Mostrando entradas con la etiqueta Vampiros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vampiros. Mostrar todas las entradas

viernes, abril 28, 2017

Reseña: Vampyr (1932)

Hay varios motivos por los cuales hemos dejado para el final una reseña de Vampyr (1932), uno de ellos es que se trata de la única cinta de este especial que nunca había visto antes, y también porque es quizás la menos convencional de las doce de las que hemos hablado durante este mes de abril, a pesar de que por lo visto es una de las más accesibles de su director, Carl Theodore Dreyer. Lo digo con algo de inseguridad porque lo cierto es que es apenas la segunda película de Dreyer que he visto en mi vida, pero por lo que he podido leer se trata de uno de sus argumentos más sencillos y lineales. Esta cinta de terror sin embargo fue un fracaso en el momento de su estreno y es sólo con el tiempo que se ha convertido en una película de culto y ha sido alabada por la maravillosa atmósfera que Dreyer consigue a raíz de una trama muy básica que ya para 1932 estaba más que vista.

Esta trama a la que me refiero sigue la historia de un joven estudiante que llega a un pequeño pueblo donde una familia está siendo víctima del ataque de un vampiro. Contar más que esto sería destripar toda la película, y de todas formas lo interesante aquí no está en el argumento como tal sino en la forma que ha escogido Dreyer para contarla. Hecha a partir de ideas de un libro de cuentos del autor J. Sheridan Le Fanu, Dreyer monta el ambiente gótico de su película con un grado de autenticidad poco habitual trabajando enteramente en locaciones reales y en su mayor parte con actores no profesionales (de hecho el protagonista, Nicolas de Gunzburg, era un miembro de la nobleza rusa que accedió a financiar la película a cambio de interpretar el papel principal). Estéticamente, además, hay una intención de dar a la película la apariencia de un sueño al utilizar una camara ligeramente fuera de foco para algunas de las escenas de exteriores, lo que causa una extraña sensación de irrealidad en contraposición con el carácter más racional de lo que está ocurriendo en escena.

Parte de esta sensación de irrealidad se consigue también gracias a elementos que no estoy seguro sean del todo intencionales, tales como la forma rígida y acartonada de sus actuaciones. Asimismo, hay que mencionar que esta fue la primera película sonora de Dreyer y arrastra todavía muchos recursos del cine mudo. La trama va avanzado principalmente gracias a las imágenes y hay muy pocos diálogos, de hecho la mayor parte de la exposición se da no a través de personajes sino de largos textos insertados en pantalla a través de intertítulos o de planos en los que la cámara nos muestra las páginas de un libro, momentos que entregan el argumento de forma bien clara para que el público pueda concentrarse en las imágenes. La idea funciona porque el ambiente que la película crea con todo esto es en verdad hipnótico hasta el punto en que realmente se siente como un sueño que público y protagonista están teniendo juntos. Es probablemente una de las mejores ambientaciones góticas que he visto jamás en una película, y una digna de ser imitada.

A pesar de todo, Vampyr fue un fracaso comercial y de crítica durante su época, y durante mucho tiempo fue considerada un punto bajo en la carrera de Dreyer, quien realizó varias modificaciones al montaje final en un esfuerzo por hacerla más accesible, sobre todo teniendo en cuenta que coincidió con horrores góticos más comerciales como las películas de monstruos de Universal. Con el tiempo, sin embargo, la rareza de su ambiente y su singular estilo narrativo la han elevado de cara al público. La versión que nos llega hoy no tiene la mejor calidad posible ya que los negativos originales se han perdido y la película ha sido reconstruida a partir de retazos de varias versiones internacionales. Pero a pesar de todo es una cinta muy curiosa cuya atmósfera la hace realmente inolvidable. 

miércoles, abril 12, 2017

Reseña: Drácula (1931)

Por supuesto, es imposible hablar del horror clásico y no mencionar a los monstruos de la Universal. Lo cierto es que este estudio ya había dejado una huella en el panorama de terror durante la época del cine mudo, pero no fue sino hasta 1931 en los albores del cine sonoro cuando darían con la fórmula para cambiar la faz del cine de terror de masas americano dando inicio a su auténtica edad de oro. Una de las primeras películas de dicho ciclo fue, como no, el Drácula (1931) de Tod Browning, que como todos sabéis ya fue la primera versión "oficial", aunque técnicamente el guión adaptaba no la novela de Bram Stoker sino su mucho más sencilla versión para teatro de Hamilton Deane y John Balderston, que había adquirido gran popularidad durante los años veinte. Hay también una clarísima inspiración en el Nosferatu (1922) de Murnau, con escenas y planos casi calcados.

El mayor interés de la película (y sin duda alguna sus escenas más recordadas) está al principio cuando asistimos al encuentro entre Renfield y Drácula, momento en que el carácter monstruoso de la historia y su villano nos queda claro. La recreación del famoso castillo del conde y el ambiente de terror que lo acompaña fue sin duda una de las claves de su éxito y emparentó a la película de la Universal con las historias de horror de esa Europa que para muchos era la imagen de un mundo antiguo y de un pasado misterioso, una fascinación a la que el propio conde alude llegado el momento y que utiliza como su auténtica puerta de entrada en la sociedad occidental. De hecho el principal atractivo de la película, y el verdadero motivo por el cual es recordada hoy en día, es por Bela Lugosi en el papel principal. No estamos aquí ante el conde Orlock de Murnau con su apariencia de roedor monstruoso; el Drácula de Lugosi es un aristócrata exótico, un depredador sexual que utiliza sus artes de seducción pero también su más sutil poder de hipnosis. Lugosi, que ya había interpretado a Drácula en el teatro, borda el papel a la perfección y durante años fue la imagen por excelencia de este monstruo en el cine y quien le imprimió muchos de los elementos que hoy en día se consideran básicos de su personaje. Quizás eso ha terminado alterando el recuerdo de gran parte del público que cree (erróneamente) que Lugosi interpretó a Drácula varias veces en su carrera cuando en realidad sólo lo hizo en esta película y en la comedia Abbott y Costello contra los fantasmas (1948). Sin embargo sí es cierto que hizo varios papeles de villano claramente inspirados en el famoso conde.

Lo que sí está claro es que esta no es, con todo, una de las mejores obras de terror de la Universal, ni mucho menos una de las películas más logradas de su director. Browning fue principalmente, como ya hemos mencionado en otras ocasiones, un director de películas mudas que nunca logró adaptarse del todo al cine sonoro. Esto, sumado a los orígenes teatrales de su adaptación, tuvo como resultado una cinta todavía anclada en elementos y estructuras propias del arte de la escena que hacen que por momentos parezca que estamos viendo una obra de teatro filmada: planos fijos, silencios, monólogos declamatorios, actuaciones o bien rígidas o exageradas y unos efectos especiales basados principalmente en técnicas de teatro tales como niebla, cambios de iluminación y murciélagos mecánicos. Hay que resaltar en este sentido que las transformaciones del conde (e incluso todas las muertes) ocurrían siempre fuera de escena, y que la película no tiene música, algo común en aquellos tiempos de transición al cine sonoro pero también en producciones más modestas.

Se dice que a pesar de ser su obra más conocida, Browning nunca estuvo particularmente interesado en trabajar en esta película y que varias de sus escenas fueron en realidad dirigidas por su director de fotografía, Karl Freund, quien al año siguiente dirigiría La momia (1932), otra cinta de monstruos de la Universal que es, en muchos aspectos, un remake inconfeso de Drácula. Esta de la que hablamos hoy definitivamente fue superada por muchas de sus contemporáneas, pero abrió la puerta a una nueva manera de concebir el cine de terror y fue un gran éxito de público que tendría una larga y fructífera continuidad, produciendo unas ganancias que por desgracia Lugosi nunca llegó a disfrutar en vida ni monetariamente ni en lo que concierne a su prestigio como actor. A pesar de todo es una película fundacional, y la historia acerca de su rodaje y las circunstancias de su producción es tan interesante como la obra en sí.

viernes, marzo 24, 2017

Reseña: Abierto hasta el amanecer 3 (1999)

Aparentemente ignorada en el momento de su estreno (no conozco a nadie que la haya visto o me haya hablado de ella, para bien o para mal), Abierto hasta el amanecer 3 (1999) fue estrenada en formato doméstico paralelamente a la segunda parte, en un intento por expandir el universo de aquella película de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino cuyo éxito y entusiasmo generado creo que nadie esperaba. Me parece curioso que no se mencione más porque lo cierto es que, contra todo pronóstico, esta precuela ambientada en la época de la Revolución Mexicana es una película decente que resulta muy superior a la nefasta segunda entrega, a pesar de contar con un elenco menos conocido y haber cambiado de forma radical la ambientación de su trama. Creo que nunca podría decir que es realmente buena, pero es sin lugar a dudas más ambiciosa y contiene dentro de sí el germen de una película interesante que lamentablemente se fue quedando por el camino, pero con todo y eso algunas de sus ideas salen a la luz y la convierten en algo al menos interesante de ver, ciertamente mucho más de lo que en un principio me esperaba.

