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lunes, abril 02, 2018

Reseña: XX (2017)

Lanzada de forma modesta el año pasado pero con cierta repercusión una vez llegó su estreno digital, XX (2017) es otra cinta de antología temática de las que tanto parecen abundar hoy en día y de las cuales ya hemos tocado numerosos ejemplos, casi siempre girando alrededor de un gimmick que sirve de punto de unión para los diferentes segmentos que la componen. En esta ocasión, el gancho está en que los cuatro relatos independientes están todos dirigidos por mujeres. Este detalle es quizás su punto más interesante y aquello que me hizo querer verla, aunque el resultado ha sido una ligera decepción por varios motivos. 

El primero de ellos es que en general no ha sido lo que se dice muy memorable salvo por el primer segmento, titulado The Box y basado en un cuento corto de Jack Ketchum. Este relato es el mejor de los cuatro y uno que tiene un tono inmejorable que hubiese funcionado muy bien para toda la antología. Los otros tres son una comedia de terror acerca de una mujer intentando ocultar un cadáver durante la fiesta de cumpleaños de su hija, una historia de campistas que se encuentran con un monstruo invocado por unas misteriosas pinturas rupestres, y un relato sobre el Anticristo contado desde la perspectiva de su madre humana y el vínculo que esta llega a sentir con un hijo al que no puede evitar amar a pesar de ser literalmente la encarnación del Mal.

Este último segmento, por cierto, me pareció muy curioso porque aunque no sea tan memorable en sí mismo, es el único de los cuatro que cuenta con una premisa exclusivamente femenina, a diferencia de los tres restantes que tocan temas más genéricos. Es también una premisa muy buena y genuinamente interesante que podría perfectamente haber sido ampliada en forma de largometraje. El episodio está dirigido por Karyn Kusama, una directora que ya hemos reseñado aquí con películas interesantes como Jennifer’s Body (2009) o la excelente The Invitation (2015) y que es la única cineasta del conjunto que se puede considerar conocida en el horror mainstream, un detalle extraño por sí mismo ya que normalmente estas cintas de antología suenen reunir nombres con cierta trayectoria. Teniendo en cuenta que en los últimos años ha habido varias ejemplos de directoras de terror que han alcanzado renombre, no deja de resultar raro.

A pesar de todas sus carencias, XX tiene momentos muy interesantes, grandes aciertos a nivel estilístico y, en general, un acabado menos comercial que la hace al menos más arriesgada en comparación con muchas de sus contemporáneas a pesar de que el resultado final sea un tanto olvidable. Insisto en que el primer episodio es el único realmente redondo, pero sabe a poco en una película algo mediana que desaprovecha muchas de sus oportunidades.  

lunes, febrero 05, 2018

Reseña: Prom Night 3 (1990)

Comencé este año con un propósito firme en Horas de oscuridad, y es completar algunas de las muchas sagas que tengo abiertas en nuestra siempre creciente lista de reseñas. Con este objetivo en mente, acometí la nada desdeñable tarea de revisar Prom Night 3: The Last Kiss (1990), a menudo señalada como la peor de toda la saga iniciada en 1980, pero también la única que guarda algún tipo de continuidad argumebtal con sus antecesoras. Es una película curiosa que tuvo un muy breve paso por los cines y que a pesar de su aparente coherencia con su predecesora inmediata, abandonó cosi por completo el lado de terror para abrazar su condición de comedia/parodia, por desgracia con resultados no muy buenos.

En esta tercera entrega nuevamente tenemos la figura del fantasma de Mary Lou Maloney, la reina del baile de graduación que murió la noche del baile en los años cincuenta y cuyo espíritu vengativo regresa para llevar a cabo una carnicería con los estudiantes de su antiguo instituto. Es importante destacar aquí que a pesar de que tenemos a la misma villana de la por otro lado muy superior Prom Night 2 (1987), esta secuela no parece seguir la trama iniciada por la anterior, sino que cuenta otra historia completamente distinta en la que el fantasma de Mary Lou se obsesiona con un joven que se fija en ella durante una noche en los pasillos del instituto y poco a poco comienza a cargarse a todos aquellos que se interponen en el camino al éxito de su nuevo amor, para luego desatar su furia sobre él una vez que se ve rechazada.

De entrada el argumento es poco interesante teniendo en cuenta el mucho más marcado tono de poderío femenino de la anterior, pero la mayor presencia de un humor subido de tono y sonrojante en ocasiones es lo que realmente tira la película abajo en más de una ocasión, sobre todo teniendo en cuenta que al mal guión hay que sumar unas abismales actuaciones por parte de un elenco evidentemente demasiado mayor para estar en un instituto. Esto es mucho más obvio en el caso de la propia Mary Lou, interpretada aquí por otra actriz y en un tono completamente distinto que en nada calza con la supuesta socarronería de la historia. Todo esto suma una película imposible de tomar en serio como cinta de terror pero al mismo tiempo sin la gracia de la segunda entrega, a la que en ocasiones intenta imitar pero ante la cual siempre termina quedándose corta, sobre todo en la única secuencia que podría calificar de interesante: un clímax que transcurre en una especie de mundo fantasmal paralelo habitado por el fantasma de Mary Lou y sus víctimas y que habría funcionado mucho mejor en una cinta que se tomara un poco más en serio su propia premisa.

Prom Night 3 fue en su época un fracaso de taquilla aunque encontró una nueva vida en formato doméstico, probablemente por parte de completistas como yo que habían quedado impresionados con la segunda parte de la saga. No se me ocurre otro motivo para hablar de ella, honestamente. 

miércoles, enero 31, 2018

Reseña # 702: Killer Klowns From Outer Space (1988)

Confieso que nunca llegué a ver Killer Klowns From Outer Space (1988) en la época en que se estrenó y se hizo famosa, cosa que hasta cierto punto agradezco porque en aquel entonces mi gusto por el cine de terror era muy distinto y muy posiblemente no habría sabido apreciar la que sin duda es una de las películas más singulares de los ochenta, una comedia de horror única que comienza, al igual que sus contemporáneas La noche del cometa (1984) y Lifeforce (1985) como una vuelta a los preceptos de la ciencia-ficción de los cincuenta (y, no olvidemos, la explotación del fenómeno mediático del cometa Halley) para luego darles la vuelta mediante el aprovechamiento de una estética completamente desquiciada y un tono que yo por lo menos no he vuelto a ver en una cinta de este estilo.

Este argumento comienza de la forma en que tantas veces se ha hecho, con un pueblo pequeño y típicamente americano donde unos jóvenes ven aterrizar una nave espacial llena de alienígenas invasores, sólo que estos tienen el aspecto de payasos, en total coherencia con toda la parafernalia que los acompaña: una nave con forma de tienda de circo, animales de globo que cobran vida, pasteles de nata que derriten a sus víctimas y pistolas que disparan algodón de azúcar. Nada de esto se puede tomar a risa: a pesar de que la película evidentemente nunca llega a ser seria, la amenaza de los payasos es real, las muertes son reales y la comedia tiene lugar únicamente gracias al absurdo contraste entre la naturaleza festiva de los villanos y la terrible masacre que desatan en el pueblo.

Killer Klowns From Outer Space es también la única película (hasta la fecha) dirigida por los hermanos Stephen, Charles y Edward Chiodo, que también la produjeron y escribieron el guión. Los hermanos Chiodo venían del mundo de los efectos especiales y habían trabajado ya en Critters (1986), otra cinta de planteamiento muy similar aunque menos extravagante que esta. Su experiencia previa es muy probablemente el factor determinante en que la película tenga un énfasis tan grande en la estética por encima del argumento o las actuaciones, pero funciona; el look colorista de los payasos y la tremenda imaginación que desbordan sus armas y comportamiento es sin duda lo más memorable hasta el punto de que casi no puedo recordar las caras de los miembros del elenco. Esta estética tan bien trabajada es también algo que compensa todas las demás carencias técnicas que la cinta puede tener, con un nivel de producción que parece mucho más alto de lo que realmente es, y llevando ideas muy sencillas y en un principio estrafalarias como los trajes de látex a nuevos límites de efectividad. De hecho el efecto especial más complejo de todos era una escopeta que disparaba palomitas, la cual por algún motivo que se me escapa los hermanos Chiodo insistieron en que debía funcionar de verdad.

