domingo, febrero 24, 2008

Reseña: Los otros (2001)

En el caso de que sea necesaria alguna clase de introducción, tendré que comenzar estas escuetas líneas aclarando que soy de los que piensan que Alejandro Amenábar es un director que está muy lejos de convencerme y cuya obra está muy por debajo de lo que la mayoría de los críticos se empeñan en hacernos creer, pero en lo que se refiere a Los otros (2001) tengo que condecerle más que eso. Sí, es cierto que su primera y (hasta la fecha) única cinta en inglés tiene muy poco de original y mucho de vampirismo cinematográfico (especialmente de aquellas películas inspiradas en La vuelta de tuerca, de Henry James, una de esas novelas a las que el cine parece volver una y otra vez), pero no es menos cierto que de todas sus películas es para mí la más redonda, la mejor acabada y la única que puedo ver sin momentos chirriantes y malos rollos. La discusión de si es o no una película de terror no viene al caso: saldo dicha polémica diciendo que para mí sí lo es, y en mayor medida que muchas de las que ya se han reseñado acá.

Los otros es también uno de los mayores éxitos taquilleros producidos en este país, y si no entusiasmó más al fandom internacional fue quizás debido a su proximidad con El sexto sentido (1999), de M. Night Shyamalan, película que a pesar de haberse estrenado dos años antes todavía estaba (y está) muy fresca en la mente del público hasta el punto de dar cabida a un gran número de estrenos en los que el horror físico se dejaba de lado para volver a los cuentos de fantasmas. Estos son tanto reales como metafóricos, especialmente el gran Fantasma de la Guerra, una presencia que se deja permear a lo largo de la cinta atrapando a los personajes en un eterno presente. El personaje de Nicole Kidman es por eso una especie de Penélope no exenta de un triste patetismo al defender el hogar y los críos no ya de unos pretendientes, sino de una Soledad (con mayúsculas) que la va cercando a ella y a sus dos pequeños, una pareja de niños afectados por una dolencia física que no les permite salir más allá de los muros de su grande y vacío domicilio.

Donde reside probablemente la mayor gloria de Amenábar es en la manera tan eficaz como logra mezclar el discurso de fábula oscura con momentos de genuino pavor muy propio de ese cine que está homenajeando/plagiando: secuencias como la del ático con sus muebles cubiertos de sábanas, la progresivamente siniestra presencia de los criados y la manera como saca a relucir aspectos macabros de nuestra cultura sin llegar nunca a recurrir al exploit (hablo aquí del famoso álbum de muertos) nos indican que el director no deja nunca de estar consciente de que, por mucho que se pretenda crear una historia alrededor de un tema, los objetivos emocionales del género de terror no tienen por qué representar una entrega a la banalidad. Es eso lo que (ante mis ojos al menos) encumbra a esta película sobre otras con similares aspiraciones, como El orfanato (2007) de Bayona, por poner algún ejemplo reciente.

Llegado cierto momento se hace tremendamente obvio cual va a ser el giro final dará la película. A pesar de eso no decepciona, ya que dicha revelación es más que un golpe de efecto: es una consecuencia lógica y coherente con la metáfora que constituye la trama. Los otros ha sido en muchas ocasiones ninguneada incluso por los mayores defensores de Amenábar, quizás por no haber sido rodada en español o por alejarse de ese cine "comprometido" con el que posteriormente se relacionaría a su director. Lo cierto es que ninguna otra de sus cintas me ha dejado como esta. Eso tiene que valer algo.

miércoles, febrero 20, 2008

Reseña: Hellraiser 3: Hell on Earth (1992)

La entrada en los noventa de la saga iniciada con Hellraiser (1987) da el pistoletazo de salida a una larga fila de secuelas en las que no solamente comenzamos a ver una progresiva decadencia, sino que también se arroja por la borda gran parte del significado de la obra de Clive Barker. Hellraiser 3: Hell on Earth (1992) es también un punto de inflexión en la saga al ahondar en un punto estético ya insinuado en Hellbound (1988): a partir de ahora es Pinhead el elemento más reconocible y "explotable" de toda esta serie de películas. El líder de los cenobitas pasa de ser una figura tangencial a convertirse en un auténtico villano no muy diferente de Jason y Freddy, que para entonces todavía daban sus últimos tumbos por la cartelera. El resultado es ampliamente mejorable, pero también es la última de las películas de Hellraiser que todavía se deja ver, y que al menos guarda cierta coherencia con la mitología propuesta por las dos entradas anteriores.

