sábado, septiembre 09, 2006

El largo regreso de Clive

Doce años ha tardado Clive Barker en regresar a la silla del director, así que más le vale que lo próximo que nos traiga sea realmente bueno. Si bien tiene el mérito de haber dirigido Hellraiser (1987), una de las mayores obras maestras del cine de terror ochentero (o de cualquier época, si a eso vamos), la verdad es que sus otros trabajos no han sido destacables. Lo que sí no se le puede negar a Barker es su fértil y macabara imaginación, que le ha convertido en uno de los referentes obligatorios del género de terror actual, por lo que, si bien durante todos estos años ha seguido presente a través de su trabajo como productor o las diferentes adaptaciones que se han hecho de su obra, no eran pocos los que esperábamos con ansia que volviese a dirigir, a ver si por fin era capaz de superar su contundente debut.

Al parecer, la película con la que Clive Barker regresa a la gran pantalla es Tortured Souls (2007), una adaptación de la novela breve que escribió como "complemento" a una línea de figuras de McFarlane Toys. De hecho, el mismo Todd McFarlane (creador de la saga de cómics de Spawn, que debe mucho de su estilo a la obra de Barker) es productor de esta cinta de la que ya se llevaba hablando dos años. Pues bien, al parecer ya todo está preparado para comenzar el rodaje con miras a un estreno el año que viene. No se ha revelado mucho sobre la trama, pero lo que se ha adelantado ya se perfila como una prolongación más de la mitología personal del autor británico: la historia de un hombre que hace un pacto con el Diablo para intercambiar a su esposa por una Demonia llamada Lucidique, que toma el lugar de su cónyuge mientras que esta es enviada al Infierno. A partir de allí, la muy puteada esposa deberá buscar la manera de regresar al mundo de los vivos mientras escapa de toda clase de horrendas creaciones barkerianas, muchas de las cuales hemos conocido a través de esta línea de juguetes.

Por mi parte, si bien es cierto que Clive Barker no destaca mucho como director, su universo creativo es lo suficientemente interesante como para que, de entrada, no pueda descartar su regreso. A ver con qué nos sale esta vez.

jueves, septiembre 07, 2006

Manual de supervivencia de los zombis

Max Brooks tuvo un comienzo bastante gris en Hollywood. Pasó años trabajando como actor de segunda en series de televisión, como guionista de segunda en Saturday Night Live, y teniendo que vivir bajo la sombra de su padre, el gigantesco Mel Brooks. Sin embargo, Max estaba llamado a convertirse en todo un autor de culto tras la publicación de su libro The Zombie Survival Guide, lectura absolutamente imprescindible para todo aquel que se considere un fan del cine de terror. El libro, toda una obra maestra de la parodia, la sátira social y la cinefilia, es un manual que explica paso a paso la forma de sobrevivir en caso de que el mundo termine siendo pasto de los muertos vivientes. Lo mejor de todo es que sus páginas están redactadas como si de un manual serio y documentado se tratase, con explicaciones acerca del origen de la plaga, una lista de cuáles son las mejores armas para enfrentarse a los cadáveres re-animados e incluso cuatro recreaciones posibles de lo que conocemos como el Fin de los Tiempos y el desbarajuste absoluto de la sociedad. Además, el libro no duda en hacer todo un canto a la paranoia por la seguridad de la civilización occidental, mostrando como pocas veces en la historia de la literatura lo delicadamente frágil que es la supuesta organización de la raza humana.
Uno de los apartados más celebrados en su momento fue sin duda el último capítulo, que incluía una larga lista de los "ataques históricos" de los muertos vivientes a través de los tiempos, todos ellos narrados como si se tratara de eventos históricos, auténticos relatos de horror ambientados en la época de los romanos, en las selvas del Congo, en las islas caribeñas o en la China medieval. Seguramente estos relatos fueron los que determinaron que Max Brooks se viera obligado a deleitarnos de nuevo, razón por la cual se hace inminente la publicación este mes (el día de mi cumpleaños, por cierto) de World War Z: an Oral History of the Zombie War, un largo relato "histórico" sobre el Apocalipsis causado por los muertos vivientes que desde ya ha levantado gran expectación: una versión en cómic será publicada este año, y para el 2008 tendremos la película, que no debe confundirse, por cierto, con la nueva propuesta de George Romero.
Ambos libros, repito, son de lectura indispensable. Ignoro si el primero habrá sido publicado en castellano, pero que hay que buscarlo a como de lugar es una de las pocas cosas de las que se puede estar seguro en la vida.

