sábado, octubre 30, 2010

Reseña: The Human Centipede (First Sequence) (2009)

Si se supone que uno de los objetivos del género de terror es perturbar, entonces The Human Centipede (First Sequence) (2009) cumple este objetivo a la perfección, aunque sea de forma un poco inesperada. De hecho hay una gran diferencia entre la brutalidad de la obra acabada y la expectación que generó esta reciente producción holandesa gracias a un minuto de metraje que rodó por la red y que anticipaba una premisa difícil de soportar: la historia de un perverso cirujano empeñado en unir quirúrgicamente a tres incautas víctimas para formar un solo ser. La conexión boca-ano de los desdichados personajes dio pie evidentemente a muchos chistes, pero también dejaba en evidencia una vertiente cada vez más numerosa del cine de terror de los últimos años, y que consiste en aquellos trabajos que intentan llegar más allá de los límites de lo mediáticamente aceptable, revelando incluso una nueva forma de entender la comercialidad de estas cintas: al igual que la francesa Martyrs (2008) o la más reciente A Serbian Film (2010), The Human Centipede probablemente nunca vea un estreno comercial en salas de cine, pero eso no le ha impedido ganarse una gran popularidad tanto en festivales como por Internet.

Dicho esto, hay que decir que la película no es visualmente tan escabrosa como se podría llegar a creer; a decir verdad, los mayores horrores transcurren en la mente del espectador, que ya va preparada no sólo gracias a la premisa inicial, sino a una perturbadora secuencia en la que el doctor (gloriosamente interpretado a la perfección por el conocido actor alemán Dieter Laser) explica fríamente a sus víctimas (diagramas mediante) los detalles de la intervención. El resto de la cinta es no sólo poco gráfico, sino que además está tratado incluso con cierto sentido del humor, un humor muy negro y retorcido en ocasiones pero también bastante evidente en la caracterización del cirujano como un mad doctor salido de un cómic con todo y la inevitable referencia a los experimentos nazis (esa fuente inagotable de horrores pulp) y su interacción con la "criatura", cuya pieza frontal es un joven japonés que sirve la función de crear una barrera lingüística entre el doctor y su creación. Las otras víctimas, dos guapas chicas americanas, emparentan la película de Tom Six con esa vertiente ya conocida del cine de terror actual de hablar de los peligros que encuentran aquellos que se aventuran fuera de los seguros límites de casa (esa dead tourist movie de la que tanto hemos hablado).

Pero esto es sólo al principio: lo interesante de The Human Centipede es que es abiertamente sincera en su afán de perturbar y lo hace de forma sorprendentemente sutil teniendo en cuenta lo escandaloso de su premisa. No deja de sorprendernos, en todo caso, encontrarnos ante una película tremendamente sencilla que toca la tecla de la fascinación del público por lo grotesco y la exposición lúdica del sufrimiento ajeno. En este sentido el público no se diferencia mucho del desquiciado cirujano, pero lo cierto es que Tom Six ha conseguido subordinar este comentario sobre el horror a lo que ante todo es un muy buen thriller; como espectadores realmente nos interesa llegar hasta el final para ver cómo se resuelve el conflicto de estos desdichados personajes atrapados en el sádico juego de un psicópata. La general sencillez argumental que presenta hace que el tramo final tenga una estructura ya muy vista en este tipo de trabajos, con piruetas argumentales ya muy conocidas en este género, pero estas faltas de originalidad no molestan y son perfectamente coherentes con el resto de la cinta.

Para mí personalmente el principal atractivo de The Human Centipede está en la manera como evidencia el insaciable vouyerismo por parte del seguidor del género; en mi caso durante mucho tiempo pensaba que esta sería una de esas películas que desearía no haber visto, pero Tom Six ha conseguido tratar su desagradable premisa de una forma que sinceramente no me esperaba y encima logrando ser igual de perturbador sin necesidad de caer en una sobrexposición que por otro lado hubiese sido supérflua. Probablemente, y no sólo por la obviedad cronológica, esta sea la última película de terror de su década y el auténtico inicio de la ya mencionada competición por impacto. Más por su premisa que por su ejecución, estamos ante una gran película que para mí merece ser vista pero me temo no será del agrado de muchos. De todas formas habría que preguntarse en todo caso a qué se debe realmente la decepción de algunos y si esta se verá de alguna manera compensada con la secuela ya anunciada por su director a pesar de que esta obra es bastante redonda y definitiva en cuanto a su final. Sólo puedo repetir que desde aquí la recomendamos ampliamente como una de las mejores de la década pasada.

lunes, octubre 25, 2010

Reseña: Aliens vs Predator: Requiem (2007)

