sábado, octubre 10, 2015

Reseña: Ava's Possessions (2015)

Al igual que como me ocurrió con Tucker and Dale vs Evil (2010), con Ava's Possessions (2015) el principal punto de interés que le hallé fue precisamente su premisa, tan evidentemente atractiva desde el punto de vista de una comedia de horror que para mí resulta todavía sorprendente el que nadie lo haya intentado antes. El tema de las posesiones diabólicas ha sido tocado hasta el hartazgo en los últimos años, pero con la posible excepción de aquella parodia con Leslie Nielsen y Linda Blair titulada Reposeída (1990), la verdad es que no había visto un acercamiento cómico que abordara de forma exclusiva este tema. Esta que tenemos aquí hoy, además, lo hace con inteligencia y con un conocimiento del subgénero muy amplio que esconde algo que siempre se ha comentado de las películas de exorcismos: que en el fondo son elaboradas metáforas de problemas como la adicción o los trastornos psicológicos, temas que se tocan también aquí.

La premisa a la que me refiero es la siguiente: la protagonista es una joven llamada Ava que, previsiblemente, ha sido poseída por un demonio y exorcizada. La diferencia es que en esta ocasión la trama comienza donde estas historias normalmente terminan: después del exorcismo, cuando Ava, ahora liberada por fin de la entidad que la mantenía sometida, debe afrontar las consecuencias legales de todo lo que hizo mientras el demonio habitaba en su cuerpo. Como única alternativa para evitar ir a la cárcel, la joven acepta ingresar en un programa de ayuda destinado a víctimas de posesiones diabólicas, donde descubrirá a otros como ella y se dará cuenta de que quizás su inesperado huésped no ha terminado todavía de martirizarla.

A partir de aquí se construye una muy interesante película que va no tanto sobre posesiones diabólicas y mucho en cambio sobre la situación de vulnerabilidad en la que queda alguien dañado por situaciones como los trastornos mentales o la toxicodependencia. Digo estas cosas no porque en la película se mencionen sino porque todos los aspectos del grupo de ayuda y las situaciones de abuso y peligro por las que pasa Ava son calcadas de este tipo de argumento. Claro, la película en el fondo sigue siendo una comedia, pero el trasfondo es mucho más siniestro de lo que originalmente parece aún con su estética indie y su constante sátira de la nada envidiable situación de su protagonista. Lo consigue, como decíamos arriba, mediante el aprovechamiento de una premisa con mucho potencial, algo que se nota en cómo da respuesta a numerosas interrogantes que surgen de este tipo de cine: en un mundo donde las posesiones diabólicas son reales, ¿quién se encarga de los daños ocasionados por los poseídos? También es muy divertida la forma en que cada personaje lidia con su situación, destacándose especialmente una jovencita del grupo de ayuda que añora la conexión especial que tenía con su demonio y que hará lo que sea para ser poseída de nuevo.

En fin, una comedia de terror muy divertida que no sólo conoce bien el subgénero que está parodiando sino que encima logra colarnos un trasfondo mucho más oscuro de lo que parece. El hecho de que incline la balanza tan fuertemente hacia la comedia probablemente impedirá que se convierta en un clásico, pero aquellos que sepan pasar esto por alto la disfrutarán mucho. Yo ciertamente lo hice.

lunes, octubre 05, 2015

Reseña: La visita (2015)

La visita (2015) es probablemente la película de terror que con más ganas he esperado este año, y sé que en eso no estoy solo. De hecho, pocos estrenos recientes han causado tanta expectativa como este desde que las primeras impresiones asomaron la idea de que estábamos ante el regreso de M. Night Shyamalan, quien tras una serie de estrepitosos fracasos comerciales en sus propios proyectos y tras un par de traumáticas experiencias con la maquinaria hollywoodense, necesitaba de forma desesperada un éxito que le recordase al público sus innegables capacidades como director. Esta película de la que hablo hoy es no sólo un regreso a sus raíces de terror, sino también una vuelta a una producción mucho más modesta que busca conectar con los gustos del público de hoy en día y a la vez tener una mayor libertad a la hora de abordar el material del que parte.

Teniendo en cuenta esto, hay una evidente jugada hacia lo comercial presente ya desde el inicio, cuando los créditos iniciales nos muestran la curiosa alianza entre Shyamalan y el productor Jason Blum, el hombre detrás de la mayor parte de los grandes éxitos del terror mainstream de los últimos años como Paranormal Activity (2009), Insidious (2010), Sinister (2012), The Lords of Salem (2012), The Purge (2013), Oculus (2013) y un larguísimo etcétera, y que ahora ha fichado al cineasta de El sexto sentido (1999) para una nueva película de terror con niños partiendo de sus conceptos de escaso presupuesto y alta rentabilidad. La presencia de Blum quizás explique el que Shyamalan se atreva esta vez con una obra de falso documental en la que una jovencita y su hermano menor hacen una visita a sus abuelos, a quienes conocen por primera vez, y van descubriendo poco a poco que tras el extraño comportamiento de los ancianos se esconde un terrible secreto.