Para empezar, la cinta se encarga de mantener cierta continuidad (muy superficial) con lo que ya se nos había contado, y así vemos como un despreciable y hedonista dueño de un club de "siniestros" se hace con una rara pieza para su colección de arte: una grotesca columna de piedra que muestra escenas de dolor y tortura particularmente atrayentes. La columna es en realidad la prisión del líder de los cenobitas y el sitio de descanso de la Configuración de los Lamentos, que muy pronto cae en manos equivocadas con las consecuencias que ya conocemos. Esto se mezcla con la historia de una reportera de televisión en busca de la historia que de impulso a su carrera y que la encuentra en lo que las víctimas de Pinhead empiezan a caer como moscas.

Pero claro, esto es Hellraiser, por lo tanto es de esperar que cualquier excusa de argumento muy pronto se cae ante la complacencia de la película en cuanto a visiones estrafalarias y delirios gore. Más allá de una muy breve referencia a los eventos ocurridos en la segunda parte, las cuestiones estilísticas son la mayor forma de reconocer la obra original de Clive Barker. Lo más increíble de todo es que, aunque parezca mentira, la idea de convertir a Pinhead en una especie de pseudo-slasher no resulta tan catastrófica, ya que al menos permite el lucimiento absoluto de Doug Bradley, sin duda alguna el principal atractivo de la película. Ciertamente la historia se pierde un poco al buscar motivaciones innecesarias en el también innecesario pasado humano del líder de los cenobitas, pero el espíritu mefistofélico del personaje permanece intacto en la presentación de un duo aquetípico que ya se había manifestado en las dos cintas anteriores: el "liberador" corrupto de Pinhead y la víctima "pura" que se vinculan a través de la configuración del puzzle que abre las puertas al infierno. Donde probablemente la película falle sea en su debilucha trama y una casposa secuencia final en la que unos muy estrafalarios neo-cenobitas siembran el caos y el pánico en la ciudad ante la mirada de todo aquel que se pasee por allí. Este momento banaliza la amenaza de los personajes y desvirtúa gran parte del ocultismo que ha caracterizado a la saga, además de mostrar cierta carencia de ideas y en los responsables de esta entrega.

Hell on Earth puede que no pase de ser medianamente disfrutable debido a sus propios excesos, pero sigue siendo de las entregas de Hellraiser que se pueden apreciar. El plano final, además, deja abierta la posibilidad de una secuela que (todos sabemos ya) llegó y no fue la única. Pero eso es materia para otra ocasión.

miércoles, febrero 13, 2008

Reseña: 30 días de oscuridad (2007)

Espero todos sepan perdonar de antemano si excedo el tono pajillero de este comentario, que es debido sin duda a una circunstancia inusual: el de 30 días de oscuridad (2007) es el primer caso en el que veo una película basada en un cómic después de haber leído el cómic en cuestión. De todas maneras aquí va la opinión resumida: a pesar de ser una película entretenida y pasable, resulta también una decepción total y un estreno menor muy por debajo de sus posibilidades.

Al igual que su fuente producto de Steve Niles y Ben Templesmith, esta adaptación a cine cuenta con una historia muy básica y sencilla: la de un grupo de vampiros venidos de tierras lejanas a lanzarse sobre la yugular colectiva de Barrow, Alaska, un remoto pueblo cercano al círculo ártico que, en un momento específico del año, se ve sumido en una larga noche que dura un mes. Ahora los habitantes del pueblo deben unir fuerzas alrededor de su sheriff para repeler a las criaturas y asegurarse de no convertirse en comida para los no-muertos. Las carencias argumentales se compensan de la misma forma que en la original: una estética envidiable, especialmente en el caso de los chupasangres que aquí se ven como unos auténticos monstruos de fauces abiertas y expectantes ojos negros.

