viernes, noviembre 13, 2009

Tres pertinentes ejemplos de niños malvados

Habiendo reseñado recientemente La huérfana (2009), ha sido necesario hacer un repaso por la figura de los niños como ente del Mal en la historia del cine de terror. Hay demasiados ejemplos pertinentes, siendo el mayor de ellos El otro (1972), de Robert Mulligan, considerada por muchos el mayor exponente de dicho subgénero. También es una tendencia que a menudo se entremezcla con presencias demoníacas en películas como El exorcista (1973) o La profecía (1976), pero esos son ejemplos de los que hablaremos en su debido momento. Estos tres críos que pongo a continuación son niños que dejaron una fuerte (y negativa) impresión en mí cuando yo mismo era pequeño, y que por algún motivo u otro siempre terminan reapareciendo en mi mente cada vez que hablamos de los más pequeños de la casa como el elemento maligno a destruir.
El primero que quiero mencionar es la pequeña Rhoda Penmark, de la película La mala semilla (1956), auténtico clásico en el sub-género de niños chungos y una que prometo reseñar un día de estos, porque definitivamente merece ser revisitada. Aunque muchos de sus preceptos nos parecerán leves e incluso ridículos para nuestros estándares actuales, fue en su momento una cinta muy polémica al destacar la maldad pura que podía venir de alguien en apariencia tan inocente como una niña. La cinta fue dirigida por Mervyn Leroy, cuyo trabajo más famoso sigue siendo Quo Vadis (1951). En cuanto a la cría, cuya actuación es lo mejor de la película, esta fue interpretada por Patty McCormack, una joven actriz de carrera principalmente televisiva que bordó su papel de demonio de trenzas rubias a la perfección. McCormack, por desgracia, nunca pudo desembarazarse de la fama creada por su personaje, y ha quedado relegada principalmente a la televisión y a un par de series B de terror durante los años noventa.
Otro niño a quien definitivamente le prendería fuego es a Isaac, el líder de la secta de críos de Los chicos del maíz (1984), película basada en el relato homónimo de Stephen King y realizada cuando el autor estaba en la cumbre de su popularidad. La cinta nunca ha sido muy de mi agrado (de hecho, nunca he entendido cómo ha llegado a tener tantas secuelas), pero reconozco que este personaje es uno de los mejores niños malvados que he visto en una película de terror. Aunque claro, parte de esto se explica cuando vemos que, estrictamente hablando, no era un niño: Isaac fue interpretado por el actor John Franklin, quien para la época del rodaje tenía ya veinticuatro años. Su apariencia infantil se debe a una deficiencia glandular congénita que le hace parecer mucho más joven de lo que realmente es. El propio actor ha comentado varias veces que esta condición le ha ayudado a obtener varios papeles, de los cuales este es sin duda el más recordado.
Y finalmente, como no podía ser de otra manera, está Gage Creed, el niño-zombi de El cementerio viviente (1989), una de las más terroríficas películas realizadas a partir de la obra de Stephen King y una que, por desgracia, casi nunca es incluída entre las más destacadas. Este crío asesino proveniente del Más Allá es en verdad acojonante, y la masacre por él desatada sigue siendo una de las secuencias más recordadas de la película, algo que se hace especialmente memorable teniendo en cuenta la corta edad del niño que lo interpretaba, Miko Hughes: para el momento de rodaje tenía solamente dos años de edad, así que podemos asumir que su actuación se debió en gran parte a las artes de la directora Mary Lambert. Lo cierto es que Gage es uno de los ingredientes más recordados de la película, y su pequeño intérprete gozó de una larga carrera como actor infantil durante los noventa, incluso repitiendo en papeles de niño raro en películas como La nueva pesadilla (1994) o Al rojo vivo (1998), thriller protagonizado por Bruce Willis y en la que interpretaba a un niño autista con una predisposición maravillosa hacia los puzzles. Si es que esa mirada vacía era precisamente lo más horrible de su personaje.