miércoles, julio 27, 2011

Reseña: El bosque maldito (2006)

Con un título muy apropiado en su versión española, El bosque maldito (2006) (The Woods en el original) fue en su momento el proyecto más problemático de Lucky McKee. El director que ya venía de cosechar grandes halagos con May (2002) se encontró de repente con que la cinta que había concebido con apoyo del estudio quedaba atascada en líos de distribución y engavetada por dos años antes de pasar directamente al formato doméstico. La decisión es incomprensible ya que esta película cuenta con grandes aciertos a pesar de no ser el mejor trabajo de McKee, por lo que el rechazo puede deberse a la fría recepción que tuvo en numersoso festivales o a las expectativas creadas en cuanto a qué clase de cinta es simplemente por el hecho de tener a Bruce Campbell en el reparto. La presencia del protagonista de The Evil Dead (1981) es algo puramente anecdótico no sólo porque su personaje no tenga mucho peso argumental sino también porque estamos ante un trabajo muy diferente con el que McKee intenta dar un tono diametralmente opuesto a la pieza indie con la que había comenzado su carrera.

De hecho, la misma trama de El bosque maldito ya deja esto bien claro al hacernos entrar en un argumento más acorde con lo que sería otro ejemplo práctico de un oscuro cuento de hadas: una jovencita problemática va a parar a un curioso internado ubicado en medio del bosque y descubre, tras una serie de misteriosas muertes y desapariciones de las alumnas, que las directoras de la escuela ocultan un terrible secreto relacionado con un antiguo cónclave de magia negra. Si esto os suena de algo no es casualidad; varias veces se ha mencionado que McKee y el guionista David Ross han calcado su premisa argumental de Suspiria (1977), lo cual es una gran verdad, tanto que si en su momento alguien me hubiese dicho que estábamos ante un remake de la cinta de Dario Argento yo me lo hubiese creído. Pero es que aparte de las semejanzas narrativas y el tono de cuento de hadas macabro, hay aquí también un importante regodeo estético que si bien no tiene nada que ver con el colorido mundo del director italiano, sí está bastante marcado en su intención de mostrar el arraigo del Mal con las fuerzas de una Naturaleza hostil de la cual los villanos sacan su poder.

Pero lo más interesante de la película es como ese mismo tratamiento de cuento de hadas se mantiene con coherencia incluso a través de dos formas distintas de relato; lo que en un principio parece una historia juvenil de instituto con énfasis en la crueldad de las chicas y algunos momentos de contenido sobrenatural poco a poco se va dejando llevar por una escalada de excesos estéticos hasta ofrecernos un clímax argumental de malvadas brujas, ramas vivientes, árboles que sangran y hasta Bruce Campbell al rescate hacha en mano. Todo esto hace que El bosque maldito sea una película injustamente maltratada que ciertamente no se merecía haber sido dejada de lado tan radicalmente, aunque sea por el hecho de que con ella McKee demuestra ser capaz de algo en el fondo muy distinto a la película que le hizo famoso, encima mostrando un gran respeto por el legado de cine de terror fantástico que ostenta.

lunes, julio 18, 2011

Reseña: Mum & Dad (2008)

A pesar de ser una de las más recientes entradas destacables del horror británico independiente, Mum & Dad (2008) parte con la desventaja de no sorprender demasiado a aquellos más acostumbrados a este tipo de relatos de horror físico. Todo en ella muestra cosas que ya hemos visto antes en muchas ocasiones, partiendo de la base argumental de una chica prisionera de una familia de perturbados psicópatas que se cebarán con ella durante casi todo el metraje, esquema popularizado tras La matanza de Texas (1974) y que aquí encuentra una de sus más recientes encarnaciones. Hay, sin embargo, diferencias sustanciales en esta película que la hacen un ejemplo más interesante de lo que pudiera parecer en un principio. En primer lugar, la cinta acomete de forma exitosa el riesgo que significa situar su argumento en un contexto netamente urbano (específicamente, una residencia de clase media-baja en las inmediaciones del aeropuerto de Heathrow, en Londres), lo que ya de entrada evita la ambientación rural que suele acompañar este tipo de trabajos.

