miércoles, diciembre 14, 2005

Reseña: The Blob (1988)

Una razón por la que a veces los remakes no funcionan es porque sus realizadores olvidan aquel principio según el cual aquello que funcionó en una época no necesariamente tiene el mismo resultado tiempo después. En este sentido, la clave para que una versión nueva de una película funcione es que la actualización pueda descubrir nuevos filones que la original no había explorado, o en su defecto pueda compensar aquellos fallos de la original a un nivel puramente técnico pero al mismo tiempo manteniendo cierto respeto hacia el material del cual proviene toda la magia. Algo similar sucede con The Blob (1988), versión ochentera del clásico serie B que se hiciera treinta años antes, y que en la actualidad está por ver la luz una tercera vez.

El tono de esta película viene dado desde el principio por su título maravillosamente onomatopéyico. Al igual que la original, la trama trata acerca de una forma de vida gelatinosa que devora toda criatura viviente a su paso y que crece en forma descontrolada a medida que se va cobrando más víctimas. Los orígenes del monstruo nos son desconocidos al principio, de manera que la historia arranca muy pronto con las visiones constantes de esta aformidad color rosa que mata y devora de la manera más brutal posible.

Libre ya del contenido pseudo-político habitual de los años cincuenta, el remake de The Blob se hunde en las raíces de serie B convirtiéndose en un espectáculo grotesco y autoconsciente, aunque no por eso menos disfrutable. Mientras que la original, con un joven Steve McQueen que debutaba en su primer papel protagónico, participaba de aquella filosofía de "tenemos que salvar el mundo porque somos jóvenes americanos", esta nueva versión nos pone de protagonista a un adolescente gamberro e irresponsable (interpretado por Kevin Dillon, hermano de Matt Dillon y, como él, todo un icono homo-erótico) con la típica motocicleta, chaqueta de cuero y melena, un delincuente juvenil que por supuesto encuentra su lado sensible gracias al amor de una jovencita virginal con niño que cuidar y todo. A partir de allí, la película comienza a repasar uno a uno los tópicos del horror típico de auto-cine, incluyendo la ya clásica escena de la pareja en el coche aparcado. Pero donde destaca realmente la cinta es en las muertes, cada una más gráfica e inverosimil que la anterior, no sin cierta dosis de hilaridad (el momento que aparece en la foto, en el que la masa gelatinosa coge a una de sus víctimas y la disuelve hasta pasarla por la tubería de un lavaplatos es realmente antológico).

El director de esta película es Chuck Russell, director de género que actualmente prepara otro remake, el de Piraña (1978), el clásico de Joe Dante. Russell tiene encima toda la carga de una década en la que abundaron los productos casposos de terror, y por eso es que esta versión de The Blob sabe que se enfrenta a toda una tradición de creature features y películas de desastres: memorable resulta la escena en la que el monstruo coge a sus despavoridas víctimas colgado del techo de una sala de cine (!), de cuyo público selecciona su comida como si se tratase de un mostrador de frutas, repitiendo el que sin duda era el mejor gag de la original y que treinta años después seguía teniendo el mismo valor.

Por todo esto nos encontramos ante otro de esos casos en los que un remake puede plantarle cara a la versión original con mucho orgullo. Ahora que estamos a punto de ver una nueva versión, es justificable que se renueve el interés por las anteriores ediciones de los ataques de esta gigantesca bacteria capaz de desatar el Apocalipsis a donde quiera que vaya. En mi opinión se merece mucho más que un vistazo.

lunes, diciembre 12, 2005

Reseña: What Lies Beneath (2000)

Anoche dieron en la tele What Lies Beneath (2000) y no resistí la tentación de hablar de ella hoy. Particularmente, esta película (que cuenta con una larga fila de detractores) siempre me ha fascinado por varios motivos, pero sobre todo por su factura técnica, obra de Robert Zemeckis, a quien siempre he considerado un "Steven Spielberg light", pero a quien no puedo negar grandes momentos. Ahora que Dreamworks ha sido oficialmente vendida a los titanes de Universal, pienso que se puede hacer justicia al hablar de uno de sus productos más exitosos. Porque lo es, sin duda: esta cinta de Zemeckis es la segunda película de terror que más dinero ha recaudado en la historia del cine (no, no voy a decirles cual es la primera, tendrán que averiguarlo ustedes mismos).

