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miércoles, febrero 21, 2018

Reseña: Unfriended (2014)

Uno de los prejuicios más antiguos que he evidenciado en los años que llevo escribiendo en este blog ha sido mi rechazo general a la estética de metraje hallado o falso documental. En el pasado ya hemos soltado el argumento de que si bien es cierto que existen trabajos ingeniosos que han echado mano de este estilo convertido ya en subgénero propio, en la mayoría de los casos se trata sólo de una estrategia económica que permite a la película abandonar aspectos técnicos que una cinta convencional no puede permitirse dejar de lado. A pesar de eso, es algo que reconozco como una limitación propia y busco encontrar trabajos que me convenzan de lo contrario, ya que en ocasiones surgen muestras de este tipo de estética que me parecen más interesantes de lo que normalmente se suele ver. Tal es el caso, para mí al menos, de Unfriended (2014).

Metraje hallado o falso documental no es exactamente lo que tenemos aquí ya que la película apunta a su estética „realista“ mediante otro tipo de truco: a través de casi 90 minutos mostrados en "tiempo real", presenciamos a un grupo de amigos de instituto acosados por el fantasma de una antigua compañera que los ataca en medio de una sesión de Skype de la que no pueden salir en ningún momento. El gimmick reside en que la cinta está narrada por completo desde la perspectiva de la pantalla del ordenador de la protagonista, que va pasando de ventana en ventana a medida que la historia se va desarrollando frente a nuestros ojos sin aparentes cortes y con cierta simultaneidad que nos obliga a prestar atención a eventos que van ocurriendo en paralelo frente a nuestros ojos, detalle que por sí solo requiere de una inmersión total en la historia que, por increíble que parezca, se produce desde el principio ya que ni siquiera hay títulos de crédito iniciales.

Tanto la perspectiva permanente de la pantalla como el empleo de las redes sociales como método de narración no son cosas nuevas: recuerdo un cortometraje argentino de terror llamado Alexia (2013) que tenía la misma premisa, además de la película de Nacho Vigalondo Open Windows (2014), casualmente del mismo año y que contenía una perspectiva similar aunque en tono sci-fi y mucho menos realista. Pero lo interesante de Unfriended no es su originalidad sino lo bien ejecutada que está su premisa y la atención que han prestado a detalles que por lo general son ignorados en una idea como esta. Una de las cosas que más me sorprendió, por ejemplo, es que sus responsables hayan usado las auténticas interfaces de aplicaciones como Skype, Facebook, Youtube, etc. en vez de crear sus propios sustitutos ficticios de esos programas y plataformas. Este detalle, que puede parecer una tontería, funciona porque le otorga a la película cierto margen de realismo que contrasta con el ángulo sobrenatural, aunque lo más pavoroso del argumento no es el fantasma como tal sino la posibilidad de que alguien conozca nuestros secretos y los comparta en línea, ese espacio donde es fácil perder el control de aquello que decidimos mantener como privado. 

Por supuesto, no estamos hablando aquí de una gran película de terror ni nada por el estilo: con sus sustos baratos, sus burda manipulación del espectador basada en trucos de montaje, su final absurdo y algunos momentos risibles como la secuencia de Chat Roulette (bastante desfasada además, porque no sé hasta que punto siga siendo esa una plataforma popular), esta sigue siendo una cinta de miedo de usar y tirar. Sigo defendiendo, sin embargo, lo ingeniosa que puede llegar a ser y lo interesante de una premisa que se disfruta mejor a una menor escala. Esto último que digo es algo literal: debido a su formato y estética, Unfriended es una película que nunca debió haberse estrenado en un cine y que se disfruta mucho más si ve en casa en la pantalla de un portátil, y en ese sentido sí que me parece única y un ejemplo del cine de terror adaptado a las nuevas tecnologías y a la vez sobreponiéndose a sus limitaciones técnicas. No tardaréis en olvidarla, pero tiene cosas que me han impresionado y eso no es poco.

viernes, febrero 24, 2017

Reseña: As Above, So Below (2014)

Estrenada en España con el poco agraciado título Así en la Tierra como en el Infierno, As Above, So Below (2014) es una película de metraje hallado y por lo tanto, en teoría al menos, partía de una mala base conmigo. Sin embargo, hay que reconocer que la idea de ambientar una película de terror en las catacumbas de París es de entrada muy atractiva y que esta cinta gana puntos por usar (en parte) locaciones reales y por emplear de forma efectiva los elementos del found footage. Esto último no debería resultar una sorpresa tratándose del director John Erick Dowdle, quien ya se había pulido en este formato gracias a películas anteriores como The Poughkeepsie Tapes (2007) y Quarantine (2008). Dowdle también es el director de Devil (2010), una película que me gustó por lo visto sólo a mi, a juzgar por los comentarios que he leído al respecto.

Lo interesante es que si bien se trata de una película de terror, el argumento participa más del género fantástico, ya que aquí no hay monstruos ni maldiciones sino una trama que tiene más que ver con la alquimia, la magia y el esoterismo, con lo que en muchos aspectos se asemeja más bien a una cinta de aventuras con un tono más oscuro de lo habitual. También hace un fuerte hincapié en el empleo de situaciones imposibles, trucos de cámara y efectos especiales destinados a desorientar al espectador y añadir un componente de irrealidad a lo que estamos viendo, por lo que el formato de metraje hallado no se emplea, como en la mayoría de los casos, para dar una sensación de realismo sino únicamente como una perspectiva subjetiva dedicada única y exclusivamente a meter al espectador en la historia. Honestamente pienso que habría ganado mucho de haber usado un formato en tercera persona de toda la vida, pero no es la única cinta que hace esto: ya lo habíamos visto en películas como Grave Encounters (2011) o la más reciente Blair Witch (2016). 

Pero a pesar de que sus formas y recursos a la hora de intentar crear una atmósfera de miedo no sean los más originales (esto quizás debido al agotamiento de este subgénero de metraje hallado) es al menos una película interesante que toca algunos temas que en lo particular me atraen mucho, y sé que a mucha gente también. La idea de la magia y lo fantástico como algo escondido en el subsuelo de las ciudades es una idea realmente buena y, de nuevo, el hecho de usar las catacumbas de París como escenario le da una capa de realismo que quizás no habría tenido de haber empleado una localidad más exótica. En este sentido es digna de aplausos, aunque a la hora de la verdad muchos de sus giros narrativos estén muy vistos y, en general, sea quizás demasiado "ligera" como película de terror, sobre todo comparada con las cintas arriba citadas o con otros ejemplos de terror subterráneo como The Descent (2005), con la que surgirán las inevitables comparaciones durante los primeros minutos. 

Debo reconocer que los primeros minutos no pintaban nada bien y todo el inicio antes de entrar a las catacumbas me pareció bastante aburrido, pero una vez que coge impulso y se mete de lleno en la exploración de las catacumbas la película gana mucho en atmósfera e interés, al menos lo suficiente como para poder perdonarle sus fallos. En general me ha gustado y teniendo en cuenta lo denso del tema que toca me parece una decisión valiente el que se hayan atrevido a hacer de ella una historia de aventuras que raramente se suele abordar hoy en día de una manera seria. Sigo creyendo que podría perfectamente no haber sido de metraje hallado y el resultado habría sido mejor, pero también es cierto que dicho formato se usa hoy por hoy en gran medida como coartada a la hora de justficar medios más limitados y una estética menos trabajada que la que suele mostrar una película más convencional. Ha valido la pena. 

miércoles, octubre 12, 2016

Reseña: Blair Witch (2016)

Tarde o temprano tenía que ocurrir: después de casi dos décadas explotando y exprimiendo el cine de metraje hallado hasta convertirlo en un género propio, era sólo cuestión de tiempo antes de que llegara una nueva versión de aquella película que comenzó todo allá por 1999, y efectivamente, aunque han tardado menos tiempo del que pensaba, he aquí el pseudo-remake de El proyecto de la bruja de Blair (1999), titulado simplemente Blair Witch (2016) y adoptando la forma de una secuela ambientada quince años después de la original pero que repite prácticamente todos los puntos del argumento de la obra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, con muy pocos cambios o aportaciones novedosas, por lo que a pesar de todos sus esfuerzos por parecer lo contrario, estamos realmente ante un remake encubierto de la película de los noventa. 