A diferencia de lo que ocurrió con muchos otros ejemplos del cine fantástico serie B de los ochenta, el público y la crítica supieron reconocer desde el principio la grandeza de una película como Killer Klowns From Outer Space, la cual alcanzó un nada desdeñable éxito y se convirtió en una cinta de culto que por desgracia no tuvo continuidad ni en forma de secuelas ni en lo que se refiere a la carrera como cineastas de los hermanos Chiodo, quienes hasta la fecha siguen trabajando en el campo de los efectos prácticos, marionetas y animación stop-motion. Pasó mucho tiempo antes de que la viera por primera vez aunque de vez en cuando la recupero y me sigue pareciendo muy disfrutable, ingeniosa y sobre todo tremendamente atractiva tanto en el apartado visual como en el tono. El término "clásico de medianoche" se inventó para esto.

lunes, enero 29, 2018

Reseña # 701: Tremors (1990)

En un mundo perfecto, Tremors (1990) sería sin duda una película mucho más reverenciada. Tengo recientemente vistas sus muchas continuaciones, pero tenía más de una década que no me acercaba a la película original, y decidí resucitarla para este especial tras darme cuenta de que era mucho mejor de lo que la recordaba inicialmente y que se sostiene muy bien tras 28 años desde el momento en que se estrenó (no olvidemos además que se presentó al público en enero, el mes por lo general menos agraciado para los estrenos del Hollywood comercial). La verdad es que se trata de más que simplemente una curiosa película de monstruos con Kevin Bacon: la Tremors original es una cinta muy bien construida que conjuga casi perfectamente su reverencia hacia el cine de monstruos gigantes de toda la vida con momentos muy originales, unos personajes muy bien montados y un humor que no desentona precisamente porque aborda su descabellada premisa de forma seria y para nada condescendiente. Es una auténtica joya que vale la pena revisitar.

Tremors es también partícipe de ese arquetipo de héroes de clase obrera que popularizara John Carpenter en su momento: Val y Earl (unos enormes Kevin Bacon y Fred Ward) están hartos de la vida miserable que llevan en Perfection, Nevada, un pueblo de mierda con dos hileras de casas-remolques con poco más de una decena de habitantes. Un buen día deciden escapar de allí sólo para descubrir que se encuentran atrapados por criaturas gigantes que viven bajo tierra y que mantienen el pueblo sitiado mientras devoran a los vecinos uno a uno. Sin lugar a donde ir y sin forma de conseguir ayuda del exterior, estos dos improbables héroes deben unirse al resto del pueblo para encontrar la forma de acabar con las criaturas y salir con vida.

En su momento, lo más memorable de Tremors para mí, y tal como suele ser siempre con este tipo de películas, eran los monstruos, y aquí no decepcionan. El fantástico diseño de las criaturas está muy bien presentado porque se va revelando al espectador de forma gradual, quien no descubre sino más adelante que aquello que ataca a Val y a Earl en una primera ocasión no es sino una pequeña extremidad de un bicho mucho más grande que vive bajo tierra y que ataca a sus presas guiándose por el sonido y viajando a toda velocidad en las arenas de esos grandes paisajes abiertos de Nevada (aunque la película está rodada en California). En este sentido fue un gran acierto que el poster oficial se realizara mucho antes de la película y que para ello usaran un monstruo totalmente distinto a lo que vemos en pantalla, algo que hoy en día habría sido inaceptable pero que en aquel entonces parecía ser algo habitual. La forma en que las criaturas están representadas es no sólo terrorífica sino también hasta cierto punto realista, o al menos coherente en cuanto a las posibilidades de los monstruos, con lo que la amenaza que enfrentan nuestros protagonistas es creíble y cada ataque se siente como algo terrible que se aborda de forma seria a pesar de que la película tiene notables pinceladas de humor y momentos de auténtica farsa. El mayor ejemplo de esto se da no en el trabajo de Bacon y Ward sino en los que sin duda alguna son los mejores personajes de la película: la pareja conformada por Heather y Burt Gummer, interpretados por la cantante de country Reba McEntire y el actor Michael Gross, uno de los protagonistas del sitcom ochentero Lazos de familia y que aquí hace a un personaje diametralmente opuesto, un superviviente obsesionado con las armas que termina teniendo razón, lo cual no es poca cosa porque este tipo de personajes son a menudo ridiculizados en el cine y aquí por el contrario se convierte en uno de los héroes más entrañables del elenco. Suyas son algunas de las mejores escenas  de la cinta y no es de extrañar que su personaje haya ido cobrando mayor relevancia con las secuelas.

Es esta combinación entre personajes humorísticos en medio de una película de terror "seria" lo que representa quizás el mayor acierto de una cinta como esta y uno de los aspectos que sigo recordando incluso todo este tiempo después. En su momento tuvo un éxito moderado siendo referenciada hoy en día como poco más que una serie B por sus responsables, pero se volvió omnipresente durante su etapa en formato doméstico hasta el punto que terminó convirtiéndose en una larga saga con secuelas directo-a-DVD en las que sus actores principales fueron desapareciendo progresivamente a medida que las películas iban dejando atrás su componente de horror en favor de la comedia y unos efectos especiales más cutres. Nada de eso puede opacar la grandeza de esta primera entrega que sigue siendo tan recomendable como el primer día. 

lunes, marzo 06, 2017

Reseña: Deathgasm (2015)

Directamente desde Nueva Zelanda nos llega el primer largometraje como director de Jason Lei Howden, hombre de efectos especiales apadrinado por Peter Jackson quien aquí se marca un muy interesante debut. Deathgasm (2015) es en muchos sentidos el sueño de todo fanático de este género, una comedia de horror en ocasiones brillante que mezcla el sentido del humor de antiguas joyas como The Evil Dead (1981) o Braindead (1990) con la sensibilidad estética del heavy metal, sin jamás perder el norte ni caer en la autoparodia. Pero al mismo tiempo, es una historia de amor juvenil y de superación personal que resulta entrañable incluso si no se es cercano a este tipo de música. Es también la historia del triunfo de un marginado, lo cual no debería sorprendernos porque el metal (y especialmente en su variante más oscura) siempre ha sido la música de los parias por excelencia: muéstrame un fan del heavy metal y te mostraré a un antiguo nerd.

En Deathgasm, dos jóvenes metaleros liberan por accidente a una entidad demoníaca al tocar un antiguo disco de vinilo de un artista de quien se decía tenía un pacto con seres de otras esferas, con lo que su trivial incursión en la magia negra pronto tiene terribles consecuencias cuando los demonios comienzan a poseer a sus vecinos y causar una masacre en los alrededores. Esta trama se intercala con la típica historia juvenil de un perdedor que se enamora de una chica por encima de "su nivel", quien no sólo se enfrentará con ellos a los demonios sino que incluso desde temprano es seducida por el poder emocional de la música que nuestro protagonista escucha. Lo mejor de todo es que estas dos tramas son presentadas sin ningún atisbo de ironía, sino más bien como un homenaje sincero tanto a la música como al cine de terror festivo. Es probablemente la mejor película de terror que he visto en torno al género del Metal, y aparte como comedia de horror está muy bien hecha.