El título de la cinta ya hace referencia a aquello que se convierte rápidamente en el tema principal de la trama: los secretos, los detalles siniestros que se esconden bajo la superficie de una vida en apariencia perfecta. Absolutamente todo en la película apoya esta idea, desde el decorado (una casa idílica durante el día pero tenebrosa durante la noche) y un lago de apariencia sosegada pero con unas aguas profundas y oscuras. Los personajes principales tampoco escapan a esto: el matrimonio de Claire y Norman Spencer (interpretados por unos más que correctos Michele Pfeiffer y Harrison Ford) son en apariencia felices e inmaculados, dos seres maduros en la plenitud de la vida, con una hija que acaba de marcharse a la universidad, con un éxito profesional indiscutible (en el caso de él) y una sosegada tranquilidad de ama de casa de clase alta (en el caso de ella). Y sin embargo, cuando Claire comienza esta nueva etapa de su vida, la llegada de una manifestación de otro mundo, que en principio parece ligada a la desordenada y misteriosa conducta de sus vecinos, la empuja a la persecución de un misterio más cercano de lo que ella cree. Bajo la superficie de la cotidianidad se esconde el horror de aquello que se intenta ocultar pero que tarde o temprano se manifiesta en toda su furia.

What Lies Beneath fue una película producida a toda prisa. Zemeckis la rodó toda durante el tiempo que le tomó a Tom Hanks adelgazar para completar el rodaje de Cast Away (2000), estrenada el mismo año. No se nota. Y digo no se nota porque cada elemento de la historia tiene su relación con el tema que se intenta explorar. Es imposible dar ejemplos sin arruinar en cierta medida la trama, pero todo aquel que la vea debería prestar atención a ciertos detalles como el lago o el nombre de la pequeña tienda que Claire visita en el pueblo de Adamant. En este sentido, la importancia de los secretos es tan vital en la película de Zemeckis que el mayor error (a mi parecer) de la película proviene de su proceso publicitario, especialmente con un avance y un tagline que arruinan casi por completo la experiencia (el avance es especialmente nocivo, toda persona debería abstenerse de verlo). En cuanto a la factura técnica, Zemeckis agota prácticamente todas las referencias a Hitchcock que puede haber, desde varios planos hasta la música, e incluso el nombre de un personaje que tiene mucho que ver con su desenvolvimiento final. Y es que precisamente, una de las cosas que este director ha repetido hasta el cansacio es su deseo con What Lies Beneath de hacer la película que Hitchcock hubiese hecho de haber contado con los medios digitales tan comunes hoy en día.

Si lo logró o no, eso ya corresponde juzgarlo a cada quien, pero para mí esta película resulta todo un disfrute, con sustos que a veces son fáciles (un teléfono que suena de repente) y a veces no (cierta escena con una Michele Pfeiffer convertida en tentadora femme fatale, manzana y todo, me parece absolutamente genial). A mi juicio recomendable sin duda.

viernes, diciembre 09, 2005

Míticos: Steve Miner (1951 - )

