sábado, julio 04, 2009

Reseña: Suicide Circle (2002)

Suicide Circle (2002) abre con una escena inmejorable: de repente, en medio del bullicio de la vida cotidiana, cincuenta colegialas se arrojan alegremente a las vías de una concurrida estación de metro de Tokio, causando el pánico entre los transeúntes e iniciando a la vez una ola de suicidios en masa que afecta a todo el país. Dicha primera escena sería por si sola suficiente motivo para hacer de esta una de las películas más conocidas de la reciente inundación japonesa de cine de género, pero en realidad hay más. De hecho, si hubiera que enmarcarla dentro de algún contexto, podemos decir que la película forma una dupla perfecta con Battle Royale (2001), en el sentido de que ambas ofrecen una visión sociológica del Japón actual hecha a través del mundo de los jóvenes, si bien hay que reconocer que la anteriormente citada película de Kinji Fukasaku resulta mucho más accesible para el público gracias a su ambientación pseudo-futurista y su argumento más centrado en la acción, cosas que Suicide Circle ciertamente no tiene.
A decir verdad, y siendo cosa rara en este tipo de producciones, la trama de investigación de la película (en la que la policía investiga la posibilidad de un "culto de suicidas" debido a la presencia de un misterioso rollo hecho con trozos de la piel de las víctimas) no es el centro del argumento sino otro más de sus múltiples puntos de vista, que incluyen además una joven cercana a uno de los suicidas y un grupo de ciberactivistas con preferencia por las teorías conspiratorias, además de algunos elementos típicos de los thrillers detectivescos como pueden ser los falsos culpables, todo esto aderezado con los ocasionales números musicales de un grupo juvenil que interrumpe la acción de la película con sus edulcoradas canciones de J-pop.
Es precisamente la presencia de este grupo (que actúa más que como simple lei-motiv de la película) lo que nos da la clave de aquello que el director Sion Sono intenta explicarnos: la mirada crítica a una sociedad adormecida por la frivolidad (expresada principalmente a través de la pseudo-cultura de rápido consumo) y que sucumbe rápidamente a una moda en la cual la propia vida deja de tener valor (si no te matas no molas), algo que explica la actitud despreocupada e irreflexiva con que los jóvenes de la cinta acaban con sus vidas. Todo esto, sin embargo, está expuesto en una narrativa poco convencional, en la que las escenas de "impacto" como aquella del inicio no abundan. De hecho, la trama se hace en ocasiones confusa, dando vueltas en elementos argumentales que no llevan a ninguna parte (principalmente porque, como ya decíamos arriba, la resolución del misterio no es su principal objetivo) y varios puntos que no se aclaran y quedan suspendidos en un final bastanta ambiguo.
Por todo esto, Suicide Circle es una película que encuentro difícil de recomendar abiertamente, aunque no tengo duda de que sea muy buena e interesante más por el tema que trata que por su ejecución, tan confusa que a veces no sabes exactamente cual es el auténtico tono de la cinta. Esto, paradójicamente, es una de sus mayores fortalezas, y es precisamente su ambigüedad formal la que le ayuda a evitar lo que hubiese sido el camino fácil: la explotación gore-festiva de jovencitas en uniforme escolar. Espectadores más analíticos y acostumbrados a una narrativa más precisa pueden, eso sí, encontrar algo de frustración en su poco esclarecedor final. Para estos existe, sin embargo, una secuela (que no he visto) del mismo director llamada Noriko's Dinner Table (2005), la cual supuestamente aclara varios de los misterios de esta película. No estoy muy seguro de que esto sea algo positivo ya que para mí la cinta está bien tal y como es y no necesita de mayores explicaciones, pero aparentemente ya está por estrenarse la tercera. Porque ya se sabe que ahora todo viene en trilogías.

Sentencia: 4

miércoles, julio 01, 2009

Reseña: Las novias de Drácula (1960)

