viernes, abril 28, 2017
Reseña: Vampyr (1932)
miércoles, abril 12, 2017
Reseña: Drácula (1931)
viernes, marzo 24, 2017
Reseña: Abierto hasta el amanecer 3 (1999)
Al situarla en plena Revolución Mexicana la película consigue abrazar su condición de western exótico abandonando completamente su ambientación moderna. También se deja de lado gran parte del contenido humorístico de la segunda parte y se busca por el contrario una estructura más similar a la película original de Tarantino/Rodríguez. Como en esta, toda la primera mitad muestra una trama relativamente realista que en principio nada tiene que ver con la premisa principal: una banda de forajidos que huye de las autoridades que les persiguen, historia que se entremezcla con la hija del verdugo local que se ha escapado con uno de los delincuentes y está siendo ahora perseguida por su padre y sus hombres. Por otro lado tenemos la figura histórica del escritor americano Ambrose Bierce (que en un evidente guiño a la película original está interpretado por Michael Parks) que viaja junto a una pareja de predicadores y se queda varado en medio del paraje. Todos estos grupos terminan, como en la original, encontrándose en un burdel ubicado en medio del desierto que (sorpresa) está infestado de vampiros.
También los arquetipos se repiten: Marco Leonardi interpreta aquí al protagonista que es un remedo obvio del personaje de George Clooney en la original, un antihéroe cínico y en ocasiones cruel con una idea muy limitada de la lealtad, y la veterana Sonia Braga es el reclamo erótico y la evidentísima sustituta de Salma Hayek en su papel de la madame del burdel. El personaje de Braga, por cierto, también da pie a comentar que, a diferencia de la película original, esta precuela intenta unir ambas mitades a través de una trama de misterio acerca del personaje de la hija del verdugo, en quien se va sugiriendo desde el principio cierta conexión con el mundo de los vampiros que no se revela hasta más adelante y que, aunque un tanto descabellada a nivel de argumento, intenta establecer el universo de la saga contando sus orígenes. Es un detalle muy superficial y que no se explora demasiado, pero que sin duda alguna resulta un abreboca de intentos más consistentes por parte de Robert Rodríguez de construir una mitología de vampiros mexicanos en la que más adelante ahondaría con su francamente mejorable serie de televisión de Abierto hasta el amanecer. También es más evidente aquí la representación de los vampiros como serpientes y no como murciélagos.
Todo esto en muchas ocasiones funciona, a pesar de unos efectos especiales algo risibles cuando se opta por el CGI, algunas actuaciones nefastas y el desaprovechamiento de ciertos elementos que sonaban atractivos en un principio como el personaje de Ambrose Bierce, que parecía que iba a ser importante pero al final termina quedándose en nada y pasando de explicar ciertos misterios en cuanto a su arco argumental que nunca se resuelven. No es para nada una película memorable, pero sus responsables al menos han dado algunas imágenes y momentos buenos, y el espíritu de su estilo y argumento es mucho más cercano al de la original que al de su contemporánea secuela. Es sólo en los valores de producción y en el acabado final donde se queda por debajo, principalmente porque la primera película estaba hecha por dos cineastas muy talentosos que estaban en su mejor momento. Aun así, es interesante, y mucho mejor de lo que esperaba.
sábado, marzo 07, 2015
Reseña # 600: La máscara del demonio (1960)
jueves, noviembre 20, 2014
Reseña: What We Do in the Shadows (2014)
domingo, noviembre 09, 2014
Reseña: Abierto hasta el amanecer 2 (1999)
domingo, octubre 26, 2014
Reseña: Dracula 2: Ascension (2003)
domingo, septiembre 28, 2014
Reseña: La reina de los condenados (2002)
Las prisas a las que nos referimos arriba tuvieron la triste consecuencia de un guión atropellado que mezclaba de forma chapucera el segundo y tercer libro de las Crónicas vampíricas en una única película de poco más de hora y media, una película que inevitablemente se siente incompleta y hecha con los pies, tanto así que incluso se cuida de no hacer ninguna referencia directa a Entrevista con el vampiro pero al mismo tiempo no puede dejar de depender de esta a la hora de establecer un personaje como Lestat, quien ocupa aquí el protagonismo absoluto y de una forma muy poco aprovechada. De hecho, gran parte del motivo por el cual esta película no funciona tiene que ver con el trabajo de sus actores principales, especialmente Stuart Townsed, que interpreta un Lestat completamente distinto al que hiciera en su momento Tom Cruise (es directamente otro personaje) y ya desde el momento en que dice su primera línea sabes que esto va a acabar mal.
