
Si bien intentó sinceramente cerrar el ciclo de secuelas con su cerradísimo y explícito final,
Halloween H20 (1998) tuvo la desgracia de ser bastante exitosa a nivel de taquilla, con lo que poco después ya alguien se estaba sacando de la manga una nueva secuela de la saga de Michael Myers titulada
Halloween: Resurrection (2002), empleando además una de las más trilladas codas en la historia de los títulos de películas. Probablemente más que ninguna otra, esta octava entrega del asesino de la máscara blanca, la última de la saga original, es descarada en su intento de rentabilizar la franquicia de estas películas con una secuela completamente innecesaria y absurda que por supuesto pasa por completo (como de costumbre) de justificar el regreso del asesino tras varios años pero al mismo tiempo intenta explicar cómo es que Michael Myers continúa con vida después de haber sido contundentemente decapitado en la entrega anterior por su hermana Laurie Strode.
Este personaje reaparece por cierto aquí, y está nuevamente interpretado por Jamie Lee Curtis en un muy corto papel durante el prólogo, que transcurre esta vez en un hospital psiquiátrico donde la incombustible y madura
final girl ha terminado tras sus numerosos enfrentamientos con el asesino. Hay que decir en favor de la película que este prólogo es al menos valiente al cometer uno de los mayores sacrilegios posibles a los ojos de los seguidores de la saga, apostando radicalmente a una reinvención de la franquicia y despojándola de sus constantes tradicionales, todo un reto para el director Rick Rosenthal, quien aparte de Rob Zombie es el único cineasta que ha dirigido dos entregas de
Halloween (en concreto se hizo cargo de
la segunda entrega, allá por el 81). Esta vez la premisa del asesino enmascarado parte del
gimmick del horror documental, centrándose en el elenco de un
reality show de terror que transcurre en la famosa casa de Michael Myers en Haddonfield, sin saber que el Hombre del Saco está volviendo a casa a acabar con los intrusos.
La idea del reality es atractiva, muy a pesar de que el ambiente de inmediatez que dan las cámaras personales no es aprovechado en todas sus posibilidades (sólo una de las muertes es contemplada por el público, lo que da para un interesante comentario sobre la saga y su base fanática pero que por desgracia se queda en un muy breve guiño), y la película se hubiese beneficiado sin duda de un tratamiento más intimista y menos dado a la repetición de un esquema agotado ya hace años. Aparte hay un intento de hacer ciertas concesiones a la comedia que terminan siendo bastante contraproducentes por culpa de una mala elección de casting, especialmente la del rapero Busta Rhymes, quien tiene uno de los papeles principales de la película y que simplemente destaca demasiado, aportando ruido y quitando protagonismo a lo que debería ser el centro de la película: Michael Myers y sus víctimas.
Al final la voluntad de romper con el estilo anterior se queda en nada porque la película repite el mismo esquema de las anteriores, con una muy predecible confrontación final cuyo desenlace tira el ya infaltable guiño a una nueva secuela. Esta, como todos sabemos ya, nunca llegó, ya que tras el fracaso de esta cinta la saga de Halloween vería su verdadera "resurrección" con
el remake de Rob Zombie cinco años después. En cuanto a
Halloween: Resurrection, hay que ser muy fan de la saga para darle una oportunidad, ya que esta entrada se pierde en el limbo que existió entre los inofensivos
slashers de los noventa y la llegada de un horror más dado a los excesos que vio su explosión justamente el año después.