domingo, septiembre 03, 2006

Reseña: La habitación del niño (2006)

El hecho de no haber crecido en este país me impide apreciar el valor histórico de Historias para no dormir, la serie de Narciso Ibáñez-Serrador que hoy en día permanece desterrada en el horario noctámbulo de algunos canales privados. Aún así, la creación de las seis Películas para no dormir supone una de las propuestas más interesantes dentro del panorama del cine de terror español actual. Es una lástima, sin embargo, que la miopía de los responsables de Tele5 haya decidido al final despreciar la transmisión de estas películas, relegándolas al mercado de alquiler de DVD.

Tomando como antecedente inmediato el éxito en Estados Unidos de Masters of Horror, los seis capítulos de Películas para no dormir consisten en distintas muestras de cine de terror a cargo de un igual número de directores españoles, algunos de ellos ya experimentados en el género, y otros menos. Ha querido la suerte, en esta ocasión, que el primer capítulo quede en manos de Alex de la Iglesia, indiscutible director de culto y el único de los seis que goza de gran prestigio al otro lado del charco (esto lo digo con conocimiento de causa). Su episodio, titulado La habitación del niño (2006) resulta una más que correcta contribución al género de terror en este país, aún cuando se trata indudablemente de un producto atípico en su filmografía.

De lo que también se trata esta película es de un ejemplo contundente de lo que significa meter miedo a través de esquemas ya conocidos pero no por eso menos efectivos. Comenzando como una simple historia de fantasmas, La habitación del niño parte de la ya conocida situación de una pareja joven que se muda a la casa de sus sueños, una gran mansión en una zona pija de Madrid que han podido adquirir a precio de gallina flaca. Una vez allí, la tranquilidad de los jóvenes esposos es interrumpida por unos ruidos extraños provenientes de la habitación de su bebé: a través de un escuchador, los angustiados padre escuchan la voz de otra persona en el cuarto del pequeño, a pesar de que las posteriores investigaciones no dejan entrever la presencia de nadie.

Al principio, el padre de la familia (principal atormentando de esta nueva situación), se angustia ante la posibilidad de un extraño forzando la entrada a su domicilio, lo que da pie a una muy real demostración de paranoia ante los desconocidos y del nada desdeñable miedo urbano a la delincuencia. Sin embargo, cuando finalmente el fenómeno comienza a adquirir tintes sobrenaturales, la historia nos mete de lleno en una trama de espíritus, mundos paralelos y trastornos personales, unidos a la inquietante historia de aquella casa. En realidad, mientras menos se sepa de la trama mejor, tan sólo es necesario decir que la historia toma giros realmente interesantes, y si bien es probable que su twist final sea bastante cantado, no es este el punto principal de la película.

Una queja, sin embargo, de este capítulo es que el estilo característico de Alex de la Iglesia está bastante diluido, ya que salvo ocasiones muy puntuales (y la aparición de Sancho Gracia y Terele Pávez en dos pequeños papeles), no se aprecia por ningún lado el corrosivo humor negro del gordito de Bilbao. Probablemente sea este su trabajo más "serio" hasta la fecha, pero al menos una cosa es evidente: De la Iglesia es un director que conoce el género fantástico al dedillo sabe meternos en la historia, respetando el espíritu de la serie que da origen a esta película y sin perder la oportunidad de lanzar varios guiños a obras maestras del horror de los fantasmas "domésticos". Eso, unido al nihilismo de su desenlance, causa que La habitación del niño sea una muy agradable sorpresa. Si así comienza esta primera tanda de las Películas para no dormir, no nos queda más que dar la bienvenida a lo que promete ser toda una referencia del horror español, muy por encima de la mayoría de los productos nacionales destinados a las salas de cine. De momento, esperaremos a que caiga el segundo episodio, encargado a Jaume Balagueró. Entretanto, el visionado de esta pieza de Alex de la Iglesia es, en mi opinión, una decisión acertada.

viernes, septiembre 01, 2006

Reseña: Haeckel's Tale (2006)