Decíamos en una anterior ocasión que una película que uniera a los monstruos protagonistas de las sagas Alien y Predator era imposible de realizar de manera eficiente. Y sin embargo, Aliens vs Predator: Requiem (2007) es en mi opinión lo más cercano que hemos estado a ello. De entrada corrige varias de las principales carencias de Alien vs Predator (2004), creando una secuela directa que hasta cierto punto arranca de donde tenía que haber empezado su predecesora. Tanto es así que realmente no hace falta haber visto la película de Paul W.S. Anderson para entender esta secuela ya que toda la información que necesitamos saber se nos presenta sin palabra alguna por medio de una secuencia inicial que da pie a un argumento tremendamente sencillo: un Alien logra infiltrarse en una nave de los Predator ocupando el cuerpo de uno de los cazadores, dando lugar a un nuevo monstruo híbrido que combina las características de ambas criaturas. La nave se estrella en la Tierra, en un pequeño pueblo de los Estados Unidos, con lo que los humanos residentes deberán enfrentarse a este monstruo invasor al tiempo que un Predator es enviado en una misión secreta para destruir a la criatura y borrar toda pista de su existencia. Esto es básicamente el argumento, conciso, sencillo y sobre todo mucho más interesante que la enrevesada historia de la película de Anderson.

No es esta la única diferencia entre las dos. A la mayor sencillez argumental hay que sumar el hecho de que esta vez, y al parecer haciendo caso a las numerosas críticas que recibió la calificación PG-13 de Alien vs Predator, esta segunda parte intenta presentarse más como una película de terror al ser mucho más violenta y contar incluso con víctimas cuyas vejaciones han sido tradicionalmente consideradas un tabú cinematográfico, tales como niños o mujeres embarazadas. Los nuevos directores, los hermanos Colin y Greg Strause, parecen también interesados en dar a su película una oscuridad más literal: la fotografía es tremendamente oscura (en ocasiones demasiado) lo que incluso la emparenta con las primeras entregas de la saga Alien. Donde sí parecen haber acertado los hermanos es en la concepción de Aliens vs Predator: Requiem como una monster-movie en la que la criatura principal es realmente tratada como la amenaza que representa; una cosa que siempre definió las cintas de ambas sagas era que los auténticos protagonistas eran los humanos y los monstruos un peligro que acechaba pero que no dominaba por entero el metraje, detalle que se pierde con la concepción del enfrentamiento entre estas dos especies alienígenas como el centro de un espectáculo que cae en la irremediable sobreexposición. En este sentido, la inclusión de un ser híbrido es no sólo acertada, sino que está bien hecha gracias a la decisión de mantenerlo en segundo plano como "monstruo final".

Por desgracia este es sólo un acierto a medias, ya que los protagonistas humanos, en los que la película en teoría debería depositar su mayor fuerza argumental, fallan estrepitosamente. Demasiados personajes, demasiadas historias sin mayor relación entre sí que el contexto, y un desarrollo escueto, vacío y en general poco interesante lastran considerablemente la película de los hermanos Strause. A pesar de que los Alien son mostrados como auténticos monstruos temibles y la caracterización del Predator como una especie de pistolero espacial se deriva de esa extraña concepción de antihéroe que se le ha querido dar en estas dos películas, el fallo de los personajes humanos hace que que la historia no se sostenga y quede por debajo de las entregas anteriores de ambas criaturas.

A pesar de eso nunca entenderé del todo el rechazo casi general que existe hacia esta secuela por parte de un público al que le están dando lo que en el fondo pedía: el enfrentamiento sin cuartel entre estos dos monstruos aupado por un nivel de violencia mucho mayor que el de la primera parte. Pienso en todo caso que esta es la película que se debió haber hecho originalmente, un episodio que marcase una ruptura total con ambas sagas y no dependiera principalmente del guiño cómplice con el espectador (a pesar de que hay una muy clara mención de la corporación Yutani). El agridulce final augura incluso una tercera parte que dudo mucho se lleve a cabo debido a la pobre recepción crítica que ha tenido, pero a mí en particular me ha parecido mucho más digna de lo que esperaba, y especialmente recomendable si se es de los que piensan que Alien vs Predator tenía aspectos mejorables.

domingo, octubre 17, 2010

Reseña: El otro (1972)

Ahora que hemos regresado, no hay mejor manera de ponernos al día que sacando a colación la reseña que (sin exagerar) más nos han pedido en el tiempo que llevamos abiertos, El otro (1972). Como en tantas otras ocasiones, he tardado demasiado tiempo en verla, y a pesar de que es considerada por muchos como una obra maestra y uno de los principales exponentes de ese nutrido subgénero dedicado a los niños malvados, tampoco es demasiado conocida por el público mayoritario. Esto se debe quizás al escaso interés que despertó en el momento de su estreno (el status de semi culto que ostenta actualmente se debe sobre todo a sus numerosas reposiciones televisivas) y al hecho de que su director, Robert Mulligan, tiene otras películas en su haber que eclipsan la fama de esta de la que hablamos hoy, como por ejemplo Matar a un ruiseñor (1962), por la que incluso ganó un Oscar y la cual tiene muchos puntos en común con la reseña de hoy, incluyendo su ambientación de pueblo de los años treinta y las diferentes capas de horror que se esconden detrás de una vida sencilla y en apariencia apacible.