Confieso que de entrada esto ya me daba muy mala espina, puesto que todos sabéis mi rechazo habitual a este género tan abusado de terror documental, pero en este caso debo decir que dicho formato está hecho desde una perspectiva muy superficial en la que las reglas de un falso documental no siempre se respetan, desde la insólitamente nítida calidad de imagen de una cámara de andar por casa hasta la presencia de créditos iniciales e intertítulos que documentan el paso del tiempo. El recurso de la cámara en mano está poco justificado pero al menos no lo encontré tan cargante como otros ejemplos recientes así que tampoco me molestó tanto. Mucho más criticable me parece el empleo de niños en el elenco y un muy alargado primer acto en el que no sucede gran cosa y que por momentos se me hizo interminable. Lo bueno en este sentido es que una vez que la película coge vuelo y Shyamalan se mete en la historia, el resultado es muy positivo. El subtexto de locura y el horror ante los estragos de la vejez está muy presente y aunque muchas veces no queda claro cuál es la extensión de dicha locura en los personajes principales, algunas de las imágenes que nos regala son muy efectivas y meten miedo de verdad.

Por supuesto la película tiene sus detalles que no conectaron conmigo: el principal de ellos quizás sea una inconsistencia de tono en la que la mayoría de los elementos de horror son contrarrestados por un humor muy forzado (casi siempre proveniente del muy asesinable hermano menor de la protagonista), con lo que el componente de miedo pierde muchas veces su efectividad, y en definitiva la película se hace larga por culpa del muy aburrido primer acto. También pienso que el formato de falso documental le hace daño por innecesario y por lugar común a estas alturas, y honestamente no veo el motivo (más allá del meramente presupuestario) de usar este tipo de narrativa. Eso sí, si la película se salva es por su tramo final, no sólo por la ya habitual "sorpresa" de Shyamalan (muy sencilla y sin embargo muy efectiva) sino por añadir la que probablemente sea la mayor tensión de todo el metraje. El director se casca luego de este maravilloso clímax una sonrojante coda final que me ha parecido sobraba, pero en general es un trabajo muy digno que espero tenga el éxito suficiente para volver a poner el nombre de M. Night en la palestra. Una película extraña en sus intenciones y muy mejorable, pero también eficiente y teniendo en cuenta lo último de este director, es algo que vale mucho la pena.

domingo, septiembre 27, 2015

Reseña: The Invitation (2015)

Definitivamente otra de mis favoritas de este año, The Invitation (2015) ha sido también una de las mayores sorpresas que me he llevado. Esta nueva película de la directora Karyn Kusama, la misma de Girlfight (2000), Aeon Flux (2005) y Jennifer's Body (2009), aborda esta vez un trabajo distinto alejado por completo de sus habituales temas de poderío femenino. Esta por el contrario es una película minimalista en la que sorprendentemente el terror se consigue casi prescindiendo de la acción y construyendo una gran atmósfera de tensión únicamente a través de diálogos y de una puesta en escena casi teatral. Además de eso toca un tema que en lo particular me interesa mucho como es el de las sectas y la pérdida de control que supone la integración en un culto. En ese sentido, es una película mucho más interesante y poderosa que otras aproximaciones a ese tema que hemos presenciado recientemente, como The Sacrament (2014), en la que pensé en varios momentos.

Decía arriba que lo conseguía prácticamente sólo a base de diálogos y es así: el protagonista de The Invitation (2015) acude a una cena organizada por su ex-mujer y el nuevo marido de esta, junto con un gran grupo de amigos. Lo que en un principio parece una invitación inocente comienza a adquirir un matiz cada vez más siniestro cuando descubrimos que la pareja relata a los demás cómo se recuperaron de una terrible pérdida, dejando ver sus auténticas intenciones detrás de la cena. Es aquí donde la sensación de paranoia del personaje principal comienza a crecer de forma exponencial, mostrando una capa de conflicto puesta a presión y que se deja ver en cada una de las acciones del personaje.

Lo más impresionante de todo es que esto que relato está logrado, como decía arriba, con diálogos, con miradas entre los distintos personajes que componen la fiesta, no sólo el grupo de amigos sino también un par de inquietantes desconocidos a los que el protagonista (y por ende el público) no puede perder de vista ni un instante. Los motivos de la invitación son revelados prácticamente desde el principio, por lo que la mención de las sectas y la espiritualidad moderna no son ningún spoiler, pero la manera como la película juega con nuestras expectativas y nos mantiene constantemente en vilo para saber qué va a ocurrir es algo realmente admirable. Parte del mérito está por supuesto en un muy eficiente elenco, y sobre todo por el protagonista Logan Marshall-Green, de quien ciertamente no me esperaba un trabajo así y a quien creía ya descartado del cine mainstream gracias a su participación en películas medianamente recibidas como Devil (2010) o Prometheus (2012).

En definitiva, The Invitation es una cinta de esas que invitan a verla más de una vez. Si quien lee esto espera una película de terror al uso puede que se lleve una decepción, pero aquellos que quieran ver un trabajo que maneja muy bien el suspense y cuya propuesta sea algo fuera de lo común, no se la pueden perder. La idea de un grupo de desconocidos invitados a una cena que da paso al horror es algo muy común en este género, pero pocas veces se ha hecho de forma tan efectiva, y sobre todo el desenlace la hace subir varios enteros. Vale la pena.

sábado, septiembre 19, 2015

10 de hace 10: La casa de cera (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Para esta nueva entrega de la serie 10 de hace 10 la elegida ha sido La casa de cera (2005), largometraje debut del director Jaume Collet-Serra y además una película que ha tenido una evolución interesante tanto en mi recuerdo como en mi apreciación. Esto último no es poca cosa, ya que un vistazo superficial a la premisa, elenco y época en la que fue estrenada hace que sea fácil descartarla como uno más de los olvidables intentos del horror mainstream de rentabilizar su propio pasado, parte de ese fenómeno/fiebre por los remakes que invadió la pantalla durante los primeros años de la década del 2000 y que todavía estamos viviendo, aunque quizás no con la misma intensidad que entonces. Y eso que en el caso de la película de la que hablamos hoy, estamos ante un remake sólo nominal.

