miércoles, noviembre 16, 2005

Reseña: Toolbox Murders (2004)

Si el sueño de la razón produce monstruos, la muerte de los sueños también. Es ése el mensaje que parece esconderse debajo de la gruesa piel de género de Toolbox Murders (2004), remake con el que Tobe Hooper marca su esperado (al menos por mí) regreso a la pantalla. Pero aparte del título, y del hecho de que el asesino utiliza una variedad de herramientas para cometer sus crímenes, no hay prácticamente ninguna semejanza entre esta versión y la original de 1978. Se trata de una historia completamente independiente, que a través de un ambiente (en mi opinión) fabuloso, casi logra vencer por completo sus limitaciones de guión, que luchan por situarla dentro del más puro estilo slasher.

La clave para entender Toolbox Murders se ofrece apenas comienza, cuando surge ante nosotros una “advertencia” acerca de la ciudad de Hollywood y la gente que sencillamente desaparece en ella, presa de la ilusión del estrellato y condenada a un rotundo fracaso. Y es precisamente un grupo de fracasados lo que vive en el edificio Lusman Arms, antigua gloria de la ciudad. Lo que antes fue un lujoso lugar frecuentado por estrellas ahora es una ruina que prácticamente vive en obras, causando numerosos problemas a los ya de por sí patéticos vecinos, desde el risible aspirante a actor que no puede ni siquiera aprenderse un guión hasta la ex–gorda obsesionada con su nuevo físico, pasando por la pareja de frikis que vive martirizándose en un ciclo sadomasoquista de maltratos y reconciliaciones. Entre todos estos casos clínicos destaca el joven matrimonio de Steve y Nell Barrows, dos jóvenes que buscan desesperadamente establecerse en la ciudad, aunque en su caso no se trata de aspiraciones artísticas, sino del nada desdeñable propósito de llevar una vida normal. “Normal” es precisamente lo que no van a tener, ya que después de un par de misteriosas desapariciones, Nell comienza a sospechar que no todo en el edificio es lo que parece, comenzando con los extraños símbolos de brujería y cábala que hay por todas partes. Poco a poco irá desentrañando la historia del inmueble y de su más siniestro habitante, quien últimamente ha hecho rodar más de una cabeza.

La dirección de Tobe Hooper es algo que le ha hecho muy bien a esta película. Desde La matanza de Texas (1974), este director no había vuelto a ofrecernos una historia donde el peligro estuviese presente de una forma tan palpable a través de los decorados. El edificio es, en sí mismo, un personaje más, un sitio sucio que alberga numerosos secretos, con evidentes guiños a otras películas de comunidades endemoniadas como El inquilino (1976) o El bebé de Rosemary (1968), ambas de Roman Polanski. La brutalidad de los crímenes del misterioso asesino es asimismo digna de los mejores tiempos del director, quien no escatima en mostrarnos cuando detalle escabroso se encuentre, especialmente en ese clímax que casi se convierte en una pesadilla. También ayuda muchísimo una actriz como Angela Bettis, cuya presencia resulta bastante contundente para alguien de apariencia tan frágil.

El único fallo de la película es, quizá, no explotar al máximo todo el potencial de las lecturas que ofrece. El edificio en el que viven Nell y Steve es un símbolo de todo Hollywood, un lugar que en alguna ocasión amparó las ilusiones de aquellos que venían a él y que ahora los devora literalmente. Les propongo una cosa: traten de ver las marcas esotéricas del edificio no como lo que son, sino como lo que fueron. Ahí, precisamente en ese “pretérito” de las cosas, se esconde la clave de la película. Eso sin nombrar al asesino, un ser que (en más de una forma) nace de la muerte. Y con esto temo haber dicho demasiado. Tan sólo desearía que los creadores de esta película hubiesen tenido un poco más de valor a la hora de lanzar estas ideas. Es una lástima, porque Hooper no había creado un ambiente así en muchos años.