En segundo lugar, Mum & Dad desarrolla su ya trillado argumento de una forma mucho más inteligente de lo normal al mostrar a la familia de psicópatas de una forma mucho más detallada dando importancia a las miserias personales de sus miembros y de cómo la estructura familiar depende exclusivamente de un juego de dominación del que todos forman parte, manteniendo una estructura autoritaria vertical en la que la espantosa figura del padre brutal, represivo e irascible se complemente con una madre portadora de un sadismo y una crueldad que tiene mucho de gratificación sexual, elementos que ambos intentan inculcar a sus hijos “adoptivos”.

Con todo esto sólo queremos decir que la película consigue dar a sus personajes un delicado equilibrio que les aleja un tanto de la sórdida caricatura paleta normalmente dada a este tipo de psicópatas; lo realmente terrible de esta familia es lo normal que parece en la superficie y el hecho de que detrás de su locura parece haber un método y una lógica bastante retorcida pero sin duda presente. No quiere decir esto, sin embargo, que el director y guionista Steven Sheil escatime esfuerzos a la hora de mostrar todo el repertorio de depravaciones de las que estos seres son capaces y que sin duda consiguen el efecto buscado de hacernos temer genuinamente por la vida de la joven protagonista.

Todos estos excesos de violencia y ensañamiento (remedo sin duda no sólo de La matanza de Texas sino también de Hostel (2006), película de la que esta cinta hasta cierto punto toma su esquema y lo invierte) está intercalado con un humor bastante negro que no pasa desapercibido y que está centrado sobre todo en el espectacular trabajo actoral de Perry Benson como el padre, hecho curioso dado que este actor es principalmente conocido por su trabajo en comedias que en poco desentonan con el elemento estrafalario y satírico de las clases populares urbanas que Mum & Dad parece entrever. De todas formas, este ángulo humorístico mezclado eficientemente con una película tan depravada como esta la convierten en una pieza muy recomendable dentro del panorama británico de terror, por mucho que su premisa ya esté bastante vista.

martes, julio 12, 2011

Reseña: Blancanieves: La verdadera historia (1997)

Blancanieves: la verdadera historia (1997) es otra de esas joyas que vale la pena volver a rescatar, una película de gran interés que por desgracia quedó sepultada entre historias similares durante los noventa. Por un lado no es de extrañar, ya que este telefilme realizado para la cadena americana Showtime tiene muchos puntos en común con otras historias de terror gótico que proliferaron en la misma década como Drácula de Bram Stoker (1992), Frankenstein de Mary Shelley (1994) e incluso Entrevista con el vampiro (1994), de las que se diferencia sin embargo por un tratamiento mucho más oscuro de la dualidad horror/fantasía. Con todo y eso la crítica en su momento la pasó bastante por alto, si bien se reconocía por un lado su valor al revivir el lado perverso de los cuentos de hadas (prácticamente anulado por el cánon Disney y reforzado en parte por las producciones de Hallmark que empezaron a surgir entonces), así como el trabajo de Sigourney Weaver como la villana, quien fue nominada a varios premios y cuya actuación es sin duda lo mejor de la película y por sí sola una razón para verla.

El argumento se toma varias libertades con todas las versiones conocidas del cuento de los hermanos Grimm, pero como decíamos arriba rescata el lado siniestro de la original y al menos se esfuerza en incluir detalles del cuento que no son conocidos por el público mayoritario. Asimismo, la historia de rivalidad entre la madrastra y la joven Lilliana (quien nunca en la película es referida como Blancanieves) está aderezada con directas aluciones a la brujería, canibalismo, satanismo, incesto y necromancia impensables para una cultura audiovisual en la que los cuentos de hadas apelan únicamente al lado bueno de los niños. De hecho una de las cosas más interesantes de esta versión es que en ella Blancanieves pasa a ser un personaje secundario, centrando más bien la atención en la madrastra interpretada por Sigourney Weaver, un personaje interesante, complejo y el único que muestra cierto tipo de evolución, comenzando como una mujer que intenta sinceramente ser aceptada por la hija de su nuevo esposo y que sólo sucumbe ante la maldad (y la magia negra heredada de su madre) luego de una desgracia personal.