El otro también toca una vertiente del miedo bastante conocida como es el arquetipo del "gemelo malvado" al narrar la historia desde la perspectiva del pequeño Niles y su hermano gemelo Holland (ambos niños interpretados por auténticos gemelos, cosa que en principio no parece así ya que Mulligan nunca muestra a ambos niños en el mismo encuadre), cuyas travesuras poco a poco van adquiriendo tintes cada vez más siniestros. El tono lúgubre de la trama contrasta con el luminoso y acalorado ambiente que Mulligan recrea en aquella apartada granja, así como con la alegre y festiva música de Jerry Goldsmith, quien deseaba retratar con ella la inocencia de un niño que esconde un terrible secreto referente a la muerte de su padre y el estado depresivo de su madre. El tono realista de la película es únicamente roto por un fenómeno que Holland y Niles llaman "El juego", que consiste en la habilidad (en parte real y en parte ficticia) de los gemelos en transplantar su conciencia a otros seres vivos, truco aprendido de su abuela rusa.

El marcado contraste que existe entre el tono de la película y la crueldad del argumento hace que El otro sea difícil de clasificar en un género específico, saltando de ese costumbrismo pastoril al thriller de un momento a otro, con algunas imágenes realmente impactantes como la del carnaval de fenómenos que en cierta forma anticipan algunos de los momentos más crudos de la cinta. Esta es, de hecho, una película que se apoya mucho en la anticipación de dichos momentos y en sorpresivos giros argumentales que por supuesto no pienso revelar aquí porque constituyen la principal fuerza de un relato cuyos elementos más perturbadores son sugeridos (incluso uno de los carteles ostentaba el tagline "No reveles el secreto de El Otro"). Esta dependencia de la sorpresa argumental quizás sea el único problema que la cinta podría tener con el público actual, ya que muchas de ellas, incluyendo el principal giro del argumento, pueden ser fácilmente anticipadas por un público en cierta forma ya acostumbrado a este tipo de trucos.

Quizás esto sea uno de los motivos por los cuales a pesar del culto que existe en cuanto a la película, El otro no tenga el mismo reconocimiento que otras piezas de terror de los setenta o incluso otras muestras de la filmografía de Robert Mulligan. En todo caso, no deja de ser una película muy recomendable cuya influencia se nota en otras cintas posteriores que han tocado el tema de los niños perversos, aunque pocas veces con tanta efectividad. En mi caso particular lamento no haberla visto mucho antes, ya que es toda una lección de cómo sacar una historia a partir de la ya conocida pero no siempre mencionada crueldad infantil, y una muestra de por qué las buenas historias de terror con niños son escasas.

sábado, octubre 09, 2010

En donde hemos estado

Después de esta prolongada espera (la más larga desde que empezamos en abril del 2005), hemos vuelto a hacer una breve actualización para dejar constancia de vida. Entre otras cosas hay que dejar claro lo conmovidos que estamos ante la gente que se ha dejado caer por aquí preguntándose si el que esto escribe había sido abducido por alienígenas o alguna otra forma menos noble de vida, pero no ha sido así. La verdad está más cercana a problemas de carácter logístico, entre los que se cuentan una nueva residencia que de momento carece de conexión a Internet, en un barrio berlinés que encima está alejado de cualquier vestigio de civilización.
Pero existen otras razones por las cuales el ritmo de actualización ha mermado considerablemente en los últimos meses. De todas ellas, quizás la más pertinente a esta página sea la publicación de nuestra primera novela, que verá la luz este mismo mes y de la cual ya hemos montado la correspondiente página de facebook dedicada al muy necesario autombombo. La publicación será primero en Venezuela, con posterior metástasis a Chile, México y España (¡y luego el mundo, muajajaja!). Ha sido esta una temporada bastante agotadora, así que ruego sabréis perdonarnos la indolencia mostrada ante tan agradables comentarios. Lo cierto es que si bien todavía no dispongo de la conexión a Internet debido a falta de tiempo para sortear el insondable papeleo de la burocracia alemana, me he propuesto volver a actualizar lo antes posible y continuar con lo que aquí tanto nos gusta. Mientras tanto, podéis tener una prueba de vida en el enlace arriba incluído, y la seguridad de que volveremos a estar al pie del cañón en cuestión de nada.
Gracias, una vez más.

