jueves, marzo 03, 2011

Reseña: I Spit on Your Grave (2010)

Parecido a lo que ocurría en el remake de La última casa a la izquierda (2009), la nueva versión de I Spit on Your Grave (2010) hace gala de la ligereza actual de la censura en lo que a violencia se refiere para llevar el aguante del público hasta el límite. Si lo logra o no es algo que tendrá que decidir cada espectador por su cuenta, pero sin embargo creo que en esta ocasión el alcance de esta película va más allá que la simple repetición del efecto, algo que tiene su mérito ya que la cinta original de Meir Zarchi es considerada todavía hoy un clásico que no ha perdido su vigencia, a diferencia de lo ocurrido con otros varios trabajos de explotación de los años setenta. La versión del 2010, si bien cuenta exactamente la misma historia (una joven escritora citadina brutalmente violada y humillada por los lugareños paletos desata su terrible y cruel venganza) lo hace cambiando completamente el tono de la película y llevándola más dentro si cabe de los terrenos del auténtico cine de terror, cambio que es de agradecer y que dice mucho de las tendencias actuales de dicho género.

Una de las cosas que más me han llamado la atención es que esta vez, y a pesar de la premisa, la película no hace tanto hincapié como la original en la secuencia de la violación de Jennifer, que ocupa mucho menos metraje que en la original e incluso se permite omitir su violento clímax con una elipsis narrativa que ahorra al público los horrores vividos por la joven y cuya repetición insensata era uno de los aspectos más cruentos de la versión del 78. Sin embargo, toda la segunda mitad de la película, en la que Jennifer desata su terrible venganza, es mucho más brutal y despiadada. El cambio estructural afecta sin duda la reacción emocional del público, ya que era precisamente la tragedia de la protagonista lo que predisponía al espectador en contra de sus agresores y le hacía aplaudir la violencia que se desataba luego. En este remake dicha reacción no llega a ser tan visceral; si bien el público está llamado en un principio a simpatizar con Jennifer debido al terrible agravio que ha sufrido, su vendetta contra aquellos que la han vejado resulta tan cruel y sádica que en ocasiones se me ha hecho difícil de ver.

Aquí es donde viene, no obstante, lo curioso, y es que esta nueva versión utiliza ese mismo grado de violencia para crear una película completamente distinta; tal como se comentaba arriba, la historia es exactamente la misma salvo la introducción de un nuevo personaje (probablemente creado para corregir un famoso gazapo del cartel promocional de la versión del 78), pero esta película lo cambia todo una vez que llegamos a la venganza al trasladar el punto de vista de la narración y centrarlo ahora en los agresores, que pasan a ser las víctimas acosadas por el espectro tangible de aquella mujer que creían muerta y que ahora se manifiesta para hacerles pagar por sus fechorías. Este juego es muy significativo porque cambia el tono "realista" de la película original y se regodea en cambio en un catálogo estilizado de depravaciones en el que Jennifer ejecuta su venganza con métodos cada vez más elaborados y creativos que no están exentos tampoco de cierta carga irónica. Todo esto adrenta a este remake en los predios del slasher film y lo emparenta con la exhibición festiva de la tortura que cintas como Saw (2004) han conseguido popularizar. De hecho, considerando los medios a su disposición, la Jennifer Hills de esta película no tiene nada que envidiar el Jigsaw más inspirado.

La fórmula funciona bastante bien a pesar de que todo resulta bastante predecible y de que al final queda uno que otro cabo suelto en cuanto a argumento. Existe también el problema que ya esperábamos, y es que en medio de tantos estrenos similares y con la entrega actual del cine de miedo a los excesos del horror físico incluso dentro del mainstream, esta cinta se hace un tanto redundante y pasa inevitablemente desapercibida, sin causar el impacto cultural que la original trajo en su día. Con todo y eso, la considero una cinta bastante rescatable y, al menos como remake, mucho más interesante que la aburrida y fácil repetición del esquema e intenciones del original. Me parece incluso que, junto con Piraña 3D (2010), de Alexandre Aja, es el único remake realmente interesante de los muchos que nos llegaron el año pasado.