La mayor paradoja de 30 días de oscuridad es que, si bien resulta tener una trama tan escueta y típica como la del cómic en el que se basa, no son pocos los intentos por parte de sus creadores de dotarle de una mayor complejidad argumental, intentos que por lo general se quedan bastante pobres. No me explico de otra forma la extraña decisión de convertir al matrimonio de policías que protagonizaba el cómic (perfectamente creíble en un contexto social y geográfico como el que plantea la historia) por una pareja en pleno conflicto doméstico de separación digno de cine familiar, un vericueto que sólo tiene sentido como una tentativa bastante superficial de dar una mayor "profundidad" a sus personajes mediante la introducción de un conflicto que en la fuente original no existía y que aquí es completamente insulso y prescindible. Pero esto no es lo peor: el mayor peso argumental de los humanos ha causado una nefasta simplificación de los vampiros con respecto a lo que mostraba la obra de Steve Niles. Los chupasangres de la película de David Slade son aún más "monstruosos" y menos humanos que los del cómic, y la criminal ausencia del más interesante de ellos hace que desaparezca por completo el conflicto que la novela planteaba entre las filas de las criaturas de la noche. Para colmo, el momento en que uno de los restantes suelta la frase principal de este personaje desaparecido, dicho parlamento no tiene ningún sentido.

Sin embargo, lo curioso de las criaturas de 30 días de oscuridad es que resucitan una vertiente discursiva que constituía la base del cine de vampiros desde los tiempos de Nosferatu (1922): la idea de la amenaza animal e irracional que viene de afuera. Este detalle (presente también en el cómic) convierte la historia en toda una alegoría de xenofobia (entendiéndose en el sentido más literal de la palabra, sin excesivas cargas morales). Y de hecho, el carácter foráneo de los vampiros de David Slade no puede resaltarse más, no solamente en el hecho de que hablan un idioma diferente al humano, sino incluso en sus vestimentas típicamente eurotrash en contraste con los simples paletos boreales. Hasta el mismo personaje de Eben lo resalta en una arenga de aldeanismo que reinvidica el aislamiento como bien moral. El mismo sheriff es un personaje interesante muy alejado del prototipo de héroe, ya que sus acciones iniciales son auténticamente cobardes e incluso egoístas. Es una lástima que todos estos detalles discursivos se hayan visto reducidos por culpa de unos vampiros despojados de gran parte de su humanidad y de su atractivo como personajes, no como monstruos (1).

En fin, si bien resulta un acierto a nivel estético y en cuanto a algunos detalles muy específicos, como película ha sido una decepción bastante grande, especialmente considerando el peso de la publicidad que la ha precedido. Lo que podía haber sido una de las películas de vampiros más cañeras de los últimos años se ha convertido, gracias a la simplificación de sus personajes en simples monstruos, en una vulgar película de zombis inteligentes, con unos cuantos momentos de brutalidad que no sorprenden después de haber visto Abierto hasta el amanecer (1996). Una pena que no merece (en mi opinión, claro) más que un justo aprobadillo.


(1) Otra de las cosas que no me puedo creer es que la película de Slade no haya aprovechado y reproducido la que era sin duda una de las imágenes más poderosas del cómic: la de los vampiros en el horizonte mirando a Barrow con el hambre en sus rostros. Esta omisión da paso a una de las mayores carencias de la película: nunca vemos llegar a los vampiros; de repente ya están allí.

domingo, febrero 10, 2008

Muy pronto... 200

En el número 200 de Dylan Dog (como ya saben todos, el único cómic que sigo) la publicación del "Investigador de las pesadillas" se vestía de lujo con una edición en colores y una historia de esas que todo fan esperaba con ansias. El episodio, titulado muy apropiadamente "El número doscientos" contaba, entre otras cosas, los inicios de Dylan como detective, su salida del alcoholismo y el origen de la relación tan especial que el personaje tiene con el jefe de policía Bloch y su fiel asistente Groucho (no sabemos realmente quien es este extraño personaje con pinta del más famoso de los hermanos Marx, pero al menos sabemos por qué Dylan le ha aguantado todos estos años).
De la misma forma (y por supuesto sin querer buscar paralelismos inmerecidos con el cómic), Horas de oscuridad está cada vez más cerca de las doscientas reseñas. Les propongo el mismo juego de la vez anterior: enviénme sugerencias para las tres reseñas "especiales" que adornarán esta humilde página de aquí a unas semanas (doy tiempo para ello debido a que es más que probable que tendré que buscar algunas películas que seguro me lanzarán lectores mucho más eruditos). La vez pasada el palmarés se lo llevaron El aullido (1981), solicitada por mi querido tío Protheus, y El pueblo de los malditos (1960), a petición del señor Eki, así como un placer que me permití al colgar un texto sobre la versión original de El amanecer de los muertos (1979), una de mis películas de terror favoritas de toda la vida.
Todas las sugerencias serán escuchadas. Hasta entonces, doscientas gracias por pasar.
Y ya para cerrar: ¿qué pasa con esa película de Dylan Dog? ¿Llegaremos a tenerla algún día?

