viernes, febrero 09, 2018

Reseña: The Endless (2017)

Justin Benson y Aaron Moorhead, los mismos que nos trajeron la recomendadísima Spring (2014), vuelven esta vez con una película completamente distinta pero que también está llamada a ser probablemente una de las más interesantes que he visto este año, en esta ocasión adentrándose en los terrenos del horror cósmico y un toque sci-fi que me quedó dando vueltas en la cabeza mucho tiempo y me ha hecho querer verla de nuevo. The Endless (2017) es también otra mirada a un tema que me llama mucho la atención que es de las sectas modernas y el poder a veces alienante que trae el sentirse parte de una comunidad, aunque en el fonto esto no es sino el punto de entrada de una historia que va por otro lado y depara más de una sorpresa.

Sus protagonistas son dos hermanos que lograron escapar de una secta a la que pertenecieron y a la que dedicaron gran parte de sus vidas. Años después, agobiado por las dificultades económicas y profundamente desilusionado por su poca satisfactoria vida "normal", el menor de los dos hermanos convence al otro de visitar a sus antiguos compañeros en aquel sitio que dejaron atrás, con la esperanza quizás de cerrar del todo aquel capítulo de sus vidas. Por supuesto, la visita al refugio "Campo Arcadia"que el culto mantiene en medio del desierto termina siendo una muy mala idea y a pesar de que todo parece ser una comunidad idílica al principio, está claro que algo muy extraño está sucediando en el grupo. 

Decir más sería adentrarnos demasiado en el argumento, y este está tan dosificado que gran parte de la gracia es irlo descubriendo uno mismo. La trama guarda ciertas similitudes con otra película Benson y Moorhead, Resolution (2012), que fue la que les dio a conocer en el circuito de festivales y con la que incluso comparten algunos personajes, pero no es necesario visto aquella para entender esta. Lo que sí es necesario aceptar de entrada es que se trata de una película muy cerebral que en su tramo final juega no sólo con los arquetipos de terror lovecraftiano sino también con ciertos conceptos un tanto enrevesados para una historia de terror y que pueden llegar a hacer de sus giros narrativos algo un tanto confuso. Pero funciona, y al igual que ocurría en Spring, hay una necesidad aparente por parte de sus directores de abordar un discurso vital que parece ir por encima del terror, aunque sin duda alguna se trata de una película ambiciosa que explota sus conceptos metafísicos a lo grande y de forma muy ingeniosa a pesar de sus modestos recursos.

De verdad no puedo expresar mejor lo mucho que he disfrutado The Endless, y lo reconfortante que es ver que Benson y Moorhead continuan haciendo un cine de terror diferente y que no tiene temor de explorar sus ideas. Es también una película que, como decía más arriba, invita a ser revisada más de una vez. Si tenéis la oportunidad de verla en un pase comercial, no la dejéis pasar por ningún motivo.

miércoles, febrero 07, 2018

Reseña: Jigsaw (2017)

A pesar de que no lo hubiese anticipado por mi reacción inicial, lo cierto es que termine esperando con muchas ganas este tardío regreso de Saw a las carteleras, teniendo siempre en cuenta por supuesto el hecho de que mis expectativas estaban muy bajas. Lo esperaba entre otras cosas porque el estreno de Jigsaw (2017), octava parte de la saga y la única sin un numeral romano que evidencie su condición de secuela, es una película que dudo mucho alguien haya estado pidiendo realmente, pero en nuestra época tan dispuesta a revivir el pasado nostálgico así sea a corto plazo, el regreso de la franquicia que más marcó el terror mainstream durante la década de los dosmil era algo en cierta forma inevitable. 

Lo cierto también es que el experimento no me ha dejado del todo insatisfecho. A pesar de todos sus problemas, de los innegables prejuicios que sentía de entrada y pese a no ser una gran película ni mucho menos, Jigsaw (o Saw 8, como la queráis llamar) sigue siendo al menos más interesante que la atroz última entrega de la saga original, la cual recordemos parecía hecha casi por compromiso y sin nada del ímpetu y creatividad de las primeras entregas. Con todo, esos siete años no han pasado en balde, y esta octava encarnación de los crímenes de Jigsaw rompe en gran medida su continuidad con las entregas anteriores al centrarse esta vez en nuevos personajes, un nuevo grupo de policías y forenses que descubren, varios años después de la muerte de John Kramer y sus aprendices, que alguien parece estar copiando los crímenes de Jigsaw y proponiendo un nuevo juego lleno de trampas y conspiraciones en el que los protagonistas se verán metidos hasta el cuello.

