lunes, abril 23, 2018

Reseña: Emelie (2015)

Emelie (2015) es, superficialmente al menos, otra entrada más en el extenso universo de thrillers acerca de invasores del ambiente familiar. Aquí en este blog ya hemos reseñado varias de ellas, con El padrastro (1987) y La huérfana (2009) como los dos referentes más obvios y aquellos a los que inevitablemente volvemos una y otra vez. Algo de eso hay en esta película de la que hablamos hoy, en la que vemos el enfrentamiento entre una niñera con muy malas intenciones y uno de los niños que no tarda en ver venir el desastre que incluso el público puede intuir.

A pesar de que no tiene nada realmente destacable, debo reconocer que comienza muy bien, y al menos tiene el valor de dejar bien clara la identidad de la niñera desde el primer minuto, ya que incluso desde el momento en que la vemos por primera vez ya nos queda muy claro que algo no está bien. De hecho, toda la primera mitad es muy interesante ya que durante ella se ve a la chica intentando corromper moralmente a los niños en secuencias genuinamente desagradables y que dudo mucho que quiera volver a ver. Algunas de estas escenas son demasiado obvias (siempre me ha parecido un recurso muy barato, por ejemplo, utilizar escenas en las que el villano tortura a un animal para hacerle ver al público lo malo/a que es), pero no se puede negar que funcionan y que "Emelie" es sin duda alguna alguien peligroso. El hecho de que la película esté narrada desde el punto de vista de los críos ciertamente ayuda.

Por desgracia, el desenlace ya no es tan interesante y una vez que se revela el verdadero plan de la niñera la cinta se vuelve mucho más predecible gracias a un clímax de persecución un tanto chapucero y fácil, con una carnicería mucho menos atractiva. Si algo salva a la cinta, tanto en este final como en el resto del metraje, es el muy buen trabajo de la joven actriz Sarah Bolger en el papel de Emelie, quien logra canalizar gran parte del mal rollo visto en personajes similares y que es, con toda seguridad, la única actuación memorable del conjunto a pesar de que su interpretación está por encima de la calidad del guión. Pero insisto: los mejores momentos están en la primera mitad, mucho más lenta, cuidadosa y sobre todo más intrigante al hacer que la villana muestre incluso algo de (fingida) vulnerabilidad ante sus potenciales víctimas.

Emelie quizás no sea una de las entradas más sólidas en el mundo de los thrillers familiares, pero el ambiente que consigue en un modelo tan trillado como es del cine de terror con niños de por medio es algo nada fácil de conseguir. Si eres alguien a quien, como yo, le gustaron esas dos cintas que mencionaba al principio de esta reseña, entonces tienes que echarle un vistazo.

viernes, abril 20, 2018

Reseña: Un lugar tranquilo (2018)

Aunque sin duda ha terminado siendo uno de los estrenos de terror más comentados de lo que va de año, lo que más me sorprendió de Un lugar tranquilo (2018) fue descubrir, ya desde el principio, que era una película de Platinum Dunes, la productora de Michael Bay que durante la década pasada se especializó en realizar remakes de obras clásicas de terror ganándose entretanto el desprecio de gran parte de la crítica a pesar de que sus producciones han sido por lo general un éxito. En esta ocasión han acometido el que quizás sea su trabajo más arriesgado y uno de los más interesantes, ya que algunas de sus decisiones son poco habituales en este tipo de cine. Una de ellas ha sido precisamente el haber contratado como director a John Kasinski, actor inevitablemente ligado a la comedia The Office y que aquí dirige, escribe y se reserva el papel principal. 

Una de las mejores cosas que tiene es el aprovechamiento inteligente de su premisa postapocalíptica, en la que la Tierra ha sido devastada por unas extrañas criaturas que se guían por el sonido obligando a los escasos sobrevivientes a llevar su día a día en total silencio. Esta idea, sin embargo, no es simplemente un gimmick porque las apariciones de los monstruos están muy dosificadas y el suspense se mantiene no tanto en sus ataques como en la posibilidad de que aparezcan y la tensión permanente en la que viven los personajes. Es una idea muy buena que está llevada a cabo de forma más ingeniosa de lo que en un principio parece, y aunque la película sí que tiene un énfasis particular en la acción y su estructura será más que conocida para muchos, es muy entretenida y mantiene el interés de principio a fin a pesar de utilizar uno de los mayores lugares comunes del cine comercial como es la idea de la familia en peligro.

Porque no hay que perder de vista que, pese a haberse ganado tantas alabanzas por parte de la crítica, Un lugar tranquilo sigue siendo cine de terror mainstream al cien por cien. La aparentemente arriesgada decisión de suprimir casi por entero los diálogos (creo que no hay más que un par de minutos de estos en toda la película) no significa que no haya sonido; de hecho, la cinta emplea constantemente música y efectos sonoros para hacerle saber al público exactamente cómo se debe sentir y cómo debe reaccionar, a veces de forma un tanto excesiva porque me parece que muchos de los momentos de silencio quedaron bastante desaprovechados al haber metido una constante música incidental y sustos repentinos. La estructura de la familia en peligro es, como mencionaba antes, algo muy trillado pero al menos está hecho de forma un tanto más eficiente ya que el elenco infantil es, en su mayoría, muy bueno y la premisa del apocalipsis contenido en un único grupo y una única locación me hizo recordar a Señales (2002), de M. Night Shyamalan, película con la que tiene muchos puntos en común y circunstancias dramáticas prácticamente idénticas aunque carezca del oficio que aquella tenía.

Al final es poco lo que puedo decir; Un lugar tranquilo es una película quizás no muy inteligente y en muchos sentidos es una cinta de terror del verano, con sus sustos fáciles, sus criaturas CGI y el personaje de Emily Blunt que es francamente secundario a pesar de lo que el material publicitario quiere hacernos creer, pero es también una historia muy eficiente y en ocasiones ingeniosa que me entretuvo lo suficiente como para dejarle pasar sus carencias y algunos momentos un tanto absurdos. En esta casa nos ha gustado. 

miércoles, abril 11, 2018

Reseña: The Lodgers (2017)

El terror sobrenatural mainstream es, con toda seguridad, el más prolífico de todo el panorama de miedo que nos podemos encontrar hoy en día, y The Lodgers (2017) está destinada a engrosar sus filas prácticamente desde su concepción, ya que se trata de una obra en la que todo está medido para tocar las teclas justas en un público muy habituado a este tipo de trabajos. Aunque muy probablemente no terminemos viéndola estrenada en un cine, esta producción irlandesa del muy interesante director Brian O’Malley es explotación gótica de principio a fin, aunque lamento decir que con ella se ha perdido una oportunidad muy evidente para tocar ciertos temas y dar a la película algo de sustancia. Al final, esta historia de fantasmas y maldiciones familiares termina siendo poco más que una historia de terror gótico muy similar a las que llevamos viendo desde siempre, y sus referentes más claros tanto en el cine como en la literatura no la salvan de ser un trabajo muy superficial que podría haber dado para mucho más.

Cuando hablo de referentes me refiero principalmente al batiburrillo que la historia se marca con varias historias de caseríos siniestros que conocemos muy bien, sobre todo La caída de la casa de Usher, con la que comparte muchos elementos tales como la historia de una familia maldita y la representación de la nobleza como un aspecto decadente que se manifiesta en una trama de incesto para nada sutil ya que constituye uno de los principales puntos de la obra. En concreto es la historia de dos jóvenes hermanos que comparten una enorme mansión prácticamente en ruinas en las afueras de un pueblo durante la Primera Guerra Mundial y que son constantemente acosados por los fantasmas de sus padres, que incluso desde el más allá les impiden poner pie fuera de su casa una vez que se pone el sol. 

La película revela la existencia real de los fantasmas desde el principio, con lo que cualquier idea de ambigüedad es abandonada desde el primer momento. De hecho, es mucho más interesante la relación entre los dos hermanos, un enfrentamiento entre el el oscuro y atormentado hermano varón que sólo desea obedecer a sus padres y perpetuar la maldición familiar y la joven chica que por el contrario desea escapar y liberarse de las ataduras de su familia. Es esta confrontación, esta relación de amor-odio entre los dos aquello realmente atractivo del argumento y ante lo cual todo lo demás se siente como un agregado superficial y banal, no sólo los componentes de terror y la aparición explícita de los fantasmas sino también la subtrama amorosa que surge entre la chica y uno de los jóvenes del pueblo, un romance salido un poco de la nada y que no aporta realmente mucho. 

Pero el principal punto en contra de The Lodgers y aquello a lo que me refería en un principio como oportunidad perdida es que el argumento deja asomar un interesantísimo subtexto acerca de la entrada  en el siglo XX y la inevitable desaparición de la decadente nobleza europea de antaño ante su propia degradación e inutilidad en el mundo moderno, representado en ese caserío que se cae a pedazos y esos hermanos encerrados que desean (cada uno a su manera) escapar de su situación. Eso resultó para mí lo más destacable, y un tema por el cual por desgracia se pasa de puntillas en beneficio de unas imágenes fantasmales de espectros acuáticos que he terminado viendo por todas partes desde principios de la década pasada. En este sentido la película resulta eficiente, pero también una ligera decepción ya que podía haber sido mucho más. 

lunes, abril 09, 2018

Reseña: The Devil's Candy (2015)

Sean Byrne, director de la muy recomendable The Loved Ones (2009), tuvo hace un par de años su segunda película de terror con este trabajo muy diferente a aquel con que lo conocimos, alejado esta vez de los preceptos del horror fisico y entrando de lleno en lo sobrenatural, y aunque no llega a los niveles de calidad de su entrada en el torture porn sí que resulta una obra de lo más eficiente que consigue en su mayor parte eludir varios de los clichés que este tipo de historias suelen tener. Con todo esto, The Devil’s Candy (2015) puede que no sea su trabajo más original, pero al igual que como ocurría con su película anterior, Byrne consigue sacar momentos inesperados de ideas ya muy explotadas, en esta ocasión jugando con la idea del artista acosado por un misterio de ultratumba que, paradójicamente, resulta una de sus mayores fuentes de inspiración a la vez que lo va destruyendo como persona. Es un concepto que se ha plasmado muchas veces a lo largo de los años pero que aquí está llevado con personalidad y de manera muy efectiva.