martes, febrero 05, 2008

Tres tristes trailers 14

Para el que esto escribe, el tutubo de la semana es, definitivamente, el trailer de The Happening (2008), la nueva película de M. Night Shyamalan. Al verlo se hacen comprensibles dos cosas: por qué esta es una de las cintas más esperadas por todos aquellos que codiciamos una nueva entrega del director de grandes películas como El protegido (2000) y La joven del agua (2006), y el hecho de que esta la primera incursión de su director en el cine con clasificación "R". Y es que The Happening parece ser una vuelta al cine de ciencia-ficción mezclado con terror que el director ya había demostrado con Señales (2002), una película con la que esta tiene más de un punto en común, principalmente el de tratarse de una situación apocalíptica vista desde una perspectiva minimalista: una familia que huye. La naturaleza del evento no está del todo clara salvo un detalle: suicidios en masa, pero en que forma (en el avance se me ponen los pelos de punta al ver, por ejemplo, la escena de la obra). A dejarnos los dientes hasta junio.

En el otro lado de la balanza (de interés) está Shutter (2008), remake americano de una cinta de terror tailandesa de hace cuatro años y que sonará bastante a todos los fans del terror oriental. Mi escaso interés por esta película no tiene nada que ver con aversión alguna hacia los remakes o con el hecho de que Joshua Jackson me parece un actor realmente cargante, sino simplemente a que la original jamás me ha parecido una película particularmente notable más allá de unas cuantas secuencias muy específicas, y en su mayor parte plagiadas del inconfundible estilo del japo-terror que hoy por hoy ha terminado por convertirse en otro cliché más. A juzgar por el avance, y muy a pesar de que evidentemente han reproducido cual fotocopia algunos de estos momentos, se aprecian dos cosas: por un lado, la reorientación de la trama hacia una historia explotativa de fenomenología muy al estilo de White Noise (2005). Por otro lado, la curiosa decisión por parte de la Fox de ambientar la historia en Japón en vez de Tailandia, algo que se explica si tenemos en cuenta el hecho de que el director contratado es el japonés Masayuki Ochiai, director de Infection (2004), y especialmente las nada disimuladas ganas que tiene la Fox de repetir el éxito de The Grudge (2004).

Y ya para cerrar uno que seguramente todos habrán visto ya: el trailer de The Cottage (2008), comedia de horror de producción británica que sigue el camino trazado por cintas como Shaun of the Dead (2004) o Desmembrados (2006). Como estas dos, The Cottage parece que nunca llega a ser una parodia ciento por ciento, ya que las imágenes que nos llegan de este particular slasher rural destacan por una truculencia que poco tiene que ver con las carcajadas altisonantes. A destacar la presencia de Andy Serkis en un papel diferente a los que le han dado más fama últimamente (es decir, mostrando su propio cuerpo en pantalla en lugar de una animación digitalizada). Muy a pesar de que varias de las cosas que apreciamos en este alocado avance las hemos visto mil veces en otras películas, no deja de ser una apuesta curiosa que esperamos que de buenos frutos.

jueves, enero 31, 2008

Reseña: La noche de los muertos vivientes (1990)

En el mundillo de los remakes, hay uno en particular que siempre ha sido larga e injustamente ignorado por la mayoría, y es La noche de los muertos vivientes (1990), primer largometraje como director de Tom Savini y uno de esos raros ejemplos en el que la revisión de un clásico en cierta forma complementa el visionado del original. Por un lado se entiende; después de todo, la película de Savini vino en un mal momento histórico, ya que el cine de zombis no solamente ya no estaba de moda, sino que había sido totalmente ridiculizado gracias a los esfuerzos paródicos de El regreso de los muertos vivientes (1985) y, por supuesto, el videoclip que dirigió John Landis para la canción Thriller, de Michael Jackson. Para ese entonces nadie podía siquiera pensar que la idea de los cadáveres ambulantes hambrientos de carne humana pudiera ser interesante, y es una lástima porque esta versión de la ópera prima de George Romero es, en efecto, una muy buena película que mereció un mejor destino.

