A decir verdad, y siendo cosa rara en este tipo de producciones, la trama de investigación de la película (en la que la policía investiga la posibilidad de un "culto de suicidas" debido a la presencia de un misterioso rollo hecho con trozos de la piel de las víctimas) no es el centro del argumento sino otro más de sus múltiples puntos de vista, que incluyen además una joven cercana a uno de los suicidas y un grupo de ciberactivistas con preferencia por las teorías conspiratorias, además de algunos elementos típicos de los thrillers detectivescos como pueden ser los falsos culpables, todo esto aderezado con los ocasionales números musicales de un grupo juvenil que interrumpe la acción de la película con sus edulcoradas canciones de J-pop.
Es precisamente la presencia de este grupo (que actúa más que como simple lei-motiv de la película) lo que nos da la clave de aquello que el director Sion Sono intenta explicarnos: la mirada crítica a una sociedad adormecida por la frivolidad (expresada principalmente a través de la pseudo-cultura de rápido consumo) y que sucumbe rápidamente a una moda en la cual la propia vida deja de tener valor (si no te matas no molas), algo que explica la actitud despreocupada e irreflexiva con que los jóvenes de la cinta acaban con sus vidas. Todo esto, sin embargo, está expuesto en una narrativa poco convencional, en la que las escenas de "impacto" como aquella del inicio no abundan. De hecho, la trama se hace en ocasiones confusa, dando vueltas en elementos argumentales que no llevan a ninguna parte (principalmente porque, como ya decíamos arriba, la resolución del misterio no es su principal objetivo) y varios puntos que no se aclaran y quedan suspendidos en un final bastanta ambiguo.
Por todo esto, Suicide Circle es una película que encuentro difícil de recomendar abiertamente, aunque no tengo duda de que sea muy buena e interesante más por el tema que trata que por su ejecución, tan confusa que a veces no sabes exactamente cual es el auténtico tono de la cinta. Esto, paradójicamente, es una de sus mayores fortalezas, y es precisamente su ambigüedad formal la que le ayuda a evitar lo que hubiese sido el camino fácil: la explotación gore-festiva de jovencitas en uniforme escolar. Espectadores más analíticos y acostumbrados a una narrativa más precisa pueden, eso sí, encontrar algo de frustración en su poco esclarecedor final. Para estos existe, sin embargo, una secuela (que no he visto) del mismo director llamada Noriko's Dinner Table (2005), la cual supuestamente aclara varios de los misterios de esta película. No estoy muy seguro de que esto sea algo positivo ya que para mí la cinta está bien tal y como es y no necesita de mayores explicaciones, pero aparentemente ya está por estrenarse la tercera. Porque ya se sabe que ahora todo viene en trilogías.
Sentencia: 4






















