Llegados a este punto está claro qué es lo que podemos esperar de la película, sobre todo teniendo en cuenta que sus secuelas anteriores fueron poniéndose cada vez más absurdas desde que sus creadores James Wan y Leigh Wahnnell abandonaron el barco después de la tercera entrega. Lo que quiero decir es que dudo mucho que alguien se haya acercado a Jigsaw esperando una historia interesante o unas complejas actuaciones. Por el contrario, la verdadera atracción de esta nueva aventura de Saw está en sus aspectos más superficiales: cuáles serán las nuevas trampas, cómo serán los ya habituales finales sorpresas y piruetas narrativas del desenlace, y sobre todo cómo se las ingeniará la gente de Lionsgate para conseguir colar una vez más a Tobin Bell como Jigsaw a pesar de que su personaje lleva muerto más de una década. En ese sentido no decepciona, y aunque las trampas y los giros sorpresa no son tan ingeniosos como en otras entregas, lo son lo suficiente como para perdonar al menos parcialmente una estética considerablemente más barata y convencional (atrás quedaron los cortes vertiginosos de Darren Lynn Bousman), un elenco de desconocidos actores de saldo, y una trama tan absurda que sólo se puede aceptar si se admite que no está hecha para engañar a los personajes sino al público. Lo único que sigue teniendo la misma fuerza de las anteriores es la como siempre grandiosa presencia de Tobin Bell, que ha hecho suyo el personaje de Jigsaw y lo ha convertido por derecho propio en el papel de su carrera y un auténtico icono del terror de los últimos años.

Entré a esta película con pocas esperanzas de que me gustara y sin embargo me ha dado todo lo que le pedía. Paladares más exquisitos y exigentes puede que no le perdonen sus fallos y que hasta la encuentren como una parodia involuntaria de sí misma, y reconozco que yo mismo en otra época lo habría visto así. Pero por otro lado hay que aplaudirle a Saw esta consistencia como saga de terror y esta desvergüenza absoluta que le permite reciclar sus propias ideas hasta lo imposible sin rendirse jamás a salidas descabelladas como las que han tenido otras sagas más longevas. Sus fanáticos y seguidores se lo van a pasar bien aunque no sea ni de lejos la mejor. Dudo mucho aún así que vaya a tener alguna continuidad porque los resultados fueron más bien modestos en cuanto a éxito, cosa por otro lado comprensible ya que la saga pertenece a un estilo de cine de terror que parece haber sido ya superado, pero si por algún motivo deciden hacer más, ahí me tendrán seguro.

lunes, febrero 05, 2018

Reseña: Prom Night 3 (1990)

Comencé este año con un propósito firme en Horas de oscuridad, y es completar algunas de las muchas sagas que tengo abiertas en nuestra siempre creciente lista de reseñas. Con este objetivo en mente, acometí la nada desdeñable tarea de revisar Prom Night 3: The Last Kiss (1990), a menudo señalada como la peor de toda la saga iniciada en 1980, pero también la única que guarda algún tipo de continuidad argumebtal con sus antecesoras. Es una película curiosa que tuvo un muy breve paso por los cines y que a pesar de su aparente coherencia con su predecesora inmediata, abandonó cosi por completo el lado de terror para abrazar su condición de comedia/parodia, por desgracia con resultados no muy buenos.

En esta tercera entrega nuevamente tenemos la figura del fantasma de Mary Lou Maloney, la reina del baile de graduación que murió la noche del baile en los años cincuenta y cuyo espíritu vengativo regresa para llevar a cabo una carnicería con los estudiantes de su antiguo instituto. Es importante destacar aquí que a pesar de que tenemos a la misma villana de la por otro lado muy superior Prom Night 2 (1987), esta secuela no parece seguir la trama iniciada por la anterior, sino que cuenta otra historia completamente distinta en la que el fantasma de Mary Lou se obsesiona con un joven que se fija en ella durante una noche en los pasillos del instituto y poco a poco comienza a cargarse a todos aquellos que se interponen en el camino al éxito de su nuevo amor, para luego desatar su furia sobre él una vez que se ve rechazada.

