miércoles, diciembre 28, 2016
Reseña: 10 Cloverfield Lane (2016)
lunes, diciembre 26, 2016
Reseña: We Go On (2016)
La trama es sin duda alguna lo mejor que tiene We Go On: en ella, un joven que sufre de una terrible depresión y de un patológico miedo a la muerte, decide poner un anuncio en el periódico ofreciendo una cuantiosa suma de dinero a aquel que consiga darle pruebas irrefutables de la existencia del más allá. Por supuesto, esta es una película de miedo, y tras algunos traspiés con charlatanes y timadores varios, nuestro protagonista finalmente se topa con más de lo que puede manejar, metiéndose de lleno en una historia de de espíritus rencorosos y dándose cuenta, de la peor manera posible, de que meterse en asuntos de fantasmas no es precisamente la decisión más sabia. Pero este argumento, que en otras manos habría sido dotado de sustos baratos y momentos claramente efectistas, consigue en esta película una interpretación mucho más sutil y afincada no tanto en los momentos de miedo (que los hay, sin duda alguna) sino en el viaje interior del protagonista y su relación con los demás, desde su madre en un principio escéptica pero que termina acompañándolo en su odisea, hasta todas aquellas personas que involucra en su demencial búsqueda.
En ocasiones anteriores realizamos alguna comparación entre esta película y El sexto sentido (1999) de M. Night Shyamalan, y la verdad es que sí se parecen mucho, y aunque We Go On resulta claramente menos estilizada y más modesta a nivel cinematográfico, sí que toca algunos de los mismos temas, aunque lo haga desde el punto de vista de los vivos. Tiene ante todo un muy buen guión, con una estructura genuinamente interesante que te hace querer saber cómo va a terminar, un detalle en el cuidado del argumento que yo personalmente no suelo ver en este tipo de cine. Esto me hizo perdonarle algunos de sus fallos como su poco interesante actor protagonista o algunos giros narrativos que se ven venir de bastante lejos.
A pesar de sus escasas ambiciones estéticas y su breve claudicación a algunos de los aspectos más superficiales del cine de fantasmas, estamos ante una muy buena película de horror sobrenatural que ciertamente merece ser más conocida. Pero insisto; no la vean esperando una muestra de terror visceral como las que abundan hoy en día porque las intenciones de esta película son otras. Aún así, vale muchísimo la pena y queda asbsolutamente recomendada por encima incluso de otras con una atmósfera más elaborada pero con ideas menos interesantes que esta de la que hablamos hoy.
domingo, diciembre 25, 2016
Algunas que debí comentar este 2016 (2 de 2)
domingo, diciembre 18, 2016
Algunas que debí comentar este 2016 (1 de 2)
martes, diciembre 13, 2016
Encuesta: nuestras favoritas del 2016
lunes, octubre 31, 2016
Reseña: I Am The Pretty Thing That Lives In The House (2016)
En I Am The Pretty Thing... encontramos en cambio un arquetipo de historia gótica que resultará familiar a aquellos que conozcan la obra de autoras como Shirley Jackson, que solían dejar siempre en términos ambiguos la presencia de lo sobrenatural, y se referían a los fantasmas como entidades del pasado que se aferraban a un lugar y deambulaban en soledad por los pasillos. Algo así ocurre a la protagonista de la película, una enfermera que acude a cuidar de una anciana escritora de suspense que vive sola en una casa en la que, según reza su testamento, desea estar en el momento de su muerte. A lo largo del tiempo que pasa en la residencia vemos cómo la soledad empieza poco a poco a hacer mella en la protagonista, aislada en una casa en la que no hay televisión y forzada a convivir con una anciana en un permanente estado semi-catatónico, por lo que ni siquiera puede comunicarse con ella de forma clara. Es sólo más adelante, cuando la comunión entre la obra de la escritoria y la macabra historia de la casa termina por darse que la protagonista comenzará su acercamiento a lo sobrenatural, con un resultado final que a pesar de que ha sido anunciado desde el principio no deja de tener su fuerza.
