Y aquí consideramos la posibilidad de un especial de reseñas, episodio por episodio, como algo a tener en cuenta.
Aunque igual hará falta otro espacio para ello.
Y aquí consideramos la posibilidad de un especial de reseñas, episodio por episodio, como algo a tener en cuenta.
Aunque igual hará falta otro espacio para ello.
Wrong Turn 4: Bloody Beginnings (2011), es la nueva película de la saga iniciada con Wrong Turn (2003), un modesto slasher rural que era en el fondo poco más que una reinvención de Las colinas tienen ojos (1977) y que, sorprendentemente, ha terminado por generar una larga serie de secuelas (la quinta se ha estrenado este año), todas ellas directamente en formato doméstico. En esta cuarta ocasión, y tal como lo indica el título, sus responsables han querido ofrecernos los orígenes de los paletos caníbales protagonistas, aunque dicha promesa es en este sentido es un tanto engañosa porque el argumento no termina de ir completamente en esa dirección.
Digo que es engañosa porque, si bien oficialmente estamos hablando de una precuela, lo único que tiene de "origen" es un prólogo transcurrido treinta años atrás en el que vemos a los tres mutantes como adolescentes internados en un psiquiátrico donde desatan una masacre con todo el personal. Tres décadas después, y por lo visto ante la indolencia de las autoridades, estos tres monstruos continúan usando el hospital (ahora abandonado) como guarida a la vez que siguen en su búsqueda de víctimas humanas. La película empieza oficialmente cuando un grupo de jóvenes se refugia de una tormenta en las ruinas del hospital y se dan cuenta de que se enfrentan a un peligro mucho mayor que cruel invierno del exterior.
Hasta aquí ninguna novedad, y ese es precisamente el punto: más allá del prólogo arriba mencionado no sabemos nada del auténtico origen de los caníbales que no haya sido ya explicado (y mucho mejor) en la segunda parte, que me sigue pareciendo con mucho la mejor entrega de la saga hasta la fecha. Por esto, Wrong Turn 4 parece una secuela más sólo que ambientada en un edificio abandonado en medio de la nieve y no en el bosque como las entregas anteriores, y si bien es cierto que los mutantes son los mismos, podrían perfectamente haber sido otros ya que dudo mucho que estos asesinos sean recordados por el público, aparte de que ya la segunda entrega había dejado claro que el clan familiar era lo bastante grande para incluir miembros no conocidos.
Sabiendo esto, la verdad es que como slasher rural la película deja bastante que desear. No solamente su planteamiento es bastante banal y repetitivo a estas alturas sino que encima los personajes protagonistas son mucho más estúpidos de lo normal en cuanto a las decisiones que toman (tuve que contenerme para no apagar la película en un momento en particular en el que se debate la posibilidad de mostrar clemencia a aquellos monstruos que se están cargando con saña a sus amigos). En lo que ya viene siendo una tradición en la saga, el nivel de violencia es muy alto, y las escenas de muerte son brutales y dotadas de un particular sadismo que probablemente seduzca a los amantes del terror físico pero que a mí en particular me parece bastante pobre y muy por debajo del de otros ejemplos recientes con similares pretensiones pero también con mucho mejor resultado. Esta que tenemos hoy en realidad no pasa de ser un ejemplo meramente pasable de una saga un tanto repetitiva que definitivamente ha visto mejores momentos y que se merece una entrega con un poco más de ganas. Wrong Turn 4 puede que encuentre su público dado lo violenta que es y la franca crueldad de algunos de sus momentos más destacables, pero es imposible abstraerse de lo estúpida e inverosímil que resulta en ocasiones y del escaso interés que despiertan sus personajes y su situación.