De entrada el argumento es poco interesante teniendo en cuenta el mucho más marcado tono de poderío femenino de la anterior, pero la mayor presencia de un humor subido de tono y sonrojante en ocasiones es lo que realmente tira la película abajo en más de una ocasión, sobre todo teniendo en cuenta que al mal guión hay que sumar unas abismales actuaciones por parte de un elenco evidentemente demasiado mayor para estar en un instituto. Esto es mucho más obvio en el caso de la propia Mary Lou, interpretada aquí por otra actriz y en un tono completamente distinto que en nada calza con la supuesta socarronería de la historia. Todo esto suma una película imposible de tomar en serio como cinta de terror pero al mismo tiempo sin la gracia de la segunda entrega, a la que en ocasiones intenta imitar pero ante la cual siempre termina quedándose corta, sobre todo en la única secuencia que podría calificar de interesante: un clímax que transcurre en una especie de mundo fantasmal paralelo habitado por el fantasma de Mary Lou y sus víctimas y que habría funcionado mucho mejor en una cinta que se tomara un poco más en serio su propia premisa.

Prom Night 3 fue en su época un fracaso de taquilla aunque encontró una nueva vida en formato doméstico, probablemente por parte de completistas como yo que habían quedado impresionados con la segunda parte de la saga. No se me ocurre otro motivo para hablar de ella, honestamente. 

viernes, febrero 02, 2018

Reseña: Insidious: The Last Key (2018)

Tras lo que a todas luces parece ser su entrega final, la verdad es que hay que reconocerle a Insidious el nada desdeñable mérito de ser una de las sagas más consistentemente competentes del cine de terror mainstream actual. A pesar de que sólo puedo calificar de realmente buena la primera (de hecho es todavía una de mis películas de terror favoritas de esta década), todas las continuaciones que el dúo Wan/Whannell nos han traído, ya sea como directores o productores, han gozado de unos mínimos de calidad e interés que otros trabajos no han podido garantizar, aunque lo hayan hecho básicamente repitiendo la misma estructura una y otra vez. Insidious: The Last Key (2018) es en el fondo eso: lo mismo que sus antecesoras, pero si eres de los que ha llegado hasta aquí por voluntad propia, no creo que puedas salir decepcionado.

Al igual que la tercera entrega (de la cual, si os debo ser sincero, no recuerdo casi nada aparte de que me dejó más o menos contento), esta cuarta parte de Insidious es una precuela de aquella que comenzó todo, y nuevamente cuenta como protagonista con Lin Shaye, quien retoma su papel de Elise, la incansable medium. Abrazando por completo su destino, Elise se une nuevamente a sus compañeros investigadores para expulsar a un demonio que habita la antigua casa de su niñez y a la vez revivir un oscuro secreto familiar de su pasado. La historia es lo de menos, pero ya de entrada esta es una película que se diferencia de sus congéneres por contar en su papel protagonista con una mujer mayor, lo cual no suele ser muy común en el cine de terror de esta o de cualquier época, y que se ha convertido en la marca diferencial de estas precuelas hasta el punto de que Lin Shaye ha pasado a ser una presencia recurrente en varias historias de miedo recientes, con mejores o peores resultados.

Nuevamente la estética es lo más interesante, con una nueva recreación de ese mundo paralelo oscuro en el que los personajes se mueven, aunque nuevamente la representación del aspecto sobrenatural, si bien superior a la de la tercera entrega, no es tan creativa ni extavagante como la de la primera Insidious (2010). No creo que sea por una cuestión de presupuesto, ya que es bien sabido que la película original ha sido la más barata de todas. Tampoco el humor funciona muy bien esta vez; algunos chistes hechos a costa de los dos asistentes de Elise no sólo son bastante malos sino que desentonan por completo con el ambiente mayoritariamente serio de la película y la terrible situación que viven los personajes. 

