
Tras el éxito de Resident Evil (2002), resultaba obvio que una secuela estaba en camino. Aún así, fueron numerosas las quejas de los fans del famoso videojuego reclamando una supuesta falta de fidelidad a los preceptos que habían hecho popular dicha saga. Todo parece indicar que los productores de Resident Evil: Apocalypse (2004) decidieron, en este sentido, darles taza y media: la película concentra una avalancha tal de personajes y referencias al juego de Capcom, que se convierte pronto en un pastiche caótico de acción dura que poco tiene que ver con el género del que partió. De no ser por un par de momentos dignos de destacar y por esa gran presencia que es Milla Jovovich (creo que desde Sigourney Weaver no se había visto una heroína de acción como esta mujer), esto sería el equivalente cinematográfico de la comida chatarra.
Esta secuela parte exactamente donde la primera terminó: tras intentar reabrir la Colmena, los muchachos de la corporación Umbrella tienen en las manos una epidemia de zombis a gran escala, y su edénica ciudad de Racoon City pronto es presa de los muertos vivientes. La policía no se da abasto, la gente se aglomera en las barricadas militares en oleadas incontenibles de histeria, mientras aumentan los cadáveres y con ellos las filas de los enemigos. En medio de todo el caos, Alice ha despertado e intenta escapar, y pronto une sus fuerzas a las de Jill Valentine y Carlos Olivera, dos policías que han quedado atrapados en el pademonium de los muertos.
Desde fuera de la zona de contención, las cosas se complican, ya que los cabecillas de la corporación Umbrella han visto en la reciente epidemia la ocasión perfecta para probar su nueva y más mortifera arma: el “Nemesis”, un gigantesco ser mitad hombre y mitad monstruo armado hasta los dientes con artilugios de tamaño inverosímil. También han sido ellos los que han soltado a Alice, en un intento de ver cómo ha “evolucionado” gracias a las mejoras genéticas que sus inescrupulosos científicos han practicado en ella. Al mismo tiempo, el sabio creador del nefasto Virus T intenta por todos los medios la salvación de su pequeña hija, dejada atrás en el caos de Racoon City, por lo que no dudará en utilizar a los héroes como sus recaderos en una versión sádica de Gran Hermano.
Resulta obvio que tal avalancha argumental no puede ser metida ni con calzador en hora y media de película, y sin embargo, Resident Evil: Apocalypse hace su mejor intento. La curiosa opción de aquellos “controladores” externos a Racoon City que manejan los designios tanto del Nemesis como de Alice y su pandilla es un interesante guiño al origen lúdico de esta saga, y un detalle que personalmente he sabido apreciar, si bien no pasa más allá de un evidente guiño para los fanáticos del juego de Capcom. Del resto, los creadores de esta película se han olvidado, al parecer, de aquello que diferencia a un juego de una forma pasiva de arte narrativo: esta cinta es, como nunca se ha visto, un culto a la acción por encima de la historia, una acción que tiende al espectáculo, con tiros, explosiones, artes marciales gratuitas, un par de hembras despampanantes y la que sin duda es la imagen más autocomplaciente que se ha visto jamás: aquella en la que una moto a toda velocidad atraviesa (con gran estrépito) el vitral de una iglesia asediada por los muertos vivientes. Para cuando llegamos al clímax de la película, en el que Alice se enfrenta a su mortal enemigo sin arma alguna, casi podría jurar que yo extendía instintivamente la mano hacia delante buscando el mando de la Playstation. Difícilmente hallaremos algo más parecido a un videojuego que esta película.
Lo cual no quiere decir que no tenga sus momentos buenos: aquellos en los que esta fantabulosa historia de acción se acuerda de que es un filme de zombis son los que realmente valen la pena, especialmente durante la visita a una escuela primaria donde el Virus T ha causado verdaderos estragos. Si tuviera que escoger sólo un momento de toda la película, me quedaría con ése. Del resto, queda poco qué decir. Sólo el carisma de Milla Jovovich puede medio salvar esta salvajada de trama ridícula, esta sobresaturación de hormonas llena de situaciones inverosímiles, esta odisea auto–aduladora y rimbombante.
Sin embargo, ha sido un éxito, y ya se habla de planes para una tercera y cuarta parte de la saga. ¿Qué puedo decir? Ciertamente no es para tirar cohetes, y Resident Evil: Apocalypse es un producto pasable, pero no es nada del otro mundo.







