lunes, marzo 19, 2018

Reseña: Aniquilación (2018)

Aniquilación (2018) es la nueva película del director Alex Garland, el mismo de Ex Machina (2014), y una vez más vuelve a sorprendernos con un relato de ciencia-ficción más cerebral de lo que estamos acostumbrados. Si quien lee esto vive en los Estados Unidos o Canadá habrá sin duda tenido la oportunidad de verla en una sala de cine, mientras que el resto del mundo ha tenido que catarla a través de Netflix, que se hizo con toda la distribución internacional luego de varios conflictos durante su producción. Esto ha hecho que mucha gente crea que la plataforma de streaming tuvo algo que ver con el rodaje aunque no es así. De todas formas, no es que importe mucho salvo como comentario a las nuevas formas de distribución de cine que estamos viendo en nuestros días.

Lo cierto es que los temores por su rentabilidad estuvieron algo justificados; Aniquilación, aunque no sea para nosotros la genialidad que algunos han señalado, sí que resulta mucho más intelectual de lo que habitualmente se estrena en la cartelera mainstream. Digo esto incluso teniendo en cuenta que el argumento simplifica en gran medida la novela de Jeff Vandermeer en la que se basa, algo que no me extraña para nada ya que Vandermeer no es precisamente el escritor más accesible del mundo. Garland, por el contrario, parece querer contar su propia historia y resume la trama de la novela al mínimo al hablar de una científica que se une a un grupo de mujeres para explorar una misteriosa zona en la que una forma de vida de origen extraterrestre ha mutado tanto la flora como la fauna y transformado el área en un paraje inaccesible del cual nadie ha salido con vida. 

Lo interesante en todo caso de esta película es que Garland, en mayor medida incluso que en Ex Machina, construye la trama como una historia de terror en la que el grupo de mujeres va poco a poco desentrañando el misterio del lugar y al mismo tiempo descubren la futilidad de enfrentarse a algo completamente foráneo que no parece tener intenciones ni plan alguno, un fenómeno natural que se asemeja a un cáncer viviente y cuyos efectos sobre la vida terrestre resultan bastante imaginativos y atractivos de ver pero también completamente impredecibles. Resulta muy reconfortante además encontrarse con esa sci-fi lenta, "aburrida“ y pausada que no huye de elaborar sus ideas pero que al mismo tiempo no necesita hacerlas demasiado evidentes. Quizás esta negativa a rendirse a las exigencias de un público mayoritario es lo que le impidió tener un estreno comercial mayor, pero también es lo que la hace singular y digna de verse.

A pesar de todo es conveniente que rebajemos un tanto las expectativas ya que esto no es ninguna obra maestra, como se ha dicho por ahí, y mi principal (ahora que lo pienso, único) problema con ella es que muchas de sus mejores ideas y momentos son cosas que ya había visto en películas mucho menos intelectuales como La cosa (1982) o incluso Las ruinas (2008), pero por una vez me alegra ver a un director atreviéndose a hacer algo inteligente que no necesita darte todo masticadito y que es capaz de presentar ideas sin caer en condescendencias y al mismo tiempo ofrecer interesantes momentos de terror. Ojo sobre todo a esa maravillosa secuencia climática sin diálogos con la que la historia finaliza. Me ha parecido muy buena, y ojalá hubiera tenido un pase en cines ya que creo que correctamente promocionada habría sido un éxito aunque fuera con un público distinto al de las megafranquicias actuales. Vale la pena.