En fin, una película slasher en toda la regla, pero que esconde el potencial de algo más interesante. Las diferencias entre la versión original y el remake de Toolbox Murders se deben quizá al cambio de concepción que ha habido en cuanto a lo que era y es Hollywood: de “máquina de sueños” a “vertedero del Diablo”. Puede que yo me esté inventando todo esto, pero como regreso de Hooper no está tan mal, aunque es evidente que todavía le falta mucho al creador de Leatherface para volver a estar en forma.

lunes, noviembre 14, 2005

Reseña: La mosca (1986)

Junto con La cosa (1982) de John Carpenter, La mosca (1986) de David Cronenberg es un sólido argumento a favor de los remakes, un ejemplo concreto de cómo la versión de un clásico es capaz en ocasiones de superar al original. Si bien la versión de 1958, con Vincent Price en el papel principal, continúa siendo un referente, hay que reconocer que la mayor parte de su estimación actual reside en su inmenso valor camp, en el que resalta la imagen del hombre de traje con la gigantesca cabeza de insecto. En cambio, el filme de Cronenberg consigue la nada fácil tarea de poner de acuerdo tanto a los fans acérrimos del gore y los excesos hemoglobíticos como a la crítica más exigente. El director canadiense consigue en este relato, mezcla de ciencia–ficción, horror y creature–feature, la que es sin duda una de sus obras maestras.

Jeff Goldblum (perfecto en su papel, valga decir) da cuerpo a Seth Brundle, un excéntrico y solitario científico que crea uno de los inventos más revolucionarios de la historia: la cabina de teletransportación. En un intento por ponerla a prueba a la vez que ignora todo atisbo de prudencia, decide usarse a sí mismo como cobaya en la primera teletransportación aplicada a un humano, con la mala suerte de que una mosca se introduce junto con él en el artefacto. A partir de allí comenzará para Brundle una gradual pero definitiva transformación, una inquietante metamorfosis que le consumirá poco a poco, poniéndole en peligro a él y a los que le rodean.

Es en esta transformación donde reside el principal interés de la película. A través de la actuación de Goldblum vemos todas las facetas del cambio de Seth, desde su fascinación por los poderes que experimenta (salud, vigor, fuerza, rapidez y la posibilidad de caminar por las paredes) hasta el posterior espanto al ver que su cuerpo humano literalmente se cae a pedazos para revelar el amasijo de carnes que oculta su nueva apariencia de hombre–insecto, tras lo cual luchará por asirse desesperadamente a los últimos vestigios de su humanidad. Por supuesto, estamos en una película de Cronenberg, así que los detalles escabrosos no faltan: carne sanguinolenta que se desprende como piel vieja, uñas que se arrancan fácilmente y, por supuesto, la peculiar manera en la que el Brundle-mosca se alimenta vomitando sus jugos gástricos sobre la comida antes de metérsela a la boca.

Pero no todo en esta película se mide por el factor de asco que causa en el espectador. La transformación de Brundle es la eterna metáfora de Cronenberg: el hombre preso de su condición, prisionero de su propio cuerpo y su propia mente, que le lleva hasta el límite de optar entre el sacrificio personal y el sacrificio ritual de aquellos a los que ama. La metamorfosis del personaje en mosca es también vista como una condición dañina y nociva, pero a la vez proveniente del placer: el perfecto paralelismo a una enfermedad venérea. Brundle es un personaje ante todo sexual, y gran parte de nuestra visión (como espectadores) de su dilema la notamos en la relación que mantiene con su novia Veronica (Geena Davies), única persona que conoce su condición. También en ella vemos una transformación progresiva, desde la admiración que siente por el Brundle super–humano, pasando por la compasión hacia el hombre desesperado que le pide ayuda, y finalmente llegando al terror que siente hacia una criatura a la que ya no reconoce y que ahora, sobre todo, tiene repercusiones directas para con ella.