Al situarla en plena Revolución Mexicana la película consigue abrazar su condición de western exótico abandonando completamente su ambientación moderna. También se deja de lado gran parte del contenido humorístico de la segunda parte y se busca por el contrario una estructura más similar a la película original de Tarantino/Rodríguez. Como en esta, toda la primera mitad muestra una trama relativamente realista que en principio nada tiene que ver con la premisa principal: una banda de forajidos que huye de las autoridades que les persiguen, historia que se entremezcla con la hija del verdugo local que se ha escapado con uno de los delincuentes y está siendo ahora perseguida por su padre y sus hombres. Por otro lado tenemos la figura histórica del escritor americano Ambrose Bierce (que en un evidente guiño a la película original está interpretado por Michael Parks) que viaja junto a una pareja de predicadores y se queda varado en medio del paraje. Todos estos grupos terminan, como en la original, encontrándose en un burdel ubicado en medio del desierto que (sorpresa) está infestado de vampiros.

También los arquetipos se repiten: Marco Leonardi interpreta aquí al protagonista que es un remedo obvio del personaje de George Clooney en la original, un antihéroe cínico y en ocasiones cruel con una idea muy limitada de la lealtad, y la veterana Sonia Braga es el reclamo erótico y la evidentísima sustituta de Salma Hayek en su papel de la madame del burdel. El personaje de Braga, por cierto, también da pie a comentar que, a diferencia de la película original, esta precuela intenta unir ambas mitades a través de una trama de misterio acerca del personaje de la hija del verdugo, en quien se va sugiriendo desde el principio cierta conexión con el mundo de los vampiros que no se revela hasta más adelante y que, aunque un tanto descabellada a nivel de argumento, intenta establecer el universo de la saga contando sus orígenes. Es un detalle muy superficial y que no se explora demasiado, pero que sin duda alguna resulta un abreboca de intentos más consistentes por parte de Robert Rodríguez de construir una mitología de vampiros mexicanos en la que más adelante ahondaría con su francamente mejorable serie de televisión de Abierto hasta el amanecer. También es más evidente aquí la representación de los vampiros como serpientes y no como murciélagos.

Todo esto en muchas ocasiones funciona, a pesar de unos efectos especiales algo risibles cuando se opta por el CGI, algunas actuaciones nefastas y el desaprovechamiento de ciertos elementos que sonaban atractivos en un principio como el personaje de Ambrose Bierce, que parecía que iba a ser importante pero al final termina quedándose en nada y pasando de explicar ciertos misterios en cuanto a su arco argumental que nunca se resuelven. No es para nada una película memorable, pero sus responsables al menos han dado algunas imágenes y momentos buenos, y el espíritu de su estilo y argumento es mucho más cercano al de la original que al de su contemporánea secuela. Es sólo en los valores de producción y en el acabado final donde se queda por debajo, principalmente porque la primera película estaba hecha por dos cineastas muy talentosos que estaban en su mejor momento. Aun así, es interesante, y mucho mejor de lo que esperaba.

sábado, marzo 07, 2015

Reseña # 600: La máscara del demonio (1960)

La reseña número seiscientos la hemos dejado para pagar una de las mayores deudas que teníamos en este blog en sus casi diez años de existencia, y es que nunca hasta la fecha nos habíamos puesto a comentar una película del italiano Mario Bava, muy a pesar de que han sido varias las ocasiones en que nos lo han solicitado. Para compensar un poco esta tardanza, hemos escogido su primer trabajo como director en solitario (al menos hasta donde sepamos, porque es cierto que no conocemos toda la obra del italiano) y una de sus obras más conocidas, La máscara del demonio (1960), o Black Sunday o The Mask of Satan, dependiendo de la edición que os hayáis encontrado. Esta película es importante no sólo como un gran exponente de ese terror gótico de factura europea que se popularizó en todo el mundo gracias a productoras como la Hammer, sino también por haber dado fama a gente como Bava o la bellísima Barbara Steele, quien se consagraría en aquel entonces como una de las más famosas actrices de terror de los años sesenta.

Tras una secuencia de introducción espectacular en la que asistimos a la quema de una pareja de brujos y la maldición que uno de ellos lanza sobre su propia familia, la película nos traslada al siglo XIX, cuando los personajes protagonistas exploran una tumba abandonada y terminan liberando por accidente el espíritu de la terrible hechicera que buscará renacer en el mundo de los vivos. Bava toma la estructura de un relato de Nikolai Gogol y lo transforma en una historia de terror gótico que al menos en la superficie aparenta una composición clásica: antiguas ruinas, terribles maldiciones familiares, brujería, satanismo y una locación exótica como es el caso de las estepas de Moldavia. Digo que aparenta cierto clasicismo porque muy pronto la historia comienza a mezclar varios elementos dispares como una insinuada historia de vampiros y un énfasis en la sexualidad perversa que por desgracia se quedó censurada para gran parte del público; de hecho el doblaje italiano de La máscara del demonio dejaba claro que los dos hechiceros villanos, Asa y Javuto, eran hermanos, referencia que se eliminó del doblaje en otros idiomas para evitar la alusión al incesto, pero que al mismo tiempo dejaba ciertas interrogantes acerca de por qué el retrato de Javuto aparece colgado en los muros del castillo de la familia. 

Estos detalles de erotismo malsano fueron solamente un elemento más de lo osada que fue esta película para los estándares de principios de los sesenta, yendo más allá de lo que en su momento habían logrado trabajos similares, y en cierta forma cambió las reglas del juego puesto que también la Hammer se dedicó a partir de entonces a tensar los límites de aquello que podía hacer en pantalla. Sin embargo, el trasfondo cultural italiano de La máscara del demonio la diferencia de todos estos trabajos. Uno de los detalles que siempre he encontrado más interesantes no sólo de Bava sino del terror italiano en general es su relación de amor/odio con la religión católica, ya que Bava no deja de hacer mención en todo momento a un imaginario cultural cristiano presente no sólo en la ya antológica escena de la quema de la bruja sino en la fijación con el cadáver de Asa que se mantiene incorrupto y atrapado en su ataúd únicamente por la presencia de la cruz. La visión de ese cadáver con las cuencas vacías llenas de gusanos también evidencia otro aspecto muy recordado de esta película, que es su fijación con los ojos como puerta del mal, algo a lo que ciertamente ayuda la fisionomía de Barbara Steele, cuyos grandes ojos negros parecen ser los protagonistas de la película.

Es la presencia de Steele lo que ayuda también a subirle varios enteros. Honestamente, no creo que la cinta hubiese alcanzado el éxito que tuvo de no haber contado con una actriz como ella, una presencia magnífica que cautiva desde el momento en que aparece en las ruinas de la capilla con dos grandes mastines negros, una imagen ya icónica y muy explotada en el género de terror a pesar de que técnicamente el personaje en cuestión es la heroína. El trabajo de Steele es desigual en su doble papel, ya que como la joven Katja (inevitablemente interés romántico del por otro lado muy olvidable héroe masculino) no convence mucho, como tampoco convence la forzada y cursi subtrama romántica, pero cuando hace de la bruja Asa su presencia se roba cada escena, y se nota a leguas que es en su poderosa villana donde recaen las simpatías de Bava y su película. Es por eso que incluso ahora, cuando la he vuelto a ver muchos años después de la primera ocasión, sigo creyendo que el final de la película no es tan feliz como muchos piensan, y que hay un giro narrativo de corte fatalista que se intuye aunque no se diga explícitamente. Si no habéis visto la película no os lo voy a arruinar aquí, pero una vez que llegue ese final sabréis exactamente a qué me refiero.

Como ya comentábamos arriba, La máscara del demonio fue un gran éxito y una de esas colaboraciones de las que sale magia a pesar de todas las dificultades. El director Mario Bava contaba en vida que escogió a Steele únicamente por su físico y que fue muy difícil trabajar con ella debido a la desconfianza que sentía de aquel equipo de cineastas italianos trabajando con un guión cuyas escenas no se conocían hasta el mismo día del rodaje. Eso en parte puede que explique la naturaleza fragmentada del argumento y los repentinos cambios de tono de la historia, pero el resultado es innegable. Como introducción a la obra de Bava y al terror italiano en general, no se puede pedir nada mejor.

jueves, noviembre 20, 2014

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

domingo, noviembre 09, 2014

Reseña: Abierto hasta el amanecer 2 (1999)

Ligera decepción, debo decir, ya que me esperaba que la presencia de Robert Patrick como actor elevara un poco el resultado. Lo hace en cierta forma, pero no lo suficiente para alzar Abierto hasta el amanecer 2 (1999) hasta un nivel medianamente destacable. Lo digo además con bastante sinceridad ya que por todos es bien sabido que la primera parte dirigida por Robert Rodríguez tampoco está precisamente entre mis favoritas, pero al menos tenía un encanto propio y una energía muy peculiar de la que esta secuela carece.