El mismo Romero escribe el guión, y en su momento no estuvo demasiado entusiasmado con la idea, razón por la cual esta película no se limita a reproducir su propio trabajo. Por el contrario, si bien ambas parten de la misma situación inicial (un grupo de desconocidos que se atrinchera en una cabaña para combatir las hordas de no-muertos), los veintidós años que separan el remake de la original se notan en la evolución de los personajes protagonistas y en el juego que Romero ofrece al espectador que ya conoce su (para entonces) trilogía de zombis. No en balde la primera escena se reproduce de forma casi igual a la de la original hasta que tiene lugar el curioso guiño en el cual Romero "engaña" al público haciéndole creer que la aparición del primer cadáver reanimado sucederá igual que en la primera película. Esta pequeña pausa precede el sobresalto cuando el verdadero zombi se abalanza sobre los personajes (y nosotros) indicándonos que ahora sí vienen a por tí, Barbara.

Por cierto, es en este personaje donde mejor se nota la evolución zombífila a la que ha llegado el guión de Romero. Si en su trilogía anterior habíamos visto el progresivo cambio de rol de los personajes femeninos, en esta película lo vemos en todo su apogeo. La Barbara de la versión del 90 nada tiene que ver con la catatónica e indefensa fémina de la película original, un hecho que la protagonista no hace sino resaltar al cambiar su falda por unos pantalones y asegurarle a Ben que "no está entrando en shock". Este último, por cierto, pierde protagonismo en esta versión pero al mismo tiempo resulta un personaje mucho más interesante, aunque sea por los matices de un actor como Tony Todd que sabe transmitir la escalada de violencia e insensatez que se desata en su confrontación con el señor Cooper, quien alcanza aquí unos niveles muy altos de cabronismo e individualismo residuales de la cultura del Yo de la era Reagan. Con todo esto, es en el final cuando la película resalta el discurso sociológico de la original al mismo tiempo que lo lleva a unos niveles si se quiere aún más pesimistas, y lo que es curioso: no por ser más explícito deja de tener su contundencia.

La dirección de Tom Savini (quien por cierto no se encarga esta vez de los efectos especiales) es lo suficientemente ágil como para hacer que la película no decaiga en ningún momento, muy a pesar de algunas secuencias específicas que pecan de inverosímiles, como si las películas de terror ocurrieran en un mundo en el que los personajes están destinados a tomar decisiones erradas (y sin embargo, es la primera cinta de zombis que recuerdo donde alguien sugiere que quizás lo mejor sea pasar corriendo entre ellos).

Más allá de la obviedad cronológica, La noche de los muertos vivientes es una bisagra perfecta entre el cine de terror de los ochenta y la década de los noventa. En una época en la que, por lo general, el género de zombis estaba decantándose por la parodia o por el camino fácil de la caspa explotativa, la llegada de una cinta que se tomaba los cadáveres vivientes como algo serio pasó por debajo de la mesa, error que siempre estamos a tiempo de remediar.

lunes, enero 28, 2008

Reseña: Silver Bullet (1985)

Como buen fanático de Stephen King, hubo una época en la que forzosamente tenía que ver cualquier cosa que se basara en su obra, y la verdad es que había de donde escoger. Prácticamente no hay pieza alguna de su época ochentera (que es, a la vez, su punto más alto como estrella literaria) que no haya sido llevada al cine, por supuesto con varios grados de calidad. Silver Bullet (1985), que en España se tituló inexplicablemente como Miedo Azul (en serio, alguien tiene que decirme por qué) es una de las medianas, no tan nefasta como algunas pero muy lejos de la calidad de otras películas como Carrie (1976) o El resplandor (1980). Esta que nos ocupa hoy es una de las que recuerdo haber visto de joven, y tras más de veinte años me doy cuenta de que no ha envejecido nada bien.

Específicamente, Silver Bullet es una adaptación de la novela corta El ciclo del hombre-lobo, historia de licántropos que el autor de Maine luego recicló en gran medida para uno de los capítulos de It, una de sus novelas más conocidas. Pero a diferencia de la mayoría de las películas que tratan sobre este tipo de monstruos, la historia no se centra en el hombre que recibe la maldición, sino en los humanos que deben enfrentarse a la criatura, con lo que la trama adquiere los tintes de un cuento de terror clásico muy parecido a aquel del niño pastor y el lobo. De hecho, el argumento principal gira alrededor de un niño parapléjico llamado Marty (el antiguo ídolo adolescente Corey Haim) que la noche del cuatro de julio descubre que el misterioso asesino que ha estado masacrando a varias personas del pueblo es en realidad un licántropo. Si logra escapar es únicamente gracias a la silla de ruedas motorizada que la ha construido el chapuzas de su tío, quien es la única persona que puede ayudarle a identificar al monstruo y acabar con él.

