jueves, agosto 15, 2013

Reseña: The ABCs of Death (2013)

The ABCs of Death (2013), uno de los estrenos más curiosos de este año, es también una de esas películas que no son para todo el mundo. A estas alturas ya muchos de vosotros la habréis visto, pero el anuncio de su secuela y las posibilidades de recuperarla en formato doméstico me han hecho querer traerla aquí. En caso de que no la conozcáis, sólo tenéis que saber que se trata de una inusual cinta de antología en la que, a diferencia del resto de sus congéneres, el elemento en común no es temático sino un singular juego narrativo en el que 26 directores diferentes abordan cada uno un muy corto segmento independiente inspirado en una letra del alfabeto.

Quiero destacar en primer lugar aquello que me ha impresionado de forma positiva, y es que se nota el grado de absoluta libertad que tuvieron cada uno de estos cineastas a la hora de llevar a cabo su particular visión. Con el tiempo como única limitación, cada uno de los cortos sabe reducir su propuesta al mínimo aunque sea al precio de sacrificar la coherencia global de la película. Algunos de los segmentos, además, consiguen quedarse en la memoria del espectador y dar resultados muy buenos como son en mi caso los de Nacho Vigalondo ("Apocalypse"), Marcel Sarmiento ("Dogfight"), Timo Tjahjanto ("Libido") o Lee Hardcastle ("Toilet", un corto de animación stop-motion cuya imagen acompaña esta reseña). Un dato interesante, sin embargo, es que el director de cada segmento sólo es revelado al final de este, por lo que uno se descubre a sí mismo intentando adivinar por el estilo de la narración quién es el cineasta al mando. En ese sentido yo recomendaría la película sobre todo para aquellos que deseen ver ejemplos de cómo ser lo más conciso posible a la hora de contar una historia con eficiencia.

Pero claro, el problema que tiene es el mismo de todas las cintas de antología: la desigual calidad de las historias que la componen, algo que aquí se agrava al ser un gran número de ellas lo que inevitablemente termina agobiando al espectador. No importa cómo lo veamos, con 26 segmentos la película se convierte en una experiencia excesiva que puede terminar saturando la cabeza de aquellos que se enfrenten a ella, especialmente si tenemos en cuenta que precisamente esa libertad creativa de la que hablábamos hace que los estilos de los relatos sean tremendamente diferentes; en muchos de ellos no hay diálogos, en otros ni siquiera hay argumento; algunos son muy elaborados, otros son tremendamente sencillos; algunos son historias de terror puro, otros son abiertamente comedias surrealistas.

En medio de todo este caos hay trabajos muy memorables, pero la mayoría terminan confundiéndose y a día de hoy me cuesta recordar más que algunas imágenes muy puntuales que consiguieron impactarme en su momento. Con todo, me parece una película arriesgada que merece la pena ser vista aunque sea por atreverse a ser tan diferente de todo lo demás. Es sólo lo exagerado de su premisa y sus expectativas en cuanto a la capacidad de atención del público lo que me hace dudar si es algo que pueda ser visto de una sola sentada. De todas formas, su salida en formato doméstico remedia esta dificultad y hace que quiera darle un segundo visionado.

1 comentario:

Guelyury Pineda dijo...

A mi me encantó la verdad, disfruté muchísimo de su visionado...