De entrada hay dos cosas que hay que destacar de esta segunda parte: una de ellas es que se aleja un poco del tratamiento de horror y aumenta en gran medida las dosis de comedia (algo que queda claro ya desde ese prólogo con Bruce Campbell y Tiffany Amber Thiesen) haciendo de esta una parodia más que una continuación de la película de Rodríguez. La segunda cosa que hay que señalar es que sus conexiones con la original son muy escasas, y no van más allá de una muy breve aparición del Titty Twister (engañosamente resaltada en el trailer) y un cameo del personaje del barman de Danny Trejo. Esto presenta una confusión en cuanto a la continuidad ya que nunca se explica cómo es que el bar sigue en pie y el personaje de Trejo continúa con vida, a pesar de que la película deja bastante claro que esta segunda parte tiene lugar después de la primera. Pero esto es algo secundario; de lo que trata realmente la película es de un grupo de asaltantes de bancos que toma refugio en un motel de carretera en México y que ven cómo se complica todo cuando uno de sus miembros es convertido en vampiro y comienza a transformar uno a uno al resto de su grupo.

Hay que decir, sin embargo, que el argumento no es algo de lo que la película se ocupe mucho, ya que incluso pasa de comentar cosas que por otro lado parecen insólitas, como los motivos que pueden tener los vampiros del bar para atacar a los delincuentes o el por qué estos siguen interesados en robar el banco aún después de ser convertidos en monstruos. Poco importa de todas formas porque lo importante aquí es cómo se parodian los elementos de la película original hasta hacer de esta película una comedia en la que el personaje de Robert Patrick queda reducido a un carácter bastante pusilánime y el chiste de cruzar dos palos para formar una cruz se repite constantemente una y otra vez. Hay algunos guiños a la primera película pero están bastante distanciados, lo que hace que esta sea una cinta completamente distinta en la que los elementos de western de la primera parte están suavizados y en la que no hay escenas tan memorables como aquel baile de Salma Hayek o el ataque inicial de las hordas vampíricas.

No puedo negar que Abierto hasta el amanecer 2 tiene sus momentos, y que la idea de situar la acción fuera de los confines de la primera película es una buena idea. Sus carencias son básicamente el no hacer nada interesante con sus personajes y el haber confirmado a Robert Patrick como un actor cuyos mejores trabajos han sido tradicionalmente como secundario. Reconozco que la vi únicamente por completismo antes de ver la serie y que sólo recientemente me enteré de que había una tercera entrega (la cual tengo entendido que es una precuela). Esa también la veré, sin duda. Esta de la que hablamos hoy no será tan memorable como la primera, pero como parodia ciertamente podría haber sido peor.

domingo, octubre 26, 2014

Reseña: Dracula 2: Ascension (2003)

Muchos de los que lean estas líneas probablemente no habrán visto nunca Dracula 2: Ascension (2003). Es más, si les pasó como a mí muy posiblemente ni siquiera sepan a cuál de las numerosas versiones de Drácula se refiere el número 2 de esta secuela. La respuesta la da el nombre de su director, Patrick Lussier; el alumno aventajado de Wes Craven da vida a esta continuación de su película anterior Dracula 2000 (2000), la cual ya hemos reseñado aquí hace mucho tiempo y de la que terminé descubriendo tarde que no sólo hay una secuela sino dos, conformando así una rarísima trilogía que me desconcierta por más de un motivo.

Ambientada en tiempos modernos, esta segunda parte de Dracula 2000 recoge el testigo exactamente donde la anterior terminó, cuando un grupo de científicos se hace con el cadáver carbonizado de Drácula y toman la sorprendente decisión de revivirlo para poder estudiar de cerca su misterioso poder de regeneración. A partir de aquí comienza uno de los elementos más angustiosos de la película puesto que a pesar de ser la figura principal del argumento, Drácula se pasa casi todos los noventa minutos que dura esta cinta atado a una camilla de laboratorio donde es torturado sin piedad por el grupo de hombres de ciencia que intentan desentrañar su secreto. El vampiro es además reducido a una condición de bestia irracional muy lejos de su encanto inicial, ya que casi no habla en toda la película y se limita a resaltar su carácter monstruoso para los presentes, sobre todo en lo que se refiere a una joven médico forense con la que comparte un vínculo telepático y que poco a poco comienza a caer en su trampa de seducción.

Paralelamente a esta trama de científicos inescrupulosos tenemos la historia de un monje cazador de vampiros que despacha a los chupasangres a golpe de artes marciales y armas arrojadizas y que se pasa toda la película intentando dar con el paradero de Drácula para ponerle fin de una vez por todas. Estas escenas de acción parecen ser el verdadero gancho temático de la historia ya que todo lo demás es tremendamente aburrido incluso para los estándares de estas continuaciones cutres a formato doméstico, siendo esta en particular una en la que se aprecia una falta de atención a los detalles pasmosa. De hecho, una de las cosas que más me descoloca de la película es el cambio del actor que hace el papel de Drácula. Entiendo por un lado que Gerald Butler no haya querido repetir en el papel, pero digo yo que por lo menos habrían podido escoger a un actor que se le pareciera un poco o que como mínimo fuera moreno. Por el contrario el Drácula de esta secuela es un rubio platinado que en nada se parece al de la película anterior, algo que la cinta intenta justificar de manera chapucera y pobre, olvidando por completo la identidad de Drácula (que, no olvidemos, se trataba nada menos que de Judas Iscariote) y por lo tanto pasando de puntillas por uno de los aspectos más polémicos de Dracula 2000.

Nada de esto justifica, sin embargo, que la cinta final sea tan aburrida y carente de interés. Cuando finalmente las tramas del Drácula prisionero y el cazador de vampiros interpretado por Jason Scott Lee se juntan, la película ya casi ha acabado. De hecho, es aquí donde la historia se interrumpe anunciando que veremos la conclusión en una tercera entrega que no he visto aún pero por la que sin duda habré de pasar. Es una lástima porque hay varios aspectos de este Dracula 2 que beben de interpretaciones más clásicas del vampiro como pueden ser los trabajos de la Hammer con Christopher Lee, pero todos esos aspectos más truculentos se pierden en una historia de científicos locos y monjes saltarines mucho menos atractiva que la revisión moderna que la película anterior, con todos sus defectos, hacía del mito del vampiro. Veamos qué tal está la tercera.

domingo, septiembre 28, 2014

Reseña: La reina de los condenados (2002)

Todo aquel que haya sido adolescente en los noventa sin duda conocerá Entrevista con el vampiro (1994), de Neil Jordan. Esta película no sólo fue un gran éxito sino que revivió el interés por el best-seller de Anne Rice y marcó el inicio de una visión idealizada de los vampiros que hizo pasar a estos de ser monstruos a figuras románticas (siempre defenderé, por ejemplo, que fue Anne Rice y no Stephanie Meyer quien más contribuyó quitar a los vampiros su carácter terrorífico). El caso es que su descomunal éxito ameritaba una secuela que se quedó varios años en el limbo debido en parte a la negativa de sus estrellas principales de regresar a sus papeles. Pero la Warner tenía que darse prisa si no quería perder los derechos de adaptación de la saga de Anne Rice, así que cocinó rápidamente una continuación sin involucrar a nadie del equipo original. El resultado fue La reina de los condenados (2002).

Las prisas a las que nos referimos arriba tuvieron la triste consecuencia de un guión atropellado que mezclaba de forma chapucera el segundo y tercer libro de las Crónicas vampíricas en una única película de poco más de hora y media, una película que inevitablemente se siente incompleta y hecha con los pies, tanto así que incluso se cuida de no hacer ninguna referencia directa a Entrevista con el vampiro pero al mismo tiempo no puede dejar de depender de esta a la hora de establecer un personaje como Lestat, quien ocupa aquí el protagonismo absoluto y de una forma muy poco aprovechada. De hecho, gran parte del motivo por el cual esta película no funciona tiene que ver con el trabajo de sus actores principales, especialmente Stuart Townsed, que interpreta un Lestat completamente distinto al que hiciera en su momento Tom Cruise (es directamente otro personaje) y ya desde el momento en que dice su primera línea sabes que esto va a acabar mal.

Poco queda de aquel vampiro legendario y seductor de la primera entrega; el nuevo Lestat muestra por el contrario una actitud de arrogante niñato "oscuro" que puede que vaya acorde con ciertos estereotipos de principios de los 2000 pero que tira por tierra la película nada más comenzar. Algo muy similar ocurre con la cantante Aaliyah, quien sólo se salva porque su personaje aparece poco durante la película. Sin embargo, cada vez que hablaba tiraba la escena abajo. Supongo que esta desastrosa elección de casting tendrá mucho que ver con los intentos por parte del estudio de hacer una película más comercial dándole un elenco de actores jóvenes (Aaliyah era para entonces una estrella musical en alza y tenía poco más de 21 años cuando la película se rodó).

En cuanto al argumento, poco hay qué decir. Las dos novelas en las que se basa tienen cosas interesantes que conforman un atractivo universo de ficción de la autora Anne Rice, pero todos estos detalles están tremendamente desaprovechados aquí: ese Gran Matriarcado que es el tema principal de la trama, el verdadero origen de Lestat, personajes otrora atractivos como Marius, Pandora o Armand (estos dos últimos sólo identificables gracias a los créditos finales), la agrupación de la Talamasca o incluso el verdadero origen de la propia reina de los vampiros, una historia a la que se le pasa por encima a pesar de que se supone que es de gran importancia.