Ambientado esta vez en medio del entorno rural americano y con un irreconocible Ethan Embry en el papel principal, el argumento va sobre un pintor que se muda con su familia a una granja y ve cómo su obra comienza poco a poco a verse afectada por una presencia sobrenatural que intenta comunicarse con él. Paralelamente, su familia es rondada por un asesino en serie que parece guardar alguna relación con la experiencia que está viviendo. Ambas tramas transcurren de forma más o menos independiente y se van acercando hacia el final, una vez que el misterio sobrenatural es revelado. De todas formas, lo interesante está no tanto en este misterio en sí sino en el proceso de transformación del propio protagonista, que va sufriendo su propio viaje interior al lado más oscuro de sí mismo a medida que su contacto sobrenatural comienza a apoderarse de él.

Como decía, el argumento no es lo que se dice muy original y tanto el misterio como la idea del artista atormentado que alcanza sus mejores trabajos a medida que va perdiendo su humanidad son cosas que se han hecho muchas veces antes, pero la película lo compensa con creces gracias a la atmósfera que construye Sean Byrne y que en cierta forma ya había adelantado en The Loved Ones: al igual que en esta, en The Devil’s Candy también hay una estética calurosa y opresiva que se arma gracias al contraste entre el entorno rural y la música death metal que escucha el prota y que se convierte en parte de su identidad. Las escenas sobrenaturales son muy sutiles comparadas con la abierta representación de lo fantasmal que suele tener este tipo de cine hoy en día, y de hecho los principales momentos de terror vienen con la obra del pintor y la forma en que va volcando su mundo interior en ella. En otras manos, sin ese particular estilo, esto probablemente hubiese sido un trabajo muy inferior y es precisamente gracias al buen oficio detrás de ella que termina elevándose por encima de lo que su trama le hubiese deparado. 

El único problema que tengo es que la cinta deja al final todo demasiado bien atado para mi gusto, y se esfuerza en cerrar de forma definitiva el argumento principal a la vez que deja abierta la subtrama del decadente arte del protagonista y el súbito interés que despierta en un siniestro coleccionista de obras macabras, un ángulo que no lleva a nada a pesar de que de entrada parecía mucho más interesante incluso que la trama principal. Pero aparte de eso, estamos ante una historia de terror muy buena que pasó más o menos desapercibida entre muchos productos similares y que habría que rescatar porque sin duda lo merece. 

lunes, abril 02, 2018

Reseña: XX (2017)

Lanzada de forma modesta el año pasado pero con cierta repercusión una vez llegó su estreno digital, XX (2017) es otra cinta de antología temática de las que tanto parecen abundar hoy en día y de las cuales ya hemos tocado numerosos ejemplos, casi siempre girando alrededor de un gimmick que sirve de punto de unión para los diferentes segmentos que la componen. En esta ocasión, el gancho está en que los cuatro relatos independientes están todos dirigidos por mujeres. Este detalle es quizás su punto más interesante y aquello que me hizo querer verla, aunque el resultado ha sido una ligera decepción por varios motivos. 

El primero de ellos es que en general no ha sido lo que se dice muy memorable salvo por el primer segmento, titulado The Box y basado en un cuento corto de Jack Ketchum. Este relato es el mejor de los cuatro y uno que tiene un tono inmejorable que hubiese funcionado muy bien para toda la antología. Los otros tres son una comedia de terror acerca de una mujer intentando ocultar un cadáver durante la fiesta de cumpleaños de su hija, una historia de campistas que se encuentran con un monstruo invocado por unas misteriosas pinturas rupestres, y un relato sobre el Anticristo contado desde la perspectiva de su madre humana y el vínculo que esta llega a sentir con un hijo al que no puede evitar amar a pesar de ser literalmente la encarnación del Mal.

Este último segmento, por cierto, me pareció muy curioso porque aunque no sea tan memorable en sí mismo, es el único de los cuatro que cuenta con una premisa exclusivamente femenina, a diferencia de los tres restantes que tocan temas más genéricos. Es también una premisa muy buena y genuinamente interesante que podría perfectamente haber sido ampliada en forma de largometraje. El episodio está dirigido por Karyn Kusama, una directora que ya hemos reseñado aquí con películas interesantes como Jennifer’s Body (2009) o la excelente The Invitation (2015) y que es la única cineasta del conjunto que se puede considerar conocida en el horror mainstream, un detalle extraño por sí mismo ya que normalmente estas cintas de antología suenen reunir nombres con cierta trayectoria. Teniendo en cuenta que en los últimos años ha habido varias ejemplos de directoras de terror que han alcanzado renombre, no deja de resultar raro.

A pesar de todas sus carencias, XX tiene momentos muy interesantes, grandes aciertos a nivel estilístico y, en general, un acabado menos comercial que la hace al menos más arriesgada en comparación con muchas de sus contemporáneas a pesar de que el resultado final sea un tanto olvidable. Insisto en que el primer episodio es el único realmente redondo, pero sabe a poco en una película algo mediana que desaprovecha muchas de sus oportunidades.  

viernes, marzo 30, 2018

Reseña: Carnage Park (2016)

Aquellos que sean amantes del horror físico están de suerte, porque en lo que se refiere a este subgénero Carnage Park (2016) es probablemente uno de los trabajos más interesantes que se pueden encontrar por allí. La he vuelto a ver recientemente y me reafirmo en mi opinión inicial: lo que en un principio parece ser otro survival horror ambientado en el desierto americano (con La matanza de Texas (1974) y Las colinas tienen ojos (1977) como obvios y principales referentes) se convierte de repente en una de las cintas más intensas que he visto en los últimos años. Es una muy buena película que se libera pronto de sus influencias y logra una tensión y un ritmo envidiables con apenas un par de personajes y una ambientación muy bien aprovechada.

Escrita y dirigida por Mickey Keating, joven promesa de la escuela de Larry Fessenden (quien por cierto parece estarse dedicando en los últimos años a aparecer como actor en varias de estas películas de terror de bajo presupuesto), Carnage Park recuerda al principio a una cinta de Tarantino en el sentido de que durante los primeros minutos parece un trabajo distinto, centrándose en la figura de una pareja de asaltantes de bancos en fuga de la justicia que toman como rehén a una chica y que sin quererlo entran en el coto de caza de un psicópata armado hasta los dientes. A partir de este momento la historia toma un giro radical y se convierte en un juego de gato y ratón en el que la joven (intepretada por Ashley Bell, a quien probablemente recordaréis por la excelente El último exorcismo (2010) y su no tan impresionante secuela) debe buscar la forma de escapar del parque y del asesino. 

Pero lo que en otras manos quizás habría sido otra repetitiva muestra de violencia y muertes sin sentido, aquí se convierte en algo muy especial. De hecho, uno de los principales aciertos de la película es que despacha a los asaltantes prácticamente desde el principio y convierte a la trama en una única persecución entre la chica y el villano, el cual para variar está dotado de una personalidad propia y no es sólo una sombra anónima. Pero el hecho de estar enfocada prácticamente por completo en dos personajes no la hace lenta ni aburrida sino todo lo contrario: es una cinta muy intensa y violenta, con una atmósfera calurosa, abierta y asfixiante que se va haciendo cada vez más angustiosa hasta desembocar en unos últimos veinte minutos demenciales de los mejores que he visto en mucho tiempo. 

Recuerdo que cuando la vi inicialmente hace casi dos años, pensé que esta era una película que requería de un tipo de público muy específico que supiese apreciar su truculencia y su reverencia hacia cierto tipo de cine de horror que no es tan común aparte de los primeros trabajos de Rob Zombie. Esto queda evidenciado además por esa estética típicamente setentera revitalizada hace ya más de una década, no sólo por Zombie sino también por trabajos como Grindhouse (2007), de la cual esta película podría perfectamente ser una continuación. Todavía en cierto sentido considero que requiere de un público especial, pero lo cierto es que Carnage Park es toda una sorpresa que se alza por encima de sus modestos recursos y acierta en prácticamente todo lo que se propone. Insisto una vez más: aquellos que sean amantes del horror físico sin duda alguna la van a disfrutar.

lunes, marzo 26, 2018

Reseña: The Collection (2012)

Tras la fantástica The Collector (2009), estaba claro que una secuela no podía hacerse esperar, y poco tiempo después ya teníamos esta continuación nuevamente escrita y dirigida por el mismo equipo de la original, lo cual en un principio sólo podía augurar cosas buenas. Con ella, Patrick Felton y Marcus Dunstan intentan subir su apuesta inicial, y aunque terminan evidenciado una vez más el hecho de que la primera surgió de aquella precuela de Saw (2004) nunca realiazada, la verdadera pena es que The Collection (2012) toma el camino fácil de las continuaciones al tratar de hacer de la segunda parte una copia de la primera película sólo que llevando todo a más. El resultado no es del todo malo, pero resulta tremendamente convencional y muy decepcionante teniendo en cuenta lo buena que fue la primera.