Ansiosa por repetir el éxito de Drácula (1958), la Hammer Films estrenó esta segunda parte en 1960, la cual, aprovechando el nuevo filón erótico-terrorífico de su creación, explotó el morbo del público titulándose Las novias de Drácula (1960). Lo primero que hay que saber es que el título es en gran medida engañoso, ya que las vampiras a las que hace referencia no son las protagonistas, y el conde Drácula no tiene en la práctica nada que ver con la historia. De hecho, según dicen, el famoso estudio británico, con el objetivo de recortar gastos, decidió no contar con Christopher Lee y tejer una historia de vampiros completamente distinta en la que el doctor Van Helsing (nuevamente interpretado por Peter Cushing) se enfrentaba a un vampiro aristócrata con preferencia por las jóvenes damiselas, que finalmente volvían de la tumba para succionar la sangre de los vivos.
El comienzo de la historia sigue siendo muy atractivo, y en él se nos da toda la información que necesitamos saber acerca de la naturaleza del vampiro protagonista y de la joven en peligro que Cushing deberá salvar. La ejecución, sin embargo, no es esta vez tan efectiva como en la película anterior; si bien es cierto que Las novias de Drácula tiene momentos realmente siniestros (como por ejemplo la secuencia en la que las vampiras salen de la tierra con su puntiaguda sonrisa y el hambre en sus ojos), esta producción está plagada de momentos terriblemente sonrojantes incluso para los estándares de bajo presupuesto de la casa británica, casi todos referentes a la apariencia física de los chupasangres, y sobre todo del vampiro principal convirtiéndose en ocasiones en un murciélago increíblemente falso y cutre (además de que su metamorfosis nos hace cuestionar la efectividad de su prisión al principio de la película). En otras palabras, hay una distancia increíble a nivel de imaginería visual entre la anterior película y esta, y teniendo en cuenta que el director vuelve a ser el gran Terence Fisher, la única explicación posible es la prisa que se dio este proyecto por hacerse una realidad.
Lo que sigue funcionando, y a todos los niveles, es Peter Cushing como el cazador de vampiros. Más aún que en la primera parte, el Van Helsing de Cushing es un héroe de acción que lucha contra los chupasangres sin piedad, y que incluso recurre a métodos de auto-curación dignos de las películas de Rambo. Es Cushing sin duda la mayor pieza de cohesión de una película que pasó por varias reescrituras de guión y que, por lo tanto, deja muchos cabos sueltos y muestra por todos lados las huellas de la intervención de varios guionistas, incluyendo una resolución final cuanto menos curiosa a nivel de estética pero, francamente, bastante risible e inverosímil, al menos en pantalla.
No sería esta (evidentemente) la última de las películas de la Hammer que versaran sobre el famoso conde de Transilvania. Lee y Cushing alternarían en varias hasta volver a encontrarse años más tarde. En todo caso, su siguiente secuela, Drácula, príncipe de las tinieblas (1966) resulta muy superior sin lugar a duda a esta entrega, un tanto apresurada y pobre a nivel visual, pero que todavía resulta muy divertida.

Sentencia: 3

lunes, junio 29, 2009

Más del Berlin Fantasy Filmfest

Película: Carriers (2009), de Alex Pastor y David Pastor. País: Estados Unidos. Palabras clave: película de pandemias que, milagrosamente, coincide con el auge mediático de la gripe porcina. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. El caso es que me pueden las historias apocalípticas.
Película: Moon (2009), de Duncan Jones. País: Reino Unido. Palabras clave: en realidad no es una historia de terror, ya que tira más hacia la ciencia-ficción, y a juzgar por el trailer, las comparaciones con 2001: Odisea espacial (1968) estarán a la orden del día. Nivel de entusiasmo licantrópico: Muy alto. El argumento, en el que un astronauta habitante de una estación lunar descubre, tras casi tres años de soledad, un doble de sí mismo, es muy atrayente.
Película: Shelter (2009), de Mans Marlind y Böjrn Stein. País: Estados Unidos. Palabras clave: Thriller psicológico en el que una psiquiatra descubre que las múltiples personalidades de uno de sus pacientes son todos víctimas de recientes asesinatos. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. No sé qué tiene Julianne Moore que me aleja de casi cualquier película, al menos cuando ella es la prota.
Película: Wasting Away (2007), de Mathew Kohnen. País: Estados Unidos. Palabras clave: comedia zombi que ha estado casi dos años dando vueltas por diferentes festivales. El gancho en esta ocasión es que la película está narrada desde el punto de vista de cuatro zombis, cosa que la película explota mediante un curioso truco visual que nos hace ver que ellos se ven a sí mismos como personas perfectamente normales mientras todos los demás los ven como cadáveres ambulantes. Nivel de entusiasmo licantrópico: Alto. Echar un vistazo al trailer y lo entenderéis.

Evidentemente, por razones de tiempo y presupuesto no podré ver todas las películas que me interesan, pero estar seguros que todas las que vea irán cayendo por aquí en su debido momento a lo largo del verano.

sábado, junio 27, 2009

Reseña: House on Haunted Hill (1999)