Todo esto que he comentado arriba se da, repito, de forma muy lenta en una película plagada de silencios y planos fijos que conforman una de las más seductoras atmósferas de terror que he visto en mucho tiempo. Es una película prácticamente desprovista de dramatismos y que no hace prácticamente ninguna concesión al espectador habitual, pero que aún así (o quizás precisamente gracias a eso) logra meterse debajo de la piel y me ha traído una sensación que por lo general sólo me ha acompañado con una literatura de terror muy específica, con Henry James, Susan Hill o la ya citada Shirley Jackson a la cabeza. Definitivamente no es para todo el mundo, sobre todo por ese desarrollo que deja para el final el que prácticamente es su único momento de impacto. Pero es ante todo una cinta única que representa además un paso natural en la evolución de su director.
Porque claro, no lo había comentado antes, pero el hombre detrás de este proyecto es Osgood Perkins, el mismo de February (2015), reestrenada este año bajo el título The Blackcoat's Daughter, una obra que también nos gustó mucho y que también forma parte de ese cine de terror de estilo sobrio y pausado por el que sentimos preferencia hoy en día. Con este segundo trabajo, el hijo de Anthony Perkins lo ha vuelto a hacer, y desde aquí esperaremos lo próximo suyo, que muy probablemente cause opiniones tan enfrentadas como esta de la que hablamos hoy.
miércoles, octubre 19, 2016
Reseña: Shelley (2016)
En esta película vemos a una pareja de adinerados burgueses que contratan a una chica rumana para que trabaje de criada en su cabaña perdida en medio del bosque. Desde el principio la cinta nos plantea a la pareja protagonista como personas privilegiadas que han decidido voluntariamente privarse de todos los lujos de la civilización como la electricidad, teléfono y agua corriente en favor de una vida sencilla, pero que requieren de ayuda debido a que la mujer está recuperándose de un aborto involuntario. Prácticamente todo el primer tercio del metraje se va en construir la relación entre estos tres personajes, sobre todo las dos mujeres, que desarrollan una auténtica amistad que llega a su punto máximo cuando la pareja pide a la joven criada, Elena, que acceda a llevar en su vientre al hijo de ambos. Es a partir de aquí cuando comienzan los elementos de terror, ya que durante sus meses de aislamiento en el bosque Elena comenzará a sufrir alucinaciones y experiencias que le demostrarán que su embarazo (y por lo tanto el niño dentra de ella) no es del todo normal.
Todo en la cinta apunta a que el embarazo de Elena no es sino la puerta de entrada a un horror oculto e inexplicable que, curiosamente, nunca se llega a explicar del todo más allá de las muy sutiles referencias a un Mal presente en el bosque y que ha terminado por apoderarse de la joven. Es un tema que está muy bien planteado ya que al igual que como ocurría en otras obras como El bebé de Rosemary (1968), la protagonista se encuentra realmente indefensa, acosada no sólo por la amenaza sobrenatural sino también por la mujer de la pareja anfitriona, que de repente empieza a ver a la joven como si fuese de su propiedad hasta el punto de querer dictaminar todos los detalles de su vida. Todo este conflicto va creciendo hasta su desenlace centrándose principalmente en el horror que todos intuyen que se acerca. Basta con tener en cuenta que el título de la película no se refiere a ninguna de las dos mujeres sino a la pequeña niña que está por nacer.
En el poco probable caso de que os encontréis Shelley en un cine, no la dejéis pasar. Probablemente no sea para todo el mundo y por momentos no parece una película de terror, pero a pesar de todo esto es sumamente inquietante y hacia su tercer acto se vuelve perturbadora como pocas historias que he visto este año. Me ha encantado sin duda.
miércoles, octubre 12, 2016
Reseña: Blair Witch (2016)
domingo, octubre 09, 2016
Reseña: Ouija (2014)
martes, septiembre 20, 2016
Reseña: Train to Busan (2016)
Yeon Sang-ho, director surcoreano más famoso por sus trabajos de animación, nos trae su primer largo con actores de carne y hueso, Train to Busan (2016), una historia de zombis que funciona como díptico con su largometraje animado Seoul Station (2016), y que por lo visto ha causado furor allá donde se ha presentado. No es para menos teniendo en cuenta lo difícil que resulta hoy por hoy sacar algo interesante u original del subgénero zombi, y aunque muchos de sus elementos están bastante vistos (incluyendo su nada sutil metáfora social) lo cierto es que es una de las películas de muertos vivientes más intensas que he visto desde los tiempos de 28 días después (2002).
