Injustamente olvidado en nuestra época, Steve Miner es uno de los muchos directores de horror que vieron florecer su carrera durante la década de los ochenta, pero a diferencia de la mayoría, supo combinar un interesante estilo personal con un conocimiento objetivo del género lo suficientemente amplio como para resucitar el material de otros creadores. Su filmografía no se limita al horror, ya que ha probado suerte literalmente en todo, y a pesar de que la llegada de la década de los noventa prácticamente lo desterró a los terrenos de la televisión, los nuevos proyectos en los que se ha embarcado parece ser que su regreso está más que asegurado. A lo mejor es la parte nostálgica de mí la que pide esto, ya que las películas de este cineasta ocuparon muchas horas de mi niñez.
Steve Miner comenzó su carrera a las órdenes de otros dos míticos del cine de horror: Wes Craven y Sean S. Cunningham, quienes a principios de los 70 luchaban por sacar adelante su proyecto personal que les colocaría en la mira de aquel sub-género de "violación-asesinato-venganza": La última casa a la izquierda (1972). Miner trabajó como asistente de dirección, y la experiencia sirvió para que Cunningham solicitara sus servicios varios años más tarde, específicamente como productor asociado para Viernes 13 (1980). No hace falta decir que la película resultó un éxito colosal, y Steve finalmente obtuvo su primer trabajo como director a cargo de la secuela. Efectivamente, Viernes 13 parte II (1981), su ópera prima, le dio el honor de ser el hombre que por primera vez dirigiera a esa máquina de matar llamada Jason Vorhees. Privilegio similar tendría al año siguiente, cuando dirigiera Viernes 13 parte III (1982) y colocara al asesino de Crystal Lake la máscara de hockey que le acompañaría por el resto de su vida. Miner realizó esta película en 3-D, en el mejor estilo de auto-cine, y aunque no resultó un éxito tan colosal como las dos anteriores, sí consiguió que la industria se fijara en él como realizador.
En 1983, Steve Miner propuso a los estudios realizar una versión americana de Godzilla, e incluso consiguió que los estudios Toho en Japón aceptaran el proyecto. A pesar de eso, su visión del monstruo resultó demasiado ambiciosa para la época, y el presupuesto de 30 millones de dólares que lanzó sobre la mesa espantó a los estudios. Por fortuna, pocos años después realizaría una de sus mejores películas, la comedia de horror House (1986), que se convirtió rápidamente en un film de culto. El éxito estaba prácticamente asegurado para Miner, que pasó al género de la comedia y a realizar varios trabajos para la televisión. Pocos años después regresaría a los vericuetos del horror con Warlock (1989), la película que supueso el descubrimiento en serie B del actor británico Julian Sands, cuya presencia prácticamente acapara la película.

La década de los 90, transcurría sin mucha gloria para este director, ya que sus siguientes intentos de cambiar de género no resultaron tan exitosos. Desde la melodramática Forever Young (1992) con Mel Gibson hasta la comedia del dúo Rick Moranis/Tom Arnold Bully (1996), algo parecía decirle a Steve Miner que no estaba en su sitio. Mientras tanto cubría su cheque alimenticio trabajando como director en numerosas series de televisión. En este sentido llevó su estilo a prácticamente todo cuanto saliera por la tele, desde Chicago Hope y The Practice hasta Dawson's Creek y Felicity, en un caso de auténtica esquizofrenia creativa.

Por aquellos días, el éxito de Kevin Williamson hizo que los estudios pusieran sus ojos nuevamente en el género del terror, y ya que Dimension Films estaba en la cresta de la ola, se pensó en Miner para resucitar la franquicia de Michael Myers. Fue así como nuestro amigo fue contratado para dirigir la séptima entrega de la saga: Halloween H20 (1998). Sabiendo perfectamente a aquello a lo que se enfrentaba, Steve Miner tomó la sabia decisión de ignorar completamente todas aquellas secuelas que habían sido realizadas después de la segunda parte, y retomar la historia como si las entregas 3, 4, 5 y 6 nunca hubiesen sucedido. Fue así como la séptima parte nos llevó al reencuentro entre el slasher Michael Myers y su hermana Laurie veinte años después, cuando ella pensaba que se había librado para siempre de su perseguidor. En un toque magistral de ironía y auto-cita, Steve Miner sitúa la historia en un campamento de adolescentes que Laurie (interpretada nuevamente por Jamie Lee Curtis) administra junto a su hijo. La película resultó exitosa, y permitió a su director embarcarse en otro proyecto, Lake Placid (1999), remake de una olvidada película de monstruos acerca de un cocodrilo gigante que aterroriza un destino turístico.