Soy el primero en reconocer que la vi con ciertos prejuicios, no sólo porque el metraje hallado es un género que me interesa muy poco sino porque la bruja de Blair original es una película que me gusta mucho, y tras verla de nuevo recientemente me di cuenta de que es ampliamente superior a casi todas las cintas de este subgénero que han venido después, las cuales nunca han parecido entender exactamente qué fue lo que hizo de la original un éxito. Esta que tenemos ahora en el 2016 es de hecho mucho más parecida a la ola de productos similares que se han estrenado desde entonces, una versión "actualizada" de la original con más efectos sonoros y especiales, más momentos de terror puro y duro, un mayor contenido explícitamente sobrenatural, y absolutamente nada de la sutileza y ambigüedad que constituía la mayor fortaleza de la original. Es, en todos los sentidos, una secuela típicamente comercial que toma aquellos aspectos superficiales de la primera parte y los extrapola para ofrecernos lo mismo que antes pero a lo bestia, sólo que este tipo de continuaciones por lo general se hacen un par de años después de la primera y no tras casi dos décadas en las que ya el mercado de este tipo de productos se ha saturado por completo. 

Pero mentiría si no dijese que hay al menos ciertos puntos de interés: aquí es donde os revelo que mi principal motivación para ver esta película no tenía nada que ver con la nostalgia por la original sino más bien con nombre de Adam Wingard como director, un cineasta muy competente cuyas obras anteriores, A Horrible Way to Die (2010), You're Next (2011) y The Guest (2014), causaron una buena impresión en mí y me habían convencido de que podía sacar algo interesante de un proyecto que, evidentemente, ha sido un encargo. Hasta cierto punto es así porque mediante la ampliación del elemento sobrenatural Wingard logra sacar algunas ideas atractivas, sobre todo en los últimos diez minutos de la película, cuando se desata el clímax y los personajes sobrevivientes se enfrentan a la amenaza de los bosques en medio de un delirio surrealista que incluso juega con nuestra percepción del espacio y el tiempo, en un alarde similar al que ya habíamos visto en otra cinta de metraje hallado, Grave Encounters (2011), aunque menos trabajado y algo confuso.

A decir verdad ese ha sido, para mí, el mayor problema con esta película: ninguno de los elementos adicionales que ostenta ha sido desarrollado sino que va lanzando ideas una tras otra enredando tanto al público como a los personajes. Esta es además una de esas cintas de terror cínicas en las que los protagonistas nunca saben realmente qué es lo que está sucediendo y por lo tanto nunca tienen realmente una oportunidad de triunfar sobre la amenaza que se cierne sobre ellos, por lo que el final está cantado desde el principio incluso si no tenemos en cuenta que el propio formato ya revela desde el minuto uno cuál ha sido el fin de los personajes. En definitiva, todo lo que tenía de bueno la primera película ha sido tirado por la borda en aras de un trabajo comercial repetitivo, predecible, lleno de sustos baratos y plagado de todos y cada uno de los vicios que suelo odiar de este tipo de historias. El por qué un director como Adam Wingard ha sido el encargado de llevar esto a la realidad es algo que se me escapa, porque esto no es más que otro ejemplo más de un terror documental fácil de personajes gritando, efectos de sonido a máximo volumen, cámara temblorosa y un monstruo final que nada tiene que ver con la sutileza y buen arte de la original. 

sábado, marzo 26, 2016

Reseña: Creep (2014)

Creep (2014) es ante todo la enésima entrega del por lo visto ya omnipresente formato de cine de metraje hallado, pero no sólo eso: es también un trabajo completamente minimalista y al menos interesante en cuanto a que realiza un intento de crear una historia de terror con apenas dos personajes y una serie de diálogos en gran parte improvisados, por mucho que la situación de la que parte la trama sea muy típia. Con todo y eso no me ha parecido una película demasiado destacable, o al menos no más allá de lo minimalista que resulta y del trabajo de sus dos únicos intérpretes. Los motivos por los que no me ha parecido gran cosa se deben en gran medida a la elección de las formas típicas del terror documental, y también al desaprovechamiento de su premisa y del por lo general muy buen ambiente que consigue crear en su primera mitad.

Pero primero que nada hay que hablar un poco de lo que se trata la película: Creep es también un claro ejemplo de ese modelo de historias en las que el protagonista es seducido por algo "demasiado bueno para ser verdad". En este caso, nuestro personaje principal es un joven cineasta que acepta un encargo visto en un anuncio puesto por un misterioso hombre que lo cita en una cabaña apartada de la civilización y que le pagará una buena suma simplemente por grabar su vida cotidiana durante un día en una especie de video-diario de confesiones. No cuento más porque la sorpresa acerca de lo que empieza a suceder es parte del disfrute que la cinta ofrece, pero basta decir que, muy previsiblamente, aquella oferta resulta tener un reverso siniestro y la interacción entre los dos personajes comienza a cobrar tintes cada vez más inquietantes a medida que el día transcurre y la psique de este desconocido es expuesta.

Lo primero que debo decir es que ya de entrada el hecho de que esta fuese un película de metraje hallado ya me echó para atrás, sobre todo teniendo en cuenta que el formato no está del todo justificado más allá de un punto de vista meramente presupuestario. Me explico: hay un momento en el que uno de los personajes hace una referencia explícita a Mi vida (1993), cinta en la que se intercalaba el video-diario de un hombre enfermo de cáncer terminal con escenas en perspectiva omnisciente de toda la vida, en la evidente suposición de que no todo el día a día de una persona tiene por qué ser grabado. Es curioso que Creep no haya decidido optar por el mismo estilo dual ya que le habría sentado muy bien, sobre todo en la segunda mitad de la película, cuando el protagonista continúa guardando un meticuloso registro de todo lo que le ocurre a pesar de que no tiene ningún motivo para hacerlo, o al menos ninguno que haya sido explicado antes.

Esta segunda mitad es para mí lo que al final hizo de esta cinta algo poco destacable, y que desinfló por completo la sorprendente tensión generada durante los primeros cuarenta minutos. De hecho, me atrevería a decir que esta es una obra que funciona mejor en su sencillez inicial, ya que con muy pocos recursos, con escenarios naturales, dos únicos actores y diálogos, consigue sus mejores momentos. Pero esto es también lo único que puedo destacar de ella. Del resto, poca cosa a decir verdad.

domingo, noviembre 22, 2015

Reseña: Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015)

A mi favor puedo decir que soy un completista incurable. Desde el estreno de la primera entrega en el 2009, he visto en el cine todas las películas de Paranormal Activity, y esta no iba a ser la excepción, aún teniendo en cuenta que no albergaba ninguna esperanza de que saliera bien. Sin embargo, tenía curiosidad por el cierre y por cómo terminaría toda la historia. Porque Paranormal Activity: The Ghost Dimension (2015) es, hasta donde sé, la última entrega de una saga que ha visto mejores días, una en la que sus propios creadores parecen haber perdido el interés al entregar un producto a destiempo y hecho a trompicones.

Para entender un poco esto último es necesario hacer memoria y recordar cómo comenzó todo: el estreno de la Paranormal Activity (2009) original fue, como todos sabemos, un gran éxito, dando inicio tanto a la fiebre por el terror de formato documental como a lo que se perfilaba como una de las franquicias más rentables del cine de terror moderno. Tanto es así que las siguientes tres entregas de la saga se estrenaron religiosamente cada año siempre por las mismas fechas, alrededor de Halloween. La película de Oren Peli las tenía todas consigo para convertirse en la sucesora de Saw (2004) en cuanto a periodicidad e incluso cierto estilo de continuidad que se quería dar a todo el producto, con una historia que en teoría al menos se iba tejiendo a lo largo de cada entrega. Pero entonces, tras el estreno de Paranormal Activity 4 (2012) todo pareció cambiar. Desmotivados quizás por las malas críticas hacia una película que no hizo nada por avanzar la trama general, en el 2013 no tuvimos ninguna entrega de Paranormal Activity, y la quinta entrega, subtitulada The Marked Ones (y que, no olvidemos, no estaba planteada originalmente como una secuela sino como un remake/spin-off enfocado en el público latino) terminaría siendo estrenada en enero, que tradicionalmente es el mes en el que los estudios de Hollywood sacan la basura, esos estrenos destinados al fracaso. Pasó el 2014 y nada que se escuchaba de continuar la saga. Hemos tenido que esperar hasta el 2015 para que se estrenara esta sexta y última entrega, con muy poco bombo en comparación con las cintas anteriores. Para mí es evidente que algo se rompió en el juguete, y que la saga ya no interesaba tanto al estudio como en otros tiempos.