Decíamos más arriba que creíamos estar ante la última entrega de la saga ya que el desenlace de esta cinta entronca de forma casi perfecta con el inicio de la primera parte. Aún así, la introducción de nuevos personajes en la segunda mitad de la película parece apuntar a cierta posibilidad de vida más allá de la presencia de Elise y a un más que probable relevo, con lo que no me extrañaría que la saga continuase en manos de otros responsables. Insidious: The Last Key no va a cambiar la vida de nadie ni va a convencer a aquellos que no gustaron de sus antecesoras, pero para ser el típico cine de terror de enero, podríamos estar mucho peor.

miércoles, enero 31, 2018

Reseña # 702: Killer Klowns From Outer Space (1988)

Confieso que nunca llegué a ver Killer Klowns From Outer Space (1988) en la época en que se estrenó y se hizo famosa, cosa que hasta cierto punto agradezco porque en aquel entonces mi gusto por el cine de terror era muy distinto y muy posiblemente no habría sabido apreciar la que sin duda es una de las películas más singulares de los ochenta, una comedia de horror única que comienza, al igual que sus contemporáneas La noche del cometa (1984) y Lifeforce (1985) como una vuelta a los preceptos de la ciencia-ficción de los cincuenta (y, no olvidemos, la explotación del fenómeno mediático del cometa Halley) para luego darles la vuelta mediante el aprovechamiento de una estética completamente desquiciada y un tono que yo por lo menos no he vuelto a ver en una cinta de este estilo.

Este argumento comienza de la forma en que tantas veces se ha hecho, con un pueblo pequeño y típicamente americano donde unos jóvenes ven aterrizar una nave espacial llena de alienígenas invasores, sólo que estos tienen el aspecto de payasos, en total coherencia con toda la parafernalia que los acompaña: una nave con forma de tienda de circo, animales de globo que cobran vida, pasteles de nata que derriten a sus víctimas y pistolas que disparan algodón de azúcar. Nada de esto se puede tomar a risa: a pesar de que la película evidentemente nunca llega a ser seria, la amenaza de los payasos es real, las muertes son reales y la comedia tiene lugar únicamente gracias al absurdo contraste entre la naturaleza festiva de los villanos y la terrible masacre que desatan en el pueblo.

Killer Klowns From Outer Space es también la única película (hasta la fecha) dirigida por los hermanos Stephen, Charles y Edward Chiodo, que también la produjeron y escribieron el guión. Los hermanos Chiodo venían del mundo de los efectos especiales y habían trabajado ya en Critters (1986), otra cinta de planteamiento muy similar aunque menos extravagante que esta. Su experiencia previa es muy probablemente el factor determinante en que la película tenga un énfasis tan grande en la estética por encima del argumento o las actuaciones, pero funciona; el look colorista de los payasos y la tremenda imaginación que desbordan sus armas y comportamiento es sin duda lo más memorable hasta el punto de que casi no puedo recordar las caras de los miembros del elenco. Esta estética tan bien trabajada es también algo que compensa todas las demás carencias técnicas que la cinta puede tener, con un nivel de producción que parece mucho más alto de lo que realmente es, y llevando ideas muy sencillas y en un principio estrafalarias como los trajes de látex a nuevos límites de efectividad. De hecho el efecto especial más complejo de todos era una escopeta que disparaba palomitas, la cual por algún motivo que se me escapa los hermanos Chiodo insistieron en que debía funcionar de verdad.

A diferencia de lo que ocurrió con muchos otros ejemplos del cine fantástico serie B de los ochenta, el público y la crítica supieron reconocer desde el principio la grandeza de una película como Killer Klowns From Outer Space, la cual alcanzó un nada desdeñable éxito y se convirtió en una cinta de culto que por desgracia no tuvo continuidad ni en forma de secuelas ni en lo que se refiere a la carrera como cineastas de los hermanos Chiodo, quienes hasta la fecha siguen trabajando en el campo de los efectos prácticos, marionetas y animación stop-motion. Pasó mucho tiempo antes de que la viera por primera vez aunque de vez en cuando la recupero y me sigue pareciendo muy disfrutable, ingeniosa y sobre todo tremendamente atractiva tanto en el apartado visual como en el tono. El término "clásico de medianoche" se inventó para esto.