El duodécimo capítulo de Masters of Horror, Haeckel's Tale (2006), cerró la primera temporada en Estados Unidos, distanciándose temática y estilísticamente de los anteriores. Fue uno de los episodios más esperados, ya que originalmente iba a ser dirigido por el sin par George Romero, quien abandonó el proyecto poco antes de comenzar, tuviendo que ser sustituido por John McNaughton. Algo similar había pasado con Sick Girl (2006), que originalmente fue un episodio destinado a Roger Corman y al final tuvo que ser dirigido por el cuasi-novato Lucky McKee. Es imposible saber qué hubiera sido de este capítulo si efectivamente Romero lo hubiese dirigido, pero resulta fácil ver por qué el director de la saga de los muertos vivientes fue elegido para el trabajo. Su influencia se deja permear a lo largo de todo el metraje, hasta el punto que los créditos iniciales no pierden la oportunidad de hacer una merecida reverencia al maestro.

Haeckel's Tale es, asimismo, uno de los dos únicos episodios de Masters of Horror que muestra una ambientación de época (el otro es el de Takashi Miike). Situado en los albores del siglo XIX, narra la historia de un joven científico llamado Ernest Haeckel, ambicioso estudiante de medicina que ansía dar con el método para la reanimación de los cadáveres, inspirado por las investigaciones de cierto afamado sabio alemán llamado Víctor Frankenstein (alerta de gazapos: el personaje de Mary Shelley es en realidad suizo). Tras fracasar en sus intentos, Haeckel parece hallar un "alma gemela" en la figura del Gran Montesquino, un nigromante que utiliza sus artes para resucitar cadáveres a cambio de dinero. A partir de su encuentro con el hechicero, el joven estudiante sufrirá un encuentro con los muertos vivientes y su relación con el mundo de los vivos, una pesadilla que tiene lugar en una casa donde Haeckel pasa la noche, en medio del misterio que rodea a un decadente anciano y su joven y bella esposa.

El guión de Haeckel's Tale está basado en un cuento corto de Clive Barker, el genial escritor británico que ha inspirado obras maestras como Hellraiser (1987) y Candyman (1992). Ciertamente, las mayores obsesiones temáticas de Barker están aquí, especialmente en lo que se refiere a la perversión natural de los seres humanos y a la muerte como parte indisoluble del erotismo. El guión, además, está firmado por Mick Garris, quien hace un trabajo considerablemente bueno teniendo en cuenta lo lejos que le pilla de aquello a lo que nos tiene acostumbrados. La dirección de John McNaughton, quien ha demostrado buenas dotes con Henry: retrato de un asesino en serie (1986) apuesta, eso sí, por un estilo nostálgico que recuerda mucho a los antiguos terrores de corte gótico, como aquellos de Hammer Films o las "Poe-movies" de Roger Corman. En el apartado interpretativo, quien definitivamente se roba el espectáculo es Jon Polito como el Gran Montesquino, un personaje que combina las necesarias dosis de misterio y repulsión. La trama puede parecer por momentos un poco fragmentada, pero el ambiente que nos ofrece está tan logrado que realmente logra interesarnos por la resolución de su misterio. Eso aparte del hecho de que Haeckel's Tale pretende agotar todas las posibilidades que da la televisión por cable a la hora de mostrar violencia y sexo, a menudo uniendo ambas cosas en una suma por lo menos curiosa.

El final puede recordar a muchos de aquellos descojonantes twists de Cuentos de la Cripta, y ciertamente el sentido del humor no falta en este episodio, pero por encima de eso trata de las obsesiones temáticas de Clive Barker, y sobre todo, de un ejercicio de estilo muy interesante por parte de los creadores de esta serie. Con un devenir entrañablemente retro, Haeckel's Tale es una buena manera de cerrar la primera temporada de Masters of Horror (recordemos que fue el último episodio en transmitirse allá en su país de origen) y una saludable muestra de terror gótico, absurdo en ocasiones pero no por eso menos perturbador. Muy recomendable.

miércoles, agosto 30, 2006

Reseña: Destino Final 3 (2006)

Hace seis años, el mundillo del terror adolescente encontró uno de sus mayores éxitos comerciales en Destino Final (2000), el bebé parido por los amiguetes James Wong y Glen Morgan, antiguos guionistas de Los Expedientes X que por aquella época daban sus primeros pasos en la gran pantalla. La cinta resultó todo un bombazo gracias a algo que la separaba por completo de sus contemporáneas: a diferencia de los clones de Kevin Williamson, Destino Final no se andaba con miramientos a la hora de hacer una carnicería con su elenco, a menudo traspasando las obvias limitaciones de censura de los productos destinados a la generación MTV. Otra cosa en que destacaba la película era que el enemigo a vencer no era un psicópata enmascarado sino la Muerte misma, una fuerza intangible que ocasionaba horribles accidentes disfrazados de hechos cotidianos.