Esta desgana de la que hablo se siente en toda la película, empezando por el hecho de que no hay un interés real en terminar la enrevesada historia que habían ido tejiendo. Nuevamente tenemos el mismo esquema de todas las entregas anteriores, con otra familia de pareja joven/hija pequeña que en esta ocasión encuentran una extraña videocámara en la casa a la que se acaban de mudar y terminan siendo acosados por una presencia que se hace más palpable cada noche que pasa. El gimmick en esta ocasión es que la cámara hallada tiene la extraña facultad de "ver" al ente que los acosa, lo que sirve para regalar al público un ocasional uso de efectos especiales digitales destinados (no nos engañemos) a justificar el gancho del 3D con el que han querido rentabilizar el producto a nivel de taquilla. Como podemos ver, no sólo el argumento es increíblemente perezoso al reciclar la misma trama y estructura de todas las entregas anteriores, sino que el abuso de los efectos especiales roba a la película de la única carta que la saga tenía a su favor y que era precisamente la sencillez con la que conseguía meter miedo en el público, algo que aquí se ha perdido por completo y que desentona con la supuesta atmósfera realista que quieren dar. Todos los efectos que se muestran aquí se ven, por el contrario, increíblemente falsos y totalmente injustificados porque el hecho de "ver" al demonio que acosa la casa no parece tener ningún efecto en los protagonistas.

Pero lo peor sin duda es la continuidad con la saga anterior. Esta sexta entrega retoma por supuesto la historia de las dos hermanas y el cónclave de brujas que se introdujo en la segunda entrega, hasta el punto en que parece ignorar absolutamente todo lo demás y abandona muchas de las subtramas que había abierto con secuelas posteriores, como si se hubieran dado cuenta de que estas no tenían ninguna posibilidad de seguir de forma decente. Lo que quiero decir con todo esto es que incluso si se es un seguidor de esta saga será inevitable caer en una decepción al darse cuenta de hasta qué punto los responsables de Paranormal Activity decidieron matar su franquicia. Por todos estos motivos no tengo reparo en decir que es lo peor que he visto este año, porque inclusive con los ejemplos más cutres que he visto en el 2015 al menos tenía la sensación de que estaba viendo una película de verdad, y no el estertor final de una saga que, repito, debió quedarse en la primera entrega. 

lunes, octubre 05, 2015

Reseña: La visita (2015)

La visita (2015) es probablemente la película de terror que con más ganas he esperado este año, y sé que en eso no estoy solo. De hecho, pocos estrenos recientes han causado tanta expectativa como este desde que las primeras impresiones asomaron la idea de que estábamos ante el regreso de M. Night Shyamalan, quien tras una serie de estrepitosos fracasos comerciales en sus propios proyectos y tras un par de traumáticas experiencias con la maquinaria hollywoodense, necesitaba de forma desesperada un éxito que le recordase al público sus innegables capacidades como director. Esta película de la que hablo hoy es no sólo un regreso a sus raíces de terror, sino también una vuelta a una producción mucho más modesta que busca conectar con los gustos del público de hoy en día y a la vez tener una mayor libertad a la hora de abordar el material del que parte.

Teniendo en cuenta esto, hay una evidente jugada hacia lo comercial presente ya desde el inicio, cuando los créditos iniciales nos muestran la curiosa alianza entre Shyamalan y el productor Jason Blum, el hombre detrás de la mayor parte de los grandes éxitos del terror mainstream de los últimos años como Paranormal Activity (2009), Insidious (2010), Sinister (2012), The Lords of Salem (2012), The Purge (2013), Oculus (2013) y un larguísimo etcétera, y que ahora ha fichado al cineasta de El sexto sentido (1999) para una nueva película de terror con niños partiendo de sus conceptos de escaso presupuesto y alta rentabilidad. La presencia de Blum quizás explique el que Shyamalan se atreva esta vez con una obra de falso documental en la que una jovencita y su hermano menor hacen una visita a sus abuelos, a quienes conocen por primera vez, y van descubriendo poco a poco que tras el extraño comportamiento de los ancianos se esconde un terrible secreto.

Confieso que de entrada esto ya me daba muy mala espina, puesto que todos sabéis mi rechazo habitual a este género tan abusado de terror documental, pero en este caso debo decir que dicho formato está hecho desde una perspectiva muy superficial en la que las reglas de un falso documental no siempre se respetan, desde la insólitamente nítida calidad de imagen de una cámara de andar por casa hasta la presencia de créditos iniciales e intertítulos que documentan el paso del tiempo. El recurso de la cámara en mano está poco justificado pero al menos no lo encontré tan cargante como otros ejemplos recientes así que tampoco me molestó tanto. Mucho más criticable me parece el empleo de niños en el elenco y un muy alargado primer acto en el que no sucede gran cosa y que por momentos se me hizo interminable. Lo bueno en este sentido es que una vez que la película coge vuelo y Shyamalan se mete en la historia, el resultado es muy positivo. El subtexto de locura y el horror ante los estragos de la vejez está muy presente y aunque muchas veces no queda claro cuál es la extensión de dicha locura en los personajes principales, algunas de las imágenes que nos regala son muy efectivas y meten miedo de verdad.

Por supuesto la película tiene sus detalles que no conectaron conmigo: el principal de ellos quizás sea una inconsistencia de tono en la que la mayoría de los elementos de horror son contrarrestados por un humor muy forzado (casi siempre proveniente del muy asesinable hermano menor de la protagonista), con lo que el componente de miedo pierde muchas veces su efectividad, y en definitiva la película se hace larga por culpa del muy aburrido primer acto. También pienso que el formato de falso documental le hace daño por innecesario y por lugar común a estas alturas, y honestamente no veo el motivo (más allá del meramente presupuestario) de usar este tipo de narrativa. Eso sí, si la película se salva es por su tramo final, no sólo por la ya habitual "sorpresa" de Shyamalan (muy sencilla y sin embargo muy efectiva) sino por añadir la que probablemente sea la mayor tensión de todo el metraje. El director se casca luego de este maravilloso clímax una sonrojante coda final que me ha parecido sobraba, pero en general es un trabajo muy digno que espero tenga el éxito suficiente para volver a poner el nombre de M. Night en la palestra. Una película extraña en sus intenciones y muy mejorable, pero también eficiente y teniendo en cuenta lo último de este director, es algo que vale mucho la pena.

martes, agosto 04, 2015

Reseña: La cueva (2014)

A manera de anécdota debo contar que vi La cueva (2014) durante el verano pasado en el Berlin Fantasy Filmfest, bajo el mucho más pomposo título In Darkness We Fall. Supongo que este título se debe al hecho de que ya existe una cinta de terror anglosajona titulada The Cave (2005) y no querían prestarse a confusiones. El caso es que entré sin saber nada de ella, y mi sorpresa fue mayúscula porque la terminé disfrutando mucho a pesar de que en términos generales no creo que vayamos a recordarla de aquí a un tiempo. De todas formas, tampoco creo que las intenciones detrás de ella hayan estado muy alejadas de esto porque tengo la sensación de estar principalmente ante un intento por parte de la productora Filmax de repetir el éxito conseguido años atrás con REC (2007); aquí se repiten varios de los mismos elementos que funcionaron aquella vez, desde el formato de metraje hallado, la cámara en mano en medio de la oscuridad y una situación genuinamente angustiosa de un grupo de amigos de excursión en Formentera que se pierden en una laberíntica caverna y van sucumbiendo a la desesperación cuando el hambre, la sed y el miedo comienzan a apoderarse de ellos.

Todo esto conforma un arsenal de terror bastante básico, hay que admitirlo, pero que por una vez parece funcionar. Es una suerte porque la verdad es que no hay prácticamente nada de originalidad en esta película: ya desde prácticamente el principio quedan muy bien establecidas las distintas personalidades de cada uno de los miembros del grupo, así como la existencia de una capa conflictiva que subyace debajo de lo que a primera vista parece ser una gran amistad, y no sólo eso sino que incluso el menos avispado del público podrá anticipar ya desde los primeros minutos cuál será el papel que desempeñará cada uno de estos personajes una vez que llegue la situación límite en la que se encuentran. En fin, todo muy obvio y prácticamente sin ninguna sorpresa, puesto que incluso el final se puede fácilmente intuir.