Siguiendo los pasos del cineasta/cirquero William Castle, el siempre curioso William Malone tuvo como primer largometraje este remake de House on Haunted Hill (1999), el cual se estrenó en fechas muy cercanas a otras dos revisiones de casas embrujadas amparadas en la tecnología digital de efectos especiales como principal gancho: The Haunting (1999) y 13 fantasmas (2001). Pero a diferencia de estas dos películas, la cinta de Malone halla su propio camino y consigue ser un trabajo mucho más interesante que el original de Castle, al que particularmente considero una caspa bastante aburrida y convencional cuyo único aliciente hoy en día es la presencia de Vincent Price en el elenco. En cambio, esta versión realizada cuarenta años después sabe mantener la misma esencia lúdica de su predecesora permitiendo al mismo tiempo ese derroche de imaginación visual que tienen las películas de su director. Es, con todo y sus innegables defectos, una cinta muy interesante que ha terminado por crecer en mi apreciación tras visionados posteriores. Aquí trataremos de explicar por qué.
Para empezar, Malone tira por la ventana toda la ambiguedad y ligereza de la película original para hacer de su versión un auténtico cuento de fantasmas en el que la naturaleza sobrenatural de la historia es evidenciada desde el principio: en esta ocasión los fantasmas son reales, y real es la maldición de la casa en la que Stephen Price (Geoffrey Rush en un papel que no sólo es heredero evidente de Vincent Price sino también, tal como muestra su condición de acaudalado dueño de parque de atracciones, parodia del propio William Castle) invita a seis desconocidos a pasar una velada en la casa de la colina embrujada ofreciendo un jugoso premio en metálico para los sobrevivientes. Price sospecha que algo anda mal cuando los participantes que acuden al juego no son los mismos que él ha invitado, pero al quedarse todos encerrados dentro de la casa no le queda más remedio que aguantar durante toda la noche al tiempo que todos intentan no caer presa de los vengativos espíritus.
La trama aquí es lo de menos, ya que es bastante básica dentro de lo que son los cuentos de fantasmas, y Malone sigue en gran medida el planteamiento de la cinta de Castle cometiendo, sin embargo, algunos desaciertos, siendo uno de los principales la presencia del cómico Chris Katan, cuyo personaje, si bien también era un poco sui generis en la versión original, parece aquí ya directamente sacado de una película distinta. El resto del elenco es destacable; Geoffrey Rush está grandioso en su papel (aunque sin la carismática presencia de Vincent Price) y la inclusión de ese trío de espectaculares mujeres que conforman Ali Larter, Bridgette Wilson y Famke Janssen (cada una de ellas por separado ya sube varios enteros a una película, así que imaginaros tenerlas a las tres simultáneamente) es un acierto tremendo. Por desgracia, ninguno de ellos tiene mucho que hacer, ya que la mayor parte del argumento parece simplemente ocurrir sin que los personajes hagan realmente nada, con lo que su participación es principalmente pasiva.
La verdadera protagonista de la película, sin embargo, es la estética, un ambiente de pesadilla en la que Malone emula la atmósfera de feria de las películas de William Castle, pero dotada de su particular visión plástica del horror a través de formas increíbles, juegos de luces completamente irreales, ángulos y colores antinaturales, y, en general, un escenario sacado más bien de una secuencia de sueños grotescos. La mayor parte de estos efectos (por no decir su totalidad) están realizados por vía digital, pero a diferencia de sus dos reinvenciones contemporáneas, House on Haunted Hill integra perfectamente dicha tecnología y la hace parte de la realidad de la película, sobre todo en la indescriptible aparición de una entidad que en cierta manera representa la manifestación física del Mal que anida en la casa. Todo esto dota a la película de una visión mucho más oscura y contundente que la de Castle, redondeando un trabajo que durante mucho tiempo ha sido ninguneado pero que desde aquí intentamos reinvindicar.
Lo que en definitiva termina por malograr la película de Malone es, sin duda, el tramo final del argumento, demasiado apresurado y rematado por un Deus Ex Machina que sólo se puede tomar a cachondeo por lo absurdo e incoherente que resulta con el resto de la película. En cuanto a lo demás, este remake de House on Haunted Hill es una película argumentalmente fallida pero visualmente impresionante, y que sin la presencia y particular visión de su director no hubiese sido más que un triste catálogo de efectos especiales, como tantos otros de sus congéneres.

Sentencia: 3

jueves, junio 25, 2009

Reseña: Wrong Turn 2 (2007)