Actualmente Steve Miner ha vuelto a caer en los terrenos de la televisión, dirigiendo episodios de Smalville o Jake 2.0. Sin embargo, ya prepara sus dos nuevos proyectos para el futuro, y que podrían significar su regreso a la palestra: The After Killer (2006) y El día de los muertos (2007), la nueva versión del clásico de George Romero. ¿Cómo es posible que lo hayan olvidado para la serie Masters of Horror? La respuesta a esto se me escapa. En todo caso, algún día aprenderán.

viernes, diciembre 02, 2005

El pulso americano

Antes de irme de viaje por el puente, les dejo aquí con el trailer de Pulse (2006), cortesía de Rorro. Para los que no lo saben, Pulse es el más reciente remake de la interminable fila de películas de terror asiáticas que han literalmente tomado por asalto los cines occidentales. No he visto la original, dirigida por Kiyoshi Kurosawa en 2001, pero las opiniones que he recibido de ella son muy buenas (Rottentomatoes le da un "fresh" como una casa: 76%).
A juzgar por el trailer, Pulse parece un proyecto bastante ambicioso, si bien el reparto es de lo peor (la mayoría de los actores son los típicos adolescentes del canal WB, muchos de ellos ya fracasados anteriormente en su paso a la gran pantalla). La cosa se agrava, además, cuando tenemos en consideración el hecho de que su productora, Dimension Films (una filial de Miramax dedicada casi en exclusiva al cine de género) no destaca precisamente por la brillantez de sus productos. Nótese que uso palabra "productos" en lugar de "producciones", algo completamente intencional.
Yo diría, además, que tiene imágenes interesantes, pero me entero de otra cosa que me pone los pelos de punta: el trailer americano utiliza descaradamente imágenes de la cinta original. Por ejemplo, esa toma del avión estrellándose es de la japonesa, y no se sabe si aparecerá en esta nueva versión, especialmente dada la sensibilidad de los americanos con todo aquello que muestre un avión fuera de curso.
Y entonces, ¿por qué me llama la atención Pulse? Supongo que por un caso extremo de masoquismo. Si quieren pueden revisar ustedes mismos el sitio web oficial aquí.
Feliz puente.

miércoles, noviembre 30, 2005

Reseña: Alta tensión (2003)

En los últimos años hemos tenido varios casos de lo que significa el revival del estilo de cine de terror que marcó la década de los 70. Directores como Rob Zombie o Eli Roth han dedicado sus respectivos estrenos a explorar ese género que marcó una década y que se caracterizaba por una violencia extrema, a menudo de ambiente rural. Ni hablar de los ya comunes remakes que han ocupado las carteleras. Por todo esto, ¿quién iba a pensar que sería un francés el que nos trajera lo que es sin duda uno de los mejores homenajes a este estilo cinematográfico? Porque es eso precisamente lo que el galo Alexandre Aja nos ha dado con Alta tensión (2003), su particular gorefest que nos llegó con retraso pero que está destinado a alcanzar status de culto, una película con poco diálogo que resulta todo un canto a la brutalidad hecho prácticamente a la medida de todo aquel que se considere un seguidor del cine de género.

La historia habla de Marie y Alexa, dos estudiantes universitarias que deciden pasar un fin de semana de retiro en la casa rural de los padres de ésta, donde esperan encontrar la paz necesaria para su maratónica jornada de estudios. Precisamente eso es lo que no van a tener, porque en mitad de la noche aparece un misterioso asesino al volante de una furgoneta que, tras desatar una auténtica carnicería con la familia de Alexa, rapta a la chica y se la lleva con paradero desconocido. Marie, que ha logrado pasar desapercibida a los ojos del criminal, debe ahora seguirlo e intentar rescatar a su amiga sin convertirse ella en la próxima víctima. A partir de aquí comienza un juego de persecuciones que sólo puede terminar en una orgía de sangre, cosa que esta película tiene en abundancia.