Poco queda de aquel vampiro legendario y seductor de la primera entrega; el nuevo Lestat muestra por el contrario una actitud de arrogante niñato "oscuro" que puede que vaya acorde con ciertos estereotipos de principios de los 2000 pero que tira por tierra la película nada más comenzar. Algo muy similar ocurre con la cantante Aaliyah, quien sólo se salva porque su personaje aparece poco durante la película. Sin embargo, cada vez que hablaba tiraba la escena abajo. Supongo que esta desastrosa elección de casting tendrá mucho que ver con los intentos por parte del estudio de hacer una película más comercial dándole un elenco de actores jóvenes (Aaliyah era para entonces una estrella musical en alza y tenía poco más de 21 años cuando la película se rodó).
En cuanto al argumento, poco hay qué decir. Las dos novelas en las que se basa tienen cosas interesantes que conforman un atractivo universo de ficción de la autora Anne Rice, pero todos estos detalles están tremendamente desaprovechados aquí: ese Gran Matriarcado que es el tema principal de la trama, el verdadero origen de Lestat, personajes otrora atractivos como Marius, Pandora o Armand (estos dos últimos sólo identificables gracias a los créditos finales), la agrupación de la Talamasca o incluso el verdadero origen de la propia reina de los vampiros, una historia a la que se le pasa por encima a pesar de que se supone que es de gran importancia.
Muy previsiblemente, La reina de los condenados fue un fracaso total tanto de taquilla como de crítica, y hoy es tristemente recordada sólo por ser la última aparición en cine de su estrella principal Aaliyah, que murió en un accidente de aviación poco después de finalizar el rodaje. Había pasado todo este tiempo sin verla y he podido comprobar que el tiempo no le ha hecho ningún favor a su estética esterotipada y sus muy pobres escenas de acción. Mi consejo es que si queréis ver algo de vampiros, es mucho más recomendable acercarse a Blade 2 (2002), de Guillermo del Toro, una película superior en todos los aspectos y que casualmente se estrenó más o menos por la misma época. Ahora que todo tiene por fuerza que ser rescatado para el cine comercial, he leído que volverán a rodar Entrevista con el vampiro en un intento de llevar al cine toda la saga de Anne Rice. Honestamente, me da mucha pereza.
domingo, mayo 18, 2014
Reseña: Rigor Mortis (2013)
domingo, abril 13, 2014
Reseña: Lifeforce (1985)
Combinando la ciencia-ficción con el relato vampírico de toda la vida, todo comienza cuando una expedición espacial europea descubre una nave alienígena oculta en la cola del cometa Halley, que como ya sabemos pasa junto a la Tierra cada 76 años y al que la película aprovecha debido a que justo en el año 1986 estaba prevista su más reciente aparición. La nave, que en un principio parece estar abandonada, está en realidad repleta de cadáveres de extrañas criaturas de las que la tripulación sólo consigue rescatar tres misteriosos seres (dos hombres y una mujer) de apariencia perfectamente humana y que parecen estar suspendidos en letargo. Muy previsiblemente la decisión de llevar a estos seres a la Tierra prueba ser la peor posible cuando la chica alienígena escapa de su cautiverio y siembra el caos donde quiera que va.
Esto es básicamente el argumento, uno lleno por cierto de elementos fácilmente identificables con otros ejemplos de entretenimiento fácil como el alto contenido erótico de la película, su violencia poco disimulada y su aprovechamiento de varios géneros que en un principio pueden parecer contradictorios. Y sin embargo hay algo realmente fascinante de Lifeforce y es el hecho de que su variedad argumental y de tono nos hace ver en ella tres películas distintas que perfectamente habrían podido rodarse por separado: en primer lugar una aventura espacial de terror (la parte por desgracia menos aprovechada), en segundo lugar la persecución del vampiro a través de la campiña inglesa, con sus escenas de usurpación de cuerpos y de maligno control mental, y por último ese glorioso clímax en forma de apocalipsis zombi en el que Tobe Hooper tira todo por la ventana y convierte la cinta en un desmadre absoluto que nunca más volvería a mostrar en su filmografía. El horror cósmico que se desata está hecho además con decisiones estéticas bastante atractivas como el hecho de que los vampiros no se alimentan de sangre sino de energía, o como la curiosa combinación estética presente en la imagen de esa vampira del espacio durmiendo en una capilla de una iglesia en ruinas.