Quizás mi memoria me falle en este punto, pero no se me ocurren muchas películas que exploten tan bien las posibilidades que da el dírecto-a-DVD como Wrong Turn 2 (2007), secuela del survival horror del 2003 que ya tuvimos ocasión de reseñar en otro momento. Se trata de una secuela tardía lanzada directamente al formato doméstico y sin duda asumida como una película menor que buscaba vivir del éxito de otra cinta que tampoco es por lo general muy destacada. En este caso la sorpresa que me he llevado ha sido mayúscula; teniendo en cuenta lo apretada de su producción y las escasas expectativas que ofrece su formato, Wrong Turn 2 es una auténtica película de serie B que no sólo le sigue el ritmo de forma muy digna a su antecesora, sino que en muchos sentidos la supera con creces, y el principal motivo de esto es que sus responsables han sabido hacer de su principal limitación una fortaleza al atreverse a ir más allá en el apartado de violencia, gracias la libertad que da en cuanto a censura el hecho de no presentarse en salas de cine.
La película es, asimismo, una secuela sólo en nombre, ya que ninguno de los actores de la original aparece aquí, siendo sustituidos más bien por un reparto de segunda fila en el que sólo destaca la presencia del actor/cantante Henry Rollins como un ex-marine que conduce un reality-show de temática postapocalíptica, en el que un grupo de jóvenes participantes deben sobrevivir en medio de los azarosos bosques de West Virginia, por desgracia los mismos donde habita la familia de incestuosos caníbales de la primera parte. Pero el argumento es lo de menos, y el recurso del reality es únicamente una excusa como cualquier otra para llevar al elenco al bosque y comenzar la matanza. Eso sí, una vez que esta comienza, lo hace a niveles ni siquiera sospechados por la primera película: esta vez hay más mutantes, más víctimas y un nivel de violencia gráfica mucho más desatado. Lo que sí la diferencia radicalmente de su antecesora es que esta secuela toma un (inteligente) giro hacia la comedia y, con todo y sus excesos (o quizás precisamente debido a ellos) nunca comete el error de tomarse demasiado en serio a sí misma, como si sucedía, por poner un ejemplo, con las dos entradas "neo-milenarias" de Leatherface producidas por Michael Bay.
Las influencias de la película siguen siendo bastante obvias, incluso más que en la primera parte. Recordemos que el primer Wrong Turn tomaba prácticamente todo su argumento y estilo de la película Las colinas tienen ojos (1977), de Wes Craven. Esta segunda parte sigue el mismo camino, aunque curiosamente, lo hace teniendo más en cuenta el reciente remake de Alexandre Aja de aquella misma película, algo que se nota sobretodo en los mutantes, cuyo origen esta vez es explicado de una forma que roza el plagio. La película también hace la enésima repetición de la famosa escena de la "cena familiar" de La matanza de Texas (1974), evidente fuente de ideas de casi todo este cine de paletos antropófagos.
Pero la falta de originalidad no debería hacernos despreciar la película del todo, ya que tiene momentos gloriosos en los que el balance entre comedia y truculencia se consigue con bastante habilidad, incluyendo una escena de sexo entre los villanos y el descubrimiento por parte de los protagonistas de la naturaleza de su cena, además del carisma de Henry Rollins llenando cada secuencia en la que se apersona. Otra cosa curiosa de la película es que, en muchas ocasiones, sorprende en cuanto a quién sobrevive y quién no, aunque este fenómeno lo consiga principalmente mediante el truco de "cambiar" esporádicamente de protagonista.
En resumen, si tengo que emitir un juicio sobre Wrong Turn 2, diría que me ha sorprendido gratamente y que es uno de los pocos casos de una secuela mucho más interesante y sobresaliente que su material original, algo especialmente inusitado al tratarse de los reinos del directo-a-DVD. En los últimos años hemos tenido varias de estas secuelas tardías destinadas al formato casero, pero esta es (de momento) una de las pocas que me parece valen la pena. Como no podía ser de otra forma, ya está a punto de salir la tercera, que por supuesto estaremos esperando.

Sentencia: 4

martes, junio 23, 2009

Reseña: Drag Me to Hell (2009)