Esta segunda película parte, a decir verdad, de la misma idea con la que continuó la saga de Jigsaw, abriendo la historia con una secuencia saldada con una cantidad brutal de cadáberes y abandonado la sencillez de su premisa inicial por lo que aquí llamamos la "secuela-tipo-Aliens": en esta ocasión, un equipo de mercenarios se enfrenta al asesino en su guarida llena de trampas mortales y a pesar de su ventaja numérica y su superior armamento, van muriendo uno a uno. Esta idea, aparte de ser poco original y haber sido empleada en multitud de secuelas desde hace mucho tiempo, termina sacrificando el realismo minimalista de la primera entrega en beneficio de secuencias de acción muy poco agraciadas y que parecen por momentos salidas de una oscura película de superhéroes debido al estrafalario diseño de la guarida del villano. 

No todo falla, eso sí: al tener a Felton y Dunstan al mando la película cuenta con algunas escenas de violencia muy creativas que intentan contrarrestar un poco esa fotografía digital nítida y brillante que domina todo en claro contraste con la oscuridad de la original, aunque si algo debo agradecer es el regreso del actor Josh Stewart, quien repite como protagonista y cuya presencia se siente como una pequeña victoria para quienes odiamos la manera tan nihilista como terminó la primera entrega. Al menos la identidad del asesino continua siendo un misterio y a pesar de todo el sacrilegio la cinta se encarga de dejarlo todo cerrado al final garantizando así que esta potencial saga termine antes de empezar.

Si os gustó The Collector y sois seguidores del horror físico y los slasher modernos, esta segunda parte quizás os parezca como a mi entretenida y hasta simpática. Sin duda es mucho mejor que la mayoría de estas continuaciones baratas que suelen pasar casi siempre a formato doméstico, pero por otro lado es tan claramente inferior a su predecesora que no puedo evitar sentirme algo frustrado con cómo han dejado atrás sus elementos más interesantes. No ha estado mal, pero esperaba más. 

miércoles, marzo 21, 2018

Reseña: 31 (2016)

31 (2016) es, para bien y para mal, la obra maestra de Rob Zombie en el sentido de que es aquella en la que su estilo está más evidenciado y que plasma como ninguna otra las obsesiones de su imaginario personal y aquello que lo hizo famoso como cineasta en su mejor momento. Por otro lado, es también su película más predecible y una en la que el director de Los renegados del diablo (2005) parece querer darle a su público lo que siempre se ha esperado de él. La mención a su película más famosa no es arbitraria ya que esta de la que hablamos hoy repite muchos de sus elementos más conocidos y es, en muchos sentidos, una especie de secuela espiritual que traza una línea perfecta no sólo con las obras del principio de su carrera, sino también con la tradición del género de torturas y violencia en pantalla que llegó a su punto máximo durante la década de los dosmil.

Esto último lo digo sobre todo por la estructura del argumento, en el que Zombie enfrenta a un grupo de feriantes a una especie de juego en el que son encerrados en un laberíntico parque industrial y perseguidos por asesinos de temática circense. El muy sencillo arco argumental emparenta a la cinta, como ya hemos dicho, con la obra anterior de Zombie y sus influencias setenteras (la película está ambientada en 1976) pero también con la estructura lúdica de Saw (2004) y sus secuelas. De hecho, es bien sabido que 31 estuvo un largo tiempo en producción y que fue una cinta con la que Rob Zombie intentó construir una saga propia que originalmente estaba destinada a tener varias continuaciones al mejor estilo de los slashers en los que se inspiraba. Asimismo, la gran cantidad de cameos de sus obras anteriores y la repetición de varios de sus elementos estéticos más conocidos (lenguaje crudo, el rock de los setenta, el ambiente rural y los payasos asesinos) demuestran que esta era una película grande hecha para seducir a un público que había quedado un poco desencantado con su obra anterior, mucho menos accesible.

El resultado ha sido un tanto desigual, ya que si bien todos estos elementos están llevados a cabo de manera muy eficiente incluso corrigiendo graves errores del pasado como el empleo de aquella terrible sangre CGI de Los renegados del diablo, uno siente que el conjunto no termina de tener su puesto en el cine de terror actual; tanto el tono como la temática de 31 son cosas que habrían funcionado muy bien hace diez años, pero en el contexto de hoy en día, cuando el subgénero de torturas ha quedado más que muerto y el horror físico explícito se encuentra de retirada tras su sobreexposición en los dosmil, una cinta como esta es una rareza un tanto desfasada que necesitará de un público muy particular. Esto por sí solo no me importaría si no sintiese que con ello Zombie se aleja de obras más arriesgadas y (para mí, al menos), más interesantes como Halloween 2 (2009) o The Lords of Salem (2012), con las que su cine estaba yendo por nuevos derroteros que aquí parecen ser un tanto ignorados en beneficio del espectáculo grotesco que parece que quiere dar.

Con esto no quiero decir que 31 sea insalvable; es imposible no sentirse atraido por algunas de sus delirantes secuencias, y aunque el inicio es un tanto lento y aburrido, mejora muchísimo una vez entramos en el juego y se desatan no sólo el horror sino también unas sobresalientes actuaciones como la de una espectacular Meg Foster (grandiosa sin duda) y un enorme Richard Brake que se roba cada escena en la que aparece y es, con toda seguridad, el mejor villano de todo el cine de Rob Zombie hasta la fecha. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que esta cinta representa un paso atrás en la filmografía de uno de los directores de terror más interesantes de tiempos recientes, y cabría esperar que su fracaso taquillero impulsara a Zombie a retomar su lado más arriesgado, aunque el anuncio reciente de la verdadera secuela de Los renegados del diablo parece decir lo contrario. 

lunes, marzo 19, 2018

Reseña: Aniquilación (2018)

Aniquilación (2018) es la nueva película del director Alex Garland, el mismo de Ex Machina (2014), y una vez más vuelve a sorprendernos con un relato de ciencia-ficción más cerebral de lo que estamos acostumbrados. Si quien lee esto vive en los Estados Unidos o Canadá habrá sin duda tenido la oportunidad de verla en una sala de cine, mientras que el resto del mundo ha tenido que catarla a través de Netflix, que se hizo con toda la distribución internacional luego de varios conflictos durante su producción. Esto ha hecho que mucha gente crea que la plataforma de streaming tuvo algo que ver con el rodaje aunque no es así. De todas formas, no es que importe mucho salvo como comentario a las nuevas formas de distribución de cine que estamos viendo en nuestros días.

Lo cierto es que los temores por su rentabilidad estuvieron algo justificados; Aniquilación, aunque no sea para nosotros la genialidad que algunos han señalado, sí que resulta mucho más intelectual de lo que habitualmente se estrena en la cartelera mainstream. Digo esto incluso teniendo en cuenta que el argumento simplifica en gran medida la novela de Jeff Vandermeer en la que se basa, algo que no me extraña para nada ya que Vandermeer no es precisamente el escritor más accesible del mundo. Garland, por el contrario, parece querer contar su propia historia y resume la trama de la novela al mínimo al hablar de una científica que se une a un grupo de mujeres para explorar una misteriosa zona en la que una forma de vida de origen extraterrestre ha mutado tanto la flora como la fauna y transformado el área en un paraje inaccesible del cual nadie ha salido con vida. 

Lo interesante en todo caso de esta película es que Garland, en mayor medida incluso que en Ex Machina, construye la trama como una historia de terror en la que el grupo de mujeres va poco a poco desentrañando el misterio del lugar y al mismo tiempo descubren la futilidad de enfrentarse a algo completamente foráneo que no parece tener intenciones ni plan alguno, un fenómeno natural que se asemeja a un cáncer viviente y cuyos efectos sobre la vida terrestre resultan bastante imaginativos y atractivos de ver pero también completamente impredecibles. Resulta muy reconfortante además encontrarse con esa sci-fi lenta, "aburrida“ y pausada que no huye de elaborar sus ideas pero que al mismo tiempo no necesita hacerlas demasiado evidentes. Quizás esta negativa a rendirse a las exigencias de un público mayoritario es lo que le impidió tener un estreno comercial mayor, pero también es lo que la hace singular y digna de verse.

A pesar de todo es conveniente que rebajemos un tanto las expectativas ya que esto no es ninguna obra maestra, como se ha dicho por ahí, y mi principal (ahora que lo pienso, único) problema con ella es que muchas de sus mejores ideas y momentos son cosas que ya había visto en películas mucho menos intelectuales como La cosa (1982) o incluso Las ruinas (2008), pero por una vez me alegra ver a un director atreviéndose a hacer algo inteligente que no necesita darte todo masticadito y que es capaz de presentar ideas sin caer en condescendencias y al mismo tiempo ofrecer interesantes momentos de terror. Ojo sobre todo a esa maravillosa secuencia climática sin diálogos con la que la historia finaliza. Me ha parecido muy buena, y ojalá hubiera tenido un pase en cines ya que creo que correctamente promocionada habría sido un éxito aunque fuera con un público distinto al de las megafranquicias actuales. Vale la pena.

viernes, marzo 16, 2018

Reseña: Ghostland (2018)

Tras seis años de ausencia en las carteleras, Pascal Laugier regresa con Ghostland (2018), su cuarta película de terror y una que parece cerrar un ciclo temático que el director francés nos ha mostrado prácticamente desde el principio de su carrera. A pesar de que repite muchos de aquellos elementos que le hicieron famoso y de que la película se percibe en varios sentidos como una resaca de su paso por Hollywood, esta producción franco-canadiense es con toda seguridad uno de sus mejores trabajos y una prueba de que el director de Martyrs (2008) sigue siendo quizás el más consistentemente interesante de todos los cineastas salidos de aquella fiebre por el terror francés que llegó a su punto máximo hace una década. Precisamente diez años han pasado desde el estreno de su cinta más famosa, y se ve que ha aprovechado ese tiempo.

