en mi regazo esta película que dejé pasar hace un par de años y que, honestamente, no prometía nada bueno. De hecho la vi hoy con cierta reticencia y esperando muy poco de ella, por lo que es probable que mi opinión sea más benévola de lo común teniendo en cuenta las escasas expectativas que tenía. Lo cierto es que por encima de todo hay que decir que Ouija (2014) es simplemente otro inofensivo intento de terror comercial de rápido consumo por parte de la Platinum Dunes y la omnipresente productora Blumhouse, destinada a llenar una obligatoria cuota anual de de terror sobrenatural con actores jóvenes, casi siempre provenientes del mundo de la televisión, y siguiendo un esquema muy conocido que hemos visto repetido cientos de veces. Teniendo en cuenta todo esto, no es la peor película de terror que he visto, y al menos ha tenido un par de ideas interesantes, ninguna de las cuales tiene que ver con el juego de mesa en el que se basa.

El argumento es, a decir verdad, sólo una excusa y pasa por todos los lugares comunes de este tipo de producciones: una joven muere en extrañas circunstancias luego de usar una tabla de Ouija que luego sus amigos emplearán para intentar entrar en contacto con ella, sin saber que al hacerlo han desatado una fuerza maléfica que los perseguirá para acabar con ellos uno a uno. El resto ya lo sabéis: hay una investigación en torno a un crimen del pasado, con sus inevitables evidencias en forma de viejas fotografías, seguida por la aparición de un personaje cerca del final que explica todo lo que está pasando y la manera de solucionarlo, para luego dar un giro final. Todo esto ya está bastante cantado prácticamente desde el principio, si bien la película tiene algunos momentos de tensión y anticipación genuinos a pesar de que fue una producción con muchos problemas que por lo visto sufrió numerosos cambios y rodajes adicionales que cambiaron aproximadamente un cincuenta por ciento del argumento para hacerla más comercial y más parecida a una película de terror del montón.

Esto último no me sorprende nada porque no es la primera (ni la última) película hecha acerca del juego de la Ouija (ni siquiera es la primera en usar ese título). La popularidad del juego es tal que sus reglas y características ya forman parte del inconsciente colectivo y estimulan la creación de numerosas historias basadas en algo que, como todos sabemos ya, no es sino un inofensivo juego mercadeado de forma masiva a finales del siglo XIX por un timador que aprovechó la por entonces muy extendida fiebre por el ocultismo en la sociedad occidental. De hecho es más interesante la mitología creada a partir del propio tablero que el tablero mismo, y por ese motivo es una lástima que al final esta película no sea más que otra historia regulera de los-fantasmas-vienen-a-por-ti. 

A pesar de ese par de momentos a los que me refería antes, la medianía e intrascendencia de una película de usar y tirar como Ouija la hace imposible de recomendar. En un intento bastante evidente de dar a esta cinta algo de legitimidad, llega un momento en el que aparece la actriz Lin Shaye en un pequeño papel cerca del final, pero verla lo único que logró fue que me entraran ganas de volver a ver su trabajo en la saga de Insidious (2010), una película muy superior en todos los sentidos. Confieso que el único motivo por el que vi esta es porque sé que el director Mike Flanagan, a quien ya le hemos dedicado varios elogios, ha sido el encargado de llevar a cabo la segunda parte que se estrenará este mismo mes. Esperemos que sea mejor que esto.

martes, septiembre 20, 2016

Reseña: Train to Busan (2016)

Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).

Ya el planteamiento inicial deja muy claro el objetivo de la cinta al centrar toda la historia en un tren de alta velocidad entre Seúl y la ciudad costera de Busan, donde un padre indolente debe llevar a su pequeña hija sin saber que su viaje ha coincidido de forma fatal con el inicio de una epidemia zombi que se apodera del tren y obliga a los pasajeros a luchar por su vida. El espacio cerrado y lineal ayuda a crear un componente de angustia adicional a la ya de por sí peligrosa situación, y el hecho de que la epidemia comienza en la sección de segunda clase del tren, con los infectados atacando los vagones más caros, es sólo uno de los muchos momentos en que la cinta de Sang-ho hace gala de un discurso acerca de una sociedad devastada por el individualismo y la lucha de clases. Este aspecto de la película, así como su crítica al corporativismo y la dificultad de las clases acomodadas de trabajar en equipo ante una situación desesperada, fácilmente se nos hubiera podido atragantar de no ser por el implacable ritmo de la película y la forma en que el espectador es sometido al peligro constante y sin descanso. 