Lo que sí es verdad que no pude anticipar fue el uso tan eficiente que la película da a su muy limitado repertorio. Tal como mencionábamos arriba, aquí no hay monstruos ni enemigos de ninguna clase, sino que son los propios personajes los que dan rienda suelta al horror una vez que su relación se resquebraja y comienzan a ser dominados por su desgracia. El recurso de la cámara en mano es un tanto barato y no siempre está justificado más allá de la funcionalidad que tiene para el propio espectador (básicamente la creación de una perspectiva subjetiva que te mete de lleno en la película), pero el gran acierto que tiene, uno del que además puede jactarse ante otras historias de cavernas que hemos reseñado en el pasado, es en su uso de locaciones reales. No solamente estamos hablando de que rodaron en una cueva de verdad, sino que incluso el hecho de que los personajes en ningún momento puedan ponerse completamente de pie ayuda a crear un clima de angustia impresionante que hizo que lo pasara muy mal. No exagero: por un momento llegué a sentirme físicamente mal y estuve a punto de salirme de la sala hasta que el interés por el argumento me retuvo, así que aquellos que sufran de algo de claustrofobia ya quedan advertidos.

Esta sensación visceral es probablemente lo más destacable de La cueva, ya que como decíamos no estamos ante un trabajo muy original o que vaya a marcar una pauta en el cine de terror actual, ni siquiera dentro de este formato tan de moda como el del docu-terror. Sin embargo, teniendo en cuenta mis (justificados) prejuicios ante el uso del metraje hallado como recurso, el que haya encontrado una cinta de estas características como algo rescatable no es algo que se vea todos los días. 

miércoles, mayo 27, 2015

Reseña: V/H/S: Viral (2014)

Si habéis estado prestado atención a nuestros prejuicios, sabréis sin duda que aquí en Horas de oscuridad no somos muy asiduos al subgénero de metraje hallado o falso documental, y sin embargo no nos desagradó del todo cuando vimos la cinta de antología V/H/S (2012). Es más, todavía hoy consideramos que su secuela, V/H/S 2 (2013) es una excelente película que se encuentra incluso entre lo más destacable de cine de terror que hemos visto en los últimos años. Fue precisamente ese subidón de calidad el que elevó mucho nuestras expectativas para la tercera y hasta la fecha última entrega de la saga, V/H/S: Viral (2014), la cual se encargó a finales del año pasado de aniquilar prácticamente todas nuestras ganas una vez estrenada y las críticas negativas empezaron a caer por todas partes. Creo que por este motivo decidí esperar y comprobar por mí mismo si aquellos palos estaban justificados. En mi caso lamento que haya sido efectivamente así: esta tercera entrega es una secuela muy inferior con un nivel muy bajo incluso para los modestos estándares de la primera película.

Uno de los problemas que tiene ya se ve desde el momento en que vemos el título y la ausencia de un numero de secuela nos confirma algo que ya sospechábamos, y es la falta de continuidad con las entregas anteriores aún a costa de la coherencia con la propia premisa de la saga. En esta ocasión ya no se explora aquella misteriosa casa llena de cintas de vídeo sino que el marco de la trama cuenta una confusa historia acerca de una persecución y los efectos psicológicos de una maldición viral que se extiende por Internet, lo cual ya de por sí invalida el título de la película al no tocar la figura arcaica de las cintas. Incluso el cierre de este argumento es extraño y deliberadamente incomprensible, y encima aderezado con fallos técnicos intencionales añadidos como código estético, que son tan abundantes que terminan siendo molestos.

Al igual que en las dos entregas anteriores, los diferentes segmentos de V/H/S: Viral están dirigidos por distintos cineastas como Justin Benson, Gregg Bishop o Nacho Vigalondo, pero la calidad de ellos es muy desigual y algunos ni siquiera pueden ser considerados del todo como historias de terror. El de Vigalondo es el más interesante de todos (al menos al principio) pero en la mayoría de ellos (salvo quizás el último, un risible segmento tejido alrededor de unos jóvenes patineteros) el motivo por el cual la acción está siendo grabada queda como algo meramente arbitrario, lo cual es una lástima porque eso era precisamente un detalle que la saga había cuidado muy bien. Y es que eso es básicamente el principal problema: comparada con las dos anteriores, esta se siente como una película perezosa y muy poco cuidada, encima con algunos intentos de humor muy mal equilibrados que terminan restando gran parte de efecto a algunas ideas que en principio parecen mostrar gran promesa, como (de nuevo) el relato de mundos paralelos de Vigalondo.

En definitiva creo que este es uno de esos escasos momentos en los que la mala fama despertada por una película está más que justificada, aunque en mi caso creo que se debe a las expectativas generadas por la muy superior y recomendable segunda entrega de la saga. En esta pareciese que sus responsables se hubiesen cansado ya de la propuesta y decidido tirar por la ventana todo lo que hacía interesante a V/H/S. Por cierto debo mencionar algo que quizás todos saben, pero existe un cuarto segmento dirigido por Todd Lincoln, el mismo director de The Apparition (2012) que por lo visto sólo fue incluido como contenido adicional en la edición de formato casero de esta película. Yo la vi en Netflix, por lo que este segmento no lo he visto aún, pero tengo entendido que es muy diferente del resto hasta el punto de que incluso abandona el formato de metraje hallado en favor de una perspectiva tradicional, por lo que puede que haya sido ese el motivo por el cual fue suprimido. En todo caso, dudo mucho que tras la experiencia tenga ganas de repetir. 

jueves, noviembre 20, 2014

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

sábado, julio 12, 2014

Reseña: The Sacrament (2014)

Aquí en Horas de oscuridad somos seguidores confesos del director Ti West, y aunque Cabin Fever 2 (2009) nos haya dejado un tanto fríos, lo cierto es que tanto The House of the Devil (2009) como The Innkeepers (2011) son dos grandes películas de terror que no nos cansamos de recomendar. Por eso estábamos muy emocionados cuando vimos que se avecinaba su nuevo trabajo, The Sacrament (2014), y con ella la mirada de West al mundo de las sectas chungas y perturbadores cultos religiosos que ya nos han dado grandes obras en el pasado. Esta ilusión se diluyó un poco, sin embargo, cuando vimos que la nueva película de nuestro querido director es también otro exponente de esta pesada moda del horror con formato documental que se ha hecho tan popular en los últimos años.

De hecho es así; en un intento de mezclar el cine de terror con el periodismo gonzo, The Sacrament cuenta la historia de un equipo de periodistas de Vice que viajan hasta una selva remota en Suramérica para hacer un reportaje sobre una secta religiosa conducida por un carismático líder. Este grupo de gente ha decidido abandonar el mundo moderno y construir una comunidad idílica desprovista de crimen, odio y racismo en medio de la jungla, un lugar en el que por supuesto descubren que tras esa fachada utópica se encuentra algo mucho más siniestro. A pesar de que en ningún momento se menciona, la película está claramente inspirada en un hecho real ocurrido hace ya algunas décadas y que muy probablemente muchos conseguirán identificar. Si no digo explícitamente cuál es es sólo porque hacerlo sería un spoiler de los gordos.

Si algo bueno se puede decir de la película es que Ti West una vez más demuestra ese manejo tan certero del suspense que ya asomaba en las dos cintas arriba mencionadas; toda la primera mitad es maravillosa en cuanto a la tensión generada y en cuanto al ambiente conseguido en el escenario donde se desarrolla la acción. Además la película sube muchísimo cuando aparece el personaje del líder de la secta, una figura imponente que se come la pantalla durante la tensa secuencia de la entrevista con el grupo de reporteros. Toda esta primera parte es en realidad muy buena a pesar de que a nivel de argumento y forma no aporta nada que no hayamos visto antes.

Este, por desgracia, es el principal problema que tiene The Sacrament. Si bien es admirable el hecho de que Ti West haya decidido hacer algo distinto al resto de su filmografía, no deja de ser un bajón el que su nueva película pertenezca a un género tan manido como este. Aparte de que no es cien por cien coherente: la película en ocasiones parece metraje crudo y en ocasiones parece un documental perfectamente editado y montado, dependiendo de lo que convenga para hacer avanzar la trama, como si West no terminase de hallarse cómodo por las restricciones de la perspectiva en primera persona y nos condenase a preguntarnos una vez más por qué ciertas escenas están siendo filmadas. Pero quizás lo más lamentable del asunto es que es una película sin sorpresas ni riesgos: si quien está leyendo esto conoce el caso real en el que la película se inspira, sabrá exactamente cómo termina esta cinta. Hasta el final estuve esperando un giro que llevase la historia por derroteros diferentes a los que me esperaba, pero ese golpe de efecto nunca llegó. Es una lástima porque, repito, Ti West me encanta como director y realmente le tenía muchas ganas a esta película. Se queda en un manejo muy bueno de la tensión (sobre todo en su primera mitad) y en algunas actuaciones sobresalientes, pero al final se queda también en lo evidente y eso me decepcionó un poco.

miércoles, mayo 28, 2014

Reseña: Grave Encounters 2 (2012)

Un año después de la primera parte nos encontramos con esta secuela de Grave Encounters (2011), una película que en lo personal me gustó mucho, sobre todo teniendo en cuenta mi predisposición negativa hacia el género de metraje hallado y sus ya muy vistos recursos. Para esta segunda parte, en la que los directores de la original han escrito el guión pero dejado las labores de dirección en otras manos, mis expectativas no estaban lo que se dice muy altas, pero aún así me ha podido la curiosidad acerca de cuál era el ángulo que sus responsables le darían después de no solamente haber eliminado el factor sorpresa, sino también después de habernos dado un final bastante cerrado del que no parecía haber mucho por sacar. El resultado final es una secuela claramente inferior que por desgracia basa todas sus fortalezas en repetir aquellas cosas que funcionaron de la primera parte extendiendo la película de forma innecesaria, como si simplemente hubiesen tenido un par de ideas que complementaran la original pero que no fueran lo suficiente para rellenar noventa minutos.