Es poco lo que se puede decir del argumento sin revelar detalles importantes, así que sólo puedo hablar de los puntos generales: invasión domiciliaria, tragedias familiares y, como viene ocurriendo por lo general en las películas de este director, una joven y decidida protagonista femenina que se enfrenta a un horror bajo la forma de una violencia terrible y en apariencia arbitraria. Al igual que ocurre en el resto de cintas de Laugier, hay un giro sorpresa en el argumento que redimensiona todo ante nuestros ojos pero que se da en la mitad de la película y no al final como normalmente ocurre. Es precisamente esa revelación (que por supuesto no vamos a revelar) la que da pie a los temas de la cinta acerca de las ocasionales trampas de la ficción, así como en subtexto del amor entre dos hermanas y la forma como se enfrentan a sus terribles adversarios. Todo esto narrado con un nivel de agresividad y violencia en ocasiones incómodo y agobiante por su insensata repetición y brutalidad, algo que fuera habitual en ese cine de terror francés de mediados y finales de la década pasada pero que estaba un poco abandonado en los últimos años. 

A pesar de que algunos elementos cantan a bajo presupuesto (principalmente sus titulos de crédito iniciales) la película tiene una estética y producción magistrales con esa enorme y vieja casa llena de muñecos antiguos que le da una apariencia de terror de feria. En realidad esta estética consituye uno de sus principales atractivos y convierte a esta en una película visualmente hermosa a pesar de que todo lo que ocurre es terriblemente desagradable. Pero por otro lado, es precisamente ese nivel de violencia lo que nos hace empatizar con las protagonistas y su situación aunque, a diferencia de lo que ocurría en Martyrs, no estamos aquí ante una película de terror nihilista sino todo lo contrario: en esta ocasión Pascal Laugier le reserva al público al menos la posibilidad de obtener satisfacción emocional. No puedo ahondar en ello sin spoilers, pero digamos que llegó un momento cerca del desenlace en el que pensé que la película iba a terminar en un tono particularmente sombrío para luego sorprenderme con su resolución. Ha sido precisamente eso lo que terminó de convencerme.

Brutal, ofensiva, cruel para con sus personajes y totalmente desprovista de condescendencia para con su público a pesar de que echa mano de varios estereotipos del cine de terror, Ghostland es no sólo una de las mejores cintas de Pascal Laugier hasta la fecha sino también uno de los trabajos más sobresalientes que he visto este año. Recomendadísima sin lugar a dudas.

lunes, marzo 12, 2018

Reseña: Hostile (2017)

Historia de terror apocalíptico en el que una joven abandonada en medio del desierto debe luchar por sobrevivir al ataque de una terrible criatura antropófaga que se ha fijado en ella. Hostile (2017) forma parte de una tradición de terror muy conocida ya, una historia de estado de sitio minimalista que basa todo su argumento en  intercalar las escenas en ese futuro desolado con la historia de la propia chica y una relación amorosa antes del fin del mundo, causando un efecto curioso en el cual una historia de monstruos de carretera y desierto se mezcla con un drama romántico entre una chica problemática y un galán francés que parece empeñado en sacarla de su situación a como de lugar. 

En un principio pareciera que los dos planos narrativos no tienen nada que ver, hasta que queda bien claro que todas las escenas de flashbacks sirven para realzar ese tema de supervivencia, superación de la adversidad y confianza en la propia voluntad que parece ser el verdadero objetivo de trama. Todo muy básico y hasta cierto punto muy predecible pero que a pesar de todo está bien hecho y resulta tan inofensivo que no molesta para nada. Una cosa que me gusta mucho por ejemplo es que la cinta da explicaciones muy parcas sobre el Apocalipsis y lo que ha ocurrido en ese mundo devastado pero no hace falta; con apenas unos pequeños detalles deja todo muy claro y prefiere centrarse en la historia de una mujer luchando contra un monstruo en medio de una situación en principio imposible.

Las escenas del ataque de la criatura están muy bien rodadas, y es precisamente la carencia de medios lo que hace que la película tome la sabia decisión de mostrar al monstruo de forma progresiva sin caer en truculencias de efectos especiales que le habrían sentado muy mal. Funciona porque realmente sentimos que la protagonista está en peligro independientemente de la vulnerabilidad de su situación. Es una heroína dura pero creíble, y es una suerte que esté tan bien interpretado porque el protagonismo absoluto de la chica habría hundido la película si no fuese así. 

Hostile ha gustado mucho más de lo que esperaba y mi única crítica de verdad quizás sería que me parece demasiado sencilla para un largo, ya que la idea de la que parte, así como su estructura, parecen más propias de un cortometraje y hacen que al final la película se sienta algo diluída y redundante. Algunos sin embargo podrán pensar que cierta revelación que ocurre al final es algo que daña la historia por completo, y aunque sí es cierto que puede resultar cursi y algo ridícula, a mí en lo particular no me molestó porque entendí que no era algo literal sino más bien de carácter simbólico y otra muestra más de ese tema del que está hablando realmente. De todas maneras, eso es algo que podéis comprobar vosotros mismos. Olvidable, sí, pero simpática. 

sábado, marzo 10, 2018

Reseña: Ju-on: Black Ghost (2009)

Estrenada paralelamente a su gemela ya reseñada aquí, Ju-on: Black Ghost (2009) forma parte de la bilogía de cintas producidas para celebrar el décimo aniversario de la saga de The Grudge. Esta segunda parte del binomio, al igual que White Ghost (2009), está completamente desligada de la serie original y construye en cambio su propia historia siguiendo el estilo de la obra de Shimizu. En este caso, a pesar de que en cierta forma es una especie de precuela de su compañera (parte de la película tiene lugar en la misma casa), se trata de una historia completamente independiente que se puede ver por sí sola, con lo que realmente da igual el orden en que veáis las dos cintas. 

Una cosa curiosa, y que muy probablemente sea su mayor marca de identidad, es que en esta ocasión el origen de la maldición viral que acosa a los personajes no tiene nada que ver con un crimen, lo que por otro lado representa una evidente ruptura con el argumento que habían presentado todas las encarnaciones anteriores de The Grudge. El estilo narrativo, sin embargo, se mantiene: pequeñas historias contadas en desorden cronológico alrededor de personas que mueren de forma terrible a manos de un fantasma vengativo. Sin embargo, en un alarde de originalidad poco habitual en esta saga, esta vez el componente estétido es distinto al mostrar el fantasma como una mujer completamente negra de la cabeza a los pies, una sombra viviente que parece estar vinculada a una niña que permanece en coma en un hospital y que va matando a todos aquellos que entran en contacto con ella, extendiendo así la maldición.

El aspecto estético, el argumento más elaborado y el carácter quizás más surrealista de las muertes me parecieeron aspectos bastante originales que, por lo menos ante mis ojos, terminaron encumbrando esta película por encima de White Ghost, a la que supera en prácticamente todo al mismo tiempo que se aleja de forma un tanto más arriesgada de aquellos preceptos que hacieron famosa la saga original. Por desgracia los mismos fallos siguen presentes, siendo el principal de ellos ese acabado tan barato que tiene su producción, acorde con los primeros trabajos de Shimizu pero que termina perjudicando muchas de las escenas de miedo, especialmente aquellas en las que se intenta hacer uso de efectos especiales para mostrar la apariencia oscura del fantasma, así como el desenlace de exorcismo en el que la cinta adopta un tono mucho más alejado de las sutilezas de entregas anteriores. 

A pesar de todo esto, sigue siendo una película de terror muy efectiva con momentos muy buenos que sin duda caerán bien a aquellos seguidores de la saga y que la hacen algo más memorable que otras entregas menos inspiradas. Como nota final, quisiera destacar el hecho de que esta es, hasta la fecha, la única entrega de The Grudge escrita y dirigida por una mujer, la cineasta Mari Asato, que ha seguido trabajando en el género de terror desde entonces. Curiosamente, este es un hecho que nunca se mencionó en su momento a pesar de que la película tiene un énfasis en los personajes femeninos que no muestran otras entregas de la saga. En todo caso, este es otro detalle que la hace interesante y digna de echarle un vistazo. 

miércoles, marzo 07, 2018

Reseña: Ghost Stories (2017)

Otro de los estrenos importantes de este año (aunque ya se había proyectado en festivales desde el año pasado), la británica Ghost Stories (2017) recupera en gran medida una de las más queridas tradiciones del cine de terror inglés, que no es otra que aquellas cintas de antología popularizadas en su día por productoras como la Amicus. Hay mucho de eso en este primer largometraje de Jeremy Dyson y Andy Nyman, quienes al igual que sus predecesores de décadas pasadas construyen aquí varios relatos unidos por un hilo narrativo de caracter moralista en el que un escéptico investigador especializado en descubrir fraudes paranormales debe encargarse de destapar los únicos tres casos que su maestro no pudo descifrar, en busca de la prueba definitiva de la existencia de lo sobrenatural.

