sábado, junio 05, 2010

Reseña: El retrato de Dorian Gray (1945)

El cine y la televisión han visto ya muchas adaptaciones de El retrato de Dorian Gray, pero esta de 1945 dirigida por Albert Lewin sigue siendo hasta la fecha la más famosa de todas. Entre otras cosas porque fue una película muy popular en su época, contando con actores de renombre como George Sanders y además dando un fuerte inicio a la carrera de otros como Hurd Hatfield en el papel principal o una jovencísima Angela Lansbury que incluso fue nominada al Oscar por su trabajo. Al igual que la novela de Oscar Wilde en la que se basa, El retrato de Dorian Gray (1945) es realmente un drama de corte moral en el que los elementos sobrenaturales están tratados de forma muy sutil pero no por ello menos siniestra, representados todos en la figura de ese Adonis decimonónico que no envejece mientras el cuadro con su figura adquiere todos los rasgos de la edad y la depravación en la que va sumiendo su vida.

La aproximación que Albert Lewin da a la historia difiere un tanto del original de Wilde, pero es al menos lo bastante inteligente como para proponer sus propios temas, tanto en argumento como en estética; la película está rodada en blanco y negro a excepción de un par de momentos concernientes al retrato de Dorian en los que la pantalla se llena de forma imprevista con colores llamativos. El gimmick visual es obvio, pero funciona, porque realmente hace que el retrato cobre vida ante el espectador y resuelve una de las principales dificultades de la adaptación al mostrar de forma explícita algo que en la novela sólo puede ser descrito. De hecho el cuadro "maldito", pintado a manera de encargo por el artista Ivan Albright y expuesto hoy en día en la Academia de Arte de Chicago, es prácticamente un personaje más al caracterizar no sólo la depravación de Dorian como una especie de lepra moral, sino también la ruptura con la estética realista y encorsetada de la cinta, que es presentada en un tono muy sobrio acorde con el retrato "original" del pintor portugués Henrique Medina. Esta contraposición entre ambas obras es probablemente el punto estético más interesante de la película.

En la cuestión temática, Lewin parece plantear el relato como una diatriba entre el Bien y el Mal, del hombre dividido entre la vida de virtud y la entrega a la corrupción moral, mientras que la novela era una historia principalmente sobre la vanidad y la obsesión de la época con las apariencias por encima de la sinceridad. Esta desviación temática obliga a la película a hacer ciertos cambios en el argumento, notables sobre todo en el personaje de Sybil Vane (Angela Lansbury) quien ahora no es actriz sino cantante de un tugurio de los barrios bajos. El personaje de Sybil se nos muestra como el último reducto de bondad e inocencia en medio del peor de los sitios, que Dorian eventualmente roba y luego destruye. La Lansbury no sale mucho, a decir verdad, pero cuando lo hace su presencia es bastante cautivadora (sobre todo cuando canta) y deja una huella considerable en la película. No es este el único cambio: la cinta introduce una subtrama amorosa adicional planteada no sólo como estrategia de apelación al público de masas sino muy probablemente para deshacerse del subtexto homosexual de la novela, que ya era sutil en la obra de Wilde pero que aquí es prácticamente inexistente.

El propio Dorian es presentado esta vez de forma muy distinta al original; a medida que su degradación moral se va haciendo más evidente, el personaje va desechando sus emociones hasta convertirse en una figura de rostro completamente neutro y de una crueldad cuyo principal atributo es la frialdad extrema. Este último punto está bastante conseguido por el actor protagonista, Hurd Hatfield, quien a partir de entonces sería encasillado en roles de villano y que al igual que Dorian mantuvo una apariencia juvenil durante prácticamente toda su vida. Su trabajo no se salva sin embargo de una actuación un tanto acartonada y artificial (notable sobre todo al principio de la película, cuando se supone que Dorian es un ser encantador y lleno de vida), pero esto es algo que afecta prácticamente a varios de los actores de la película, incluso al gran George Sanders, quien tiene el que es sin duda el mejor personaje de la película, el cínico sibarita Lord Henry, pero quien más que actuar parece que está siempre recitando. Algunos creen que este particular tono de actuación es completamente intencional y que remite más bien a ese mundo de apariencias en el que se mueven los personajes, pero yo la verdad no estoy tan seguro. Más bien creo que se trata de un punto en el que se hacen más evidentes las ganas de fidelidad al estilo de Wilde, en ocasiones demasiado discursivo para la pantalla.

Esto sería la única falta notable de una película que por lo demás está muy bien construída en su detalle sutil pero efectivo del misterio sobrenatural que rodea al personaje de Dorian Gray, un misterio que por desgracia es dotado de una intuída explicación que se queda a medias y que, ya al final de la película, ofrece incluso un resquicio de esperanza de redención. Ambos hechos muy probablemente se deban a las necesidades por parte de los responsables de cumplir con los preceptos del infame Código Hays, pero incluso teniendo en cuenta estos detalles, esta versión de El retrato de Dorian Gray es una que vale la pena rescatar ahora que tenemos en cartelera una nueva adaptación que a juzgar por los avances parece más inclinada a un tratamiento del horror más marcado y evidente. Podéis tener la seguridad de que también la veremos por aquí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente película, la disfrute hace dos semanas, y me gusto tanto que quisiera verla un millón de veces, es una ingeniosa mezcla de drama-romance y terror, llega a ser conmovedora y poetica, fue muy inteligente realizarla en blanco y negro, y que el cuadro fuera a color, la estetica es divina, el reparto es maravilloso en especial la actriz Donna Reed, ella es una de mis actrices favoritas, en conclusión El Retrato de Dorian Gray es una obra maestra del septimo arte, una de esas películas que no se hacen en la actualidad, y la verdad es que no tengo muchas esperanzas en el remake.

Nota: solo el señor Hombre Lobo hace reseñas de estos clásicos en la blogosfera, gracias a Dios.