Tras alterar completamente su rostro, nuestro psicópata logra infiltrarse en una pequeña y apacible comunidad llena de sol y de niños donde todos son felices, cristianos y blancos, y donde él espera encontrar a su próxima unidad familiar. Básicamente es el mismo esquema de las dos películas anteriores, y sin embargo algo falla, ya que esta tercera parte se siente como un thriller mucho más genérico y convencional. Las carencias en muchos casos son evidentes: para empezar, la película es más larga que las dos anteriores, y el argumento carece de la sencillez de sus antecesoras. El nuevo padrastro (Robert Wightman, un actor principalmente televisivo) hace un buen trabajo, sobresaliente incluso considerando que tiene que hacerse cargo de un papel asociado irremediablemente a otro actor, pero su personaje no tiene el carisma instantáneo de aquel interpretado por Terry O'Quinn, quien realmente parecía un buen tipo y hasta conseguía ganarse en cierta forma al público. Este nuevo asesino es bastante desagradable desde el principio, por lo que sus brotes psicópatas son incluso lógicos considerando lo artificialmente simpático que pretende ser y lo evidentemente falsa que resulta su postura.
La película tiene, sin embargo, algunos detalles interesantes que no sería justo pasar por alto, ya que al menos trae una novedad al introducir una subtrama en la que el padrastro, por primera vez, se enfrenta a la tentación de otra familia que le hace cuestionar su supuesta fidelidad al clan familiar. Este elemento novedoso por desgracia no compensa el misterio policial de saldo y, sobre todo, el excesivo protagonismo del hijastro lisiado, uno de esos críos listillos que tanto abundan en películas de terror y que a mí particularmente me duele ver triunfantes sobre los monstruos a los que se enfrentan.
El desenlace de la historia, con una confrontación climática en un invernadero cuya resolución es predecible y francamente vergonzosa, pone punto final a la saga original de El padrastro, que acaba aquí con una muy inferior tercera parte que no está a la altura de las dos anteriores. Como thriller televisivo podría ser peor, cierto, y es principalmente el trabajo de sus actores protagonistas lo que lo sitúa un poco por encima de la media de este tipo de producciones, pero teniendo en cuenta la calidad de las entregas anteriores de la saga, esta secuela sabe a poco.






















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