Parte de este ritmo tiene que ver sobre todo con las "reglas" que la película establece prácticamente desde el principio y de forma muy efectiva: la infección zombi se contagia en apenas segundos, los afectados son de la variante "rápida", y detectan a sus víctimas con la vista, lo que lleva a secuencias de tensión muy efectivas más adelante. La cinta asimismo va cambiando de perspectiva entre varios de los pasajeros del tren, manteniendo siempre el foco principal en el prota y su pequeña niña pero también dedicando cierto tiempo a personajes que pasan a reforzar ciertos arquetipos del mensaje que su director desea transmitir: el héroe de clase obrera, una pareja de adolescentes que intentan salvarse uno al otro, y sobre todo un villano hombre de negocios cuya maldad y egoísmo eran a veces tan exagerados que lo hacían parecer una caricatura. Por fortuna poco de esto importa porque el apartado de acción y violencia zombi es tan bueno que te agarra enseguida y no te suelta durante prácticamente todo el metraje, con imágenes espectaculares como la masa de cuerpos moviéndose al unísono y que me hizo pensar en ciertas secuencias de Guerra Mundial Z (2013) pero hechas bien. Únicamente un detalle resaltó de forma negativa ante mis ojos y tiene más que ver con la forma en que la película logra saldar algunas dificultades de los personajes haciéndoles luchar físicamente contra los zombis, secuencia que se me hizo poco creíble considerando lo que había visto antes. 

Todo lo demás, sin embargo, está muy bien. Train to Busan es una de esas cintas de zombis que valen la pena, y no me extraña para nada el gran éxito que ha tenido en su país de origen. Sus contrapartes occidentales han por lo general fracasado cuando intentan mezclar este subgénero con el cine de acción pero esta es todo lo contrario: rápida, intensa y efectiva incluso en su faceta de drama familiar, de principio a fin. Queda muy recomendada, y acompañada de su contraparte de animación Seoul Station se hace más imprescindible todavía.

miércoles, agosto 17, 2016

Reseña: Holidays (2016)

Demostrando por encima de todas las cosas que no hay que tener miedo a un buen gimmick, Holidays (2016) es una nueva cinta de terror de antología que en estos momentos anda rodando por varios servicios de streaming y que se perfila como una muy buena opción para la sesión de Noche de Brujas de este año. Consta de ocho episodios dirigidos por una camada de cineastas muy distintos entre sí, y no siempre reconocibles en el género de terror. El gancho en esta ocasión es que cada uno de los ocho segmentos está dedicado a una festividad en particular: San Valentín, San Patricio, Pascua, el día de la Madre, el día del Padre, Halloween, Navidades y Año Nuevo. Asimismo, y en clara continuidad con otras antologías recientes como V/H/S (2012) o The ABCs of Death (2012), cada uno de los segmentos está hecho por un director distinto que aporta su visión y estilo único a cada trabajo.

Esta variedad trae la ya inevitable consecuencia que todos conocemos y que no es otra que la desigual calidad de los relatos que componen la película, aunque curiosamente el más flojo de ellos termina siendo dirigido por el cineasta más veterano del conjunto. Lo que sí me sorprendió es que ninguno de los segmentos de Holidays termina siendo una historia cerrada como tal sino que en la mayoría de los casos el enfoque está puesto sobre la atmósfera, la estética o simplemente un concepto que se lleva a cabo y que parece estar por encima de un argumento convencional. Esto hace que la película, contra todo pronóstico, termine siendo un trabajo menos comercial y accesible de lo que originalmente hubiese pensado, y aunque el grado de efectividad de las propuestas varíe de una historia a otra, la singularidad de la que parte cada una de ellas hizo que la cinta cobrara un gran interés ante mis ojos y se convirtiera en algo distinto que en mi opinión ha valido mucho la pena.