Es muy probable que de todas las sagas de terror que se han llevado a la pantalla en las últimas décadas, Paranormal Activity tenga el éxito más difícil de explicar. Es sabido por todos que la primera es una película que me gustó mucho quizás por su puesta en escena minimalista y por la ingeniosa forma como aprovechaba su muy sencillo formato de plano fijo y tiempo muerto, pero con el pasar de los años cada secuela que ha venido (con la probable excepción de la tercera parte) insistía en un estilo francamente aburrido y soporífero al que sin embargo el público sigue siendo constantemente atraído. Dicho esto, Paranormal Activity 4 (2012) viene a ahondar más en el problema. Se trata simplemente de un subproducto diseñado única y exclusivamente para su rendimiento en taquilla y basado en la repetición hasta la náusea de un estilo de terror vago y fácil.
Aquellos que deseen profundizar en la historia de brujería y posesiones diabólicas que las anteriores películas habían insinuado se quedarán con las ganas, ya que esta cuarta entrega no hace nada por avanzar el argumento y más bien se siente como un abreboca de la ya inevitable quinta parte, uno que encima introduce personajes nuevos pero que sigue el mismo argumento, esta vez con unos adolescentes que instalan una alarmante cantidad de cámaras web en la casa de la chica protagonista para investigar las extrañas costumbres del raro niño de la nueva vecina, que por lo visto tiene algún tipo de conexión con lo sobrenatural. La premisa pone de manifiesto una de las cosas más exasperantes de la saga, y es que en cada secuela el motivo por el cual los personajes deciden grabar todo lo que ocurre a su alrededor se hace cada vez más extraño e inverosímil, trayendo el eterno problema de este tipo de cintas (¿por qué el protagonista está grabando esto?) pero sin lograr vencer la incredulidad del espectador espabilado. Encima esta cuarta entrega no ofrece absolutamente ningún punto de interés, una escasísima cantidad de sustos más allá de salidas vulgares como mover repentinamente una silla (¡!), y por supuesto ninguna novedad más allá del curioso hecho de que el Kinect de la Xbox sumado a la visión nocturna de una cámara puede ser usado para detectar entes sobrenaturales.
Pero el que para mí es el principal problema de la película, más allá de la falta de imaginación de sus escenas de miedo o de la escasa originalidad, es algo que viene ocurriendo en todas las secuelas de la saga, y es la falta de conflicto o tensión dramática alguna. En la primera Paranormal Activity (2009) por lo menos había cierta evolución argumental que mantenía el interés del espectador: los protagonistas comenzaban registrando todo lo que ocurría en la noche para explicar extraños fenómenos que les ocurrían y la progresiva aparición de estos fenómenos provocaba una investigación acerca de lo paranormal que acababa en el descubrimiento de un demonio, una maldición familiar, y un desesperado intento por salvarse que por supuesto acababa de muy mala manera. Pero en todas las secuelas que han salido hasta la fecha esto no ocurre; los personajes no parecen tener la más mínima idea de lo que está pasándoles, no se enfrentan al peligro que les acosa porque ni siquiera saben de su existencia, y la película tiene un tono desesperadamente fatídico porque para el momento en que los protagonistas caen en cuenta de aquello que el público ya sabe desde el principio es demasiado tarde y la película simplemente termina.
Que los guionistas incurran en el mismo error es comprensible, pero que el público siga cayendo en la misma trampa una y otra vez es algo francamente inexplicable. Que una película tan aburrida y monótona como Paranormal Activity 4 tenga un éxito tan grande es algo difícil de explicar, aunque si quien lee esto es alguien que ha visto las tres entregas anteriores de la saga muy probablemente irá a ver esta cuarta a pesar de todas las críticas negativas. Mi esperanza en todo caso es que aquellos que todavía no hayan visto las películas de Paranormal Activity tengan el buen juicio de detenerse después de la primera a ver si finalmente llega el fin de esta filón de películas nula factura y gran rentabilidad en las que el público mayoritario va en masa a ver cómo no ocurre nada.