Todos estos detalles son también un poco frustrantes porque nos hacen pensar que Lifeforce es un trabajo mucho más grande que no se llegó a terminar de forma correcta, una película con un enorme potencial que muy probablemente se rodó en la época equivocada pero que a la que por lo menos Tobe Hooper dotó de una innegable energía. Es la versión resumida y atropellada de algo que crece en nuestro recuerdo, pero sigue siendo una de las más curiosas películas de vampiros que se han hecho y una con la que no hay mucho material que comparar. Recomendable aún después de todos estos años, tanto que durante mucho tiempo se ha barajado la posibilidad de un remake que ha sido anunciado varias veces pero que nunca se ha terminado de hacer realidad.
viernes, diciembre 20, 2013
Reseña: Noche de miedo 2 (2013)
viernes, agosto 30, 2013
Reseña: Byzantium (2013)
lunes, diciembre 17, 2012
Reseña: Underworld: Awakening (2012)
domingo, noviembre 11, 2012
Reseña: Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012)
Hace unos meses decidí pasar del estreno de Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012) pensando que estaba muy claro con qué tipo de película me encontraría. Vista ahora con algo de retraso, hay que decir que el resultado es una película francamente desconcertante, que si bien no está muy lejos de lo que inicialmente pensaba que sería en términos de entretenimiento y de balanza terror/acción, sí ha terminado por sorprenderme en cuanto al tono empleado para contar la historia, hasta el punto en que por lo visto su director, el ruso Timur Bekmambetov (responsable ya de trabajos similares de acción extravagante como Guardianes de la noche (2004) y Wanted (2008), entre otros) ha querido usar el argumento base para añadir un capítulo más a su obra personal y a su estilo particular de ver el género de superhéoes.
El título de la película por sí solo ya dice todo lo que tenéis que saber de la premisa; si bien es sabido ya que la cinta está basada en una novela de Seth Grahame-Smith (quien también se encarga del guión), no está de más repetir que el verdadero motivo de su existencia es subirse al carro que el propio autor montó con su novela Orgullo, prejuicio y zombies, iniciando así una prolífica tendencia por parte de varios autores de mezclar elementos clásicos de la literatura o la historia con aspectos propios de la literatura de género popular. Aclarado esto, he de decir que con todo y su tratamiento de acción, lo más reseñable de la cinta que nos ocupa hoy es el curioso hecho de que no estamos realmente ante una parodia, sino que por el contrario hay un genuino esfuerzo por evadir una mayor concesión al camp y dar al argumento un enfoque bastante más "serio" de lo que podría esperarse al narrar la historia en un tono de bio-pic épico en el que se cuenta la vida de un hombre que se dedicaba a la política de día y mataba vampiros de noche, alternando entre el drama histórico y las acrobacias típicas del cine oriental de artes marciales.
La mezcla no siempre funciona, pero lo hace lo suficiente para hacer de esta una película mucho más interesante de lo que estaba dispuesto inicialmente a conceder. Con esto quiero decir que lo fácil hubiese sido irse por el lado de la comedia chorra visto lo disparatado del argumento base, pero haberse atrevido a dar cierto empaque de seriedad a la premisa hace bastante por vencer mis recelos iniciales, aunque quizás esto no habría funcionado tan bién de no haber estado involucrado Bekmambetov y su particular modo de rodar la acción. De hecho el cineasta ruso vitaliza el guión de Grahame-Smith al dar a la película un aire de irrealidad mucho mayor que el que pueden dar los vampiros en sí mismos, máxime en una secuencia como aquella en la que un joven Abraham Lincoln se enfrenta a su némesis en medio de una estampida de caballos, todo un monumento a la exageración pero que por fortuna no desentona con aquello que la cinta ya nos viene mostrando desde el principio.
Lástima que no todo se sostenga tan bien. Se echa de menos, por ejemplo, la presencia como personaje de Edgar Allan Poe, que salía en la novela original como uno de los aliados de Lincoln y que aquí hubiese dado mucho juego a la hora de agudizar ese ambiente pulp del que la cinta hace ostentación. Asimismo, la intercalación de la trama vampírica con la historia americana no está tan bien llevada porque los intentos del guión por relacionar la lucha contra las huestes del Mal con los motivos verdaderos de la guerra de secesión no están tan bien desarrollados. Este juego histórico da pie sin duda a grandes imágenes como la horda de soldados no-muertos abriéndose paso entre las balas durante la batalla de Gettysburg, pero huye de los aspectos más polémicos que se intuyen como la posibilidad de hacer de Lincoln un antihéroe menos interesado en la lucha en pos de la libertad de las esclavos que en ejecutar su venganza contra los seres de ultratumba que causaron la muerte de sus padres. La conclusión que nos queda es que estamos ante una cinta muy divertida que acomete el admirable atrevimiento de querer ser seria con su premisa, pero que se queda a medias en cuanto a su ejecución. Eso sí: Bekmambetov, como siempre, asegura el espectáculo. A vosotros toca decidir si con eso basta.