Todo esto está narrado desde una perspectiva sombría y cruel que no escatima cebarse con personajes normalmente calificados como héroes, tales como el príncipe salvador y hasta la propia Blancanieves (una joven Monica Keena), quien se podría decir tiene la subtrama más trasgresora pero por otro lado predecible una vez que se establece su relación con los siete desconocidos que la albergan en el bosque, no enanos sino una banda de forajidos cuya adoración hacia la joven no es precisamente unánime. Sin embargo, y como ya hemos dicho antes, el personaje de la joven no es aquí lo principal de la película y el argumento no se ocupa de elaborar mucho la relación entre Blancanieves y sus nuevos amigos: nunca queda muy claro por qué la joven no regresa a casa inmediatamente, y su enemistad con uno de los integrantes del grupo queda sin cerrar dramáticamente hablando. Pero los vacíos argumentales quedan en cierta forma compensados con una muy cuidada estética renacentista ayudada por las locaciones reales de Alemania y República Checa y sobre todo por la inquietante figura de ese espejo mágico habitado por una fuerza maligna cuyo origen muy sabiamente permanece en medio de un misterio.

Blancanieves: la verdadera historia queda fuertemente recomendada para aquellos que busquen un ejemplo de cómo llevar correctamente un cuento de hadas oscuro y cruel a la pantalla. Algunos sin embargo puede que queden algo decepcionados con el tratamiento lento y sobrio de una película más dada a la imagen y en la que ni siquiera hay muchos diálogos, pero la perfecta síntesis de fantasía y terror de la que hace gala sorprenderá a más de uno, especialmente por la soberbia actuación de una Sigourney Weaver particularmente inspirada en un personaje que sin duda es el que está mejor escrito. El formato televisivo, si bien condiciona a la película a tener un desenlace carente de epílogo que se siente algo abrupto, no debería por otro lado hacer surgir un prejuicio completamente injustificado. si no la conocéis, echadle un vistazo lo antes posible.

domingo, julio 10, 2011

Otras versiones

Si la última reseña dejada por aquí os ha picado la curiosidad en cuanto al tratamiento más o menos diferente que ha tenido Caperucita roja en el cine, entonces es un momento tan bueno como cualquier otro para mencionar otras adaptaciones que he visto anteriormente y que (a mi parecer) vale la pena revisar. Hay muchas más, evidentemente, pero estas cuatro que he visto son de las que considero más destacables, al menos por los motivos que nos atañen en esta página.
De las cuatro, En compañía de lobos (1984) es probablemente la más famosa y una de esas reseñas que llevamos pendientes desde hace mucho tiempo. El tratamiento que esta suntuosa película de Neil Jordan hace de Caperucita roja es más bien alegórico y temático en vez de anecdótico, pero toca las teclas correctas en cuanto a cine de terror y posee algunas imágenes inolvidables, como por ejemplo la del cartel que adorna estas líneas y que a mí en lo personal me estuvo rondando durante años mucho antes de ver la película.

Sin salida (1996), o como dice su mucho más apropiado título original, Freeway, ha sido desde hace tiempo una película que me ha fascinado, aunque queda claro que no es cine de terror sino más bien una sátira violenta hecha a la sombra de Natural Born Killers (1994), teniendo ambas en común el nombre de Oliver Stone, que aquí hace de productor. Se trata de una adaptación sucia y violenta de la historia de Caperucita en donde esta es una prostituta adolescente que debe escapar a casa de su abuela para eludir a la justicia y termina encontrando a un asesino en serie de la carretera convenientemente apodado Bob Wolverton. Pero lo mejor de la película es sin duda la actuación de Reese Witherspoon, aquí en uno de sus primeros trabajos, y en un tipo de papel que nunca más ha vuelto a hacer, lo cual es sin duda una lástima. Por cierto que el director es Mathew Bright, el mismo de Bundy (2002), una cinta que guarda muchas similitudes con esta.
Red Riding Hood (2003), título similar al que apenas hemos reseñado, es una modesta producción italiana del prolífico Ovidio G. Assonitis que cuenta una versión moderna de Caperucita desde el punto de vista del lobo, incluyendo claras alusiones a la Mafia, enfermedades mentales, y sangre a borbotones. Es una película bastante inusual que aún no sé si reseñar debido a que no se amolda mucho a los estándares (arbitrarios) de este blog, pero que aún existe como posibilidad.
Finalmente llegamos a una de las más interesantes entradas de esta breve lista, que no es otra que Little Erin Merryweather (2006), un slasher film de bajo presupuesto con Caperucita como eje temático, el cual a pesar de su premisa tiene grandes similitudes estéticas con la versión de Catherine Hardwicke, incluyendo un poster muy similar y un derroche visual bastante parecido. No tan destacable como otras de su género pero sí muy interesante aunque sea por el hecho nada común de hacer del asesino una figura femenina, algo que pocas veces se maneja con tanta efectividad.