Una película asquerosa y perversa, pero también poética y emotiva, para mi lo tiene todo. El impacto que causó en el momento de su estreno no se ha visto, por fortuna, disminuido con el tiempo. Sin duda alguna una obra maestra que merece ser vista y atesorada.

sábado, noviembre 12, 2005

Míticos: Stuart Gordon (1947 - )

Nacido en Chicago (EEUU), el 11 de agosto de 1947, la carrera de Stuart Gordon como director se vio cuesta arriba desde el principio, cuando fue encarcelado por cargos de obscenidad pública debido a una "poco covencional" versión de Peter Pan para teatro universitario en la que Campanilla era gay y el héroe de Barrie un niño hippie que viajaba a Nuncajamás gracias a una dosis de LSD. Por fortuna, sus problemas con la ley no le cerraron la puerta del cine de género, y a principios de los 80 ya se había abierto un hueco en la compañía Empire Pictures, presidida por el mítico productor de serie-B Charles Band. Fue allí precisamente donde Gordon rodó su primer largomentraje y hasta, la fecha, su obra más conocida: Re-Animator (1985), toda una fantasía gore basada en el relato Hebert West: Re-Animator, de H.P. Lovecraft. La película, entre otras cosas, supuso el descubrimiento del genial Jeffrey Combs (el Cary Grant de la serie-B) y el inicio de una serie de películas en las que Gordon aprovecharía el inmenso filón que Lovecraft dejara en su literatura.
Precisamente su segunda película, From Beyond (1986), volvió a reunir a Combs y a Lovecraft bajo su dominio. Gordon seguía fiel a su estilo de rodearse de actores serie-B como Barbara Crampton (que había trabajado también en su anterior película) y Ken Foree para rodar películas hechas con poco presupuesto pero con mucho desprecio hacia cualquier tipo de concesión. También en esta película contó con la colaboración de su amigo Brian Yuzna, que también le echaría una mano en Dolls (1987), su siguiente película, que trataba de una pareja asediada por una horda de muñecas asesinas.
Por desgracia, en esta ocasión el éxito comercial no le acompañó, y Gordon tuvo que pasar tres años sin dirigir, aunque se ganó la confianza de la industria gracias al argumento de Honey, I Shrunk the Kids (1989), uno de los mayores éxitos de Disney en el campo de las películas no-animadas. Este prestigio le permitió estrenar en 1990 la cinta de ciencia-ficción Robojox (1990), así como dos tv-movies de horror que le mantuvieron en forma: la primera fue El pozo y el péndulo (1990), nueva versión del cuento homónimo de Edgar Allam Poe con el mítico Lance Henrikssen como Torquemada. La otra fue Hija de las tinieblas (1990), un thriller con Anthony Perkins a la cabeza del reparto.
En 1993 llegaría uno de los mayores éxitos comerciales de Stuart Gordon, la película de ciencia-ficción La fortaleza (1993), con Christopher Lambert. Este éxito fue lo que permitió la financiación de Castle Freak (1995), su tercera película basada en la obra de H.P. Lovecraft y protagonizada por un Jeffrey Combs que ya se había convertido en referencia obligada del cine de género diez años después de que saltara a la fama como el doctor Herbet West. La historia de un niño deforme abandonado en el sótano de un castillo que acosaba a la pareja protagonista no fue ningún éxito, pero dejó claro cual era la línea que su director pensaba seguir en el futuro.

Y ese futuro efectivamente llegó. Tras flirtear de nuevo con la ciencia-ficción e incluso con el cine infantil, Gordon recibió la invitación de su amigo Brian Yuzna, quien se encontraba probando suerte en Barcelona con su compañía Fantastic Factory, para rodar en España el proyecto que había acariciado durante más de una década: Dagon (2001), cuarta película lovecraftiana de Gordon y uno de sus trabajos más ambiciosos hasta la fecha, siempre fiel al estilo serie-B que le vio nacer. Combs no estuvo presente en esta ocasión, pero aún así Gordon no dejó de hacer un guiño a los espectadores al dotar al personaje protagonista de un look muy parecido al de su actor fetiche.