Así que como parte de mi proceso de adaptación a un nuevo ambiente, he podido ver Drag Me to Hell (2009), la nueva película de Sam Raimi y una de las apuestas fuertes de este año para su productora Ghost House Pictures. Una cosa sí que está clara: las intenciones de sus responsables apuntan hacia un público nostálgico muy específico, algo que queda patente desde el primer fotograma, que abre con el logo que Universal utilizaba en los años ochenta y que aquí parece hacernos retroceder en el tiempo. Esta curiosidad meramente anecdótica se queda en puras intenciones, ya que al final, la película termina siendo la última víctima de las irreales expectativas albergadas por el cinéfilo promedio, crimen del cual por supuesto yo también soy culpable.
Para aquellos que se hayan perdido todos los avances y noticias que han rodeado este proyecto desde sus inicios, Drag Me to Hell cuenta la historia de una jovencita pueblerina que trabaja en un banco y se topa con las malas pulgas de una anciana gitana que le echa una maldición encima por haberle negado un aplazamiento de su hipoteca (el absurdo de una situación en la cual una mujer que controla fuerzas demoníacas sea capaz de sucumbir ante mundanos problemas financieros es parte de la gracia que tiene la trama). A lo largo de tres días, la chica debe encontrar la manera de liberarse de la maldición antes de que el demonio invocado por la vieja llegue y la arrastre literalmente al infierno. Esta es la premisa y este es básicamente el desarrollo de una trama por lo demás bastante básica y líneal, reflejada en un guión bastante sencillo con el que, definitivamente, nadie se rompió la cabeza.
Sé que muchas personas (incluyéndome) esperaban que esta película marcase el regreso triunfal de Sam Raimi al género de horror y se convirtiese en la prueba definitiva de que todavía quedaba en él la fuerza de películas como The Evil Dead (1981), Evil Dead 2 (1987) o El ejército de las tinieblas (1993). Tras verla, sólo puedo deciros que si esperáis que sea tan buena como dichas películas, lo lleváis claro, y será mejor que os bajéis de esa nube cuanto antes porque si no os llevaréis una gran decepción; Drag Me to Hell no está del todo mal, es una película divertida y entretenida con algún que otro momento bueno pero en conjunto resulta bastante olvidable, y mucho me temo que si no hubiese estado el nombre de Sam Raimi detrás de ella, el destino de esta cinta hubiese sido el pase directo a formato casero, pero eso es algo que nunca sabremos.
Aparte de su excesiva linealidad y su esquema progresivamente repetitivo, otro problema de la película es que pierde completamente el delicado equilibrio que hay entre el horror y la comedia. Había escuchado de muchas personas decir que este balance estaba presente, pero con toda sinceridad no lo he visto así. De hecho, el tono de la cinta se me hizo algo confuso, como si la película no supiese realmente si quiere ser de miedo o de risa, y fuera tanteando ciegamente ambos géneros sin, dicho sea de paso, tener mucho éxito en ninguno de los dos. Los sustos son casi todos trucos de feria, es decir, repentinas subidas de volumen o imágenes que aparecen de golpe, y el humor es, a decir verdad, bastante facilón (casi todos los chistes se reducen a introducir forzosamente distintos objetos en la boca de la protagonista), incluso para los estándares de este director que en el pasado ha hecho cosas abismalmente mejores.
Una cosa curiosa y que no comento mucho por aquí es que la banda sonora de la película es bastante buena, e incluye además una partitura originalmente escrita para El exorcista (1973) y que nunca se llegó a utilizar. Por lo demás, Drag Me to Hell califica con un ligero aprobado como un entretenimiento pasajero pero sin mucho más que destacar o reseñar. Evidentemente no estará entre las mejores películas de este año y muy probablemente la olvidaréis poco después de haberla visto, pero está claro que en estos tiempos de sobrexposición mediática, ninguna película, por muy buena que sea, puede cumplir con sus expectativas. No quisiera que os quedárais con la impresión de que no me ha gustado porque no es así, e incluso recomendaría verla en un cine si se aparca de antemano toda expectativa y se acepta el hecho de que no os va a impresionar ni dejará de ser un estreno menor. Es, digámoslo de otra forma, una película a la que a lo sumo se puede calificar de intrascendente, agravada únicamente por el hecho de que Sam Raimi es alguien de quien se esperaba mucho más.

Sentencia: 3

domingo, junio 21, 2009

La inútil lista de la década: el 2005

Llegar al 2005 en cierta forma es algo especial, ya que empezamos a adentrarnos en los años en los que este blog, para bien o para mal, ya existía, así que la lista de lo mejor de cada año se hace más fácil teniendo en cuenta que ya de por sí ofrecemos un podio con lo más destacable estrenado en cines. Sabiendo esto, en este post encontraréis exactamente el mismo resultado que en el brevísimo ránking de horror del 2005, sin ningún cambio. Ya sabemos de sobra que este es el año de The Descent (reseña aquí), la pieza más destacable según los tribunales de esta página y la confirmación de Neil Marshall como un nombre a seguir en los años siguientes. Si todavía no habéis visto esta obra de terror claustrofóbico y poderío femenino, estáis tardando demasiado.
Las otras dos cintas de este año que hay que destacar son Los renegados del diablo (reseña aquí), de Rob Zombie, y El exorcismo de Emily Rose (reseña aquí), ambas altamente recomendables por ser películas muy intensas que destacan sobre todo lo demás estrenado en este año en particular. Cosa curiosa, las dos películas viven (hasta cierto punto) en la sombra de producciones anteriores con las que guardan parecidos muy grandes: la primera de ellas con La matanza de Texas 2 (1986), de Tobe Hooper, y la segunda con El exorcista (1973), de William Friedkin, aunque en este último caso dicha semejanza sea más bien superficial y limitada únicamente al tema de las posesiones diabólicas y el discurso acerca de si se debe o no creer en la existencia del Mal como un ente exterior al Hombre, algo que en cierta forma es diametralmente opuesto a la épica white trash de Zombie.
Por desgracia, y aquí viene lo no-tan-bueno, el 2005 no es un año en el que (particularmente) encuentre muchas otras películas destacables. Si bien las tres que mencionamos en el podio son grandes películas que merecen ser vistas, el resto del año se haya poblado por cintas que, cuando mucho, se pueden calificar de disfrutables. De todas estas "nominadas" la primera que puedo mencionar es la nueva entrega de zombis de George Romero, La tierra de los muertos (reseña aquí), la cual, lo confieso, traté excesivamente mal en el momento de su estreno y hoy no la encuentro tan deficiente, a pesar de que sigo sosteniendo que está muy por debajo de su trilogía anterior. Del resto sólo puedo pensar en películas como Frágiles (reseña aquí), La casa de cera (reseña aquí), el remake de Dark Water (reseña aquí) o Feast, las cuales son incluso simpáticas, pero que no me parecen lo suficientemente notorias como para estar en una lista como esta.
Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Hay alguna película del 2005 que se me haya pasado y que debería ser considerada para nuestra macro-lista de la década?