Decir que Alta tensión es violenta sería no hacerle justicia, incluso para los estándares de hoy en día. Porque después de todo, ¿qué otra película actual nos ofrece un opening como este, en el que tenemos desde un hombre masturbándose con una cabeza decapitada hasta multiples desmembramientos, cada uno más gráfico y grotesco que el otro? ¿Qué otra película es capaz de retomar los mejores elementos de las primeras joyas de Tobe Hooper y Wes Craven y volcarlos sobre nuestras cabezas? ¿Qué otra cinta actual es capaz de poner todas sus apuestas a la insoportable tensión (nunca mejor dicho) que mantiene la persecución de Marie hacia el asesino que, de manera inexplicable, ha entrado forzosamente en su vida? Mención especial para la secuencia en la que la chica debe pasar inadvertida por el matón en una gasolinera a la vez que intenta pedir ayuda. Sin desperdicio.

Ahora, el punto polémico de esta película es, sin duda alguna, el final. Porque Alta tensión requiere, como pocas cintas, una suspensión de la incredulidad a toda prueba. La "sorpresa" que nos ofrece el clímax de la historia puede dejar a más de uno con una expresión de seño fruncido capaz de impresionar al más pintado. Si analizamos la película desde el punto de vista de un espectador, el final no tiene sentido. Si la analizamos desde el punto de vista de los personajes, entonces tiene algo de sentido, aunque deja algunas variables en el aire. En lo particular, reconozco que necesité ver la película dos veces para poder aceptarlo por completo. Quizás sea este el único punto débil de la película. Pero por todo el resto, la cinta de Alexandre Aja merece la pena para cualquier fan de los excesos sanguinolentos, y estos no quedarán decepcionados. En cuanto al director francés, en sus manos ha quedado el rodaje del remake de Las colinas tienen ojos (1977), película que le viene como anillo al dedo después de esta. Lo estaremos esperando.

lunes, noviembre 28, 2005

Reseña: El exorcismo de Emily Rose (2005)

El problema quizá se encuentre en la fase de promoción, ya que a juzgar por los avances y el material publicitario en general, El exorcismo de Emily Rose (2005) se vendía como una película de terror con todas las de la ley, si bien resulta algo muy diferente. A estas alturas ya muchos sabrán que se trata en realidad de un atípico thriller de juicios al estilo de John Grisham, sólo que esta vez acerca de un tema de carácter sobrenatural inspirado en una historia real que ocurrió en Alemania durante los años 70, en la que un sacerdote católico fue enjuiciado por supuestamente causar la muerte de una muchacha durante un exorcismo destinado a expulsar a los demonios que destruían su cuerpo. Para mí, en lo particular, esta película ha resultado toda una sorpresa especialmente por el hombre detrás de las cámaras: Scott Derrickson, fallido guionista que ya llevaba dos strikes en su haber: Urban Legends: Final Cut (2000) y Hellraiser V: Inferno (2000), la cual también dirigió.

La verdad es que la nueva cinta de Derrickson resulta tremendamente interesante, más allá de sus ambivalencias de género. Desde el principio, su director toma la sabia decisión de no intentar siquiera superar a esa obra maestra que es El exorcista (1973) de William Friedkin, la película con la que inevitablemente surgen comparaciones. En realidad, se trata de dos cosas muy distintas. A diferencia de la película de Friedkin, la historia de Emily Rose no busca explorar el tema de la eterna lucha entre el Bien y el Mal, sino más bien la no menos eterna disputa entre la Ciencia y la Fe, representada en la figura del juicio y el "pulso" entre los dos abogados, uno creyente y otro agnóstico, cada uno de ellos obligado a defender la postura contraria a su forma de vida. Y es que es la duda el elemento que da cohesión a la película, la imposibilidad por parte del hombre de desechar por completo aquellos aspectos de la vida que no puede explicar. Nosotros, como espectadores, también quedamos desconcertados porque el enigma no se cierra por completo (al menos creo que es así): ¿estaba Emily Rose realmente poseida o sufría un cuadro de epilepsia psicótica? No lo sabemos. No podemos saberlo.