Creo que es la primera vez que veo una de estas cintas antológicas en la que la historia que hila los tres segmentos es tan interesante o más que los propios relatos, ya que desde el primer momento quedamos cautivados con la labor de este investigador y del ambiente tan maravilloso que se crea con los casos que caen a su disposición, tratados todos desde una perspectiva sensacionalista muy acorde con la visión moderna que tenemos de los fenómenos paranormales, y a pesar de su distanciamiento consigue escenas de miedo realmente fuertes, que se van incrementando a medida que el protagonista se adentra en el misterio de cada uno de los casos, por cierto muy diferentes entre sí, desde historias de lugares embrujados pasando por un encuentro con un monstruo en una carretera, y sobre todo con el excelente segmento protagonizado por Martin Freeman (el único actor que he reconocido del elenco) que me pareció de lejos el mejor de los tres. 

Hay una cosa sin embargo que he leído en muchas reseñas y que probablemente eche para atrás a algunos espectadores, y tiene que ver con el hecho de que precisamente por la idea de presentar estos tres segmentos como casos no resueltos, ninguno de los relatos de Ghost Stories se cierra en el sentido tradicional de la palabra, sino que por el contrario parece que dejaran la puerta abierta a una interpretación del horror como algo inexplicable y que te niega la catarsis que suelen dar este tipo de historias. Este detalle, que puede no ser del agrado de todo el mundo, me ha parecido una de sus mayores fortalezas y una seña de identidad muy clara que diferencia a esta película de muchos de sus congéneros, sobre todo aquellos que se estrenaron durante los setenta y ochenta. 

Llegado ya el final, la película tiene por supuesto una revelación muy acorde con este género clásico de antologías y que proporciona al espectador la única sensación de cierre posible. En definitiva, me ha parecido una película muy especial, y una que ciertamente vale la pena revisar aunque sea por el hecho de resucitar un estilo de cine de terror británico que yo en lo particular tenía tiempo sin encontrarme en salas comerciales. Muy recomendable, sin duda alguna. 

lunes, marzo 05, 2018

Reseña: Ju-on: White Ghost (2009)

Quienes hayan seguido este blog desde sus inicias conocen de sobra mi confesa debilidad por la saga de The Grudge en todas sus (numerosas) encarnaciones, ya sea con los telefilmes originales, los largometrajes japoneses, su remake americano y un largo etcétera que sería demasiado para este espacio. Recientemente nos enteramos de que Hollywood prepara un nuevo remake (sí, otro) que comenzará la historia desde el principio, y que su director y guionista será Nicolas Pesce, cuya obra The Eyes of My Mother (2016) pasó recientemente por aquí. ¿Qué mejor excusa para volver a la saga original y terminar de echar un vistazo a las cinco películas que nos quedaban para completar la saga?

Lo cierto es que esta que tenemos hoy no se trata de una secuela, sino de la primera mitad de un curioso experimento que surgió en 2009 para celebrar los diez años de la saga: el propio Shimizu dejó esta vez las riendas de la dirección en otras manos y se limitó a producir dos cintas estrenadas en paralelo, al estilo y con los temas de Ju-on: The Grudge (2003) pero con argumentos completamente independientes, películas que homenajeaban la trayectoria de la saga pero que al mismo tiempo volvían a sus más modestos inicios. El primero de estos trabajos que tocaremos aquí es Ju-on: White Ghost (2009). 

Si bien, como decíamos arriba, la historia es completamente distinta, todos los puntos importantes de la saga se mantienen: White Ghost trata también sobre una maldición viral ligada a una casa y que se va extendiendo sin piedad a todos aquellos que entran en contacto con ella. Al igual que sus predecesoras, está narrada en fragmentos autoconclusivos que se centran en distintos personajes, presentados en un orden no-lineal que obliga al espectador a ir armando la trama dentro de su cabeza. Esta, sin embargo, es muy sencilla y la escasa cantidad de diálogos hace que sea muy fácil de seguir. De todas formas, como siempre, el énfasis de la película se encuentra en las muertes surrealistas y en la magnífica atmósfera que consigue en unas escenas rodadas en plena luz del día y en espacios cotidianos. En este sentido está muy bien hecha y su homenaje a los aspctos más conocidos de la saga es sincero.

Lo único que podemos criticarle probablemente sea el hecho de que no es tan buena como las anteriores, principalmente porque es una película demasiado sencilla y poco ambiciosa: a pesar de que consigue algunas imágenes realmente inquietantes y hasta cierto punto originales, palidece en comparación con las primeras entregas de Shimizu y tanto la pobreza de sus medios como su escueta duración de una hora le dan una apariencia muy barata en ocasiones que se nota y que rebaja sus por otro lado innegables aciertos, pero incluso los más flamantes logros de este largo estaban presentes ya no en la original, sino en aquellos micrometrajes que el propio Shimizu rodó diez años atrás. La volvi a ver ahora, casi una década desde su estreno, para ver qué tal había envejecido, y aunque sigue siendo interesante y en ocasiones pavorosa, lo cierto es que se ha quedado un poco corta. A pesar de esto, aquellos que como yo sean seguidores de la saga tienen que verla, porque conserva al menos parte de aquello que hizo grande a sus antecesoras.

viernes, marzo 02, 2018

Reseña: Hellraiser: Hellworld (2005)

Retomando nuestra ardua labor de cubrir todas las entregas de una franquicia que, contra todo buen juicio, se niega a morir, llegamos a Hellraiser: Hellworld (2005), octava entrega de la saga iniciada por Clive Barker y cuarta de ellas de la serie de estrenos que fueron directamente a formatos doméstico. Esta nueva secuela está nuevamente dirigida por Rick Bota, el mismo de Hellraiser: Deader (2005) y una vez más toma un camino completamente distinto al de sus antecesoras sin tener mucho que ver con los preceptos o la mitología cenobita establecida en películas anteriores, cosa que se nota mucho y que me predispuso en contra prácticamente desde el principio.

Una búsqueda rápida por la historia de su producción deja claro por qué: rodada paralelamente a la séptima entrega y estrenada el mismo año, esta producción viene de un guión originalmente titulado Dark Can't Breathe y que contaba una historia completamente independiente a la que luego se maquilló para darle el toque cenobita que faltaba. Es una lástima que no hayamos podido ver dicho trabajo porque las francamente buenas posibilidades del argumento de esta película se vienen abajo precisamente debido a su inclusión forzada en una franquicia ya gastada y en franca decadencia desde hacía mucho tiempo y que tampoco esta vez consigue salvarse.

Uno de los aspectos más curiosos de este argumento viene, sin embargo, de un intento por romper con todo el estilo anterior, dando a la historia un giro metaficcional situándose en un mundo fuera de la propia película en el que la saga de Hellraiser existe. Dicho giro está evidentemente inspirado en películas como La nueva pesadilla (1994) y sobre todo Scream (1996), no sólo por el contenido irónico y auto-referencial sino también por el hecho de que estamos ante una cinta de corte juvenil que gira alrededor de unos chavales adictos a una web llamada Hellworld. A decir verdad nunca queda claro exactamente si es una página web o un videojuego, aunque en lo personal creo que se trata de una especie de red social inspirada en el universo de Hellraiser y que al parecer está relacionada con el suicidio de uno de los chicos. La verdadera película comienza cuando el resto de los jóvenes asisten a una fiesta temática de su entretenimiento favorito y presencian como aquello que creían originalmente un universo de ficción termina teniendo una capa más siniestr

Aquí también por desgracia es cuando la película se convierte en un slasher de toda la vida, con los chicos muriendo uno a uno en medio de una trama que termina siendo un misterio de baratillo con un final sorpresa mucho menos inteligente de lo que quiere hacernos creer. Por supuesto, nada de esto tiene que ver con Hellraiser más allá de la presencia de un cansado Doug Bradley que aparece de vez en cuando en cameos glorificados y se apersona en la última escena en una muy lamentable coda final que corona todo este despropósito. Lo más amargo de todo este trago es que la cosa no terminó aquí: varios años después sus responsables volverían a exprimir la saga con dos entregas más que terminarían distanciándose aún más de aquella cinta que les vio nacer, ya que el mismo Bradley abandonaría el barco entregando su papel de Pinhead a otros actores menos agraciados. Pocas sagas de terror han tenido una vida tan longeva, y pocas han caído tan bajo después de su prometedor inicio.

miércoles, febrero 28, 2018

Reseña: Stonehearst Asylum (2014)

Brad Anderson, quien fuera uno de los más prometedores cineastas de terror de la década de los dosmil, y que en esta década parece haber sido relegado al mundo de la televisión, es el director de esta curiosa película que terminé viendo sin saber nada de ella de antemano. La presencia de Anderson fue toda una sorpresa ya que es un trabajo muy distinto de aquellos por los que le conocí originalmente, sin nada de la cuidada atmósfera y particular estética que en su momento llegué a asociar con el director de Session 9 (2001) o El maquinista (2004). Con Stonehearst Asylum (2014), por el contrario, Anderson se apunta a algo mucho más convencional en cuanto a forma, pero que a pesar de su apariencia de telefilme de sobremesa contiene una historia interesante y más de un detalle rescatable que hizo que me metiera en ella de lleno. 