Muy previsiblemente, La reina de los condenados fue un fracaso total tanto de taquilla como de crítica, y hoy es tristemente recordada sólo por ser la última aparición en cine de su estrella principal Aaliyah, que murió en un accidente de aviación poco después de finalizar el rodaje. Había pasado todo este tiempo sin verla y he podido comprobar que el tiempo no le ha hecho ningún favor a su estética esterotipada y sus muy pobres escenas de acción. Mi consejo es que si queréis ver algo de vampiros, es mucho más recomendable acercarse a Blade 2 (2002), de Guillermo del Toro, una película superior en todos los aspectos y que casualmente se estrenó más o menos por la misma época. Ahora que todo tiene por fuerza que ser rescatado para el cine comercial, he leído que volverán a rodar Entrevista con el vampiro en un intento de llevar al cine toda la saga de Anne Rice. Honestamente, me da mucha pereza.

domingo, mayo 18, 2014

Reseña: Rigor Mortis (2013)

Si bien no fue originalmente mostrada en 3D, Rigor Mortis (2013) podría ser perfectamente un reverso de The Shock Labyrinth (2009), ya que tienen más de un punto en común. Dirigida esta vez a un público más adulto, esta curiosa cinta china producida por el Takashi Shimizu muestra varios de sus temas recurrentes: su obsesión con los espacios físicos cerrados, esa línea difusa entre lo fantástico y lo real, y sus fetiches estéticos entre los que destaca, tal como podéis ver en la foto que acompaña esta reseña, su constante mirada a clásicos de casas embrujadas como El resplandor (1980). Shimizu parece canalizar todos estos temas a través de su director, el primerizo Yuno Mak, creando una cinta que mezcla varios géneros como el terror, la fantasía o el cine de artes marciales, ambientando toda la historia en un ruinoso y descomunal edificio de apartamentos en Hong Kong que funciona como microcosmos. 

El edificio en cuestiones es el punto central del argumento, una gigantesca colmena urbana donde va a parar el personaje principal, una antigua estrella de cine en horas bajas que desciende a los infiernos de la pobreza y que pasa a ocupar un apartamento donde se ha cometido un crimen y que de repente se ve envuelto en un lío de ultratumba que incluye vampiros, hechiceros, fantasmas, magia negra y un largo etcétera de horrores entrelazados con dosis de comedia y artes marciales. Tal mezcla de géneros se me ha hecho menos rara tras indagar un poco en el rodaje de esta película y "descubrir" que toda la cinta es en realidad un homenaje grandilocuente al cine hongkonés de artes marciales de los años ochenta y sobre todo a la saga de películas de Mr. Vampire, de las que recicla a varios de los componentes de su elenco y de las que por lo visto toma gran parte de su estilo y énfasis en distintas figuras de la mitología china. En mi gran ignorancia de todo lo que tiene que ver con el cine asiático no conseguí pillar todas estas referencias y de hecho desconocía todo ese trasfondo del que la película goza, pero ahora que lo sé es algo que definitivamente me he puesto como tarea revisar.

La pregunta en todo caso es si la película guarda algún interés aparte de esto. Ciertamente no es para todo el mundo; su mezcla de géneros y su estética puede resultar demasiado alocada para aquellos que esperen una historia de terror, y no ayuda el hecho de que Yuno Mak no parece decidirse por ningún tono en particular saltando de la comedia de situaciones al horror puro y duro (con escenas y conceptos más fuertes de lo que inicialmente uno se puede esperar) sin previo aviso y de forma un tanto caótica. Además los efectos especiales cantan mucho en aquellas escenas que recurren a los trucos informáticos. 

Pero aparte de todo esto hay sin duda grandes aciertos estéticos (que en ocasiones se pierden por distanciamiento cultural), escenas de acción muy buenas y un clímax en forma de batalla final contra el monstruo que parece un anime con actores de carne y hueso. La influencia de Shimizu se deja notar además en los momentos de terror surrealista en el que las leyes de la física parecen no tener mucha validez. Pero sobre todo una cosa que me ha gustado mucho es ese tema central del cine como hilo conductor del argumento, como forma de evasión y de reconstrucción de la realidad. Este homenaje al que me refiero cobra una especial importancia durante el desenlace y es independiente de las referencias a las películas originales a las que hacía mención más arriba, pero cuando finalmente llega cierra la película con un tono agridulce que para mí es la forma perfecta de cerrar un relato como este. Con todo y eso la cinta no ha tenido una muy buena recepción, en parte quizás porque el cine de terror asiático hace tiempo dejó de ser un tema de interés masivo en Occidente, pero sobre todo porque esta propuesta en general quizás sea demasiado alocada como para tener algo más allá de un cierto tipo de público muy específico. 

domingo, abril 13, 2014

Reseña: Lifeforce (1985)

Hecha cuando su director estaba en plena forma, Lifeforce (1985) es justamente celebrada como una de las mejores películas de Tobe Hooper y un magnífico ejemplo de ciencia-ficción calenturienta con la que su productora, la ya difunta Cannon Films, se marcó otro éxito en su ya abultado catálogo de serie B. Sin embargo en su momento fue mucho más; se trató de un proyecto muy ambicioso con el que la Cannon quiso pasar a las grandes ligas del cine comercial, y fue ese el motivo por el cual esta producción británica terminó desechando el título de la novela en que se basa, The Space Vampires. Pero dicho todo esto y a pesar de que en la mayoría de los casos el material publicitario de la cinta contradice sus mucho mayores pretensiones, estamos ante una gran cinta de terror que merece ser vista aunque sea porque no hay muchas que se le parezcan.

Combinando la ciencia-ficción con el relato vampírico de toda la vida, todo comienza cuando una expedición espacial europea descubre una nave alienígena oculta en la cola del cometa Halley, que como ya sabemos pasa junto a la Tierra cada 76 años y al que la película aprovecha debido a que justo en el año 1986 estaba prevista su más reciente aparición. La nave, que en un principio parece estar abandonada, está en realidad repleta de cadáveres de extrañas criaturas de las que la tripulación sólo consigue rescatar tres misteriosos seres (dos hombres y una mujer) de apariencia perfectamente humana y que parecen estar suspendidos en letargo. Muy previsiblemente la decisión de llevar a estos seres a la Tierra prueba ser la peor posible cuando la chica alienígena escapa de su cautiverio y siembra el caos donde quiera que va.

Esto es básicamente el argumento, uno lleno por cierto de elementos fácilmente identificables con otros ejemplos de entretenimiento fácil como el alto contenido erótico de la película, su violencia poco disimulada y su aprovechamiento de varios géneros que en un principio pueden parecer contradictorios. Y sin embargo hay algo realmente fascinante de Lifeforce y es el hecho de que su variedad argumental y de tono nos hace ver en ella tres películas distintas que perfectamente habrían podido rodarse por separado: en primer lugar una aventura espacial de terror (la parte por desgracia menos aprovechada), en segundo lugar la persecución del vampiro a través de la campiña inglesa, con sus escenas de usurpación de cuerpos y de maligno control mental, y por último ese glorioso clímax en forma de apocalipsis zombi en el que Tobe Hooper tira todo por la ventana y convierte la cinta en un desmadre absoluto que nunca más volvería a mostrar en su filmografía. El horror cósmico que se desata está hecho además con decisiones estéticas bastante atractivas como el hecho de que los vampiros no se alimentan de sangre sino de energía, o como la curiosa combinación estética presente en la imagen de esa vampira del espacio durmiendo en una capilla de una iglesia en ruinas.

Todos estos detalles son también un poco frustrantes porque nos hacen pensar que Lifeforce es un trabajo mucho más grande que no se llegó a terminar de forma correcta, una película con un enorme potencial que muy probablemente se rodó en la época equivocada pero que a la que por lo menos Tobe Hooper dotó de una innegable energía. Es la versión resumida y atropellada de algo que crece en nuestro recuerdo, pero sigue siendo una de las más curiosas películas de vampiros que se han hecho y una con la que no hay mucho material que comparar. Recomendable aún después de todos estos años, tanto que durante mucho tiempo se ha barajado la posibilidad de un remake que ha sido anunciado varias veces pero que nunca se ha terminado de hacer realidad.

viernes, diciembre 20, 2013

Reseña: Noche de miedo 2 (2013)

Hace un par de años Craig Gillespie nos trajo Noche de miedo (2011), nueva versión de una de mis películas de terror favoritas, como bien saben todos los que se han pasado por aquí. Ahora, de la nada, sale esta segunda parte que pasó casi desapercibida. Esto último no es nada raro ya que se trata de una cinta bastante olvidable y genérica que sin embargo tiene un par de detalles interesantes a destacar, aunque quizás no sean suficientes para merecer un puesto de honor entre los chupasangres de los últimos años. Para empezar, una de las cosas más curiosas de esta película del venezolano Eduardo Rodríguez es que a pesar de tener un número 2 en el título, no se trata realmente de una secuela de la cinta de Gillespie, sino de otro remake de la Noche de miedo (1985) original de Tom Holland. El que haya sido hecha por otra productora parece indicar que se trata únicamente de un intento por parte de un estudio rival de rentabilizar la franquicia a través de los derechos de explotación, puesto que la verdad es que no tiene absolutamente nada que ver con la del 2011 y no la referencia en ningún momento.