Las escenas del exorcismo y todo lo que tiene que ver con la posesión de Emily son, sin duda, aquellas que harán las delicias de los aficionados del género. Mención especial aquí para la tremenda actuación de Jennifer Carpenter, que interpreta a Emily con una ferocidad que se desborda en la pantalla. Sus escenas (narradas a través del recurso del flashback) son sin duda lo mejor de la cinta, y creo que hasta el más escéptico puede no sentirse igual que antes al ver un reloj que marca las 3 de la madrugada. Pronto volveremos a ver a la señorita Carpenter en Roman (2006), la película dirigida por Angela Bettis.

Algunos sectores en Estados Unidos han criticado la película afirmando que es una pieza de propaganda cristiana. Yo, personalmente, no creo que sea así. Es cierto que ofrece una visión positiva de la religión (especialmente del sacerdote protagonista) pero aún así me parece una opinión arriesgada. En todo caso, es la duda lo que defiende El exorcismo de Emily Rose, así que harán bien en no buscar presencias demoníacas explícitas en esta película. Creo, sin embargo, que estamos aquí ante una de las experiencias más interesantes del año. Al menos, así lo considero.

sábado, noviembre 26, 2005

Reseña: Drácula 2000 (2000)

Actualización del mito del Conde de Transilvania, Drácula 2000 (2000), es una de las películas que ostenta el dudoso “sello de calidad” Wes Craven presents, y no es para menos considerando que está dirigida por Patrick Lussier, quien fuera un habitual editor a las órdenes del creador de Freddy Krueger. El resultado es una película paradójica (a falta de un mejor término), ya que guarda un debido respeto al material original y al mismo tiempo termina descalabrándolo por completo en busca de algo nuevo. Sin embargo, al final, se trata de una película banal y predecible aderezada con algún que otro detalle interesante.

Uno de esos puntos de interés es su premisa: tras incontables intentos de acabar con Drácula, el doctor Van Helsing decide encerrar al rey de los vampiros en un ataúd y mantenerlo prisionero, mientras trata de descubrir la manera de acabar con él definitivamente. Para asegurarse de que estará allí cuando su archienemigo sea despachado, el buen doctor ha tenido que mantenerse con vida inyectándose pequeñas dosis de la sangre del vampiro, obteniendo así un envejecimiento extremadamente lento. Una noche, unos ladrones asaltan su tienda de antigüedades y roban el ataúd, en la creencia de que un artefacto con un despliegue similar de seguridad tiene por fuerza que valer mucho dinero. No hace falta mencionar que el conde escapa y comienza a dejar un rastro de sangre (y criaturas de la noche) a su paso. Ahora el doctor Van Helsing debe reclutar la ayuda de su joven aprendiz y dar caza al monstruo mientras éste se dirige a Nueva Orleáns, donde vive la hija de su Némesis, con la que está estrechamente relacionado.

Drácula 2000 vino después de Blade (1998), por lo tanto es fácil justificar que al tema de los vampiros se haya unido el de la acción, comenzando por los ingeniosos artilugios diseño del famoso caza–vampiros, juguetes que serán aprovechados por Simon, su joven empleado de anticuario que sin quererlo termina convertido en su aprendiz (y evidentemente en su yerno). Todo esto se va compaginando con la búsqueda documental de los orígenes de Drácula, llegando a una conclusión realmente arriesgada que por supuesto no voy a mencionar aquí por no estropearles precisamente el detalle más interesante de la película.