sábado, agosto 21, 2010

Escueta reseña relámpago de "Dead Set"

Por lo menos hasta que llegue el estreno este año de The Walking Dead habrá que considerar Dead Set (2008) como el mayor paso que ha dado lo zombi en la pequeña pantalla. No la ví en su momento y he tenido que dejar pasar un tiempo para poder apreciarla correctamente en su formato doméstico, cosa que no ha resultado nada difícil puesto que los cinco capítulos que la componen apenas suman dos horas y media, pero su brevedad no le impide pasar revista a todo lo que en nuestros tiempos de sobresaturación de cadáveres ambulantes hemos llegado a entender como los arquetipos y constantes de este tipo de historias. De hecho Dead Set es un digno representante de los zombis post-Romero, ya que si algo queda claro de esta producción británica es la evidente deuda con cintas como 28 días después (2002) y El amanecer de los muertos (2004), las cuales a su vez ya reinventaban la entonces trilogía romeriana en aras de un mayor "realismo" e intensidad.
De la misma forma la premisa de Dead Set (básicamente la historia de un Apocalipsis zombi vivido desde la casa de Gran Hermano) podría hacernos creer que sus responsables han echado mano de este tipo de trama únicamente para montar una evidente alegoría sobre el carácter perverso de la telerrealidad y el vouyerismo de unos espectadores que desean ver la degeneración de un grupo de personas forzadas a convivir. El hecho de que la serie esté producida por la cadena británica Channel Four, responsable también de la producción de dicho reality, otorga un giro macabro a esta idea que encima se conplementa con la participación de Davina McCall, conocida presentadora del programa en su versión inglesa y que se ha prestado a ser zombificada hasta el punto de convertirse en una de las imágenes más recurrentes de la serie.

Pero si Dead Set funciona es por más que simplemente cuestiones alegóricas; después de todo, el drama de personajes forzados a convivir y convirtiéndose en un peligro para sí mismos aún más que los propios zombis ha sido un tema recurrente en este subgénero desde su (discutible) génesis en 1968, por lo que la serie no inventa un camino nuevo. Sus virtudes están sobretodo en haber conseguido presentar una historia violenta y agresiva que va más allá de los límites comúnmente impuestos por la televisión. La imagen de un zombi mirando fijamente la pantalla resulta en este sentido demasiado obvia y a estas alturas difícilmente sorprenda a nadie. De la misma forma, las piruetas argumentales de la serie son bastante predecibles y todo aquel que haya visto películas de este género sabrá anticiparlas con facilidad: la duda entre eliminar o no a un ser querido, la ruptura del tabú de la propiedad privada, un personaje infectado que oculta su condición hasta que es demasiado tarde, y un largo etcétera.

La falta de originalidad en todo caso es compensada con un tratamiento brutal de los personajes y una estética más entregada a un realismo documental que deja en evidencia que Dead Set, a pesar de sus muchas y nada veladas referencias romerianas, busca realmente imitar el formato que Danny Boyle y Zack Snyder popularizaron, aparte de sus "zombis rápidos", los cuales por otro lado son argumentalmente necesarios para justificar la rapidez de la epidemia. El tono de telerrealidad de la película ayuda también a dar a sus personajes un realismo que, paradójicamente, es más pronunciado en aquellos que son componentes de la Casa y que, en teoría al menos, deberían ser los más antinaturales. El resto son bastante tópicos a excepción del grandioso personaje del productor del programa en el infaltable rol de cabronazo que pone en peligro las vidas de sus semejantes aún más que los propios muertos vivientes y que tiene algunos de los mejores y más geniales momentos de la serie.

Por supuesto que no todo es tan perfecto; aparte de una ya mencionada falta de originalidad que hace que la serie no tenga nada que sorprenda a aquellos seguidores habituales de este tipo de historias, la serie tiene un final bastante apresurado y repentino que se antoja bastante acomodaticio en cuanto a resolución final de los interesantes giros dramáticos que se intuyen pero que nunca se explotan. Con esto queremos decir simplemente que la serie podría haber continuado por mucho tiempo. Pero la decepción sólo puede venir si nos olvidamos de lo primordial: que Dead Set fue hecha para la televisión, y en este sentido es sin duda uno de los trabajos más brillantes y energéticos que podemos encontrar.