martes, octubre 18, 2011
Reseña: Noche de miedo (2011)
Noche de miedo (2011) es, junto con La cosa (2011) uno de los remakes de terror más anticipados de este año, al menos por quien esto escribe, ya que como todos saben ya, la original de Tom Holland de 1985 es una de mis películas favoritas de vampiros. Esta nueva versión, dirigida por Craig Gillespie, recupera gran parte de su legado y repite la mayor parte de su estructura, aunque al menos se esfuerza por sacar algo nuevo de su material base y no se contenta con simplemente repetir la misma fórmula. Esto es ciertamente algo que hay que agradecer ya que no tenía muchas esperanzas con ella y al final he quedado ligeramente sorprendido con un proyecto concebido como una película de terror de verano.
Como decíamos arriba, la premisa es bastante parecida en su base: la historia de un joven de suburbio llamado Charlie Brewster que descubre que su nuevo vecino, Jerry, es en realidad un vampiro. Hasta ahí todo es similar a la de Tom Holland, pero esta nueva Noche de miedo introduce algunos cambios al menos curiosos; uno de los mayores aciertos a mi parecer ha sido el de situar la película en los suburbios ubicados en medio de un desierto junto a Las Vegas, ciudad que ya de por sí tiene un largo y auténtico historial de desapariciones que hacen más que apropiada la historia de un misterioso depredador que empieza a cargarse a sus vecinos.
En realidad las alteraciones que hay tienen que ver principalmente con una diferencia en cuanto a tono con la original. Tal como se podía apreciar con los primeros avances, esta versión no parece estar tan inclinada hacia la comedia; hay sin duda momentos cómicos, pero se ve que esta vez han intentado ir más en la dirección de una genuina película de terror de suburbio aún a costa de ciertos detalles tremendamente distintos a los que nos había traído Tom Holland. Algunos de estos cambios, en mi opinión, son un tanto desafortunados, siendo el principal de ellos la inexplicable transformación de Peter Vincent en un mago con un conocimiento bastante arbitrario de los vampiros y su mitología. El cambio de Peter Vincent no funciona entre otras cosas porque despoja a la película de su contenido referencial hacia el cine de terror, que era una de las cosas más interesantes de la primera Noche de miedo. Por fortuna esto al final termina siendo bastante marginal puesto que no es este el principal enfoque de la película y la participación del propio Peter Vincent es bastante limitada (casi no sale en toda la película) y reducida a un personaje cómico explotado de forma bastante evidente por el actor David Tennant.
Pero estas concesiones a la comedia son minoritarias; Noche de miedo redux tiene momentos genuinamente terroríficos en cuanto a imaginario, desde su ambientación de penumbra perpetua en medio de un suburbio prefabricado y solitario hasta una secuencia en particular (la mejor de la película en mi opinión) en la que Charlie Brewster va al rescate de una joven y guapa vecina secuestrada por el vampiro. Dicha secuencia, con su sorprendente desenlace, destaca por su efectivo manejo del suspense heredado de toda una tradición de vecinos psicópatas. Todo esto además aderezado con la genial actuación de Colin Farrell, un actor que a mí particularmente nunca me ha llamado mucho la atención pero que está que se sale en esta película y borda su papel de depredador dotado de un magnetismo sexual completamente salvaje, un complemento perfecto y a la vez diferente del playboy ochentero de Chris Sarandon en la original, al que hace algún que otro guiño. Farrell es una de las mejores cosas de la película y aporta muchísimo en una época en la que la imagen de los vampiros como seductores ha sido sustituida por la blanda y banal fantasía adolescente que muchos asocian con Crepúsculo pero de la que tiene mucha mayor culpa la escritora Anne Rice. La nueva Noche de miedo es por el contrario una cinta que nos devuelve la imagen del vampiro como monstruo inmundo e invasor que tantos placeres nos ha dado. Esta película puede que no llegue a los niveles de la original, pero me ha parecido lo bastante interesante para por lo menos merecer un vistazo.