Tras Lovecraft vino El rey de las hormigas (2003), homenaje personal de Gordon al cine de explotation de los años 70, y una película que todavía (lo confieso) estoy por ver. En la actualidad, Stuart Gordon continúa con su carrera, habiendo ya estrenado su propio segmento de la serie Masters of Horror: Dreams in the Witch-House (2005). También a este año pertenece su último largometraje: Edmond (2005), una bizarra historia sobre el bajo mundo de las calles de Nueva York, con guión de David Mamet y un elenco menos serie-B que antes, pero que por lo menos encuentra espacio para el inevitable cameo de Jeffrey Combs. Y es que algunos fetiches no mueren nunca.

jueves, noviembre 10, 2005

Y por supuesto, ahora Castlevania

Según UHM, el "peligroso" Paul W.S. Anderson, director de la primera película de Resident Evil (2002), está preparando ya su tercer filme basado en un videojuego, y esta vez adapta el que fuera uno de mis favoritos de todos los tiempos: Castlevania.
El estreno de esta película está pautado para el año 2007. Aún no hay noticias de quién interpretará a Drácula ni a los miembros del ya mítico clan de los Belmont, pero sí se sabe que el propio Anderson se encargará de firmar el guión. Cuidado, Paul, porque esta vez sí que puedo entrar en modalidad de cólera divina. Después de todo, aunque hayan pasado ya más de diez años desde la última vez que el caza-vampiros del látigo haya pasado por mis manos, todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Incluso puedo tararear el tema musical con absoluta fidelidad.
Ándate con mucho cuidado, porque si la cagas, mejor será que mires por encima de tu hombro todas las noches por el resto de tu vida.

lunes, noviembre 07, 2005

Reseña: Ventana Secreta (2004)

Últimamente las adaptaciones de la obra de Stephen King parecen estar de capa caída. La verdad es que, si nos atenemos a los hechos, no hemos disfrutado de una buena adaptación de su obra de terror en varios años, ya que novelas más “serias” como The Shawshank Redemption o The Green Mile se han visto más beneficiadas en cuanto a tratamiento cinematográfico se refiere. Además, muchos cineastas parecen estar más interesados en versionar las novelas más antiguas de este autor, aún corriendo el riesgo de pisar territorio ya explorado, lo cual es el caso de algunas mini–series y TV–movies que han salido en los últimos años: El resplandor (1997), Carrie (2002) y Salem’s Lot (2004). Por eso resultó una sorpresa para mí el estreno de Ventana secreta (2004), una película escrita y dirigida por David Koepp (un guionista que respeto mucho y que ha dirigido la que es una de mis películas favoritas: The Trigger Effect), basada en la novela corta Secret Window, Secret Garden de King. Lamentablemente, poco se puede destacar de esta película salvo la carismática actuación de sus protagonistas, Johnny Depp y John Turturro.

Johnny Depp interpreta aquí a Mort Rainey, un escritor sumido en una fase depresiva después de su divorcio, dedicándose todo el día a hacer el vago, encerrado en su cabaña privada en medio del bosque mientras se pasea todo el día deambulando del sofá a la cama, metido en su viejo y raído albornoz. Un día, aparece de la nada un siniestro personajillo llamado John Shooter (Turturro vestido de pastor anglicano y con un defecto de habla) que le acusa de haber plagiado uno de sus cuentos en un volumen recogido hace ya varios años. Al principio, Mort le despacha como a un loco, a sabiendas de que él nunca ha plagiado a nadie, pero ante la insistencia y el acoso constante de Shooter, se decide a ofrecer pruebas de su inocencia. La sorpresa viene cuando estas pruebas empiezan a desaparecer poco a poco, igual que aquellas personas que las proporcionan.

Ventana secreta trata uno de los temas más recurrentes de Stephen King: el escritor y sus “fantasmas”, la estrecha conexión que existe en sus libros entre la creación artística y el mundo sobrenatural, el contador de historia que funge de medio entre el mundo físico y aquellas realidades más allá de lo tangible. Si algo se puede destacar de la historia es que la progresiva complicación que sufre la trama va develando poco a poco los indicios de una situación demencial que escapa de toda lógica. En este sentido, la “sorpresa final” no lo es tanto, porque resulta la única explicación posible. Sin embargo, y a pesar de que las actuaciones de sus protagonistas y el efectivo ritmo del guión de Koepp cumplen su cometido a cabalidad, el conjunto de la historia resulta en extremo predecible, sin sorpresas, sin nada que haga la película realmente memorable. Casi me atrevería a decir que Ventana secreta hubiera funcionado mucho mejor si se hubiera comprimido su trama hasta el mínimo, con lo que hubiera resultado un excelente cortometraje o un tremendo episodio de Tales from the Crypt. Como película, sin embargo, se queda bastante floja.

