En deuda estoy con el señor Kuroi Yume (de Tierras de cinefagia) por su quijotesca labor de enriquecer mis escasos conocimientos de cine oriental (por cierto maese Yume, sigo esperando esa lista), y dado que esta página no puede resistir la tentación de la ya declinante moda del japo-terror, es bueno darse una pasada por títulos que realmente valen la pena. El que hoy nos ocupa es una de esas pequeñas joyas imprescindibles que no hay que dejar pasar bajo ningún concepto, el experimento narrativo Three (2002).lunes, octubre 30, 2006
Reseñas: Three (2002)
En deuda estoy con el señor Kuroi Yume (de Tierras de cinefagia) por su quijotesca labor de enriquecer mis escasos conocimientos de cine oriental (por cierto maese Yume, sigo esperando esa lista), y dado que esta página no puede resistir la tentación de la ya declinante moda del japo-terror, es bueno darse una pasada por títulos que realmente valen la pena. El que hoy nos ocupa es una de esas pequeñas joyas imprescindibles que no hay que dejar pasar bajo ningún concepto, el experimento narrativo Three (2002).domingo, octubre 29, 2006
Teaser trailer de Hostel 2
Ya está disponible en Yahoo! Movies el primer teaser trailer de Hostel 2 (2007), la nueva película de Eli Roth. El avance no le hace honor a su nombre, ya que de avanzar no hay mucho, por no decir nada. La mayor curiosidad, diría yo, es que el trailer está en alemán (?), con los correspondientes subtítulos en inglés.jueves, octubre 26, 2006
Mañana se estrena Masters of Horror 2
Señoras y señores, vayan preparando esos torrents, porque la segunda temporada de Masters of Horror marca su esperado estreno mañana viernes 27 de octubre. Mañana es el día en el que la cadena Showtime comenzará a emitir las trece historias de terror que nos mantendrán ocupados durante los próximos meses, y el encargado de abrir el espectáculo será nada menos que Tobe Hooper, quien arranca con su adaptación/expansión de Ambrose Pierce, The Damned Thing (2006). No hay duda de que lo tiene difícil, ya que el episodio de Hooper de la temporada pasada fue uno de los casos más radicales de "o lo amas o lo odias" que se haya visto últimamente. En todo caso, parece ser que esta vez el tejano se ha resarcido, ya que su episodio ya ha cosechado sus primeras críticas positivas en Fangoria (que también tira flores al capítulo de Mick Garris).martes, octubre 24, 2006
Reseña: La matanza de Texas 2 (1986)

Ubiquémonos a mediados de los años ochenta, cuando el fenómeno slasher está en plena ebullición, Jason y Freddy hacen de las suyas y los asesinos carismáticos son, en gran medida, los reyes en lo que al género de terror se refiere. La ocasión estaba madura para que Tobe Hooper revisitara un clásico lanzando la secuela de su ópera prima, La matanza de Texas (1974), innegable antecesora del sub-género de los psicópatas con personalidad. Sin embargo, nadie esperaba que aconteciera lo que finalmente ocurrió: Hooper tomó los principales elementos terroríficos de su película y les dio un giro radical, haciendo de La matanza de Texas 2 (1986) no solamente una secuela en toda regla, sino una de las mejores y más desternillantes parodias slasher que se han hecho jamás. Oscurecida por la inmensa sombra de su predecesora, esta película constituye todo un clásico de culto que, por desgracia, no es demasiado conocido más allá de los fanáticos del género.
La historia se sitúa casi doce años después de la original, y por medio de otra introducción narrada nos enteramos de que los crímenes de Leatherface y su familia caníbal nunca fueron resueltos, ya que el clan de asesinos jamás fue encontrado. La leyenda de este grupo de salvajes, sin embargo, persiste, hasta que una joven presentadora de una radio de pueblo (Caroline Williams) logra escuchar en vivo una de las brutales matanzas perpetradas por Leatherface y su hermano Chop-Top (un inmenso Bill Moseley). Las cosas se complican para ella cuando recibe la visita del teniente Lefty Enright (Dennis Hopper), un policía obsesionado con los criminales que asesinaron a su sobrino inválido en la primera película, quien le pide que ponga la cinta del asesinato en el aire para así obligar a la familia a revelarse. Lo que sigue, por supuesto, es la carnicería que el clan de Leatherface desata sobre la presentadora y el teniente (que resulta estar tan loco como ellos o más).