Esto último viene al caso por algo que ya hemos comentado muchas veces, pero que repito aquí para aquellos que se lo hayan perdido: La casa de cera es oficialmente un remake de Los crímenes del museo de cera (1953), la cual a su vez era un remake de la menos famosa Los crímenes del museo (1933), pero si bien las versiones de los años treinta y cincuenta son muy similares, esta nueva adaptación de mediados de los dos mil es un trabajo completamente distinto que casi nada tiene que ver con sus predecesoras; ambientación, argumento y personajes son totalmente diferentes, y tan sólo se mantiene la premisa de un asesino que fabrica muñecos de cera con los cuerpos de sus víctimas. Hasta el subgénero que tocan es algo aparte: mientras que las versiones anteriores eran thrillers policiales de época con un alto componente de teatralidad en su puesta en escena, esta nueva encarnación era por el contrario un slasher rural en el que un grupo de amigos llega por una fatídica casualidad a un misterioso pueblo fuera del GPS en el que un asesino enmascarado los va despachando uno a uno con un gran despliegue de violencia. El referente, por supuesto, es La matanza de Texas (1974) pero sobre todo (y eso es algo que otros han mencionado antes que yo) hay claros préstamos de una cinta un tanto menos conocida por el público mayoritario: Trampa para turistas (1979), de la que toma sin pudor muchos de sus elementos estéticos y de atmósfera, sólo que en aquella eran maniquíes y aquí se trata (obvio) de figuras de cera.

Pero, ¿cuál ha sido el balance después de todos estos años? ¿Es La casa de cera una película reivindicable o por el contrario un producto convenientemente olvidado después de una década? Bueno, aquí reconozco que me he llevado una sorpresa, puesto que la cinta ha aguantado muy bien el paso de los años, y aunque muy probablemente no cambiará la vida de nadie a estas alturas, hay que reconocer que todavía tiene cierto gancho y que incluso en su momento logró destacar, no tanto entre la ola de remakes que llegaron a principios del nuevo milenio, sino sobre todo en medio de ese renacer del horror físico al que ya nos hemos referido. En ese sentido, la cinta de Jaume Collet-Serra se siente como una muy bienvenida evolución del clásico neo-slasher juvenil que Wes Craven y Kevin Williamson pusieron de moda: aquí también tenemos un elenco juvenil venido principalmente de la televisión, con mención especial a la protagonista Elisha Cuthbert (famosa entonces por la serie 24), Chad Michael Murray (One Tree Hill) y Jared Padalecki, quien recién estaba comenzando como uno de los protagonistas de Supernatural y de quién honestamente no me acordaba que salía en esta película.

Pero por supuesto no se puede hablar de esta cinta sin mencionar el hecho de que Paris Hilton estaba entre los actores principales. Su presencia de hecho fue lo que más recuerdo que se mencionara durante la fase de promoción debido a su relación de amor-odio con el público, y sospecho que gran parte de la gente que vio La casa de cera lo hizo para ver cómo se la cargaban. No salieron decepcionados.

Claro, esto es un detalle meramente anecdótico y no tiene nada que ver con la calidad de la película en sí, pero sí que es un indicativo de otro de los grandes aciertos que tiene, y es que por primera vez en mucho tiempo estábamos ante una historia de terror que no tenía miedo alguno en hacer sufrir a sus protagonistas; no recuerdo, por ejemplo, un slasher reciente en el que la final girl pierda un dedo, o en el que incluso los personajes con los que el público se identifica salgan muy mal heridos en más de una ocasión. Pero aparte de eso, la película tiene una atmósfera realmente inquietante, sobre todo en lo que tiene que ver con el museo de cera y la idea de cómo el asesino utiliza a sus víctimas para construir poco a poco un gigantesco homenaje a la Madre Muerta, idea que aunque poco original está muy bien llevada a cabo sin necesidad de supérfluas explicaciones.

Todo esto sin olvidarnos en ningún momento que estamos ante una película de horror mainstream y que como tal tiene sus propios vicios y lugares comunes, y la orgía de efectos especiales del final y lo mucho que se regodea en la destrucción se siente como unos fuegos de artificio innecesarios, pero en general la atmósfera que tiene está tan lograda y su manejo de la violencia es tan acertado que cautiva. Aparte de eso tiene algunas muertes bastante desagradables y alguna que otra sorpresa en cuanto al destino que enfrentan sus personajes.