La idea nunca me ha parecido original, y sorprendentemente casi todo el mundo parece obviar el hecho de que la película no es más que una ampliación de hora y media del estilo de las muertes de La profecía (1976), lo cual me hace temer que la mayor parte del público juvenil que ha devorado estas películas no conoce la obra maestra de Richard Donner. En todo caso, el éxito de Destino Final generó una secuela que nunca llegué a ver. La razón es que, si debo ser sincero, la primera parte me pareció bastante mala y estúpida, y las muertes eran tan enrevesadas e inverosímiles que me hacían recordar aquellas absurdas máquinas de Rube Goldberg que aparecían en los dibujos animados de Chuck Jones. A pesar de eso, decidí darle una oportunidad a Destino Final 3 (2006), secuela completamente independiente que se convirtió en otro éxito comercial este año. Puedo decir tranquilo que aunque la película conserva muchos de los defectos de la primera parte, al menos resulta mucho más entretenida.

La estructura sigue siendo la misma de las películas anteriores: al principio, uno de los personajes tiene una premonición de un terrible accidente, del cual logra salvar a algunos de sus compañeros. Esto desestabiliza el "plan de la Muerte", quien luego empieza a cargarse a todos los sobrevivientes uno a uno en el orden exacto en que deberían haber muerto. Los chicos, si quieren sobrevivir, deben ahora evitar dichos accidentes si quieren engañar a la muerte de nuevo.

Si en la primera parte el accidente inicial era la explosión de un avión y en la segunda veíamos una horrible colisión de carretera, en Destino Final 3 nos encontramos con algo que todos hemos temido más de una vez: el descarrilamiento de una montaña rusa. En este sentido, ya la película arranca con muy buen pie, porque el accidente es en realidad acojonante. Si ha conseguido ponerme los pelos de punta en el pequeño monitor de mi portátil, no quiero ni imaginarme cómo se debe haber visto en una pantalla de cine. A partir de ahí, las muertes de los chicos empiezan a suceder una tras una, de manera cada vez más gráfica y brutal. Las opiniones en cuanto a esto pueden variar, pero de todas yo destacaría la primera, que involucra una cama solar y que se anticipa con una tensión admirable.

Aunque la estructura de esta tercera parte es exactamente la misma que en las anteriores, se agradecen ciertas innovaciones que los señores Wong y Morgan pudieron haber pensado antes. Por ejemplo, Destino Final 3 se toma mucho más en serio su violencia, sin ese exceso de humor caricaturesco que lastraba la primera entrega (aunque aquí hay una burla genial hacia el carácter marcadamente homo-erótico de los gimnasios y las salas de musculación). Además, la historia introduce un giro interesante al mostrar cómo la Muerte esta vez deja "pistas" de su plan en fotos e imágenes que los personajes deben descifrar antes de que sea demasiado tarde. Asimismo, en esta ocasión la Muerte nunca es referida como algo "personal", como si sucedía en uno de los momentos más ridículos de la primera parte. Se agradece también la desaparición del inexplicable personaje de Tony Todd que asomaba la cabeza en las dos primeras entregas, y que aquí queda reducido a dos discretos cameos de voz al principio y al final.

Los defectos, por desgracia, siguen siendo los mismos, y es que Destino Final 3 no tiene nada en la bola a nivel de trama. De hecho, sus pretenciones narrativas son nulas, porque no existe ningún conflicto. Con esto quiero decir que la suerte de los personajes es tan inexorable que el problema al que se enfrentan sencillamente no tiene solución, como sin duda sabrán aquellos que hayan visto las dos películas anteriores. Dado esto detalle, la única manera en que la película puede ser disfrutada es en cuanto a las diferentes muertes que nos presenta (esas sí, mucho mejores en esta que en la primera parte), convirtiendo la cinta en un espectáculo meramente visual para los amantes de la saga, pero de poco o ningún atractivo para nadie más.