A partir de esta pequeña mezcla de licántropos con típico whodunit americano, la película logra momentos muy buenos incluso cuando no tiene que ver nada con el terror; la relación entre Marty y el irresponsable de su tío (que únicamente es un adulto en cuanto a su edad) se siente muy real. En cuanto al hombre-lobo, debido principalmente al hecho de que durante la mayor parte del metraje no sabemos quién es, sólo hay una escena de transformación, aparte claro está de una secuencia onírica muy buena y que es sin duda la mejor escena de la película. Por desgracia el resto de la película no es asi, y llegamos a tener momentos que sólo se pueden tomar a cachondeo, como la escena en la que los habitantes del pueblo, hartos de los acosos del "asesino", salen a cazarlo en medio de un bosque lleno de niebla.

Encima de eso, la película sufre un bajón considerable una vez que se revela quien es el hombre-lobo, ya que su discurso parece cambiar por completo para pasar a ser una historia de terror más convencional. La confrontación final de Marty contra el licántropo se ve así asesinada por uno de los monstruos más cutres que jamás se hayan visto (detalle que es más decepcionante aún si tenemos en cuenta que el responsable de la criatura fue el normalmente genial Carlo Rambaldi). Otro grave error de la película es que, si bien parece estar siguiendo constantemente el punto de vista de Marty, hay ocasiones que son interrumpidas por la voz en off de la hermana, lo cual no es más que un intento por mantenerse fieles al estilo de la novela original.

Como adaptación de Stephen King, Silver Bullet no está entre las peores que se han hecho, pero queda bastante lejos de una recomendación que vaya más allá de la nostalgia de los ochenta. Algunos elementos de su historia son destacables, pero mucho me temo que esos sean atribuibles únicamente al formato de relato de miedo infantil de la novela original. Para películas de licántropos sigue siendo mucho mejor acercarse a otras como Un hombre-lobo americano en Londres (1981), El aullido (1981) o la más reciente Ginger Snaps (2000). Eso seguro.

viernes, enero 25, 2008

Reseña: Halloween (2007)

A estas horas no quedará nadie (al menos de los visitantes de esta página) que no se haya acercado ya a Halloween (2007) de Rob Zombie, una de las películas más esperadas del 2007 y que finalmente terminó por estrenarse en España a principios de este año. El tratamiento que este director le ha dado a una de las cintas más celebradas de John Carpenter ha resultado ser bastante digno, si bien muy por debajo de lo que había logrado con sus dos películas anteriores. Los fracasos y aciertos del remake de Zombie se deben, respectivamente, a sus ansias de homenajear a uno de sus ídolos y a la utilización de una historia ajena para escarbar aún más en su estética personal.

Porque lo mejor de este nuevo Halloween, sin duda, es la primera mitad, en la que Rob Zombie utiliza la historia de los orígenes de Michael Myers y su locura psicópata para escribir otro capítulo en esa gran crónica del white trash que ya había esbozado con sus anteriores cintas. Ciertamente recurre a un montón de tópicos (padrastro abusivo, madre incapaz y un ambiente opresivo lleno de violencia y humillación), pero estos en ningún momento me han parecido exagerados ni explotativos; por el contrario, son perfectamente coherentes con el universo temático del director, destacando la imagen de ese niño andrógino cuyo placer por el sufrimiento ajeno es la única vía de escape a una realidad en la que él es siempre el más débil y tonto de los que le rodean. De allí la película evoluciona al pulso narrativo que se da entre Michael y el psiquiatra Sam Loomis (personaje que está aquí mucho mejor empleado y desarrollado que en la película original), un hombre que, al igual que el público, busca entender las razones del comportamiento de Michael y lo que se esconde tras su voluntad de matar. Con el pasar de los años esto probará ser una búsqueda estéril, y tras fugarse del manicomio donde le han encerrado (en una secuencia harto desagradable incluso para los estándares de Rob Zombie), Michael regresa a su antiguo suburbio de Haddonfeld a sembrar la muerte entre sus habitantes.

