martes, junio 14, 2011

Reseña: Warlock (1989)

Recuerdo que en su momento, cuando el poco criterio que pueda tener era muy distinto, una película llamada Warlock (1989), una de las cintas más famosas de Steve Miner, ocupaba un lugar preferencial como una de mis cintas de terror favoritas. El tiempo se ha encargado de matizar un poco esta preferencia y un visionado posterior ha hecho evidentes las carencias de la película en más de un sentido. Sin embargo, he de reconocer que me sigue fascinando la curiosa mezcla de terror y fantasía que tanto Miner como el guionista David Twohy (cineasta varias veces alabado en esta página y que para aquel entonces apenas estaba en sus primeros trabajos) lograron cocer. Si quien lee estas líneas aún no la ha visto, debería remediar esa situación cuanto antes ya que ni siquiera hoy en día existen muchos trabajos similares, al menos no con ese equilibro tan delicado entre géneros.

El argumento en este sentido es bastante lineal; un hechicero del Boston del siglo XVII (interpretado magníficamente por el británico Julian Sands, quien desde entonces se vería encasillado durante muchos años en papeles de villano) escapa de su ejecución gracias a un conjuro que le transporta a la California del siglo XX, tras lo cual emprenderá una búsqueda de los tres fragmentos de un grimorio satánico que le permitirá destruir el mundo. Sin embargo, el viaje en el tiempo del villano ha traído consigo también a un cazador de brujas dispuesto a detenerle a como de lugar, y para ello recluta a una joven chica de la época moderna que debe romper un embrujo que el hechicero ha puesto sobre ella. Es precisamente la persecución del villano a lo largo de Estados Unidos de lo que trata la película, y como público vamos alternando entre las fechorías del oscuro pesonaje y los mil y un métodos de detección y lucha de los héroes, quienes van soltando cada tanto tiempo un sinfín de detalles acerca de la mitología de los hechiceros, varios de ellos bastante interesantes y que demuestran al menos que el guión de la película tiene cierto trabajo de documentación detrás.

Esta documentación está puesta al servicio de un esquema argumental bastante conocido. De hecho la trama no es más que una versión un tanto diferente de Terminator (1984), con la diferencia de que esta vez héroe y villano vienen del pasado y no del futuro, y de que el tratamiento de la historia está más inclinado hacia la fantasía oscura que hacia la ciencia-ficción. Las similitudes son tan marcadas que estaría dispuesto a jurar que Twohy tuvo a la cinta de James Cameron muy en mente a la hora de escribir el guión, y que los elementos fantásticos son asimismo un muy claro intento de parir una versión terrorífica de Los inmortales (1986), con la que también hay claras semejanzas de estilo. Sin embargo, tanto Twohy como Miner consiguen dar a su trabajo un toque original en la forma como dicho tono fantástico está metido con total naturalidad en una ambientación realista que incluso no desaprovecha la oportunidad de enlazar con tradiciones y supersticiones típicamente americanas como la presencia de ciertos cultos religiosos típicos de dicho país como los puritanos y los menonitas.

Este ángulo es sin duda lo más interesante de Warlock y el motivo por el cual la sigo considerando una película muy inteligente que por desgracia se ve un tanto afectada por lo limitado de sus recursos y su aspecto excesivamente típico de finales de los ochenta, con todo y estética muy a la moda de entonces que sin embargo se ve bastante dignificada gracias a la inclusión de dos estrellas del cine británico como el ya nombrado Julian Sands y Richard E. Grant, quien borda su papel de cazador de brujas cubierto de pieles en medio del calor californiano. El guión tiene sus carencias, evidentemente, notables sobre todo en lo poco explotado que está el choque de los personajes principales en una época tan extraña a la suya, pero por otro lado gana al incluir detalles de una crueldad inusitada para una producción comercial como la violencia que el hechicero ejerce sobre sus víctimas, una violencia que no está desprovista de un componente sexual agresivo que le reportaría al pobre Julian Sands muchos papeles similares a lo largo de los años. Por todos estos detalles, la sabia reticencia de Steve Miner a dejarse llevar por el efectismo, su clímax final en un cementerio abandonado y su coherente imaginario de terror hacen de Warlock la película perfecta de Halloween y un trabajo al que hay que volver aunque sea una vez más.

4 comentarios:

Kain Hellraiser dijo...

Recuerdo un caso real en Estados Unidos de un par de chicos que asesinaron a uno de sus compañeros de escuela para posteriormente calentar y beber su grasa corporal, argumentando querer volar como el protagonista de esta película. Un dato curioso para tener en cuenta! Por lo demás, excelente reseña!

Gary Rivera dijo...

yo la vi en el cine! y me asuste! (jejeje era un niño en ese entonces!) y me quedo una agradable sensacion, aunque claro las secuelas no fueron buenas!!

Rufus Von Eerie dijo...

Yo tambien la vi de pequeño y me impactó mucho la escena en qu e le arranca lel brujo la lengua de un bocado al amigo de la protagonista. Era inocente y no esperaba una película con esos toques de terror(que por cierto, ya me gustaron) O como el brujo hace que le posea un demonio a una medium pues no le iba a tomar el pelo (al warlock; claro) tan facilmente.
Muy cierto Kain Hellraiser lo del la grasa de aquel niño que se encuentra en le campo y se la bebe; tambien se quedó grabada en mi mente.

Un saludo.

Marco dijo...

Yo tenía 13 años cuando la alquilé en VHS y vaya que me encantó, la vi tres veces seguidas.