En conclusión: aquellos que hayan disfrutado con la primera y la segunda parte deberían sin duda ver esta, pues en varios aspectos las supera con creces (al menos a la primera, ya he dicho que me falta ver la segunda). Aquellos que, como yo, hayan detestado las anteriores, quizás puedan encontrar cosas bastante divertidas en esta, siempre y cuando se asuma de antemano que se trata de un divertimento muy básico sin ninguna otra virtud más allá de su entretenimiento pasajero.

martes, agosto 29, 2006

¿Es Bush un acólito de Cthulhu?

A juzgar por lo que dicen los miembros del elenco y equipo de Cthulhu (2006), la respuesta es sí. Esta cinta, que será estrenada en Estados Unidos a finales del presente año, ha sabido jugar con la idea publicitaria de la polémica ya desde el principio, al sugerir que los acólitos de los Antiguos preparan el regreso de estas criaturas a través de manipulaciones de los centros de poder, causando guerras, hambrunas y contaminación ambiental.
Sin embargo, dicha teoría conspiratoria no es la columna vertebral del film, que parece más un batiburrillo de historias de Lovecraft ambientada en tiempos modernos. Eso sí, se trata de algo al menos prometedor. Un breve vistazo a su página oficial permite acceder al blog del rodaje y al trailer, que incluye escenas memorables como la de las víctimas de sacrificio distribuidas en la playa para el pronto consumo de su señor.
Si alguno de ustedes está inscrito en la Internet Movie Database, puede pasarse por la ficha de la película y revisar los foros, donde desde ya se ha encendido la polémica (principalmente publicitaria, claro está) no sólo sobre los seguidores neo-con de los antiguos dioses, sino también sobre el hecho muy publicitado de que el protagonista de la película es abiertamente homosexual.
Esto habrá que verlo.

domingo, agosto 27, 2006

Masters of Horror 2: ¡ya están todos!

Parece que ahora sí podemos ofrecer las noticias definitivas sobre la segunda temporada de Masters of Horror, ya que tanto Fangoria como SciFi.com han publicado la lista entera de directores que Mick Garris ha contratado para la segunda tanda de esta serie. Aquellos que hayan visitado hace unos meses el blog Los 5000 dedos del doctor T, ya habrán leído las noticias acerca de los primeros diez episodios, que incluirán trabajos de siete directores de la primera temporada (John Landis, John Carpenter, Stuart Gordon, Tobe Hooper, Mick Garris, Joe Dante y Dario Argento), así como de tres nuevos (Brad Anderson, Ernest R. Dickerson y Tom Holland). No repetiré aquí lo ya comentado por el señor Barry Collins, así que les recomiendo que vayan directamente a su página para saber qué nos han preparado estos directores.
Lo que nos lleva a los tres episodios restantes. Durante semanas, los rumores han llovido a través de distintos foros de Internet, pero ya sabemos a ciencia cierta con qué nos vamos a encontrar. En torno a esto es necesario hacer una aclaratoria: ha habido algunos cambios en cuanto a cuales serían los episodios. De los tres que mencionábamos en un post anterior, sólo The Washingtonians ha sido finalmente seleccionado para formar parte de la segunda temporada, mientras que los guiones para The Anti-Clause y The Fat Man han sido engavetados para una hipotética tercera muestra.
Ya se sabe que The Washingtonians, la historia "alternativa" de los padres de la patria de Estados Unidos envueltos en una trama de canibalismo, será dirigido por Peter Medak, quien no ha tenido una carrera destacable en los últimos años, habiéndose dedicado principalmente a hacer televisión y ese placer culpable llamado Especies 2 (1998). Sin embargo, Medak se ha ganado el derecho de hacer lo que le de la gana tras haber dirigido esa obra maestra que es Al final de la escalera (1980), así que muy probablemente nos dará una sorpresa, ya que esta vez, para variar, tiene un muy buen material a su disposición.
El segundo episodio se llamará Right to Die, del cual sólo sabemos que es un cuento macabro sobre la eutanasia. Más allá de lo que pueda ofrecer una hipotética versión ultra-gore de Mar Adentro (2004), la verdad es que no sé que pensar sobre este episodio o de lo que nos pueda mostrar. La razón de mi escepticismo es la escogencia de Rob Schmidt como director. Schimdt no es alguien con una trayectoria, ya que hasta la fecha sólo ha dirigido una película de terror: la moderamente efectiva Wrong Turn (2003), uno de los primeros exponentes del llamado "horror porn" y que era, en la práctica, una versión forestal de Las colinas tienen ojos (1977) protagonizada por Eliza Dushku.
El tercer y último episodio que faltaba es el toque "exótico" de la segunda temporada, y muestra que Mick Garris ha logrado cumplir su objetivo de contratar las artes de un director asiático (cosa que le viene muy bien tras la experiencia con Takashi Miike). Esta vez el elegido ha sido el japonés Norio Tsuruta, director de modestas cintas del japo-terror como Ringu 0: Birthday (2000) y Premonition (2004). Como no he visto nada de este cineasta no tengo ninguna expectativa formada. Su episodio se llamará Dream Cruise, y estará basado en una leyenda popular japonesa.
La segunda temporada de Masters of Horror se estrena en Estados Unidos en dos meses, por lo que a partir del 27 de octubre no nos quedará más remedio que estar muy pendientes de qué es lo que nos puede venir encima.