Basada (muy libremente) en un relato humorístico de Edgar Allan Poe, Stonehearst Asylum va sobre un joven médico a finales del siglo XIX que viaja a un apartado sanatorio para enfermos mentales en medio de las montañas para iniciarse en la profesión, y termina descubriendo que algo no está bien en la poco convencional estructura de autoridad que ha levantado su nuevo jefe. Hay que decir que el misterio en cuanto a lo que ocurre en el sanatorio y las verdaderas intenciones del siniestro doctor Lamb son algo que se revela en la primera media hora de metraje, lo cual es una buena señal ya que se ve venir de muy lejos y resulta tremendamente obvio casi desde el principio a medida que el protagonista va conociendo al personal de la institución. De hecho, es sólo cuando este secreto es revelado cuando realmente comienza la película y surgen los verdaderos retos para el personaje principal. Tengo que reconocer que sentí un gran alivio cuando me di cuenta de que la historia no iba sobre ese misterio ya que una vez que la trama lo deja atrás es cuando comienza a tejerse un argumento mucho más atractivo en el que el manicomio se convierte de repente en una prisión digna de un relato gótico del que no parece haber escapatoria posible.

Otra cosa interesante de esta película es que a pesar de tener un acabado tan sencillo y en apariencia tan inofensivo, su elenco está lleno de actores conocidos, entre los que se cuentan Ben Kingsley, Michael Caine, Brendan Gleeson, y sobre todo una bellísima Kate Beckinsale que ilumina cada escena en la que aparece y que encarna a la perfecta heroína de Poe aunque su personaje por desgracia no da mucho juego. Todavía no me explico cómo se las arregló esta (a todas luces) menor producción para contar con un elenco de tal envergadura, pero lo cierto es que funciona porque sin el gran trabajo de estos actores probablemente la cinta no habría alcanzado la calidad que tiene. Sobre todo Ben Kingsley está fantástico y el suyo es de lejos el mejor personaje, muy por encima del algo aburrido protagonista. Todo esto revela también lo engañoso del material publicitario de la película que resaltaba de forma fraudulenta la presencia de Kate Beckinsale como su mayor reclamo, ya que su personaje es secundario muy a pesar de que aparece como figura central en el cartel y que la película lleva el nombre de su personaje, Eliza Graves, como título en su versión americana. 

Pero a pesar de todo esto, pese a su inofensivo estilo, su poco ambiciosa cinematografía y el hecho de que todos los giros argumentales que da (incluyendo el del final) son tremendamente predecibles, lo cierto es que Stonehearst Asylum tiene un argumento interesante que se pasa volando a pesar de su duración. En serio, no recordaba cuando fue la última vez que vi una de estas producciones de época de una sola sentada y completamente inmerso en la trama. No busquéis nada, eso sí, del estilo de Brad Anderson, quien me temo continuará relegado al mundo televisivo, pero sin duda alguna esta me ha parecido una pelicula que merecía algo más que la indiferencia que cosechó, tanto ante la crítica como ante el público, en el momento de su estreno. Echadle un vistazo.

lunes, febrero 26, 2018

Reseña: The Eyes of My Mother (2016)

Una niña que vive con sus padres en una cabaña aislada en medio del campo es testigo un día de cómo su madre es brutalmente asesinada por un psicópata anónimo, lo cual tiene un siniestro efecto en ella que se irá agravando en su juventud. Este más o menos es el punto de partida de The Eyes of My Mother (2016), una curiosa película de terror independiente que recuerdo fue muy sonada en festivales hace un par de años, aunque su recepción pasó más o menos desapercibida ante mis ojos hasta que comencé a verla nombrada en muchos sitios como una de las mejores del año en que se estrenó. Si para ese momento no la hubiese visto probablemente me habría dejado llevar por el hype tejido alrededor de ella, y por fortuna no fue así: a pesar de ser un thriller interesante, nunca terminé de verle ese atractivo que llamó tanto la atención, por varios motivos. 

Mi principal conflicto con esta película siempre fue el hecho de que a pesar de sus grandes aciertos a nivel estético, su empaquetado indie no hacía sino evidenciar (para mí al menos) el hecho de que en el fondo su desarrollo no se aleja mucho de una historia que ha sido mil veces contada en el torture-porn de principios de los dos mil de forma más efectista y sin ese entusiasmo que despertó en gran parte de la crítica. En este sentido hay que reconocer que es una película cruel llena de imágenes muy desagradables que contrastan no sólo con la fría y parca caracterización de su personaje protagonista (interpretada por una muy interesante Kika Magalhães, a quien espero ver pronto en otros trabajos) sino también por una fotografía en blanco y negro que suaviza en gran medida la violencia y que al mismo tiempo parece darle un acabado más de autor a todo el conjunto, alejándola de las truculencias que solemos ver en el cine de terror comercial.

Es precisamente esta decisión estética la que a mi juicio parece haber influido en gran parte de la percepción del público; la muy entusiasta opinión crítica alrededor de esta película me recordó mucho a la también muy apreciada The Girl Who Walks Alone At Night (2014), no sólo por su preciosa fotografía bicromática, sino porque al igual que aquella película (falsamente) iraní, esta se apropia de códigos y temas del cine de terror y los disfraza bajo una fachada superficial de cine "serio" como si intentara darle una legitimidad ante la crítica más sesuda que nadie le ha pedido. 

En todo caso, se trata a pesar todo de una película muy eficiente con pasajes realmente perturbadores pero cuya estética parece ser lo único que la diferencia de otros trabajos menos ambiciosos. Creo que eso al final puede haber afectado de forma negativa mi apreciación final, pero de todas maneras considero que merece ser vista aunque sea como complemento/respuesta a ese subgénero de torturas que pareció dominar el cine de terror mainstream durante casi una década. Honestamente no le veo mucho interés más allá de eso y dudo mucho que la recordemos de aquí a unos años. Me gustó, aunque con reservas. 

viernes, febrero 23, 2018

Reseña: Verónica (2017)

Emergiendo después de sus trabajos con Jaume Balagueró, y con su primer largometraje en solitario fuera de la saga de REC (2007) en una década, Paco Plaza vuelve con Verónica (2017), una cinta de terror sobrenatural basada en el famoso caso "real" ocurrido en el barrio madrileño de Vallecas a principios de los noventa. Esta cinta sonó mucho en el momento de su estreno y si no pude verla en aquella ocasión fue, para variar, por motivos geográficos. Finalmente he podido acercarme a ella y comprobar de primera mano que se trata de una muy sólida y eficiente película de terror con la que Plaza se marca no sólo su mejor obra en solitario hasta la fecha sino también la que probablemente sea una de las cintas de miedo más sólidas del panorama mainstream español en mucho tiempo, una historia muy sencilla que aunque bebe de numerosas fuentes tanto foráneas como dentro de la propia obra de Plaza, es altamente recomendable para todos los que se acercan regularmente por aquí.

Una cosa que siento que tengo que decir de entrada es que el cartel con que la han anunciado no le hace justicia ya que parece presagiar una historia de posesiones diabólicas de toda la vida cuando la película es algo completamente distinto: en la cinta Verónica es una chica de quince años que tras una muy torpe e imprudente sesión de Ouija con sus amigas comienza a ser acosada por un ente maligno que se obsesiona con ella y sus tres hermanos pequeños. Por mi parte yo no conocía el supuesto caso real en el que se basa así que el argumento me pilló más o menos de sorpresa, y puesto que de todas formas los nombres están cambiados es probable que incluso aquellos que lo conozcan superficialmente puedan llevarse un par de sorpresas. Es precisamente el gancho de "basado en hechos reales" lo que hasta cierto punto representa una de las principales fortalezas de la película ya que su ambientación de barrio de clase obrera es magnífica y de lejos una de las principales marcas de identidad de la película, sobre todo en lo que se refiere al clima familiar de Verónica, su madre ausente y la tremenda carga de responsabilidad que son sus hermanos, algo que hace aún más creíble a su personaje y su decisión de enfrentarse valientemente a la amenaza sobrenatural que los está poniendo en peligro.

Toda la película está narrada desde el punto de vista de la chica, lo cual funciona principalmente gracias a un muy buen elenco, sobre todo el de los niños, algo muy poco habitual en este tipo de cine. La perspectiva infantil/juvenil se nota mucho en ciertos momentos y la emparenta con otra muy buena película de Plaza como es Cuento de Navidad (2006), con la que comparte además el empleo de elementos pop para destacar su ambientación de época (en Cuento de Navidad era el cine fantástico de los ochenta y aquí es la presencia constante de Héroes del silencio en la banda sonora). Al ser una película de terror comercial de nuestra época es muy evidente la huella que ha dejado el trabajo de directores como James Wan, aunque no es la única referencia ya que parte de la ambientación y la forma como está presentada la película y su énfasis en el realismo traen también a colación otros éxitos del cine de terror hispano como el propio REC, cuya huella se siente en los oscuros pasillos de ese edificio viejo convertido en escenario de terror.

Oscura y tensa por momentos, pero dotada de momentos de humor y con una protagonista grandiosa por su fuerza y determinación, Verónica ha sido todo un descubrimiento para mí, con todo y sus fallos producto más bien de los clichés normalmente asociados a este tipo de cine de terror con fantasmas y demonios de por medio. A pesar de todo es una gran película de miedo, y un regreso por todo lo alto para Paco Plaza, de quien espero muchas cosas más en el futuro. Muy buena.

miércoles, febrero 21, 2018

Reseña: Unfriended (2014)

Uno de los prejuicios más antiguos que he evidenciado en los años que llevo escribiendo en este blog ha sido mi rechazo general a la estética de metraje hallado o falso documental. En el pasado ya hemos soltado el argumento de que si bien es cierto que existen trabajos ingeniosos que han echado mano de este estilo convertido ya en subgénero propio, en la mayoría de los casos se trata sólo de una estrategia económica que permite a la película abandonar aspectos técnicos que una cinta convencional no puede permitirse dejar de lado. A pesar de eso, es algo que reconozco como una limitación propia y busco encontrar trabajos que me convenzan de lo contrario, ya que en ocasiones surgen muestras de este tipo de estética que me parecen más interesantes de lo que normalmente se suele ver. Tal es el caso, para mí al menos, de Unfriended (2014).