Por supuesto, teniendo en cuenta el director que se encuentra detrás, los efectos especiales son en su mayor parte de carácter práctico, y la cantidad de sangre en pantalla es algo demencial, tanto que es imposible tomar la violencia en serio, cosa que nos recuerda a cada momento al hacer del enfrentamiento con los demonios algo que se aborda siempre en plan de comedia. Incluso la resolución del conflicto, que por supuesto no voy a revelar aquí, participa de este tono y termina de vincular a la película con esa celebración de una música supuestamente violenta y agresiva. Hay momentos muy buenos a nivel de comedia, y tiene además la ventaja de contar con unos protagonistas simpáticos que ganan ante nuestros ojos una vez que se desata la masacre y deben enfrentarse a los demonios armados hasta los dientes con todo tipo de artilugios caseros. 

No negaré que en algunas ocasiones sus dotes cómicas llegan demasiado lejos, como ocurre por ejemplo con un monstruo final un tanto risible a nivel de estética, pero en todo lo demás Deathgasm es un gran acierto, y si eres de los que estaba indeciso por darle una oportunidad ahora que está disponible, entonces no lo pienses más. Para mí fue una de las comedias de horror más interesantes del año en que se estrenó, y sin duda alguna una genuina y auténtica carta de amor a la música "satánica" que le ha dado razón de ser. Muy recomendable y sobre todo muy divertida.

miércoles, agosto 17, 2016

Reseña: Holidays (2016)

Demostrando por encima de todas las cosas que no hay que tener miedo a un buen gimmick, Holidays (2016) es una nueva cinta de terror de antología que en estos momentos anda rodando por varios servicios de streaming y que se perfila como una muy buena opción para la sesión de Noche de Brujas de este año. Consta de ocho episodios dirigidos por una camada de cineastas muy distintos entre sí, y no siempre reconocibles en el género de terror. El gancho en esta ocasión es que cada uno de los ocho segmentos está dedicado a una festividad en particular: San Valentín, San Patricio, Pascua, el día de la Madre, el día del Padre, Halloween, Navidades y Año Nuevo. Asimismo, y en clara continuidad con otras antologías recientes como V/H/S (2012) o The ABCs of Death (2012), cada uno de los segmentos está hecho por un director distinto que aporta su visión y estilo único a cada trabajo.

Esta variedad trae la ya inevitable consecuencia que todos conocemos y que no es otra que la desigual calidad de los relatos que componen la película, aunque curiosamente el más flojo de ellos termina siendo dirigido por el cineasta más veterano del conjunto. Lo que sí me sorprendió es que ninguno de los segmentos de Holidays termina siendo una historia cerrada como tal sino que en la mayoría de los casos el enfoque está puesto sobre la atmósfera, la estética o simplemente un concepto que se lleva a cabo y que parece estar por encima de un argumento convencional. Esto hace que la película, contra todo pronóstico, termine siendo un trabajo menos comercial y accesible de lo que originalmente hubiese pensado, y aunque el grado de efectividad de las propuestas varíe de una historia a otra, la singularidad de la que parte cada una de ellas hizo que la cinta cobrara un gran interés ante mis ojos y se convirtiera en algo distinto que en mi opinión ha valido mucho la pena.

De todos los segmentos, el más impresionante para mí ha sido el dedicado al Día del Padre, dirigido por Anthony Scott Burns, encargado de efectos especiales quien curiosamente no ha dirigido hasta la fecha ningún largometraje, y cuyo trabajo tiene la atmósfera más conseguida de todas e incluso el argumento más interesante y que más me ha atrapado, además de contar en el papel protagonista con la bellísima Jocelin Donahue, a quien probablemente recordaréis por su participación en La casa del diablo (2009). El suyo es el mejor de todos los relatos sin duda, y me ha hecho sentir una gran curiosidad por los trabajos que este cineasta nos puede traer en el futuro. Como contraparte, el más prescindible de los segmentos termina siendo dirigido por Kevin Smith, el más rodado de todos estos directores y el único que parece no haber tenido ni idea de qué hacer con el material que se le ha dado, desperdiciando así la premisa en un principio más atractiva (Halloween) por partida doble: no solamente el relato en sí es pobre hasta decir basta sino que encima no tiene absolutamente nada que ver con la Noche de Brujas más allá de estar ambientado en la noche del 31 de octubre.

Por las encontradas opiniones que ha despertado, Holidays no parece ser una película para todo el mundo, y ha terminado por ser menos accesible de lo que prometía, pero teniendo en cuenta que la premisa de una antología de historias basadas en diferentes festividades era algo que estaba destinado a ocurrir, me alegra que haya sido una cinta de horror independiente la que haya dado el paso adelante. Hay aquí algunas historias muy buenas, imágenes retorcidas y fuera de lo común, y sobre todo algunos nombres de los que sin duda estaré buscando más cosas para traer a colación aquí.

martes, diciembre 22, 2015

Reseña: Krampus (2015)

Desde hace algún tiempo atrás vengo reivindicando la Navidad como época perfecta para una maratón de películas de terror, por encima incluso de Halloween, y aún así debo reconocer que en los últimos años estábamos cortos de ejemplos que pudiesen formar parte del imaginario de horror de estas fiestas. En este sentido la llegada de Krampus (2015) ha sido toda una sorpresa, y para variar de las más positivas que he tenido últimamente. Por mucho que este personaje del folklore austro-bávaro se haya puesto de moda últimamente (de hecho no es la primera ni la segunda cinta que hay por ahí suya), estamos ante una gran historia de terror que a pesar de su ligereza tiene un gran componente de crueldad y está llamada a convertirse en una referencia del horror navideño como en su momento lo fue Gremlins (1984). Así de contento he quedado.

Todo esto, repito, ha sido toda una sorpresa para mí, puesto que las anteriores cintas que tenían al Krampus de protagonista habían sido por lo general subproductos bastante lamentables, por lo que cuando por primera vez escuché hablar de este proyecto no estaba lo que se dice muy entusiasmado. Mis esperanzas aumentaron al ver que al frente de todo estaba el director Michael Dougherty, quien después de la muy recomendable Trick'r Treat (2008) se apuntaba nuevamente a un relato de horror basado en una festividad, y ha sido precisamente adaptando un personaje que ni siquiera forma parte de la tradición americana aunque sí de un arquetipo muy popular en este tipo de cine: el Papá Noel malvado. En el fondo es de eso de lo que trata Krampus: la pérdida de fe de un niño en la Navidad que invoca a un terrible demonio que viene a castigar a aquellos que han destruido la esencia de las fiestas. Ya desde los créditos iniciales se nos deja muy claro que el principal tema de esta película es la degradación de la Navidad y el ajusticiamiento de sus profanadores a través de unos monstruos que hablan mucho de los orígenes paganos de esta celebración.

Y es precisamente en este imaginario donde la película de Dougherty destaca: el diseño de las criaturas, y especialmente del propio Krampus, es glorioso, completamente alejado de cualquier atisbo de caspa o ironía, y a pesar de sus muy evidentes intenciones cómicas durante gran parte del metraje hay escenas y secuencias realmente horribles que no temen ni siquiera a meter caña a través de la muerte (espantosa) de niños. En un principio la película parece engañarnos debido a un elenco compuesto en gran medida por actores famosos por comedias, pero el tono de la película está perfectamente equilibrado y aunque nunca llega a ser realmente terrorífica, tampoco llega a ser del todo cómica. La comparación de arriba con Gremlins en este sentido no es nada fortuita porque al igual que aquella construye la comicidad al mismo tiempo que presenta una amenaza real que pone la vida de los protagonistas en verdadero peligro.