Otro detalle significativo es que la cinta busca recrear la historia de Bram Stoker de una forma bastante cercana, sólo que adaptándola a los tiempos actuales. No es casualidad que Drácula llegue a la ciudad en un avión en el que han muerto todos sus tripulantes (evidente actualización del barco “Demeter” que aparecía en la novela), ni que a lo largo de su odisea se procure la ayuda de tres despampanantes damiselas, una de las cuales se llama precisamente Lucy. Alguna que otra imagen también vale la pena, destacando la escena en que Drácula seduce y mata a la ya mentada muchacha, o el momento en el que el doctor Van Helsing se enfrenta a las tres novias del vampiro en una escena con fuertes toques oníricos.

No hay casi nada más, sin embargo, ya que la película se pierde en su propia trama de acción, incluyendo unos risibles momentos de artes marciales. Aún así, a pesar de que el resultado final sea bastante deficiente, merece por lo menos un alquiler para echar un vistazo a los interesantes detalles que de vez en cuando puede escupir esta fallida película.

jueves, noviembre 24, 2005

Psicópatas a granel

Hay que dar gracias a Comingsoon.net por la información acerca de La matanza de Texas: el comienzo (2006), precuela del ya conocido remake de hace un par de años. En la página pueden ver ya la primera foto, que confirma la presencia del señor R. Lee Ermey en el reparto. Esperemos solamente que este primer episodio resulte mejor que la ya nombrada película, la cual (para variar) no destrozaré por acá.
Y hablando de destrozar, cada vez son más los rumores acerca de la tercera parte de I Know What You Did Last Summer (1997), que lleva el curioso título de I'll Always Know What You Did Last Summer. Nada se sabe acerca de si Jennifer Love Hewitt protagonizará esta tercera entrega, o en todo caso, si se decidirá por fin a mostrar sus encantos físicos en pantalla. Esperemos que sí. También son varios los rumores acerca de la cuarta parte de Scream (1996), aunque ya es casi seguro que Neve Campbell no va a participar, por lo que no me sorprendería que se tratase de uno de esos títulos destinados a ir directamente a las estanterías de un video club.
Por último, siguiendo con esta moda de asesinos, Dark Horizons nos muestra las primeras fotos de la película Young Hannibal (2006), que narra la etapa de formación del famoso doctor Lecter. Este producto, a juzgar por sus imágenes, parece estar mucho más orientado hacia el típico slasher adolescente (además de ser la primera película sobre el doctor que no está basada en la obra de Thomas Harris), aunque siempre puede resultar interesante como placer culpable.
De esos precisamente está llena mi vida.

lunes, noviembre 21, 2005

Tamara me votaría...

Imagino que no tendremos el placer de verla estrenada por acá, pero Tamara (2005) parece ser una de las apuestas más curiosas del "cine-serie-B-con-pretensiones-de-A-pero-que-en-realidad-es-C". La película, muy al estilo de esa obra maestra del porno/terror llamada Species (1997), está dirigida por un desconocido Jeremy Haft con guión de Jeffrey Reddick, el mismo que se hiciera rico escribiendo las dos partes de la saga de Final Destination (2000), con una tercera parte a punto de estrenarse. Esta nueva película (pulsar aquí para la web oficial) me ha llamado la atención después de pasar mis ojos por esta entretenida sinopsis, la cual transcribo literalmente sin traducirla por miedo a que pierda su fuerza paródica:
"Tamara, an awkward and unpopular teen whose life is taken after she is the victim of a vicious prank. When Tamara comes back from the dead, she is reborn as a seductive, mind-controlling vixen hellbent on revenge".
Y la verdad, es que habría que subrayar la palabra "vixen", porque definitivamente aquello en lo que se convierte Tamara no tiene nada que ver con los muertos vivientes de George Romero (para muestra un botón).
Y por cierto, ya se habrán dado cuenta de mi participación en los Atina Chile Blog Awards. Su voto será bastante agradecido, sobre todo teniendo en cuenta el coñazo que representa tener que inscribirse únicamente para estampar nuestra preferencia por un amigo. Si gano, prometo recordarlos en mi momento triunfal. Hasta entonces, muchos saludos.