Jaume Collet-Serra volvería al género de terror en el 2009 con La huérfana (2009), que en su momento nos gustó mucho, y desde entonces se ha mantenido confinado en una extraña trilogía de acción no-oficial con Liam Neeson de protagonista, y creo sinceramente que su muy interesante debut se perdió en medio del mar de películas similares que surgieron en aquel entonces, tanto por el lado de los remakes de clásicos como por el de nuevas entradas en el slasher rural con jovencitos de por medio. Pero después de todo este tiempo, y tras ver los innumerables bodrios que este subgénero nos ha traído, yo diría una vez que en vez de estar perdiendo el tiempo con otro intento fallido por hacer de Leatherface una franquicia, le den una oportunidad a esta de la que hablamos hoy. Diez años no pasan en balde, pero La casa de cera ha sobrevivido durante todo ese tiempo y en mi opinión lo ha hecho de forma más que digna.

viernes, agosto 28, 2015

Reseña: La casa del fin de los tiempos (2013)

La casa del fin de los tiempos (2013) fue una película a la cual le seguí la pista desde el momento de su estreno, aunque por motivos de disponibilidad geográfica no pude verla hasta más de año y medio después. Algo que recuerdo de aquel entonces fue toda su campaña publicitaria en la que se aseguraba que estábamos ante la primera película de terror venezolana. Si esto es cierto o no es algo que no puedo asegurar ya que tristemente soy muy ignorante en lo que se refiere a cine de miedo hispanoamericano, pero si algo me quedó claro tras verla es que esta, en realidad, no es una película de terror al cien por cien: a pesar de su siniestro imaginario y del manejo de su argumento, la película es en realidad un ejemplo de cine fantástico de temática oscura pero que a la hora de la verdad parece más interesado en presentar una fascinación por lo desconocido que en explotar sus posibilidades de terror. En ese sentido, y a sabiendas de que quizás no lo esté explicando de forma clara, la película me trajo a la mente algunos ejemplos recientes del cine apadrinado por Guillermo del Toro, específicamente El orfanato (2007), con la cual comparte el tema de una madre buscando a su hijo desaparecido y lidiando para ello con una presencia que al menos en un principio parece sobrenatural.

Tengo que reconocer que esta película me gustó mucho más de lo que inicialmente esperaba, y creo que el principal motivo es que a pesar de la sencillez de su planteamiento (toda la película transcurre prácticamente en un único escenario de una casa oscura y laberíntica) es sin embargo un trabajo ambicioso que no trata al espectador como idiota sino que le permite ir armando él mismo la historia a través de una estructura de narrativa fragmentada, saltando de una época a otra intentando esclarecer la desaparición. Es en el misterio del niño desaparecido y la madre que lo busca desesperadamente donde se encuentran los únicos elementos de terror, puestos delante del espectador como una cortina ante lo fantástico que únicamente se revela al final. Espectadores más espabilados que yo muy probablemente pillen este desenlace desde mucho antes que se produzca, pero no fue mi caso y aún así creo que el misterio está muy bien construido. Ciertamente ayuda mucho el escenario de la casa, que está muy bien aprovechado, como aprovechada está también la actuación de su absoluta protagonista, Ruddy Rodríguez, quien me sorprendió con un trabajo sumamente natural teniendo en cuenta lo que hasta la fecha le he visto hacer.

No engañamos a nadie si mencionamos las evidentes aspiraciones comerciales de una película como esta, y su estructura es completamente mainstream no sólo por la presentación sino también por sus muy evidentes influencias, de las que sin embargo no abusa para nada. Pero al mismo tiempo se agradece que se haya tomado su argumento y su propuesta en serio y haya conseguido esquivar algunas de las trampas de trabajar con niños y la falta de naturalidad que muchas veces he visto en este tipo de productos, al menos en cuanto a actuación. A nivel técnico se notan a veces las carencias, sobre todo en el intento de envejecer treinta años a su protagonista, pero al mismo tiempo hay una compensación en el empleo de la casa como un sitio sin artificios de ninguna clase. Honestamente, considero que el cine venezolano necesita muchas más películas como esta, y en lo personal me agrada la idea de revitalizar para el cine de terror a mitos eróticos noventeros como Ruddy Rodríguez.

Curiosamente, y a diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el desenlace es uno de los mejores detalles de La casa del fin de los tiempos, y aunque como decía arriba es probable que muchos lo vean venir (sobre todo si han pillado las referencias de la película) no por eso desmerece. Para mí el principal problema de este final es que desmonta el ambiente de terror tan eficiente que la película había construido, algo que por cierto también pasaba en El orfanato pero que aquí al menos es mucho más interesante. Vale la pena, así que echadle un vistazo.

martes, agosto 04, 2015

Reseña: La cueva (2014)

A manera de anécdota debo contar que vi La cueva (2014) durante el verano pasado en el Berlin Fantasy Filmfest, bajo el mucho más pomposo título In Darkness We Fall. Supongo que este título se debe al hecho de que ya existe una cinta de terror anglosajona titulada The Cave (2005) y no querían prestarse a confusiones. El caso es que entré sin saber nada de ella, y mi sorpresa fue mayúscula porque la terminé disfrutando mucho a pesar de que en términos generales no creo que vayamos a recordarla de aquí a un tiempo. De todas formas, tampoco creo que las intenciones detrás de ella hayan estado muy alejadas de esto porque tengo la sensación de estar principalmente ante un intento por parte de la productora Filmax de repetir el éxito conseguido años atrás con REC (2007); aquí se repiten varios de los mismos elementos que funcionaron aquella vez, desde el formato de metraje hallado, la cámara en mano en medio de la oscuridad y una situación genuinamente angustiosa de un grupo de amigos de excursión en Formentera que se pierden en una laberíntica caverna y van sucumbiendo a la desesperación cuando el hambre, la sed y el miedo comienzan a apoderarse de ellos.