Probablemente una de las películas más anticipadas por quien escribe estas líneas, The Lords of Salem (2012), lo nuevo de Rob Zombie, es una cinta que como era de esperarse ha terminado por dividir al público de una manera aún más radical que de costumbre. No es de extrañarse ya que incluso desde que salió el trailer era fácil darse cuenta de que estábamos ante el que con toda seguridad es el proyecto más ambicioso de su director, pero aquí incluso vamos a más; esta historia de brujería y satanismo urbano es no sólo la mayor apuesta de Zombie hasta la fecha, sino también muy probablemente su mejor película hasta ahora, aunque también es muy posible que sea esta la pieza que le termina de desterrar para siempre del cine de terror comercial.
Se trata también de una película muy sencilla en cuanto a argumento, con una estructura dramática muy similar a la que ya hemos visto en otros ejemplos similares como El bebé de Rosemary (1968) y la más reciente The House of the Devil (2009), y aunque Rob Zombie parezca haber dejado de lado su ambientación white trash de cintas anteriores, el relajamiento argumental parece haber propiciado una vuelta a sus supuestos excesos estéticos, haciendo alarde de un imaginario visual delirante en el que echa mano de su experiencia como diseñador de horrores de feria a la vez que aporta un tono sucio y desagradable muy alejado del ludismo de La casa de los mil cadáveres (2003). Todo esto hace que quizás el público espere un mayor énfasis en una trama que depara pocas sorpresas y que es bastante fácil de seguir: una maldición tejida alrededor de la ejecución de un cónclave de brujas en la Salem colonial y el regreso de una de ellas para traer al mundo al hijo de Lucifer.
Como era de esperarse vuelven los actores habituales de Zombie como la infaltable Sheri Moon, el también imprescindible Ken Foree y hasta Sid Haig en un pequeño cameo. Asimismo, y en concordancia con sus películas anteriores, el director rescata algunas antiguas glorias del cine de género como Richard Lynch (en la que sería su última actuación en vida), Dee Wallace y una escalofriante Meg Foster en el papel de la bruja principal. Foster es probablemente una de las cosas que peor rollo da en la película ya desde el principio en la escena del aquelarre, y la suya es una presencia que se repite en varias ocasiones y da en cierta medida el tono a una película de terror atávica que aún con su sencillez argumental consigue ser altamente desconcertante.
Quizás sea precisamente por eso que The Lords of Salem nos pide a gritos un segundo visionado. Aquellos que sigan con interés su carrera cinematográfica no deberían dejarla pasar aunque sea por el festival de escenas delirantes que su director nos depara en este experimento en el que la complejidad narrativa cede el lugar a un discurso visual francamente psicótico en ocasiones. Sin embargo, hay que recordar al espectador desprevenido que estamos ante la que probablemente sea la película menos comercial de Rob Zombie, aún menos que Halloween 2 (2009), una cinta francamente incomprendida que aquí pronto nos encargaremos de reivindicar. Lo enrevesado de esta de la que hablamos hoy puede que eche a muchos para atrás, pero en un género como el de terror plagado sobre todo por la insensata repetición, el hecho de que alguien busque formas propias de discurso es muy encomiable. En esta ocasión yo sólo señalaría como carencia dramática el escaso nivel de "conflicto" y lo excesivamente fatídica que es su resolución final, algo que también pasa, por cierto, con Sinister (2012), otra cinta de terror reciente de la que hablaremos en otra ocasión. En cuanto a lo nuevo de Rob Zombie, concluyo diciendo que es una de las que más me ha sorprendido en mucho tiempo, con lo que se hace aún más triste aceptar la cruda realidad: aquellos que no la hayan pillado en un festival muy probablemente no la veréis nunca en una sala de cine.