Unos efectos especiales muy buenos, un diseño de criaturas sobresaliente y una atmósfera muy buena que me recordó en más de un momento a otras películas de estado de sitio como La niebla (2007), Krampus es el nuevo clásico de las Navidades y probablemente la película que más satisfecho me ha dejado este año, un año en el que los trabajos más interesantes han estado fuera de lo común. No llega a los niveles de excelencia de Trick´r Treat, pero es sin duda muy recomendable como ejemplo de un tipo de cine que ya no se hace, aquel que puede servir para iniciar a un joven público en el cine de terror, una oscura fantasía muy superior a cualquier otro ejemplo de Papá Noel maligno que se me pueda ocurrir ahora mismo. 

sábado, noviembre 21, 2015

Reseña: The Final Girls (2015)

The Final Girls (2015) es una comedia de terror que despertó un considerable interés en varios festivales, mucho antes de que tuviese la oportunidad de verla. No deja de sorprenderme teniendo en cuenta que, después de todo, se trata de una película muy sencilla que probablemente habría pasado desapercibida de no haber tenido ya el precedente de The Cabin in the Woods (2011), con la que comparte el espíritu meta y las ganas de hacer leña de las convenciones más manidas del horror, concretamente del slasher ochentero y de Viernes 13 (1980) en particular. Pero no nos engañemos: esta es una cinta menos ambiciosa que aquella producción de Joss Whedon, con pretensiones más encaminadas hacia una comedia ligera. No es que no tenga puntos destacables, pero los que hay no tienen nada que ver (en mi opinión) con el género que parodia sino con otros aspectos que mencionaré luego.

Tal como se mencionaba en otras ocasiones, el argumento se asemeja mucho a aquel que habíamos visto en El último gran héroe (1993), con unos personajes que literalmente se meten dentro de una película slasher de los ochenta y deben sobrevivir a las artes de su asesino poniendo atención a las reglas y clichés propios de este tipo de cine. Hay además un agregado dramático en el hecho de que la protagonista se reencuentra en la película con su recientemente muerta madre, una actriz en decadencia que tenía un personaje en aquella cinta y a la que la chica intentará ayudar a sobrevivir a cualquier precio.

El elemento añadido en este drama de la madre muerta y la necesidad de dejar atrás el dolor causado por la pérdida es probablemente el punto más interesante de The Final Girls, ya que el argumento en sí no es lo que se dice muy original y el punto meta está tratado de una forma muy superficial teniendo en cuenta que otras cintas del pasado lo han explotado mucho mejor, no sólo la ya citada The Cabin in the Woods sino incluso otros ejemplos menos mainstream. Incluso el humor que la película se gasta me pareció muy básico, casi siempre girando en torno a los inevitables guiños tanto a la Viernes 13 original como a otras cintas ambientadas en campamentos como The Burning (1981) o Sleepaway Camp (1983). Hay algunas decisiones estéticas interesantes en la recreación del mundo "ficticio" de la película y en la forma como desmonta el típico argumento de un slasher film, pero en general me pareció una película muy sencilla en cuanto a su alcance y únicamente destacable por su tramo final en el que la alegoría de la protagonista aceptando finalmente la muerte de su madre (y convirtiéndose, por derecho propio, en una chica final) se hace tan evidente que le termina dando un toque especial.

En definitiva eso es todo lo que pude sacar del visionado de The Final Girls. Quizás si vais a verla con expectativas un tanto más bajas y con la idea de ver una parodia de cine de terror ligera podáis disfrutarla más y reconocer su valor en cuanto a las escasas ideas originales que maneja. Por lo demás no deja de ser un producto comercial hecho además como vehículo de lucimiento de jóvenes estrellas televisivas como su protagonista Taissa Farmiga, últimamente muy dada a participar en historias de terror al igual que su hermana mayor, en un curioso paralelismo con el argumento de esta cinta de la que hablamos hoy.

jueves, octubre 29, 2015

Reseña: Tales of Halloween (2015)

Siguiendo con este mini-ciclo dedicado a la Noche de Brujas, otra película que tuve la oportunidad de ver este verano fue Tales of Halloween (2015), la cual, tal como su nombre deja entrever, participa de la relativamente reciente moda de las cintas de antología como V/H/S (2012) o The ABCs of Death (2013), pero esta vez con las festividades de Halloween como tema principal. Al igual que las dos cintas antes mencionadas, esta que tenemos aquí hoy también ofrece el gancho de que sus diez historias están realizadas por diez directores distintos, entre los que se cuentan nombres muy sonados del cine de terror como Darren Lynn Bousman, Neil Marshall o Lucky McKee. En este sentido lo tiene todo para triunfar, y sin embargo el resultado me entusiasmó más bien poco.

El principal motivo creo que tiene que ver con unas falsas expectativas que me había creado. Lo cierto es que Tales of Halloween tiene otra visión de la Noche de Brujas muy distinta a la que realmente me interesa; no estamos hablando aquí de un aprovechamiento del lado mitológico de la fiesta de Samhain sino más bien del lado lúdico de la festividad en la cultura americana, y para eso la cinta incluso reduce su escenario a un ambiente único que declara abiertamente sus intenciones. Es así como las diez historias que componen el largometraje tienen lugar todas en una misma noche y en un mismo barrio, aspecto que por cierto está muy bien hecho ya que incluso algunos extras y personajes secundarios se repiten, con lo que hay una muy buena idea de unidad que para variar está muy bien llevada a cabo. Hay que reconocer que el ambiente de suburbio americano está realizado de forma muy eficaz pero también es algo ya muy visto y que en ocasiones me parece la salida fácil a este tipo de argumentos.

De todas formas, mi principal problema con la película reside en la desigual calidad de sus segmentos, algo inevitable si se tiene en cuenta que son diez y que por lo tanto muchos de ellos son apresurados al estar comprimidos dentro de un único largometraje de noventa minutos. Además sus pocas ambiciones se dejan notar en su entrega casi incondicional a la comedia. Ninguno de los diez segmentos es del todo "serio"; todos ellos inclinan la balanza hacia la comicidad (algunos con más éxito que otros), con un toque nostálgico más cercano a una versión en anfetaminas de los cómics de la EC, y (lo que quizás es más grave) la uniformidad del estilo hace que todos ellos se parezcan demasiado y se diluya la personalidad individual de sus respectivos directores. En realidad todos los segmentos parecen hechos por el mismo director y en las pocas ocasiones en que reconocí al autor de los segmentos fue por el elenco. Por ejemplo: reconocí el segmento de Lucky McKee (uno de los mejores, por cierto) sólo porque en él actuaba Pollyanna McIntosh, la espectacular protagonista de The Woman (2011). La verdad es que la cantidad de cameos que hay en esta película es impresionante y en ocasiones es un gusto irlos reconociendo. Lástima que la escasa duración de los episodios haga que la mayoría se quede en la superficie.

Tales of Halloween es para un tipo de público muy específico, ese que se disfraza en la Noche de Brujas y siente simpatía por los monstruos y el lado más juguetón de las fiestas. En ese sentido es una película muy interesante con grandes momentos y algunos trabajos sobresalientes, aunque se quedará corta para aquellos que busquen un relato de terror puro ya que incluso en sus momentos más fuertes vemos aquí unas intenciones más inclinadas hacia la comedia de horror colorida que a cualquier otra cosa. Con todo eso es muy buena y si estáis buscando algo para ver en grupo y celebrar el 31 de octubre esta es una muy apropiada opción.

sábado, octubre 10, 2015

Reseña: Ava's Possessions (2015)

Al igual que como me ocurrió con Tucker and Dale vs Evil (2010), con Ava's Possessions (2015) el principal punto de interés que le hallé fue precisamente su premisa, tan evidentemente atractiva desde el punto de vista de una comedia de horror que para mí resulta todavía sorprendente el que nadie lo haya intentado antes. El tema de las posesiones diabólicas ha sido tocado hasta el hartazgo en los últimos años, pero con la posible excepción de aquella parodia con Leslie Nielsen y Linda Blair titulada Reposeída (1990), la verdad es que no había visto un acercamiento cómico que abordara de forma exclusiva este tema. Esta que tenemos aquí hoy, además, lo hace con inteligencia y con un conocimiento del subgénero muy amplio que esconde algo que siempre se ha comentado de las películas de exorcismos: que en el fondo son elaboradas metáforas de problemas como la adicción o los trastornos psicológicos, temas que se tocan también aquí.