De hecho, ya de por sí la idea de la que parte no es nada original, y aquellos no tan jóvenes se darán cuenta de que Grave Encounters 2 (2012) recicla de forma casi idéntica la premisa base de la ya casi olvidada Blair Witch 2: Book of Shadows (2000): un grupo de jóvenes que conoce la película de Grave Encounters viaja hasta las locaciones de esta en el pleno convencimiento de que los eventos mostrados en la cinta son reales, y por supuesto se encuentran con que, para su desgracia, tienen razón. El elemento meta, como decimos, ya está muy visto, y de entrada ya parte con un problema de corte argumental; si los protagonistas piensan que aquellos eventos ocurridos en la película ocurrieron realmente, ¿cómo es que aún así corren el riesgo de que les ocurra lo mismo a ellos? 

Al igual que la primera parte, esta secuela echa mano del formato de metraje hallado al hacer del protagonista un joven estudiante de cine que decide montarse su propio documental. El principal problema que le veo aquí es que todo el trozo inicial de por qué el personaje decide ir hasta el manicomio abandonado se hace eterno a pesar de que dura sólo media hora, tanto que juro que cuando finalmente los protagonistas estaban llegando al sitio embrujado aquello se sintió como un clímax y fue toda una sorpresa darme cuenta de que todavía faltaban dos tercios de película por tragarme. Es sólo entonces cuando comienza realmente la parte de terror, y esta por desgracia no es más que una repetición del mismo esquema de la primera parte con sus fantasmas de grandes bocas, su mitología de manicomio embrujado y unos efectos CGI bastante pobres. Es en muchas cosas exactamente la misma película de la vez anterior, sólo que sin el factor sorpresa.

El único punto a destacar llegado este momento es la aparición (sorprendente, por lo demás) de uno de los personajes de la primera parte, que da un giro radical a la trama y la lleva por sus únicos derroteros nuevos aún a costa de un trabajo de actuación un tanto risible. Pero esta aparición con todo y sus problemas es lo único que aporta al argumento una continuidad más allá de lo establecido por la primera película y, por lo menos para mí, la hizo ganar unos cuantos puntos. Evidentemente no me pareció tan destacable como la original, pero si os gustó aquella, en esta podréis encontrar algunas cosas rescatables aunque el conjunto se haya quedado muy atrás.

lunes, mayo 19, 2014

Reseña: Europa Report (2013)

Europa Report (2013) es la enésima encarnación del ya omnipresente subgénero del metraje hallado o falso documental, y también uno de los ejemplos más recientes de horror espacial que hayamos visto por aquí. La película trata de la hipotética primera misión tripulada hasta Júpiter, específicamente a uno de sus satélites, Europa, una gran masa de hielo en la que durante mucho tiempo se ha especulado la posibilidad de hallar formas de vida. Por supuesto al ser una película de terror el principal punto del argumento es aquello que encuentran los astronautas y que pondrá en peligro toda la misión.

Por su temática y argumento la película recuerda un poco a la reciente Apollo 18 (2011), la cual también era una película de metraje hallado acerca de una fatídica misión espacial, pero el tono aquí es diferente; para empezar esta intenta ser una película más "seria", sin aquellas concesiones tan marcadas al cine de monstruos y al horror puro y duro, mostrando mucho menos y haciendo un mayor hincapié en el factor de lo desconocido. De hecho la mayor inspiración aquí parece ser el Lovecraft de En las montañas de la locura, que parece haber dado el modelo a seguir en cuanto a la trama. Esta referencia por desgracia no hace sino resaltar los intentos de Europa Report por parecer más un trabajo de ciencia-ficción dura que sin embargo se hace muy aburrido incluso para los estándares de este cine de metraje hallado, y al final ni siquiera hace un intento por separarse de los lugares comunes asociados a este subgénero. A decir verdad hay pocas sorpresas; se sabe casi desde el principio qué personajes morirán y en qué orden, y la decisión (extraña por lo demás) de intercalar el supuesto metraje hallado con "entrevistas" y testimonios da una idea muy clara de cómo va a terminar todo. El formato de hecho es bastante incoherente en ocasiones, pasando del material sin editar al montaje de un documental (con todo y música de fondo) según lo que convenga a la película en ese momento.

Pero el mayor problema que le he visto a la cinta quizás sea ese final, en el que no sólo se nos revela aquello que durante todo el metraje ha sido mantenido como un misterio, sino que encima se deja bien masticadito y evidenciado para que todo el mundo lo pille. Es alucinante, por ejemplo, como la película literalmente repite y congela para el beneficio del público la imagen más impactante del final, aquella que supuestamente la audiencia debe recordar al acabar la proyección. Una cosa me gustó, sin embargo, y es que precisamente ese final, con todo lo amargo y oscuro que puede llegar a ser, intenta ser abordado por la película desde una perspectiva optimista al ver el viaje a lo desconocido como un desafío que el ser humano está llamado a superar y ante el que vale la pena hacer cualquier sacrificio. Esta actitud, que en realidad viene siendo lo contrario de la idea base del horror cósmico, es el único punto que me ha parecido original aunque no sea suficiente para salvar a esta cinta de la medianía.

Así que en definitiva es poco lo que se puede sacar de aquí. Si quien lee esto gusta de este tipo de películas de metraje hallado y supuesto realismo podrá sacar cosas positivas de Europa Report como su reticencia a al melodrama o a los aspectos más truculentos del horror espacial. Para todos los demás, esta es una película que da exactamente lo que promete y ante la cual no hay muchas sorpresas más allá de lo que se espera de un subgénero que espero que estalle de una buena vez.

lunes, enero 13, 2014

Reseña: Paranormal Activity: Los señalados (2014)

Primer estreno de terror comercial de este mes, Paranormal Activity: Los señalados (2014) ya partía con cierta ventaja en el sentido de que por muy terrible que fuera no podía ser peor que la cuarta parte, estrenada en el 2012. El año que pasamos sin un estreno de la que sin duda es una de las sagas de cine de miedo más rentables de la historia parece haber avivado las ganas de su público seguidor, aunque por otro lado el estudio haya querido rentabilizar al máximo esta franquicia sacado este pseudo spin-off dirigido al mercado hispano y estrenado en un mes por lo demás flojo en cuanto a estrenos interesantes. Evidentemente fui a verla, y debe ser por mis expectativas tan bajas que me pareció mejor de lo que esperaba, sin llegar en ningún momento a ser una buena película pero al menos con la voluntad de que en ella ocurran cosas, en vez de la soporífera nada de su predecesora.

Lo más interesante de esta producción está, sin embargo, en su decisión de alejarse al menos un poco de la enrevesada historia de las cuatro entregas anteriores y ofrecer un relato más o menos independiente. Digo más o menos porque a pesar de que los protagonistas son distintos, el argumento sí que guarda relación con las primeras cuatro películas y elabora un tanto más la mitología de posesiones diabólicas y cónclaves de brujas que se han convertido en marca de la casa y que en la anterior película habían sido olímpicamente ignoradas. Esta vez, sin embargo, la víctima es masculina, un muchacho de origen latino de un barrio de Los Ángeles que descubre poco a poco cómo los inusuales poderes que va mostrando son el producto de una posesión demoníaca que se va apoderando de él. El formato de metraje hallado es, eso sí, completamente arbitrario: los personajes no tienen motivo alguno para estar registrando con una cámara todo lo que ocurre, y muy pronto te das cuenta de que la película no tiene el más mínimo interés en justificarlo.