Es en esta segunda mitad donde la película de Zombie pierde gran parte de su fuerza; tal como se ha dicho en innumerables ocasiones, esta segunda mitad de Halloween no hace sino resumir la película original salvo ligeras diferencias (entre ellas un mayor número de bajas), con lo que cabría preguntarse qué ha sido de la delicada mirada introspectiva que el director nos había mostrado. Al final, tal como descubre Sam Loomis, resulta que la locura de Michael Myers no tiene explicación más allá de la violencia como única expresión posible de la emocionalidad. Pero aquí el director ha pecado de un gran exceso, porque no creo que sean necesarias dos horas de película para llegar a esa conclusión. Sin embargo, a pesar de estos fallos, hay que quitarse el sombrero a la manera como Rob Zombie ha diseccionado el género slasher desnudándolo por completo y ofreciendo sus aspectos más básicos hasta el punto en el que el mismo asesino se quita voluntariamente la máscara para mostrar su veneración hacia la final girl a la que se enfrenta. También la relación con el sexo típica de estos psicópatas enmascarados tiene aquí su explicación: las chicas de esta película utilizan su sexualidad como un elemento de humillación y ridículo, empezando por la insoportable hermana mayor de Michael y terminando con las no menos exasperantes amigas de Laurie Strode.

Lo más interesante es que, con todo esto, Rob Zombie no está haciendo un homenaje al "mito" de Michael Myers, sino al contrario: lo está destruyendo, de la misma manera en que un niño destruye un reloj al que abre para ver cómo funciona. A eso se debe el largo prólogo explícativo de la máquina de matar y el hecho de que, a diferencia de la película de Carpenter, esta versión no deja abierta la posibilidad de una secuela (un detalle clave que la diferencia de prácticamente todo el resto del género). Al final, la carta de amor que Rob Zombie y sus amigos (es impresionante la cantidad de luminarias del terror y la serie B que se pasean por esta película) han escrito a la obra original de JC queda lastrada por un metraje excesivo y por una también excesiva reverencia al maestro (no sólo en lo que se refiere a la segunda mitad sino también al uso del tema musical original, que aquí parece no encajar demasiado bien), pero es sin duda uno de esos remakes buenos que vale la pena ver para apreciar el trabajo de alguien que no sólo ha visto Halloween, sino que además lo entiende. Habrá diferencia de opiniones en cuanto al resultado final, pero la diferencia es que aquí se aprecia el tono de un artista de verdad.

miércoles, enero 23, 2008

Tres tristes trailers 13

A estas alturas ya todo el mundo habrá visto el trailer de Diary of the Dead (2008), así que su inclusión aquí no debe ser vista más que como una queja de que a estas alturas y faltando menos de un mes para su estreno en Estados Unidos no tengamos aún una fecha de lanzamiento en España. De todas formas, aquellos pocos que aún no lo hayan visto no negarán que el abuelete Romero se ha sumado a esta nueva ola del horror de telerrealidad que parece estar ahora tan de moda. Por desgracia, las expectativas crecen cada vez más (lo cual nunca es bueno para una película) pero es lo que suele pasar cada vez que tenemos la oportunidad de ver una cinta nueva del que probablemente sea el último "autor" de cine de terror que queda con vida. Esperaremos (no tan) pacientemente.


Tras ver el avance de Repo! The Genetic Opera (2008) me reafirmo en mi posición: ver esta película es el equivalente fantacinéfilo a un salto de fe. Después de todo, un musical de terror con coreografías y vestuarios extravagantes apela a los sentimientos de un público como el de The Rocky Horror Picture Show, lo cual no siempre es fácil. Todo esto no significa que el trabajo de Darren Lynn Bousman no se vea interesante, ya que a juzgar por lo que se aprecia en las imágenes, Repo! podría ser el orgasmo final de toda la reciente y cansina moda del cine de torturas y de los clones de Saw y Hostel. Curiosamente, lo que podría alejarme de una sala de cine llegada la fecha del estreno no son las cabriolas ni las luces de neón, sino la aparente proliferación de personajes emo. Ya veremos si el bueno de Bousman se ceba con sus pálidas carnes o no.


Y llegados al trailer final se presenta un inconveniente: el avance de The Ruins (2008) muestra muchas (quizás demasiadas) cosas de la película, pero es imprescindible verlo para entender la buena pinta que tiene. Templos mayas perdidos, jóvenes incautos y una especie de monstruo vegetal son una combinación difícil de resistir. En todo caso, y muy a pesar de que no tenemos ni siquiera un aproximado de fecha de estreno en España, estaré allí muy pendiente. Aquellos más duchos en literatura fantástica quizás puedan hablarme sobre la novela de Scott Smith en la que esta película se basa.


