martes, diciembre 12, 2006

Reseña: Lobo (1994)

Lobo (1994) es, para mí, una película atípica en la filmografía de Mike Nichols, ya que resulta difícil de creer que el director de ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966) o El graduado (1967) (cintas prestigiosas y oscarizadas) se lance a realizar una historia de terror tan básica y paradigmática. Porque la verdad es que de eso se trata: la película ofrece una trama mínima que sirve de excusa para la representación en escena de los arquetipos territoriales puramente masculinos, el reverso primitivo del lugar del hombre (sin mayúscula) en la sociedad moderna. Si esta cinta logró pasar al mercado mainstream fue únicamente por el reclamo de sus actores principales, en especial un Jack Nicholson extrapolado en su rol de licántropo.

La pérdida del rol dominante de la masculinidad es lo que da inicio a la historia: Will Randall (Nicholson) es un cincuentón solitario y gris que, de la noche a la mañana, ve como su mundo se derrumba cuando su jefe le da a escoger entre "un trabajo que nadie querría o no tener trabajo". Privado de su modo de su antiguo prestigio y desplazado por un rival más joven (James Spader), Will está a punto de rendirse, pero entonces sucede lo inesperado: en el camino a su casa, es mordido en la mano por un lobo, que inadvertidamente le irá transformando en una criatura capaz de retomar (por la fuerza incluso) aquello que ha perdido y más, incluyendo a la hija de su jefe (Michelle Pfeiffer).

Pero Lobo no es, ni por asomo, una película de monstruos, por mucho que el licántropo sea real. Will no es simplemente una bestia, sólo un hombre que ha dejado aflorar su bestialidad. Su transformación es palpable no sólo en los momentos en que le crecen garras y colmillos y sale a cazar de noche, sino también en la seguridad y coraje con la que recupera su prestigio laboral y reduce a sus rivales a la sumisión absoluta. En otras palabras, gracias a la mordida del lobo, Will recupera su hombría y su territorialidad, algo que como sabemos sólo puede llevar a un fenómeno: la confrontación.

Esta es, por lo tanto, una cinta de un desarrollo extremadamente lento y plano (de hecho, suceden muy pocas cosas), y es sólo al final cuando entra en terreno conocido para los fanáticos del terror (incluyendo una larguísima secuencia de lucha rodada por completo en cámara lenta), con referencias claras a la mitología cinematográfica de la criatura y un maquillaje de Rick Baker que asombra por lo sutil. El final funciona, sin duda, aunque el desenlace de la historia se convierte en pura alegoría. Lobo es, por lo tanto, una cinta cuyas principales virtudes están en su concepto y en la utilización de la bestia como símbolo de algo más. Aquellos que busquen una cinta de horror quizás salgan decepcionados (o desesperados ante su lento y en ocasiones monótono desarrollo), pero a pesar de eso sigue siendo un ejemplo interesante de esas películas que pasan, por desgracia, debajo del radar cuando se merecen por lo menos un vistazo. Al menos, eso pensamos por aquí.

4 comentarios:

Juan J. Espinoza dijo...

Estoy de acuerdo, Lobo es una película de ideas más que todo.

Sin embargo te puedo decir que no me pareció para nada lenta, es una de mis películas favoritas...joder como la he buscado en dvd

Mario dijo...

Pues no la había visto xq, a priori, ya no me llama ver a Nicholson haciendo de lunático (en este caso nunca mejor dicho :-P)

Abrá que darle una oportunidad.

Cesare dijo...

Esta bien, sin más... Una película de terror por y para gente a la que no le gusta el genero...

Miguel Leiva dijo...

ME gusto y estoy completamente de acuerdo con tu critica, ciertamente es una película que va mas allá del terror. creo que el lobo es la entrada al interior de los deseos animales que cada uno lleva....