jueves, julio 07, 2011

Reseña: Caperucita roja (2011)

No exageran aquellos que dicen que Caperucita roja (2011) es el primer clon “oficial” de Crepúsculo (2008), algo que va mucho más allá del hecho fortuito de que la directora sea Catherine Hardwicke, la misma que nos trajo en su momento la famosa saga de películas de romance vampírico adolescente. Pues bien, esta adaptación bastante libre (por decir algo) del cuento recopilado por los hermanos Grimm viene efectivamente a llenar un vacío que aquella historia de amor y chupasangres ha dejado, puesto que las semejanzas estilísticas son demasiadas para creer en la casualidad. Aunque debo decir que a pesar de la casi unanimidad de críticas negativas que ha recibido, esta película de la que hablamos hoy hace al menos un intento un tanto mayor por ser realmente una historia de terror, lo bastante para que le dediquemos unas líneas.

Decíamos arriba lo de adaptación libre en el sentido más literal de la palabra; lo cierto es que esta Caperucita roja tiene poco que ver argumentalmente hablando con el relato original, aunque sí se nota que tanto la directora Hardwicke como el guionista David Johnson (responsable del guión de La huérfana (2009), lo que en esta casa da caché) sí muestran un interés claro en explorar el lado perverso de la historia dejando entrever el subtexto erótico-agresivo del relato original y al mismo tiempo evidenciando un sinfín de referencias a otros cuentos de hadas en los que los lobos son los protagonistas, algo que se nota desde el nada casual nombre del prota masculino (Peter) hasta un personaje haciendo una parodia de “Los tres cerditos”.

Pero esta es ante todo una historia de terror, por lo que la película muy pronto se encarga de mostrarnos aquello que ya anunciaba el trailer: que el supuesto lobo que asola la aldea de la joven Valerie (una bellísima Amanda Seyfried) es en realidad un licántropo que ha pasado a tener una muy malsana fijación con ella, lo que provoca la intervención de un grupo de cazadores de brujas liderados por un inquisidor que no piensa dejar escapar al monstruo con vida. El problema en todo caso es que la historia del guión original ha terminado por ser alterada para satisfacer las intenciones del público hacia el cual va dirigido; Caperucita roja intenta ser no sólo un cuento de hadas y una historia de terror sino también un misterio de baratillo y, sobre todo, un romance adolescente destinado a hacer suspirar a la fanaticada femenina de Crepúsculo. Tal mezcla de géneros no está lo que se dice muy bien llevada, sobre todo las escenas románticas, las cuales se notan incluso más artificiales que los cursis decorados que componen la película, increíblemente falsos más allá de su estética preciosista y bucólica. Todo el aspecto romántico de la cinta está tan mal hecho que por momentos parece una parodia. El lado del “misterio” (básicamente, quién es el hombre lobo) tampoco está mucho mejor porque la película no hace sino tirar pistas falsas en un intento de parecer más lista de lo que es y fingir al menos por un momento que esta no es una orgía camp de lo más sonrojante en ocasiones, tomándose en serio un tono que en muchas ocasiones mueve a la risa. Únicamente Gary Oldman en el papel del inquisidor parece saber en qué clase de película está, y lo demuestra con una gloriosa sobreactuación que sorprende por lo caricaturesca, con su terrible villano de fina barba, uñas postizas de plata y guardaespaldas multiculturales.

