viernes, enero 29, 2010

Reseña: El padrastro 3 (1992)

Tercera y última de las películas que componen la saga original, El padrastro 3 (1992) resulta, como tantas otras veces, un ligero traspié debido al abandono de aquellos elementos que hacían interesante las dos entregas anteriores sin, por otro lado, proponer un nuevo camino a seguir. Es, básicamente, un producto de explotación diseñado para seguir sacando jugo de la misma idea pero esta vez directamente en formato casero (aunque en verdad se estrenó en HBO unos meses antes). Tiene algunas ideas interesantes en su planteamiento, pero por otro lado, se nota muchísimo la ausencia de Terry O'Quinn, sustituido aquí por otro actor, hecho que la película intenta justificar en un prólogo en el que se ve al asesino sometiéndose a una sesión extrema de cirugía plástica clandestina digna de un tebeo de terror por lo exagerada que es.

Tras alterar completamente su rostro, nuestro psicópata logra infiltrarse en una pequeña y apacible comunidad llena de sol y de niños donde todos son felices, cristianos y blancos, y donde él espera encontrar a su próxima unidad familiar. Básicamente es el mismo esquema de las dos películas anteriores, y sin embargo algo falla, ya que esta tercera parte se siente como un thriller mucho más genérico y convencional. Las carencias en muchos casos son evidentes: para empezar, la película es más larga que las dos anteriores, y el argumento carece de la sencillez de sus antecesoras. El nuevo padrastro (Robert Wightman, un actor principalmente televisivo) hace un buen trabajo, sobresaliente incluso considerando que tiene que hacerse cargo de un papel asociado irremediablemente a otro actor, pero su personaje no tiene el carisma instantáneo de aquel interpretado por Terry O'Quinn, quien realmente parecía un buen tipo y hasta conseguía ganarse en cierta forma al público. Este nuevo asesino es bastante desagradable desde el principio, por lo que sus brotes psicópatas son incluso lógicos considerando lo artificialmente simpático que pretende ser y lo evidentemente falsa que resulta su postura.

La película tiene, sin embargo, algunos detalles interesantes que no sería justo pasar por alto, ya que al menos trae una novedad al introducir una subtrama en la que el padrastro, por primera vez, se enfrenta a la tentación de otra familia que le hace cuestionar su supuesta fidelidad al clan familiar. Este elemento novedoso por desgracia no compensa el misterio policial de saldo y, sobre todo, el excesivo protagonismo del hijastro lisiado, uno de esos críos listillos que tanto abundan en películas de terror y que a mí particularmente me duele ver triunfantes sobre los monstruos a los que se enfrentan.

El desenlace de la historia, con una confrontación climática en un invernadero cuya resolución es predecible y francamente vergonzosa, pone punto final a la saga original de El padrastro, que acaba aquí con una muy inferior tercera parte que no está a la altura de las dos anteriores. Como thriller televisivo podría ser peor, cierto, y es principalmente el trabajo de sus actores protagonistas lo que lo sitúa un poco por encima de la media de este tipo de producciones, pero teniendo en cuenta la calidad de las entregas anteriores de la saga, esta secuela sabe a poco.

1 comentario:

Nuevos Vagos dijo...

Recién terminada la saga original y muy de acuerdo en todas las reseñas, especialmente con esta floja conclusión, que no deja en buen lugar a la saga. Y sí, muchas ganas de cargarme en todo momento al niño protagonista, que al final parece Hulk con su extrema fuerza demostrada en la lucha del invernadero.

Una lástima también que el remake sea tan flojo, predecible y olvidable.