Hoy, recuperando nuestra sección de brevísimos comentarios de trailers, queremos dar espacio a tres futuros "remakes" o "revisiones" de clásicos del terror que se nos avecinan para el año que viene. El primero de ellos, la nueva versión de La matanza de Texas, se titula en esta ocasión Texas Chainsaw 3D, y la verdad es que no queda muy claro si estamos frente a un remake o una secuela o qué. Llama la atención el hecho de que si bien esta película no tiene ningún vínculo con la reencarnación de 2003 que realizara la Platinum Dunes (y que sería la responsable de dar el pistoletazo de salida a toda esta moda de clásicos refitros), la verdad es que no encontramos lo que se dice mucha diferencia más allá del gancho del 3D. Habrá que ver si será una película interesante, porque el problema que siempre ha tenido la saga de Leatherface es precisamente ese: se resiste a ser una saga.
Y encabezando la lista de remakes innecesarios del 2013 tenemos esta nueva versión de Carrie, el clásico de Stephen King que esta vez verá la luz con Chloë Grace Moretz (la niña de Kick-Ass y Let Me In) en el papel de Carrie White, lo que la convierte automáticamente en la encarnación más guapa hasta la fecha del personaje. Personalmente, no me hace falta una nueva versión de Carrie, sobre todo teniendo en cuenta que King dispone todavía de una enorme cantidad de material fácilmente adaptable (e incluso creo que sería capaz de aceptar otra versión de Salem's Lot antes que esto). Eso sí, debo admitir que al menos el teaser no pinta tan mal. Al menos no puede ser peor que la abismal miniserie de televisión con Angela Bettis en el papel protagónico.
Y finalmente tenemos la polémica asegurada con el trailer de la nueva versión de The Evil Dead. Hace años predije que esta película, de realizarse, sería un desastre, y por lo visto tendré que comerme mis palabras con patatas. La nueva versión de la ópera prima de Sam Raimi (producida además por él mismo) tiene una pinta mucho mejor de lo que me esperaba. Algunos han salido a la palestra lamentando que por lo visto se intente hacer una versión "en serio" de la original, olvidando que precisamente la primera película no era cómica (a diferencia de la secuela). Por otro lado, Raimi ha sido lo bastante sensato para mantener el argumento base de la película original y, por lo visto, balanceando un poco más los personajes y sin intentar sustituir al Ash de Bruce Campbell. Estaremos esperándola para ver si da todo lo que promete. ¿Qué puedo decir? Me ha gustado como se ve.
La uruguaya La casa muda (2010), película de la que ya llevamos tiempo escuchando hablar, viene a revelarnos una importante carencia en el hecho de que es la primera cinta de terror latinoamericana que hemos reseñado en Horas de oscuridad, error que planeo enmendar en el futuro cercano. Lo que más se resaltó en el momento de su estreno fue, aparte de lo ínfimo de su presupuesto y lo minimalista de su puesta en escena (una joven que se hospeda junto con su padre en un antiguo caserío rural y es acosada por una extraña presencia que la hará pasar un muy mal rato) fue su factura técnica, ya que supuestamente su director, Gustavo Hernández, filmó toda la película casi sin diálogos y en un gigantesco plano secuencia cercano a los ochenta minutos. Esto, de entrada, os podemos revelar que no es del todo cierto, ya que hay claros momentos en los que se ha "ocultado" el corte entre una escena y otra (digamos que hay un motivo muy claro por el cual la pantalla se queda en total oscuridad varias veces).
Con todo y esto, es en el aspecto formal donde la película se hace más interesante; por mucho que el dichoso plano secuencia no sea real, la cámara se presenta como un personaje más que sigue a la protagonista de forma casi constante y en ocasiones parece tener incluso su propio punto de vista, como si fuese de manera consciente una ventana destinada al público, creando una sensación de inmediatez que se me hizo muy similar a la vivida en cintas como REC (2007). Pero no nos confundamos: en La casa muda no hay una voluntad de imitar el realismo de las películas de metraje hallado o falso documental. De hecho, la película en ningún momento intenta ser cien por cien realista ya que hay música incidental y la cámara juega en ocasiones a desorientar al espectador de forma premeditada pasando de la omnisciencia a la primera persona e incluso creando "planos" fijos y distantes en momentos muy específicos. Alguno de los lectores con mayor conocimiento del oficio cinematográfico que yo podría ahondar en esto, pero en verdad os digo que la forma narrativa de esta cinta es lo que más me ha gustado.