Casi lo olvido: en un intento de sacar mayor rentabilidad de la taquilla, esta nueva versión de Noche de miedo ha sido estrenada en 3D, pero como suele ocurrir en muchas ocasiones, el efecto es bastante esporádico y a todas luces superficial, con uno que otro objeto saltando hacia la pantalla. Lo realmente lamentable es precisamente el hecho de que (al menos en mi ciudad) no haya sido posible verla sin este efecto añadido y por lo tanto el pase por caja haya sido más contundente. Mucho me temo que en determinadas producciones esto se vaya convirtiendo en una práctica cada vez más habitual.
domingo, mayo 22, 2011
Reseña: Noche de miedo 2 (1988)
Animada por el éxito de Noche de miedo (1985), esta secuela de 1988 dirigida por Tommy Lee Wallace intentó repetir la fórmula de su predecesora volviendo a sacar una historia de terror con vampiros de por medio y un tono fuertemente inclinado hacia la comedia, aunque prescindiendo esta vez del contenido metaficcional del que hacía gala la primera parte. De hecho, Noche de miedo 2 (1988) puede ser considerada una película de vampiros un tanto más convencional, en la que las principales innovaciones vienen de revertir las situaciones dramáticas que daban pie a la primera película; ahora es Charlie Brewster quien se ve acosado y seducido por una vampira llamada Regine quien está lentamente convirtiéndole en un chupasangre, y es su chica quien recluta al presentador televisivo Peter Vincent para salvar su cuello y su vida. En muchos sentidos, el argumento es una versión un tanto más "seria" de Once Bitten (1985), conocida en España como Mordiscos peligrosos, aquella entrañable comedia de vampiros con un entonces desconocido Jim Carrey.
No es esta la única forma en la que Noche de miedo 2 da la vuelta a aquello que veíamos en la primera parte y la referencia: la credulidad de los personajes también se ha visto invertida, ya que es ahora Peter Vincent quién cree desde el principio en el regreso de las criaturas de la noche, mientras que Charlie, que ha pasado los últimos tres años en terapia psiquiátrica, se muestra escéptico y ansioso por aferrarse al mundo racional y dejar atrás sus pesadillas. A lo largo de la película, sin embargo, los roles de escéptico y creyente llegan a intercambiarse tan a menudo que toda la cosa parece un chiste bastante pobre. En general hay demasiados momentos similares (por no decir idénticos) a la primera Noche de miedo, por lo que se nota una dependencia excesiva en el éxito de la original.
Por fortuna esta secuela tiene sus propios aciertos ante los cuales no hay discusión posible, desde la voluntad sincera de llevar a su personaje protagonista a situaciones inexploradas (Charlie Brewster cayendo víctima de los vampiros es una consecuencia natural de la primera parte) hasta la elección como villana de la bellísima Julie Carmen (a quien años más tarde veríamos en la película En la boca del miedo (1994), de John Carpenter), sin duda un gran acierto de casting y un complemento perfecto de la imagen de playboy de Chris Sarandon en la primera cinta. Hay, de hecho, una muy interesante subtrama de rivalidad entre el personaje de Regine y Peter Vincent que por desgracia no es convenientemente explorada y que hubiese sin duda dado mucho juego.
En definitiva, no pretendáis que Noche de miedo 2 alcance la misma calidad de su predecesora, pero tampoco desdeñéis tan fácilmente las cualidades de una continuación divertida que al menos sabe orquestar correctamente el regreso de dos de nuestros cazavampiros favoritos. Tal como ocurría en la primera parte, la proporción terror/comedia inclina más la balanza hacia esta última, pero la película muestra un marcado y sincero respeto por el cine de monstruos, sobre todo a aquellos de grandes colmillos, con todo y la introducción de decadentes vampiros andróginos (con una estética late eighties que tira de espaldas), atolondrados hombres-lobo y fornidos engendros insectívoros. Ahora que se acerca el inevitable remake de la Noche de miedo original (la cual tiene una pinta mucho menos cómica por lo visto), una sesión doble de sus dos encarnaciones ochenteras se antoja como la forma ideal de ponerse al día.
domingo, marzo 13, 2011
Reseña: 30 días de oscuridad 2 (2010)

Una de las cosas más curiosas de esta secuela directo-a-DVD de 30 días oscuridad (2007) es el hecho de que pudiendo haber adaptado el cómic en el que se basa (y que personalmente me gustó más que la primera parte), sus responsables hayan decidido ir a por libre y crear una historia independiente que referencia al original en papel a través de algunos elementos comunes pero con un argumento distinto. Incluso el título que han decidido ponerle en España, 30 días de oscuridad 2: Tinieblas (2010) parece jugar con esta idea al ofrecer algo que es simplemente el esqueleto de la trama ideada por Steve Niles para el cómic original. Hay que decir, sin embargo, que el propio Niles se encarga del guión, por lo que todo queda en familia. En la película vemos el regreso de Stella (ahora interpretada por Kiele Sánchez), la única superviviente de la masacre que los vampiros realizaron en su Alaska natal, quien intenta desesperadamente revelar al mundo la existencia de los chupasangres y ha terminado por llamar la atención que un grupo de cazadores de vampiros que solicitan su ayuda para acabar con la reina de estos monstruos, una criatura llamada Lilith (¡alerta de cliché!) aficionada a los baños en tinas de sangre.