Tras un primer visionado de esta película, sorprende que Tobe Hooper haya decidido arriesgarse a hacer algo tan diferente de su debut. Pero también se aprecia cuanto ha crecido como director, demostrando que no pasan en vano esos doce años, durante los cuales se mantuvo activo hasta más no poder: ocho películas de terror separan la primera parte de esta secuela, y entre esas ocho cintas hay auténticas joyas como Salem's Lot (1979), Poltergeist (1982) y Lifeforce (1985). Sólo Tobe Hooper podía construir una película que fuera no solamente una desmadrada de la saga de Leatherface, sino un comentario agudo de todo el género slasher ochentero. Si la primera parte de La matanza de Texas se caracterizaba por su crudo realismo, la segunda es completa y delirantemente irreal, casi operática, con épicas luchas de motosierra, inverosímiles personajes como Chop-Top (con todo y su inquietante costumbre de arrancarse trozos de su propio cuero cabelludo) y un regodeo constante en el sadismo de una familia caricaterusca que mata unida para permanecer unida. La guarida de estos monstruos (esta vez en un parque de atracciones abandonado) es un festival de horrores, un lugar poblado de fantasías gore cada vez más estrambóticas (1), donde vemos a Leatherface en su elemento. La motosierra se transforma no solamente en un artefacto de destrucción sino en el símbolo de la casquería sin sutilezas, al ser literalmente mostrada como un símbolo fálico por el mongoloide gigante apodado "Bubba", quien manifiesta a través de la violencia su predilección por la chica protagonista (no en balde esta cinta es conocida también como Leatherface enamorado). Si el gigante girando enfurecido en la original es un icono del terror, no menos lo es cuando en esta segunda se folla el aire usando su motosierra encendida como un gigantesco, metálico y cortante miembro viril.
El final es, asimismo, la manera más contundente de terminar una odisea como esta. Exasperante, histérico y apoteósico hasta más no poder, termina de coronar una película que puede resultar alienante para aquellos que no comulguen con este determinado tipo de cine estrambótico (ese sería su mayor defecto) pero para todos los demás, su visionado es materia obligatoria para entender por qué, aún con todos sus traspiés actuales, Tobe Hooper es un director que merece una consideración especial.
(1) Rob Zombie es, obviamente, uno de los mayores fans de esta película, ya que tanto La casa de los 1000 cadáveres (2003) como Los renegados del Diablo (2005) toman de ella gran parte de su argumento y varias de sus secuencias más memorables. La presencia de Bill Moseley como protagonista en las dos es otra prueba fehaciente de ello.
sábado, octubre 21, 2006
Reseña: Hellraiser (1987)

Todo aquel que haya leído la obra del escritor británico Clive Barker sabe que hay una serie de temas que se repiten constantemente: realidades paralelas, estética sadomasoquista, y la inevitable e indisoluble unión del sexo con la violencia física y la perversión moral. Todos esos temas están presentes en su primer (y hasta la fecha, mejor) esfuerzo como director, Hellraiser (1987), innegable clásico ochentero y una de las películas de terror más paradigmáticas de todos los tiempos.
La trama de Hellraiser (que ha llegado a inspirar hasta la fecha la friolera de siete secuelas) gira alrededor de un artilugio: la Configuración de los Lamentos, un puzzle cúbico que abre las puertas del Infierno y permite la entrada de los Cenobitas, habitantes y señores de un universo de dolor eterno. El último en resolver el puzzle (y caer víctima de sus guardianes) es una escoria humana llamada Frank Cotton, quien logra escapar de su prisión infernal y regresar a la tierra en la forma de un cadáver viviente. Una vez libre, se pone en contacto con su cuñada (y amante clandestina) Julia, quien debe proporcionarle víctimas frescas para que pueda regenerar su perdido cuerpo (1). Pero Frank no sabe que los Cenobitas siempre están al acecho, y que no piensan dejarle escapar con facilidad.