viernes, junio 19, 2009

Programación (parcial) del Berlin Fantasy Filmfest 2009

Una de las ventajas de haber cambiado mi domicilio es que este año podré asistir al Berlin Fantasy Filmfest 2009, cita anual de los cines de varias ciudades de Alemania con pre-estrenos de varias películas dedicadas a los géneros de terror y ciencia-ficción. Ya han empezado a poner en su página oficial el programa para los meses de verano del 2009, y la verdad es que pinta bastante bien, sobre todo porque a varios de ellos ya les venía siguiendo la pista gracias al blog del amigo Joan, de Almas Oscuras, y también porque la mayor parte todavía carece de fecha de estreno para las carteleras europeas. Así que vamos a echar un vistazo a parte de la programación que se nos viene encima en cuanto al género de terror y que, por supuesto, no dejará de caer por estos predios.
Película: Thirst (2009), de Park Chan-wook. País: Corea del Sur. Palabras clave: cuento de vampiros aderezado con psico-drama de corte religioso. Polémica garantizada. Nivel de entusiasmo licantrópico: Muy alto. Los antecendentes de su director, uno de los nuevos autores de culto del cine surcoreano, hace que las expectativas sean razonablemente buenas. Entre otras cosas, esto garantiza también un estreno a nivel comercial en salas de cine.
Película: Bathory (2008), de Juraj Jakubisko. País: Eslovaquia-República checa-Reino Unido. Palabras clave: period piece sobre la historia de la condesa del siglo XVI Elizabeth Bathory, quien según la leyenda se mantenía joven bañándose en la sangre de jóvenes doncellas. La suya es probablemente una de las historias más representadas en el cine de terror, casi siempre en forma paródica. Nivel de entusiasmo licantrópico: Alto. Si bien es cierto que la película parece aprovechar la reciente fascinación sobre este personaje que ha surgido en los últimos años, el hecho de que, por lo que he escuchado, se de a la historia un tratamiento distinto al que normalmente ha recibido hace que esté en mi lista de posibles.
Película: Grace (2009), de Paul Solet. País: Estados Unidos. Palabras clave: una madre decide hacer lo que sea para mantener con vida a su recién nacida hija, la cual, por motivos inexplicables, requiere beber sangre. Nivel de entusiasmo licantrópico: Muy alto. Esta es una de esas películas que ha generado buenos rumores allí donde va. El trailer además promete mucho, aunque me ahorro poner el enlace debido a que (me parece) revela demasiados detalles del argumento.
Película: Lesbian Vampire Killers (2009), de Phil Claydon. País: Reino Unido. Palabras clave: comedia de terror vampírico aderezada con el explotativo discurso de violencia y tías buenas a granel. Asimismo, una de las cintas más anticipadas del cine serie B de Reino Unido. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. Si bien hay muchas cosas que atraen en esta película, las críticas que ha recibido han sido mayoritariamente negativas, incluso entre declarados fanáticos de este tipo de cine. Mejor bajar las expectativas un poco.
Película: The Children (2008), de Tom Shankland. País: Reino Unido. Palabras clave: ¡Niños chuuuuuungos! Vamos, que prácticamente no hay que decir nada más. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. Con esta pasa al revés que con la película anterior: si bien el argumento no es lo que se dice muy atrayente, la película ha cosechado reacciones bastante positivas.
Película: Pontypool (2008), de Bruce McDonald. País: Canadá. Palabras clave: película de infectados tipo The Crazies o 28 días después, con el curioso giro de estar ambientada en su totalidad en una estación de radio que cubre "en directo" el Apocalipsis desatado en un pequeño pueblo canadiense. Lo novedoso está en que el DJ protagonista descubre que el detonante de la infección se encuentra en algunas palabras específicas del idioma inglés, por lo que comunicarse se convierte en el nuevo desafío. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. Aparte de que el tema de infectados/zombis está muy visto, el argumento me parece demasiado alocado, por decir algo. Habrá que ver a dónde nos lleva.
Película: Mutants (2009), de David Morlet. País: Francia. Palabras clave: nueva incursión de los franceses en el campo del terror físico, pero esta vez dentro del subgénero de zombis. Entre este año y el anterior la producción gala de cine de terror (al menos aquella que hemos podido ver los foráneos a Francia) parece haberse duplicado. Nivel de entusiasmo licantrópico: Moderado. Las películas de zombis realmente buenas no suelen abundar mucho que se diga en estos tiempos de repetición insensata de esquemas exitosos.
Película: Trick 'r Treat (2008), de Michael Dougherty. País: Canadá-Estados Unidos. Palabras clave: una película de "antología" ambientada en Halloween, lo que muchos desde ya auguran como un regreso a un estilo de cine de terror que parecía olvidado. Además, recordemos que ya llevamos más de dos años viendo como esta película tan esperada es retrasada en su estreno una y otra vez, lo que como siempre, nos hace esperarnos lo peor. Nivel de entusiasmo licantrópico: Muy alto. Joder, altísimo. Llevo ya demasiado tiempo tras esta cinta. Quiero verla ya.