Todo esto al final termina siendo una lástima porque Caperucita roja es al menos en su concepción una película mucho más interesante de lo que pintaba en su momento Crepúsculo, y si falla es precisamente por su insistencia en emular a esta a través de un triángulo amoroso plagado de clichés entre los que destaca el ofensivo estereotipo de la niña guapa enamorada perdidamente del “chico malo” mientras que da esquinazo al guaperas decente. De haber desechado este ángulo y concentrarse en el lado perverso del argumento (algo insinuado muchas veces durante el metraje) habríamos tenido lo que en un principio parecía prometer y que sólo logra a medias: un cuento de hadas oscuro que devolviese al menos en parte el auténtico legado de horror que los hermanos Grimm quisieron dejarnos. Si queréis algo de eso, yo recomendaría que os acercarais mejor a Blancanieves: la verdadera historia (1997), una película con Sigourney Weaver que a pesar de haber sido hecha para la televisión está mucho mejor que esta, tanto que os prometo será la próxima reseña.

martes, julio 05, 2011

Reseña: Cold Prey 2 (2008)

Cold Prey 2 (2008), secuela de uno de los mayores éxitos comerciales del nuevo cine de terror nórdico (aunque también uno de los más convencionales), es una película por la que siento una confesa debilidad. A pesar de no haber sido tan bien recibida, en realidad me parece mucho más destacable que la primera entrega, al menos como muestra de lo que es un slasher clásico. Lo es en el sentido más literal de la palabra; esta continuación de la gélida aventura iniciada en la primera parte es, sin ir más lejos, una copia nada disimulada de lo visto en otros trabajos similares, especialmente Halloween 2 (1981), la cual fusila sin ningún disimulo al incluir un argumento muy similar situado inmediatamente después de los eventos del primer Cold Prey (2006) y ambientado en un hospital donde la heroína deberá hacer frente al asesino de una vez por todas.

Pero su falta de originalidad se ve más que compensada en esta ocasión al tener todo lo que un slasher necesita y mostrar una genuina evolución a partir de la primera cinta muy a pesar de de sus semejanzas estilísticas. La final girl Jannicke (otra vez interpretada por Ingrid Bolsø Berdal) no se limita a correr desesperada por los pasillos sino que se enfrenta valientemente al misterioso montañés que ha empezado a despedazar a los trabajadores del hospital. Este asesino en particular también ha sufrido una evolución al convertirse en una máquina de matar con una fuerza y habilidad casi sobrenaturales que chocan frontalmente con el supuesto realismo de la primera entrega, pero que hacen de esta una película de terror mucho más efectiva. En general Cold Prey 2 es mucho más sangrienta y otorga menos concesiones que su antecesora, lo cual es de agradecer.

Y lo más curioso de todo es que la película echa mano de toda esa truculencia y bagaje en cuanto a horror físico se refiere sin caer en la tentación de hacer su contenido más digerible mediante la ironía o el guiño fácil con el espectador, un error que cometen muchos ejemplos recientes de este cine de asesinos misteriosos. Es encomiable también la manera en que esta secuela complementa la original al ahondar un poco más en su propia mitología y explorar los orígenes del asesino (que ya se intuían en la primera parte pero que aquí están mucho más detallados gracias a la gratuita inclusión de un antiguo testido de dicha génesis) y cerrar con una vuelta al hotel abandonado donde comenzó todo, rematando con la confrontación final entre la bestia y la chica final.

No hay realmente mucho más que destacar: Cold Prey 2 es aún más básica que su predecesora en cuanto a argumento y probablemente no pasará a la historia como uno de los ejemplos más destacables del terror nórdico que nos ha llegado recientemente, pero su mayor fiereza y su sincero respeto hacia las formas clásicas del cine que emula (nuevamente, la primera secuela de Michael Myers asoma por todos lados) la hacen para mí mucho más válida que la primera parte, y sin duda bastante recomendable para aquellos interesados en el nuevo cine de terror comercial noruego. Echadle un vistazo y lo compraréis. Falta comprobar ahora si la tercera parte estrenada en 2010 (muy previsiblemente, una precuela) estará a la altura.