Comenzaré por decir las cosas que me gustan de la película: en primer lugar, me agrada que hayan intentando innovar con respecto a la original en su decisión de darle un ambiente europeo en lugar de la estética de suburbio americano que funcionó en versiones anteriores. Esto lo logran no sólo rodando en locaciones reales de Rumanía sino también gracias a sus constantes referencias a la tradición vampírica camp de la Hammer Films y otros productos populares de décadas pasadas, lo que la empuja un poco más a los terrenos del horror y la aleja un tanto de la comedia. Me gusta mucho también la escogencia de Jamie Murray como una vampiresa milf que toma el testigo ahora como la villana principal, lo que también es un obvio guiño a la primera Noche de miedo 2 (1988). Finalmente, y en lo que probablemente sea el mayor acierto del guión, me gusta cómo han reinventado el personaje de Peter Vincent, quien una vez más es un presentador televisivo, pero ahora de esos patéticos realities paranormales que tanto abundan hoy en día. Es una lástima que nuevamente este personaje, que era parte esencial de la saga original, haya sido reducido a un casi insignificante papel secundario más destinado a ser el elemento cómico.

Entre las cosas que no me gustan está el que a pesar de que tiene escenas calcadas a la versión del 85, deja muy de lado el sentido del humor de esta y no es tan hábil a la hora de equilibrar los géneros de horror y comedia. Su manejo de la sexualidad (con subtexto lésbico incluído) es muy burdo incluso para los estándares de este tipo de producciones, y el clímax es un cúmulo de sinsentidos en el que las reglas vampíricas acerca de quién vive, quién muere y cómo son rotas constantemente. La película tampoco consigue aprovechar bien sus locaciones reales y su Bucarest podría ser perfectamente cualquier ciudad anónima, lo que revela que el auténtico motivo de su ambientación no es otro que aprovechar lo barato que resulta rodar en los países del Este. En definitiva, no es la peor película de vampiros que he visto, y agradezco que haya sido corta, pero es bastante prescindible y su genérico y ya muy visto desarrollo hace parecer mejores a todas las otras versiones de esta historia, incluyendo la última, que con todos sus defectos me pareció un trabajo mucho más interesante.

viernes, agosto 30, 2013

Reseña: Byzantium (2013)

Una de las más esperadas películas de este año por mi, por motivos evidentes, pero sobre todo por ser el regreso del director Neil Jordan al cine sobrenatural, con una temática que trae las inevitables comparaciones con Entrevista con el vampiro (1994), una película por la que siento una gran simpatía que comparte gran parte de la gente de mi edad (increíble darme cuenta de que se estrenó hace ya casi veinte años). Byzantium (2013) toca muchas de las claves de aquella cinta vampírica con Brad Pitt y Tom Cruise, así como varias de las constantes estéticas del cine de su director. Es una película hermosa que sin embargo está llamada a ser dejada a un lado por gran parte de los seguidores de un cine de terror más entregado a un imaginario monstruoso del que esta cinta carece. 

Con esto lo que quiero decir es que, aún en mayor grado que en Entrevista con el Vampiro, en Byzantium no tenemos en realidad una película de terror, sino un drama protagonizado por seres sobrenaturales, en específico dos vampiras, madre e hija, que durante doscientos años han estado huyendo y escondiéndose de los de su propia especie, que les persiguen sin descanso por motivos que iremos descubriendo a lo largo del metraje. Ya de entrada tenemos aquí el mismo esquema de la cinta del 94 pero al revés; en vez de dos vampiros que buscan sus orígenes, en esta ocasión tenemos a dos criaturas inmortales que buscan refugio entre los humanos intentando confundirse entre ellos y reivindicando su libertad en contraposición a la hermética y elitista orden de su propia especie.

Como viene siendo habitual en las obras de Neil Jordan que tiran del fantástico, Byzantium tiene grandes aciertos estéticos que en esta ocasión van más allá de imágenes surrealistas; de hecho, una de las mayores fortalezas que tiene esta película está en la recreación que hace de los vampiros. Cuando decimos que es un drama nos referimos a que en esta ocasión los vampiros no son monstruos sino que son pintados como una suerte de terribles ángeles justicieros, comparación que no es gratuita ya que la película lo afirma en más de una ocasión. Jordan elude la representación ya establecida de estas criaturas al hacer de sus vampiros seres que pueden perfectamente vivir de día y a quienes ni siquiera les crecen los colmillos; sólo se mantienen su necesidad de beber sangre y su inmortalidad, con lo que son casi imposibles de distinguir de los mortales (uno de los personajes, de hecho, lo evidencia al decir que sólo con el pasar de los años puede demostrar lo que ella es). Esta representación un tanto menos terrorífica puede molestar a algunos, pero a mí me parece que está más que compensada por el misterio con el que Jordan dota a su particular visión del origen de la raza vampírica en una enigmática isla de la costa de Irlanda, creando una mitología fascinante de la que sólo vemos una parte muy pequeña. 

Por supuesto que gran parte del acierto estético de esta película está en la actuación de sus dos protagonistas femeninas. La campaña publicitaria ha tirado por el reclamo visual al destacar la presencia de una voluptuosa Gemma Arterton en el papel de la madre. Lo hace muy bien y me agrada verla finalmente en una película buena, pero este énfasis por desgracia quita la atención de la joven Saoirse Ronan, que borda su papel y representa la contraparte serena de la indomable Arterton. Sólo por verlas a las dos en pantalla ya merece la pena acercarse a esta película. Algunos que vayan a verla probablemente se sientan un poco decepcionados al esperar encontrar una película de vampiros y encontrarse más bien con un drama sobre la soledad y la renuncia al amor en medio de una historia contada con una gran cantidad de voz en off, pero desde aquí creo que es un trabajo muy recomendable que me ha reconciliado con una estética que por desgracia ha sido parodiada hasta el cansancio por romances sobrenaturales de segunda fila destinados al mercado adolescente. Echadle un vistazo porque vale la pena.

lunes, diciembre 17, 2012

Reseña: Underworld: Awakening (2012)

La guerra entre licántropos y vampiros continua en Underworld: Awakening (2012), cuarta entrega de una saga que religiosamente regresa a las carteleras cada tres años. Esta de hoy no la vi en cines a pesar de que tenía algunos detalles que me interesaban, principalmente el regreso de Kate Beckinsale (hermosa como siempre) como protagonista después de una ausencia que tuvo como resultado la supérflua precuela del 2009. Len Wiseman, sin embargo, no dirige esta vez y se limita a escribir el guión y producir este vehículo de lucimiento para su esposa, cediendo las laboras de dirección a los cineastas suecos Måns Mårlind y Björn Stein. 

No sé si la ausencia de Wiseman es el motivo, pero lo cierto es que esta entrega de Underworld, con todo y que es la secuela que la segunda debió haber tenido en su momento, se siente muy diferente al resto de la saga. Si bien se mantienen detalles superficiales como la fotografía negro/blanco/azul y las obligadas acrobacias tipo Matrix, esta cuarta parte se apoya mucho más en la acción pura y dura y deja bastante de lado toda la parte argumental reduciéndola a una trama muy sencilla que debo decir comienza muy bien, con un excelente recuento de los humanos declarando guerra abierta tanto a vampiros como a licántropos, casi exterminando a dichas razas. El "despertar" del personaje de Selene en los laboratorios de una maligna corporación dedicada a hacer con ella experimentos clandestinos es también un bastante obvio intento por seguir, al menos en parte, el camino trazado por las películas de Resident Evil, ante las que se alza una inevitable comparación no sólo en el componente de acción descabellada y poderío femenino sino también en el uso del 3D y el mayor hincapié en la sangre y la violencia desmedida. Es con toda seguridad la entrega más violenta de Underworld hasta la fecha.

Dicho esto, e incluso sin tener en cuenta que nunca he sido realmente un entusiasta de esta saga, hay que decir que es también la entrega que se siente más disparatada a nivel argumental y sin duda alguna menos cuidada como película que las tres anteriores. Parece haber en el argumento una extraña intención de devolver la línea argumental a sus inicios, cuando Underworld era simplemente una historia de licántropos contra vampiros, y este objetivo se lleva a cabo aún a costa de cargarse gran parte de los aciertos conseguidos con anterioridad. Más que tres, al ver la cinta me ha dado la impresión que habían pasado al menos veinte años desde la última entrega, a juzgar por la forma como se despachaba por completo todo lo anterior. Sólo así me explico la aparición de una camada de vampiros completamente nueva, la inclusión de una niña alrededor de la cual gira toda la trama pero a la cual nunca se le da un nombre, la inusitada crueldad del personaje de Kate Beckinsale (inédita hasta ahora en la saga) y la inexplicable ausencia del personaje de Scott Speedman, cuya cara incluso llegan a superponer digitalmente en el cuerpo de otro actor durante el prólogo (¡!).