lunes, enero 29, 2018

Reseña # 701: Tremors (1990)

En un mundo perfecto, Tremors (1990) sería sin duda una película mucho más reverenciada. Tengo recientemente vistas sus muchas continuaciones, pero tenía más de una década que no me acercaba a la película original, y decidí resucitarla para este especial tras darme cuenta de que era mucho mejor de lo que la recordaba inicialmente y que se sostiene muy bien tras 28 años desde el momento en que se estrenó (no olvidemos además que se presentó al público en enero, el mes por lo general menos agraciado para los estrenos del Hollywood comercial). La verdad es que se trata de más que simplemente una curiosa película de monstruos con Kevin Bacon: la Tremors original es una cinta muy bien construida que conjuga casi perfectamente su reverencia hacia el cine de monstruos gigantes de toda la vida con momentos muy originales, unos personajes muy bien montados y un humor que no desentona precisamente porque aborda su descabellada premisa de forma seria y para nada condescendiente. Es una auténtica joya que vale la pena revisitar.

Tremors es también partícipe de ese arquetipo de héroes de clase obrera que popularizara John Carpenter en su momento: Val y Earl (unos enormes Kevin Bacon y Fred Ward) están hartos de la vida miserable que llevan en Perfection, Nevada, un pueblo de mierda con dos hileras de casas-remolques con poco más de una decena de habitantes. Un buen día deciden escapar de allí sólo para descubrir que se encuentran atrapados por criaturas gigantes que viven bajo tierra y que mantienen el pueblo sitiado mientras devoran a los vecinos uno a uno. Sin lugar a donde ir y sin forma de conseguir ayuda del exterior, estos dos improbables héroes deben unirse al resto del pueblo para encontrar la forma de acabar con las criaturas y salir con vida.

En su momento, lo más memorable de Tremors para mí, y tal como suele ser siempre con este tipo de películas, eran los monstruos, y aquí no decepcionan. El fantástico diseño de las criaturas está muy bien presentado porque se va revelando al espectador de forma gradual, quien no descubre sino más adelante que aquello que ataca a Val y a Earl en una primera ocasión no es sino una pequeña extremidad de un bicho mucho más grande que vive bajo tierra y que ataca a sus presas guiándose por el sonido y viajando a toda velocidad en las arenas de esos grandes paisajes abiertos de Nevada (aunque la película está rodada en California). En este sentido fue un gran acierto que el poster oficial se realizara mucho antes de la película y que para ello usaran un monstruo totalmente distinto a lo que vemos en pantalla, algo que hoy en día habría sido inaceptable pero que en aquel entonces parecía ser algo habitual. La forma en que las criaturas están representadas es no sólo terrorífica sino también hasta cierto punto realista, o al menos coherente en cuanto a las posibilidades de los monstruos, con lo que la amenaza que enfrentan nuestros protagonistas es creíble y cada ataque se siente como algo terrible que se aborda de forma seria a pesar de que la película tiene notables pinceladas de humor y momentos de auténtica farsa. El mayor ejemplo de esto se da no en el trabajo de Bacon y Ward sino en los que sin duda alguna son los mejores personajes de la película: la pareja conformada por Heather y Burt Gummer, interpretados por la cantante de country Reba McEntire y el actor Michael Gross, uno de los protagonistas del sitcom ochentero Lazos de familia y que aquí hace a un personaje diametralmente opuesto, un superviviente obsesionado con las armas que termina teniendo razón, lo cual no es poca cosa porque este tipo de personajes son a menudo ridiculizados en el cine y aquí por el contrario se convierte en uno de los héroes más entrañables del elenco. Suyas son algunas de las mejores escenas  de la cinta y no es de extrañar que su personaje haya ido cobrando mayor relevancia con las secuelas.

