viernes, agosto 11, 2006

Reseña: Príncipe de las tinieblas (1987)

Príncipe de las tinieblas (1987) es la segunda parte de la "trilogía del Apocalipsis" de John Carpenter, y si bien es verdad que de las tres resulta la más lenta y enrevesada, no menos cierto es que en ella tenemos probablemente el film más ambicioso de su director a nivel de historia, y una pieza imprescindible si se quiere apreciar hasta donde es capaz de llegar JC cuando desea sumergirnos en su particular y febril mundo.

Al igual que en la primera parte de su trilogía, La cosa (1982), Príncipe de las tinieblas tiene una doble fuente de inspiración: por un lado, el prolífico universo de H.P. Lovecraft, y por el otro, las entrañables películas de género que realizara Nigel Kneale, específicamente con la saga de El experimento Quatermass, famosa serie de películas de la Hammer que inspiró gran parte del estilo de Carpenter. No en balde el director firma el guión de esta cinta con el pseudónimo "Martin Quatermass", en un evidente guiño cinéfilo que no pasa desapercibido en uno de los créditos iniciales más largos de la historia del cine (!).

La historia, como decía, es inusualmente ambiciosa para los estándares de JC: la repentina muerte de un sacerdote deja al descubierto la existencia de un secreto sepultado en los sótanos de una vieja iglesia de Los Angeles, donde un altar muestra al Demonio en persona, convertido en un líquido verde y atrapado en una urna cilíndrica de cristal donde ha permanecido prisionero durante millones de años, esperando el momento en que despertará para traer a su padre de un mundo paralelo. El descubridor de este hallazgo es un sacerdote católico (Donald Pleasance) que contrata a un profesor de física cuántica para que, junto a un grupo de dotados estudiantes, investigue la naturaleza de este fenómeno y la manera de neutralizarlo definitivamente. Por supuesto, como esto es una película de terror, la fuerza demoníaca dentro del cristal logra liberarse y sembrar la muerte entre los valerosos investigadores, quienes se ven acorralados dentro de la iglesia por una banda de indigentes a los que el Maligno ha convertido en zombis descerebrados.

De entrada, el estado de sitio de los personajes repite una estructura usada por Carpenter en varias de sus películas, como Asalto al precinto 13 (1976) y La cosa, sin que tampoco puedan evitarse las comparaciones con La noche de los muertos vivientes (1968). Sin embargo, la diferencia radica en que dicho estado de acorralamiento no es el detalle más importante de la historia. Lo realmente interesante está en todas las diferentes ramificaciones que la trama ofrece en la construcción de una mitología propia que da a la cinta un tamaño casi épico. Al igual que gran parte del cine de terror de los años ochenta, Príncipe de las tinieblas invita a creer en la existencia del Mal como un ente con vida propia, una maldad pura y tangible, en eterna pugna por entrar a formar parte de nuestro mundo (1). En esta película el Mal existe, y su innegable verdad es presentada de manera muy inteligente a través del acercamiento ideológico de los personajes de Pleasance y Wong: el hombre de Fe y el hombre de Ciencia hallan la misma explicación al mismo fenómeno, uno a través de la religión y el otro a través de la física pura. De hecho, la cinta está literalmente plagada de explicaciones científicas, todas ellas reales (2). Ambos, cura y profesor, se dan de narices con la existencia del Mal a través de figuras retóricas: en el caso del sacerdote, el término Demonio, mientras que para el académico, el nombre dado a esta fuerza es la de una entidad destructiva denominada "Anti-Dios".

Pero la película no sería lo que es si se tratara simplemente de una carga intelectual. Esto es, ante todo, una película de Carpenter, lo que indica que el conteo de bajas es alto, aparte de que la tensión está muy bien lograda. La película empieza de manera muy sutil a prepararnos para la llegada de algo inquietante, especialmente gracias a su efectiva banda sonora, capaz de hacer que algo tan sencillo como apuntar la cámara hacia un nublado atardecer parezca la cosa más siniestra jamás concebida. Para el momento del clímax, el horror ha alcanzado niveles francamente estrambóticos, como un hombre deshaciéndose en un montón de escarabajos o un personaje convirtiéndose en una horrenda criatura descarnada. Y lo mejor de todo es el final, que es (algo inusual en JC) bastante críptico y abierto a la interpretación.