Yo recomendaría esta cinta como un hecho curioso, una oportunidad más de admirarnos con el trabajo de estos dos actores, a quienes se les ve competir fieramente por el protagonismo en cada escena. Independientemente de si se adivina la sorpresa final o no (insisto, la adiviné porque me parece que es la única posible), el conjunto resulta flojo, si bien guarda algunos detalles interesantes en su interior.

sábado, noviembre 05, 2005

Reseña: The Dark (2005)

The Dark (2005) es apenas la segunda película del canadiense John Fawcett, así que me parece tonto el que muchas personas se hayan decepcionado porque esperaban un producto más “serie B”, en la línea de Ginger Snaps (2000). Es demasiado pronto todavía para clasificar a este hombre en cualquier estilo, sea el que sea.

Su nueva película, basada en la novela Sheep, de Simon Maggin (no la conozco, por si acaso se preguntan) es, eso sí, de un estilo muy diferente al de su opera prima. Y lo es desde el primer momento, en el que nos plantea un “escenario” completamente distinto: si Ginger Snaps era un pequeño universo de suburbia en el que se exploraba la relación entre dos personajes, The Dark habla de un mundo descomunal e inabarcable, la conexión de los planos terrenal y espiritual a través de la fina capa que componen las leyendas populares, en este caso las galesas. El mar, en toda su inmensidad, es tratado aquí como lo que era para el hombre celta hace miles de años: el límite, el lugar donde se acaba el mundo, la puerta inmesurable al reino de los muertos. A través de este lei-motiv, la película nos cuenta la historia de una madre cuya hija cae en las profundas aguas, atraída al parecer por los espíritus que allí habitan. Mientras la busca desesperadamente, en la esperanza de que siga viva, encuentra a otra niña de aspecto y comportamiento muy extraño, que resulta ser idéntica a una que desapareció en el mar también… sólo que sesenta años atrás. La madre entonces debe investigar quién (o qué) es esta niña para así conocer el precio que ha de pagar por recuperar a su propia criatura.

A partir de aquí, la película va indagando cada vez más en la historia local, algo típico en estas historias de fantasmas y aparecidos. La resolución de un misterio que afecta a esa pequeña área rural se mezcla con los vericuetos de una antigua leyenda galesa que (cómo no) guarda incluso resonancias medievales y la conexión con una secta de chalados. Son estas elucubraciones de la trama lo más interesante de The Dark, y lo único que (en mi opinión) puede hacer que alguien se sienta tan interesado como para seguir toda la película. Eso sí, no hay que esperar nada más. Como película de terror, la verdad es que deja bastante que desear. Además, algo que no se puede obviar (y que lamentablemente juega en su contra) es el contexto: a pesar de que la novela en la que se basa fue publicada en 1994, existen demasiadas similitudes con otras películas recientes, entre ellas The Ring (2002), como para creer que se trata de una simple coincidencia (no creo que lo sea, por ejemplo, la fotografía borrosa del mundo de los muertos y el hecho de que Maria Bello incluso se parece físicamente a Naomi Watts). Yo no sé ustedes, pero en los últimos tiempos me he ido hartando un poco de la típica trama de fantasmas que incluye niños espeluznantes y secretos del pasado unidos a un reino sobrenatural. Es que ya van muchas, señores, y ésta es otra de ellas. Otra cosa que le resulta desfavorable es el hecho de que se apoya demasiadas veces en el susto fácil, en el típico brinco de silla que te sobresalta pero que inmediatamente después puede llevar a la risa a los sectores con menos privilegios intelectuales de la sala (mi experiencia viendo la película así lo demuestra). Para colmo, la película se hace larga, y tiene un “doble clímax” que no le favorece en nada. Otra cosa: ¿era necesario el típico final sorpresa?