De momento estas son las películas que aparecen programadas. A medida que vayan surgiendo nuevos títulos los iré anunciando aquí. Ah, y de una vez os advierto que Drag Me to Hell (2009) está ahora mismo en las carteleras alemanas, así que este fin de semana pienso ir a verla para colgar una reseña (sin spoilers, tranquilos) lo antes posible.

miércoles, junio 17, 2009

Reseña: Hellraiser: Inferno (2000)

Decíamos en otra vida que con el sonado fracaso de Hellraiser: Bloodline (1996) se cerraba para siempre la etapa cinematográfica de la saga iniciada por Clive Barker en 1987. Pues bien, lejos de enterrar el hacha, New Line Cinema vendió los derechos de explotación de la franquicia a Miramax, que decidió sacar adelante su propia serie de secuelas sin contar con la colaboración del autor británico para nada. El resultado fueron cuatro películas lanzadas directamente al formato casero, con historias completamente independientes, y que en lugar de centrarse en el personaje de Pinhead tejían tramas completamente distintas alrededor de la Configuración de los Lamentos y los variopintos personajes que decidían abrirla. La primera de estas películas es Hellraiser: Inferno (2000), que es de la que hablamos hoy.
El argumento, como decíamos, rompe toda continuidad con las películas anteriores y se centra en un policía corrupto que investiga el secruesto de un niño por parte de un psicópata que va enviando por correo los dedos mutilados de su rehén. Tan escabroso caso se corona con una fila de cadáveres que el detective va encontrando a lo largo de su investigación, una que se complica cuando abre la Configuración de los Lamentos y comienza a tener visiones de los Cenobitas que van "guiándolo" en su odisea. Esta es la única conexión que existe entre la película y el universo de Hellraiser, y al mismo tiempo ofrece un tono distinto al despojarlos de su habitual rol de villanos y hacer de ellos una especie de jurado del Más Allá que se encargará de guiar el destino del protagonista y pesarle en la balanza del Bien y del Mal. En cuanto a Pinhead, este está nuevamente interpretado por Doug Bradley, aunque su aparición en pantalla es bastante fugaz (aún así su participación en esta película es mayor que en la primera parte de la saga, algo que muchos parecen olvidar) y su presencia sirve más bien como un vínculo de esta cinta con sus antecesores.
Las apariciones de los Cenobitas son en ocasiones interesantes, y escenas como la de la imagen que adorna esta reseña pueden hacernos creer que estamos ante una buena película, cosa que no es del todo cierta. La verdad es que, si bien es encomiable la voluntad por parte de los responsables de Inferno de hacer algo distinto, el desarrollo del argumento es excesivamente plano y con demasiados momentos muertos. La trama de investigación se siente bastante estirada para alcanzar la duración de una hora y media, y al igual que como ocurriría con las tres películas siguientes de la saga, uno no puede evitar la sensación de encontrarse ante una historia que originalmente parece haber sido escrita como un argumento independiente al que luego se vinculó con Hellraiser a través de varios elementos estéticos que en un principio no tenían nada que ver con la trama. El par de momentos rescatables no son suficientes para salvar esta resurrección cenobita que Miramax intentó ofrecernos.
Si alguna conclusión se puede sacar a partir de esta película (y de sus secuelas posteriores) es que la idea de renovar la saga con historias independientes entre sí podría perfectamente haber servido de idea para una serie de televisión ambientada en el universo Hellraiser, pero en una película de hora y media se siente como un concepto desaprovechado. A partir de aquí, los cenobitas empezarían una caída libre casi ininterrumpida hasta la octava (y última) parte de la saga, que por supuesto no dejará de pasar por este tribunal.