Quizás los únicos problemas de la película sean en ocasiones su lento ritmo y su tendencia a una excesiva explicación por parte de los personajes. El plasmar esa gran mitología ultraterrena se habría beneficiado de un presupuesto más abultado, problema que Carpenter lograría solventar con la cinta que cierra la trilogía, En la boca de la locura (1995). Con todo, si alguna vez necesitamos reconciliarnos con este director, Príncipe de las Tinieblas es una de esas cintas que sencillamente hay que revisar una y otra vez.



(1) Esta tendencia puede ser vista también como una reacción frente al cine de terror de los setenta, más centrado en los horrores de la carne y la depravación de los propios seres humanos, un estilo que más tarde evolucionaría en el fenómeno "slasher".

(2) Lo son; créanlo.

14 comentarios:

Dcine dijo...

Como siempre muy acertada tu reseña, hombre lobo. Disculpa de antemano mi (no demasiado larga) ausencia estos días por este tu blog, ya sabes que estos días de verano...
Pero hoy, ya repuesto de mis (cortas vacaciones) he regresado a leer mis blogs preferidos y me encuentro con esta, tu reseña, sobre una de las más desconocidas obras de Carpenter que, sin embargo, en mi opinión se encuentra entre lo mejor de su obra, aparte de ser una de las mejores películas de terror de finales de los años 80. La verdad es que no tuve ocasión de verla en una sala de cine (y fue una pena) así que solo la he podido disfrutar vía vídeo con lo que seguramente algo de su fuerza se perdió por el camino. Aún así me parece una excelente muestra del buen hacer del director así como una especie de resumen de muchas de sus obsesiones y películas anteriores (el enfrentamiento entre el bien y el mal visto desde un punto de vista nada complaciente, Lovecraft y sus informes monstruos, la evidente autoreferencia a Asalto a la comisaría del distrito 13, la colaboración con sus actores fetiche, etc.).
Una película de terror puro y duro con zombies (o algo así) muertes atroces como rosquillas, el diablo en persona (o más bien en esencia), sectas, extrañas profecías apocalípticas, curas exorcistas, etc que por desgracia contó con un presupuesto ínfimo (nunca he sabido el porqué del regreso de Carpenter a las películas de bajo presupuesto con esta y su siguiente película "Están vivos") que lastra algo el desarrollo y el resultado final del film, aunque he de decir que quizás debido esa falta de medios Capenter imprime a la película un estilo sucio y feísta que resulta bastante adecuado al film.
Una muy recomendable película de terror de uno de los maestros en activo del actual cine norteamericano (y que siga por muchos años).

Un saludo,
Barry Collins

Cannonball dijo...

Carpenter volvió a la serie B en busca de la libertad creativa que las majors no le permitían. Así de sencillo

Hombre Lobo dijo...

Carpenter, al igual que Sam Raimi y Giusseppe Tortnatore, es un director que trabaja mejor cuando tiene menos dinero. Eso es algo que todos hemos podido comprobar varias veces.

Ahora, lo que a mí me parece maravilloso de "Príncipe de las tinieblas" es que es (quizás junto a "En la boca de la locura") la película de Carpenter que más nos invita a creer en el Mal como un ente real. Eso fue algo muy común en cierta época del cine de terror, y algo que nosotros, como expectadores, hemos perdido, porque nuestro cinismo y desprecio hacia lo sobrenatural nos ha empujado a ello.

Curiosamente, en los últimos años podría estarse forjando un repunte de este tipo de "Fe en el Mal" a través de la moda del japo-terror. De todas formas, JC sigue en activo, y tal como nos demostró con "Cigarette Burns", en plena forma.

Cannonball dijo...

Yo creo que el jap-terror se basa mas en un complejo mundo preternatural que en la existencia del mal entendido como un ente/fuerza.

Hombre Lobo dijo...