Es esta combinación entre personajes humorísticos en medio de una película de terror "seria" lo que representa quizás el mayor acierto de una cinta como esta y uno de los aspectos que sigo recordando incluso todo este tiempo después. En su momento tuvo un éxito moderado siendo referenciada hoy en día como poco más que una serie B por sus responsables, pero se volvió omnipresente durante su etapa en formato doméstico hasta el punto que terminó convirtiéndose en una larga saga con secuelas directo-a-DVD en las que sus actores principales fueron desapareciendo progresivamente a medida que las películas iban dejando atrás su componente de horror en favor de la comedia y unos efectos especiales más cutres. Nada de eso puede opacar la grandeza de esta primera entrega que sigue siendo tan recomendable como el primer día. 

domingo, diciembre 31, 2017

Brevísimo ránking de horror del 2017

Un año más. Pese a todo, Horas de oscuridad continua a pesar de todos los problemas para actualizar en el 2017, esperando recuperar el ritmo en el 2018. Una vez más, eso sí, ha llegado el momento de hacer unas breves menciones a lo que más he disfrutado de este año en cuanto a cine de terror, cosa que este año se ha puesto más difícil entre otras cosas porque no fui a la cita anual con el Fantasy Filmfest de este año (primera cosa a remediar para el año que viene). De todas formas, no han faltado las cintas buenas en este 2017 que nos ha traído el regreso de Stephen King a la pantalla y una que otra propuesta innovadora aparte de las sagas de siempre. Ha habido de todo, pero aquí están las tres que me han gustado más por motivos personales:

POSICIÓN No. 3

El regreso de M. Night (esta vez sí) con Split (reseña aquí) funciona en muchas niveles, pero sobre todo como prueba de que el director de El sexto sentido y Unbreakable parece haber decidido volver a sus más modestos orígenes después de la montaña rusa que ha sido su paso por el cine más comercial. Un grandísimo James McAvoy es probablemente lo más destacable, pero yo de momento me quedo con el hecho de que ha sido la primera vez en mucho tiempo que me he quedado pensando en una película de Shyamalan mucho después de los créditos. Vale la pena sin duda.

POSICIÓN No. 2

Los posteriores visionados de Get Out (reseña aquí) han modificado un tanto mi impresión inicial y me han hecho apreciarla más como comedia oscura que como cine de terror puro y duro. Con todo y eso, sigo pensando que ha sido una de las más interesantes del año, y tal como dice este artículo, significa también la vuelta de cierto discurso en el cine de miedo que nunca se ha ido pero que ahora está cobrando nuevamente fuerza incluso dentro del mainstream. La volvería a ver ahora mismo.

POSICIÓN No. 1

En mi caso no había alternativa posible. Meses después de su estreno, La cura del bienestar (reseña aquí) sigue asombrándome la forma en que Gore Verbinski ha conseguido salir de la espiral comercial de Disney para sacar una película como esta, un relato gótico que haría a Roger Corman llorar de felicidad, hermoso y horripilante a partes iguales, y con un elenco de lujo. Para mí lo mejor del año sin lugar a duda.

MENCIÓN ESPECIAL

En lo que probablemente sea el resultado menos sorprendente de este año, los lectores de Horas de oscuridad han escogido con el 23% de los votos la nueva versión de It (reseña aquí) como lo más destacable del 2017, algo esperable ya que esta revisión del clásico de Stephen King ha alcanzado una popularidad tremenda y ha sido un éxito de taquilla fenomenal, pero además es una película eficiente que consigue grandes momentos a pesar de no abandonar nunca su condición de cine de terror para grandes públicos. La disfruté mucho, y me ha hecho guardar grandes esperanzas para el futuro de las adaptaciones de King, sobre todo de sus trabajos más conocidos. 


Eso ha sido todo por este año. El 2018 traerá algunas reestructuraciones, ya una vez superada la barrera psicológica de las 700 reseñas. Nos vemos al otro lado.


domingo, diciembre 24, 2017

Encuesta: Nuestras favoritas del 2017

El año más difícil de Horas de oscuridad llega a su fin, y aunque el 2017 nos dejó llegar al nada despreciable número de setecientas reseñas, ha sido mucho lo que se nos ha quedado en el tintero en un año por lo demás muy productivo para el cine de terror: la cada vez más importante presencia de los servicios de streaming, el regreso de sagas que dábamos por perdidas y el renovado interés por las adaptaciones de Stephen King son sólo algunos de los puntos más interesantes de este año que se acaba. Como cada diciembre, espero que hagan un pequeño espacio en vuestras celebraciones para escoger los tres estrenos de terror que más os hayan impresionado de estos últimos doce meses. Yo, como siempre, ya tengo mis favoritas (algunas de las cuales todavía no he reseñado), pero quiero saber cual es la vuestra. Y por supuesto, si no se encuentra en esta selección que he hecho siempre podéis agregarla como comentario.