Allá por los tiempos de su estreno, la cadena Channel Four decidió retransmitir la serie entera con todos sus capítulos seguidos para un especial de Halloween. No estoy seguro de que haya sido una buena idea ya que a pesar de la brevedad de su primera y única temporada y lo increíblemente sencilla que resulta su trama, se nota mucho el formato episódico en la manera como cada episodio tiene su estructura propia con cliffhanger incluído. Pero las dinámicas de disfrute son un tema aparte, ya que esta producción británica está entre los destacables de un subgénero que hoy por hoy parece habernos engullido con demasiados exponentes prescindibles. Ningún amante de lo zombi debería perdérsela.

sábado, agosto 14, 2010

Reseña: Splice (2009)

El caso de Vincenzo Natali es el de un director encumbrado como algo cercano a un autor de culto principalmente por la película Cube (1997), que hoy en día sigue siendo su obra más popular a pesar de que el canadiense ha seguido la senda de la ciencia-ficción alegórica en cintas posteriores como Cypher (2002) o Nothing (2003). Debo reconocer que no he visto todavía estas dos, lo cual se justifica hasta cierto punto en lo relativamente desapercibido que ha pasado Natali durante todos estos años, sumido por lo visto en un silencio que se ha roto con una de sus películas más anticipadas, Splice (2009), una curiosa mezcla de fábula moralista y monster-movie que intenta balancear varios géneros a la vez, desde las desventuras de científicos amorales hasta aquello que tan acertadamente se conoce como ciencia-ficción guarra. El nombre de Guillermo del Toro (uno de los muchos productores de la cinta) ha lanzado una idea errónea sobre Splice y su pertenencia a la variante más fantasiosa de los monstruos, porque lo cierto es que la película de Natali es una mezcla bastante caótica de estilos que revela de forma bastante evidente lo accidentado de su producción y lo mucho que luchó su director para finalmente lograr su muy retrasado estreno, ya que sus ocasionales grandes ideas se pierden un poco en lo que resulta a todas luces una película un tanto limitada.

Tras un muy pobre comienzo aderezado con todo y secuencia musical para hacer avanzar la trama, la película llega a lo realmente importante al mostrar el momento en el que los dos científicos protagonistas deciden ir más allá de lo permitido y crear una forma de vida artificial llamada "Dren", un coctel de ADN de varias especies diferentes, incluyendo la humana, a la que mantienen oculta de todos con la esperanza de poder observar por completo su acelerado ciclo vital. Es la relación entre los dos científicos y la impredecible criatura el centro argumental de la película (de hecho el 90% de la cinta muestra sólo estos tres personajes), que más adelante incluirá las ya conocidas dificultades de instintos maternales frustrados y los peligros de mantener a raya a una criatura que muestra poco control en sus instintos más básicos como la alimentación y (como no) la reproducción. En ocasiones estas ideas ponen a prueba la credulidad del público a un nivel un tanto excesivo ya que los dos protagonistas no parecen tener en ningún momento idea de la magnitud de lo que han hecho ni de los numerosos inconvenientes de dejar a un ser como este fuera de su vista.

Este sería después de todo un mal menor, ya que el principal problema de Splice viene a ser su aparente necesidad de tocar varios puntos clave de distintas temáticas de ciencia-ficción sin decidirse por ningún camino a seguir, como si Natali y el resto de sus responsables hubiesen querido confeccionar una película que funcionase a la vez como alegoría fantástica de la ciencia como acto "creativo" (en el sentido de aquellos grandes avances científicos vistos como un fin en sí mismo y no como un servicio a la Humanidad), película de monstruos al uso y fantasía erótica de sci-fi calenturienta. En lo primero no termina de funcionar porque los preceptos científicos sobre los que se asienta la película son de baratillo, y en cuanto a lo último cabe decir que la película es sorprendentemente recatada y aburrida en todo lo que tiene que ver con sexo; en este sentido resulta inevitable la comparación con otras obras de erotismo fantacientífico como Species (1995), la cual con todo y su tratamiento "cinemax" del sexo resulta mucho más transgresora y sobre todo bastante más divertida.

Donde funciona mejor Splice es probablemente en su faceta de monster movie, la cual tarda demasiado en llegar pero sin duda contiene los mejores momentos de la película, especialmente aquellos que tienen que ver con la criatura Dren y la frágil y conflictiva relación que tiene con sus creadores. Una vez más resulta sorprendente la manera en que el público logra anticipar el inevitable desastre mucho antes que los despistados personajes protagonistas, pero al menos el "monstruo" está bastante bien caracterizado y hace olvidar por momentos lo aburrido de la cinta y lo indecisa que esta parece estar en cuanto a cual es su naturaleza. Natali ha hablado en más de una ocasión de lo difícil que fue lograr que esta película se estrenara, y aunque desconozco los detalles, sí parece estar bastante manoseada por intereses ajenos y haber sido manipulada para adaptarla a un público más genérico que los seguidores de la obra anterior de este director. Con todo y eso, es una historia interesante a la cual no vendría mal un Director's Cut en condiciones (algún día). Tal como está, me ha parecido curiosa pero al final bastante olvidable.