Todos estos detalles ayudan a que Underworld: Awakening se sienta un poco fuera de lugar en la saga, con un tono bastante diferente a pesar de contar con los mismos actores. En cierta medida, es algo similar a lo que pasó con otras franquicias cinematográficas de éxito como La momia o Piratas del Caribe. Encima lo que nos han traído esta vez está rematado con un argumento débil que comete aciertos superficiales (ese nuevo monstruo...) pero que por otro lado tiene giros argumentales inexplicables y momentos francamente vergonzosos que se convierten con facilidad en comedia involuntaria. Con todo y eso, como película de acción es aceptable hasta el punto de hacerme querer revisar de nuevo las dos primeras entregas de la saga. A lo mejor después de todo el tiempo que ha transcurrido logro apreciarlas de forma distinta. 

domingo, noviembre 11, 2012

Reseña: Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012)

Hace unos meses decidí pasar del estreno de Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012) pensando que estaba muy claro con qué tipo de película me encontraría. Vista ahora con algo de retraso, hay que decir que el resultado es una película francamente desconcertante, que si bien no está muy lejos de lo que inicialmente pensaba que sería en términos de entretenimiento y de balanza terror/acción, sí ha terminado por sorprenderme en cuanto al tono empleado para contar la historia, hasta el punto en que por lo visto su director, el ruso Timur Bekmambetov (responsable ya de trabajos similares de acción extravagante como Guardianes de la noche (2004) y Wanted (2008), entre otros) ha querido usar el argumento base para añadir un capítulo más a su obra personal y a su estilo particular de ver el género de superhéoes.

El título de la película por sí solo ya dice todo lo que tenéis que saber de la premisa; si bien es sabido ya que la cinta está basada en una novela de Seth Grahame-Smith (quien también se encarga del guión), no está de más repetir que el verdadero motivo de su existencia es subirse al carro que el propio autor montó con su novela Orgullo, prejuicio y zombies, iniciando así una prolífica tendencia por parte de varios autores de mezclar elementos clásicos de la literatura o la historia con aspectos propios de la literatura de género popular. Aclarado esto, he de decir que con todo y su tratamiento de acción, lo más reseñable de la cinta que nos ocupa hoy es el curioso hecho de que no estamos realmente ante una parodia, sino que por el contrario hay un genuino esfuerzo por evadir una mayor concesión al camp y dar al argumento un enfoque bastante más "serio" de lo que podría esperarse al narrar la historia en un tono de bio-pic épico en el que se cuenta la vida de un hombre que se dedicaba a la política de día y mataba vampiros de noche, alternando entre el drama histórico y las acrobacias típicas del cine oriental de artes marciales.

La mezcla no siempre funciona, pero lo hace lo suficiente para hacer de esta una película mucho más interesante de lo que estaba dispuesto inicialmente a conceder. Con esto quiero decir que lo fácil hubiese sido irse por el lado de la comedia chorra visto lo disparatado del argumento base, pero haberse atrevido a dar cierto empaque de seriedad a la premisa hace bastante por vencer mis recelos iniciales, aunque quizás esto no habría funcionado tan bién de no haber estado involucrado Bekmambetov y su particular modo de rodar la acción. De hecho el cineasta ruso vitaliza el guión de Grahame-Smith al dar a la película un aire de irrealidad mucho mayor que el que pueden dar los vampiros en sí mismos, máxime en una secuencia como aquella en la que un joven Abraham Lincoln se enfrenta a su némesis en medio de una estampida de caballos, todo un monumento a la exageración pero que por fortuna no desentona con aquello que la cinta ya nos viene mostrando desde el principio.

Lástima que no todo se sostenga tan bien. Se echa de menos, por ejemplo, la presencia como personaje de Edgar Allan Poe, que salía en la novela original como uno de los aliados de Lincoln y que aquí hubiese dado mucho juego a la hora de agudizar ese ambiente pulp del que la cinta hace ostentación. Asimismo, la intercalación de la trama vampírica con la historia americana no está tan bien llevada porque los intentos del guión por relacionar la lucha contra las huestes del Mal con los motivos verdaderos de la guerra de secesión no están tan bien desarrollados. Este juego histórico da pie sin duda a grandes imágenes como la horda de soldados no-muertos abriéndose paso entre las balas durante la batalla de Gettysburg, pero huye de los aspectos más polémicos que se intuyen como la posibilidad de hacer de Lincoln un antihéroe menos interesado en la lucha en pos de la libertad de las esclavos que en ejecutar su venganza contra los seres de ultratumba que causaron la muerte de sus padres. La conclusión que nos queda es que estamos ante una cinta muy divertida que acomete el admirable atrevimiento de querer ser seria con su premisa, pero que se queda a medias en cuanto a su ejecución. Eso sí: Bekmambetov, como siempre, asegura el espectáculo. A vosotros toca decidir si con eso basta. 

martes, octubre 18, 2011

Reseña: Noche de miedo (2011)

Noche de miedo (2011) es, junto con La cosa (2011) uno de los remakes de terror más anticipados de este año, al menos por quien esto escribe, ya que como todos saben ya, la original de Tom Holland de 1985 es una de mis películas favoritas de vampiros. Esta nueva versión, dirigida por Craig Gillespie, recupera gran parte de su legado y repite la mayor parte de su estructura, aunque al menos se esfuerza por sacar algo nuevo de su material base y no se contenta con simplemente repetir la misma fórmula. Esto es ciertamente algo que hay que agradecer ya que no tenía muchas esperanzas con ella y al final he quedado ligeramente sorprendido con un proyecto concebido como una película de terror de verano.

Como decíamos arriba, la premisa es bastante parecida en su base: la historia de un joven de suburbio llamado Charlie Brewster que descubre que su nuevo vecino, Jerry, es en realidad un vampiro. Hasta ahí todo es similar a la de Tom Holland, pero esta nueva Noche de miedo introduce algunos cambios al menos curiosos; uno de los mayores aciertos a mi parecer ha sido el de situar la película en los suburbios ubicados en medio de un desierto junto a Las Vegas, ciudad que ya de por sí tiene un largo y auténtico historial de desapariciones que hacen más que apropiada la historia de un misterioso depredador que empieza a cargarse a sus vecinos.

En realidad las alteraciones que hay tienen que ver principalmente con una diferencia en cuanto a tono con la original. Tal como se podía apreciar con los primeros avances, esta versión no parece estar tan inclinada hacia la comedia; hay sin duda momentos cómicos, pero se ve que esta vez han intentado ir más en la dirección de una genuina película de terror de suburbio aún a costa de ciertos detalles tremendamente distintos a los que nos había traído Tom Holland. Algunos de estos cambios, en mi opinión, son un tanto desafortunados, siendo el principal de ellos la inexplicable transformación de Peter Vincent en un mago con un conocimiento bastante arbitrario de los vampiros y su mitología. El cambio de Peter Vincent no funciona entre otras cosas porque despoja a la película de su contenido referencial hacia el cine de terror, que era una de las cosas más interesantes de la primera Noche de miedo. Por fortuna esto al final termina siendo bastante marginal puesto que no es este el principal enfoque de la película y la participación del propio Peter Vincent es bastante limitada (casi no sale en toda la película) y reducida a un personaje cómico explotado de forma bastante evidente por el actor David Tennant.

Pero estas concesiones a la comedia son minoritarias; Noche de miedo redux tiene momentos genuinamente terroríficos en cuanto a imaginario, desde su ambientación de penumbra perpetua en medio de un suburbio prefabricado y solitario hasta una secuencia en particular (la mejor de la película en mi opinión) en la que Charlie Brewster va al rescate de una joven y guapa vecina secuestrada por el vampiro. Dicha secuencia, con su sorprendente desenlace, destaca por su efectivo manejo del suspense heredado de toda una tradición de vecinos psicópatas. Todo esto además aderezado con la genial actuación de Colin Farrell, un actor que a mí particularmente nunca me ha llamado mucho la atención pero que está que se sale en esta película y borda su papel de depredador dotado de un magnetismo sexual completamente salvaje, un complemento perfecto y a la vez diferente del playboy ochentero de Chris Sarandon en la original, al que hace algún que otro guiño. Farrell es una de las mejores cosas de la película y aporta muchísimo en una época en la que la imagen de los vampiros como seductores ha sido sustituida por la blanda y banal fantasía adolescente que muchos asocian con Crepúsculo pero de la que tiene mucha mayor culpa la escritora Anne Rice. La nueva Noche de miedo es por el contrario una cinta que nos devuelve la imagen del vampiro como monstruo inmundo e invasor que tantos placeres nos ha dado. Esta película puede que no llegue a los niveles de la original, pero me ha parecido lo bastante interesante para por lo menos merecer un vistazo.