La premisa a la que me refiero es la siguiente: la protagonista es una joven llamada Ava que, previsiblemente, ha sido poseída por un demonio y exorcizada. La diferencia es que en esta ocasión la trama comienza donde estas historias normalmente terminan: después del exorcismo, cuando Ava, ahora liberada por fin de la entidad que la mantenía sometida, debe afrontar las consecuencias legales de todo lo que hizo mientras el demonio habitaba en su cuerpo. Como única alternativa para evitar ir a la cárcel, la joven acepta ingresar en un programa de ayuda destinado a víctimas de posesiones diabólicas, donde descubrirá a otros como ella y se dará cuenta de que quizás su inesperado huésped no ha terminado todavía de martirizarla.

A partir de aquí se construye una muy interesante película que va no tanto sobre posesiones diabólicas y mucho en cambio sobre la situación de vulnerabilidad en la que queda alguien dañado por situaciones como los trastornos mentales o la toxicodependencia. Digo estas cosas no porque en la película se mencionen sino porque todos los aspectos del grupo de ayuda y las situaciones de abuso y peligro por las que pasa Ava son calcadas de este tipo de argumento. Claro, la película en el fondo sigue siendo una comedia, pero el trasfondo es mucho más siniestro de lo que originalmente parece aún con su estética indie y su constante sátira de la nada envidiable situación de su protagonista. Lo consigue, como decíamos arriba, mediante el aprovechamiento de una premisa con mucho potencial, algo que se nota en cómo da respuesta a numerosas interrogantes que surgen de este tipo de cine: en un mundo donde las posesiones diabólicas son reales, ¿quién se encarga de los daños ocasionados por los poseídos? También es muy divertida la forma en que cada personaje lidia con su situación, destacándose especialmente una jovencita del grupo de ayuda que añora la conexión especial que tenía con su demonio y que hará lo que sea para ser poseída de nuevo.

En fin, una comedia de terror muy divertida que no sólo conoce bien el subgénero que está parodiando sino que encima logra colarnos un trasfondo mucho más oscuro de lo que parece. El hecho de que incline la balanza tan fuertemente hacia la comedia probablemente impedirá que se convierta en un clásico, pero aquellos que sepan pasar esto por alto la disfrutarán mucho. Yo ciertamente lo hice.

jueves, marzo 26, 2015

Reseña: Tusk (2014)

Antes de comenzar a hablar de Tusk (2014) creo necesario mencionar que nunca he conseguido comulgar del todo con la obra de Kevin Smith. Uno de los principales motivos de ese prejuicio es lo cargante que me parece ese personaje que ha creado en torno a sí mismo y que en muchas ocasiones ha prevalecido por encima incluso de sus películas, algo a lo que parece contribuir de forma consciente. De todas formas, había escuchado opiniones muy encontradas de la cinta de la que hablamos hoy, la primera de su trilogía canadiense y su nuevo acercamiento al género de terror desde la desconcertante (aunque interesante, he de admitir) Red State (2011). De todas formas, y para dejar demostrado cómo en muchas ocasiones las anécdotas personales del director quedan por encima de su obra, hay que hablar un poco de cómo se gestó la cinta ante la que hoy nos encontramos: como muchos saben ya, esta película parte de un charla que el propio Smith mantuvo en su podcast en la que se hizo referencia a un supuesto anuncio de Craiglist en el que un hombre ofrecía una habitación gratuita con la condición de que el inquilino se pusiera de vez en cuando un traje de morsa que había confeccionado. A partir de esta bizarra anécdota (que probó más adelante ser falsa) Kevin Smith empezó a construir en directo un posible relato de terror pidiendo a su audiencia que votara a través de Twitter si quería que la película se realizara o no. El resultado salta a la vista.

Y eso es precisamente lo que tenemos con Tusk. En un alarde de metatextualidad con mucho de autobiográfico, la película cuenta la historia de un joven aspirante a cómico que consigue gran fama a a través de un provocador podcast muy popular y que viaja a Canadá en busca de historias extrañas qué relatar en su programa. El personaje principal es muy coherente con la obra de Smith y de hecho en muchos aspectos no es sino una versión exagerada de sí mismo: un antiguo nerd catapultado a la fama gracias a su corrosivo ingenio y que ha terminado por adoptar una máscara que ha suplantado por completo su personalidad y lo ha convertido en un ser arrogante y egocéntrico. Es sin duda un personaje muy bueno y muy bien construido, lo que ciertamente ayuda una vez que se topa de frente con el horror y asistimos a su muy prolongado sufrimiento. A partir de aquí es mejor que no cuente nada más porque mientras menos se sepa del argumento mejor, cosa por otro lado difícil ya que el propio director lo ha destripado en numerosas ocasiones.

Sabiendo ya todas estas cosas, y siendo consciente de entrada acerca de lo polarizadas que han sido las opiniones en cuanto a ella, debo decir que la película me sorprendió de forma muy positiva, al menos en mayor medida de lo que hizo en su momento Red State. Hay sin duda muchos aciertos, el principal de ellos un elenco que nuevamente echa mano de Michael Parks (más desquiciado que nunca y bordando su papel a la perfección), un Justin Long que canaliza muy bien su rol de alter-ego de Smith, así como algunas sorpresas tales como un Haley Joel-Osment adulto y hasta Johnny Depp en un caricaturesco papel por el que ni siquiera aparece acreditado con su nombre verdadero. Todo esto no hace sino resaltar el tremendo nivel de absurdo de una propuesta que va entre la comedia negra y una historia de horror truculenta al estilo de The Human Centipede (2009), inevitable y obvia referencia una vez que llegamos a la premisa principal.

Pero si algo está claro es que no es una película fácil ni una que vaya a calzar muy bien con todo tipo de público. En ocasiones se hace un tanto larga y reiterativa y muchas veces se vuelve autocomplaciente al regodearse de forma excesiva en su propio absurdo (hay escenas de diálogos con el personaje de Johnny Depp que parecen eternas), y tanto la confrontación final como el desenlace sólo se pueden tomar a broma. Ha sido precisamente este final, y el momento durante los créditos cuando escuchamos el podcast que dio origen a la idea, lo que finalmente me terminó de convencer que una vez más Kevin Smith está troleando a su público y que toda la cinta (al igual que la mayor parte de su carrera) no es sino una broma jugada a expensas de la audiencia. Esto en parte explica las reacciones tan variadas y las emociones tan intensas que despierta su director. En todo caso, me ha parecido una película interesante que merece ser vista, a pesar de todas sus carencias.

domingo, marzo 01, 2015

Reseña # 599: Tucker and Dale vs Evil (2010)

Tucker and Dale vs Evil (2010) es otra de esas de las que quería hablar hace ya mucho tiempo, y no porque me pareciese muy destacable; de hecho el resultado final está muy lejos de tener un estilo formal diferente al de gran parte de la comedia de horror mainstream. Pero es precisamente por eso que en su momento me sorprendió al encontrarme con una película que introdujo un concepto novedoso y mucho mejor llevado a cabo de lo que me esperaba, una idea que recicla uno de los más manidos clichés del cine de terror actual y lo transforma en una película muy divertida y redonda.