Sin embargo, esto no es tan sorprendente; siempre me ha parecido curioso que se compare la reciente fiebre del metraje hallado con El proyecto de la bruja de Blair (1999) puesto que la tendencia actual no tiene nada que ver con aquella película. Si la bruja de Blair utilizaba su formato de cámara en mano por un afán de conseguir realismo, en la saga de Paranormal Activity (así como en sus secuelas y en prácticamente todo el resto de este subgénero) el interés no está en conseguir verosimilitud alguna sino en usar el formato para hacer trampa: el look amateur no sólo reduce costes de producción sino que además permite que los responsables echen mano de ciertas crudezas técnicas que normalmente no se podrían permitir: una iluminación pobre, pocos ángulos de cámara, un montaje a tropezones en el que las escenas se van superponiendo unas a otras sin transición alguna, y sobre todo una perspectiva en primera persona que da pie al empleo de trucos baratos para sorprender al espectador. Todo esto está presente en este spin-off, aunque debo reconocer que en menor medida que en otras entregas de la saga, y aunque me parece encomiable que hayan querido intentar algunas cosas nuevas, la película en general es tan pobre que si hubiesen empleado una perspectiva omnisciente de toda la vida, el resultado no habría tenido el más mínimo interés.

Dicho esto hay que dejar claro que estamos ante la que probablemente sea la única de las secuelas de Paranormal Activity (2009) que al menos se preocupa en extender un poco el mundo que sus creadores han ido tejiendo, y el carácter semi-independiente de esta entrega hace que al menos no se sienta como un burdo abreboca de la quinta parte. Eso sí, el componente de terror no está tan marcado como en la primera entrega, y el hecho de que el público ya conoce aquello que está afectando a los protagonistas hace que la película abandone un poco su historia de horror para adquirir unos toques de descubrimiento de superpoderes que recuerdan mucho a Chronicle (2012), cuyas semejanzas ya han sido mencionadas por prácticamente todos los que la han reseñado. En definitiva, me ha parecido más interesante de lo que esperaba para los estándares de esta malograda franquicia, y sólo lamento que este no vaya a ser el camino a seguir y tengamos seguramente que volver a aquel descabellado argumento una vez más.

domingo, enero 12, 2014

Reseña: El proyecto de la bruja de Blair (1999)

Hacía ya mucho tiempo que tenía ganas de reencontrarme con El proyecto de la bruja de Blair (1999). No la había visto desde el momento de su estreno original, hace ya casi quince años, pero tenía un buen recuerdo de ella, y de hecho en su momento me había dejado muy impresionado. Pero claro, en aquel entonces yo era el público al que estaba dirigido la película: tenía veinte años, me gustaban mucho las historias de terror, y nunca había visto una película como aquella. Es decir, aquella faena de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez estaba hecha para mí. Ahora, década y media después, y cuando ya el subgénero de metraje hallado o falso documental ha sido explotado hasta la saciedad, es interesante volver a ver una de los ejemplos imprescindibles al que tanta gente hace referencia pero al que no sé si muchos recuerdan en realidad.

Para aquellos que sean demasiado jóvenes, El proyecto de la bruja de Blair es la historia de un trío de jóvenes cineastas que se internan en los bosques de Burkittsville, Maryland, para rodar un documental sobre la leyenda de una bruja del siglo XVIII que ha aterrorizado desde entonces al pueblo. La película nos cuenta ya desde el principio que estos tres jóvenes desaparecieron sin dejar rastro y que lo que estamos a punto de ver es el metraje crudo que sus cámaras captaron durante estos últimos días. El desarrollo de la historia es similar a lo que muchos de vosotros conocéis ya en este subgénero: un comienzo feliz y optimista que se va volviendo cada vez más siniestro a medida que los personajes se pierden en el bosque y van sucumbiendo no sólo a las continuas intervenciones sobrenaturales de aquellos parajes, sino también a los inevitables conflictos que surgen en un grupo sometido a un estrés similar.

Pero lo interesante de esta película, y lo que sin duda alguna termina por diferenciarla de todos los trabajos similares que han surgido en los últimos años, es que Myrick y Sánchez en ningún momento capitulan en su propósito de dar a la cinta el mayor grado de realismo posible. A diferencia del resto de las historias de metraje hallado que hemos visto, aquí el formato de cámara en mano no se reduce únicamente a dar una perspectiva en primera persona sino que es empleado para mantener la historia dentro de los límites de una realidad más o menos creíble: para sorpresa (y decepción) de muchos, nunca vemos a la bruja en cuestión ni tampoco presenciamos ningún fenómeno realmente sobrenatural en pantalla. Todas las escenas de miedo están construidas a través de sonidos, fenómenos ocurridos fuera de plano y expectación por parte del público de sustos que nunca se producen pero que crean una tensión sobresaliente, con lo que los mayores horrores de la película ocurren siempre en la mente de aquel que la está viendo. Esta negativa a mostrar el horror de forma explícita sería impensable en una película de hoy en día, pero en su momento contribuyó a la ingeniosa e innovadora campaña viral de esta cinta, que hizo creer a mucha gente que los eventos que presenciaban eran reales.

Esta película evidentemente no fue la primera en su género, y sus influencias son más que evidentes (como lo indica el nombre de su productora, Haxan Films), pero tras verla de nuevo siento que ha resistido el paso del tiempo bastante mejor de lo que esperaba. Las opiniones en cuanto a ella siempre han sido encontradas, ya que hay quienes la califican de obra maestra del horror o tomadura de pelo que nunca da lo que promete. Personalmente considero que como cinta de terror es muy buena y demuestra, entre otras cosas, por qué el subgénero de horror documental de los últimos años sólo ha conseguido imitarla en una forma muy superficial. Además, solamente por todo lo que sugiere acerca de su argumento y mitología (explorada, por cierto, en numerosos artículos, libros y hasta videojuegos) vale la pena acercarse a ella. Quince años después me sigue pareciendo igual de recomendable como una de las piezas de terror más interesantes de los noventa. 

domingo, diciembre 08, 2013

Reseña: V/H/S/2 (2013)

Una de las sorpresas del año, V/H/S/2 (2013) llega para redimir no sólo la muy prescindible primera parte, sino también los formatos de antología y falso documental, que en los últimos años han llegado a producir auténticos despropósitos (sobre todo el último). Probablemente nadie tenía menos esperanzas que yo para esta película, pero he salido de ella gratamente impresionado. No sólo es mucho mejor que la primera entrega; es realmente una muy buena antología de horror en la que cada uno de los segmentos consigue sus propios picos de calidad y el aprovechamiento de su premisa de cámara-en-mano a niveles por lo menos curiosos.

Tanto es así, que incluso el segmento más débil (aquel marco argumental que se encarga de unir a todos los demás) intenta tener una historia que se cierra, cosa que no ocurría en la primera parte. La otra diferencia en que esta ocasión sus responsables parecen haber aprendido la lección del primer V/H/S (2012) y han decidido controlar un poco más el desarrollo de los diferentes relatos dándoles un poco más de coherencia sin renunciar a probar caminos nuevos; en esta segunda parte sólo hay cuatro historias, en las cuales el tiempo de metraje es más o menos el mismo pero el tema es completamente distinto, así como las motivaciones para que la cámara esté permanentemente encendida. El primer segmento en este sentido se rinde a una premisa un tanto sci-fi al mostrarnos un ojo artificial con cámara incorporada, pero incluso esta idea se presenta de forma razonablemente verosímil.

Es imposible, por supuesto, no comparar las historias entre sí, y en este sentido el público ha sido casi unánime en decretar el segmento dirigido por Gareth Evans y Timo Tjahjanto (conocidos por The Raid (2011) y Macabre (2009), respectivamente) como el mejor de los cuatro, y es algo con lo que es difícil estar en desacuerdo. De hecho, este segmento ambientado en Indonesia perfectamente habría podido ser adaptado a un largo y hubiese sido una de las mejores películas de terror de este año. Enhorabuena también a Gregg Hale y Eduardo Sánchez, que demuestran que todavía se puede sacar algo nuevo de lo zombi a estas alturas del calendario.

