martes, septiembre 20, 2005

Los 11 maníacos religiosos que más me acojonan en pantalla

11. Morpheus (The Matrix, 1999): Un hombre que te pide que lo dejes todo (y realmente quiero decir TODO) y te unas a su pequeña banda de fascinerosos místicos en un mundo paralelo, propagadores de una religión que te adora A TI, realmente las tiene consigo para hacerse con uno de los sitios de honor en una lista como esta. Afortunadamente para sus fieles, siempre estará dispuesto a armar un gigantesco rave con atisbos de orgía apocalíptica para aliviar la tensión inevitable de sentirse amenazado por la civilización de las máquinas.
10. El reverendo Meeker (The Blob, 1988): y pensar que a simple vista este hombre parecía normal. Sin embargo, ¿qué puedo pensar de un cura que, después de enfrentarse a esa masa gelatinosa dispuesta a devorar a la humanidad, se atreve a guardar un pedazo para el día en que Dios le de la señal del Armagedón?
9. El rabino Loew (El golem, 1915): tampoco el cine mudo se salva de estos fanáticos, ya que el rabino Loew no tuvo ningún problema en los años 10 para dejar suelta a su criatura de arcilla en busca de venganza contra esos gentiles. Si por lo menos le hubiese buscado una peluca más decente...
8. El reverendo Ketcham (The Amityville Horror, 2005): oculto bajo los cimientos de la casa de los Lutz, el fantasma del reverendo continúa su sacrosanta obra de torturar, despellejar, destripar, violentar y humillar a todas las almas que se acerquen a su recinto. Antes le dio por hacer su labor redentora solamente en las carnes de los indios, pero con el tiempo se ha vuelto menos excluyente, aunque haya refinado sus métodos.
7. Bernardo Gui (El nombre de la rosa, 1986): el feroz jefe inquisidor de la película de Jean-Jacques Annaud es sin duda uno de los hombres más duros que el Santo Oficio haya desplegado jamás en la ficción (o en la realidad, vamos). Si ni siquiera las seductoras curvas de Valentina Vargas lograron ablandar su corazón al momento de montar su barbacoa humana en los patios de aquella pequeña iglesia, ¿cómo puede esperarse que tenga piedad de cualquier mortal en un momento similar?
6. Uxía Cambarro (Dagon, 2001): Macarena Gómez se ve despampanante a primera vista, con sus joyas hechas de conchas marinas y su falso acento gallego... ¡hasta que retiras la sábana y te das cuenta de que por debajo le salen todos esos tentáculos de pulpo! Si eres capaz de pasar por alto ese detalle, puede que le encuentres ventaja a ligarte a la suma sacerdotisa (e hija predilecta, no lo olvides) del dios Dagon, la cual, para asegurarse de tu fidelidad, no tendrá ningún incoveniente en hacer que a tu antigua novia la insemine artificialmente el milenario Señor de los Antiguos, y si se niega, podrá filetearla sin piedad. Contra esta chica no hay quien pueda.
5. Ned Flanders (Los simpson, 1989): mucha gente podrá preguntarme que tiene de acojonante el vecino perfecto de Springfield, pero si no les asusta el hecho de que haya inaugurado un parque temático religioso, o que tenga un kit de bautismo y exorcismo en su casa, o que se haya construido un búnker para el día del Juicio Final, entonces simplemente habrá que ver lo que este fanático religioso ha hecho con sus hijos, a los que ha mantenido en una infancia permanente a base de no vacunarlos nunca ni permitirles ver la tele o jugar con dados en los juegos de mesa. Y ni hablar de su tendencia a no adquirir seguros (que son otra forma de juegos de azar) y de rociar la cara de sus retoños con gas paralizante cuando ven desnudeces (“¡como escuece el amor!”) .
4. Isaac (Los niños del maíz, 1984): yo creo que el niño más siniestro de toda la historia es éste. No solo ha logrado convencer a todo un pueblo de matar a los adultos y erigirse en patriarca absoluto de una comunidad de maníacos religiosos menores de edad, sino que además ha probado una beligerante resistencia a darse por vencido. Su película ya va por la sexta secuela. Es para no dormir. ¿Y qué me dicen de su corte de pelo? Creo que cualquier que se negara a frenar si se encontrase a este crío cruzando la calle sería absuelto por cualquier juez.
3. John Doe (Seven, 1995): el integrista religioso interpretado por Kevin Spacey se convirtió en la revelación del año con algunos de los crímenes más salvajes de la historia del celuloide, todos ellos inspirados en los siete pecados capitales. Lástima que su carrera se haya visto tan truncada por su propio éxito final, ya que sin duda hubiera sido una estrella siguiendo los pasos del reverendo Pat Robertson. A lo mejor hubiese tenido su propio programa de radio en los states.
2. Papá Meiks (Frailty, 2001): el bueno y santo jefe de familia interpretado por Bill Paxton ha llevado aquello de “honrarás a tu padre y a tu madre” demasiado lejos. Todavía hoy tiemblo al pensar lo que yo hubiera sentido si mi padre me despertara de madrugada a decirme “por cierto hijo, Dios se me ha aparecido y tenemos que ponernos a partir de mañana a matar demonios, ¿vale?”. La confusión que genera en sus hijos es enorme, sobre todo en el pequeño Fenton, obligado a convertirse en verdugo del Señor cuando él sólo quería ser arquitecto.
1. Margaret White (Carrie, 1976): la madre de esta niña telequinética es la mejor. ¿Alguien podía dudarlo? Nadie como ella a la hora de imponer disciplina y moral a su pecaminosa hija de dieciséis años. ¿Quién en su sano juicio puede decirle que no después de verla arañarse su propio rostro en un ataque de histeria? Lo que le falta a esta mujer es decir: “¡si te coso a puñaladas es porque te amo, coño!”. Esto si que son valores familiares. Qué lástima que haya decidido sumirse en el celibato tras la viudez, porque seguro que ella y papá Meiks hubiesen hecho buenas migas.

[Nota: ¿por qué 11? Bueno, en ese caso, ¿por qué 10? Aunque claro, siéntanse con libertad de añadir el que quieran]

1 comentario:

Eki dijo...

Intentaré añadirte algunos:

Bueno, no se si es un maníaco religioso o no, pero... ¿Jakob Fuller? de Abierto hasta el amanecer...

¿Jack Crow de Vampiros?

¿Jules Winnfield de Pulp Fiction?
Y sabrás que mi nombre es Yavhé cuando...

y bueno, este no se si es exactamente de película, pero Mel Gibson puede llegar a dar miedo con su fanatismo cristiano.