Este concepto al que me refiero (para aquellos curiosos que aún no hayan visto la cinta) es un giro a la clásica puesta en escena de otra de esas historias de paletos asesinos acabando con un grupo de guapos jóvenes citadinos, tal como ya ha hecho Deliverance (1972), Las colinas tienen ojos (1977) o la más cercana Wrong Turn (2003), pero con un gancho adicional: ¿que pasaría si estos rústicos asesinos fuesen en realidad personajes inofensivos y bondadosos, y las muertes que se producen a su alrededor no fuesen más que una sarta de terribles accidentes y malentendidos? Y exactamente eso es lo que pasa cuando el intento por parte de Dale de entablar conversación con una jovencita de ciudad da inicio a una historia de falso secuestro en la que los jóvenes visitantes se convierten en el máximo peligro para los dos protagonistas al decidir "rescatar" a su amiga de las garras de aquellos siniestros montañeses. El resultado es, de nuevo, muy divertido, y mayoritariamente inclinado hacia la comedia. De hecho si la comentamos en un blog de cine de terror es únicamente por el concepto y porque la película es generosa en su muestra de violencia, sangre, mutilaciones y desmembramientos varios.

Aunque claro está que el concepto no habría funcionado si no fuera por la manera tan eficiente cómo el elenco maneja el material. En este sentido confieso que el último re-visionado confirmó mi impresión inicial y es que no termina de convencerme la presencia de Alan Tudyk en el papel de Tucker. No porque me parezca malo su trabajo, sino porque tiene el inconveniente de que, para mí al menos, ya resultaba una cara demasiado familiar tras haberlo visto tanto en Firefly como en numerosas comedias durante la década del 2000, lo que tuvo como resultado que me saliera en muchas ocasiones de la película. Por otro lado esto se compensa con Tyler Labine en el papel de Dale, todo un descubrimiento y un actor que borda su personaje de adorable rústico a la perfección, sin caer jamás en lo que hubiera sido el fácil lado grotesco de su papel (no olvidemos que Tucker y Dale son los héroes de la película), además de que la química que comparte con Tudyk es enorme y los dos hacen una pareja cómica más que eficiente. El resto del elenco está muy bien, y desde aquí reivindico a Katrina Bowden como scream queen y a Alan Moss como rastrero y odiable villano de polo y pantalones cortos.

Evidenciados todos estos elogios, la única pega que le encuentro a Tucker and Dale vs Evil es que su formato y estilo de comedia comercial americana le ha pasado factura y ha impedido que se extienda su culto entre los aficionados de un cine de terror más extremo. Después de todo, no hay muchas sorpresas en cuanto al argumento y la cinta hace gala de gran parte de los clichés de comedia romántica que uno se podría esperar en una producción de este tipo. Esta ligereza general en ocasiones choca un poco con el humor negro de algunas secuencias y la insinuación de aspectos un tanto truculentos como la auténtica historia de slasher rural que se oculta detrás de la compra de la canaña de Tucker y Dale. Sin embargo, reconozco que esta es una queja muy subjetiva y personal que tengo. Lo cierto es que después de todo estamos ante una parodia muy bien construida de un género de terror más que explotado. E insisto: al menos es algo original que (hasta donde sé) nunca se había intentado antes por increíble que parezca. Si no la habéis visto hasta ahora, tenéis que darle una oportunidad.

miércoles, enero 14, 2015

Reseña: Wolfcop (2014)

Hay que reconocer al menos las ambiciones de una película como Wolfcop (2014), fácil de despreciar en un primer vistazo pero que sin duda funciona (o intenta funcionar) en varios niveles: por un lado es una evidente comedia de horror sin temor alguno a aprovechar sus limitaciones técnicas, sin llegar a ser completamente irónica pero mostrando un entusiasmo muy similar al que durante años tuvo la Troma Films. Pero por otro lado, esta parodia del cine de licántropos funciona también como un intento de emular el género de superhéroes, ya que es sólo después de haber sido mordido cuando el protagonista, un policía corrupto, inepto y alcohólico, consigue convertirse en el justiciero que su comunidad necesita y obtener la fuerza necesaria para derrotar a una banda de criminales. Esta idea la hace al menos mucho más interesante de lo que se puede intuir por su premisa.

En el apartado de terror, por supuesto, hay muy poco, a pesar de que la película tiene marcadas referencias a clásicos del cine licantrópico como El hombre lobo (1941) o Un hombre lobo americano en Londres (1981), y al igual que estas gran parte del metraje transcurre viendo al protagonista adaptarse a su condición de monstruo. Pero como mencionábamos arriba, lo interesante aquí está en la inversión de roles, ya que lejos de convertirlo en un peligro, la transformación del protagonista saca lo mejor de él. Eso sí, a pesar de su tono abiertamente cómico, la película es muy violenta y su carga de subtexto sexual está muy marcada. 

Lo mejor que tiene Wolfcop, sin embargo, es el apartado de comedia. En su mayoría es muy básica, y gran parte de los chistes giran en torno a las bajezas del protagonista tanto antes como después de su transformación, pero tiene momentos muy buenos y tanto el argumento como la ejecución son tan bizarros que la alejan de una comedia convencional. Es conveniente, eso sí, no acercarse con muchas expectativas, ya que ante todo es una película bastante mediana que dista mucho de ser la comedia de licántropos definitiva. De todas formas, la escena después de los créditos promete una secuela que probablemente lleguemos a ver. 

viernes, enero 09, 2015

Reseña: Go Goa Gone (2013)

Vi Go Goa Gone (2013) en un festival sin saber nada de ella, sin haber escuchado nada ni visto ningún trailer, y pensé al principio que sería una comedia de zombis más de las que tanto abundan hoy en día. Al final resultó ser más interesante de lo que creía y hasta puedo decir que tiene un par de detalles que la hacen destacar un poco por encima de sus congéneres, aunque no nos engañemos: gran parte de su atractivo tiene que ver con el disfrute del exotismo de una propuesta realizada en un ambiente que no nos es familiar, algo que la película sabe y con lo que juega intencionalmente. En ese sentido, esta primera producción de zombis del Bollywood mainstream tiene menos en común con piezas de culto como Shaun of the Dead (2004) y más en cambio con Juan de los muertos (2011), aunque no alcance el nivel de estas dos. Lo interesante, eso sí, es que esta producción también sabe hacer una sátira de varios de los lugares comunes que normalmente asociamos con el cine indio, llegando incluso a hacer mofa evidente del en ocasiones absurdo grado de censura que hay en dicha industria.

Lo hace ya desde su premisa inicial: un grupo de amigos acude a una fiesta secreta en una isla cerca de la costa de Goa, donde gran parte de los asistentes han consumido una droga experimental que los convierte en zombis antropófagos. Esta premisa, que por cierto ya se había explotado de forma casi idéntica en la mucho menos destacable Return of the Living Dead: Rave to the Grave (2005), se convierte en un discurso de sátira recurrente sobre las drogas que impregna prácticamente todo el metraje incluso antes de que comience la película en sí: no más comenzar la cinta, asistimos a un momento en que uno de los actores, Sajid Ali Khan, lanza un discurso contra el cigarrillo y habla de su experiencia como fumador, presagiando el momento en que aparecerá un cartel en pantalla advirtiendo sobre los peligros de la adicción cada vez que alguno de los personajes salga bebiendo o fumando. Esta práctica termina obviamente convirtiéndose en un chiste e ironizando sobre el supuesto tono pedagógico de una película llena de tiros, falsos acentos rusos, y por supuesto cadáveres ambulantes que devoran carne humana.

