viernes, enero 27, 2006

Reseña: El hombre-lobo (1941)

La época dorada de los monstruos de Universal Pictures comenzó en la década de los 30, cuando Drácula y el monstruo de Frankenstein rondaban por los estudios y por el imaginario colectivo de manera rampante y desvergonzada. Pero esta fiebre alcanzaría su punto más alto durante la década de los 40, cuando sus principales cabecillas decidieron liberar a su primera criatura "original" (es decir, que no estaba basada en ninguna fuente literaria). Esa criatura fue la protagonista de El hombre-lobo (1941), ícono sin par de la cultura popular y el único de los monstruos de Universal que fue interpretado siempre por el mismo actor: Lon Chaney Jr, quien se encasquetó el peludo maquillaje de la bestia en cinco ocasiones.

Si bien el cine de licántropos ya había dado un paso importante con el estreno de El hombre-lobo de Londres (1935), fue esta cinta de George Waggner la que dio comienzo a la extensa mitología de la bestias de la noche. Es necesario acotar acá que gran parte de los elementos que rodean a este personaje no son producto (como se cree) de la tradición popular de ninguna cultura, sino fruto exclusivo de la imaginación de un hombre: el guionista Curt Siodmak, alemán de origen judío responsable de todo aquello que hoy identificamos con los licántropos, desde la transformación por medio de la luna llena hasta el contagio a través de la mordida y la muerte gracias a una bala de plata. Siodmak, que había llegado a Estados Unidos huyendo del régimen nazi, concibió la historia de El hombre-lobo como un cuento mucho más ambiguo en el que la transformación licantrópica nunca era vista de manera explícita, dejando abierto cierto margen de interpretación acerca de si el origen de los crímenes del protagonista era realmente una metamorfosis o un estado de locura. Además, el escritor nunca dejó de resaltar el hecho de que, para él, el hombre-lobo no era más que una metáfora del hombre bueno entregado a la bestialidad de su lado más perverso, lo que en su mente equivalía a una interpretación de los crímenes del nacional-socialismo (en este sentido es interesante el detalle estético que nos ofrece la película: el hombre-lobo "selecciona" a sus víctimas cuando ve aparecer en ellos la imagen de una estrella, referencia velada al origen judío de las principales víctimas de los nazis).

Pero la profundidad de tal drama psicológico no interesaba a los estudios, de manera que Siodmak convirtió su guión en lo que hoy conocemos: una deliciosa muestra de serie B con un valor nostálgico inigualable: Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) llega a un pequeño pueblo inglés para reunirse con su padre después de años separados por una disputa familiar. Allí parece haber encontrado todo lo que quiere, incluyendo los encantos de una jovencita pueblerina. Pero todo se complica una noche en que es atacado por un licántropo durante un paseo por el bosque (el licántropo es Bela Lugosi, quien ya para esas fechas comenzaba a ver decaer su popularidad). Poco a poco, y siguiendo las advertencias de una vieja gitana que conoce su secreto, Larry se convierte él mismo en el hombre-lobo, y su desesperación aumenta cuando se descubre incapaz de controlar la maldición y proteger a aquellos que ama.

El hombre-lobo es una de las películas más sencillas que hiciera Universal en su época. La trama no alcanza la complejidad de El hombre-lobo de Londres, pero cuenta sin duda con una mejor factura técnica y mejores actores. El carisma de Lon Chaney Jr. es sin duda lo más destacable (al parecer el estudio intentó convertirle en una nueva estrella del cine de terror como había hecho antes con Lugosi y Karloff), pero tampoco hay que desdeñar el cuidado que se aprecia en la creación de un ambiente, incluyendo ese escenario del bosque oscuro rebosante de niebla que se usaría en otras producciones durante varios años. Este servidor, sin embargo, nunca ha sido un gran fanático del ya clásico maquillaje de Jack Pierce, que desafiaba la lógica al mostrarnos al hombre-lobo sólo a través de su rostro, manos y pies visibles a partir de su camisa y pantalones oscuros, aun cuando antes de su transformación estuviese vestido de otra manera. Pero a pesar de que no me guste este maquillaje, tengo que creerle a un experto como Rick Baker cuando me dice (en el material adicional de esta edición) que tal muestra de ingenio resultaba revolucionaria en una época en la que todavía no se utilizaba el látex.

Resulta paradójico que haya sido precisamente el éxito de una película nefasta como Van Helsing (2004) lo que haya rescatado el interés por parte de Universal de ofrecernos aquellas joyas de su pasado en formato digital. No voy a ser yo el que se queje, porque lo que sí es seguro es que las tribulaciones de Larry Talbot son algo digno de verse.

1 comentario:

Noel dijo...

Los DVDs de que sacó la Universal con motivo de "Van Helsing" son fantásticos: la semana pasada me compré el de "Drácula", que incluye hasta la versión en español que se rodó (¡con Lupita Tovar como Mina!).

Por cierto, a mé la peli de Sommers sí que me divierte... Matizadamente, pero me divierte.