Dos cosas son las que hacen de esta película un clásico. La primera de ellas es sin duda su estética, un elemento muy cuidado en todas las películas de Clive Barker. Desde la enigmática forma de la Configuración (ya en sí misma todo un icono del género fantástico) hasta la apriencia sexualmente ambigua y fetichista de los Cenobitas, el mundo de Hellraiser se nos presenta como un lugar oscuro pero a la vez hermoso. La obsesión por los piercings, la profanación de la carne por el metal y la plasmación visual del dolor constante es algo que está presente en toda la película, y ciertamente ayuda mucho el hecho de que, incluso tras casi veinte años de su estreno, los efectos especiales sanguinolentos están muy bien hechos (la secuencia en la que vemos a Frank Cotton regenerarse a partir de una mancha de sangre en el suelo sigue siendo tan increíble como entonces), si bien algunos efectos digitales del final (rayos eléctricos más que nada) son sumamente cutres. Pero sin duda, el centro neurálgico de la cinta lo constituye el inmenso Doug Bradley, que interpreta al líder de los Cenobitas (Pinhead, para los fans), auténtico ídolo del cine de terror y la mayor presencia de toda la saga, a pesar de que en la cinta su presencia es mínima. Bradley (amigo de Barker de toda la vida) ha hecho de este personaje una auténtica gloria para siempre asociada a él, siendo el único personaje que se ha mantenido a lo largo de las ocho entregas.
El otro elemento que define el éxito de la película es su genuina perversidad. Desde el inicio de la historia, lo que nos muestra Clive Barker es una situación doméstica en la que dos personas inocentes (Larry Cotton y su hija Kristie) son auténticas presas del Mal, un mal que sólo puede ser combatido por medio de la intercesión de uno mayor. Los personajes de Frank y Julia son auténticas plagas humanas, seres pervertidos y malévolos sin ningún tipo de lealtad más que hacia su sadomasoquista relación (el carácter del sadomasoquismo es crucial para la película, ya que desde el principio hemos visto como el principal atractivo que Julia ve en Frank es el hecho de que él la trata como basura). Es obvio que todo el esfuerzo narrativo de Clive Barker está centrado en estos dos personajes, ya que los "héroes" (Kristie y su novio) son un par de tortolitos atolondrados cuya única posibilidad de éxito yace en su alianza con las fuerzas de las tinieblas. De sobra está decir dónde se hayan las simpatías de Clive Barker (y de aquellos que vean la película).
Tras casi veinte años, Hellraiser continúa siendo un clásico. Barker dirigiría dos películas más, Razas de noche (1990) y El señor de las ilusiones (1995), que no lograrían alcanzar el nivel de su debut. Está claro que sus mayores talentos son como escritor, pero con esta película coincidieron todos los elementos necesarios para obtener una obra maestra que todavía tiene que superar, o al menos, igualar.
(1) Hasta hace muy poco no me había dado cuenta de hasta qué punto la película El regreso de la momia (2001) de Stephen Sommers es un vulgar plagio de Hellraiser. No solamente asistimos a la repetición de esta trama en la que la amante regenera a su novio/monstruo ofreciéndole víctimas humanas, sino que incluso algunos cuadros y escenas están literalmente calcados de la cinta de Clive Barker. El hecho de que no lo haya recordado hasta hace poco me hace pensar en cuántas veces sucederá algo como esto sin que nos percatemos.
jueves, octubre 19, 2006
Reseña: La profecía (2006)

El remake es una bestia clasificable en tres grupos: están los buenos, los malos y los inútiles. Hablar de los primeros y los segundos es fácil; el problema está a la hora de reseñar uno de los del tercer grupo. Pues bien, La profecía (2006) quizás se lleve el premio a uno de los remakes más inútiles y prescindibles que se han hecho, ya que aparte de las prisas de la Fox para estrenarlo a tiempo para el 6 de junio del 2006 (acto que no pasa de ser una anécdota más o menos jocosa) y el guiño cinéfilo de incluir a Mia Farrow en el elenco, no hay absolutamente ningún aporte en esta cinta de John Moore.