Nos vemos en siete días, cuando estaré colocando los resultados. Hasta entonces, feliz Navidad. 

lunes, noviembre 27, 2017

Reseña # 700: La novia de Frankenstein (1935)

Como comentábamos habe ya mucho tiempo, Frankenstein (1931) tue la primera gran película de horror de los monstruos clásicos de Universal, aunque la mayoría de críticos e historiadores siempre han sostenido que fue su secuela, La novia de Frankenstein (1935), la que alcanzó el punto más alto de esta edad de oro del terror en blanco y negro de los años treinta, y al igual que su predecesora terminaría dictando el estándar por el cual habrían de regirse todos los trabajos siguientes del estudio. Es también considerada por este motivo no sólo la mejor y más icónica de su ciclo, sino también la cima de la carrera cinematográfica de James Whale, un director por siempre asociado al imaginario que ayudó a crear con esta continuación.

Por todos estos motivos, resulta increíble pensar que esta fue una película con muchos problemas durante su producción, empezando con un guión que tuvo que ser reescrito en varias ocasiones durante años hasta finalmente llegar a la versión que conocemos hoy. Esto se explica en parte si tenemos en cuenta que esos cuatro años que la separan de la original son más significativos de lo que parece en un principio: a diferencia de la primera parte, esta secuela se estrenó después de la entrada en vigor del Código Hays, por lo que Whale tuvo que sortear la siempre vigilante censura del Hollywood de la época, muy a pesar de que Universal siempre fue un estudio más conservador que el resto. Con todo y eso, el inconfundible reclamo erótico de la creación de un monstruo femenino (uno de los muchos ángulos de la novela original no explorados en la primera parte) es probablemente el tema más transgresor del que la película parte, sobre todo considerando que el guión va más allá incluso de la novela de Mary Shelley, en la que dicha contraparte femenina del monstruo nunca llega a hacerse una realidad.

A pesar de todo hay algunos elementos que muestran la disposición de Whale a crear una película más comercial que su antecesora, principalmente por la inclusión de varios momentos de humor, algunos hechos a costa del monstruo, nuevamente interpretado por Boris Karloff pero que ahora habla, aunque manteniendo el aspecto y comportamiento de bestia que mostraba en la película anterior. Más aún que en la primera parte, el monstruo de Karloff es tratado como un ser trágico, una víctima de su propia condición, que finalmente ve reflejada su propia inhumanidad en el rostro aterrorizado de la mujer que Frankenstein y su nuevo aliado, el siniestro doctor Pretorius, han creado para él. Es este el momento más recordado de la película y aquel que ha trascendido no sólo por la estética de la criatura sino por el contexto en el que se da. 

Por supuesto es imposible no mencionar al menos las numerosas lecturas que se han dado de La novia de Frankenstein y el supuesto contenido homoerótico que muchos críticos han visto en muchos de sus pasajes, tales como la relación entre el doctor Frankenstein y Pretorius (un personaje que muchos interpretan como uno claramente homosexual), o el vínculo que se crea entre el monstruo y el ciego que lo acoge en su casa, así como el constante deseo del monstruo de tener una acompañante femenina con el objetivo de darse a sí mismo una „vida normal“. 

Todas estas lecturas parten por supuesto de paralelismos con la vida del propio James Whale, quien fue un caso especial en el Hollywood de la época ya que nunca tuvo necesidad de ocultar su homosexualidad. De hecho algunos aseguran que fue esa misma honestidad en cuanto a su sexualidad la que finalmente terminó por hundir su carrera como director. Muchos años después, la actriz Elsa Lancaster, quien interpretó a la Novia y que estaba ella misma casada con un actor abiertamente bisexual como Charles Laughton, aseguró que la negativa de Whale a casarse con una mujer para guardar las apariencias fue lo que terminó por exiliarlo de aquella industria que había ayudado a levantar. 