De todos los segmentos, el más impresionante para mí ha sido el dedicado al Día del Padre, dirigido por Anthony Scott Burns, encargado de efectos especiales quien curiosamente no ha dirigido hasta la fecha ningún largometraje, y cuyo trabajo tiene la atmósfera más conseguida de todas e incluso el argumento más interesante y que más me ha atrapado, además de contar en el papel protagonista con la bellísima Jocelin Donahue, a quien probablemente recordaréis por su participación en La casa del diablo (2009). El suyo es el mejor de todos los relatos sin duda, y me ha hecho sentir una gran curiosidad por los trabajos que este cineasta nos puede traer en el futuro. Como contraparte, el más prescindible de los segmentos termina siendo dirigido por Kevin Smith, el más rodado de todos estos directores y el único que parece no haber tenido ni idea de qué hacer con el material que se le ha dado, desperdiciando así la premisa en un principio más atractiva (Halloween) por partida doble: no solamente el relato en sí es pobre hasta decir basta sino que encima no tiene absolutamente nada que ver con la Noche de Brujas más allá de estar ambientado en la noche del 31 de octubre.

Por las encontradas opiniones que ha despertado, Holidays no parece ser una película para todo el mundo, y ha terminado por ser menos accesible de lo que prometía, pero teniendo en cuenta que la premisa de una antología de historias basadas en diferentes festividades era algo que estaba destinado a ocurrir, me alegra que haya sido una cinta de horror independiente la que haya dado el paso adelante. Hay aquí algunas historias muy buenas, imágenes retorcidas y fuera de lo común, y sobre todo algunos nombres de los que sin duda estaré buscando más cosas para traer a colación aquí.

domingo, agosto 14, 2016

Reseña: The Conjuring 2 (2016)

Tanto tiempo después de haber salido de cartelera, era un poco reacio a hacer una reseña de The Conjuring 2 (2016). Sin embargo, sería un error dejarla pasar ya que con toda seguridad será una de las inevitables menciones a la hora de hablar de lo más destacado del cine de terror mainstream de este año. No podía ser menos ya que esta secuela (de la que originalmente no esperaba gran cosa) ha terminado por confirmar a James Wan como el director de terror por excelencia del cine de miedo comercial de nuestro tiempo. La cosa tiene su mérito ya que dentro de este mundillo Wan ha venido marcando la pauta en ambas vertientes del cine de miedo, tanto en su faceta de terror físico con la saga de Saw (2004) como también en el horror sobrenatural con cintas como Insidious (2010) y por supuesto The Conjuring (2013), cuya continuación tenemos aquí.

Al igual que la primera parte, esta secuela comienza con un pequeño prólogo de otro caso de los Warren, y ya desde los primeros fotogramas Wan juega con la familiaridad del público asiduo al horror cuando el alejamiento de la cámara nos muestra las inconfundibles ventanas de la casa de Terror en Amityville (1979), probablemente uno de sus casos más sonados y que ya de entrada establece el tono de la película a la vez que introduce un sentido de urgencia en el argumento al enfrentar al matrimonio de Ed y Lorraine con un nuevo némesis. Sin embargo, esto es sólo una escena al comienzo porque el argumento realmente va de otra cosa: tal como todos sabéis ya, el caso al que los Warren se enfrentan esta vez es el del llamado "poltergeist de Enfield", una de las más famosas historias "reales" de fantasmas de Inglaterra, y que ya ha sido material de adaptación de numerosas películas, entre ellas la excelente Ghostwatch (1992), que aprovecho para recomendar una vez más.