Todo esto conforma un arsenal de terror bastante básico, hay que admitirlo, pero que por una vez parece funcionar. Es una suerte porque la verdad es que no hay prácticamente nada de originalidad en esta película: ya desde prácticamente el principio quedan muy bien establecidas las distintas personalidades de cada uno de los miembros del grupo, así como la existencia de una capa conflictiva que subyace debajo de lo que a primera vista parece ser una gran amistad, y no sólo eso sino que incluso el menos avispado del público podrá anticipar ya desde los primeros minutos cuál será el papel que desempeñará cada uno de estos personajes una vez que llegue la situación límite en la que se encuentran. En fin, todo muy obvio y prácticamente sin ninguna sorpresa, puesto que incluso el final se puede fácilmente intuir.

Lo que sí es verdad que no pude anticipar fue el uso tan eficiente que la película da a su muy limitado repertorio. Tal como mencionábamos arriba, aquí no hay monstruos ni enemigos de ninguna clase, sino que son los propios personajes los que dan rienda suelta al horror una vez que su relación se resquebraja y comienzan a ser dominados por su desgracia. El recurso de la cámara en mano es un tanto barato y no siempre está justificado más allá de la funcionalidad que tiene para el propio espectador (básicamente la creación de una perspectiva subjetiva que te mete de lleno en la película), pero el gran acierto que tiene, uno del que además puede jactarse ante otras historias de cavernas que hemos reseñado en el pasado, es en su uso de locaciones reales. No solamente estamos hablando de que rodaron en una cueva de verdad, sino que incluso el hecho de que los personajes en ningún momento puedan ponerse completamente de pie ayuda a crear un clima de angustia impresionante que hizo que lo pasara muy mal. No exagero: por un momento llegué a sentirme físicamente mal y estuve a punto de salirme de la sala hasta que el interés por el argumento me retuvo, así que aquellos que sufran de algo de claustrofobia ya quedan advertidos.

Esta sensación visceral es probablemente lo más destacable de La cueva, ya que como decíamos no estamos ante un trabajo muy original o que vaya a marcar una pauta en el cine de terror actual, ni siquiera dentro de este formato tan de moda como el del docu-terror. Sin embargo, teniendo en cuenta mis (justificados) prejuicios ante el uso del metraje hallado como recurso, el que haya encontrado una cinta de estas características como algo rescatable no es algo que se vea todos los días. 

lunes, julio 27, 2015

Reseña: Insidious 3 (2015)

Insidious 3 es la última adición a la tendencia actual del horror mainstream de fagocitar no sólo su edad de oro sino también aquellas todas obras recientes que tengan la más mínima probabilidad de convertirse en franquicias de éxito. En este caso, la gran rentabilidad de la saga iniciada por James Wan en 2010 tiene todos los elementos para convertirse en una máquina de generar sustos y beneficios, lo cual con toda seguridad ha sido el principal argumento a favor de una secuela que en el fondo nadie estaba pidiendo. Tengo que confesar que yo mismo guardaba mis reticencias, muy a pesar de que había leído numerosas reseñas positivas, por varios motivos: el primero de ellos es la ausencia esta vez de Wan como director (quien cede el puesto a su guionista y habitual colaborador Leigh Wahnnell), pero también está el hecho de que es una precuela y que a juzgar por los avances no parecía querer distanciarse mucho de la pauta marcada por el original. Finalmente me preocupaba que a pesar de que disfruté mucho la segunda parte, este tipo de cintas por lo general va perdiendo calidad con cada entrega. Hay algo de eso, pero con todo el resultado es mucho mejor de lo que pensaba y demuestra que al menos Wahnnell ha intentado estar a la altura. ¿Lo consigue? En parte sí.

Lo de "en parte" viene porque a decir verdad, y tal como presentíamos en un principio, Insidious 3 no se distancia mucho en cuanto a estilo de las dos cintas anteriores, más allá del hecho de que en esta ocasión el protagonismo ya no recae en la familia de la primera y segunda entrega sino que nos situamos varios años antes con una entidad maligna torturando a una jovencita y robando poco a poco su fuerza vital. Sin embargo, algo que me parece destacable es que a pesar de la información ofrecida en el trailer, el verdadero protagonismo de la cinta tampoco está realmente en esta joven sino en Elise, la medium de la primera Insidious (2010) que aquí vuelve a estar magistralmente interpretada por Lin Shaye. No es nada común que las historias de terror estén protagonizadas por mujeres mayores, pero incluso sin tener esto en cuenta, el trabajo de Shaye es excelente, y es ella sin duda lo mejor de la película, sobre todo porque a diferencia de la primera entrega aquí vemos toda su evolución desde una mujer presa del miedo y rota por una pérdida hasta una heroína que se enfrenta a lo sobrenatural.