domingo, agosto 08, 2010

Reseña: Alien vs Predator (2004)

Con el tiempo he terminado por arrepentirme de todo lo malo que una vez dije de Paul W.S. Anderson, un director con una carrera difícil de desdeñar en la que se cuentan grandes películas como Horizonte final (1997), Soldier (1998), o incluso la primera Resident Evil (2002). Pero no todo el mundo lo ve así, y es probable que el nombre de este cineasta haya tenido su peso en el desprecio generalizado que existe hacia Alien vs Predator (2004), uno de los crossover más anticipados del cine de terror/ciencia-ficción y que finalmente cayó sobre las manos de Anderson catorce años después de que fuera anunciado de forma extraoficial. El caso de esta cinta es paradójico; no conozco a nadie que me hable positivamente de ella, y sin embargo en su momento fue la película más taquillera de ambas sagas. Vista finalmente, resulta claro que no es la mejor película de Anderson, pero esto no me sorprende ya que el concepto del que parte la película es casi imposible de llevar a cabo de forma exitosa.

De entrada una de las cosas que quizás no haya terminado de convencer a mucha gente es que la primera media hora parece una película completamente distinta, una cinta de aventuras en la que el millonario Charles Weyland (que en un alarde de continuidad con la saga de Alien es interpretado por Lance Henrikssen) contrata un equipo de especialistas al más puro estilo de Armaggeddon (1998) para explorar unas misteriosas ruinas descubiertas en la Antártida y que podrían estar relacionadas con una cultura extraterrestre. Todo este trozo del principio, sin embargo, se nota especialmente mutilado porque los personajes que componen el equipo carecen de cualquier relevancia: el supuestamente azaroso viaje a través de las estepas heladas y que justifica la contratación de la exploradora protagonista es cortado por una gran elipsis narrativa, los perforadores nunca llegan a hacer su trabajo, los soldados no tienen la más mínima oportunidad, el químico no hace nada, y el arqueólogo está allí únicamente como un recurso narrativo que lee jeroglíficos y explica cosas para dar a la trama algo de trasfondo. Parece en el fondo como si Anderson estuviese dándose prisa por llegar al punto del argumento en el que las dos criaturas del título hacen su aparición, aunque dichas prisas le cuesten todos los elementos interesantes que la película había sugerido.

Es esta segunda parte, en la que los humanos se ven atrapados en la laberíntica estructura que alberga el campo de iniciación de los Depredadores, lo que realmente hemos venido a ver, y tanto en tono como en argumento difiere por completo de lo que hemos visto hasta entonces. La cinta de aventuras de la primera parte es sustituida por un juego de gato y ratón que se aleja mucho del estilo de ambas sagas y adopta una estética hiperbólica más acorde con el estilo de obras anteriores de Anderson. El componente de acción está, eso sí, bastante suavizado; no solamente la película fue clasificada como PG-13 (rompiendo así la tradición de las entregas anteriores de ambos monstruos) sino que también la violencia tiene más en común, estéticamente, con el devenir de un videojuego en el que los personajes se van moviendo en un ambiente que va cambiando constantemente y que hasta incluye un monstruo final. Todo esto, sin embargo, está realizado de forma un tanto desganada y sin la eficacia que el director había demostrado en las ya citadas Soldier y Resident Evil. Los paralelismos video-lúdicos no acaban allí, ya que la estética guarda una gran similitud (demasiado evidente como para ser casual) con Starcraft, algo muy interesante ya que dicho videojuego bebía tanto de la saga de Alien como de Predator y resumía a la perfección el esquema de una hipotética historia que involucrase a ambas criaturas.

Quizás también por la general ligereza de la historia parece haber una marcada insistencia en el camp, destacable en los rugidos de leones para los Depredadores y el tono abiertamente comiquero de la película. Esto no sería un problema de no ser por lo tremendamente caótica que resulta y lo enrevesado de su argumento; la cinta se encarga de tejer vínculos entre las dos especies alienígenas y la historia de la civilización humana que rompen la continuidad con las dos sagas (aunque en su defensa hay que decir que Anderson ya explicaba que esta película tiene su propio cánon, a pesar de que hay evidentes guiños a ambas franquicias) y se hace en definitiva larga a pesar de que sólo dura hora y media (incluyendo unos créditos finales de 12 minutazos). Asimismo hay muchas cuestiones que quedan sin resolver y agujeros argumentales importantes. Un ejemplo: llegado un momento se intuye que Weyland sabe o al menos tiene una idea clara de aquello a lo que enfrenta, pero esta idea pronto se abandona. Con todo esto, y a pesar de que Alien vs Predator no es el desastre que tanto había escuchado mencionar, sí es una entrada un tanto pobre que se encuentra muy por debajo de las seis películas de las que parte. Sinceramente creo que la idea de unir a estas dos criaturas en una película no funciona debido al necesario protagonismo que deben tener los humanos en cuanto a argumento, aunque sí es cierto que su posterior secuela realizada al amparo del éxito de este primer mashup corregiría muchos de sus defectos iniciales y conseguiría una película más sólida. Pero eso tendremos que dejarlo para otra ocasión.