Aprovecho para hacer una aclaración con respecto al podio del post pasado: a la hora de decidir cuales son las películas que más he disfrutado un año específico, únicamente incluyo aquellas que hayan sido estrenadas comercialmente en España durante ese año (es decir, no cuentan las fechas en que se vieron en algún festival, como por ejemplo el de Sitges).

miércoles, diciembre 26, 2007

Brevísimo ranking de horror del 2007

Como viene siendo costumbre, el último post del año es también el más odioso; aquel en el que inevitablemente surge la inútil y superflua idea de hacer una lista con lo más recomendable que nos ha caído por las carteleras españolas durante el 2007. Inútil porque de entrada es algo tan subjetivo que las posibilidades resultan infinitas, una idea absurda cuya repetición indica sólo una alta dosis de caradurismo. En el caso de este blog, esa subjetividad es más evidente al ser únicamente tres las entradas destinadas a lo que (personalmente) he disfrutado más este año. Aprovecho entonces para hacer una aclaración: muy a pesar del título de este post y estar distribuidas en forma de podio, las siguientes películas no forman realmente un ranking, y perfectamente podrían ser intercambiadas entre sí sin que eso alterara mi juicio. Las inevitables discrepancias pueden ser depositadas en la sección de comentarios, de manera que aquí van las tres ocasiones en que lo pasé peor (es decir, mejor) en una sala de cine durante este año que se acaba.

POSICIÓN No. 3

Hay una cosa que diferencia a Hostel 2 (reseña aquí) de todas las decenas de banales y repetitivas porno-torturas que últimamente apestan la cartelera: la secuela de Eli Roth se atreve a mirar su propio subgénero y cuestionarlo, mostrando algo que en un principio parece una repetición del esquema de la primera película y termina siendo una excelente parodia de la fascinación infantil por la violencia. Esos dos magnates americanos que viajan a Eslovaquia a cebarse con sus jóvenes compatriotas son la representación perfecta de aquellos individuos del público que se deleitan con la sangre en el cine pero que llorarían como nenazas si algún día viesen una herida de verdad. Si a eso sumamos lo bien que lo he pasado con el humor desplegado por el señor Roth en esta película, llego a la conclusión de que no puedo esperar por ver la gran obra futura que espero (no, no, que sé) nos brindará dentro de poco.

POSICIÓN No. 2

Al parecer todos estábamos equivocados cuando decíamos que The Host (reseña aquí) era la película oriental de monstruos definitiva. Lo que el surcoreano Bong Jon-hoo nos ha brindado, en cambio, es un regreso a las raíces mismas de ese subgénero, cuando la gigantesca criatura que asolaba la ciudad servía como vehículo para la narración de una historia que, en cierta forma, construía también una mirada al mundo moderno. En este caso, el anfibio mutante que asola las cercanías del río Han sirve como excusa para un discurso ecologista y una crítica al intervencionismo extranjero bastante evidente. Pero es que encima, la cinta es una gran película de monstruos, y tanto la criatura como sus apariciones están lo suficientemente bien hechas como para que podamos apreciarla incluso desde una perspectiva más superficial.

POSICIÓN No. 1

Y por supuesto, como no podía ser de otra forma, es REC (reseña aquí) la que cierra este podio con lo más disfrutado por mí en la cartelera de terror de este año. Más allá de rodar una película de zombis, Jaume Balagueró y Paco Plaza resucitan la sana costumbre de meter al espectador en el campo emocional que es la base de la que parten las películas de miedo. No solamente eso, sino que con ella parece ser que finalmente Filmax ha conseguido superar sus productos anteriores y ofrecer una gran película, por mucho que su premisa sea esta vez la más sencilla de todas. El año que viene, no lo dudemos, aterrizará aquí su correspondiente remake americano, pero por lo pronto, este original se confirma como lo más interesante que nos ha dado el cine de terror en este país durante el 2007. Ahora a esperar los siguientes trabajos de sus dos directores, a quienes espero le estén lloviendo las ofertas en este momento.


Y bien, con eso tenemos todo lo que hay. Aquellos que lo deseen pueden proponer su propio podio en los comentarios mientras yo me voy a dar un paseíto más o menos largo: como de momento estoy de vacaciones en mi tierra natal no actualizaré este blog por lo menos hasta la segunda mitad de enero. Hasta entonces, muchos saludos, felices fiestas y gracias por venir.


Aquí para el podio del 2006
Aquí para el podio del 2005