viernes, noviembre 18, 2005

Reseña: Ginger Snaps 2: Unleashed (2004)

La primera película de Ginger Snaps (2000), a pesar de no obtener una gran distribución en los cines, se convirtió rápidamente en una cinta de culto, y le dio al género exactamente lo que necesitaba: un respiro de alivio. Cuatro años después, una secuela y una precuela fueron estrenadas con apenas meses de distancia, aunque por desgracia ambas estuvieron destinadas al mercado de las películas “directo a vídeo”. Esto una lástima especialmente en el caso de la secuela, Ginger Snaps 2: Unleashed (2004), uno de esos raros casos en los que una película buena puede tener una segunda parte digna de mención.

Unleashed comienza poco después del final de la primera película: tras verse forzada a matar a su hermana, Brigitte Fitzgerald (Emily Perkins, repitiendo su papel de la película anterior y llevando esta vez TODO el peso de la película sobre sus hombros) huye del tranquilo suburbio de Bailey Downs y se dirige a la gran ciudad. Sobre su espalda pesan dos grandes problemas: en primer lugar, la supuesta “cura” hallada en la primera película ha probado ser insuficiente para eliminar en forma definitiva la maldición que ahora corre por sus venas, por lo que se ha visto obligada a inyectarse con cierta periodicidad para evitar convertirse en licántropo. Por si eso fuera poco, el chico contagiado por su hermana (y que ella creyó haber curado) ahora es un hombre–lobo con todas las de la ley, y no para de darle caza. La situación se complica cuando Brigitte cae enferma y se desmaya en plena calle, siendo llevada a una clínica de rehabilitación de chicos drogadictos (por culpa de la sustancia encontrada en su posesión y que los médicos confunden con un psicotrópico). Brigitte sabe que tiene que escapar antes de que su transformación se lleve a cabo, y para ello cuenta con la ayuda de la única persona que cree en su historia, una niña llamada “Ghost”, que también guarda un secreto propio.

La película está dividida en dos partes muy marcadas: en la primera, Brigitte maquina la forma de escapar de la clínica de rehabilitación, donde sospecha que poco a poco está perdiendo la cordura (su lenta transformación viene acompañada de constantes alucinaciones, algunas de ellas con su difunta hermana). Toda esta primera mitad puede ser resumida (como bien han dicho muchos) en “Girl Interrumpted con un toque de hombres–lobo”. En esta parte el elemento sobrenatural es mínimo (aunque ciertamente está presente), centrándose más en los afectos, odios y tensiones de un ambiente poblado de “chicas con problemas”: una auténtica jauría humana de la que Brigitte debe escapar a como de lugar. La segunda parte, una vez que ella y Ghost consiguen huir, transcurre en la cabaña de la extraña chica, un sitio apartado de la civilización donde Brigitte deberá enfrentarse a la bestia que le ha perseguido desde que abandonara los tranquilos suburbios que eran su hogar. Es aquí donde la película cobra toda su fuerza, llevándonos de regreso a la bestialidad con la que se nos presentaba la historia original. El gore y la violencia no se hacen esperar, y todo remata con un clímax final que no puede dejar a nadie indiferente. No voy a adelantarlo, pero diré que en mi opinión, este desenlace resulta perfecto, pues resume toda esa tierna malevolencia que hacía especial la primera película de esta saga.

Ginger Snaps 2: Unleashed no resulta tan grandiosa como la original, pero es sin duda una digna secuela que se atreve a explorar nuevos caminos a la historia de la que se ha generado. Es una lástima, sin embargo, que la tercera parte haya decidido no continuar por estos derroteros, porque realmente me quedé esperando más de este filón. En todo caso, desde ya les digo que me asombra la gran diferencia actoral que veo en Emily Perkins entre estas dos películas. Espero que podamos verla en otras piezas de género muy pronto.