En fin, una historia interesante, aunque un poco insulsa. Las comparaciones con otras películas serán inevitables, pero por lo menos habrá que verla por lo que plantea. Eso sí, para películas de terror, es mejor buscar otra cosa. Ya veremos con qué nos sale Fawcett en la próxima. Por cierto, que entre los productores está el nombre de Paul W.S. Anderson, una de las mentes menos creativas que hay por ahí. Me pregunto cuánto habrá tenido que ver realmente con todo esto.

jueves, noviembre 03, 2005

Reseña: Jeepers Creepers (2001)

Lo bueno de Jeepers Creepers (2001) es, sin duda, ese aire tan marcado que tiene a leyenda rural, a cuento de carretera, esa sensación de perversidad ingenua típica de un cuento de hadas. Lo malo sería, en todo caso, su poca ambición a la hora de desarrollar la historia en una forma tan interesante como el planteamiento. Eso sí, su moderado éxito hasta la fecha, y lo que podría ser definido como una virtud, es que ha logrado instaurar una nueva criatura en el bestiario del cine de horror moderno.

Los primeros quince minutos de Jeepers Creepers son de los mejores que he visto en muchos años: una introducción sugerente, un canto de paranoia en forma de road movie con un mínimo de elementos: dos hermanos que viajan por un solitario camino rural son acosados en el trayecto por un viejo y destartalado camión, conducido por un personaje envuelto en sombras y suciedad. Cuando los dos, en contra de todo sentido común, se atreven a mirar más allá de las advertencias, se encuentran de lleno con la leyenda del “Creeper”, una criatura mitológica de la que desconocemos absolutamente todo: orígenes, intenciones o naturaleza. Tan sólo sabemos que posee una voluntad indoblegable, y que una vez que quiere algo, lo obtiene a como de lugar.

El problema es que después de esos quince minutos iniciales la película abandona todo atisbo de sugerencia para sumergirse de lleno en la literalidad, en lo explícito, y no siempre logra cumplir a cabalidad las expectativas que ha levantado. Cualquier actividad cerebral que pueda registrarse en esta película va a ocurrir durante su primer acto, ya que después de eso se convertirá en un juego del gato y el ratón sin mayores sorpresas y sobresaltos. Incluso los pocos intentos de la película por regresar a su tono inicial se ven truncados, en el momento en que aparece un nuevo personaje con toques “místicos” que ridículamente tratará de dar a los protagonistas (y por ende al público) una explicación de medio pelo a los sucesos de la película, disfrutables precisamente mientras permanecen como un misterio. Para el momento del clímax, en el que el “Creeper” es confrontado en medio del que debería ser el lugar más seguro del mundo (una estación de policía), ya esto no es más que un creature–feature de molde. La película nos ha hecho trampa.

De más está decir que el final es bastante tonto, a lo que debo añadir la sensación que tuve de que la película duraba una hora. Es una lástima cuando te ofrecen tantas expectativas en el principio de una historia y luego te ofrecen más de lo mismo. Al menos, el diseño del “monstruo” es interesante, precisamente porque le otorga a la trama ese saborcillo a espantos de caminos, a relato de la campiña, a pura mitología. Sólo por eso creo que habría que revisar esta singular aunque fallida película.

lunes, octubre 31, 2005

¿Halloween? No gracias, pero...