viernes, agosto 25, 2006

Reseña: An American Haunting (2006)

Ver An American Haunting (2006) es una experiencia altamente educativa, ya que un visionado de esta película es más que suficiente para saber por qué gran parte del llamado "terror psicológico" se encuentra hoy en un estado tan lamentable. El único problema es que la pasta que hay que dejarse en esta "lección" de cine podría ser destinada a fines mucho más nobles. La película (que ha sido bautizada en España con el título genérico de Maleficio) pretende ponernos los pelos de punta para luego caer en picada producto de su propia falta de fe en sí misma y en lo que cuenta, lo que me hace preguntarme por qué fue filmada en primer lugar.

Su director, Courtney Solomon, llevaba seis años sin estrenar un largometraje. Tal caso de ausencia laboral se torna perfectamente comprensible cuando nos enteramos de que su último trabajo fue la película Dragones y Mazmorras (2000). Si existe justicia en este planeta, el señor Solomon habrá pasado estos últimos seis años en la cárcel, ya que aquel despropósito no merecía una pena menor.

An American Haunting no es, eso sí, ningún trabajo de redención. En ella partimos de una historia bastante básica: una familia de principios del siglo XIX que es acosada por un espíritu maligno a causa de la maldición de una bruja a la que el patriarca ha cometido el error de afrentar. El espectro en cuestión parece empeñado en hacer sufrir a la hija adolescente de la familia, maltratándola brutalmente con piruetas y malignidades que resultan viejas después de una película como El exorcista (1973), de la que esta película toma gran parte de sus virtudes. Además, la cinta ostenta esa conocida frase publicitaria de "basada en un hecho real", con lo que ya de entrada sabemos que de real tiene muy poco. Otra cosa muy evidente que notamos en la película es el muy marcado intento por emular la atmósfera, estructura e imaginería de la presente moda del terror asiático. Por desgracia no puedo comentar dichas semejanzas por aquello de los spoilers, pero cualquiera que haya tenido la desdicha de ver esta cinta no tardará en coincidir conmigo en este punto. Por si fuera poco, estas películas son incluso imitadas en aquello en que se más se diferencian de las occidentales: en An American Haunting quedan muchos cabos sueltos, especialmente una vez que se da el ya esperadísimo twist final.

Es precisamente en este desenlance donde se termina de caer todas las esperanzas que se podían albergar con la historia. En el momento en el que Courtney Solomon (quien como todo un Juan Palomo dirige, escribe y produce esta película) nos revela de que va toda la trama no nos queda más remedio que poner los ojos en blanco, y es en ese momento cuando cobra sentido (al menos algún sentido) el marco narrativo ambientado en el presente. En mi opinión, es como si el señor Solomon se hubiese avergonzado de hacer una peli de terror y hubiese sentido la necesidad de que su producto "dijese" algo más y lanzase alguna clase de "mensaje" hacia los males del mundo y la sociedad, porque en el fondo no creía en aquello que estaba contando.

Y es que mi principal argumento a favor de esta falta de fe en el material es la tremenda superficialidad y el flojo y artificial estilo con que está construida la película. Obviamente, su director no cree que aquello que está contando pueda dar algo de miedo en sí mismo, de manera que rellena el metraje con los típicos sustos baratos producto de subidas de volumen o de imágenes repentinas e inesperadas, aparte de su marcado miedo a los siempre efectivos silencios, ya que (esto juro que no me lo estoy inventando) no hay ni un solo fotograma en la película que no esté acompañado de música.