Y ya para finalizar, una de las mejores cosas que para mí tiene V/H/S/2 es que todas las historias dejan espacio a elementos cómicos y ninguna es cien por cien seria. Este detalle, que en otras manos quizás hubiera restado fuerza al conjunto final, está sin embargo muy bien llevado e incluso resalta la fuerza de algunas de las escenas más terroríficas, de las cuales sin duda alguna hay. Cuatro historias, cuatro tipos de horror distintos, pero todas con un gran potencial que la convierten fácilmente en una de las piezas más disfrutables de este año que se acaba. Incluso si os pasó como a mí y el primer V/H/S no os convenció para nada, echadle un vistazo a este que no os arrepentiréis.

jueves, mayo 23, 2013

Reseña: The Tunnel (2011)

Totalmente desconocida para mí hasta hace muy poco, The Tunnel (2011) es una curiosa producción australiana que forma parte de la reciente moda del cine de terror de estética realista y formato de falso documental. En el caso de esta de la que nos ocupamos hoy, dicho documental muestra el material rodado por un grupo de reporteros que se adentran en una red de túneles abandonados en el subsuelo de Sidney para descubrir la verdad tras lo que consideran una conspiración del gobierno. Pero lo que en un principio parecía ser simplemente un escándalo relacionado con la crisis de agua potable de la ciudad termina adquiriendo un tono mucho más siniestro cuando el grupo descubre un terrible secreto bajo el subsuelo.

Sin querer entrar demasiado en detalles, la premisa de la película no es lo que se dice muy original, y varios de sus elementos más interesantes remiten a otros clásicos de horror ambientado en el subsuelo urbano como la británica Death Line (1972) o la americana C.H.U.D. (1984), e incluso de ejemplos más recientes como The Descent (2005), con la que tiene muchos semejanzas. El formato narrativo que usa es, de hecho, la principal diferencia que podemos encontrar. Por desgracia es este mismo formato el que le juega una mala pasada y termina siendo su principal punto en contra al alargar innecesariamente una película cuyo principal atractivo está en el supuesto metraje realista. Aparte de eso hay que resaltar que este material supuestamente real está intercalado con entrevistas que no sólo no aportan nada al básicamente comentar de forma supérflua cosas que ya estamos viendo, sino que encima son en sí mismas un spoiler ya que revelan quien sale con vida de la experiencia y quien no.

Pero aparte de los conflictos de originalidad y del hecho de que se alarga demasiado para lo que cuenta, la verdad es que es una película bastante digna con algunos momentos de terror bastante buenos considerando lo generalmente poco atractivo que es este formato, aunque aquí quizás esté pecado de poco objetivo ya que por lo general me suelen atraer mucho estas historias ambientadas en un mundo subterráneo debajo de la ciudad donde se esconden horrores indescriptibles. En este sentido lo interesante de la película es precisamente lo que no cuenta, al sugerir un catálogo de monstruosidades de los que únicamente vemos una parte. Eso y el subtexto de leyenda urbana con el que comienza (y que por desgracia no es demasiado explotado) la hacen un tanto más tolerable. Lamento sólo que el formato de falso documental le quite gran parte de su interés, ya que en los últimos años hemos notado bastante que esta decisión estética es simplemente una forma bastante obvia de abaratar costes de producción.

Con todo y eso, uno de los detalles más interesantes de The Tunnel tiene que ver con su curioso método de distribución, ya que sus realizadores combinaron el estreno en cines con ofrecer la película gratis a través de torrent, con el objetivo de desperta interés en la película a nivel mundial en aras de un eventual lanzamiento en mercado doméstico. Esta iniciativa (que ojalá se repita en más ocasiones) por lo visto les funcionó, ya que está confirmada una segunda parte para dentro de poco. 

domingo, diciembre 09, 2012

Reseña: V/H/S (2012)

La reciente moda por presentar películas de terror que usan el formato del metraje hallado tiene su consecuencia obvia en V/H/S (2012), una cinta de antología que recoge cinco historias diferentes (seis si contamos el marco narrativo que las contiene) todas ellas utilizando la técnica de cámara en mano y con un realismo simulado que se ha vuelto la norma desde el éxito de Paranormal Activity (2007). En este sentido se nota que la cinta se esfuerza por parecer material en bruto (al igual que en la saga anteriormente mencionada, la película no tiene créditos iniciales) pero cae en los mismos errores que suelen tener este tipo de historias, y es la dificultad de creernos que los personajes seguirían filmando todo lo que ocurre en determinados momentos, en concreto las escenas de mayor horror.

Pero quizás el mayor escollo al que debe enfrentarse V/H/S es uno que paradójicamente no pertenece al de las cintas de metraje hallado sino por el contrario a las películas de antología, y no es otro que la desigualdad de los diferentes segmentos en cuanto a calidad. En el caso de la película que hoy nos ocupa, esto se hace más evidente al estar rodados los seis cuentos por directores distintos, entre ellos el muy prometedor Ti West, quien sorprendentemente se encarga de la historia que a mi parecer es la más floja de todas. El resto de los cuentos hacen una labor bastante decente en cubrir varios de los distintos arquetipos de cine de terror que hemos encontrado en los últimos años, desde el muy básico creature feature inicial (el mejor de todos en mi opinión) hasta una historia de casas embrujadas que cierra la película (que también me parece muy destacable). El resto de las historias manejan otros códigos bastante conocidos como el slasher rural o incluso un segmento visto completamente desde la perspectiva de una webcam que se convierte en una evidente emulación del horror minimalista de Paranormal Activity con un toque del thriller polanskiano de apartamento.

Como decíamos arriba, la desigualdad de los distintos relatos en cuanto a su efectividad como cine de terror juega bastante en contra de V/H/S, pero no es el único problema; las ansias de "realismo" del formato y sus intenciones de hacerse pasar por material bruto no pasan de ser un mero guiño estético sin consecuencia alguna porque el espectador sabe que aquello que está viendo es una simulación. Por este motivo, el auténtico disfrute de una película de estas características no está en que de miedo o no sino en la utilización de los diferentes tipos de imaginario terrorífico de los que se vale, y que no están tan bien utilizados. Quizás sea por esto que yo al menos considero el primer y último segmento como los mejores y los que hasta cierto punto salvan la película. Lástima que el marco narrativo utilizado sea tan pobre porque la presentación de los personajes que "ven" las diferentes historias junto a nosotros parecía preparar un desenlace impactante que finalmente se queda en nada.

Aquellos que no la hayan visto aún seguramente se habrán dado cuenta ya de que esta película ha generado una gran expectación que se ha visto acompañada por una agresiva campaña publicitaria en internet propiciada principalmente por los chicos del portal web Bloody Disgusting (quienes además son productores de la película). Personalmente no me ha impresionado demasiado, al menos no en su conjunto, pero sí que cuenta con un par de historias muy interesantes que hacen que valga la pena. Por lo visto, a pesar de que las reacciones han sido bastante variadas, la cinta ha generado el éxito suficiente para dar salida a una secuela que tendremos con toda seguridad el año que viene, si es que la moda del metraje hallado sigue en pie para entonces.

sábado, noviembre 03, 2012

Reseña: Paranormal Activity 4 (2012)

Es muy probable que de todas las sagas de terror que se han llevado a la pantalla en las últimas décadas, Paranormal Activity tenga el éxito más difícil de explicar. Es sabido por todos que la primera es una película que me gustó mucho quizás por su puesta en escena minimalista y por la ingeniosa forma como aprovechaba su muy sencillo formato de plano fijo y tiempo muerto, pero con el pasar de los años cada secuela que ha venido (con la probable excepción de la tercera parte) insistía en un estilo francamente aburrido y soporífero al que sin embargo el público sigue siendo constantemente atraído. Dicho esto, Paranormal Activity 4 (2012) viene a ahondar más en el problema. Se trata simplemente de un subproducto diseñado única y exclusivamente para su rendimiento en taquilla y basado en la repetición hasta la náusea de un estilo de terror vago y fácil. 

Aquellos que deseen profundizar en la historia de brujería y posesiones diabólicas que las anteriores películas habían insinuado se quedarán con las ganas, ya que esta cuarta entrega no hace nada por avanzar el argumento y más bien se siente como un abreboca de la ya inevitable quinta parte, uno que encima introduce personajes nuevos pero que sigue el mismo argumento, esta vez con unos adolescentes que instalan una alarmante cantidad de cámaras web en la casa de la chica protagonista para investigar las extrañas costumbres del raro niño de la nueva vecina, que por lo visto tiene algún tipo de conexión con lo sobrenatural. La premisa pone de manifiesto una de las cosas más exasperantes de la saga, y es que en cada secuela el motivo por el cual los personajes deciden grabar todo lo que ocurre a su alrededor se hace cada vez más extraño e inverosímil, trayendo el eterno problema de este tipo de cintas (¿por qué el protagonista está grabando esto?) pero sin lograr vencer la incredulidad del espectador espabilado. Encima esta cuarta entrega no ofrece absolutamente ningún punto de interés, una escasísima cantidad de sustos más allá de salidas vulgares como mover repentinamente una silla (¡!), y por supuesto ninguna novedad más allá del curioso hecho de que el Kinect de la Xbox sumado a la visión nocturna de una cámara puede ser usado para detectar entes sobrenaturales.

