jueves, marzo 26, 2015

Reseña: Tusk (2014)

Antes de comenzar a hablar de Tusk (2014) creo necesario mencionar que nunca he conseguido comulgar del todo con la obra de Kevin Smith. Uno de los principales motivos de ese prejuicio es lo cargante que me parece ese personaje que ha creado en torno a sí mismo y que en muchas ocasiones ha prevalecido por encima incluso de sus películas, algo a lo que parece contribuir de forma consciente. De todas formas, había escuchado opiniones muy encontradas de la cinta de la que hablamos hoy, la primera de su trilogía canadiense y su nuevo acercamiento al género de terror desde la desconcertante (aunque interesante, he de admitir) Red State (2011). De todas formas, y para dejar demostrado cómo en muchas ocasiones las anécdotas personales del director quedan por encima de su obra, hay que hablar un poco de cómo se gestó la cinta ante la que hoy nos encontramos: como muchos saben ya, esta película parte de un charla que el propio Smith mantuvo en su podcast en la que se hizo referencia a un supuesto anuncio de Craiglist en el que un hombre ofrecía una habitación gratuita con la condición de que el inquilino se pusiera de vez en cuando un traje de morsa que había confeccionado. A partir de esta bizarra anécdota (que probó más adelante ser falsa) Kevin Smith empezó a construir en directo un posible relato de terror pidiendo a su audiencia que votara a través de Twitter si quería que la película se realizara o no. El resultado salta a la vista.

Y eso es precisamente lo que tenemos con Tusk. En un alarde de metatextualidad con mucho de autobiográfico, la película cuenta la historia de un joven aspirante a cómico que consigue gran fama a a través de un provocador podcast muy popular y que viaja a Canadá en busca de historias extrañas qué relatar en su programa. El personaje principal es muy coherente con la obra de Smith y de hecho en muchos aspectos no es sino una versión exagerada de sí mismo: un antiguo nerd catapultado a la fama gracias a su corrosivo ingenio y que ha terminado por adoptar una máscara que ha suplantado por completo su personalidad y lo ha convertido en un ser arrogante y egocéntrico. Es sin duda un personaje muy bueno y muy bien construido, lo que ciertamente ayuda una vez que se topa de frente con el horror y asistimos a su muy prolongado sufrimiento. A partir de aquí es mejor que no cuente nada más porque mientras menos se sepa del argumento mejor, cosa por otro lado difícil ya que el propio director lo ha destripado en numerosas ocasiones.

Sabiendo ya todas estas cosas, y siendo consciente de entrada acerca de lo polarizadas que han sido las opiniones en cuanto a ella, debo decir que la película me sorprendió de forma muy positiva, al menos en mayor medida de lo que hizo en su momento Red State. Hay sin duda muchos aciertos, el principal de ellos un elenco que nuevamente echa mano de Michael Parks (más desquiciado que nunca y bordando su papel a la perfección), un Justin Long que canaliza muy bien su rol de alter-ego de Smith, así como algunas sorpresas tales como un Haley Joel-Osment adulto y hasta Johnny Depp en un caricaturesco papel por el que ni siquiera aparece acreditado con su nombre verdadero. Todo esto no hace sino resaltar el tremendo nivel de absurdo de una propuesta que va entre la comedia negra y una historia de horror truculenta al estilo de The Human Centipede (2009), inevitable y obvia referencia una vez que llegamos a la premisa principal.

Pero si algo está claro es que no es una película fácil ni una que vaya a calzar muy bien con todo tipo de público. En ocasiones se hace un tanto larga y reiterativa y muchas veces se vuelve autocomplaciente al regodearse de forma excesiva en su propio absurdo (hay escenas de diálogos con el personaje de Johnny Depp que parecen eternas), y tanto la confrontación final como el desenlace sólo se pueden tomar a broma. Ha sido precisamente este final, y el momento durante los créditos cuando escuchamos el podcast que dio origen a la idea, lo que finalmente me terminó de convencer que una vez más Kevin Smith está troleando a su público y que toda la cinta (al igual que la mayor parte de su carrera) no es sino una broma jugada a expensas de la audiencia. Esto en parte explica las reacciones tan variadas y las emociones tan intensas que despierta su director. En todo caso, me ha parecido una película interesante que merece ser vista, a pesar de todas sus carencias.

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