martes, julio 27, 2010

Reseña: Dead Snow (2009)

Resulta al menos gracioso que algún alma caritativa se haya decidido a estrenar en España la archiconocida comedia de terror noruega Dead Snow (2009) mucho después de que ya prácticamente todo el mundo la ha visto, y encima con el predecible y genérico título de Zombis nazis (aquí nadie se rompió la cabeza, definitivamente). En caso de que quien lea esto haya retrasado ese visionado (cosa que, debo reconocer, fue mi caso) estaría bien que bajase un poco las expectativas. Es sin duda una película muy divertida y con algunos momentos brillantes, pero no resulta particularmente original ni rompedora una vez que surgen las inevitables comparaciones con obras similares como El regreso de los muertos vivientes (1985) o Braindead (1992), siendo esta última su influencia más evidente al mostrar a un personaje que viste una camiseta de la famosa película de Peter Jackson.

Nunca llega, sin embargo, a acercarse siquiera al nivel de las dos películas antes mencionadas. De hecho el gran problema de Dead Snow es su incapacidad de ir más allá de su por otro lado atractiva premisa: un grupo de amigos de vacaciones en una cabaña que son presa de la maldición de un ejército de zombis nazis ligados al misterio de un oro robado. Es la confianza en esta idea (y el empleo de los villanos por excelencia del cine) lo que en un principio parece dar vida a la película y lo que consigue mantener nuestra atención incluso más allá del festival de topicazos que componen la primera mitad de metraje, trozo utilizado por lo general para dar a conocer a los personajes pero que apenas destaca por uno que otro toque de humor y una muy desagraable escena de sexo en un baño. Encima hay una inexplicable insistencia durante toda esta primera mitad en no mostrar a los zombis, cuando todas las piezas de material publicitario de la película (ni hablar de ese trailer con material de archivo de la Segunda Guerra mundial) no paraban de mostrarlos en toda su gloria.

Por fortuna es en su segunda mitad cuando Dead Snow finalmente coge carrera y presenta sus mejores armas, comenzando con el ataque de los soldados no-muertos a la cabaña de los protagonistas, tan hiperbólica, excesiva y sangrienta que nos hace perdonar fácilmente el hecho de que el auténtico motivo de la amenaza no queda muy claro, ya que es un poco arbitraria la manera en que estos zombis atacan. Lo azaroso de la situación también emparenta a la película de Tommy Wirkola con The Evil Dead (1981) y otras entradas del splatter más autocomplaciente. Todo esto culmina, claro está, de la única forma posible: una batalla a muerte entre los supervivientes y el ejército de nazis reanimados en la que todo vale y la sangre vuela literalmente por los aires. Esta secuencia, la más larga de la película pero también sin duda la mejor, tiene la novedad de estar presentada a plena luz del día con el blanco de la nieve como color dominante, y a pesar de toda su brutalidad nunca renuncia al humor, en ocasiones demasiado básico y cazurro, pero en otras bastante efectivo, como todo lo que se refiere a la evolución de uno de los protagonistas, un estudiante de medicina con una inconveniente fobia a la sangre.

Debido a su idea principal, lo más probable es que hubiésemos terminado por escuchar de Dead Snow incluso si el cine de terror escandinavo no estuviese generando el interés que despierta en estos momentos. Es una lástima que una premisa como esta se vea ensombrecida por una ejecución por lo general torpe que no llega nunca a estar a la altura de aquellas cintas a las que homenajea ni tampoco de las mayores glorias del Nazispoitation. Al final, la película de Wirkola no deja de ser una obra divertida que ciertamente no redefine el sub-género de zombis, pero al menos merece ser vista una vez. Sospecho que su éxito se debe más al carácter icónico de unos villanos que resultan perfectos como encarnación pop del Mal, pero dicha premisa sólo funciona durante los primeros minutos, y esta cinta demuestra que en el apartado de la comedia de terror o el splatter tiene pocas cartas con qué jugar. Las que tiene, al menos, sabe jugarlas bien. Ir con las expectativas bajas y no estusiasmarse demasiado es la mejor manera de disfrutarla como lo que en el fondo es.