La película sirve además como un argumento muy sólido a la hora de hablar pestes sobre la manera de hacer cine de muchos estudios hoy en día. Después de todo, la jugada más lógica a la hora de aprovechar la fecha del triple seis hubiese sido que la Fox reestrenase el clásico de Richard Donner, que no ha perdido ni un ápice de su efectivad a pesar de haberse estrenado ya hace treinta años. Evidentemente no lo han pensado así, y en vez de eso nos encasquetan un refrito anodino, superficial y preciosista, con un elenco pulido a las exigencias del público mayoritario actual, es decir, con actores al menos veinte años más jóvenes (lo que lleva a una absurda justificación para la escogencia del personaje de Liev Schreiber en un cargo diplomático tan importante como es la embajada inglesa).
La trama de esta nueva versión es exactamente la misma, sin ninguna variación de ninguna clase. Tanto, que cualquiera que haya visto la original tendrá forzosamente que bostezar al ver como cada una de las escenas se reproducen una tras otra, prácticamente con los mismos diálogos. De vez en cuando la película es aderezada con algunas secuencias de corte onírico con las que se intenta dar una capa más siniestra a la historia, aunque lo único que consiguen es alargar excesivamente el metraje y, sobre todo, imprimir un ritmo más lento que el de la original (cosa increíble al tratarse de una película de los años setenta). Pase que algunos momentos y secuencias son bastante atractivos, y en general la estética está muy cuidada (el hecho de que el "Londres" de la película sea en realidad Praga le imprime mucho estilo), pero el genuino mal rollo de la cinta de Richard Donner está aquí completamente perdido.
Ciertamente no ayuda para nada el reparto, desde una Julia Stiles excesivamente joven para su personaje hasta un Liev Schreiber tan soso y monótono que por momentos me recordó a William Hurt (un actor prácticamente incapaz de mostrar cualquier emoción). La inclusión de Mia Farrow como la perversa niñera de Damian no pasa de un chiste, ya que ni siquiera se acerca a la magistral interpretación que del mismo personaje hiciera Billie Whitelaw (aunque resulta interesante que esta nueva versión haya rescatado la muerte original del personaje). Pero el que corona todo el despropósito es el retoño de Luficer. El niño de esta nueva versión (Seamus David Fitzpatrick) no mete miedo a nadie. Al contrario, es el apoteósis de la ternura, un crío que parece salido directamente de un anuncio de papillas. Está claro que fruncir el ceño constantemente no te hace "malo", sólo hace que provoque tirarte de los mofletes.
Desde que Gus Van Sant dirigiera su sacrílega versión de Psicosis (1998) (que al menos tenía la excusa de ser un experimento conceptual) no había visto un remake tan inútil como este. El aburrimiento de aquellos que conozcan la original está casi asegurado, de manera que la única explicación que me doy para su realización es que esté destinado a un público meramente joven que jamás haya visto su predecesora, que se asuste fácilmente y que le parezca "un coñazo" eso de ver gente mayor de cuarenta años en pantalla.
Lo único más inútil que un remake que no busca innovar frente al original es, eso sí, una reseña sobre ese remake.