Metraje hallado o falso documental no es exactamente lo que tenemos aquí ya que la película apunta a su estética „realista“ mediante otro tipo de truco: a través de casi 90 minutos mostrados en "tiempo real", presenciamos a un grupo de amigos de instituto acosados por el fantasma de una antigua compañera que los ataca en medio de una sesión de Skype de la que no pueden salir en ningún momento. El gimmick reside en que la cinta está narrada por completo desde la perspectiva de la pantalla del ordenador de la protagonista, que va pasando de ventana en ventana a medida que la historia se va desarrollando frente a nuestros ojos sin aparentes cortes y con cierta simultaneidad que nos obliga a prestar atención a eventos que van ocurriendo en paralelo frente a nuestros ojos, detalle que por sí solo requiere de una inmersión total en la historia que, por increíble que parezca, se produce desde el principio ya que ni siquiera hay títulos de crédito iniciales.

Tanto la perspectiva permanente de la pantalla como el empleo de las redes sociales como método de narración no son cosas nuevas: recuerdo un cortometraje argentino de terror llamado Alexia (2013) que tenía la misma premisa, además de la película de Nacho Vigalondo Open Windows (2014), casualmente del mismo año y que contenía una perspectiva similar aunque en tono sci-fi y mucho menos realista. Pero lo interesante de Unfriended no es su originalidad sino lo bien ejecutada que está su premisa y la atención que han prestado a detalles que por lo general son ignorados en una idea como esta. Una de las cosas que más me sorprendió, por ejemplo, es que sus responsables hayan usado las auténticas interfaces de aplicaciones como Skype, Facebook, Youtube, etc. en vez de crear sus propios sustitutos ficticios de esos programas y plataformas. Este detalle, que puede parecer una tontería, funciona porque le otorga a la película cierto margen de realismo que contrasta con el ángulo sobrenatural, aunque lo más pavoroso del argumento no es el fantasma como tal sino la posibilidad de que alguien conozca nuestros secretos y los comparta en línea, ese espacio donde es fácil perder el control de aquello que decidimos mantener como privado. 

Por supuesto, no estamos hablando aquí de una gran película de terror ni nada por el estilo: con sus sustos baratos, sus burda manipulación del espectador basada en trucos de montaje, su final absurdo y algunos momentos risibles como la secuencia de Chat Roulette (bastante desfasada además, porque no sé hasta que punto siga siendo esa una plataforma popular), esta sigue siendo una cinta de miedo de usar y tirar. Sigo defendiendo, sin embargo, lo ingeniosa que puede llegar a ser y lo interesante de una premisa que se disfruta mejor a una menor escala. Esto último que digo es algo literal: debido a su formato y estética, Unfriended es una película que nunca debió haberse estrenado en un cine y que se disfruta mucho más si ve en casa en la pantalla de un portátil, y en ese sentido sí que me parece única y un ejemplo del cine de terror adaptado a las nuevas tecnologías y a la vez sobreponiéndose a sus limitaciones técnicas. No tardaréis en olvidarla, pero tiene cosas que me han impresionado y eso no es poco.

lunes, febrero 19, 2018

Reseña: The Cloverfield Paradox (2018)

Entre su inesperado estreno y la lluvia de malas críticas, lo cierto es que The Cloverfield Paradox (2018) se ha convertido en una de las películas más comentadas de los tiempos recientes, aunque al igual que como ocurre con la mayoría de las producciones de J.J. Abrams, al final ha terminado siendo más interesante la historia detrás de su producción y sus poco convencionales recursos de marketing que la película en sí. Lo cierto es que, heredera de Cloverfield (2008) o no, se trata de una cinta de horror espacial muy olvidable y llena de problemas, pero que viene al cuento a la hora de hablar de cómo se consume el cine hoy en día, y si realmente el nuevo formato de las plataformas de streaming sustituirá a las salas o no. 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que tal como ocurrió con 10 Cloverfield Lane (2016), esta es una cinta que comenzó como algo completamente independiente y que sólo después fue convertida en parte del "universo Cloverfield". Se trata en este caso de una historia de sci-fi futurista con el mundo al borde de una nueva guerra mundial y en medio de una grave crisis energética, que causa que un equipo de científicos intenten activar un acelerador de partículas en medio de una estación espacial. Los detalles científicos de la historia son un poco nebulosos pero no importan realmente, ya que lo esencial es que una vez que la prueba con el acelerador se lleva a cabo, la reacción abre una anomalía espacio-temporal que causa que un montón de cosas raras comiencen a pasar, una locura que mezcla universos paralelos, fenómenos inexplicables y básicamente cualquier cosa que cause que los personajes estén en peligro y cualquiera de ellos pueda palmarla mientras intentan revertir los efectos de aquello que han ocasionado.

Es en toda esta parte de terror cuando The Cloverfield Paradox deja ver sus influencias más evidentes, buscando construir una historia de horror espacial sin alienígenas e introduciendo en su lugar un argumento de paranoias y fenómenos inexplicables en medio del vacío del espacio exterior. Nunca lo consigue realmente, y la arbitrariedad de todo lo que ocurre (jncluyendo la muy hilarante coña del brazo de uno de los personajes) la pone muy por debajo de otras cintas similares que consiguieron resultados mucho mejores como Event Horizon (1997), Supernova (2000) o Pandorum (2009). Esta por el contrario parece ir dando tumbos a través de su muy frágil argumento, y el hecho de que en ningún momento parece haber cierta coherencia con lo que ocurre ciertamente no ayuda a interesarnos por una tripulación que parece tan perdida como el propio público. 

Aunque quizás lo más vergonzoso de esta película sea su forzadísima e inexplicable inclusión dentro de la saga de Cloverfield, que incluye desde escenas adicionales rodadas únicamente con este fin (toda la línea argumental del esposo de la protagonista en la Tierra no va a ningún lado) y el empleo de un susto final a lo grande que aunque inesperado fue para mí lo que me faltaba para tirarlo todo abajo. Si bien es cierto que con 10 Cloverfield Lane pasaba más o menos lo mismo en cuanto a su gratuita inclusión en una saga con la que no tiene muchas semejanzas, al menos en ese caso estábamos de un excelente thriller que se vio opacado sólo por una ridícula secuencia final. Aquí en cambio estamos ante un muy inferior trabajo que probablemente habría pasado por debajo de todos los radares de no haber sido por las circunstancias de su estreno, que ha sido sin duda alguna lo más comentado y que ha incluso acuñado el término "directo a Netflix" como algo peyorativo, término que veremos usar de ahora en adelante por pseudo-críticos de cine como el que escribe estas líneas.

viernes, febrero 16, 2018

Reseña: La piel fría (2017)

En donde vivo sólo he podido verla en un festival, pero si vivís en España muy probablemente hayáis tenido ya la oportunidad de echar un vistazo a La piel fría (2017), una co-producción española rodada en inglés, dirigida por el francés Xavier Gens y basada en la famosa novela de Alberto Sánchez-Piñol, y un proyecto además que venía gestándose desde hace mucho tiempo y que finalmente se ha hecho realidad obteniendo unos resultados un tanto más modestos de lo que originalmente prometía. Por mi parte puedo decir sólo que leí la novela hace mucho tiempo por lo que hay muchas cosas de ella que no recuerdo, pero sí tengo claro que la sensación que me dejó aquel libro fue muy distinta y que la mayoría de sus elementos más interesantes han sido suavizados o directamente eliminados en esta adaptación que intenta ser una película de monstruos mucho más de andar por casa, combinando algunos momentos muy buenos con secuencias de serie Z más típicas de otros trabajos menos ambiciosos.

Si no conocéis la novela os adelanto que el argumento es muy sencillo y minimalista, con apenas dos hombres que vigilan un faro en una isla desierta y que deben hacer frente cada noche a hordas de monstruos mitad humano mitad reptil dispuestos a devorarles por la osadía de invadir su territorio. En lo que sin duda es uno de los mayores aciertos del guión, la película mantiene la ambientación de época de la novela, lo cual no sólo hace más creíble el argumento sino que al mismo tiempo le dota de cierto tinte lovecraftiano muy en concordancia con las influencias de la propia novela, en un escenario que por momentos parece situar a sus protagonistas en el fin del mundo. 

Donde la película falla para mí es precisamente en sus aspiraciones comerciales que han terminado por eliminar casi por completo el subtexto de malsano erotismo inter-especie y la tensión sexual existente entre el protagonista y una criatura anfibia hembra (interpretada aquí por una magistral Aura Garrido absolutamente irreconocible bajo todo el maquillaje de monstruo). Este lado erótico era probablemente la parte más interesante de la novela y ha sido completamente dejada de lado en beneficio de la lucha entre los dos personajes humanos y las criaturas, que pasa a un primer plano y que convierte la cinta en una película de monstruos un tanto casposa en ocasiones y sobre todo muy repetitiva. Ha sido una lástima porque siento que en gran medida ha desaprovechado el potencial no sólo de la novela sino también de un director como Xavier Gens, quien había demostrado ya su valía con películas como las muy superiores Frontière(s) (2007) y The Divide (2011). 