Todo el resto sigue la fórmula mostrada ya por James Wan en las otras dos cinbtas, aunque por algún motivo que desconozco se han reducido en parte las extravagancias formales de las que la primera película hacia gala, y de hecho es sólo en el tramo final cuando se da rienda suelta a ese mundo paralelo y oscuro en el que Elise lucha contra su enemigo, esa especie de Hades cinematográfico que se convirtió en lo más reconocible de la saga y que nuevamente proporciona los mejores sustos de la película y un ambiente de absoluta vulnerabilidad y peligro como pocas películas logran hacer. Es verdad que es ya la tercera vez que visitamos este mundo y por lo tanto no hay sorpresas, pero la cinta sabe dosificar sus sustos y mantiene los trucos baratos al mínimo, algo muy de agradecer.

Lo único que quizás me molestó un poco aparte de la escasa originalidad es el hecho de que en esta ocasión no se ahonda mucho en el trasfondo de ese "enemigo" al que se enfrenta Elise; no sabemos nunca quien es ni cuáles son sus motivaciones, cuando en las dos películas anteriores este era un tema al que se le daba metraje y proporcionaba una capa más de horror a todo el asunto. Eso y una resolución final un tanto acomodaticia y muy en la onda de un Deus Ex Machina, le roban un poco de valoración. Pero en el fondo me ha parecido bastante decente y aquellos a quienes les hayan gustado las dos anteriores la disfrutarán. Está claro que se trata de una precuela alimenticia hecha únicamente para seguir explotando un éxito inesperado, pero en ese sentido se han visto casos mucho peores que este, así que podéis ir tranquilos.

viernes, julio 24, 2015

10 de hace 10: Los renegados del diablo (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Para esta segunda entrega de las revisiones de nuestro décimo aniversario he decidido incluir Los renegados del diablo (2005), segunda película de Rob Zombie y aquella que lo confirmó como una de las más prometedoras voces del cine de horror en los primeros años del nuevo siglo. De hecho, esta secuela de La casa de los 1000 cadáveres (2003), si bien no fue un gran éxito comercial y generó opiniones encontradas en la crítica mainstream de su momento, causó una gran sensación entre los seguidores del género de terror y apareció en varias listas de lo mejor de ese año y en lo mejor incluso de la década, listas en las que por supuesto incluimos la nuestra. Tanto es así, que el resto de la filmografía de Rob Zombie, tanto en su vertiente más comercial como en sus proyectos más arriesgados, no ha podido escapar de las inevitables comparaciones con este trabajo, todavía considerado por muchos como uno de sus mejores. Pero, ¿es realmente así? Diez años después ha llegado el momento de revisitarla para ver qué tal ha envejecido y cuál ha sido su legado.

Como ya mencionaba arriba, Los renegados del diablo es una pseudo-secuela de La casa de los 1000 cadáveres. Digo pseudo-secuela porque a pesar de que existe una continuidad narrativa y que definitivamente hay que haber visto la primera película para al menos tener claro en qué posición comienza el argumento, los cierto es que son dos cintas muy diferentes que se parecen en muy poco. Esto fue algo que Zombie tenía muy claro desde el principio, y puso por lo visto todo su esfuerzo en hacer que esta segunda entrega tuviese un ritmo, una estética y unos referentes alejados de los de su primer largometraje. La primera película, como ya sabemos, tiene una estética y un tono en sus actores y en su escenografía completamente extravagante y exagerado, tanto que por momentos parecía que estábamos viendo un cartoon de terror completamente lleno de artificios en los que sin embargo se colaba un sadismo similar al de La matanza de Texas (1974), innegable fuente de inspiración de esta historia acerca de una familia de asesinos ocultos en la América rural de principios de los setenta.

La segunda parte abandona por completo esa idea y acomete la nada fácil misión de ofrecer una película en la que el norte a seguir no parece ser ya el cine de terror setentero sino el western, si bien no se puede negar que en gran medida Zombie construye el argumento como un homenaje a La matanza de Texas 2 (1986), a la que sin duda se parece mucho y en la que encontramos un número considerable de paralelismos en su trama de venganza de un enloquecido sheriff contra los asesinos de su hermano. Tal como sucedía en aquella película, el personaje de William Forsythe comienza como un justiciero pero termina convirtiéndose en un ser tan desquiciado como los monstruos a los que persigue, y Zombie termina de dar la vuelta a este concepto poniendo esta vez el foco de atención en los integrantes de la terrible familia Firefly, quienes pasan a ser una especie de antihéroes que si bien continúan con su serie de asesinatos aleatorios, demuestran también una innegable humanidad que hace que el público termine identificándose con ellos. Esto último es el verdadero gran mérito de la película y aquello que la emparenta con un western trágico al estilo de Grupo Salvaje (1969), así que en ese sentido el objetivo de Rob Zombie se cumple a la perfección.

Pero este fin se cumple en muchas ocasiones a costa de una coherencia interna tanto de la película como de la saga a la que pertenece; no exagero si digo que algunos personajes, principalmente la Baby Firefly de Sheri Moon, parecen aquí personas completamente distintas sin ninguna continuidad con su trabajo en la película anterior, algo que también sucede en menor medida con el Otis de Bill Moseley, mucho más calmado y taciturno que en su demencial encarnación de La casa de los 1000 cadáveres. Sin embargo esto es una queja sólo a medias, ya que el elenco sigue siendo no sólo lo mejor de la película en sí sino también de lo más impresionante que he visto en muchos años en el cine de terror. De hecho, es bien sabido que en su momento los fans de esta película hicieron una petición a la Academia para que nominaran a Moseley al Oscar por su actuación en esta secuela, algo que honestamente no me puedo imaginar como un evento posible.