Al final la principal baza que tiene a su favor Go Goa Gone es que con todo y su ligereza es una película muy divertida que tiene algunos momentos muy buenos, como por ejemplo todo lo concerniente a la manera en cómo los zombis son derrotados. Aunque el estilo de comedia que maneja es muy convencional, tiene la ventaja de contar con un elenco muy carismático, no sólo los chicos protagonistas sino también el propio Sajid Ali Khan, quien tiene el que sin duda es el personaje más memorable de la cinta. Esta es una de esas que muy probablemente no va a cambiar la vida de nadie, pero que es sin duda superior a la mayoría de las repetitivas comedias zombífilas que nos hemos tenido que tragar en los últimos años.

sábado, noviembre 29, 2014

Reseña: Stage Fright (2014)

A pesar de manejar un buen concepto y de tener innegables aciertos, tengo que reconocer que Stage Fright (2014) me supo a poco y en mi opinión no consiguió hacer justicia a las expectativas que se generaron debido a su premisa. Es verdad que la idea de un musical de horror no es nueva, pero los referentes de un ejemplo reciente como Repo! The Genetic Opera (2008) quizás nos queden demasiado lejos, mientras que esta película de la que hablamos hoy parte de una base temática con la que todos los que lean esto seguramente estarán muy familiarizados ya que la cinta aborda el género slasher siguiendo un patrón evidentemente tomado de clásicos como Scream (1996) y, sobre todo, Sleepaway Camp (1983), con la que tiene obvios e intencionales parecidos.

De hecho el argumento es muy similar al de varios de los ejemplos de slashers de principios de los ochenta, con un crimen del pasado y el resurgimiento de los crímenes por parte de un asesino enmascarado que comienza a cargarse a los integrantes del elenco y equipo de un musical maldito que está siendo escenificado de nuevo por un grupo de chicos en un campamento de teatro. Esto último me parece de lejos el punto más destacable de la película, ya que la inclusión de este campamento no sólo funciona como una parodia de series como Glee sino que también otorga una mirada muy graciosa a la obsesión de los theater geeks y su vulnerable mundo. Es ahí de donde la película saca algunos de sus mejores momentos cómicos a pesar de que en el apartado del terror le falta todavía.

Aquí probablemente sea donde no me ha convencido mucho; Stage Fright intenta jugar en su indefinición de forma un tanto torpe, y nunca termina por decantarse del todo como una comedia o como una película slasher de toda la vida. Encima el misterio acerca de la identidad del asesino está muy claro prácticamente desde el principio no sólo porque sean pocos los personajes que encajan con su perfil sino también porque la propia película lo evidencia si uno conoce cuáles son los referentes que maneja de décadas pasadas. Pero la que quizás sea la mayor de sus carencias es que la película, después de todo, es poco musical; los números musicales no son tantos como cabría esperar a pesar de lo que se muestra en el trailer, con lo que en todo momento se siente que sus responsables no han querido dar a la cinta el toque radical que necesitaba.

Con todo y eso, es una historia entretenida que tiene algunos aciertos innegables y un muy buen elenco. Hubiese deseado sólo que se decantara más hacia el horror o hacia la comedia y que se hubiera decidido a incluir un mayor número de canciones que justificasen su condición de musical de horror. De hecho, algo que comentaba la gente al salir de ella es que la reinterpretación de dichas canciones en clave heavy metal durante los créditos finales resultaron ser mejores que las versiones que se escuchaban durante la película. Eso sí, de lo que sí me han quedado ganas es de ver una adaptación kabuki de El fantasma de la ópera como la que se ve aquí. 

jueves, noviembre 20, 2014

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

domingo, noviembre 09, 2014

Reseña: Abierto hasta el amanecer 2 (1999)

Ligera decepción, debo decir, ya que me esperaba que la presencia de Robert Patrick como actor elevara un poco el resultado. Lo hace en cierta forma, pero no lo suficiente para alzar Abierto hasta el amanecer 2 (1999) hasta un nivel medianamente destacable. Lo digo además con bastante sinceridad ya que por todos es bien sabido que la primera parte dirigida por Robert Rodríguez tampoco está precisamente entre mis favoritas, pero al menos tenía un encanto propio y una energía muy peculiar de la que esta secuela carece.

De entrada hay dos cosas que hay que destacar de esta segunda parte: una de ellas es que se aleja un poco del tratamiento de horror y aumenta en gran medida las dosis de comedia (algo que queda claro ya desde ese prólogo con Bruce Campbell y Tiffany Amber Thiesen) haciendo de esta una parodia más que una continuación de la película de Rodríguez. La segunda cosa que hay que señalar es que sus conexiones con la original son muy escasas, y no van más allá de una muy breve aparición del Titty Twister (engañosamente resaltada en el trailer) y un cameo del personaje del barman de Danny Trejo. Esto presenta una confusión en cuanto a la continuidad ya que nunca se explica cómo es que el bar sigue en pie y el personaje de Trejo continúa con vida, a pesar de que la película deja bastante claro que esta segunda parte tiene lugar después de la primera. Pero esto es algo secundario; de lo que trata realmente la película es de un grupo de asaltantes de bancos que toma refugio en un motel de carretera en México y que ven cómo se complica todo cuando uno de sus miembros es convertido en vampiro y comienza a transformar uno a uno al resto de su grupo.

Hay que decir, sin embargo, que el argumento no es algo de lo que la película se ocupe mucho, ya que incluso pasa de comentar cosas que por otro lado parecen insólitas, como los motivos que pueden tener los vampiros del bar para atacar a los delincuentes o el por qué estos siguen interesados en robar el banco aún después de ser convertidos en monstruos. Poco importa de todas formas porque lo importante aquí es cómo se parodian los elementos de la película original hasta hacer de esta película una comedia en la que el personaje de Robert Patrick queda reducido a un carácter bastante pusilánime y el chiste de cruzar dos palos para formar una cruz se repite constantemente una y otra vez. Hay algunos guiños a la primera película pero están bastante distanciados, lo que hace que esta sea una cinta completamente distinta en la que los elementos de western de la primera parte están suavizados y en la que no hay escenas tan memorables como aquel baile de Salma Hayek o el ataque inicial de las hordas vampíricas.

No puedo negar que Abierto hasta el amanecer 2 tiene sus momentos, y que la idea de situar la acción fuera de los confines de la primera película es una buena idea. Sus carencias son básicamente el no hacer nada interesante con sus personajes y el haber confirmado a Robert Patrick como un actor cuyos mejores trabajos han sido tradicionalmente como secundario. Reconozco que la vi únicamente por completismo antes de ver la serie y que sólo recientemente me enteré de que había una tercera entrega (la cual tengo entendido que es una precuela). Esa también la veré, sin duda. Esta de la que hablamos hoy no será tan memorable como la primera, pero como parodia ciertamente podría haber sido peor.

martes, septiembre 16, 2014

Reseña: Dead Snow 2 (2014)

Tras una no muy destacable entrada hollywoodense, Tommy Wirkola vuelve a Noruega a revisitar sus orígenes y lanza la que para mí ha sido una de las mejores comedias de horror de este año. Esto es un logro nada desdeñable teniendo en cuenta que a mí, en lo personal, nunca me entusiasmó tanto la Dead Snow (2009) original, pero esta secuela hecha a lo bestia me ha parecido no solamente superior sino directamente una muy buena película que encantará no sólo a aquellos que hayan disfrutado de la original sino también a un público más escéptico.

El motivo por el cual funciona es muy sencillo: como sin duda recordaréis, la primera película basaba todo su éxito en su premisa de zombis nazis y en su secuencia final completamente desatada en la que la violencia se mezclaba con un sentido del humor muy negro. Esta segunda parte es por completo así; de hecho transcurre inmediatamente después de la primera, con nuestro héroe y único superviviente siendo trasladado a urgencias, donde accidentalmente terminan injertándole una mano zombi con superpoderes que será clave a la hora de derrotar nuevamente a las huestes de cadáveres nacional-socialistas. De entrada se puede ver que la premisa no sólo es completamente cómica sino que además juega con estructuras más típicas del cómic de superhéroes, incluyendo un némesis: el líder de los zombis nazis que a su vez se ha injertado la mano humana del protagonista y se dispone a terminar su misión de conquista y masacre.