No lo dudo. Yo lo que quiero decir es que la noción del Mal como algo externo es algo que está presente. El mejor ejemplo para mí es el de "The Ring", en el que descubrimos que Sadako/Samara no busca simplemente venganza, sino que desea deliberadamente extender su malignidad. Algo similar pasa con la saga de "Ju-On/The Grudge": lo que nos muestran esas películas es la existencia de unas criaturas de carácter sobrenatural que no comparten nuestra particular ética de lo bueno y lo malo. Piensa también en los fantasmas de "Dark Water", "Pulse" o "Llamada perdida", incluso en una película americana pero de inspiración japonesa como "Silent Hill". El Mal está allí, no se trata simplemente de una retaliación ni de un ajuste de cuentas. Quizás allí radique el éxito de esta nueva moda: en que rescata una visión metafísica que el Hombre Occidental ha ridiculizado pero en el fondo añora, una que en películas como "Príncipe de las Tinieblas" es más que evidente.

Roberto A. Oti dijo...

Jejeje, pues esta película de Carpenter es una de las pocas que me faltan por ver. Siempre he leído reseñas poco halagüeñas sobre ella, pero yo confío en su (buen) criterio.

En lo que sí estoy muy de acuerdo es en lo que comenta de que el cinismo y el desprecio a lo sobrenatural ha perjudicado al cine de terror, pero no solo por culpa del público, sino también de algunos directores (y vease el caso de la inminenete "Maleficio", donde ni siquiera el realizador se cree lo que cuenta)

Saludos

Cannonball dijo...

Yo creo que se trata, más bien, de una cuestión antropológica. El cine, en general, y el de terror en particular, no es más que un reflejo de la sociedad que lo consume, mostrando a la perfección la dicotomía humana porque, no me negarán que actualmente, en un mundo que ha sustituido las creencias y la fe por ciencia y la razón, el hombre sigue siendo la principal causa de destrucción en el mundo, como no paran de recordarnos día si y día también los telediarios.

Angel Negro dijo...

Buena pelicula para comentar despues tomando una cerveza, me gusto y me sorprendio. Las imagenes del atardecer y su respectiva banda sonora hicieron que me asustara...¡y mira que es dificil que yo ya me asuste y sobresalte una pelicula de terror!!, por eso me gusto mucho.
Me encanto la interpretacion que hace Carpenter del mal, es un genio.
En breve la volvere a ver, la buscare entre mis cientos de cintas y DVD's para deleitarme de nuevo, me has dado una gran idea para este fin de semana.

J. P. Bango dijo...

El Príncipe de las Tinieblas es la "pelícual de culto" de John Carpenter: y sigue ganando con cada nuevo visionado.

Excelente comentario crítico, camarada.

Un saludo.

Rosenrod dijo...

Genial Donald Pleasance. ¡Uno de los actores que más mal rollo me han dado siempre!

Uruloki dijo...

Gran reseña y fabulosa película. Por estas sorprendentes tierras todavía echamos de menos algunas ediciones en DVD de films necesarios como por ejemplo:

- 1997: Rescate en Nueva York
- En la boca del miedo

y de otros como:

- El pueblo de los malditos
- Bolsa de cadáveres
- Dark Star
- Memorias de un hombre invisible

No puedo entender como las distribuidoras españolas sacan tanta basura y no recuperan clásicos que tienen auténticas ediciones de lujo... en fin.

Alvy Singer dijo...

Además: ¡Alice Cooper haciendo de mendigo! Una gran película que es algo así como otra vuelta de tuerca al hawksiano mundo carpenteriano como dices. La pena es que el protagonista me resulto un tanto acarismático pero qué diantres.... el principio es canónico.

¡Un saludo!

JohnTrent dijo...

Esta bien, no es un mal Carpenter pero tampoco es de los mejores.
Es una pelicula dificil, muy para fans del director y que, como ya has apuntado, tiene un ritmo algo lento que la hace peligrar el interes, que pesa sobretodo en la primera mitad de pelicula.

Eso si, el final es genial, con algunos momentos terrorificos de verdad.

Anónimo dijo...

Hola Hombre Lobo:

Excelente reseña de una joya escondida del cine de terror y suspenso, que volví a visionar hace poco. Dentro de la subjetividad del gusto propio, es de mis películas preferidas del gran Carpenter. No comparto demasiado las opiniones respecto a que tiene un ritmo lento; me parece que tiene el ritmo necesario para el crescendo de suspenso que pretendió el autor. Una de las virtudes de Carpenter es que crea un clima y lo resuelve con eficacia. Hay otras películas del género que crean buen ambiente, pero luego la resolución de la historia es un verdadero fiasco. Por suerte no este el caso :)

Saludos

Sergio