El argumento, como decíamos, introduce ciertos cambios para aquellos que conozcan la obra original pero mantiene varios de sus elementos más conocidos, incluyendo la presencia de un vampiro aliado que ayuda a los héroes a cumplir su misión. Por desgracia la que me parecía en un principio la entrega más interesante de la trilogía vampírica de Steve Niles queda bastante malograda por las evidentes limitaciones que ofrece el pase directo a mercado doméstico para la mayoría de estas secuelas. La estética de la original, sin duda lo más llamativo de la película de David Slade, aquí está prácticamente olvidada y relegada a una muestra plana con sólo leves referencias a la fría oscuridad de la original, casi todas ellas contenidas en el "cuartel general" de los vampiros. Los cazadores tampoco son muy interesantes como personajes y me parece especialmente terrible que una belleza como Diora Baird pase aquí completamente desapercibida en un rol secundario poco aprovechado.
El principal problema en todo caso viene por el desarrollo aburrido y predecible que se apodera de todo, con larguísimas secuencias de diálogos y el ya cansino estereotipo del héroe destrozado por una pérdida, además de villanos poco interesantes. La muy predecible confrontación final entre Stella y Lilith es anticlimática a más no poder y para colmo está adornada por una imagen directamente calcada de The Descent (2005) sin el menor asomo de vergüenza. A pesar de que la primera película no me pareció especialmente destacable, reconozco que su esquema de pueblo asolado por zombis inteligentes estaba mucho mejor llevado que este monótono relato de venganza.
La saga de 30 días de oscuridad ha terminado por extenderse no sólo por el mundo del cómic y el cine sino también en una cantidad considerable de novelas y piezas de fan fiction que hacen de la obra de Steve Niles un fenómeno. Esta segunda entrega contiene algunos aciertos, pero su desesperado intento de hacer una pieza de vampiros lúgubre y deprimente (es decir, "seria") tiene como único resultado una película tremendamente aburrida que hace que la original, por comparación, parezca mejor de lo que realmente fue. Independientemente del oscuro y aún más depresivo final, habrá que ver si alguien se decide a llevar a la pantalla el tercer tomo de la trilogía, Regreso a Barrow, para comprobar qué posibilidades tienen estos chupasangres de seguir teniendo éxito.
miércoles, febrero 23, 2011
Reseña: Déjame entrar (2010)

Seguramente ya habréis visto la opinión resumida que dejamos en forma de post de transición hace ya un tiempo (por cierto, curioso el interés desatado por lo que no era más que una línea resumiendo una impresión inicial), así que no viene mal desarrollar un poco la idea y explicar lo que realmente nos ha parecido la nueva versión de Déjame entrar (2010), remake de la muy mentada película de Thomas Alfredson. La existencia de estas nuevas versiones recalentadas es algo que ya comentamos una vez y que responde a una realidad económica acerca de cómo se maneja el cine de masas en Estados Unidos, algo que tiene que ver con un concepto que en publicidad se conoce como "conciencia de marca"; si bien la Déjame entrar (2008) original puede ser considerada en muchos sentidos una película de culto, la verdad es que una película extranjera tiene escasas posibilidades (por no decir ninguna) de ser un éxito en la taquilla estadounidense.
Llegados a este punto se hace necesario hablar de la película en sí, cuyo argumento es casi calcado al de la versión sueca, quizás demasiado. Aquellas palabras del director Matt Reeves en las que aseguraba que su versión no era tanto un remake sino una nueva adaptación de la novela original de John Ajvide Lindqvist finalmente han quedado en nada; Déjame entrar redux sigue prácticamente al pie de la letra el argumento de la primera adaptación e incluso la referencia en varias ocasiones con secuencias y planos específicos que son exactamente los mismos, lo que desmonta uno de los principales argumentos de los defensores de esta versión americana: que (supuestamente) no estamos ante una fotocopia del original escandinavo. Por el contrario, Matt Reeves, artífice de la por nosotros muy alabada Cloverfield (2008), parece haberse limitado a "traducir" culturalmente la película original y dudo mucho que haya tenido algún interés en aportar algo propio a aquello que ya se había contado. De hecho, los escasos cambios que se han realizado al argumento son insustanciales (como la presencia de un detective encarnado por Elias Koteas) o directamente empobrecen el resultado si se le compara con la versión original. Es esto lo que sucede, por ejemplo, con la decisión por parte de los responsables del remake de eliminar casi por completo la subtrama de vampirismo de la pareja atacada por la niña protagonista, lo cual borra también uno de los pocos elementos de auténtica película de horror que la cinta de Alfredson tenía. Algo similar ha ocurrido con la decisión de eliminar la ambigüedad del vampiro y la "verdadera naturaleza" de la niña; es cierto que la ausencia de dicha revelación no altera propiamente el argumento, pero sí es una muestra más de cómo la historia original ha tenido que ser suavizada para alcanzar los estándares de una producción comercial, lo cual es algo sin duda triste.