Sentencia: 2
Actualización: No me había dado cuenta del error que había cometido al comparar esta película con La escalera de Jacob (1990). Dicho símil estaba destinado a ir en la reseña de Hellraiser: Hellseeker (2002), secuela inmediatamente posterior a esta y que también pasará por esta página en su debido momento. Corregido queda el gazapo.

lunes, junio 15, 2009

Reseña: Frankenstein de Mary Shelley (1994)

Tras el éxito salvavidas que fue Drácula de Bram Stoker (1992), Coppola tomó el camino de la sensatez y empezó a preparar inmediatamente una película de acompañamiento auspiciada por su productora American Zoetrope, y la opción más evidente era, por supuesto, una versión de Frankenstein. La película se tituló Frankenstein de Mary Shelley (1994), en parte para evitar demandas de copyright por parte de la Universal (que tenía y todavía tiene los derechos de explotación del nombre) y en parte también para dejar claro que se trataba de una nueva adaptación de la novela y no de un intento por imitar las películas anteriores.
Es por esto, entre otras cosas, que la cinta se esfuerza por centrar la atención en el científico protagonista, interpretado por Kenneth Brannagh, quien también se encarga de la dirección. El resultado es una película muy singular, injustamente maltratada por la crítica y por un amplio sector del público, y una que, al igual que su predecesora vampírica, constituye una adaptación muy distinta a las que normalmente se nos han presentado de esta famosa historia. De hecho, el guión de Frank Darabont no es tanto una película de terror sino más bien una extravagante period piece muy respetuosa con el original de Shelley (es quizás una de las versiones de Frankenstein más fieles al argumento de la novela) y al mismo tiempo deudora confesa del legado de uno de los mayores "monstruos" cinematográficos; la película está literalmente empapelada de referencias a todas las grandes versiones fílmicas de Frankestein que se han hecho, desde la adaptación muda de la Edison Studios hasta las películas de la Universal o la Hammer, e incluso una escena en particular guarda un parecido casi mimético a uno de los momentos clave del Frankenstein desencadenado (1990), de Roger Corman.
Decíamos arriba que esta versión se centraba principalmente en el científico, y es verdad. El Víctor Frankenstein de Kenneth Brannagh huye de la ya habitual representación del mad doctor para convertirse en un personaje que busca la simpatía del espectador casi desde el principio, en la que se nos muestra tanto su búsqueda de la verdad en los recintos universitarios como la idílica vida de su Suiza natal, así como su relación romántica con Elizabeth, interpretada aquí por Helena Bonham Carter. El personaje de Brannagh es el centro absoluto de la película, algo que, en consonancia con el historial interpretativo del actor/director, no está exento de dramatismos shakesperianos y momentos sonrojantes que, si bien en ocasiones pecan de excesivos y narcisistas (pienso aquí en la aparatosa escena del despertar de la criatura, con todo y su homoerotismo de torsos lubricados y semidesnudos) no son suficientes para hundir la película.
Este histrionismo demencial está por fortuna equilibrado con la metódica y sutil interpretación de Robert De Niro en el papel del monstruo, uno de los aspectos más destacables de la película. En su momento, al hablar del Drácula de Coppola, mencionábamos que uno de sus mayores aciertos estaba en el conde de Gary Oldman, completamente distinto, tanto estética como actoralmente, de la idea preconcebida que se tiene del personaje. Pues bien, en Frankenstein de Mary Shelley tenemos el mismo caso: el monstruo de De Niro es totalmente diferente de aquel que tenemos grabado en la mente, y sin embargo funciona al resaltar la humanidad de una criatura que únicamente busca el reconocimiento por parte de su padre y creador, en un tratamiento oscuro y sombrío que puede que disguste a muchos, pero que al menos es completamente coherente.
Los detractores de esta película por lo general argumentan que es demasiado teatral y extravagante en sus formas, excesivamente oscura y deprimente, y que Kenneth Brannagh tiene demasiado protagonismo. Independientemente de si estas quejas son justificadas o no, la verdad es que el éxito de su predecesora no logró repetirse, y la película fue un fracaso a nivel de taquilla y de crítica, en parte por los comentarios abiertamente despectivos del propio Coppola, que atacó públicamente la cinta debido a las negativas de Brannagh de recortar drásticamente el metraje. Para colmo de males, en el momento de su estreno fue eclipsada por un sonado culebrón tejido por la prensa británica del corazón en torno a las aventuras extramaritales de Kenneth Brannagh con su compañera de reparto Helena Bonham Carter y que llevaron a la ruptura del director con su entonces esposa y colaboradora Emma Thompson.
Pero quince años me parecen suficientes para dejar todo eso atrás. A todos los amantes de la novela, de las películas de Frankenstein en general y de las piezas de terror de ambiente gótico, esta es una cinta que recomiendo ampliamente, una que vale la pena rescatar de su injusto maltrato.

Sentencia: 4