Casi lo olvido: en un intento de sacar mayor rentabilidad de la taquilla, esta nueva versión de Noche de miedo ha sido estrenada en 3D, pero como suele ocurrir en muchas ocasiones, el efecto es bastante esporádico y a todas luces superficial, con uno que otro objeto saltando hacia la pantalla. Lo realmente lamentable es precisamente el hecho de que (al menos en mi ciudad) no haya sido posible verla sin este efecto añadido y por lo tanto el pase por caja haya sido más contundente. Mucho me temo que en determinadas producciones esto se vaya convirtiendo en una práctica cada vez más habitual.

domingo, mayo 22, 2011

Reseña: Noche de miedo 2 (1988)

Animada por el éxito de Noche de miedo (1985), esta secuela de 1988 dirigida por Tommy Lee Wallace intentó repetir la fórmula de su predecesora volviendo a sacar una historia de terror con vampiros de por medio y un tono fuertemente inclinado hacia la comedia, aunque prescindiendo esta vez del contenido metaficcional del que hacía gala la primera parte. De hecho, Noche de miedo 2 (1988) puede ser considerada una película de vampiros un tanto más convencional, en la que las principales innovaciones vienen de revertir las situaciones dramáticas que daban pie a la primera película; ahora es Charlie Brewster quien se ve acosado y seducido por una vampira llamada Regine quien está lentamente convirtiéndole en un chupasangre, y es su chica quien recluta al presentador televisivo Peter Vincent para salvar su cuello y su vida. En muchos sentidos, el argumento es una versión un tanto más "seria" de Once Bitten (1985), conocida en España como Mordiscos peligrosos, aquella entrañable comedia de vampiros con un entonces desconocido Jim Carrey.

No es esta la única forma en la que Noche de miedo 2 da la vuelta a aquello que veíamos en la primera parte y la referencia: la credulidad de los personajes también se ha visto invertida, ya que es ahora Peter Vincent quién cree desde el principio en el regreso de las criaturas de la noche, mientras que Charlie, que ha pasado los últimos tres años en terapia psiquiátrica, se muestra escéptico y ansioso por aferrarse al mundo racional y dejar atrás sus pesadillas. A lo largo de la película, sin embargo, los roles de escéptico y creyente llegan a intercambiarse tan a menudo que toda la cosa parece un chiste bastante pobre. En general hay demasiados momentos similares (por no decir idénticos) a la primera Noche de miedo, por lo que se nota una dependencia excesiva en el éxito de la original.

Por fortuna esta secuela tiene sus propios aciertos ante los cuales no hay discusión posible, desde la voluntad sincera de llevar a su personaje protagonista a situaciones inexploradas (Charlie Brewster cayendo víctima de los vampiros es una consecuencia natural de la primera parte) hasta la elección como villana de la bellísima Julie Carmen (a quien años más tarde veríamos en la película En la boca del miedo (1994), de John Carpenter), sin duda un gran acierto de casting y un complemento perfecto de la imagen de playboy de Chris Sarandon en la primera cinta. Hay, de hecho, una muy interesante subtrama de rivalidad entre el personaje de Regine y Peter Vincent que por desgracia no es convenientemente explorada y que hubiese sin duda dado mucho juego.

En definitiva, no pretendáis que Noche de miedo 2 alcance la misma calidad de su predecesora, pero tampoco desdeñéis tan fácilmente las cualidades de una continuación divertida que al menos sabe orquestar correctamente el regreso de dos de nuestros cazavampiros favoritos. Tal como ocurría en la primera parte, la proporción terror/comedia inclina más la balanza hacia esta última, pero la película muestra un marcado y sincero respeto por el cine de monstruos, sobre todo a aquellos de grandes colmillos, con todo y la introducción de decadentes vampiros andróginos (con una estética late eighties que tira de espaldas), atolondrados hombres-lobo y fornidos engendros insectívoros. Ahora que se acerca el inevitable remake de la Noche de miedo original (la cual tiene una pinta mucho menos cómica por lo visto), una sesión doble de sus dos encarnaciones ochenteras se antoja como la forma ideal de ponerse al día.

domingo, marzo 13, 2011

Reseña: 30 días de oscuridad 2 (2010)

Una de las cosas más curiosas de esta secuela directo-a-DVD de 30 días oscuridad (2007) es el hecho de que pudiendo haber adaptado el cómic en el que se basa (y que personalmente me gustó más que la primera parte), sus responsables hayan decidido ir a por libre y crear una historia independiente que referencia al original en papel a través de algunos elementos comunes pero con un argumento distinto. Incluso el título que han decidido ponerle en España, 30 días de oscuridad 2: Tinieblas (2010) parece jugar con esta idea al ofrecer algo que es simplemente el esqueleto de la trama ideada por Steve Niles para el cómic original. Hay que decir, sin embargo, que el propio Niles se encarga del guión, por lo que todo queda en familia. En la película vemos el regreso de Stella (ahora interpretada por Kiele Sánchez), la única superviviente de la masacre que los vampiros realizaron en su Alaska natal, quien intenta desesperadamente revelar al mundo la existencia de los chupasangres y ha terminado por llamar la atención que un grupo de cazadores de vampiros que solicitan su ayuda para acabar con la reina de estos monstruos, una criatura llamada Lilith (¡alerta de cliché!) aficionada a los baños en tinas de sangre.

El argumento, como decíamos, introduce ciertos cambios para aquellos que conozcan la obra original pero mantiene varios de sus elementos más conocidos, incluyendo la presencia de un vampiro aliado que ayuda a los héroes a cumplir su misión. Por desgracia la que me parecía en un principio la entrega más interesante de la trilogía vampírica de Steve Niles queda bastante malograda por las evidentes limitaciones que ofrece el pase directo a mercado doméstico para la mayoría de estas secuelas. La estética de la original, sin duda lo más llamativo de la película de David Slade, aquí está prácticamente olvidada y relegada a una muestra plana con sólo leves referencias a la fría oscuridad de la original, casi todas ellas contenidas en el "cuartel general" de los vampiros. Los cazadores tampoco son muy interesantes como personajes y me parece especialmente terrible que una belleza como Diora Baird pase aquí completamente desapercibida en un rol secundario poco aprovechado.

El principal problema en todo caso viene por el desarrollo aburrido y predecible que se apodera de todo, con larguísimas secuencias de diálogos y el ya cansino estereotipo del héroe destrozado por una pérdida, además de villanos poco interesantes. La muy predecible confrontación final entre Stella y Lilith es anticlimática a más no poder y para colmo está adornada por una imagen directamente calcada de The Descent (2005) sin el menor asomo de vergüenza. A pesar de que la primera película no me pareció especialmente destacable, reconozco que su esquema de pueblo asolado por zombis inteligentes estaba mucho mejor llevado que este monótono relato de venganza.

La saga de 30 días de oscuridad ha terminado por extenderse no sólo por el mundo del cómic y el cine sino también en una cantidad considerable de novelas y piezas de fan fiction que hacen de la obra de Steve Niles un fenómeno. Esta segunda entrega contiene algunos aciertos, pero su desesperado intento de hacer una pieza de vampiros lúgubre y deprimente (es decir, "seria") tiene como único resultado una película tremendamente aburrida que hace que la original, por comparación, parezca mejor de lo que realmente fue. Independientemente del oscuro y aún más depresivo final, habrá que ver si alguien se decide a llevar a la pantalla el tercer tomo de la trilogía, Regreso a Barrow, para comprobar qué posibilidades tienen estos chupasangres de seguir teniendo éxito.

miércoles, febrero 23, 2011

Reseña: Déjame entrar (2010)

Seguramente ya habréis visto la opinión resumida que dejamos en forma de post de transición hace ya un tiempo (por cierto, curioso el interés desatado por lo que no era más que una línea resumiendo una impresión inicial), así que no viene mal desarrollar un poco la idea y explicar lo que realmente nos ha parecido la nueva versión de Déjame entrar (2010), remake de la muy mentada película de Thomas Alfredson. La existencia de estas nuevas versiones recalentadas es algo que ya comentamos una vez y que responde a una realidad económica acerca de cómo se maneja el cine de masas en Estados Unidos, algo que tiene que ver con un concepto que en publicidad se conoce como "conciencia de marca"; si bien la Déjame entrar (2008) original puede ser considerada en muchos sentidos una película de culto, la verdad es que una película extranjera tiene escasas posibilidades (por no decir ninguna) de ser un éxito en la taquilla estadounidense.

Llegados a este punto se hace necesario hablar de la película en sí, cuyo argumento es casi calcado al de la versión sueca, quizás demasiado. Aquellas palabras del director Matt Reeves en las que aseguraba que su versión no era tanto un remake sino una nueva adaptación de la novela original de John Ajvide Lindqvist finalmente han quedado en nada; Déjame entrar redux sigue prácticamente al pie de la letra el argumento de la primera adaptación e incluso la referencia en varias ocasiones con secuencias y planos específicos que son exactamente los mismos, lo que desmonta uno de los principales argumentos de los defensores de esta versión americana: que (supuestamente) no estamos ante una fotocopia del original escandinavo. Por el contrario, Matt Reeves, artífice de la por nosotros muy alabada Cloverfield (2008), parece haberse limitado a "traducir" culturalmente la película original y dudo mucho que haya tenido algún interés en aportar algo propio a aquello que ya se había contado. De hecho, los escasos cambios que se han realizado al argumento son insustanciales (como la presencia de un detective encarnado por Elias Koteas) o directamente empobrecen el resultado si se le compara con la versión original. Es esto lo que sucede, por ejemplo, con la decisión por parte de los responsables del remake de eliminar casi por completo la subtrama de vampirismo de la pareja atacada por la niña protagonista, lo cual borra también uno de los pocos elementos de auténtica película de horror que la cinta de Alfredson tenía. Algo similar ha ocurrido con la decisión de eliminar la ambigüedad del vampiro y la "verdadera naturaleza" de la niña; es cierto que la ausencia de dicha revelación no altera propiamente el argumento, pero sí es una muestra más de cómo la historia original ha tenido que ser suavizada para alcanzar los estándares de una producción comercial, lo cual es algo sin duda triste.