lunes, julio 26, 2010

Parecidos razonables (4)

Cartel de Species (Roger Donaldson, 1995)
Cartel de Splice (Vincenzo Natali, 2009)
Cartel de Déjame entrar (Matt Reeves, 2010)

Hoy en "chapuzas para diseñadores", un clásico: el protagonista en posición fetal sobre un fondo monocromo.

jueves, julio 22, 2010

Reseña: The Descent 2 (2009)

Llegamos a decir en su momento que The Descent 2 (2009) se perfilaba como una de las secuelas más innecesarias de los últimos años, y no es para menos. No se trata de que la original sea una gran película o no, sino que su historia había quedado tan perfectamente cerrada y con un final tan efectivo que una anécdota completamente nueva era probablemente la única forma de llevar a cabo una continuación con algo de dignidad. Sin embargo, no ha sido así; también recordaréis sin duda que la película de Neil Marshall tuvo un final distinto cuando se estrenó en los Estados Unidos, y es este final el que ha sido tomado en cuenta a la hora de elaborar esta segunda parte. Marshall abandona la dirección para centrarse más bien en el fantasmal cargo de productor ejecutivo, cediendo la silla principal al experimentado montador de la primera, John Harris, quien aquí se estrena en la dirección. La poca confianza inicial en este proyecto hizo que en un principio se pensara lanzarla directamente en formato doméstico, pero finalmente recibió un estreno en cines. Tras verla, considero que se trata simplemente de una continuación supérflua que no aporta absolutamente nada a lo que Marshall dejara cuatro años antes.

De hecho yo diría que para su disfrute se hace indispensable pasar por alto lo disparatada de la premisa y lo ridícula, inverosímil e involuntariamente cómica que llega a ser, cuando un equipo de rescate obliga a Sarah a regresar a la cueva (aunque esta vez entrando no por la caverna original sino a través de una mina abandonada, por algún motivo que se me escapa). El sinsentido de un policía arrastrando a la única testigo y superviviente de una masacre al lugar donde vivió sus horrores a pesar de estar en un estado casi catatónico se ve compensado hasta cierto punto por lo hijadeputa que es la protagonista, sólo interesada esta vez en escapar ella sin importarle nada más, toda una tough-chick con acento escocés incluido. Por supuesto eventualmente el equipo se encuentra con los monstruos cavernarios y la sangre vuela a chorros, esto último en sentido literal; The Descent 2 es mucho más sangrienta que la original hasta un punto hiperbólico, ya que la sangre es incluso de un rojo brillante y agresivo. Esta brutalidad tiene un problema, sin embargo, y es que inexplicablemente los monstruos (realizados esta vez con un diseño más convencional que incorpora pupilas) tardan tanto tiempo en salir como en la original, lo cual en una secuela es bastante raro. Asimismo, el carácter caricaturesco de la violencia se suma a un look mucho más pobre que da a la caverna una apariencia mucho más de cartón piedra, por lo que la trama parece un recorrido por un parque temático.

A nivel de argumento hay pocas sorpresas, ya que es básicamente lo mismo que en la película anterior, con el grupo quedando separado por culpa de un derrumbe y siendo sistemáticamente cazados por los monstruos. El elemento perturbador está en esta ocasión en el personaje del sheriff, que parece trabajar en contra de los intereses del grupo y desde el principio se la tiene jurada a Sarah de forma bastante gratuita. Las ganas de andar sobre el camino ya trazado son tales que la película incluso hace varios guiños a la original a través de la sucesiva aparición de los cadáveres de las chicas de la primera parte, acompañados por supuesto de sus muy convenientes flashbacks. Es más o menos llegados a este punto donde se produce una revelación sorpresa en cuanto a la reaparición de cierto personaje (ni tan sorpresa: ya se mostraba en el trailer) que resulta muy poco creíble y que termina por despojar a la película de todo atisbo de seriedad. El clímax es nuevamente un enfrentamiento salvaje e histérico por la supervivencia, pero sin el genuino horror de la original y mucho más tramposo y aburrido. A eso sumemos que el final es de delito; no sólo no tiene sentido (aparte de asomar la posibilidad de una nueva secuela) sino que incluso contradice la primera escena y toda la premisa de la película.

Así que si habéis disfrutado de la primera parte, es probable que ya estéis pensando en acercaros a The Descent 2. Hay, sin embargo, que bajar las expectativas considerablemente, ya que la película es básicamente lo mismo que la primera parte pero mucho más pobre y sin el buen oficio de Neil Marshall. A pesar de ser medianamente disfrutable a un nivel muy básico, queda muy por debajo de la original y es, de esto no me cabe la menor duda, tremendamente supérflua e innecesaria incluso para los estándares de una secuela.