domingo, junio 26, 2011

Reseña: The Creature Walks Among Us (1956)

La tercera y última película del monstruo de la laguna negra fue también la única que no se rodó en 3D y la única que no fue dirigida por Jack Arnold. De hecho, The Creature Walks Among Us (1956) es una cinta muy diferente de sus dos antecesoras, empezando por el hecho de que muestra ya una transición del cine de monstruos puro y duro hacia un tratamiento más ambicioso en su temática de ciencia-ficción sobre la curiosa crisis de identidad de la criatura, y lo mejor de todo es que lo hace con un argumento que muestra una clara coherencia con la forma como se venía desarrollando la saga. En esta tercera parte, un grupo de científicos con ínfulas de aventureros son contratados por un millonario mad doctor para capturar al monstruo (que tras huir del parque acuático de la segunda entrega se ha refugiado en los pantanos de Florida) y llevarlo a su mansión, no para exhibirlo sino para hacerlo parte de un misterioso experimento genético que buscará dar con las claves de cómo controlar la evolución humana.

Aparte del subtexto de ciencia ficción, sorprende por otro lado el oscuro tratamiento que el nuevo director, John Sheerwood, da a la película, desprovista esta vez de héroes intrépidos y en la que incluso está ausente la típica subtrama romántica; en The Creature Walks Among Us todos los personajes principales son moralmente bastante cuestionables, desde el científico desequilibrado que financia la expedición hasta su joven y martirizada esposa que ventila su frustración matando tiburones rifle en mano desde el bote, por no hablar del guaperas que busca seducirla aunque para ello tenga que recurrir a la fuerza. En este contexto de despreciables humanos la figura del hombre-pez se percibe una vez más como un personaje trágico que sólo busca escapar de sus captores, y los inquietantes paralelismos que traza el argumento entre el monstruo y su recién descubierta humanidad (que en un recurso un tanto risible pasa incluso por proporcionarle vestimenta) hace de esta una película distinta que sólo por eso merece ser revisada.

La mayoría de las reseñas que he leído de esta película siempre la califican de aburrida principalmente por sus diferencias con las dos anteriores y su menor inclinación al cine de monstruos que Universal había popularizado. Estoy de acuerdo en que tiene, efectivamente, menos acción que sus antecesoras y que la premisa de ciencia-ficción de la que parte es bastante disparatada bajo cualquier estándar posible, pero considerando que los monstruos clásicos del estudio como Drácula, el hombre-lobo o Frankenstein terminaron convertidos en parodias de sí mismos a lo largo de sus muchas secuelas, el que los responables de The Creature Walks Among Us intentaran hacer algo diferente y en cierta forma atrevido para el estricto código moral de los cincuenta es algo bastante loable que los amantes de este monstruo no pueden dejar de ver. Esta, como ya decíamos arriba, fue la última película de dicha criatura, aunque desde hace varios años se ha hablado de la posibilidad de hacer una nueva versión en la que la tecnología actual de efectos especiales nos permitiría ver al monstruo definitivo. Tras el gran salto temático que esta tercera entrega dio, incluyendo el agridulce (y, sorprendentemente, abierto) final, un remake es de hecho la única opción posible.

viernes, junio 24, 2011

Tres tristes trailers 35


Robert Hall vuelve a la carga con Chromeskull: Laid to Rest 2 (2011), la cual demuestra que estar muerto es sólo un pequeño escollo que resolver en la carrera de cualquier slasher que se respete. A juzgar por lo que podemos ver en el teaser, esta vez podemos esperar un argumento un tanto más elaborado (plagado por cierto de actores reciclados como Brian Austin Green o la misma Danielle Harris, quien poco a poco se va convirtiendo en una presencia perenne en el cine de terror actual) sin detrimento de los litros de sangre que ya acompañaban a la primera parte.

En el apartado de intereses personales, Bereavement (2011) es una a la que le tengo puesto el ojo desde hace tiempo, más que nada por este inquietante trailer con imaginería de gótico americano que sin embargo parece ir más allá de las típicas historias de asesinos rurales e intentar al menos adentrarse en el cine de miedo y no simplemente en el impacto de la violencia gratuita. La única reticencia, como siempre, la figura de los niños como algo tenebroso más o menos porque sí (sin razón aparente), pero no lo bastante como para mermar mi entusiasmo.