Una vez establecida la premisa, la verdad es que no hay muchas novedades en esta segunda parte. The Conjuring 2 toma muchas de las pautas ya establecidas no sólo por su antecesora sino por gran parte del cine de terror sobrenatural de décadas pasadas. Sin embargo, esto es en gran medida una buena noticia porque tanto la dirección de Wan está a años luz de lo que normalmente solemos ver en el cine de miedo comercial. Una cosa que siempre se destaca aunque nunca lo suficiente es cómo la película se niega a utilizar sustos "falsos", es decir que aquellas escenas que buscan crear una tensión en el espectador siempre culminan en algo realmente sobrenatural y no toman al público por idiota. Pero curiosamente, si la película funciona es sobre todo por los Warren y porque la relación entre los dos es el auténtico centro emotivo de la trama, mucho más que la típica premisa de la familia en peligro. Esto es algo que nunca está de más repetirlo porque los verdaderos Ed y Lorraine Warren no eran ni por asomo tan carismáticos y ciertos detalles sobre su vida y aventuras los convierte en personajes bastante cuestionables que son ampliamente superados por sus contrapartes en la ficción.

Entiendo que el 2 en el título pueda alejar incluso a aquellos que gustaron de la primera parte pero sería un error. Esta continuación de The Conjuring es una muy buena película de miedo que demuestra que detrás de ella se encuentra gente no sólo conocedora de las cosas que funcionan en este género sino además con un mínimo de respeto por su público, además de contar con un ángulo dramático poco usual en este tipo de producciones. En serio, creo que el único problema real que tiene esta película es que, a la hora de la verdad, no es tan buena como la primera parte, por lo que las inevitables comparaciones no le harán justicia. 

jueves, agosto 11, 2016

Reseña: Lights Out (2016)

Apadrinada por James Wan y arreada como una de las apuestas más exitosas del cine de terror comercial de este verano, Lights Out (2016) es una película a la que confieso no le tenía muchas ganas, y ya desde su primer avance me parecía que era poco más que un concepto estirado de forma un tanto superficial y que echaba mano de un repertorio de trucos muy vistos en el cine de miedo contemporáneo. Si la terminé viendo ha sido porque en su país de origen ha tenido por lo visto una muy positiva recepción y hasta se ha granjeado comentarios más o menos entusiastas de gente de cuyo criterio me suelo fiar. Al final ha resultado ser poco más de lo que me esperaba: algunas de las ideas que muestra son interesantes, como interesantes son muchos de los recursos que utiliza a la hora de mantener en tensión al público, pero tal como me temía estamos ante un producto prefabricado que no sorprenderá a nadie. 

El planteamiento inicial de la película es, eso sí, un gimmick en estado puro: una familia acosada por un terrible espíritu vengativo que sólo puede atacar en la oscuridad y cuyas apariciones coinciden con la degeneración mental de la madre, cuyo vínculo con la realidad se resquebraja frente a la impotente mirada de su familia. Aquí no hay ambigüedades de ningún tipo ni hay cabida a interpretaciones alternativas: desde la primera escena sabemos que el fantasma es real, nos quedan tremendamente claros sus poderes y limitaciones, y sabemos que la madre realmente no está hablando sola sino que se dirige a la presencia de ese espíritu maléfico que se ha apoderado de su casa. 

Una cosa que no me esperaba y que ha sido para mí la única sorpresa positiva ha sido el comprobar que en Lights Out hay una serie de ideas que la alejan un tanto del terror convencional y la acercan a algo parecido a un contenido dramático. La idea de una maternidad que te desborda y del monstruo ligado a la enfermedad mental traerán a colación las inevitables comparaciones con The Babadook (2014), película que sospecho estuvo en la mente de aquellos que dieron forma a este producto final. Sin embargo, estas similitudes son superficiales y mucho me temo que sus responsables hayan renunciado a cualquier atisbo de profundidad o ambigüedad con el objetivo de hacer la película más digerible para un público mayoritario, lo cual por lo visto les ha dado un gran éxito. Esto parece así ya que la propia idea de la película no deja de ser poco más que el concepto llevado a largometraje de un famoso corto del mismo director, David F. Sandberg, que se viralizó en redes sociales hace ya un tiempo y que seguramente habréis visto. 