martes, octubre 17, 2006
Frank Darabont vuelve a su casa
Al tiempo que continúa trabajando en su adaptación de Farenheit 451 (a estrenar en el 2007), el nuevo proyecto de Frank Darabont lo lleva de nuevo a sus raíces de cine de terror. El regreso es por partida doble, ya que no sólo Darabont vuelve al género en el que ha obtenido algunos de sus mejores trabajos, sino que además lo hace adaptando la obra de Stephen King, a quien ya había versionado en dos magistrales películas: Cadena perpetua (1994) y La milla verde (1999). En esta ocasión, Darabont se aleja por completo de las obras "respetables" de King para entrar de lleno en su literatura más pulp, ya que su tercera adaptación del maestro será de uno de sus relatos más antiguos: La niebla.sábado, octubre 14, 2006
He vuelto
lunes, octubre 09, 2006
Reseña: El abogado del Diablo (1997)

Creer en el Diablo es creer en la realidad tangible del Mal, y El abogado del Diablo (1997) es una película que acomete un más que loable esfuerzo por hacernos creer en la existencia de ese Mal, no solamente como algo real y palpable, sino además cotidiano, una fuerza capaz de manipular al Hombre incluso sin que este lo sepa realmente. Esta cinta de Taylor Hackford, componente de esa breve ola metafísica que corrió a finales de la década de los noventa en el cine hollywoodense, es quizás la más destacable de su conjunto.
En realidad no estamos hablando de una película de terror, si bien hay muchos elementos que podrían catalogarse como tal. En vez de eso, lo que tenemos es una fábula moral del comportamiento típicamente humano, personificado en la figura de Kevin Lommax (Keanu Reeves), un abogado pueblerino que nunca ha perdido un caso y que súbitamente es catapultado a las altas esferas neoyorquinas al convertirse en el nuevo fichaje de una importante firma capitaneada por uno de los "peces gordos": el fascinante John Milton (Al Pacino). Al principio todo es un idilio de rosas, ya que la escalada de prestigio y dinero que llueve sobre Kevin y su esposa (Charlize Theron) no hace sino confirmar que el éxito ha llegado para quedarse, pero a medida que el joven abogado se adentra en los negocios oscuros de la firma para la que trabaja, así como la tentadora vida de excesos que va con ello, comienzan a aparecer indicios de que su jefe podría pertenecer a esferas no del todo terrenales. Después de todo, se llama John Milton, así que debería quedar claro.
Como estudio del Mal, El abogado del Diablo es impresionante. Sus componentes sobrenaturales (que lo mismo dan para algo serio que para una parodia) son opacados por la exposición tan cotidiana que hace de lo que significa realmente trabajar para la causa del "Diablo". Kevin es un personaje ciego, con la mente completamente puesta en los medios para conseguir lo que quiere y manipular la opinión de los demás con medias verdades, hipocresía auto-indulgente y sobre todo, confusión sobre los demás. Es un hombre que gana juicios pero que es incapaz de emitirlos, ya que no le importa en lo más mínimo si defiende a alguien que es o no culpable. El reino del Diablo (al menos de la forma como se presenta en la película) es el reino de la libertad sin responsabilidad, de la estimulación del ego humano "hasta que cada hombre sea un aspirante a emperador", sumiendo al mundo en el caos, un mundo cuyo centro neurálgico se representa en la ciudad de Nueva York, una urbe inmensa de grandes torres que se representa aquí como una auténtica Babilonia (en palabras de la religiosa madre de Kevin), una ciudad de grandes oportunidades y lujos peron también portadora de una Maldad que se aloja en los círculos de poder y cuya influencia afecta hasta a los elementos más bajos.
Todo esto es resumido en el ya famoso monólogo climático del personaje de Al Pacino, quien a pesar de repetir básicamente la misma actuación que hace siempre, tiene las mejores líneas de diálogo de toda la película. Si la cinta falla a veces, es debido quizás a la presencia de su protagonista Keanu Reeves, un actor que fácilmente podría ser sustituido por una piedra sin que con esto la película perdiera nada. Por fortuna, ni siquiera él puede echar por tierra esta película, cuyas virtudes logran estar incluso por encima de sus actores.
En definitiva, una película con un planteamiento muy interesante y con un excelente clímax. Las ideas que lanza, además, son lo suficiente estimulantes para que se merezca un puesto de honor entre las obras cinematográficas que hacen de Lucifer su particular temática. Recomendable hasta más no poder.
[Nota: por desgracia, esta incómoda situación que me hace distanciar mis textos continuará unos días más. Espero que todavía a estas alturas queden lectores (jejeje)]

