miércoles, octubre 05, 2005

Reseña: 13 fantasmas (2001)

Entre 1999 y el 2001 aparecieron tres curiosas películas de terror de forma casi seguida. A pesar de que fueron producidas por estudios diferentes, tenían varias cosas en común: las tres tocaban el sub–género de las casas encantadas, las tres eran remakes de conocidas películas de dicho tema, y las tres ponían prácticamente toda la carne en el asador de los efectos especiales digitales. En este contexto resulta previsible que el primero en saltar a la palestra fuera Jan de Bont, quien venía de mostrar sus habilidades y excesos en películas de acción como Speed (1994) y Twister (1996). Su película fue la reelaboración de un auténtico clásico (pero con C mayúscula): The Haunting (1963). El segundo fue el desconocido William Malone, quien rehizo una de las películas más conocidas del director y “cirquero” William Castle, House on Haunted Hill (1959). La tercera de esas películas, que es la que nos ocupa ahora, también está basada en la obra de este mismo director: 13 fantasmas (1960).
Esta versión, estrenada en el 2001, está dirigida por Steve Beck, quien al año siguiente estrenaría otra película de género muy similar, Barco fantasma (2002), usando la misma fórmula: crear un ambiente y llenarlo, primero, con personajes vacíos y canónicos, y después con criaturas alucinógenas y efectos especiales digitales, a menudo recreaciones de escenas sangrientas que salen y hacen ¡BUUUU! como si de una atracción de feria se tratase. Lamentablemente debo decir que esta película causa tanto miedo como uno de esos paseos eléctricos.
En la cinta, Arthur Kriticos, padre de familia recientemente viudo, recibe una herencia de manos de un tío que nunca conoció en vida. La herencia es de lo más curiosa pero le viene como anillo al dedo: se trata de una enorme mansión de paredes transparentes situada en medio de la nada, una gloria arquitectónica cuyos usos prácticos no se ven por ningún lado, pero que seguramente le reportará grandes beneficios si la vende. Sin embargo, al pasar su primera noche en la casa se da cuenta de que no todo es color de rosa: al abrirla, ha accionado sin querer un mecanismo de relojería que activa la verdadera función del inmueble: se trata de una gigantesca cárcel para un grupo de fantasmas llenos de ira y ganas de matar, que su excéntrico tío había estado cazando y coleccionando hasta que la muerte le sorprendiera. En un contexto gótico, la cosa hubiese resultado bien y todo, pero en poco tiempo la cinta se encarga de demostrarnos que no va a ser así.
La película original tenía la curiosidad de estar filmada en un sistema llamado "Illussion-O", que consistía en unas gafas similares a las de 3-D pero que hacían aparecer y desaparecer a los fantasmas, obligando al público a "participar" en la película. Aquello era normal para William Castle, quien antes de dirigir películas diseñó atracciones de feria, y siempre buscaba maneras de jugar con el público de la sala. Nada de eso encontrarán en esta versión de 13 fantasmas. De hecho, el nivel de respeto por el material original me quedó muy claro cuando, en una entrevista de carácter publicitario, la actriz Shannon Elizabeth (que tiene aquí uno de los papeles principales) demostró no tener la más mínima idea de quién era William Castle, para empezar. Sin embargo, debo decir que la película hace un curioso guiño a su original al colocar en la trama unas gafas especiales que los personajes deben colocarse para ver a los espíritus, aunque el resultado es más bien risible.
El nivel de los efectos especiales sí es bastante alto, eso hay que reconocerlo, pero los fantasmas, por la manera en que están realizados, son tan estrambóticos que resultan caricaturescos, mucho más acordes con los que salían en Cazafantasmas (1984) que con los que podrían esperarse en el género de terror. Por si eso no fuera suficiente, la película está tan inmersa en humor no–intencionado que raya en el patetismo, especialmente con el personaje de Embeth Davidtz: una activista que lucha por los derechos de los fantasmas (sus palabras textuales, lo juro) y pretende lograr su liberación. Si esta hubiese sido una película cómica (no lo es) dicha idea hubiese sido genial, pero aquí no es más que otro desastre. Dentro de esta línea, el payaso de Mathew Lillard resulta enervante, y la curiosa elección de Tony Shaloub en el papel principal, tipo héroe de acción, no puede ser más desafortunada en esta caricatura lastimosa basada en la obra de un hombre que sí sabía reírse de sí mismo. En esta versión “actualizada” esa risa se mezcla con un llanto: el nuestro.

5 comentarios:

Eki dijo...

Aún así, en los extras del DVD están las historias de todos y cada uno de los 13 fantasmas, que disfruté mucho (pos supuesto más que la película)

Noel dijo...

Una puta mierda, pero el remake de "House on Haunted Hill" no estaba tan mal...

Hombre Lobo dijo...

Eki: no sabía nada de ese contenido extra. Creo que veré si lo consigo por ahí.

Noel: bueno, el remake de "House on Haunted Hill" comenzaba muy bien, pero ese espantoso final estilo "Casper the friendly Ghost" me causó un vuelco intestinal que todavía recuerdo. Aún así, tenía sus momentos buenos. Y claro, siempre mejor que esta.

Eki dijo...

Yo la de HoHH también la encontré bastante bien, sobretodo por los créditos iniciales, así en plan stop motion con las hiedras y eso (mira Noel, otro ejemplo más) y el efecto de 'vibración' de los fantasmas que se veían en la cámara... me quedo sobretodo con un buen trabajo visual que en su momento me pareció innovador.

Sr. Delmónico dijo...

Escribiré en contra de la voluntad de mi cerebreo y mis dedos, escribiré porque me parece pertinente alertar a otros que hayan pensado en ver esta película.

ES LA CINTA (remake) MÁS ABOMINABLE JAMÁS FILMADA EN LA HISTORIA DE LAS PELÍCULAS DE TERROR. -0.1 ES MI CALIFICACIÓN