lunes, octubre 05, 2015

Reseña: La visita (2015)

La visita (2015) es probablemente la película de terror que con más ganas he esperado este año, y sé que en eso no estoy solo. De hecho, pocos estrenos recientes han causado tanta expectativa como este desde que las primeras impresiones asomaron la idea de que estábamos ante el regreso de M. Night Shyamalan, quien tras una serie de estrepitosos fracasos comerciales en sus propios proyectos y tras un par de traumáticas experiencias con la maquinaria hollywoodense, necesitaba de forma desesperada un éxito que le recordase al público sus innegables capacidades como director. Esta película de la que hablo hoy es no sólo un regreso a sus raíces de terror, sino también una vuelta a una producción mucho más modesta que busca conectar con los gustos del público de hoy en día y a la vez tener una mayor libertad a la hora de abordar el material del que parte.

Teniendo en cuenta esto, hay una evidente jugada hacia lo comercial presente ya desde el inicio, cuando los créditos iniciales nos muestran la curiosa alianza entre Shyamalan y el productor Jason Blum, el hombre detrás de la mayor parte de los grandes éxitos del terror mainstream de los últimos años como Paranormal Activity (2009), Insidious (2010), Sinister (2012), The Lords of Salem (2012), The Purge (2013), Oculus (2013) y un larguísimo etcétera, y que ahora ha fichado al cineasta de El sexto sentido (1999) para una nueva película de terror con niños partiendo de sus conceptos de escaso presupuesto y alta rentabilidad. La presencia de Blum quizás explique el que Shyamalan se atreva esta vez con una obra de falso documental en la que una jovencita y su hermano menor hacen una visita a sus abuelos, a quienes conocen por primera vez, y van descubriendo poco a poco que tras el extraño comportamiento de los ancianos se esconde un terrible secreto.

Confieso que de entrada esto ya me daba muy mala espina, puesto que todos sabéis mi rechazo habitual a este género tan abusado de terror documental, pero en este caso debo decir que dicho formato está hecho desde una perspectiva muy superficial en la que las reglas de un falso documental no siempre se respetan, desde la insólitamente nítida calidad de imagen de una cámara de andar por casa hasta la presencia de créditos iniciales e intertítulos que documentan el paso del tiempo. El recurso de la cámara en mano está poco justificado pero al menos no lo encontré tan cargante como otros ejemplos recientes así que tampoco me molestó tanto. Mucho más criticable me parece el empleo de niños en el elenco y un muy alargado primer acto en el que no sucede gran cosa y que por momentos se me hizo interminable. Lo bueno en este sentido es que una vez que la película coge vuelo y Shyamalan se mete en la historia, el resultado es muy positivo. El subtexto de locura y el horror ante los estragos de la vejez está muy presente y aunque muchas veces no queda claro cuál es la extensión de dicha locura en los personajes principales, algunas de las imágenes que nos regala son muy efectivas y meten miedo de verdad.

Por supuesto la película tiene sus detalles que no conectaron conmigo: el principal de ellos quizás sea una inconsistencia de tono en la que la mayoría de los elementos de horror son contrarrestados por un humor muy forzado (casi siempre proveniente del muy asesinable hermano menor de la protagonista), con lo que el componente de miedo pierde muchas veces su efectividad, y en definitiva la película se hace larga por culpa del muy aburrido primer acto. También pienso que el formato de falso documental le hace daño por innecesario y por lugar común a estas alturas, y honestamente no veo el motivo (más allá del meramente presupuestario) de usar este tipo de narrativa. Eso sí, si la película se salva es por su tramo final, no sólo por la ya habitual "sorpresa" de Shyamalan (muy sencilla y sin embargo muy efectiva) sino por añadir la que probablemente sea la mayor tensión de todo el metraje. El director se casca luego de este maravilloso clímax una sonrojante coda final que me ha parecido sobraba, pero en general es un trabajo muy digno que espero tenga el éxito suficiente para volver a poner el nombre de M. Night en la palestra. Una película extraña en sus intenciones y muy mejorable, pero también eficiente y teniendo en cuenta lo último de este director, es algo que vale mucho la pena.

1 comentario:

Renaissance dijo...

A mí me pareció una película muy eficiente, y que no se toma tan en serio como otras de su director, cosa muy de agradecer. El humor, en cambio, resulta bastante anticlimático en un guión que de otra forma, ofrece una visión de terror bastante distinta a lo último que había estado viendo: sus primeros enfoques planteando miedos reales, como la vejez, el deterioro o la locura son el mejor aporte. Los personajes, en cambio, tan pretendidamente graciosos como el niño protagonista, pierden bastante...y efectivamente, lo de filmar con cámara en mano resulta un poco cogido por los pelos y muy pensada para justificar determinadas secuencias: si en más de una ocasión comentan que el material que tienen los protagonistas es bastante malo, resulta bastante chocante que la realización sea tan nítida.