Cierto o no, lo que está claro es que esta fue una de las películas de terror más importantes de su época, y si bien reconozco que con el tiempo he terminado por preferir los logros artísticos de la original, esta segunda parte de Frankestein tuvo una influencia demasiado grande sobre el resto del cine de entonces (y de cualquier otra época) como para no tenerla en cuenta. 

miércoles, octubre 18, 2017

Reseña: Annabelle: Creation (2017)

En el extremo opuesto de calidad de It (2017) encontramos un trabajo como Anabelle: Creation (2017), precuela de la precuela que viene siendo el mejor ejemplo de varios problemas que existen con el cine de terror mainstream de nuestra época, pero que además consigue adoptar otros vicios que al menos de momento yo no me esperaba. Con todo y eso, esta película dirigida por David F. Sandberg, el mismo de la muy eficiente Lights Out (2016), es ligeramente superior a su antecesora inmediata, y de hecho es su (forzada) pertenencia a la saga de The Conjuring (2013) lo que más juega en su contra, ya que limita sus ya de por sí escasas probabilidades en virtud de esas evidentes intenciones por parte de New Line Cinema de exprimir el universo creado por James Wan hasta sus últimas consecuencias.

Olvidando por lo visto la película anterior, esta intenta relatar (una vez más) los orígenes de la muñeca y de cómo esta pasó a ser una fuerza maléfica que se ha cebado con una pareja tras la trágica muerte de su pequeña hija. Aunque los protagonistas en realidad no son estos sino un grupo de niñas de un orfanato que han venido a vivir a esta casa invitados por la pareja para dar nueva vida a su hogar. Tengo que decir que la historia y su planteamiento base son al menos interesantes por sí mismos y que, al menos al principio, prometen un ambiente de terror eficiente gracias a esa combinación entre el estado de aislamiento de la casa y la muy penosa situación por la que pasan las niñas, además del miedo que los más pequeños pueden sentir ante las enfermedades de los adultos. Solamente esto ya hubiese sido un muy buen planteamiento para la trama de una de las crías que descubre la presencia del demonio que habita la muñeca y con ello el secreto que guarda la familia en su pasado.

Si esto queda arruinado es por dos motivos: el primero tiene que ver con las ansias comerciales de la cinta al subrayar de forma ingenua todos sus momentos de terror con subidas de volumen, sustos baratos y demás armas de ese cine de terror de bajas pretensiones que conocemos tan bien, y el segundo con la insistencia por parte del guión de enlazar esta película no solo con la primera parte de Annabelle sino por extensión con todo el universo de The Conjuring. Siendo sinceros, la muñeca en sí no tiene nada que ver realmente con la trama y podría haber estado perfectamente ausente sin que esta se resintiera en lo más mínimo. Por el contrario la cinta no sólo intenta forzar su significado una vez más (incluso, al igual como ocurrió en la película anterior, antes de que dicha muñeca estuviera "embrujada") sino que incluso cuenta con un sonrojante epílogo que conecta sin ningún tipo de sutilezas con la primera entrega, dejando la continuidad con esta bien montada.

Este tipo de estrategia de universo compartido es quizás lo más relevante: las ganas de crear una saga multipolar construida en torno a la obra de James Wan, repitiendo así lo que parece ser la nueva estrategia comercial de los grandes estudios y sus mega-franquicias, algo en lo que todos ellos parecen estar metidos desde que las películas de superhéroes de Marvel demostraran que tal hazaña es posible. En este sentido, la cinta de la que hablamos hoy lo intenta de la forma más evidente posible: una pequeña escena post-créditos ya se encarga de adelantarnos el próximo personaje que pasará por nuestras pantallas en medio de toda esta locura. La segunda entrega de Anabelle puede que no sea lo peor que haya visto, pero es sin duda un trabajo muy olvidable y sobre todo muy inferior a lo que incluso sus propias posibilidades ofrecen.