Tampoco estamos, como se ha comentado en anteriores ocasiones, ante una versión más "de terror" de la novela original sino todo lo contrario: la nueva Déjame entrar sigue siendo más que nunca un drama y una historia de "primer amor" entre jóvenes (al menos de espíritu) en los que el tema del vampirismo se trata en muchas ocasiones de refilón. Poco importa que en esta ocasión se haya buscado hacer del vampiro un ser más "feroz" (en realidad la única diferencia es que salta más rápido, vamos) si ese intento se tira por la borda debido al carácter explícito de la forma como se presenta, con un maquillaje vampírico convencional y aburrido que elimina la interesante manera que tenía la película de Alfredson de dosificar la apariencia del vampiro y su metamorfosis en monstruo, contemplada en vistazos fugaces que se quedaban en nuestra memoria. Nada de eso, por desgracia, se ha trasladado a la película de Reeves.

Ahora, después de haber soltado toda esta parrafada, es probable que muchos puedan pensar que no me ha gustado la película pero no es así. Después de todo, sigue siendo la copia al carbón de una cinta muy buena, tiene uno que otro momento interesante a nivel de estética (como ese accidente de coche visto desde adentro) y algunas actuaciones sobresalientes. El problema es que, por un lado, no puedo simplemente fingir que la original no existe y que se estrenó hace apenas un par de años. Por otro lado, me cuesta mucho pasar por alto lo tremendamente vacía y supérflua que resulta, eso y que el saber exactamente qué va a ocurrir cada segundo hace que al final termine siendo aburrida y casi tan larga como la original (y pensar que detrás de esto está la Hammer Films, que una vez fuera sinónimo de entretenimiento). Por eso me sorprende comprobar qué bajos tienen que estar los estándares si al final esta va a resultar ser una de las cintas más "destacables" del año. Aquí por desgracia me toca ser la nota discordante ya que, por más que lo intento, no puedo encontrar nada positivo de este remake que no haya estado ya presente en la cinta original, ante la cual esta versión sigue siendo completamente innecesaria.

viernes, marzo 26, 2010

Reseña: Daybreakers (2009)

Los australianos Michael y Peter Spierig, famosos sobre todo por su comedia de zombis Undead (2003), hacen su entrada en el mainstream con Daybreakers (2009), película destinada a devolver a los vampiros a su vertiente terrorífica al mismo tiempo que los utiliza para un concepto francamente interesante en el que la historia es contada desde el punto de vista de los chupasangres, habitantes mayoritarios del planeta y que han conseguido dar continuidad a la civilización utilizando a los humanos como ganado, eso hasta que la progresiva merma de su única fuente de sustento amenaza con destruir su sociedad.

La premisa es sin duda atrayente, y es curioso por ejemplo que el origen de la plaga que creó un mundo de vampiros nunca es explicado (más allá de una muy breve mención a un "único murciélago"), pero este no es el único detalle interesante de la trama; hay una clara alusión tanto estética como temática a conocidas películas de sci-fi como The Matrix (1999) o Minority Report (2002), y al igual que en ellas, el protagonista es un personero del sistema que termina poniéndose del lado del "enemigo", un científico vampiro (Ethan Hawke) que busca un sustituto artificial de la sangre y que tiene de repente la oportunidad de dar al mundo una cura para el vampirismo, con el consiguiente conflicto por parte de aquellos que no quieren renunciar a su nueva vida. Y es que aparte del tema de los vampiros, la película tiene varios detalles curiosos que la acercan a elementos asociados sobre todo con lo zombi: uno de los hechos clave de la cinta es que, siendo vampiro, el hambre te convierte directamente en un monstruo irracional que debe ser aniquilado, y la idea de una sociedad que rechaza su posible salvación sólo para defender los privilegios del poder y la inmortalidad es atractiva y hace de esta una película diferente.

Y lo mejor de todo es que nada de esto ha impedido que los hermanos Spierig doten a la película de un muy sano sentido del humor que, contrariamente a su anterior trabajo, no se siente nunca forzado sino como parte integral de la historia, especialmente con ese Willem Dafoe que parece salido de una cinta de John Carpenter. La mención de este director no es casual porque Daybreakers incluso revela una estructura similar a sus películas a través de varios personajes arquetípicos como el rebelde antisistema de Dafoe o el bastardo corporativo de Sam Neill. Tampoco hay una excesiva indulgencia en las secuencias de acción, lo que ayuda a que la película se sienta bastante equilibrada. Otra cosa que sorprende es que es en el fondo bastante sencilla; el mundo vampírico está apenas sugerido, el argumento transcurre de forma muy rápida y los personajes realmente importantes son muy pocos.

Con esto creo que queda bastante claro lo mucho que he disfrutado de Daybreakers. Es mucho más sencilla de lo que me esperaba pero al mismo tiempo no parece que los hermanos Spierig hayan sido tan domados por la industria. Algunos pueden sentirse un poco decepcionados al encontrar las grandes diferencias con un trailer que prometía una película más entregada a la acción y no a una distopía vampírica con alegorías sociales, y personalmente reconozco que me hubiese gustado ahondar más en el lado monster movie de la historia, pero aún así sigue siendo bastante recomendable y una manera efectiva de llevar el subgénero de vampiros por caminos poco transitados.

lunes, agosto 31, 2009

Reseña: Thirst (2009)

Otra de las películas más anticipadas de este año es la surcoreana Thirst (2009), nuevo trabajo del director Park Chan-wook, quien como ya todos sabéis se ha ganado su puesto como cineasta de culto gracias sobre todo a su trilogía sobre la venganza. Dejaremos los comentarios sobre dicha obra a los que saben y nos centraremos más bien en esta su nueva película, aunque una vez más su inclusión en esta bitácora responde a una decisión algo arbitraria, ya que muy a pesar del tema escogido, calificar Thirst como una película de terror es estirar bastante el término. Aún así, sigue siendo una gran historia de vampiros, una que da por sentados todos los aspectos de la mitología que rodea a los chupasangres (ahorrándonos así exposiciones innecesarias) y los utiliza para contar una cruel y bella historia de amor, lujuria y culpa.

El argumento consta de dos partes muy bien diferenciadas: la primera cuenta la historia de un sacerdote católico que, tras ofrecerse de voluntario para un experimento concerniente a un nuevo y mortal virus descubierto en África termina convertido en vampiro (hecho que debe ocultar a sus feligreses, que asumen su misteriosa curación como un hecho divino). La segunda parte, que constituye el grueso de la película, es una historia de amor clandestina que es en realidad una adaptación de la novela Thérèse Raquin, de Emile Zolá. Toda esta parte, por cierto, es sorprendentemente fiel al material original; únicamente los temas del vampirismo y la religión católica son invención propia.

La historia de amor a la que nos referimos está muy bien llevada y la mirada al mundo de miserias de culpa y auto-tormento que se asocian al catolicismo enlazan la película de Park Chan-wook con gran parte de la mitología vampírica narrada desde el punto de vista del monstruo. La película en su totalidad está asimismo salpicada con numerosos toques de humor en ocasiones gloriosos (por ejemplo la forma que encuentra el vampiro de procurarse su sustento diario). El protagonista Song Kang-ho (omnipresente actor surcoreano también protagonista de The Host (2006) y otras cintas de este país) hace un muy buen trabajo, pero es su compañera Kim Ok-vin la que prácticamente domina toda la película, sobre todo a partir de su último acto, en el que la cinta toma un giro un poco más convencional en cuanto a historias de vampiros se trata, pero en el que su personaje adquiere unas dimensiones fantásticas e impide que la película se decante por un tono demasiado serio.

A pesar de todo esto, reconozco que no consigo conectar del todo con el camino elegido por Park Chan-wook para contar su historia, y el principal motivo de esto está en la duración. Con 2 horas 13 minutos, la película es demasiado larga para lo que cuenta. Esto puede que sea un prejuicio de mi parte (siempre digo que si una película va a durar más de noventa minutos, más le vale tener una muy buena razón para ello) pero es que además su desarrollo es lento y parece en ocasiones no muy clara en cuanto a qué es lo importante. Hay varias secuencias y momentos en la película que no son desarrollados ni tienen importancia real para la trama, con lo que sólo se consigue alargar un metraje que hubiese sido mucho más potente de haber sido más breve, aunque reconozco que esto es una apreciación muy personal.

Por fortuna todo lo demás lo compensa con creces: Thirst es una de las más interesantes películas de vampiros que he podido ver últimamente, y su visionado es recomendable incluso para aquellos que no sigan la obra de Park Chan-wook. Solamente por su aproximación al tema de las pasiones humanas, su macabro sentido del humor y sus carismáticos personajes, es una experiencia que vale la pena. Y atención al final, uno de los desenlaces más bellos y poéticos que nos podemos echar a la cara, y la manera perfecta de cerrar una historia como esta.