Y hablando de niños, este cortísimo avance de la británica Inbred (2011) pinta de lo más prometedor para aquellos seguidores del subgénero de niños malvados y encima mezclado con el terror a las remotas áreas rurales, una tradición por cierto muy fructífera en el cine de terror inglés y que ya nos ha dado otras obras similares desde The Wicker Man (1973) hasta Eden Lake (2008). La cercanía temporal con The Children (2008) parece un tanto arriesgada, pero quien vea este trailer no puede negar el interés que suscita.

martes, junio 21, 2011

Reseña: Laid to Rest (2009)

Los seguidores del slasher no lo tienen fácil: siendo como es uno de los subgéneros de terror más prolíficos, separar los trabajos ejemplares de aquellos que simplemente buscan la mera explotación del horror físico se hace una tarea casi imposible. Aparte de eso, en muchas ocasiones el prejuicio ante esta particular forma de cine de terror hace que muchas veces se busquen coartadas discursivas y segundas (o terceras) lecturas a lo que debería ser un muy básico fenómeno del asesino enmascarado y sus escurridizas víctimas. En este sentido, Laid to Rest (2009) no pide disculpas a nadie; es lo que se dice un slasher en estado puro, y al igual que la muy recomendable Hatchet (2006), contiene todos los lugares comunes de dicho subgénero y no se corta nada a la hora de mostrar violencia en pantalla. La falta de contenido paródico y de nostalgia es lo que la diferencia, en todo caso, de la película de Adam Green.

De hecho Laid to Rest intenta ser una cinta más "seria" y brutal ya desde el inicio, cuando la final girl Bobby Sue Luther (quien, sorprendentemente, no explota sus atractivos físicos) despierta dentro de un ataúd con un conveniente caso de amnesia y descubre que está a punto de ser la víctima de un despiadado asesino de grandes cuchillos y máscara cromada de calavera. Los intentos desesperados de la chica por escapar de su captor es una situación que se explota desde su concepción más básica, algo que garantiza que los fanáticos de este tipo de cine se lo pasarán muy bien. Decimos "situación" en el sentido más literal: no es exagerado decir que esta película no tiene argumento, puesto se trata tan sólo de la representación del asesino, la posible víctima y los fiambres que dejan a su paso. Hay un delicado dejo de posmodernidad al hacer que el asesino grabe en vídeo las muertes de sus víctimas, otorgando cierta capa metanarrativa y enlazando con cierto discurso acerca del carácter vouyerista de gran parte de este cine en los últimos años, pero esta por fortuna es una lectura que está completamente subordinada al carácter lúdico con que se toma la propuesta, alimentada por otro lado con una amplia generosidad en cuanto a efectos especiales sangrientos, incluso dentro de los estándares actuales. Estos excesos compensan hasta cierto grado la falta de lógica narrativa y el desprecio que el director y guionista Robert Hall muestra hacia las convenciones argumentales.

De todas formas, lo que me parece el mayor acierto de la película, y lo que sin duda merece ser recordado más allá de su por otro lado rutinario desarrollo, es la imponente figura del villano (que por cierto me recordó mucho a la imagen del rapero alemán Sido en su album Maske) y el absoluto mistrio tras su origen. La cinta de este modo consigue uno de los principales (y menos comunes) objetivos de los slasher film al crear un asesino icónico y esteticamente memorable. Desde ya predigo que con un par de secuelas más se convertirá en un exitoso disfraz de Halloween. El logro de convertir al principal villano en una forma completamente desprovista de personalidad ha sido una de las constantes de este género desde los tiempos de John Carpenter, y me alegra comprobar que dicha tradición se mantiene.