Yo no celebro Halloween. No me gusta, me parece que no tiene sentido, en mí no es algo espontáneo. Reconozco, sin embargo, que hay otras fechas que odio MUCHO más, como el nefasto Día de San Valentín. Esta noche evadiré la realidad yendo a ver The Dark (2005), la nueva película de John Fawcett.
Mientras tanto, les dejo los nombres de algunas películas en las que la noche de Halloween tiene un papel destacado. No sé, para que así tengan algo que hacer esta noche.
1. Halloween (1978), de John Carpenter (por supuesto).
2. Night of the Demons (1988), de Kevin Tenney (uno de los clásicos más injustamente olvidados de los años 80 y la mejor parodia/homenaje/plagio a The Evil Dead que se puede encontrar. Sus dos secuelas también son altamente recomendables).
3. Pumpkinhead (1989), de Stan Winston (hablando de calabazas, esta película de monstruos con el inigualable Lance Henriksen a la cabeza es referencia obligada de ese terror casposo ochentero. Véanla. La secuela, Pumpkinhead 2: Blood Wings, no es tan interesante).
4. La casa de los 1000 cadáveres (2003), de Rob Zombie (el señor Zombie es un hombre que VIVE para el cine de género, así que es imposible no echarle un ojo a su ópera prima, una fiesta de Halloween con Otis, el Capitán Spaulding y el Dr. Satan).
5. Once Bitten (1985), de Howard Storm (por favor, alguien dígame que no soy yo el único fan de esta deliciosa comedia de vampiros con un Jim Carrey antes de convertirse en estrella. Creo que me la sé de memoria).
6. La pesadilla antes de Navidad (1993), de Henry Selick (bueno, creo que de esta película no tengo ni siquiera necesidad de hablar).
7. Trick or Treat (1986), de Charles Martin Smith (parábola de la fiebre del heavy-metal de mediados de los 80, difícilmente se puede encontrar una película más "absurda", en el sentido bueno de la palabra. Indispensable ver el tronchante papel de Ozzy Osbourne como un predicador que fustiga sin piedad a la música rock).
8. Donnie Darko (2001), de Richard Kelly (¿pero es que existe alguien que no haya visto ya esta obra maestra? Me niego a hablar de ella).

viernes, octubre 28, 2005

Reseña: Frágiles (2005)

Seamos sinceros: nadie escoge dirigir la película de Operación Triunfo de buena gana, así que el hecho de que el director español Jaume Balagueró se haya decidido a hacerla responde a una voluntad de sacrificio para nada desdeñable. Sólo por eso creo que se merecería que le echáramos un vistazo a su propuesta en el cine de género. Confieso que no he visto aún sus obras de género anteriores: Los sin nombre (1999) y Darkness (2002), pero su tercera, Frágiles (2005), resulta ser, en mi opinión, uno de los mejores estrenos de terror del año, una película altamente referencial pero hecha con absoluta precisión por alguien que, por lo menos en esta ocasión, sabe lo que está haciendo.

Participando de una premisa similar a otra película europea de terror estrenada recientemente, Frágiles sitúa su anécdota en un escenario que es en sí mismo un personaje: un gigantesco hospital para niños ubicado en medio de una isla británica, apartado completamente de la civilización. A este hospital llega Amy (Calista Flockhart), una enfermera contratada para cuidar a los últimos niños que están siendo trasladados. Sin embargo, el hospital alberga algo dentro de sus paredes, una presencia fantasmal que no quiere ser abandonada y que incluso ya ha empezado a hacer daño a los niños. Amy pronto entabla amistad con la más “rara” del grupo: la pequeña Maggie, la única que puede comunicarse con el fantasma, que responde al nombre de Charlotte y al apodo de “la niña mecánica”. Por supuesto, y tras varios intentos frustrados de que le crean, Amy decide investigar por su cuenta la historia de Charlotte, y sus pasos la llevarán a la segunda planta del hospital, clausurada desde hace cinco décadas.

La trama no es nada original, y algunos cinéfilos podrán reconocer alusiones indirectas a aquella película de Peter Medak llamada Al final de la escalera (1979), una de las más inquietantes historias de casas embrujadas que se pueden hallar. Frágiles no le desmerece para nada. Balagueró ha hecho bien sus deberes al construir una historia que se va revelando poco a poco, con mayores sugerencias que situaciones explícitas, además de echar mano a todos los estilos que han predominado últimamente, incluyendo un clímax que hace uso de las ya inevitables referencias al estilo del J-Horror. No se trata de un plagio, sin embargo, ya que calza perfectamente en esta historia, y la película hace suyas todas las influencias que recibe. Se agradece asimismo que, si bien hay una “sorpresa” al final, la película no está de ninguna forma subordinada a ella. Buen gesto, diría yo.

Como bien se ha dicho por ahí, algo se mueve en el cine de género español. Si bien es cierto que Filmax nos ha clavado numerosos mamones en el pasado, creo que películas como ésta del señor Balagueró son las que al final terminarán atrayendo al público, independientemente de que sean rodadas en inglés y apunten a un mercado mayoritariamente anglosajón. Por mi parte, creo que la sola presencia de “Charlotte”, y especialmente su showdown final, hace que la película valga la pena.