Tampoco estamos, como se ha comentado en anteriores ocasiones, ante una versión más "de terror" de la novela original sino todo lo contrario: la nueva Déjame entrar sigue siendo más que nunca un drama y una historia de "primer amor" entre jóvenes (al menos de espíritu) en los que el tema del vampirismo se trata en muchas ocasiones de refilón. Poco importa que en esta ocasión se haya buscado hacer del vampiro un ser más "feroz" (en realidad la única diferencia es que salta más rápido, vamos) si ese intento se tira por la borda debido al carácter explícito de la forma como se presenta, con un maquillaje vampírico convencional y aburrido que elimina la interesante manera que tenía la película de Alfredson de dosificar la apariencia del vampiro y su metamorfosis en monstruo, contemplada en vistazos fugaces que se quedaban en nuestra memoria. Nada de eso, por desgracia, se ha trasladado a la película de Reeves.
Ahora, después de haber soltado toda esta parrafada, es probable que muchos puedan pensar que no me ha gustado la película pero no es así. Después de todo, sigue siendo la copia al carbón de una cinta muy buena, tiene uno que otro momento interesante a nivel de estética (como ese accidente de coche visto desde adentro) y algunas actuaciones sobresalientes. El problema es que, por un lado, no puedo simplemente fingir que la original no existe y que se estrenó hace apenas un par de años. Por otro lado, me cuesta mucho pasar por alto lo tremendamente vacía y supérflua que resulta, eso y que el saber exactamente qué va a ocurrir cada segundo hace que al final termine siendo aburrida y casi tan larga como la original (y pensar que detrás de esto está la Hammer Films, que una vez fuera sinónimo de entretenimiento). Por eso me sorprende comprobar qué bajos tienen que estar los estándares si al final esta va a resultar ser una de las cintas más "destacables" del año. Aquí por desgracia me toca ser la nota discordante ya que, por más que lo intento, no puedo encontrar nada positivo de este remake que no haya estado ya presente en la cinta original, ante la cual esta versión sigue siendo completamente innecesaria.
viernes, marzo 26, 2010
Reseña: Daybreakers (2009)

Los australianos Michael y Peter Spierig, famosos sobre todo por su comedia de zombis Undead (2003), hacen su entrada en el mainstream con Daybreakers (2009), película destinada a devolver a los vampiros a su vertiente terrorífica al mismo tiempo que los utiliza para un concepto francamente interesante en el que la historia es contada desde el punto de vista de los chupasangres, habitantes mayoritarios del planeta y que han conseguido dar continuidad a la civilización utilizando a los humanos como ganado, eso hasta que la progresiva merma de su única fuente de sustento amenaza con destruir su sociedad.
La premisa es sin duda atrayente, y es curioso por ejemplo que el origen de la plaga que creó un mundo de vampiros nunca es explicado (más allá de una muy breve mención a un "único murciélago"), pero este no es el único detalle interesante de la trama; hay una clara alusión tanto estética como temática a conocidas películas de sci-fi como The Matrix (1999) o Minority Report (2002), y al igual que en ellas, el protagonista es un personero del sistema que termina poniéndose del lado del "enemigo", un científico vampiro (Ethan Hawke) que busca un sustituto artificial de la sangre y que tiene de repente la oportunidad de dar al mundo una cura para el vampirismo, con el consiguiente conflicto por parte de aquellos que no quieren renunciar a su nueva vida. Y es que aparte del tema de los vampiros, la película tiene varios detalles curiosos que la acercan a elementos asociados sobre todo con lo zombi: uno de los hechos clave de la cinta es que, siendo vampiro, el hambre te convierte directamente en un monstruo irracional que debe ser aniquilado, y la idea de una sociedad que rechaza su posible salvación sólo para defender los privilegios del poder y la inmortalidad es atractiva y hace de esta una película diferente.
Y lo mejor de todo es que nada de esto ha impedido que los hermanos Spierig doten a la película de un muy sano sentido del humor que, contrariamente a su anterior trabajo, no se siente nunca forzado sino como parte integral de la historia, especialmente con ese Willem Dafoe que parece salido de una cinta de John Carpenter. La mención de este director no es casual porque Daybreakers incluso revela una estructura similar a sus películas a través de varios personajes arquetípicos como el rebelde antisistema de Dafoe o el bastardo corporativo de Sam Neill. Tampoco hay una excesiva indulgencia en las secuencias de acción, lo que ayuda a que la película se sienta bastante equilibrada. Otra cosa que sorprende es que es en el fondo bastante sencilla; el mundo vampírico está apenas sugerido, el argumento transcurre de forma muy rápida y los personajes realmente importantes son muy pocos.