Tengo que reconocer que Laid to Rest, después de todo, no es lo mío, pero quizás sea porque mi relación con el cine de terror ha cambiado a lo largo de los años y mis gustos no son los mismos de antes. Sin embargo, si cada generación tiene derecho a sus propios iconos terroríficos, el matarife de la máscara cromada se alza como uno de aquellos que más posibilidades tienen, al menos hasta que arruinen todo con una precuela o tontería similar. Este largomentraje de Robert Hall (quien, muy apropiadamente, tiene una larga lista de créditos como técnico de efectos especiales) puede que me haya dejado frío a nivel de argumento y seguramente no gustará a aquellos que busquen algo más cerebral, pero pocos ejemplos actuales le igualan en brutalidad y desprecio hacia las vidas de sus personajes. Con todo, es lo suficientemente interesante para echarle un vistazo al menos una vez.

sábado, junio 18, 2011

Reseña: Terror en Amityville (1979)

Una cosa que durante mucho tiempo me sorprendió fue el éxito inicial de Terror en Amityville (1979), que fue en su momento una película cuya inmensa popularidad sólo es comparable con los palos que recibió por parte de la crítica, lo cual no le impidió sin embargo tener una larga serie de secuelas y hasta un remake de 2005 realizado por la Platinum Dunes. Reconozco que yo me hallaba entre aquellos que no la ven como un buen ejemplo de cine de terror, una opinión que he terminado por matizar pero que por otro lado es comprensible; después de todo, esta cinta de Stuart Rosenberg ha terminado por quedar bastante eclipsada por otros trabajos posteriores que comparten su misma base temática, como Al final de la escalera (1980), El resplandor (1980) o Poltergeist (1982). Sin embargo, esta llegó antes, y la forma en como trata el argumento es lo bastante sobria y carente de efectismos como para alzarla por encima de sus mucho más explícitas continuaciones.

Dicha base temática parte del ya clásico argumento de la casa construída sobre terreno maldito y familia que se muda a ella y comienza a ser acosada por un Mal de procedencia desconocida. Lo que diferencia en todo caso a Terror en Amityville es su ambientación moderna (inusual para la época) y el hecho de que estaba supuestamente inspirada en hechos reales, contados en un famoso best-seller de entonces acerca de la familia Lutz y su experiencia con demonios, fantasmas y posesiones en su residencia. Hoy en día la fama de dicho fenómeno ha terminado por eclipsarse bastante, con la mayoría considerando hoy como fraude aquel relato y con la película siendo ninguneada incluso por sus actores, entre ellos un James Brolin que afirmaba no creerse un ápice de lo que el verdadero Lutz le había contado. Otra cosa que la hace perder puntos ante muchos fanáticos del género de terror es su general ligereza y su escasa cantidad de muertes, lo que la hacía perder muchos puntos ante otros productos sobrenaturales de la época mucho más brutales como El exorcista (1973) o La profecía (1976), las cuales tocaban temas similares con ambientación moderna y que eran sin duda mucho más eficientes como cine de terror.

Pero a pesar de las malas críticas y del hecho innegable de no haber envejecido tan bien como sus arriba mencionadas contemporáneas, un segundo visionado de Terror en Amityville me ha hecho reconsiderar mi posición y reconocer que después de todo no le faltan méritos que expliquen la enorme popularidad que suscitó en su momento (más allá del morbo generado por el libro en el que se basa). Como decíamos arriba, la película nunca se rinde ante la salida fácil del efectismo, hay atisbos de una mitología bastante bien desarrollada, y existen genuinos momentos de miedo que hacen de esta una película de casas embrujadas muy disfrutable y sobre todo muy superior a varias de sus imitaciones. Estas cosas se me han hecho bastante evidentes tras haber visto el remake de 2005, que hace que esta de la que hablamos hoy parezca una obra maestra.

Por desgracia gran parte del público actual que haya visto antes el remake tenderá a despreciar la original por el simple hecho de que no se ven los fantasmas, pero pienso que estarían cometiendo un grave error. A tantos años de su estreno, es verdad que esta primera cinta de Amityville dista mucho de ser una gran película, pero tiene auténticos aciertos a nivel de cine de terror que la nueva versión intenta compensar con efectos especiales y un elenco de gente guapa. En los próximos días iremos revisando el resto de entradas de la saga, de la que por cierto ya se espera un segundo remake (por supuesto) en 3D, así que de momento dejamos la original como una película curiosa y simpática que simplemente no está a la altura de las cintas similares que conforman su legado.