Pero el que para mí es el principal problema de la película, más allá de la falta de imaginación de sus escenas de miedo o de la escasa originalidad, es algo que viene ocurriendo en todas las secuelas de la saga, y es la falta de conflicto o tensión dramática alguna. En la primera Paranormal Activity (2009) por lo menos había cierta evolución argumental que mantenía el interés del espectador: los protagonistas comenzaban registrando todo lo que ocurría en la noche para explicar extraños fenómenos que les ocurrían y la progresiva aparición de estos fenómenos provocaba una investigación acerca de lo paranormal que acababa en el descubrimiento de un demonio, una maldición familiar, y un desesperado intento por salvarse que por supuesto acababa de muy mala manera. Pero en todas las secuelas que han salido hasta la fecha esto no ocurre; los personajes no parecen tener la más mínima idea de lo que está pasándoles, no se enfrentan al peligro que les acosa porque ni siquiera saben de su existencia, y la película tiene un tono desesperadamente fatídico porque para el momento en que los protagonistas caen en cuenta de aquello que el público ya sabe desde el principio es demasiado tarde y la película simplemente termina. 

Que los guionistas incurran en el mismo error es comprensible, pero que el público siga cayendo en la misma trampa una y otra vez es algo francamente inexplicable. Que una película tan aburrida y monótona como Paranormal Activity 4 tenga un éxito tan grande es algo difícil de explicar, aunque si quien lee esto es alguien que ha visto las tres entregas anteriores de la saga muy probablemente irá a ver esta cuarta a pesar de todas las críticas negativas. Mi esperanza en todo caso es que aquellos que todavía no hayan visto las películas de Paranormal Activity tengan el buen juicio de detenerse después de la primera a ver si finalmente llega el fin de esta filón de películas nula factura y gran rentabilidad en las que el público mayoritario va en masa a ver cómo no ocurre nada.

domingo, octubre 07, 2012

Reseña: The Devil Inside (2012)

En The Devil Inside (2012) tenemos la conjunción de dos tendencias bastante recurrentes en el cine de terror comercial de hoy en día: por un lado el auge del formato de metraje hallado o falso documental que se ha multiplicado a la enésima potencia gracias al éxito de Paranormal Activity (2009), y por otro lado el recuperado interés por las historias de exorcismos y el uso de la religión como tema central de una historia de horror. El cruce entre los dos responde evidentemente a una estrategia comercial ante la que es casi imposible fracasar al mezclar la rentabilidad del falso realismo (con sus irrisorios costes de producción y la más que probada tolerancia del público ante sus carencias estéticas) y el morbo por la religión de una sociedad en gran medida marcada por la ofensiva conservadora de la Iglesia, algo que esta película deja bastante claro al meter con calzador la infaltable crítica a la cúpula jerárquica del Vaticano y sus pretendidos misterios.

Por desgracia para la película del director William Brent Bell, uno de los mayores problemas a los que debe enfrentarse es la cercanía temporal con El último exorcismo (2010), una película bastante más sólida con la que comparte formato y premisa. Eso y el empaque de un producto comercial bastante obvio diseñado para dar con el filón fácil de las posesiones diabólicas de toda la vida, género bastante curioso en el que casi siempre el espectador se encuentra a sí mismo deseando estar viendo El exorcista (1973), puesto que nunca faltan las referencias (y por lo tanto comparaciones) con la película de William Friedkin. 

Sabiendo esto, es muy probable que incluso los espectadores menos espabilados sepan ya de antemano que en The Devil Inside se dan cita casi todos los clichés de las cintas de posesiones, a excepción de uno: en esta ocasión la poseída no es una joven chica sino la madre de la protagonista, recluida en un psiquiátrico cerca del Vaticano al que la joven acude en compañía de un director de documentales para intentar "descubrir la verdad" detrás de la condición de su madre y de los asesinatos que cometió cuando se le intentó practicar un exorcismo años atrás. La premisa mejora un poco con la aparición en escena de una pareja de jóvenes sacerdotes que deciden hacer un ritual clandestino y se encuentran con más de lo que pueden manejar. 

El punto interesante de The Devil Inside está precisamente en esto; sus personajes están un poco más desarrollados que en el promedio de este tipo de películas y el argumento maneja bien su minimalismo al detallar bien a sus cuatro o cinco actores y hacer un uso adecuado de sus limitados recursos. El problema subyace quizás en su ocasional efectismo, su empleo demagógico y folletinesco de la religión revestido de "película seria" y sus concesiones a los clichés de cintas de exorcistas incluyendo el uso de contorsionistas en el elenco. El hecho de que en ella no ocurra nada que no hayamos visto antes cientos de veces, sumado a un final bastante abrupto que se siente criminalmente incompleto (como si la película no hubiese sabido cómo cerrar de forma satisfactoria) hacen de este un ejemplo de falso documental tramposo y genérico diseñado para sacar un rendimiento rápido en taquilla que sólo funciona debido a lo barata de su producción. En mi opinión bastante prescindible.

lunes, octubre 31, 2011

Reseña: Grave Encounters (2011)

Y de tres van tres. Ahondando aún más en la manía actual por los falsos documentales llegamos a una pequeña producción canadiense llamada Grave Encounters (2011), que además sirve de prometedora carta de presentación para sus directores, que trabajan aquí bajo el pseudónimo de The Vicious Brothers. Confieso que estaba reacio a ver esta, no sólo por ser un ejemplo más de la moda del terror documental y el recurso narrativo del "metraje hallado", sino también por el hecho de que su trailer (que lleva rodando por la red alrededor de un año) ciertamente no auguraba nada demasiado destacable, si acaso una película de terror del montón de esas que suelen poblar Fangoria o Bloody Disgusting. Pero de hecho no ha sido así; la verdad es que hay aquí no sólo una película bastante eficiente, sino también un par de sorpresas para quienes puedan temporalmente dejar de lado sus prejuicios.

El argumento, que parte de la típica premisa de las cintas perdidas de un reality show (llamado precisamente "Grave Encounters") que tuvo un misterioso final, recicla muchas de las constantes de casas embrujadas y tiene grandes parecidos con otras películas de terror como House on Haunted Hill (1999), manteniendo conocidos esterotipos como el psiquiátrico abandonado y la leyenda negra de un doctor psicópata asesinado por sus pacientes, historia que el equipo de "Grave Encounters" decide no sólo investigar sino también explotar de una manera desvergonzada y arrogante; la película deja claro desde el principio que los protagonistas, si bien no pierden la esperanza de entrar en contacto con lo sobrenatural, quedan evidenciados como unos fraudes dedicados por encima de todo a excitar el morbo del público. En este sentido una de las cosas más interesantes es cómo la película comienza en un tono abiertamente cómico y se va poniendo progresivamente más seria hasta alcanzar un clímax que es puro horror del bueno. 

Aparte de los clichés de casas embrujadas y fantasmas iracundos (lugares comunes que ciertamente abundan), la cinta tiene algunas salidas argumentales muy interesantes gracias a un uso curioso de las convenciones del fantástico para plantear juegos espacio/temporales dedicados a desorientar al espectador y romper con el tono "realista" de la trama y su ambientación. No puedo hablar de dicho recurso narrativo sin revelar sorpresas clave del argumento, así que tendréis que confiar en mi palabra que cuando este momento llega la cinta toma un giro mucho más siniestro que nos obliga a abandonar gran parte de nuestro recelo e incluso lleva a los personajes a un nivel de sufrimiento superior. Es un toque inusual en este tipo de producciones y francamente de agradecer.

Ahora, si algún problema tiene Grave Encounters es sin duda el mal aprovechamiento de su condición amateur, que lleva a momentos francamente un tanto cutres cuando opta por los efectos especiales digitales, que son bastante rudimentarios y de andar por casa. De hecho la película es mucho más efectiva en aquellas secuencias más sutiles y ambiguas en las que la principal fuente de terror viene del muy efectivo uso de esa maravillosa locación que es el psiquiátrico abandonado. Pero estas son cosas que podéis comprobar vosotros mismos. No es casualidad que las más interesantes muestras de este sub-género del horror documental nos estén llegando precisamente de la mano de estas propuestas independientes. Desde aquí recomendamos acercarnos a esta como precisamente uno de esos ejemplos positivos.