Al final creo que eso ha sido lo más frustrante de la película: hay ideas y conceptos muy buenos y genuinamente interesantes que por desgracia están hundidos en una producción comercial estándar, ya que a la hora de la verdad esta es básicamente una cinta sobre un monstruo que sólo se puede mover en la oscuridad, y cuya historia mil veces vista está aderezada con la típica música incidental que te dice lo que debes sentir en todo momento, los falsos sustos, el diseño poco inspirado del fantasma y por supuesto la ya clásica escena de exposición con flashbacks y muy convenientes registros audiovisuales que explican el secreto del pasado que dio origen a la maldición. Agradezco que haya sido corta (menos de hora y media, algo insólito hoy en día), pero me ha parecido poca cosa y dudo mucho que vaya a quedar en mi memoria. El director, por cierto, será el encargado de la secuela de Annabelle (2014), por lo que correrá el riesgo de ser fagocitado por este cine de terror de consumo rápido que le ha dado la bienvenida.

domingo, junio 12, 2016

Reseña: La bruja (2015)

Si habéis estado al menos ligeramente pendientes del panorama de cine de terror de las últimos semanas entonces es más que probable que hayáis escuchado hablar de La bruja (2015), debut como director del norteamericano Robert Eggers y un trabajo que ha causado sensación incluso más allá de los aficionados de dicho género dondequiera que ha estado. tanto que a diferencia de la mayoría de estas producciones independientes de cine de miedo, incluso ha tenido un pase comercial en sitios donde normalmente estos trabajos no suelen tener mucha cobertura. Con esto quiero decir que cuando me acerqué a ella lo hice motivado por un hype tremendo que, para variar, ha resultado estar muy bien fundado; estamos sin duda ante una de las películas de terror más sobresalientes de este año, y sé que lo estamos porque ya incluso tenemos un buen puñado de críticos que dice que realmente no se trata de una película de terror.

Saliendo airoso del nada desdeñable desafío de hacer cine de terror con ambientación de época, Eggers lleva su película al pasado colonial de Estados Unidos cuando una familia de puritanos de la Nueva Inglaterra son expulsados de su comunidad debido a su heterodoxia religiosa y se mudan a los límites de un misterioso bosque, donde sufrirán el acoso de una bruja que utilizará a los niños de la familia en su contra. Es importante mencionar que a pesar de que el drama entre los personajes y su subtexto de resentimiento, sexualidad reprimida y secretos contribuye en gran medida a las desgracias de la familia, la existencia sobrenatural del Mal es presentada como algo real desde el principio: la bruja en cuestión existe, como existe la magia negra que poco a poco se va apoderando de la familia hasta desembocar en un inmejorable y sangriento final. Lo que realmente impresiona es que Eggers no se ha conformado con utilizar las formas típicas de este tipo de cine sino que ha logrado imprimir a su cinta de un realismo más apropiado para un drama de época: todo en la película está dedicada a conseguir esa inmersión total del espectador en el mundo que ha creado, desde el impecable diseño de producción y vestuario, pasando por ese inglés deliberadamente arcaico extraido de la Biblia de Ginebra, hasta la fotografía de luz natural y las proporciones de una pantalla con un mayor espacio vertical para poder captar en su plenitud la altura de los árboles y la inmesidad del bosque. Estéticamente es una película maravillosa cuyas imágenes se quedan en tu mente mucho después de haberla visto, y que al mismo tiempo consigue un ambiente en verdad inquietante que hace que el espectador se sienta, como la familia, completamente desamparado en aquel sitio inhóspito que parece alejado de la mano del hombre civilizado y de su Dios protector.

Esto último me lleva a una cosa que se ha mencionado hasta la fecha en muchas reseñas, y es supuesta presencia de una especie de crítica hacia la religión en cuanto a la actitud de la familia y la naturaleza del mal que les acecha. Me ha parecido curiosa esa visión ya que mi experiencia con la película ha sido precisamente la contraria, y esto es algo que se ha reforzado después de leer varias entrevistas a su director e incluso haberle escuchado en el pase del festival donde la vi: La bruja me ha parecido ante todo una cinta que habla sobre la religión como símbolo supremo de comunidad, y lo que desencadena las desgracias que caen sobre la familia protagonista es precisamente el haber abandonado la seguridad que brindaba su comunidad y su religión y haberse expuesto por lo tanto a los peligros de aquella presencia foránea que habita en el los bosques fuera de su civilización, ese monstruo que acecha fuera de su Fe. Esto también se ve reflejado en su final, el único posible si tenemos en cuenta la necesidad por parte de la protagonista de buscar su seguridad adentrándose en otra comunidad que le ofrece la protección que su familia ya no puede darle.