Por una vez en la vida puedo decir que todas las reseñas negativas que he visto de una película están más que justificadas. An American Haunting es una muestra patente del problema que sufre gran parte del género hoy en día, cuando muchos estudios creen que hacer una película de miedo es coser y cantar. Con esto vemos que lanzar un montón de grandes obras en la coctelera y esperar que salga algo bueno es no sólo ilusorio, sino tonto e insustancial.

martes, agosto 22, 2006

Reseña: The Hole (2001)

Hay películas injustamente menospreciadas que, sin duda, se merecerían un trato mejor. Para mí, una de esas películas es The Hole (2001), modesta producción británica que en su momento intentó competir en el sobresaturado mercado de las películas de terror adolescente que proliferaron a finales de los noventa y comienzos del nuevo milenio. Sin embargo, lo que la diferencia del abultado número de imitadores de Kevin Williamson es que no forma parte del fenómeno del pop slasher, sino que se trata más bien de un atípico thriller mucho más crudo de lo que parece en su superficie.

Los protagonistas de The Hole son cuatro adolescentes de un internado para niños pijos ubicado en plena campiña inglesa, cuyas desventuras en un principio parecen sacadas de cualquier teleculebrón hiperhormonado: Liz (una Thora Birch haciendo su mejor esfuerzo para poner acento británico) es una chica retraída y solitaria que ha perdido la cabeza por Mike, el guaperas del colegio, y que siente una gran envidia porque nunca será tan guapa, delgada y rubia como las demás féminas de su clase, especialmente su amiga Frankie (una Keira Knightley antes de ser famosa pero ya con su pinta proto-anoréxica). Es entonces cuando se le ocurre la brillante idea de hacer una fiesta privada en un viejo búnker abandonado, donde ella, Mike, Frankie y su novio permanecerán todo el fin de semana completamente aislados del mundo, una situación en la que el apuesto chico no tendrá otra salida más que conocerla. Para forzar esta situación aún más, Liz consigue la ayuda de su mejor amigo, Martyn (quien está secretamente enamorado de ella), para que les deje encerrados en el búnker durante dos días. El problema es que una vez transcurrido este tiempo, Martyn no aparece, y su ausencia se va prolongado primero durante horas y después durante días. A medida que la desesperación, el hambre, la sed y la claustrofobia comienzan a hacer mella en los chicos, aquello que comenzó como una inofensiva fiesta termina de la peor manera posible.

The Hole trata, en algunas ocasiones, de llegar a extremos demasiado ambiciosos, al incluir una trama detectivesca que se complica al narrar la historia desde dos puntos de vista completamente distintos. Sin embargo, la labora artesanal de su director, Nick Hamm, es por momentos brillante. Todas las escenas que transcurren dentro del búnker son estremecedoras, y a medida que va pasando el tiempo, la gradual transformación del tono de la historia (desde la búsqueda del sexo hasta la más macabra lucha por la supervivencia) nos mantiene literalmente al borde del colapso, haciendo que nos interesemos por ver hasta donde son capaces de llegar estos personajes en el estado de confinamiento en el que se encuentran.

Sea agradece que esta vez, para variar, la elección de adolescentes en los papeles principales no haya significado la muerte de la capacidad interpretativa. Los cuatro protagonistas, de hecho, hacen un tremendo trabajo, especialmente Tora Birch en su papel de enamorada enfermiza, cuya obsesión con el chico desata prácticamente todo el conflicto. Los fans de Keira Knightley podrán comprobar como de hecho esta chica no ha cambiado mucho en todo este tiempo (tenía quince años para el momento del rodaje), aunque su personaje tampoco es que sea demasiado vistoso.