El resto se sostiene muy bien a pesar de algunos elementos específicos que dejé pasar entonces y que hoy en día me chirrían un poco: la estética granulosa y falsamente setentera choca con el ocasional uso de una sangre CGI que se ve terriblemente falsa y que resta poder incluso al (por otro lado) excelente final, y todavía se nota que Zombie presta más atención a sus fetiches estilísticos que al argumento. Esto último forma una parte muy importante de su legado ya que el director insistiría en sus preferencias formales en dos cintas futuras que (para mí al menos) representan lo mejor de su carrera: Halloween 2 (2009) y The Lords of Salem (2012), las cuales explotarían mucho más su imaginario de terror surrealista, que curiosamente tiene en esta película de la que hablamos hoy su ejemplo menos elaborado.

Por todos estos motivos me temo que debo soltar algo con lo que quizás muchos de los que leéis este blog no estaréis de acuerdo, y es que Los renegados del diablo es una cinta que no ha envejecido tan bien como el resto de la obra de Rob Zombie. Con diez años de por medio, considero que gran parte de su éxito tuvo que ver con el hecho de que se estrenó en el momento ideal, cuando a mediados de la década pasada presenciábamos un renacer del horror físico y "realista" que glorificaba el gore, la tortura y el sufrimiento corporal como los principales elementos de un cine de terror que hoy en día ya no parece ser la norma. En ese sentido, y aunque en muchos aspectos es una obra mucho más amateur, considero más arriesgada una propuesta como La casa de los 1000 cadáveres, la cual también vi recientemente sin este sentimiento de ligera decepción con el que me he encontrado esta vez. Sigue siendo una excelente película, sin duda alguna está entre las principales de ese horror físico al que nos referíamos, y artísticamente es todo un triunfo considerando que terminó siendo algo diametralmente opuesto a lo que el público esperaba, pero el tiempo ha terminado por matizar mi opinión inicial e incluso el propio Rob Zombie parece haber evolucionado en su propio estilo hacia trabajos mucho más interesantes que están, sin embargo, más cercanos en espíritu al terror de feria de su ópera prima que al western de esta continuación.

lunes, junio 15, 2015

Reseña: Poltergeist 2 (1986)

Es curioso que a pesar de que tenía prácticamente el mismo tiempo sin ver ninguna de las tres, tenía en mi mente un recuerdo bastante marcado tanto de la primera como de la tercera parte de la saga Poltergeist, pero no recordaba prácticamente nada de la segunda. Así que en preparación para la reseña del remake (que ya he visto, por cierto), he decidido terminar de dar un repaso a la trilogía original. Para mi sorpresa, Poltergeist 2: The Other Side (1986) terminó siendo una película muy distinta a lo que me esperaba. Es sin duda una secuela muy inferior que hace saltar por los aires gran parte de los aciertos de la primera parte, pero aún dentro de su evidente medianía y su intento por hacer un producto más convencional tiene espacio para algunas buenas ideas y aciertos que intentaré abordar aquí.

La trama de la que parte tiene lugar un año después de la original (aunque la película se estrenó en 1986, cuatro años después de la primera, con lo que los niños se ven algo creciditos), con la familia protagonista asediada por las dificultades económicas después de haberse quedado sin casa, y arrimados todos en casa de la abuela. Una vez allí observan cómo nuevamente la pequeña Carol Anne vuelve a estar en la mira de espíritus malévolos, por lo que una vez más deberán recurrir a la ayuda de la psíquica interpretada por Zelda Rubinstein y a un místico nativo americano en lo que es probablemente uno de los mayores clichés que nos podamos echar a la cara. Una cosa que llama la atención esta vez es que todos los actores que interpretaban a la familia original regresan a sus respectivos papeles, a excepción de la hija mayor, quien no aparece. Esto se debe, como sin duda sabréis ya, a que la actriz que interpretaba dicho papel murió poco tiempo después del estreno de la primera película. Pero lo curioso es que en vez de dar su personaje a otra actriz, esta secuela decide simplemente hacer como si nunca hubiese existido, omitiendo toda referencia a ella para así no romper el discurso de fuerza-en-la-unión-familiar que ya se presentaba en la primera película pero que aquí está exacerbado hasta convertirse en el principal punto temático.

Pero si hay algo que define esta secuela y explica su cambio de naturaleza es el momento en el que llegó: en 1986, el cine de terror americano mostraba un panorama muy diferente al que se encontró la primera Poltergeist (1982); el auge del horror sobrenatural y el éxito de películas como Pesadilla en Elm Street (1984) hizo que los responsables de esta segunda entrega optaran por una cinta mucho más oscura y macabra que en demasiadas ocasiones chocaba con la temática mística y pseudo-New Age que todavía se dejaba ver, encima aderezada por el lugar común del exotismo místico presente en la figura de los indios americanos. La película acierta al intentar ampliar la mitología de la original, y su decisión de darnos esta vez un villano claramente identificado es interesante por las referencias al pasado pionero de Estados Unidos y la presencia de extrañas sectas religiosas, pero ninguno de estos temas calza muy bien con ese toque fantástico que se le intenta dar en ocasiones y la a veces sonrojante insistencia en el poder del Bien representado en la idea de la familia. Eso sí, una cosa que no recordaba para nada de esta película es que el famoso artista suizo H.R. Giger colaboró con varios diseños de ese oscuro mundo sobrenatural, incluyendo todo lo referente a una famosa escena con un gusano de tequila en el que sin duda es el mayor efecto especial de todo el metraje.