Pero claro, esto es tan sólo una opinión muy subjetiva, y lo más interesante de esta película es la gran cantidad de lecturas que ofrece y su negativa a darnos los clásicos puntos reconocibles de una historia de terror convencional. Esto último quizás explique el que tantos críticos hablen de ella como algo que "trasciende" su género, como también puede que explique el otro punto que más se ha comentado en casi todas las reseñas que he leído, y es la gran diferencia de apreciación que ha tenido esta primera cinta de Eggers entre la crítica y el público mayoritario, que al parecer no ha quedado tan impresionado con ella como el selecto público cinéfilo. Craso error, si me lo permitís, y uno que muy probablemente se deba a la negativa por gran parte del espectador medio de salirse de los esquemas marcados por los grandes éxitos del gore o el horror sobrenatural. Por favor, dadle un pase, porque esta es sin duda una de las mejores de este año del que todavía no hemos gastado ni la mitad.

miércoles, mayo 11, 2016

Reseña: Hush (2016)

En este blog ya hemos reseñado al director Mike Flanagan en dos ocasiones: con la excelente Absentia (2011) y la un poco menos pero también muy recomendable Oculus (2013). Para esta su tercera película de terror, Hush (2016), Flanagan acomete un reto muy diferente con una película completamente distinta que abandona el ángulo sobrenatural para abrazar un relato minimalista de invasión domiciliaria, y a pesar de que en esta ocasión no nos muestra nada que no hayamos visto en muchas otras ocasiones, el resultado está lo suficientemente bien hecho como para que merezca darle una oportunidad.

Confieso que me esperaba lo peor ya desde la premisa, puesto que la idea de una joven escritora (interpretada por la esposa y habitual guionista de Flanagan, Kate Siegel) que vive sola en una cabaña en medio del bosque y es de repente acosada sin mayor explicaciones por un asesino enmascarado es algo que se ha hecho muchas veces y en la mayoría de los casos muy mal. Hay un par de sorpresas, sin embargo, ya que no estamos aquí ante una cinta como I Spit on Your Grave (2010) (probablemente la más obvia referencia que se me viene a la cabeza en este momento) sino a algo por el contrario mucho más sutil y que nada tiene que ver con la venganza sino con la idea de una mujer que se niega a convertirse en víctima y que busca por el contrario imponerse sobre su agresor, algo que acerca más la premisa al estilo de You're Next (2013). Como extra, la cinta introduce en su argumento un grado más de dificultad al hacer de la protagonista una sordomuda, con lo que se plantea una disparidad entre ella y el asesino más allá de su talento para la violencia.

Este último ángulo tampoco es novedoso (creo recordar varias películas cuya trama tiene que ver con el enfrentamiento entre un asesino y alguien con algún tipo de discapacidad), pero a pesar de su escasa originalidad hay muchas cosas a destacar de esta película, siendo la principal de ellas (para mí al menos) la naturalidad que Flanagan da a los personajes, sobre todo al asesino a quien desde los primeros minutos vemos quitarse la máscara, algo que una película más convencional nunca hubiese hecho. A pesar de que en ningún momento se nos revelan o explican las motivaciones de este para cometer el crimen, la verdad es que dichos motivos no importan y aún así la cinta dota al personaje de una gran carga de humanidad al hacerlo falible, dado a perder el control en numerosas ocasiones y a recurrir a su astucia en aquellos momentos en los que se ve clara y temporalmente superado.

Por supuesto que hay también su buena carga de lugares comunes de este tipo de historias, y algunos aspectos del final se ven venir desde mucho antes, pero la atmósfera dada por la supuesta limitación de la protagonista (y digo supuesta por motivos que no voy a revelar pero que quien lea estas líneas muy probablemente podrá intuir), las actuaciones y la genuina tensión generada en varios momentos hacen que Hush destaque como una muy eficiente película de invasión domiciliaria, y aunque sin duda alguna es la más convencional de las tres entregas de terror de Mike Flanagan hasta el momento, se hace muy recomendable.