Con esto creo que queda bastante claro lo mucho que he disfrutado de Daybreakers. Es mucho más sencilla de lo que me esperaba pero al mismo tiempo no parece que los hermanos Spierig hayan sido tan domados por la industria. Algunos pueden sentirse un poco decepcionados al encontrar las grandes diferencias con un trailer que prometía una película más entregada a la acción y no a una distopía vampírica con alegorías sociales, y personalmente reconozco que me hubiese gustado ahondar más en el lado monster movie de la historia, pero aún así sigue siendo bastante recomendable y una manera efectiva de llevar el subgénero de vampiros por caminos poco transitados.
lunes, agosto 31, 2009
Reseña: Thirst (2009)

Otra de las películas más anticipadas de este año es la surcoreana Thirst (2009), nuevo trabajo del director Park Chan-wook, quien como ya todos sabéis se ha ganado su puesto como cineasta de culto gracias sobre todo a su trilogía sobre la venganza. Dejaremos los comentarios sobre dicha obra a los que saben y nos centraremos más bien en esta su nueva película, aunque una vez más su inclusión en esta bitácora responde a una decisión algo arbitraria, ya que muy a pesar del tema escogido, calificar Thirst como una película de terror es estirar bastante el término. Aún así, sigue siendo una gran historia de vampiros, una que da por sentados todos los aspectos de la mitología que rodea a los chupasangres (ahorrándonos así exposiciones innecesarias) y los utiliza para contar una cruel y bella historia de amor, lujuria y culpa.
El argumento consta de dos partes muy bien diferenciadas: la primera cuenta la historia de un sacerdote católico que, tras ofrecerse de voluntario para un experimento concerniente a un nuevo y mortal virus descubierto en África termina convertido en vampiro (hecho que debe ocultar a sus feligreses, que asumen su misteriosa curación como un hecho divino). La segunda parte, que constituye el grueso de la película, es una historia de amor clandestina que es en realidad una adaptación de la novela Thérèse Raquin, de Emile Zolá. Toda esta parte, por cierto, es sorprendentemente fiel al material original; únicamente los temas del vampirismo y la religión católica son invención propia.
La historia de amor a la que nos referimos está muy bien llevada y la mirada al mundo de miserias de culpa y auto-tormento que se asocian al catolicismo enlazan la película de Park Chan-wook con gran parte de la mitología vampírica narrada desde el punto de vista del monstruo. La película en su totalidad está asimismo salpicada con numerosos toques de humor en ocasiones gloriosos (por ejemplo la forma que encuentra el vampiro de procurarse su sustento diario). El protagonista Song Kang-ho (omnipresente actor surcoreano también protagonista de The Host (2006) y otras cintas de este país) hace un muy buen trabajo, pero es su compañera Kim Ok-vin la que prácticamente domina toda la película, sobre todo a partir de su último acto, en el que la cinta toma un giro un poco más convencional en cuanto a historias de vampiros se trata, pero en el que su personaje adquiere unas dimensiones fantásticas e impide que la película se decante por un tono demasiado serio.
A pesar de todo esto, reconozco que no consigo conectar del todo con el camino elegido por Park Chan-wook para contar su historia, y el principal motivo de esto está en la duración. Con 2 horas 13 minutos, la película es demasiado larga para lo que cuenta. Esto puede que sea un prejuicio de mi parte (siempre digo que si una película va a durar más de noventa minutos, más le vale tener una muy buena razón para ello) pero es que además su desarrollo es lento y parece en ocasiones no muy clara en cuanto a qué es lo importante. Hay varias secuencias y momentos en la película que no son desarrollados ni tienen importancia real para la trama, con lo que sólo se consigue alargar un metraje que hubiese sido mucho más potente de haber sido más breve, aunque reconozco que esto es una apreciación muy personal.
Por fortuna todo lo demás lo compensa con creces: Thirst es una de las más interesantes películas de vampiros que he podido ver últimamente, y su visionado es recomendable incluso para aquellos que no sigan la obra de Park Chan-wook. Solamente por su aproximación al tema de las pasiones humanas, su macabro sentido del humor y sus carismáticos personajes, es una experiencia que vale la pena. Y atención al final, uno de los desenlaces más bellos y poéticos que nos podemos echar a la cara, y la manera perfecta de cerrar una historia como esta.