Esto nos lleva claro está al argumento, que como decíamos arriba, no es tan ingenioso. Aparte de ser una historia de casas tenebrosas de toda la vida, la casi perpetua oscuridad de la película reduce muchísimo el espacio y, lejos de proporcionar una sensación de claustrofobia, uniformiza la escenografía en pos de una supuesta atmósfera de desorientación que a mi juicio no se llega a construir de forma efectiva y hace que la cinta sea, francamente, bastante monótona por momentos. De hecho en determinados pasajes me ha recordado mucho a Los abandonados (2007) de Nacho Cerdá, en el sentido de que aquí también se va gran parte del metraje en mirar cómo los personajes exploran habitaciones oscuras con una linterna. A esto se suman algunos problemas de inverosimilitud ya que este deseo de investigación por parte de la protagonista parece privar por encima de la angustia que normalmente produciría un intruso en la casa, máxime cuando dicho invasor ha probado ya ser un asesino. Aunque claro, todo esto imagino que va en pos de los auténticos momentos de horror de la película, entre los que se incluyen varios de los más típicos clichés de cine de miedo como los falsos clímax, las fotos antiguas o las subidas de audio. Todos estos sustos a veces funcionan y a veces no. No es realmente algo demasiado destacable, pero la cinta tiene sus buenos momentos de miedo, y en algunas ocasiones consigue crear ese vínculo emocional con el espectador debido a la cercanía estética con la protagonista y su "realista" puesta en escena.
Por desgracia todo se echa a perder casi al final de la cinta con una revelación sorpresa absurda y tramposa que tiró por los suelos todo mi disfrute inicial. De no haber tenido este giro argumental y haber optado por una historia quizás más literal y "sencilla", La casa muda habría terminado siendo un interesante ejercicio de estilo y una entrada bastante solvente en el mundo del horror de ambientación rural. No voy a deciros cual es dicho giro final, pero si os advertiré que es de esos que hacen replantearse todo lo que ha pasado antes, por desgracia revelando las trampas de guión y ambientación diseñadas para engañar al público de una forma muy básica y tonta. Con todo y esto, esta película de Gustavo Hernández causó bastante ruido en su momento e incluso tuvo como consecuencia un remake americano que aún estoy pendiente de ver pero que por lo visto no se aleja demasiado del original.
Después de haber estado engavetada por casi dos años, The Cabin in the Woods (2011) parece haberse beneficiado del resurgir comercial de su productor y co-guionista, Joss Whedon, quien actualmente vive uno de sus mejores momentos profesionales, y que tiene en esta película una muestra más de su conocimiento del cine de género y de su capacidad de analizarlo desde una perspectiva novedosa a la vez que rinde tributo a toda una tradición a la hora de llevar el terror a la pantalla. Sin duda estamos no sólo ante una de las películas más entretenidas del año, sino que además se trata de una cinta tremendamente inteligente que parte de lo que en un principio se percibe como un argumento muy sencillo y ya explotado en varias ocasiones: un número impar de jóvenes que se recluyen en una cabaña en medio del bosque para pasar un fin de semana y terminan enfrentados a las fuerzas del Mal.