Pero el auténtico protagonista de la película es el que da el título. Es el búnker con su siniestra presencia el que marca el ritmo de la historia, especialmente cuando notamos cómo a medida que va avanzando la trama se nos muestra cada vez más pequeño y oscuro, hasta convertirse en una auténtica tumba opresora y asfixiante, logrando plenamente nuestra identificación con los personajes y su situación. Por eso, cuando llega el clímax de la tensión y el dramatismo, la situación que presenciamos se hace real, palpable y espantosa. Llegados a este punto, considero una auténtica lástima que la película no se haya desarrollado completamente dentro del agujero, ya que la trama policial ocurrida en el exterior resta mucha fuerza al conjunto de la película, especialmente con un final que muchos pueden calificar como un tanto absurdo. Sin embargo, a pesar de estos defectos, aquellas escenas que ocurren dentro del agujero (y que consituyen el auténtico tour de force de la cinta) son los suficientemente buenas para hacer de The Hole una película altamente recomendable para aquellos degustadores de un terror adolescente que muestra algo en la bola.



[Nota: esta película ofrece un ejemplo perfecto de lo que es la evolución del marketing. Les invito a que comparen la portada del DVD en el momento de su primera edición con aquella que salió hace un par de años, cuando Keira Knightley ya era una estrella de altos vuelos. Creo que cualquier comentario sobra.]

domingo, agosto 20, 2006

Reseña: El abominable hombre de las nieves (1957)

A primera vista, El abominable hombre de las nieves (1957) es un producto atípico de Hammer Films, al menos si se le compara con las obras de terror gótico por las que este estudio se hizo famoso. Como pocos casos en su filmografía, se trata de una película donde el suspense se construye lentamente, con un mayor énfasis en los conflictos de aquellos personajes humanos y una preferencia por sugerir en lugar de mostrar. De hecho, más allá de lo que nos pueda señalar el título, y a pesar de que el estudio intentó mercadearla como una película de monstruos, la verdad es que la criatura a la que hace referencia sólo aparece en escasas y fugaces ocasiones, dejando mayor protagonismo a aquellos humanos que deciden darle caza. Es también, hay que decirlo, uno de los productos más inteligentes del estudio, uno sólo posible antes de que Drácula y Frankenstein decidieran el camino que la Hammer seguiría por los años venideros.
El guión de Nigel Kneale (una de los mayores cerebros de Hammer, y responsable de la saga de Quatermass) tiene la mayor parte del mérito: John Rollason (Peter Cushing), afamado botanista inglés, incia una expedición al Himalaya en busca de una extraña planta, para lo cual recurre a la ayuda de un aventurero americano llamado Tom Friend (Forrest Tucker). Pero al llegar a su destino, Rollason se da cuenta de que aquello que consideró una expedición científica es en realidad una partida de caza, ya que Friend está dispuesto a todo con tal de echarle el guante a un ejemplar del Yeti, la misteriosa criatura de las nieves que habita en aquellas montañas. Su encuentro no tarda en hacerse realidad, pero cuando uno de los cazadores mata a una de las criaturas de un disparo, pronto se hace evidente que los demás no les dejarán escapar tan fácilmente.
El director Val Guest (que fue el cineasta estrella de la Hammer hasta que llegó Terence Fisher), centra la historia no en las criaturas, sino en los humanos. El drama de los expedicionarios atrapados en una caverna mientras son asediados por las misteriosas criaturas coloca el foco de atención en unos personajes presas de la desconfianza y la paranoia, inmersos en un estado de sitio que rompe lo que hasta entonces había sido su estructura de convivencia. Esto es particularmente importante para esta historia, ya que lo que hace el guión de Kneale es una contraposición entre los salvajes humanos y las benevolentes criaturas, cuyo carácter apacible y sabio se contrapone con la apariencia bestial de su cuerpo. A través del personaje del Dalai Lama (que aparece en los primeros minutos), se sugiere la posibilidad de que los Yeti sean, en realidad, una antigua raza superior que ha buscado refugiarse en las montañas a esperar la inevitable muerte del Hombre a manos de su propia violencia autodestructiva.
Hammer Films acertó de lleno con esta cinta, y si bien es cierto que no alcanza el nivel estilístico de sus propuestas más famosas, es con todo una de sus cintas más recomendables de la era previa al boom del estudio. La dupla Cushing/Tucker es magistral, y su enfrentamiento psicológico añade en gran medida a la tensión construida por Val Guest para esta cinta. Quizás lo más criticable sean sus primeros veinte minutos, excesivamente discursivos y con poca acción. Asimismo, el quedarnos al final sin ver a las criaturas puede ser un poco frustrante, pero el clímax es tan trepidante como los mejores productos de la Hammer. Este, aunque sea uno de los primeros, es bastante recomendable.