miércoles, junio 23, 2010

Reseña: Scream 3 (2000)

Abrumados por su propio e inesperado éxito, los responsables de esta tercera entrega de la saga comenzada por Scream (1996) volvieron a dar las riendas de la dirección a Wes Craven, si bien esta vez dejando por fuera a la otra mitad del dúo, el guionista Kevin Williamson, quien únicamente ejerce de productor. En su lugar está el omipresente Ehren Krueger, quien lleva los preceptos autoconscientes de la franquicia hasta sus últimas consecuencias al hacer de Scream 3 (2000) una parodia no solamente del género de los slasher films sino también de la saga en sí misma. Esto queda evidenciado en el juego metaficcional que establece a través del argumento, en el que un nuevo matarife encapuchado con la máscara blanca y el hábito negro empieza a cargarse uno a uno a los miembros del elenco de Stab 3, equivalente paródico de la cinta. Dicha falsa película ofrece además de su estructura de espejos un agregado cómico al enfrentar a los personajes de las dos entregas anteriores con sus equivalentes en la "ficción", en ocasiones con hilarantes resultados.

El juego formal no acaba allí; si Scream se burlaba de las "pelis de miedo" y Scream 2 (1997) de las "secuelas", Scream 3 lanza sus puyas a lo que se conoce como "la parte final de la trilogía", que como vemos tiene sus propios clichés y reglas a seguir y en la que los personajes saben que cualquier cosa, sin importar lo absurda que sea, puede pasar. Es curioso ver como las reglas hasta cierto punto han cambiado muy a pesar de que la cinta intenta mantenerse en terreno conocido. Aquí vuelve, por ejemplo, Sidney Prescott, la ultimate final girl nuevamente interpretada por Neve Campbell en el rol que la hizo famosa, y curiosamente, si bien es ella en cierta forma la excusa del argumento y al final es quien se enfrenta al asesino, no tiene lo que se dice mucho protagonismo. De hecho está practicamente ausente de la película durante los primeros 45 minutos, por lo que el peso de la trama recae principalmente en la reportera Gale Weathers (Courtney Cox) y el inepto pero adorable policía de pueblo Dewey (David Arquette). La falta de una protagonista específica se compensa asimismo con un desfile impresionante de cameos de celebridades en el elenco: Lance Henrikssen, Roger Corman, Jenny McCarthy y una inspiradísima Parker Posey (probablemente lo mejor de la película), sin olvidar un extraño y descolocante cameo de Jay y Silent Bob que, más allá de evidenciar como pocas cosas la época en la que se rodó la película, no tiene mucha gracia.

Esto pone en evidencia las carencias de Scream 3 a un nivel que incluso hace extrañar la presencia de Williamson tras el guión. Con una duración de casi dos horas, es sin duda demasiado larga, y su entrega casi incondicional al humor es en ocasiones excesiva ya que las dos entregas anteriores, si bien nunca se tomaron demasiado en serio a sí mismas, al menos mostraban cierta reverencia hacia el género que parodiaban. La única reverencia de esta película es aquella que hay en cuanto a sus propios chistes privados, como el hecho de que Gale y Dewey ya no están juntos al principio de la trama. Del resto, la verdad es que es poco imaginativa y su autorreferencialidad se nota más bien como autocomplacencia; después de todo, esta es una película hecha con plena consciencia del "fenómeno Scream", lo que hace que se sienta muy artificial y delata que sus responsables no creían realmente que pudiesen llegar al nivel alcanzado con la primera parte o incluso la segunda. Esto es algo que se nota en todas sus fases, desde un guión que sufrió varias modificaciones importantes incluso durante el rodaje, hasta la desganada dirección del propio Craven, quien es sabido sólo aceptó encargarse de esta película a cambio de que Miramax le permitiera dirigir Música del corazón (1999), hecho al que curiosamente hace referencia uno de los personajes.

Cualquier apreciación que se pueda hacer de Scream 3 pasa necesariamente por sus ocasionales grandes toques cómicos (como, repetimos, Parker Posey haciendo de la falsa Gale Weathers), a veces un tanto ingenuos pero otras muy efectivos. No hay muchas esperanzas en cuanto a sus elementos argumentales o de terror ya que la trama de la película es caótica hasta el absurdo, desde la manera tan curiosa que tienen de traer de vuelta al personaje de Randy hasta el descalabrado final que incluso se atreve a reescribir (tal como las "reglas" afirman) parte de la mitología de la saga. Insisto, sin embargo, en que este tono me parece un tanto despreciativo, dirigido más hacia un público demasiado joven para conocer aquel género que Scream parodiaba y que aquí parece convertirse en un chiste que habla sobre sí mismo, y que hacen de esta una película muy inferior a las dos anteriores. Habrá que ver si ahora, cuando se ha anunciado el regreso de Craven, Williamson, Campbell y demás en una inminente cuarta entrega, la saga volverá a su senda original o por el contrario seguirá depredándose a sí misma hasta la náusea.

2 comentarios:

Lucksaw dijo...

No es una maravilla, si, pero tiene sus pros y contras.

Me encantan todos los puntos que remarcaste, como lo de Parker Posey y toda la autoreferencialidad para con la saga que tiene este ¿cierre?

Herodes dijo...

Yo en lo particular la odié. Me encantó la primera y la segunda a pesar de ser inferior, me parecía muy entretenida.

Sin embargo esta me pareció muy mala. Creo que fue hecha ya para terminar de explotar la franquicia totalmente. Los personajes se ven descuidados (me molestó muchísimo el look de Courtney Cox), las actuaciones se van de vacaciones y en general me pareció una historia que ni dentro del propio submundo de la saga, logra mantenerse a pie.

Lo peor de todo es que en la primera escena se despachan a uno de los personajes más carismáticos de las dos entregas anteriores y la revelación del asesino no me convenció en lo absoluto.

Eso sí, hay que destacar la actuación de Parker Posey.