Queda por comprobar si después de la visita a esta cabaña del bosque el cine de terror comercial americano puede seguir siendo el mismo ahora que las constantes lúdicas de dicho género han sido tan maravillosamente diseccionadas. En sus esfuerzos por sacar un ángulo original a una de las premisas más trilladas del cine de terror actual, Whedon y Goddard pueden haber parido una propuesta que quizás sea demasiado rompedora para algunos y difícilmente aceptada por aquellos que buscan un horror más "serio", pero sólo por su valentía ya se merece un puesto destacado en los estrenos de este año. Personalmente me hubiese gustado, sin embargo, que dicho giro en su premisa se hubiese revelado de forma más gradual y no directamente desde el principio, pero entiendo que en ese caso el choque habría sido quizás demasiado radical y la aceptación de la película por parte del público mainstream no hubiese sido la misma. De todas formas esto es sólo una apreciación personal que no resta puntos a la que desde ya recomendamos como una de las ineludibles de este año que casi termina.
The Tall Man (2012), titulada en España El hombre de las sombras, es la nueva película del director francés Pascal Laugier, y a juzgar por la cantidad de aplausos que sonaron en el momento en que el nombre del cineasta apareció en pantalla durante la sesión en que llegué a verla, se puede afirmar que su principal interés radica precisamente en el hecho de ser la primera producción en Hollywood del director de Martyrs (2008), una de las cintas de horror francesas más destacadas de la pasada década. El conjunto es, sin embargo, una ligera decepción, no porque Laugier haya sido "domesticado" en su paso al mainstream americano, sino por el tipo de historia que ha decidido llevar a cabo (el propio Laugier aparece acreditado como guionista) y las expectativas generadas con el tono de la película.
La historia echa mano de uno de los mayores lugares comunes del horror actual al emplear la base argumental del "niño en peligro" y la abnegada madre que intenta salvarlo de las garras del Mal. En este caso particular tenemos a Jessica Biel en el papel de una enfermera de un miserable poblado rural que se encuentra con la leyenda del "Hombre Alto", una misteriosa entidad aparentemente responsable de una gran cantidad de niños desaparecidos. El tema de las desapariciones se destaca ya desde el principio como la columna vertebral de la película de una forma bastante evidente que incluye hasta un párrafo escrito antes de los créditos iniciales en referencia a los miles de casos sin resolver que ocurren en los Estados Unidos cada año.
En este sentido hay que decir que la película juega bastante bien con la idea del miedo que supone la desaparición sin rastro de un niño pequeño y la inquietante figura de una sombra anónima responsable por las abducciones, con todo y rostro oculto en penumbra y la furgoneta destartalada de cristales oscuros que parece ser indispensable en todo psicópata rural que se precie, pero por desgracia esta lograda ambientación no lleva a ningún lado. The Tall Man es más bien una de esas películas en las cuales no sabes muy bien de qué va todo hasta que el inevitable giro argumental te sorprende y te revela exactamente qué es lo que ha venido ocurriendo hasta el momento. Es precisamente este giro dramático el que le da la vuelta por completo a la cinta, revelándonos que lo que hemos estado viendo es algo completamente distinto a lo que creíamos. La supuesta "sorpresa" es tramposa debido al empleo indiscriminado de un recurso que al menos aquí se siente completamente fuera de lugar e incoherente. Pero quizás el principal problema de esta revelación sea el hecho de darnos cuenta de que la película en realidad no es una historia de terror, sino un drama rural al que se le ha querido dar (de forma francamente desvergonzada) el envoltorio superficial de una "peli de miedo", una estratagema que se extiende incluso a su trailer y a su cartel oficial.
Probablemente sea esta sensación de haber caído en una trampa cazabobos lo que me terminó de alejar de The Tall Man hasta el punto de haber dudado si incluirla en este blog o no. De todas formas, independientemente de que el argumento me parece bastante simple en cuanto a factura o resolución, recomiendo alejarse de esta película aunque sea por el hecho de que no estamos realmente ante una cinta de terror. En este sentido sólo la puedo recomendar a los incondicionales de Jessica Biel (quien hace su trabajo muy bien e incluso sale en los créditos como productora de esta cinta), pero aquellos que hayan estado esperando durante estos años la nueva incursión terrorífica del hombre tras El orfanato (2004) y la ya citada Martyrs harán mejor quedándose en casa.