Todos estos elementos le dan a la película un aire más fantástico y la despojan de los pocos elementos de terror que tenía la original. Lo bueno es que el propio Wirkola se encarga de compensar esto aumentando las dosis de humor hasta lo imposible ya desde el principio, así como superando el gore de la primera parte y llegando a hacer gala de una comedia muy grotesca que en mi opinión deja en pañales a la original. Quizás todo esto hace que a su director se le termine pasando la mano y abandone la película a una muy caótica escena final con el enfrentamiento entre dos ejércitos zombi y un tanque fuera de control, pero aún así resulta muy revelador comparar este trabajo con su reciente entrada en Hollywood para darse cuenta de la enorme distancia entre ambos trabajos.

Llegados a este punto ignoro si tendremos la oportunidad de ver Dead Snow 2: Red vs Dead (2014) en la cartelera comercial, pero de hacerlo sería un exitazo seguro. Fácilmente de las que más me han gustado este año, y una seria competidora para mis favoritas del 2014.

domingo, mayo 18, 2014

Reseña: Rigor Mortis (2013)

Si bien no fue originalmente mostrada en 3D, Rigor Mortis (2013) podría ser perfectamente un reverso de The Shock Labyrinth (2009), ya que tienen más de un punto en común. Dirigida esta vez a un público más adulto, esta curiosa cinta china producida por el Takashi Shimizu muestra varios de sus temas recurrentes: su obsesión con los espacios físicos cerrados, esa línea difusa entre lo fantástico y lo real, y sus fetiches estéticos entre los que destaca, tal como podéis ver en la foto que acompaña esta reseña, su constante mirada a clásicos de casas embrujadas como El resplandor (1980). Shimizu parece canalizar todos estos temas a través de su director, el primerizo Yuno Mak, creando una cinta que mezcla varios géneros como el terror, la fantasía o el cine de artes marciales, ambientando toda la historia en un ruinoso y descomunal edificio de apartamentos en Hong Kong que funciona como microcosmos. 

El edificio en cuestiones es el punto central del argumento, una gigantesca colmena urbana donde va a parar el personaje principal, una antigua estrella de cine en horas bajas que desciende a los infiernos de la pobreza y que pasa a ocupar un apartamento donde se ha cometido un crimen y que de repente se ve envuelto en un lío de ultratumba que incluye vampiros, hechiceros, fantasmas, magia negra y un largo etcétera de horrores entrelazados con dosis de comedia y artes marciales. Tal mezcla de géneros se me ha hecho menos rara tras indagar un poco en el rodaje de esta película y "descubrir" que toda la cinta es en realidad un homenaje grandilocuente al cine hongkonés de artes marciales de los años ochenta y sobre todo a la saga de películas de Mr. Vampire, de las que recicla a varios de los componentes de su elenco y de las que por lo visto toma gran parte de su estilo y énfasis en distintas figuras de la mitología china. En mi gran ignorancia de todo lo que tiene que ver con el cine asiático no conseguí pillar todas estas referencias y de hecho desconocía todo ese trasfondo del que la película goza, pero ahora que lo sé es algo que definitivamente me he puesto como tarea revisar.

La pregunta en todo caso es si la película guarda algún interés aparte de esto. Ciertamente no es para todo el mundo; su mezcla de géneros y su estética puede resultar demasiado alocada para aquellos que esperen una historia de terror, y no ayuda el hecho de que Yuno Mak no parece decidirse por ningún tono en particular saltando de la comedia de situaciones al horror puro y duro (con escenas y conceptos más fuertes de lo que inicialmente uno se puede esperar) sin previo aviso y de forma un tanto caótica. Además los efectos especiales cantan mucho en aquellas escenas que recurren a los trucos informáticos. 

Pero aparte de todo esto hay sin duda grandes aciertos estéticos (que en ocasiones se pierden por distanciamiento cultural), escenas de acción muy buenas y un clímax en forma de batalla final contra el monstruo que parece un anime con actores de carne y hueso. La influencia de Shimizu se deja notar además en los momentos de terror surrealista en el que las leyes de la física parecen no tener mucha validez. Pero sobre todo una cosa que me ha gustado mucho es ese tema central del cine como hilo conductor del argumento, como forma de evasión y de reconstrucción de la realidad. Este homenaje al que me refiero cobra una especial importancia durante el desenlace y es independiente de las referencias a las películas originales a las que hacía mención más arriba, pero cuando finalmente llega cierra la película con un tono agridulce que para mí es la forma perfecta de cerrar un relato como este. Con todo y eso la cinta no ha tenido una muy buena recepción, en parte quizás porque el cine de terror asiático hace tiempo dejó de ser un tema de interés masivo en Occidente, pero sobre todo porque esta propuesta en general quizás sea demasiado alocada como para tener algo más allá de un cierto tipo de público muy específico. 

martes, mayo 13, 2014

Reseña: American Psycho 2 (2002)

La curiosidad fue lo único que me animó a ver finalmente esta película que pasó casi desapercibida en su momento, una de esas continuaciones salidas de la nada en las que uno inevitablemente termina oliéndose una estrategia publicitaria que poco tiene que ver con las verdaderas posibilidades de continuar una línea argumental. Porque hay que tenerlo claro: a pesar de venderse como una secuela, esta película no tiene absolutamente nada que ver con la primera American Psycho (2000) y su conexión con ella es meramente anecdótica y superficial. No es el único engaño que lleva a cabo; incluso su cartel ya ofrece una imagen que al final no da: una hipersexualida Mila Kunis esgrimiendo lo que parece ser una hoz afilada. De sobra está decir que ni el arma ni los atributos de la chica hacen aparición alguna.

De hecho, si algo se puede decir de American Psycho 2: All American Girl (2002) es que estamos ante un remedo bastante light de lo que promete al ostentar el título de continuación de una película que se ha ganado un merecido culto con el paso del tiempo. La cinta de la que hablamos hoy, a decir verdad, es otro tipo de película completamente distinto, una comedia negra de corte juvenil con muy pocas pretensiones de trascendencia, algo que queda claro desde el momento en que vemos que los miembros más famosos del elenco son William Shatner y Mila Kunis, esta última de aquella época en la que sólo era conocida por la serie That 70's Show. El argumento, que se podría resumir en los crímenes de una ambiciosa estudiante criminalística que decide eliminar a su competencia para un codiciado puesto de becaria, tiene más en común con los inofensivos slashers de los noventa que con un trabajo realmente transgresor e incómodo.

Y es que la falta de originalidad o de relación con la American Psycho original no serían de por sí ningún problema; el verdadero fallo está en que la propia película es aburrida, reacia a mostrar cualquier atisbo de sexo o violencia más allá de su muy engañoso material publicitario, excesivamente descabellada en cuanto a argumento y con una última media hora que se hace francamente interminable. Honestamente no se me ocurre ningún motivo por el cual recomendar esta película aparte de esa curiosidad que me llevó frente a ella en primer lugar. Incluso en el mundo de las cutre-secuelas está hoy en día bastante olvidada, y me extraña que no se le haya buscado más filón al tener de protagonista a una estrella en sus inicios. A decir verdad, los seguidores incondicionales de Mila Kunis son el único público objetivo que se me viene ahora en mente. Todos los demás harían mejor en ver ya no la original, sino incluso aquellas películas de asesinos enmascarados noventeros a las que hacía referencia antes y que os dejarán mucho más satisfechos.