Con sus descripciones de horribles muertes, su visualmente inquietante villano y la aparición de monstruos y demonios de forma mucho más explícita que en la primera, se nota que Poltergeist 2 intentó ser una película mucho más dada al horror que su antecesora, aunque nunca llega a abandonar del todo su ligereza inicial. Lo que la daña son sus lugares comunes, la escasa química que hay esta vez entre los actores y el abandono de la sencillez que tenía la primera parte y que aquí pone en evidencia una continuación mucho más pobre. Pero todavía hay cosas interesantes, y aquellos que se sientan atraídos por continuar la saga tienen aquí puntos a destacar. Eso sí, lamentablemente nunca llega a dar miedo, y la saga no abrazaría realmente el terror hasta la muy problemática tercera entrega, que también habrá de caer por aquí.

sábado, junio 13, 2015

Reseña: Oculus (2013)

Si os pasáis de vez en cuando por mis micro-reseñas de Letterboxd sabréis que en su momento, hace ya casi un año, Oculus (2013) no me convenció mucho. Resumiendo, en aquella ocasión me parecía una película con buenas ideas y una ejecución que me dejaba algo insatisfecho. Tras volverla a revisar para esta reseña mi opinión ha terminado por matizarse, hecho ayudado quizás por no tener que ver otras tropecientas películas el mismo día. Considero ahora que es una muy buena cinta con no sólo grandes ideas sino con detalles ciertamente brillantes que la elevan por encima de la mayor parte del cine de terror comercial que vemos en estos tiempos. Pero es precisamente su pertenencia a un catálogo de cine de miedo convencional lo que en mi opinión hace que se quede corta. Volveré a esa idea más adelante.

Si algo bueno tiene de entrada es que va al grano. En muy poco tiempo se nos hace saber cuál es el argumento principal, en el que dos hermanos intentan demostrar que la muerte de sus padres se debió a una presencia maligna de corte sobrenatural que habita en un misterioso espejo antiguo, una presencia que está relacionada con una larga serie de horribles muertes a lo largo de cuatro siglos y a la que los dos hermanos intentarán vencer. Esta idea de la que parte es por sí sola muy buena; personalmente me encantan las historias de maldiciones ligadas a un objeto y la manera en como está presentada en esta película es muy atractiva y sobre todo mucho menos efectista de lo que su material publicitario nos quiere hacer creer. Por el contrario, el director y guionista Mike Flanagan intenta mantener su trabajo en los límites de una estética realista en la medida de lo posible; es cierto que hay fantasmas, apariciones y demás, pero no dominan por completo la película y se sienten sólo como añadidos. De hecho, y esto es algo que no he visto destacado lo suficiente en las distintas reseñas que he leído, lo más efectivo de Oculus es la tensión que se crea en la larga escena de exposición en la que la protagonista narra frente a la cámara la macabra historia del espejo y su maldición.

Esta referencia constante hacia el pasado sirve para traer a colación el que quizás sea el punto más interesante de esta película y es, tal como muchas reseñas han destacado ya, su estructura narrativa poco convencional en la que la trama salta del presente al pasado alternando entre los protagonistas como niños y adultos, algo que tiene relación directa con los poderes paranormales del espejo y la forma como "engaña" a los protagonistas mezclando ambas líneas temporales en un juego de ilusiones que obliga a los personajes (y al público) a dudar constantemente entre lo que es real y lo que no. Todo este juego es fascinante, y a pesar de que no es la primera película que lo hace ni tampoco es muy complicado que digamos, al menos no trata al espectador como idiota y deja que seamos nosotros mismos quienes armemos la historia en nuestra cabeza. Ese énfasis en el argumento es algo muy poco común en el cine de terror actual y sólo por eso ya vale la pena.

Lo que nos lleva a lo que sigue siendo, hasta ahora, mi mayor objeción respecto a Oculus, y el punto que evita precisamente que llegue a un nivel de grandeza: a pesar de todos estos detalles, de sus grandes ideas y de su ambición a la hora de construir una historia interesante, esta sigue siendo al final de todo una película de terror comercial, y como tal se ve forzada a dar demasiadas concesiones. La película, hay que decirlo, no es muy rica en cuanto a sustos, y varios de sus elementos más tenebrosos como el conflicto desatado alrededor de la madre (interpretada por una muy desperdiciada Katee Sackhoff, por cierto) se siente suavizado y apresurado, y en lugar de eso el clímax de la película nos bombardea con varios elementos típicos del cine de terror contemporáneo que ya son enormes clichés como esos fantasmas de piel azul y ojos brillantes. En general todos estos elementos sumados a los sustos falsos y al típico elenco juvenil causaron que la cinta fuera perdiendo ímpetu llegando hacia el final. Creo que en definitiva ese sigue siendo mi veredicto final: una muy buena historia parcialmente dañada por sus concesiones comerciales. Con todo eso es una película sobresaliente, y pocos ejemplos del cine de terror mainstream actual son tan recomendables como este.