Con todo esto no quisiera daros la impresión de que no me ha gustado La piel fría porque no es así. Pero sí es cierto que es una pena que estemos hablando de una serie B eficiente cuando el material en el que se basa daba para mucho más, sobre todo porque al centrarse tanto en el aspecto de cine de monstruos han abandonado gran parte de los ángulos existenciales de su argumento y que hacían más comprensible, por otro lado, un final de carácter cíclico que aquí se vuelve un tanto inexplicable y caprichoso. A pesar de todo, la he disfrutado, pero no creo que vuelva a verla en mucho tiempo.

miércoles, febrero 14, 2018

Reseña: The Ritual (2017)

Uno de los primeros estrenos importantes que estaba esperando fue precisamente The Ritual (2017), lanzada a nivel mundial a través de Netflix tras su paso por algunos festivales el año pasado. El motivo de mi entusiasmo tenía que ver sin embargo con su director, David Bruckner, quien acomete por primera vez un largometraje en solitario tras haber dejado huella en cintas corales como The Signal (2007), V/H/S (2012) y Southbound (2015), siendo el suyo el mejor trabajo de cada una de estas películas. En esta ocasión, Bruckner se atreve con la adaptación de una famosa novela de terror de Adam Nevill ambientada en los bosques nórdicos donde un grupo de amigos  británicos se pierden y terminan siendo perseguidos por una presencia misteriosa entre los árboles. 

Tras verla me doy cuenta de que gran parte de mis expectativas se han cumplido, y la dirección de Bruckner es quizás lo más destacable de una película que consigue una ambientación brillante gracias a la belleza opresiva de ese paisaje enorme, frío y silencioso en el que los personajes se mueven, algo sin duda alguna mucho más interesante que el poco desarrollado drama humano que se esconde tras el complejo de culpa del protagonista. Digo poco desarrollado porque, afortunadamente, la película no trata sobre eso: al igual que como ocurría en The Descent (2005) (con la cual tiene más de un punto en común en cuanto a estilo y estructura) la tragedia personal del prota queda relegada a un segundo plano una vez que comienza el horror, uno en este caso tremendamente sutil (al menos al principio) y que consigue momentos en verdad escalofriantes una vez que nos vamos adentrando en el misterio del bosque y sus huellas de brujería, paganismo y marcada otredad que van haciendo mella en los personajes poco a poco.

Todo este desarrollo lento y ambiguo es sin duda lo más interesante, ya que cerca del final, cuando se revela más acerca de la amenaza a la que los protagonistas se enfrentan, la película abandona gran parte de ese misterio que tanto atractivo tenía para pasar a mostrar y explicar demasiado, y aunque todavía consigue imágenes poderosas a nivel visual, pierde gran parte del mal rollo que había logrado anteriormente para convertirse en una cinta de terror mucho más normal y digerible de lo que cabría esperarse. Este tramo final ha sido precisamente lo más criticado de la cinta, y debo decir que dichas críticas son en gran parte acertadas, aunque en mi opinión no terminan de dañar del todo la experiencia.

Lo cierto es que a pesar de este ligero traspié de su desenlace, The Ritual es una película muy interesante que demuestra que a David Bruckner hay que continuar siguiéndole la pista. Es un trabajo que juega con tus expectivas, ya que comienza como un thriller psicológico/sobrenatural para irse adentrando en el terreno de lo fantástico y el horror cósmico de una forma un tanto abrupta y demasiado explícita, pero está entre lo mejor que podemos ver ahora mismo, y el hecho de haberse saltado su distribución en cines ha ayudado a que tenga una mayor difusión. Recomendable.

lunes, febrero 12, 2018

Reseña: Jessabelle (2014)

Al igual que hizo en su momento The Skeleton Key (2005), Jessabelle (2014), la primera película de terror de Kevin Greutert una vez que dejó de dirigir secuelas de Saw, intenta hilar una historia de terror ambientada en los pantanos del sur de los Estados Unidos, además de aprovechar para meterse de cabeza en temas como la magia afrocaribeña y una historia de fantasmas con fuertes resonancias de carácter racial. La comparación con la película del 2005 es muy pertinente porque lo cierto es que las dos se parecen mucho, no sólo en los temas sino también en algunas salidas argumentales. Por desgracia también se parecen en el hecho de que no llegan a explorar nunca su potencial y caen presa de los mismos clichés a los que parece estar atado la mayor parte del horror comercial de nuestra década, especialmente aquel producido por Blumhouse, la mayor factoría de sustos del Hollywood de nuestros tiempos.

Pero si hay una cosa que la redime en gran medida es que Jessabelle parece ser un tanto más ambiciosa a nivel artístico; todo el principio, cuando la chica protagonista va descubriendo el terrible secreto que se esconde en la casa de su niñez, está rodado con un poco habitual estilo tratándose de una película de esta envergadura: el personaje de Jessie pasa la mayor parte del tiempo sola, y lejos de querer distraer al público, Greutert parece seriamente comprometido a crear una atmósfera de verdad y de forma tremendamente sutil. Durante toda la primera mitad me sorprendió ver escenas largas, con muchos silencios y una notable ausencia de música que daban a todo el conjunto una aparencia un tanto indie alejada de lo que podríamos esperar de una producción de este tipo. Las apariciones del fantasma que asola a la chica también están rodadas de manera ingeniosa y genuinamente perturbadora, especialmente una escena en una bañera que resulta, sin lugar a dudas, el Gran Momento de la película en cuanto a sustos.

Todo esto logra distraerte como espectador hasta el punto de que no te das cuenta de que la historia en sí misma es algo que hemos visto muchas veces antes: una protagonista bella y vulnerable (debido a un accidente, Jessie se pasa toda la cinta en una silla de ruedas) devastada física y emocionalmente por una pérdida que se encuentra con una amenaza sobrenatural vinculada a un secreto de su familia. De hecho es sólo el tema del vudú y el subtexto racial (muy sutil, para variar, pero presente) lo que la distingue un poco del montón de cine de terror de saldo que solemos tragarnos. Por desgracia, las aspiraciones comerciales de la cinta terminan ganando terreno, y una vez que Jessie y el prota masculino comienzan su muy predecible investigación la película toma una apariencia mucho más convencional que se olvida de los grandes aciertos estéticos de la primera mitad, por lo que estoy seguro de que aquí hubo intervención fuerte por parte del estudio.

Es todo ese tramo final, incluyendo el ya muy visto nihilismo de su desenlace, lo que terminó de hundir Jessabelle para mí. Personalmente me gustan las películas de terror con reglas claras en las que los personajes no estén constantemente perdidos y al menos sepan a aquello a lo que se están enfrentando antes de que sea demasiado tarde. Aquí hay decisiones muy extrañas por parte del comportamiento de los personajes, y aunque todo el aspecto cultural sureño/afrocaribe es sin duda alguna algo interesante, al final termina siendo un meri accesorio para un producto que hemos visto ya repetido hasta el cansancio. Curiosa, sin duda alguna, sobre todo viniendo de un director con trabajos tan distintos, pero poco más.

viernes, febrero 09, 2018

Reseña: The Endless (2017)

Justin Benson y Aaron Moorhead, los mismos que nos trajeron la recomendadísima Spring (2014), vuelven esta vez con una película completamente distinta pero que también está llamada a ser probablemente una de las más interesantes que he visto este año, en esta ocasión adentrándose en los terrenos del horror cósmico y un toque sci-fi que me quedó dando vueltas en la cabeza mucho tiempo y me ha hecho querer verla de nuevo. The Endless (2017) es también otra mirada a un tema que me llama mucho la atención que es de las sectas modernas y el poder a veces alienante que trae el sentirse parte de una comunidad, aunque en el fonto esto no es sino el punto de entrada de una historia que va por otro lado y depara más de una sorpresa.

Sus protagonistas son dos hermanos que lograron escapar de una secta a la que pertenecieron y a la que dedicaron gran parte de sus vidas. Años después, agobiado por las dificultades económicas y profundamente desilusionado por su poca satisfactoria vida "normal", el menor de los dos hermanos convence al otro de visitar a sus antiguos compañeros en aquel sitio que dejaron atrás, con la esperanza quizás de cerrar del todo aquel capítulo de sus vidas. Por supuesto, la visita al refugio "Campo Arcadia"que el culto mantiene en medio del desierto termina siendo una muy mala idea y a pesar de que todo parece ser una comunidad idílica al principio, está claro que algo muy extraño está sucediando en el grupo. 

Decir más sería adentrarnos demasiado en el argumento, y este está tan dosificado que gran parte de la gracia es irlo descubriendo uno mismo. La trama guarda ciertas similitudes con otra película Benson y Moorhead, Resolution (2012), que fue la que les dio a conocer en el circuito de festivales y con la que incluso comparten algunos personajes, pero no es necesario visto aquella para entender esta. Lo que sí es necesario aceptar de entrada es que se trata de una película muy cerebral que en su tramo final juega no sólo con los arquetipos de terror lovecraftiano sino también con ciertos conceptos un tanto enrevesados para una historia de terror y que pueden llegar a hacer de sus giros narrativos algo un tanto confuso. Pero funciona, y al igual que ocurría en Spring, hay una necesidad aparente por parte de sus directores de abordar un discurso vital que parece ir por encima del terror, aunque sin duda alguna se trata de una película ambiciosa que explota sus conceptos metafísicos a lo grande y de forma muy ingeniosa a pesar de sus modestos recursos.

De verdad no puedo expresar mejor lo mucho que he disfrutado The Endless, y lo reconfortante que es ver que Benson y Moorhead continuan haciendo un cine de terror diferente y que no tiene temor de explorar sus ideas. Es también una película que, como decía más arriba, invita a ser revisada más de una vez. Si tenéis la oportunidad de verla en un pase comercial, no la dejéis pasar por ningún motivo.